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Estilo de vida

A propósito de los propósitos y la imposibilidad de una vida fit

Mariana Reyes

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Con cada vuelta al sol, o sea, cada año nuevo, miles de personas se plantean cumplir determinados objetivos, siendo uno muy recurrente el apegarse a un estilo de vida saludable o  fit (de fitness: estado físico), cosa que suena tentadora y se nos vende la idea de que el único enemigo a vencer es uno mismo. Que equivocados estamos.

La debilidad propia no es lo único que nos separa del Olimpo de cuerpos griegos: la desigualdad y la precariedad atraviesan esta esfera tanto como las otras: empleo, seguridad social, oportunidades. Porque ¿Cómo puede una persona que trabaja hasta el otro extremo de la ciudad encontrar tiempo para cocinar tres comidas saludables, más dos colaciones, más hacer una hora de ejercicio (calentamiento y baño no incluidos) si debe despertarse a las 4 de la mañana para tomar un camión que tarda cerca de una hora en llevarla hasta su centro de trabajo?  A estos escollos hay que sumar el tiempo de espera del transporte que en esta noble y leal ciudad de Mérida, a veces supera los 60 minutos, el “ponte la camiseta” que los hará salir más tarde de su hora estipulada, el que a veces no hay hora de comer “porque hay que sacar la chamba”, el tiempo para los deberes domésticos, el tiempo con la familia, el tiempo para uno mismo, el tiempo para dormir (no menos de 6 horas) y el tiempo para el esparcimiento.

Pareciera ser que sólo la “élite” [no se entienda necesariamente en sentido negativo este término] que tiene coche propio, trabaja en su propio ritmo y tiene la capacidad de pagarle a alguien que le cocine, lave y planche (ya no hablemos del poder adquisitivo para costear un gym) se puede permitir esa vida llena de salud y bienestar por no decir libre de enfermedades coronarias y seguro médico (social o particular)

Obviamente hay quienes tienen la enorme suerte de tener trabajos más o menos flexibles que les permiten acceder a esa necesidad convertida en lujo que es el cuidado de la salud pero no es una gran mayoría. Hay algo que nos está llevando a ponerle precio a cosas que no lo tienen: la salud física, la emocional y el bienestar se están viendo afectadas por los mismos intereses que permiten que haya explotación laboral sin prestaciones de seguridad social y que las reservas naturales sean convertidas en hoteles y fraccionamientos. Algo no está bien. Algo tiene que cambiar.

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Estilo de vida

Necesario derribar mitos para rescatar la lactancia materna

Lilia Balam

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Para ello es primordial capacitar adecuadamente al personal médico, declaró la especialista Aline Gámez Quintana.

Es necesario derribar los mitos que se han construido alrededor de la lactancia materna para rescatar esa práctica, benéfica para la madre y el bebé, señaló la asesora de lactancia Aline Gámez Quintana, para lo cual aseguró que es primordial brindar información científica y capacitar adecuadamente al personal médico en el tema.

De acuerdo con la experta, es frecuente que circulen mitos sobre la práctica de dar pecho. Por ejemplo, se suele escuchar que amamantar duele o que el menor se queda con hambre y se le debe dar fórmula láctea para “completar”.

Aunque la mayoría de estas creencias son falsas, se han logrado arraigar en el imaginario colectivo debido a la falta de información certera en la materia.

“Los mitos se deben a la desinformación que hay, empezando desde el personal de salud: la primera persona con la que tiene contacto una madre que acaba de dar a luz es una enfermera, y si ésta no cuenta con información actualizada, la mamá desde ahí se verá afectada”, apuntó Gámez Quintana.

“La capacitación a nivel salud debe ser primordial, sí debe tener peso, pero también desde la universidad deben abordar el tema de la lactancia de manera más profunda, para que salgan de ahí con bases científicas y no rumores que les dijeron la mamá o la abuela”, subrayó.

