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Editorial

¿Relaciones peligrosas? Vila y el BOA

Mario Alejandro Valdez

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En uno de los efectivos golpes mediáticos que lo ha convertido en el político más popular del país, el presidente Andrés Manuel López Obrador denunció hace unos días la existencia del Bloque Amplio Opositor, identificada como una alianza de todos los partidos opositores para ganar la Cámara de Diputados en 2021 y la Revocación del Mandato en 2022. Utilizando el privilegiado espacio de la “mañanera”, el tabasqueño le puso sabor al caldo político nacional, y logró que por algún tiempo el tema de la pandemia de coronavirus quedara desplazado.

La existencia de este movimiento es conocida desde hace meses, y ya había sido revelada con profusión. Sin duda que un amplio grupo de políticos y empresarios se han unido para hacer campaña contra AMLO. Parte fundamental de este esfuerzo la constituyen algunos gobernadores de oposición, señaladamente, los mandatarios de las entidades del occidente y el noreste, que desde hace algunas semanas han tomado precisamente la bandera del COVID para atacar al gobierno federal. De acuerdo con todas las evidencias disponibles, al ser encabezada por políticos corruptos y desprestigiados, así como por empresarios de élite, la campaña apenas ha logrado endilgarle algunos raspones a la figura presidencial. Los recientes hechos de represión de Jalisco, que dejaron muy mal parado al gobernador Enrique Alfaro, terminaron por ocasionar tremendo boquete a la alianza, al retirarse de ella varios líderes, encabezados por el senador duranguense José Ramón Enríquez, lo que seguramente tendrá importantes efectos en el porvenir.

Por su parte, Mauricio Vila hasta el momento ha logrado navegar fuera de este círculo reaccionario y ha mantenido una relación más que cordial con el presidente. Hasta ahora, las giras del presidente por Yucatán se han materializado en una mutua lluvia de elogios, así como demostraciones de una buena relación, incluso más allá de lo institucional. Pero algunos signos indican que las cosas pudieran estar cambiando. Previo a la más reciente visita, cuando se dio el banderazo al Tren Maya, un sector de panistas, liderado por la coordinadora de la diputación estatal blanquiazul, Rosa Adriana Díaz Lizama, “invitó” al presidente a NO venir, una posición que difícilmente se hubiera producido de haberla vetado el gobernador. Pero, mucho más grave que ello fue el anuncio de Vila del pasado 5 de junio, cuando declaró de manera unilateral y con base en datos inciertos, que Yucatán manejaría su propio semáforo epidemiológico, señalando para el siguiente 8 el inicio de la “primera ola” de reactivación, que llevó a una apertura generalizada e indiscriminada de negocios, con las consecuentes aglomeraciones en el transporte público y el centro de la ciudad. Al hacer la declaratoria, Vila insistió en que los indicadores manejados por el gobierno federal eran equivocados, y que “a partir de este momento”, las autoridades estatales tomarían todas las decisiones correspondientes.

Ni AMLO ni el líder sanitario de la crisis, Dr. Hugo López Gatell, se subieron al ring, y, en cambio, han continuado echando flores al gobernador yucateco, poniéndolo como ejemplo en diversos rubros, incluida la gestión de la pandemia. Pero cuando ha sido cuestionado, López Gatell ha sido enfático: no existen los semáforos estatales, y el nacional, establecido semanalmente por la Secretaría de Salud federal, es el único real, transparentando además que se consulta con las autoridades estatales antes de anunciarse.

La mañana de este jueves, después de conocerse que Tamaulipas podría ser declarado en naranja por el semáforo nacional, el gobernador panista Francisco García Cabeza de Vaca –un personaje que ha sido vinculado a los grupos criminales que operan en dicha entidad-, habló de su propio “semáforo estatal” y, utilizando casi las mismas palabras que Vila una semana antes, señaló que ya no haría ningún caso a las disposiciones federales, y que en Tamaulipas todas las decisiones se tomarían internamente.

