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Editorial

Las comunidades frente a los retos del VIH/Sida

Luis Adrian Quiroz Castillo

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Agradezco a los organizadores de la conferencia IAS 2019 la oportunidad de estar esta tarde aquí, aprovecho para saludar calurosamente y dar la bienvenida a quienes participarán en ella. Los días que siguen seguramente serán de trabajo intenso y fructífero; nos permitirán conocer los avances científicos que, como ha pasado en los últimos 30 años, contribuirán de manera fundamental en el avance para la erradicación de la pandemia del VIH en un futuro no lejano.

Ese avance también ha tenido sustento en la voluntad y en las acciones políticas, así como en la participación de las comunidades, especialmente la conformada por quienes vivimos con VIH. Lo anterior pudo constatarse el año pasado en el marco de la Conferencia Internacional de Sida, celebrada en Amsterdam, cuando se logró garantizar el acceso a medicamentos innovadores para inicio de tratamiento, reduciendo la brecha de acceso a la salud que excluía a amplias regiones del planeta, particularmente en África Subsahariana.

Hoy en día, vivir con VIH y tener una vida común, es posible cuando en nuestros países se establecen políticas adecuadas de acceso a tratamiento. Por otra parte, las noticias sobre la inclusión de PrEP como una política pública en distintos países y sobre varios ensayos de posibles vacunas, entre otros temas, nos hablan de un avance en el control del VIH en el mundo y alientan nuestros esfuerzos.

Actualmente, Naciones Unidas ha establecido varias medidas de evaluación en el control de esta pandemia. Uno de los que tienen mayor consenso es el 90 90 90, en el que se pretende que el 90% de las personas conozcan su estatus, el 90% de estas estén en tratamiento y el 90% de ellas estén en control virológico.  Pero, desde la experiencia de quienes vivimos con VIH y conocemos lo que ocurre en nuestro cuerpo y las limitaciones en los servicios de salud, hacemos un llamado para reconceptualizar el tercer 90. Además de la supresión viral, se requiere incluir la atención de comorbilidades y efectos adversos asociadas a la ingesta prolongada de medicamentos (más de 30 años que hoy nos cobran factura), y de las coinfecciones: sífilis, TB y VHC, entre otras.

Esa reconceptualización requiere del esfuerzo redoblado de los activistas; para nosotros el llamado es a no bajar la guardia e intensificar nuestra participación en la creación, implementación, monitoreo y evaluación de las políticas públicas desde las personas que vivimos con VIH, y así honrar el cumplimiento del Principio Mipa (GIPA).

En ese escenario, son causa de profunda preocupación las políticas de retroceso que se han gestado en años recientes en América Latina. Algunos gobiernos de la región, además de mostrar escaso interés en el tema, han generado cambios en sus políticas que debilitan los programas nacionales para el control del VIH y el Sida, incrementan el estigma y la discriminación, y menoscaban el trabajo de la sociedad civil; entre otros efectos de esos cambios puede señalarse el desabastecimiento de medicamentos antirretrovirales. Argentina, Brasil e incluso México nos ofrecen ejemplos. Peor es la situación en países como Venezuela y Nicaragua, las muertes que ahí se están produciendo por un total abandono de las políticas de control del VIH y la violación a los derechos humanos son una afrenta para todos, no podemos seguir en complicidad al guardar silencio.

No puedo dejar de hablar del caso mexicano, en el que compartimos el compromiso del combate a la corrupción emprendido por el nuevo gobierno federal; pero, en el que la mejora de los servicios de salud, debe acompañarse urgentemente de acciones para proveer de atención y tratamiento de comorbilidades y coinfecciones para las personas con VIH que reciben servicios del llamado Seguro Popular. No hacerlo implica mantener una condición de discriminación para estas personas, insisto, debemos reconceptualizar el tercer 90.

Las organizaciones de la sociedad civil mexicanas extendemos la mano al gobierno de México para reemprender el trabajo conjunto, mismo que se interrumpió hace seis meses y que ha significado seis meses sin acciones de prevención, ni diagnóstico comunitario. Hago un llamado al presidente Andrés Manuel López Obrador para que construyamos una política modelo de VIH para México en conjunto con todas las poblaciones: mujeres, hombres, adolescentes, mujeres y hombres trans, personas usuarias de drogas inyectables, personas privadas de la libertad, niñas y niños que vivimos con VIH y/o están afectados por esta epidemia.

