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Estilo de vida

Estudio detecta vínculo entre el insomnio y el alzheimer

Lupita Sol

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Investigadores del Barcelona Breta Brain Research Center de la Fundación Pasquall Maragall descubrieron la relación entre la mala calidad del sueño y el desarrollo de la mencionada enfermedad

Científicos de diversos sectores han reiterado las consecuencias de no dormir bien, esto porque la mayoría de las ocasiones la principal afectación de un mal descanso ocurre en el cerebro. Recientemente, investigadores del Barcelona Breta Brain Research Center de la Fundación Pasquall Maragall detectaron vínculos entre el insomnio y el alzheimer.

El estudio, realizado con mil 683 personas sanas y 615 con insomnio y que fue publicado en la revista “Alzheimer’s Research and Therapy”, describe que las personas que duermen menos tienen un peor rendimiento cognitivo y menor volumen en algunas zonas del cerebro que suelen verse afectadas en las etapas iniciales del alzheimer. Dichas áreas participan en redes que trabajan en el funcionamiento de la memoria y el rendimiento.

También se detectaron cambios en la sustancia blanca del mencionado órgano, donde están los axones, encargados de conectar a las neuronas entre sí. La falta de esa sustancia podría tener efectos en la cognición. Los cambios observados podrán sugerir la existencia de alguna inflamación relacionada con el insomnio.

Por otro lado, los científicos encontraron que los efectos del insomnio están potenciados en quienes portan cierta variante genética, misma que indica un riesgo más elevado de padecer la enfermedad mencionada.

El estudio abre la posibilidad de que la comunidad científica se enfoque en una nueva línea de investigación, con la que  se analizaría la relación entre la neuroinflamación, el sueño, la demencia y el alzheimer.

Estilo de vida

Felicidad y salud, conceptos básicos

Reyna Gómora

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No parecería necesario hablar acerca de la felicidad, sobre todo porque se da por descontado que se trata de un hecho contundente y definitivo: es uno de los pilares más elevados de la realización humana, y uno de los más importantes objetivos de todo proyecto significativo de desarrollo personal

Prácticamente cualquier persona, ubicada indistintamente en el contexto que se desee, y bajo la circunstancia que se quiera tener en cuenta, sí o sí, tendrá como objetivo “conseguirla”, “lograrla”, “llegar a ella”, “acceder” o como quiera que se considere apropiado denominarle. Puede ser un padre o una madre de familia y así lo dirá como intenso e importante anhelo para la vida de su hijo: “lo único que deseo es que seas feliz”. Podría tratarse de una pareja, en la que ella diga algo así: “lo hago por ti, porque me importas y quiero que seas feliz.” Podría pensarse en una sesión psicoterapéutica, y en última instancia, el objetivo final en el largo plazo será el que la persona consultante “viva en plenitud y balance” (términos alternos para denominar de otra manera a la felicidad). Incluso si se desea pensar en situaciones extremas (personas con cáncer o situaciones de guerra, por ejemplo), sigue siendo un importante objetivo a ser tomado muy en serio: en hospitales infantiles oncológicos, es frecuente que haya grupos de voluntarios que realicen obras de teatro o que se disfracen de payasos para “darle unos instantes de felicidad a los niños”; o que, en plena campaña bélica, se haga “algo” para “animar” a los soldados que se encuentran en tan compleja y poco grata circunstancia. Como quiera que se considere, en el encuadre y contexto en el que desee pensarse, surge una y otra vez lo mismo: la felicidad es crucial

¿Qué puede decirse, entonces, para contrastar o complementar tales hechos, que parecen no sólo definitivos y decisivos sino, complementariamente hablando, absolutos y universales? Mucho. Y muy importante

El punto no es “contradecir”, ser necia o simplemente obstinarse en restar importancia al hecho específico de que la felicidad es productiva. En cambio, se hacen necesarios los matices, pues como en muchos casos y temas de lo humano, de pronto se “dicta cátedra” desde el estrado de los absolutos, y luego se hacen, al menos, tres movimientos bastante improductivos: dar por hecho, suponer y generalizar

Desde Aristóteles sabemos, por ejemplo, que no es lo mismo “exactitud” que “rigor”, y que no puede exigirse la misma certidumbre para los datos de la Historia, para los razonamientos persuasivos de la Ética, para los resultados de la Física o para la manifestación de las emociones y los afectos, por no hablar de los resultados de las operaciones matemáticas. En el mismo sentido, al menos desde los trabajos de Freud (primero) y de Berne (después) es claro que una cosa es “alegría” (emoción humana básica) y otra muy distinta “felicidad” (sentimiento)