También sostuvo que se requiere mantener al personal de clínicas y hospitales actualizado en el tema y lo ideal sería que cada uno de esos recintos cuente con un profesional en lactancia para apoyar a las madres desde la primera hora del nacimiento de sus hijos o hijas.

Cabe mencionar que Gámez Quintana impartió la master class “Mitos y realidades de la lactancia materna” en la Universidad José Martí de Latinoamérica, donde también sobre el mismo tema se brindará un curso que iniciará en el mes de febrero. Las inscripciones ya están abiertas y los interesados pueden acudir al recinto universitario para obtener información.

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Estilo de vida

A finales de los 40: la edad más infeliz según estudio

Lupita Sol

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Según el autor, en esa etapa las personas se vuelven “más realistas”.

Si bien es frecuente escuchar sobre la “crisis de los 40”, una investigación demostró que esta frase dejó de ser un mito, al detectar que la edad en la que el ser humano es más infeliz es alrededor de los 47 años.

La extensa investigación en 134 países, realizada por David Blanchflower, economista del Darmouth College de Estados Unidos, sobre la base de encuestas que miden el bienestar y calidad de vida, arrojó que existe una curva de la felicidad que está presente en la mayoría de los países: los mayores momentos de felicidad se encuentran en la etapa inicial de la vida y después de los 50.

El estudio reporta que en los países desarrollados la gente se considera más infeliz a los 47 años, mientras que en los países en desarrollo les ocurre a los 48. La esperanza en una prosperidad futura se reduce de manera significativa en la mitad de la vida.

Según el autor del estudio, esto se debe a que las  personas se vuelven “más realistas”, se dan cuenta de que sus expectativas eran demasiado ambiciosas y no serán cumplidas. Otro factor relacionado es que a finales de los 40 se tienen más responsabilidades, lo cual genera un gran estrés.

En cambio, a partir de los 50 años las personas se quitan el peso de esas expectativas y tienen más habilidades para manejar sus emociones. Se enfocan  menos en la ambición y más en los vínculos personales. Se tiene también la idea de que en adelante las cosas van a mejorar, no porque las condiciones objetivas mejoren necesariamente, sino porque varía la percepción del bienestar.

Blanchflower sostiene que pasados los 50 años “te vuelves más agradecido por lo que tienes”.

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Estilo de vida

Las diez canciones que reducen el estrés, según estudio

Lupita Sol

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Investigadores británicos analizaron diferentes canciones y observaron que algunas son auxiliares para relajar a las personas.

En los últimos años se ha vuelto frecuente escuchar que el ejercicio y la meditación son actividades tranquilizantes, ideales para reducir los altos niveles de ansiedad.  Sin embargo, neurocientíficos británicos se dieron a la tarea de analizar los efectos de la música en situaciones de estrés y elaboraron una lista de reproducción con las diez canciones más relajantes.

La consultora independiente Mindlab Internacional realizó un experimento para saber qué canciones impactaban positivamente en la ansiedad y el estrés. Para ello, dieron a un grupo de personas varios rompecabezas complejos, con la instrucción de armarlos lo más rápido posible mientras estaban conectados a sensores que medían la actividad cerebral, ritmo cardíaco, presión arterial y respiración.

Los académicos detectaron que mientras escuchaban la canción “Weightless” de Marconi Union, los niveles de ansiedad y estrés de los participantes descendían 65%. Precisamente esa composición fue creada con ayuda de terapeutas de sonido, por lo que las armonías, el ritmo y los bajos están diseñados para bajar el estrés y la presión arterial. Las otras nueve piezas “relajantes” según los investigadores, son: “Electra”, de Airstream; “Mellomaniac (Chill Out Mix)”, de DJ Shah; “Watermark”, de Enya; “Strawberry wwing”, de Coldplay; “Please don’t go”, de Barcelona; “Pure shores”, de All Saints; “Someone like you”, de Adele; “Canzonetta sull’aria”, de Mozart y “We can fly”, de Rue du Soleil.

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