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Editorial

No comerse a los caníbales

Inti Torres Villegas

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El anhelo de verdad y justicia tras décadas de corrupción, impunidad y opacidad gubernamental, seguramente fue uno de los elementos centrales que motivaron a casi 30 millones de personas a votar por Andrés Manuel López Obrador en julio de 2018. No cabe duda que, en menor o mayor medida, las anteriores administraciones federales son responsables de las múltiples crisis atravesadas en el país. En ese sentido, la investigación del desempeño, discrecional y administrativo, de los expresidentes es un imperativo no sólo para el esclarecimiento, sino también para la reflexión, la justiciabilidad y la reparación de los hechos que han lesionado a México en su historia reciente.

Bajo esta premisa, desde el oficialismo-incluso antes de asumir la administración del Estado-se ha buscado impulsar un mecanismo institucional para llevar a juicio a los expresidentes, adicionándole el componente de la participación de la ciudadanía en el proceso, a través de una consulta previa, a fin de dar legitimidad política a las eventuales diligencias de investigación, sentencia y condena. Esto se concretó la semana pasada cuando, después de un entreverado proceso que involucró a parte de la ciudadanía y a los tres poderes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), declaró constitucional la posibilidad de emprender procesos de esclarecimiento de las decisiones políticas del pasado tomadas por actores políticos, tal y como versa textualmente la redacción modificada de la pregunta que definió la SCJN para que la ciudadanía se pronuncie al respecto durante el proceso electoral del próximo año.

La decisión, como era de esperarse, dividió opiniones, instalando un encarnizado pero necesario debate en el país que, si bien se plantea a partir de la coyuntura actual, resultará fundamental para la vida nacional venidera.

¿Es la justicia un elemento supeditable a la voluntad de popular?

Desde una perspectiva abstracta podría concluirse que sí. La noción misma de justicia, los marcos que la contienen y las instituciones encargadas de procurarla, debieran ser-idealmente-producto de pactos sociales que analogen y operativicen la complejidad y diversidad de necesidades e intereses de la vida en colectivo. Atendiendo a este precepto, la justicia, como concepto y como práctica, requiere, en su reformulación constante, de la participación sistemática y efectiva de la totalidad los sectores que componen una sociedad, a fin de garantizar el bienestar y la dignidad de todos ellos.

En lo concreto, la disyuntiva reviste mayor complejidad, particularmente en un contexto tan volátil como el mexicano, donde la impartición de la justicia ha respondido históricamente a los intereses de las elites políticas y económicas, convirtiéndose en una entelequia para la mayoría de las y los ciudadanos. La posibilidad de invertir esta lógica, explica en gran parte el entusiasmo ante la posibilidad de que estos participen en la decisión de investigar y eventualmente juzgar a los actores políticos que han (mal) administrado el país en el pasado.

Sin embargo, sería importante tomar algunos resguardos al respecto. Inicialmente, es necesario asumir que la ciudadanía en su conjunto no es una entidad homogénea con necesidades compartidas, sino una diversidad inclasificable de intereses enfrentados. De hecho, la polarización nacional de la que tanto se ha hablado en los últimos años, es en realidad un rasgo cuasi fundacional del país, mismo que en la práctica ha funcionado más como escenario de batallas económicas, sociales y culturales, que como espacio de consenso. La impartición de justicia no ha sido, ni será la excepción en este aspecto, por lo que el planteamiento de poner su ejercicio en disputa a través de ejercicios de consulta en donde las mayorías decidan sobre ella, pondría a las minorías en el riesgoso escenario de la impunidad, experiencial o percibida. Por poner un ejemplo de lo anterior, puede mencionarse que, en 2009, las y los uruguayos, dentro de una de las sociedades mas progresistas del continente, votaron mayoritariamente por mantener vigente la Ley de Caducidad a los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar en ese país, negándole a miles de victimas la posibilidad de acceso a la justicia.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta las decisiones a definirse en los ejercicios de consulta, no necesariamente se gestan estrictamente en escenarios que ponderen los preceptos éticos, ideológicos o valóricos, sino que más bien son influidos por coyunturas pragmáticas particulares. Muchos de estos ejercicios a nivel mundial, se han celebrado después de la implementación de campañas de miedo o de chantaje directo. Bastara recordar, para ilustrar lo anterior, la maquinaria propagandística que la derecha colombiana puso en marcha en 2016 y que termino por inclinar hacia el rechazo, la consulta sobre la firma del acuerdo de paz con las FARC para terminar con una guerra intestina de más de 60 años en aquel país.