Esa es la única vía posible, el trabajo conjunto entre gobierno y comunidades, para que México, América Latina, el conjunto de las naciones podamos responder efectiva y éticamente al desafío histórico de contener la epidemia.

Mensaje en nombre de las comunidades afectadas por el VIH/Sida, leído durante la inauguración de la X Conferencia de International Aids Society (IAS) sobre Ciencia y VIH (IAS 2019). Ciudad de México, 21 de julio de 2019.

Editorial

José Martí antimperialista

Sergio Guerra Vilaboy

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Desde fines del siglo XIX se vertebró un nuevo contexto histórico internacional caracterizado por la lucha de las grandes potencias imperialistas por la posesión de las fuentes de materias primas y los mercados, así como por un nuevo reparto del mundo. Los países latinoamericanos se convirtieron en el área natural de dominación del emergente imperialismo norteamericano, región sobre la que venía ejerciendo sus aspiraciones y aventuras expansionistas desde su emancipación en 1783. 

Los políticos de Estados Unidos consideraban que, tras la Guerra de Secesión (1861-1865), una tercera etapa del “destino manifiesto” estaba en marcha: la primera había sido la extensión de la frontera al Mississippi y la segunda el arrebato territorial a México. La nueva manifestación de esa vocación avasalladora, para la que se consideraban predestinados, era la emergencia del imperialismo norteamericano, que delineaba una violenta ofensiva expansionista sobre sus vecinos del sur, combinando los viejos métodos colonialistas con las más modernas formas de penetración del capital monopolista.

La conversión de Estados Unidos en una potencia imperialista impactó a José Martí (1853-1895), quien devino desde muy temprano en sólido pensador y estratega revolucionario. La conciencia antimperialista martiana comenzó a dibujarse desde su juventud, cuando fue obligado a radicarse en España (1871-1874) por su apoyo a la independencia de Cuba, que era junto con Puerto Rico las últimas colonias españolas en América.

En sus apuntes de aquellos años están sus primeras críticas al modo de vida norteamericano. Después, el conocimiento de la realidad y los problemas latinoamericanos, que constató en México desde 1875, así como en Guatemala (1877) y Venezuela (1881), le permitieron diferenciar a Estados Unidos de la América Latina y el Caribe, a la que llamó nuestra América. El contraste entre la situación latinoamericana y la de Estados Unidos contribuyó a su formación antimperialista.

Cuando en 1880 Martí llegó por primera vez al territorio estadounidense ya había aguzado su pensamiento político crítico. Ello se advierte en la serie de tres artículos publicados ese mismo año con el título de Impresiones sobre Estados Unidos de América, enfilados contra el exacerbado mercantilismo que descubre en la sociedad norteamericana, y continuados después en los editados por el periódico La América.

Desde entonces, y durante casi diez años, Martí escribió más de trescientas crónicas para desmitificar la imagen de los Estados Unidos y resaltar los peligros que representaba para nuestra América. En muchos de estos textos, que propuso reunir como Escenas norteamericanas, Martí explica que los Estados Unidos no eran un paradigma de nación. Además, menospreciaban a los países latinoamericanos a los que sólo interesaban como zona para su expansión territorial, comercial y económica.

Particular atención dedicó Martí a la labor de James G. Blaine, quien desde el ascenso republicano al poder en 1888 había sino nombrado Secretario de Estado. Blaine diseñó una agresiva política, que más tarde se conocería como “panamericana”, encaminada a facilitar la penetración del capital y las manufacturas norteamericanas en América Latina y desplazar la entonces preponderante influencia inglesa.

Con ese fin, Blaine logró organizar en Washington, hace ahora 130 años (1899-1990), la primera Conferencia de las Naciones Americanas, antecesora de la actual Organización de Estados Americanos (OEA). Martí, preocupado por sus posibles implicaciones negativas para los pueblos latinoamericanos, siguió de cerca esta reunión internacional y en sus crónicas para el diario La Nación de Buenos Aires desenmascaró las verdaderas motivaciones de Estados Unidos. Con un fragmento de uno de esos lúcidos artículos martianos, que mantiene hoy plena vigencia, cierro esta nota de Madre América, en homenaje a otrol aniversario del natalicio del Apóstol de la independencia de Cuba: “Jamás hubo en América, de la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.”