¿Será casual esta coincidencia discursiva? ¿Estará coqueteando Vila con el BOA? Muy lamentable sería lo segundo, pues el mandatario yucateco, pese a sus yerros e inconsistencias, ha logrado mantener el suficiente capital político para conservar su liderazgo estatal y llevar a buen término su gestión, que históricamente ha quedado sin duda marcada por la terrible presencia de la pandemia viral. Por el bien de Yucatán, hacemos votos porque el mandatario mantenga el rumbo y evite unirse a un grupo que más que opositor, parece formado por forajidos luchando por recuperar el botín perdido.

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Editorial

Comienza la batalla electoral por Mérida

Mario Alejandro Valdez

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La pandemia de COVID-19 continúa imparable en el mundo entero, incluyendo por supuesto México y Yucatán, pero eso no puede impedir que la vida continúe. En este sentido, a poco más de seis meses de las elecciones concurrentes del próximo 6 de junio de 2021, la batalla electoral por la ciudad de Mérida, la joya de la corona del Estado de Yucatán, ha comenzado. Si bien desde hace varias semanas se han destapado las principales candidaturas en el partido blanquiazul, que sigue siendo amplio favorito para refrendar el apoyo de los meridanos, un vigoroso pronunciamiento de varias agrupaciones políticas, algunas de ellas cercanas al gobernador Mauricio Vila, está introduciendo ruido en el proceso, de tal modo que lo que parecía bola cantada -un nuevo triunfo de Acción Nacional en la capital estatal- podría quedar en veremos.

El pronunciamiento se refiere al complejo tema de la paridad de género en materia electoral. De acuerdo con los grupos mencionados, cuyo pronunciamiento fue dado a conocer en rueda de prensa electrónica en días pasados, para garantizar la paridad en el ejercicio gubernamental se requiere que los 15 municipios más grandes del Estado sean gobernados por mujeres, es decir, que los partidos políticos que pretendan participar en la justa comicial de junio se verían obligados a presentar a mujeres como candidatas, de tal modo que, independientemente del partido que obtuviera el triunfo, una mujer encabezaría los próximos cabildos de dichos municipios, que son Kanasín, Valladolid, Tizimín, Progreso, Umán, Tekax, Ticul, Chemax, Motul, Hunucmá, Oxkutzcab, Izamal, Peto, Maxcanú y, por supuesto, Mérida.

En tiempos en los que estamos luchando por la igualdad en general en todos los ámbitos sociales, así como por la erradicación de la violencia hacia las mujeres, la iniciativa aparentemente es favorable, pero, analizando las posibles consecuencias del hecho, ¿realmente semejante acotación necesariamente se reflejará en un avance? Nuestra ciudad ya ha sido gobernada por mujeres previamente, con resultados divergentes. Precisamente por el PAN, la presidencia municipal de Mérida ha sido ocupada, en dos ocasiones, por Ana Rosa Payán Cervera, quien hasta la fecha cuenta con el respeto y la admiración de la mayoría de los meridanos; en tanto que por el PRI la alcaldía capitalina fue desempeñada, de 2010 a 2012, por Angélica Araujo, quien tuvo una actuación tan desastrosa que su partido no ha vuelto a ganar una sola elección en esta jurisdicción.

Se especula que en realidad el llamado acuerdo paritario tiene como objetivo fundamental sacar de la carrera por la candidatura al más aventajado de los contendientes: el actual alcalde Renán Barrera Concha, quien, de acuerdo con la percepción generalizada, cuenta con el apoyo de la mayoría de los panistas meridanos, así como con el respaldo de un trabajo que ha resultado satisfactorio para los ciudadanos del municipio. Renán, por supuesto, no ha realizado ninguna declaración tras la publicidad de la propuesta, toda vez que de hacerlo sería de inmediato blanco de todo género de críticas y acusado de violencia política hacia la mujer.