Por último, conviene recordar que los derechos no pueden ponerse a consulta, tal y como lo establecen diversos marcos jurídicos nacionales e internacionales. La justicia, como derecho humano inalienable, se vería vulnerada en el caso de un eventual (y lejano) revés en la consulta del próximo año. Además, al hacerlo, se abre la puerta para consultar sobre la legislación y el ejercicio otros derechos que actualmente-admitámoslo- no gozan de tanta popularidad en nuestro país, como lo son el matrimonio igualitario, la interrupción legal del embarazo y la adopción homoparental, entre otros. El principio universal de los derechos humanos individuales y colectivos, debe privar más ahí de las leyes actuales -mismas que ahora avalan esta consulta- y por sobre la voluntad de las mayorías, sea cual sea el resultado.

Hay que reconocer que México es un país bastante rezagado en materia de participación no representativa y que, por supuesto, se hace necesario el impulso y fortalecimiento de mecanismos como la consulta y el plebiscito en temas relevantes para la vida publica del país. Sin embargo, por un principio mínimo de dignidad hacia la ciudadanía, estos ejercicios requieren de claridad en sus estructuras jurídicas, y atenerse a los principios rectores internacionales en la materia. En otras palabras, no repetir los adefesios jurídicos que implicaron las consultas sobre la cancelación del NAIM y sobre la construcción del tren maya, respectivamente.

Es imposible negar que las mexicanas y los mexicanos merecen justicia, y que los responsables de las múltiples calamidades que atravesó y atraviesa el país deben enfrentarla. Tampoco hay lugar a duda que la ciudadanía debe participar activamente de este proceso, considerando que, en última instancia, es la parte agraviada. Además de los elementos judiciales con los que cuenta el estado para investigar y juzgar a las y los funcionarios del pasado, no sería descabellado pensar en el establecimiento de comisiones multisectoriales de la verdad para esclarecer y castigar su actuar.

La validación y la realización de la consulta para investigar a los ex presidentes dejan muchas dudas prácticas. ¿Se hará caso omiso a las pruebas que llegasen a inculparlos dentro procesos que se le siguen a Emilio Lozoya y a Genaro García Luna en caso de que la gente diga no a los juicios?, ¿De verdad se plantea darle todo este tiempo a las y los presuntos responsables para que desvanezcan pruebas si la consulta obliga al Estado a iniciar la investigación hasta el próximo año?, ¿Qué argumentos tenemos para erigirnos como dadores o negadores de justicia ante a las víctimas y los deudos de Ayotzinapa, ABC, Acteal, Aguas Blancas, o ante las y los millones de personas empobrecidas y vulneradas durante décadas de decisiones administrativas erradas?

Hay, ciertamente, que reformar el sistema de justicia en el país y de esta forma canalizar la sed nacional de justicia, sin torcer sus mecanismos para orientarla hacia la revancha. A los actores políticos del pasado, del presente y del futuro que dañan al país y a sus habitantes, hay que investigarlos y juzgarlos bajo el paradigma irrestricto de la ley y no en una suerte de linchamiento institucional a pesar -si- de que lo merezcan. Hay que demostrarles que no somos como ellos. Que no como venganza nos vamos a comer a los caníbales.

Editorial

Informe Fracto y los tiempos del porvenir

Mario Alejandro Valdez

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Hace justo dos años y un poco más, recibí atenta llamada del entrañable amigo Carlos Bojórquez Urzaiz para invitarme a colaborar en Informe Fracto, un proyecto editorial digital que coordinaba desde hacía algunos meses. Inmerso en el trabajo cotidiano y las mil vicisitudes que conforman nuestro día a día en estos tiempos, no había reparado en esta nueva apuesta mediática. Acepté gustoso la invitación, y, antes de elaborar aquella mi primera colaboración, me permití recorrer virtualmente la propuesta, que me sorprendió gratamente por su frescura, profundidad, diversidad y calidad.