En ocasión de conmemorase los 167 años del natalicio de José Martí, el día de hoy 28 de enero de 2020, el doctor Sergio Guerra Vilaboy, Director del Departamento de Historia de la Universidad de La Habana, preparó estas líneas para Informe Fracto en tan señalada oportunidad.

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El pasado nos alcanzó

Pero los anteriores también lo hacían

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Ha sido un penoso descubrimiento percatarme de que, ante las críticas a la actual administración estatal, es cada vez más recurrente obtener como respuesta: “pero los anteriores también lo hacían”. Palabras más, palabras menos, esta idea se desprende de los labios de personas que, por diferentes motivos y basados en experiencias poco afortunadas, tratan de poner punto final a incómodas charlas acerca de política. Si bien están refiriendo algo cierto, no deja de ser un termómetro de la decepción y el hartazgo social con el que hemos tenido que lidiar en nuestro complejo régimen político. En este sentido, me referiré, en primer lugar, al contenido y, en segundo lugar, al contexto de esta afirmación.

¿A qué prácticas aluden las personas cuando se refieren a aquello que hacían en gobiernos anteriores y que continúan haciendo en el gobierno actual? Entre otras, al manejo de la administración estatal para beneficiar a cúpulas empresariales donde está inmersa la misma clase política; el uso dudoso de los recursos, proclamando austeridad para los trabajadores y la ciudadanía, mientras se despilfarra en otros gastos; la creación de impuestos, derechos y trámites para recaudar más, sin que sea convincente el destino de tales recursos; la colocación de compromisos políticos en el aparato estatal; la vendettas políticas y “quema de brujas”, que no sólo abarca a servidores públicos de alto rango, sino también a trabajadores a quienes se descalifica públicamente para poder despedirlos alegando corrupción o que no tienen preparación profesional; la negación de la crítica y la inconformidad, blindando al gobernador para que no escuche más que aplausos y alabanzas; el abuso de poder por parte de la policía que únicamente protege a ciertos políticos y empresarios; las “mordidas” que median en trámites de toda índole y permiten la consabida elusión de infracciones y multas.

Esta no es una lista exhaustiva ni acabada, pero da una idea de los temas que están sobre la mesa. Y sí, es cierto, no son prácticas nuevas, tanto el PRI como el PAN, que han ocupado la silla del Ejecutivo estatal, retomaron y pulieron estas deshonrosas estrategias de gobierno. Lo lamentable es que el argumento ya no sea demostrar cómo se están erradicando, sino legitimarlas con la fórmula de que “los anteriores también lo hacían”. Este argumento nos lleva a la conclusión de que, al haber sido siempre así, la actual administración estatal tiene la prerrogativa de continuar en el mismo sentido. Es casi una venia inmoral para resignarnos a lo mismo. La exhibición del régimen político ha llegado a tal grado que es imposible rebatir las prácticas que lo corrompen. En sentido opuesto, sería ingenuo pensar que la clase política cambiará de un día para otro. Pero la ciudadanía sí está cambiando y juega un rol cada vez más activo. ¿Nos ocuparemos de cuestionar y actuar o les daremos a este y futuros gobiernos la autorización de hacer lo que los anteriores también hacían?

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Editorial

El peor enemigo

Mario Alejandro Valdez

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Lo advertimos la semana pasada: la manifestación del domingo 19 sería un importante termómetro sobre el futuro inmediato de la política en Yucatán. Sabíamos que varios grupos fuertes harían acto de presencia, y elucubramos que los operadores panistas debían estar negociando a marchas forzadas para evitar que la sangre llegara al río. Fallamos en esta segunda estimación: no sólo no hubo negociaciones, sino que se permitió que el peor enemigo de Vila actuara impunemente y confeccionara el peor escenario para el gobernador. Este temible adversario urdió una estrategia de provocación, instruyó a sus operadores a desatar la violencia y luego, por si todo esto fuera poco, se encargó que los medios reprodujeran una y otra vez declaraciones absurdas, grotescas, ilegales inclusive algunas de ellas, pero todas ellas para empeorar gravemente la situación. Todo orquestado por el peor enemigo del gobernador, ni más ni menos que el propio Mauricio Vila Dosal.