La “felicidad” puede incluir a la “alegría”, por supuesto, pero en sentido opuesto no necesariamente ocurre lo mismo: puede haber alegría y no necesariamente felicidad. No es un juego de palabras, ni mucho menos: es uno de tantos casos en los que la felicidad puede, terriblemente, confundirse con otros estados anímicos

Así como éste, existen varios casos más, todos igual de importantes y del todo interesantes y trascendentes. No es el caso desarrollarlos ahora in extenso

Otro ejemplo: el concepto de “salud” es universal. Cualquier sociedad en la que se desee pensarse, la toma muy en cuenta. De hecho, se dice que para ser feliz se requiere poseer una salud plena, pues de lo contrario, resultaría poco probable lograrla. Hay mucha razón en ello, ciertamente. Sin embargo, el que el concepto de “salud” posea esa intrínseca característica (universalidad) no le otorga carácter de “absoluto”. Todos creemos que la salud es algo muy importante: no todos los sistemas mundiales consideran que se obtenga de la misma forma o que se reduzca a los mismos principios. Hay puntos en común (la mayoría), pero también diferencias notables: algunos artículos científicos procedentes de prestigiosas revistas médicas, han declarado que hacer ejercicio físico por las mañanas y en ayunas es perjudicial para la salud, mientras que otros, por igual rigurosos y metodológicamente impecables, afirman contundentemente lo opuesto: ir al gimnasio temprano por la mañana y hacer una hora de ejercicio y rutinas moderados, no sólo no es perjudicial, sino incluso más benéfico que hacerlo con alimento en el estómago: ayuda al control de sustancias químicas que pudieran resultar limitativas para la persona: adrenalina, cortisol, leptina; auxilia en la producción de la hormona del crecimiento, la cual ayuda a “mantenerse joven”, al mejor desarrollo óseo y de colágeno, además de hacer la quema de grasa más eficiente.

¿Quién está diciendo acá “la verdad” y quién no? Los dos y ninguno de los dos. Son estudios: rigurosos, controlados, científicos y serios. Pero están muy lejos de ser “concluyentes” o “definitivos”. Incluso estando en estos terrenos “científicos”, las superficies resbalosas e inseguras imperan sobre los pisos firmes; ¿qué puede esperarse, entonces, de algo mucho más subjetivo, impreciso y sujeto a interpretaciones como lo es el concepto mismo de “felicidad”?

Lo grave no es que los matices existan y que lo “relativo” se encuentre tan presente en nuestras vidas como lo “definitivo”. De hecho, es sumamente productivo que así ocurra; lo verdaderamente preocupante es cuando se trata de hacer de una mera “opinión”, por muy “docta” o “fundamentada” que pretenda ser, una afirmación absoluta y sin vuelta de hoja, sin atisbo de duda y dotada de completa, absoluta e infalible certeza. Y eso es lo que, precisa (y desafortunadamente) ocurre muchas veces con la “felicidad”

Y a todo esto: ¿qué es “felicidad”? Hay tantas ideas, conceptualizaciones y definiciones que resulta abrumador. Algunos opinan que se trata de “algo interno” (aunque no especifican “en qué” consiste eso o “en dónde se encuentra”); otros apuntan a un cierto sentido de “balance–estabilidad”, en donde lo monetario–económico parece jugar un papel crucial: tener dinero implica “felicidad”; incluso hay quien abunda: “Bueno: el dinero no es la felicidad, pero cómo se le parece… y calma los nervios”. Pero, por otra parte, sobran los ejemplos de cantantes, deportistas y actores multimillonarios que “compran amor y felicidad”, y que todo su poder económico “no alcanza” y “no es suficiente” para lograr “ser feliz”: algunas de sus historias de vida se han llevado con inmenso éxito a las series televisivas o a las películas…

Para muchos “chicos y chicas de hoy” (adolescentes, jóvenes, adultos jóvenes e incluso sus padres), la “felicidad” está en el lujo, la capacidad de adquirir “cosas lujosas y exclusivas”, en vestir prendas costosas, vivir en zonas residenciales alejadas lo más posible de “los pobres y lo feo”, en viajar en condiciones “V.I.P”, en poseer una capacidad ilimitada de comprar y en muchos de ellos, impera el suicidio, la depresión y el sinsentido. ¿Entonces qué es?