Desde aquel día y hasta hoy, escribir para Informe Fracto se convirtió en un muy grato hábito, que me conducía a la reflexión sobre algún problema o situación de nuestra dinámica realidad.  Siendo la discusión histórica una de sus muchas vertientes, acordé con Carlos, desde inicios de 2020, abrir un espacio en este ámbito, proponiendo cada semana un tópico historiográfico de interés, mostrando una perspectiva distinta, una óptica novedosa en pasajes diversos de nuestro devenir. De esta manera, mi relación con Informe Fracto -dos colaboraciones semanales- se volvió un ejercicio habitual, un compromiso y un auténtico deleite para las neuronas.

Conforme el proyecto se desarrollaba, durante 2020 y el actual 2021, lo percibíamos cada vez más fuerte, cada vez más influyente y cada vez más diverso… Muchas voces se fueron sumando, convirtiendo a nuestro medio en un auténtico caleidoscopio de la sociedad yucateca y peninsular, con constantes y enriquecedoras incursiones en el paisaje nacional, el mundo caribeño y la realidad de Nuestra América. NO hubo tema tabú ni una postura única sobre los muchísimos aspectos de la realidad que en este espacio fueron analizados… Informe Fracto se convirtió rápidamente en uno de los mayores y mejores escaparates de nuestro clima social…

Esta impronta llegó, además, en una coyuntura muy especial: el advenimiento al gobierno yucateco de Mauricio Vila se caracterizó, sorprendentemente, en una importante mutación en el actuar de la prensa escrita… tarea para el futuro será analizar a fondo esta situación. Pero lo cierto es que desde fines de 2018 y hasta la actualidad, los medios escritos, y un porcentaje significativo de los electrónicos, han mantenido una actuación más bien complaciente con el Ejecutivo estatal que -se afirma entre bambalinas- dicta agendas, veta temas y matiza editoriales. El arribo de Informe Fracto sin duda quebró esa realidad, y este espacio se convirtió en el más libre, crítico y analítico de la región.

En muy poco tiempo, Informe Fracto se consolidó como líder entre los medios electrónicos, incrementando semana con semana su influencia, y enriqueciéndose a cada paso con nuevas voces, nuevos enfoques, nuevas perspectivas, con ópticas diferentes, muchas de ellas que encontraron en él cauce a su expresión y a su visión de la realidad. El largo camino recorrido en estos pocos meses seguramente llena de orgullo a sus impulsores, al gran amigo Carlos y, por supuesto, a todas y todos quienes aportamos para este exponencial crecimiento en un tiempo sorprendentemente breve.

Hoy hace Informe Fracto un alto en su camino. Confiamos en que esta pausa -que esperamos breve- de paso a un nuevo andar más vigoroso aún. Los tiempos del porvenir demandan estas presencias, estas propuestas, estos debates, estas reflexiones… De cualquier modo, la senda queda, la convocatoria permanece abierta y la respuesta obtenida es, sin duda, acicate para el quehacer. Ante la apuesta conservadora por un pensamiento único y una visión neoliberal, el humanismo progresista respondió con fortaleza. Nuestro compromiso, en el marco de esta pausa, es mantener vigorosa la respuesta y contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.

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A propósito de…

Se cierra un ciclo en Informe Fracto, otros se abrirán

Cristina Martin Urzaiz

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Cuadro de Jean-Léon Gérôme, Consummatum est 1867

 A propósito de los cierres de ciclo, hoy se publica esta columna por última vez en Informe Fracto, luego de más de dos años y medio en que nos hemos encontrado cada semana. Mi primer sentimiento es de tristeza por tener que dejar un espacio en el que pude escribir con total libertad y me dio la oportunidad de llegar a tantos lectores.

De inmediato, viene la necesidad de agradecer. El agradecimiento a Carlos Bojórquez Urzaiz quien me abrió esta oportunidad. Me dijo: “a tus textos no se les va a cambiar ni una coma” y cumplió ese compromiso a carta cabal. También debo dar las gracias, a Lilia Balam y Rocío Valencia cuya información muchas veces me dio la pauta para elegir el tema, así como a todo el equipo de Informe Fracto.  A todos los colaboradores, cuyos escritos enriquecieron mis puntos de vista y contribuyeron a afinar el enfoque.