La posible beneficiaria de la propuesta sería la diputada Cecilia Patrón Laviada, persona muy cercana al gobernador Vila, pero que no cuenta con plena aceptación entre el panismo tradicional y mucho menos entre la ciudadanía meridana. Recuérdese que en la pasada elección de 2018, Patrón Laviada perdió sorpresivamente su distrito a manos del profesor Roger Aguilar Salazar, político de izquierda muy distinguido y apreciado, pero que, dadas las precarias condiciones de su salud-falleció justo después de confirmarse su inesperado triunfo-prácticamente se vio imposibilitado de hacer campaña. Si bien Roger era, sin lugar a dudas, un mejor candidato que Cecilia, debemos de reconocer que muchos meridanos del Tercer Distrito, desconocedores de la brillante trayectoria del veterano luchador social, en realidad votaron en contra de la panista, en buena medida por el desprestigio que acompaña a su apellido después de la pésima gestión gubernamental de su hermano Patricio.

Si el acuerdo va, y se saca de la boleta electoral al alcalde Barrera Concha, el PAN podría estar cavando su tumba en la capital del Estado y, por ende, dejando el terreno abonado para despedirse del Palacio de Gobierno en 2024. Más grave aún, perder Mérida por culpa de una candidatura impopular podría representar un desastre para el gobernador en la composición del Poder Legislativo, el cual, ante el catastrófico derrumbe que se augura al PRI, estaría quedando más que puesto para la alianza MORENA-Partido Verde. Por lo pronto, los grupos que impulsan el acuerdo paritario, entre los que destacan líderes políticos de varios partidos y distinguidas académicas de la UADY, han manejado una retórica muy vigorosa y han asegurado mediáticamente que la propuesta es un hecho. ¿Será? Lo cierto es que la batalla por Mérida ha iniciado, y los primeros golpes están siendo dirigidos contra el popular alcalde en funciones.

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A propósito de…

¿Qué tan sanos estamos los mexicanos según la última encuesta nacional?

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la presentación de los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018, el más reciente y completo documento respecto al estado físico  de los mexicanos, que se elabora sexenalmente, encontramos muchos motivos de preocupación, aunque también hay una buenas noticia: fumamos menos.

La Secretaría de Salud, el Instituto Nacional de Salud Pública y el INEGI presentaron el documento que evalúa los  hábitos y las enfermedades de la población durante la pasada administración, en tanto que las estadísticas relacionan las cifras correspondientes a 2018 con las obtenidas en 2012.

De entre los datos más preocupantes encontramos los relacionados con el sobrepeso y la obesidad, que pasó del 71. 3 al 75. 2 por ciento de la población, lo cual significa 7 de cada 10 mexicanos. El problema, lejos de reducir, creció en 4 puntos porcentuales, durante un sexenio que se caracterizó por brindarles todo tipo de privilegios – incluida la exención de impuestos – a las empresas fabricantes de comida chatarra.

El exceso de peso en la población de más de 20 años  tiene mayor recurrencia entre las mujeres, al pasar del 73 al 76.8 por ciento. En tanto que en los hombres aumentó del 69.4 al 73 por ciento. El comportamiento de este problema de salud es diferente de acuerdo al género: la obesidad afecta más a las mexicanas, mientras que el sobrepeso tiene presencia acentuada entre la población masculina.

En cuanto a los adolescentes, las  entidades en las que se acumulan más casos de esos padecimientos son Veracruz, Quintana Roo, Colima, Sonora y Tabasco. A nivel nacional también se incrementaron los porcentajes de exceso de grasa corporal entre los habitantes de 12 a 19 años, especialmente entre las mujeres. En las ciudades el problema es más notorio que en las comunidades rurales.

Los niños de entre 5 y 11 años no están exentos. Las mediciones correspondientes a 2006, 2012 y 2018 evidencian que 3 de cada 10 habitantes en este rango de edad viven con sobrepeso u obesidad. En esos doce años los porcentajes crecieron del 34.8 al 35.6 por ciento. Nuevamente es en las ciudades donde esos trastornos se agudizan al alcanzar al 37.9 por ciento de los menores con sobrepeso.