Los hechos son ya bien conocidos, por lo que sólo precisaremos algunos puntos sobre la manifestación del pasado 19 de enero, para después bosquejar las consecuencias inmediatas y a plazos mayores de la injustificada agresión policiaca. En primera instancia, hay que señalar que la manifestación fue muchísimo mayor a lo estimado, incluso por los organizadores, y que estuvo integrada mayoritariamente por ciudadanos independientes, muchos de los cuales simpatizaban con Vila hace apenas unos meses, pero que han sido afectados por injustificados recortes a sus pensiones, el NO pago de aumentos comprometidos desde principios de año, ceses fulminantes e inexplicables, establecimiento y/o aumento inverosímil de cargas fiscales y la latente amenaza de desaparecer el ISSTEY, uno de los mejores institutos de seguridad social del país. Todas estas razones fueron las que llevaron a la marcha a miles de ciudadanos meridanos, muchos de los cuales, como comentamos líneas arriba, en julio de 2018 sufragaron por Vila, pero las agresiones económicas, sumadas a una actitud arbitraria, han convertido la simpatía y esperanza en rechazo demoledor.

Por lo que se puede observar en los videos, confirmado por testimonios personales de participantes, el fuerte operativo policiaco fue rebasado por la magnitud de la manifestación. Un análisis lógico nos lleva a considerar que, al no poder contener a los protestantes, los mandos, sin duda en ejercicio de un plan previo, que tuvo que haber sido autorizado por el propio gobernador, ordenaron la represión. Al respecto, un fuerte rumor indica que el Jefe del Ejecutivo desestimó las advertencias sobre el tamaño y el sentir de la protesta, pues hasta la mañana de ese domingo seguía pensando que gozaba de una enorme popularidad y el apoyo casi unánime de la población, y que las publicaciones en redes sociales eran simples “bots”, como los que se usaron contra AMLO durante la pasada campaña presidencial. Según este rumor, la actitud despectiva de Vila al restarle importancia a la protesta es lo que provocó la inacción de sus propios operadores, lo que redundó en un mayor crecimiento de la manifestación.

Las declaraciones posteriores de la secretaria María Fritz, así como del propio Vila, no sólo son ridículas, sino incluso pueden configurar conductas indignas y hasta punibles, al culpar a “los fuereños” de la “violencia”, propiciando así un clima de mayor confrontación y linchamiento. Lo increíble del caso es que las colonias meridanas con predominante población “fuereña”, como Francisco de Montejo y Pensiones, tradicionalmente otorgan un voto mayoritario para Acción Nacional, situación que con toda seguridad se verá afectada con la absurda y etnocéntrica retórica, en la que incluso se llegó a aludir negativamente a nuestros compatriotas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán. El colmo de este deplorable discurso es que el propio Mauricio Vila es “fuereño”, algo que se intentó usar en su contra durante la campaña electoral. ¡Cosas veredes…! Una última, e importante cereza en el pastel es la inteligente y provocativa comunicación del alcalde meridano ante los lamentables hechos, con la que por primera vez externó públicamente su distancia del ahora desprestigiado gobernante.

A mediano plazo podemos avizorar muchos y cada vez más negros nubarrones sobre la figura política de Vila Dosal. La represión no solamente alimentó su impopularidad, sino que colapsó su imagen fuera del Estado y abrió un boquete, ahora sí muy visible, entre su gobierno y su partido. El deslinde ha sido generalizado, pero se ha hecho mucho más evidente en el extenso y creciente grupo de Renán Barrera Concha, quien, con muy escasos cuestionamientos, se continúa fortaleciendo como un alcalde de gran aceptación. Por el lado de la protesta social, se ha convocado para dos nuevas marchas, el domingo 26 y el viernes 31 de enero, respectivamente, que cuentan ya con la participación confirmada de decenas de colectivos nuevos, además de los combativos grupos que protestaron el día de la represión. El conflicto, pues, parece escalará, ratificándose la previsión de crecimiento de un movimiento popular, independiente y vigoroso. Ante ello cabe preguntarse: ¿seguirá el gobernador escuchando a su peor enemigo?

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