Pero, principalmente, quiero darle las gracias a cada uno de los lectores, que ocasional o constantemente prestaron atención a mis palabras. Coincidimos en tiempos inimaginables: ¿quién iba a decir que viviríamos la experiencia de encerrarnos en nuestras casas, a piedra y lodo, ante el temor del contagio de un virus desconocido que nos regresaría a la Edad Media?, ¿Quién hubiera previsto que el cubrebocas se convertiría en parte indispensable-casi la más importante-de nuestra indumentaria cotidiana?, ¿Quién que se formarían filas de cientos de personas para recibir el antídoto inyectado?

Esta es una época fecunda en cambios y noticias. Informe Fracto ha consignado con ética, con compromiso social, con honestidad: el movimiento de las mujeres que se han hecho escuchar como nunca en este país y le han arrancado al poder reivindicaciones fundamentales, el reconocimiento del derecho humano del matrimonio igualitario prácticamente en todo el territorio, la visibilización, con respeto, sin condescendencia de las personas con discapacidad como parte imprescindible de una sociedad que se pretende incluyente.

Informe Fracto ha estado siempre atento para darle voz a esas luchas, pero también para denunciar abusos policiales, actos de injusticia, violencia contra las mujeres, hechos de discriminación. Y mantuvo la mira. Siguió los casos, acompañó a las víctimas con un muy claro compromiso social, para prevenir, en la medida de lo posible, la impunidad y el olvido.

A esa visión quise sumarme en todo momento con la mínima contribución de un texto semanal, en el que, lamentablemente, fue escaseando el humor de las primeras fechas, dada la gravedad de muchos de los temas indispensables de abordar.

Para celebrar la libertad que se me ofreció me atreví a escribir de movimientos sociales, de política, de arte, de literatura y de cine. También aproveché para compartir algunas reflexiones y experiencias personales, como mi devenir en este mundo pandémico. Tuve algunas conversaciones con artistas extraordinarias.

 Siempre encontré la recepción afectuosa y la aquiescencia de mi querido Carlos Bojórquez Urzaiz y la seguridad de que en algún lugar, en algún momento, A propósito de… hallaría a un lector que le permitiera cumplir con su vocación de encontrarse con otra mente, con otra inteligencia.

A todos muchas gracias y espero que podamos encontrarnos otra vez.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: en busca de los orígenes locales de la Revolución Mexicana (XV)

Mario Alejandro Valdez

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El lunes 6 de noviembre de 1911, Francisco Madero y José María Pino Suárez juraron ante el Congreso de la Unión como Presidente y Vicepresidente Constitucionales de los Estados Unidos Mexicanos para concluir el período 1910-1916, que había iniciado como Jefe del Ejecutivo el Gral. Porfirio Díaz. Ello significaba, de jure, la aceptación de la legalidad de la elección de Díaz y, paradójicamente, colocaba fuera de la ley al propio Madero y su convocatoria del 20 de noviembre. El conservador periódico El Imparcial leyó a la perfección los acontecimientos, y así lo editorializó al día siguiente de la ceremonia:

La Revolución deja desde ahora de ser una palabra de significación actual en la vida política de la República Mexicana. LA REVOLUCIÓN NO EXISTE YA, [el resalte en mayúsculas es nuestro] acaba de morir, acaba de extinguirse, acaba de transformarse en el gobierno constituido, y de dejar, por lo mismo, inquietudes, para entrar, consciente de sus deberes, y con la serenidad necesaria en su nueva y alta función: la de encaminar honrosa y decorosamente al país hacia un constante y definido progreso”.

El tema había sido furiosamente discutido en las negociaciones de Ciudad Juárez. Carranza y Pino Suárez encabezaron a quienes se negaban a transigir y urgían el pleno reconocimiento del Plan de San Luis; pero Francisco Madero, a través de sus familiares, logró que prevaleciera la idea de mantener el orden constitucional, aceptar la renuncia de Díaz como si hubiera sido un asunto de salud y no consecuencia de una Revolución, y permitir la vigencia de las estructuras del Antiguo Régimen. En ese contexto, uno de los Jefes más importante del Ejército Federal fue el Gral. Victoriano Huerta, sanguinario perseguidor de los mayas de la Guerra de Castas a fines del siglo XIX y principios del XX, y feroz represor de lo que los porfiristas y la gente de bien llamaban las hordas zapatistas.