Lo anterior se explica ampliamente cuando se consultan los resultados de las estadísticas correspondientes al consumo de alimentos no recomendables, donde más del 80 por ciento de los habitantes de todas las edades acostumbran la ingesta de bebidas no lácteas endulzadas; en tanto que más del 60 por ciento de los niños de 1 a 11 años están habituados a comer botanas, dulces y postres.

No es, entonces, de extrañar que el número de personas que viven con diabetes en el país haya pasado de 6 millones 400 mil  en 2012 a 8 millones 600 mil en 2018. En el documento se puntualiza que la afección asociada a la diabetes de mayor prevalencia es la visión disminuida.

Otra enfermedad presente en la encuesta es la hipertensión, cuyo crecimiento en esos seis años es todavía más alarmante: de 9 millones 300 mil a 15 millones 200 mil. El estudio enfatiza que el porcentaje incrementa en la población de más de 50 años, afectando al 26. 7  por ciento de los mexicanos de entre 70 y 79 años. Campeche, Sonora, Veracruz, Chihuahua y Coahuila son los estados con mayor número de hipertensos.

Habremos de esperar hasta el 2024 para conocer cómo incidirán en beneficio de la salud de los mexicanos medidas como el nuevo etiquetado para advertir del exceso de azúcar, sodio y calorías en los alimentos industrializados; la legislación para evitar la venta de bebidas endulzadas a los menores de edad en algunas entidades y el retiro de los privilegios a las empresas de comida chatarra por parte del gobierno federal.

Otros  rubros que incluye la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición son el consumo de alcohol y de tabaco. En cuanto al primero, las entidades con mayor ingesta entre habitantes de 10 a 19 años son Puebla, Colima, Ciudad de México, San Luis Potosí y Jalisco. Y entre los de más de 20 años Chihuahua, Zacatecas, Coahuila, Yucatán y Colima.

¡Y, por fin, la buena noticia!: Mientras en 2012 el 19.9 por ciento de los mexicanos mayores de 20 años fumaba; en el 2018 solamente lo hizo el 11.4 por ciento, prácticamente la mitad.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: La Iglesia Católica y la Revolución Mexicana (III)

Mario Alejandro Valdez

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En mayo de 1919, el arzobispo Martín Trischler y Córdova regresó a Yucatán. El retorno causó regocijo entre los católicos militantes y recelo entre los socialistas y revolucionarios en general. Como comentamos en la pasada introspección, asumió formalmente el compromiso de abstenerse de intervenir en política, pero no lo cumplió ni un segundo. Trischler llegó en una grave coyuntura, en la que se enfrentaban violentamente los miembros del Partido Liberal, vinculado a los hacendados henequeneros y que también contaba con el apoyo del presidente Carranza, y del Partido Socialista de Yucatán, liderado por Felipe Carrillo Puerto. El rompimiento de la victoriosa coalición revolucionaria de 1917 era un hecho, y Carranza había quedado en el ala derecha del proceso. Carrillo Puerto, entre tanto, se alió a la facción sonorense, que encabezaban Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

Trischler, por supuesto, apostó por los liberales, que en el otoño de aquel año de 1919 pasaron a una agresiva ofensiva con todo el apoyo del Ejército Federal. Cientos de socialistas fueron pasados por las armas, lo que incluyó el asesinato de ancianos, mujeres y niños. Oficialmente la Iglesia se limitó a guardar silencio, pero los curas de pueblo apoyaron sin restricciones a los perpetradores de los brutales crímenes, justificando su postura con el hecho de que las víctimas eran “enemigos de Dios”. Yucatán se tiñó de sangre, y Carrillo Puerto y los principales líderes se vieron obligados a huir para salvar la vida. Toda la plana mayor de los victoriosos liberales, en la que destacaban Víctor Manzanilla Montoré y Pedro Sánchez Cuevas, eran católicos destacados.