Durante los quince meses del gobierno maderista, Francisco Madero fue el perene optimista, que siempre veía el lado bueno de las cosas y jamás las amenazas; en tanto que José Maria Pino Suárez fue el puntilloso analista que advertía los peligros que se cernían sobre la nueva administración. Madero era el atrevido, Pino el cauto; Madero el arrojado, Pino el prudente… Al final, como casi siempre, prevalecía la opinión de la máxima autoridad, y así pronto se materializaron las palabras que en Ciudad Juárez pronunció Carranza: “Revolución que transa es Revolución perdida”.

El gobierno de Francisco Madero terminó estrepitosa y trágicamente… El 9 de febrero de 1913, una importante sección del Ejército Federal se sublevó en su contra. Los leales obtuvieron victorias importantes, pero la fatalidad intervino, encarnándose en el Gral. Huerta, quien por herida del Gral. Lauro Villar, quedó accidentalmente al mando de la Ciudad de México. Pronto el llamado chacal consumó la traición, y tanto el Presidente como el Vicepresidente fueron tomados prisioneros. Aún en esas condiciones, Madero continuó haciendo alarde de optimismo, incapaz de reconocer la gravedad de la situación. Angustiado y sin esperanzas, Pino Suárez le escribió a su amigo Serapio Rendón Alcocer la mañana del viernes 21:

Dispensa que te escriba con lápiz, pero no he logrado que nuestros carceleros me proporcionen una pluma. Como sabes, hemos sido obligados a renunciar a nuestros respectivos cargos de Presidente y Vicepresidente de la República, pero no por eso están a salvo nuestras vidas. Creo que peligran aún más que antes. Nunca estuve de acuerdo en esas renuncias precipitadas, pero el Presidente insistió”.

Sin faltar a la lealtad al entrañable amigo y Jefe, Pino Suárez hizo constar a Rendón, entonces diputado, la ingenua actitud de Madero, y las previsibles consecuencias de la misma:

“… yo no soy tan optimista como el Presidente Madero respecto a que Huerta cumplirá su palabra de respetar nuestras vidas. ¿Por qué ese afán de confiar en alguien como Huerta? Temo lo peor, y en caso de que suceda, te ruego que hables con María, mi esposa, sobre las circunstancias trágicas de mi muerte”.

En la epístola que terminó siendo su testamento sentimental, el poeta romántico se condolió, ante su martirio, de la difícil coyuntura en la que quedaría su compañera de vida:

“La pobre quedará sola, con apenas unos cuantos pesos ahorrados, y seis hijos a los cuales criar y educar”.

Emocionado seguramente hasta las lágrimas, Pino Suárez cerró su carta con una frase lapidaria:

“… la política me endilgó un sueño que en realidad era una pesadilla”.

Unas cuantas horas después, durante la noche del sábado 22, Madero y Pino Suárez fueron ignominiosamente ejecutados a escasos metros de la Penitenciaria de Lecumberri… Serapio Rendón entregaría la emotiva correspondencia a doña María Cámara Vales, esposa de José María, y, a la vuelta de unas cuantas semanas, él mismo sería asesinado en esa horrible danza de sangre en la que se convirtió la feroz dictadura de Victoriano Huerta. Así terminó aquel hermoso proyecto revolucionario, aunque luego otros hombres y mujeres de Yucatán y de toda la Nación lo impulsaron a mejores puertos… Dieciocho meses después de los asesinatos, el revolucionario progreseño Lino Muñoz Nogueira tomaría a sangre y fuego el Puerto de Progreso, ejecutaría al Jefe Político huertista y se acercaría a la residencia de la viuda del poeta en homenaje a su martirio. Luego vendrían los tiempos de Alvarado y Carrillo Puerto, pero esos son otros temas…

Con esta introspección, la número 90 publicada de manera ininterrumpida en Informe Fracto, culminamos la primera etapa de este feliz esfuerzo. Hemos repasado, durante estos casi dos años, muchísimos episodios y procesos de la historia de nuestro querido Yucatán… muchos más se quedan en el tintero, seguramente en próximos tiempos podremos compartirlos con ustedes. Aprovecho las últimas líneas de esta final introspección -repito, final de esta primera etapa- para agradecer al gran amigo Carlos Bojórquez Urzaiz, hermano de luchas ideológicas y pesquisas históricas, por su invitación para incluir un espacio de reflexión historiográfica semanal. ¡Hasta siempre!

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