Pero en realidad la Iglesia se volvió a equivocar al tomar el partido de Carranza y el ala conservadora de la Revolución. Los sonorenses armaron una enorme alianza que incluyó a comunistas, socialistas y revolucionarios moderados, y Carranza y sus incondicionales fueron barridos estrepitosamente. En mayo de 1920, sin ningún apoyo significativo, pero negándose a renunciar, el antiguo Primer Jefe fue ejecutado en el pueblecillo de Tlaxcalantongo, y sus rivales se hicieron del poder. Carrillo Puerto y el resto de los socialistas retornaron a Yucatán al mes siguente, y volvieron a ofrecer el olivo de la paz a Trischler, quien volvió a aceptarlo hipócritamente.

Aunque Felipe tomó posesión de la gubernatura formalmente hasta febrero de 1922, lo cierto es que desde ese mes de junio de 1920 se convirtió en la autoridad en Yucatán, y comenzó a impulsar una ambiciosa agenda de transformación política, que incluía una profunda reforma agraria, la revitalización de la cultura maya, la absoluta liberación de las mujeres y la construcción de una educación de gran avanzada. Todo ello contrariaba puntualmente los intereses del arzobispo, quien participó, de modo soterrado pero inequívoco, en una agresiva campaña de golpeteo, para la que se usó de manera primordial las páginas de la Revista de Yucatán, el cotidiano de Carlos Ricardo Menéndez González.

Con particular frenesí, los católicos conservadores enfrentaron las expresiones del feminismo socialista, que eran dirigidas por Elvia, hermana menor del líder motuleño. Elvia no sólo era la cabeza del feminismo yucateco, sino una de las activistas más radicales del mundo entero. Sin ningún temor, adelantándose varias décadas a su tiempo, Elvia hizo abiertamente proselitismo por el control de la natalidad, el amor libre y la plena participación política de la mujer, tres aspectos inaceptables para el clero. Trischler instruyó entonces a Rafael de Zayas Enríquez, uno de sus hombres de paja a emprender una campaña sistemática contra estas propuestas  desde la Revista de Yucatán. Cada artículo de Elvia y de sus compañeras publicado en Tierra y en Rebeldías era contestado por un alud de tinta pergeñada por el antiguo porfirista veracruzano avecindado en Yucatán. Haciendo uso de su elegante prosa, Zayas velaba lo que en realidad eran una serie de insultos y descalificaciones contra Elvia, el feminismo, el socialismo y la Revolución Mexicana en general. Pero lo cierto es que, con lentitud pero perseverancia, el pensamiento liberador iba expandiéndose en el Estado ante la preocupada mirada de Trischler, sus sacerdotes y sus aliados.

En noviembre de 1923 comenzaron las conspiraciones para un nuevo golpe contra el socialismo. Los moderados dentro de la coalición sonorense comenzaron a moverse en oposición a Plutarco Elías Calles, el candidato de los radicales, y a quien en particular la Iglesia tenía gran temor dada su conocida obra iconoclasta como gobernador de Sonora. Trischler volvió a instruir a sus párrocos y curas en general para que apoyaran las movilizaciones opositoras y denunciaran al gobierno ateo de Felipe Carrillo. Cuando la traición se consumó y Felipe fue fusilado, el arzobispo no dijo esta boca es mía, pero en los hechos apoyó a los asesinos e impulsó la participación de connotados católicos en el gobierno usurpador, justificando así el proditorio crimen del 3 de enero de 1924, como igual hizo Carlos Ricardo Menéndez González en su célebre editorial del día siguiente.

Pero al final resultó otro error de cálculo de Trischler. Cien días después del asesinato de Felipe, la usurpación huía de cualquier modo a Centroamérica, y el Gral. obregonista Eugenio Martínez restableció a los socialistas en el poder. La Revista de Yucatán sufrió el asalto de una enardecida multitud y tuvo que cerrar para siempre, y aunque el vallisoletano José María Iturralde Traconis -quien sustituyó a Carrillo Puerto- se entrevistó personalmente con el prelado yucateco para garantizarle el libre ejercicio del culto católico, Plutarco Elías Calles llegó a la presidencia de la república en diciembre de 1924 con toda la determinación de recordarle a la Iglesia que los pecados contra el poder se pagan en la Tierra y con altos intereses.

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