Dejaré que sea el Dr. Alexander Lowen quien otorgue no una “definición” y ni siquiera un “concepto”, sino una importante idea que podría facilitar nuestra reflexión. Lo dijo así: “Felicidad es conciencia de crecimiento personal.”

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Estilo de vida

¿Estrés en la pandemia? esto recomienda una especialista para tratarlo

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https://www.vocespr.org/post/el-estres-en-tiempo-de-pandemia

El estrés puede causar problemas cardiovasculares, por lo que es importante atenderlo.

Mérida, Yucatán, 26 de agosto de 2020.- La pandemia de COVID-19 puede generar o aumentar el estrés en algunas personas. En vista de que esta condición puede impactar en la salud si no se controla, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) emite algunas recomendaciones para reducir el estrés y evitar complicaciones.

El estrés es un estado de tensión generado por una reacción que experimenta el organismo ante una aparente situación de amenaza o desafío. Si una persona lo experimenta de manera continua puede desencadenar reacciones que deterioran la salud física y mental, explicó la psicóloga Nidelvia Dzib Reyes, adscrita a la Oficina de Representación Yucatán del IMSS.

Para controlar el estrés, explicó, se recomienda reflexionar y reconocer las cosas que no están en nuestras manos cambiar, realizar actividades que se disfruten, aprender nuevas maneras para relajarse, pasar tiempo con los seres queridos, tomar periodos para descansar física  y mentalmente, realizar ejercicio con regularidad, llevar una dieta balanceada y dormir lo suficiente.

Técnicas como el yoga, meditación o pintura, también pueden relajar, aunque existen más opciones para ayudan a disminuir lo agitado de la rutina; por lo tanto, en caso de requerirlo, es importante recurrir a los especialistas.

La especialista indicó que si bien los diagnósticos siempre tienen que estar supervisados por un profesional, existen diversos síntomas que pueden alertar a la persona.

Algunas de las reacciones que podrían experimentarse durante períodos de estrés, son; cognitivas, que involucran pérdida de memoria, incapacidad para concentrarse, preocupación constante; emocionales, que se manifiestan con cambios de humor, irritabilidad, sensación de soledad, aislamiento y agobio; y físicas, mediante dolores de cabeza, náuseas y mareos, disminución del deseo sexual, diarrea o estreñimiento.

El estrés puede llegar a afectar gravemente la salud, pues en algunos casos puede generar complicaciones en otros órganos del cuerpo, como el corazón, ya que cuando las personas se estresan el cuerpo produce hormonas como el cortisol y la adrenalina, encargadas de aumentar la presión arterial.

Por este tipo de secreción interna, advirtió la experta, se puede provocar el estrechamiento de arterias e incrementarse el riesgo de sufrir un infarto.

Igualmente, las personas que padecen estrés continuo tienden a ingerir más alimentos con alto contenido calórico (grasa, azúcar, sales), lo que eleva los niveles internos de colesterol y triglicéridos en el organismo, y repercute en problemas cardiacos.

Dzib Reyes señaló que el IMSS cuenta con acompañamiento gratuito en el número 800 2222 668, opción 4, de lunes a viernes de 8 a 20 horas, para atención de crisis.

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¿Cómo prevenir contagios de COVID-19 en bebés?

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Imágenes: IMSS

Los recién nacidos son propensos a presentar mayores riesgos y complicaciones si contraen alguna infección, como el COVID-19, pues su sistema inmunológico aún está en proceso de maduración. Aquí algunas recomendaciones para evitar contagios.

En razón de que el sistema inmunológico de las y los bebés aún se encuentra en proceso de maduración, si contrajeran COVID-19 padecerían un mayor riesgo de presentar complicaciones. Para prevenir esta situación, la Oficina de Representación Yucatán del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) emitió un comunicado con una serie de recomendaciones para evitar contagios en este grupo de edad.

De acuerdo con Flor Rodríguez Melo, coordinadora de Prevención y Atención a la Salud del IMSS Yucatán, lo más importante es tener una higiene correcta antes de cargar al bebé o darle de comer, es decir, haberse lavado las manos con agua y jabón con la técnica adecuada; y otra precaución es evitar recibir visitas, pues, sin saberlo, las personas podrían ser portadoras del virus.

La especialista aconsejó que la madre evite salir, y que sea otra persona la que realice las diligencias necesarias para el hogar, quien debe adoptar todas las medidas de prevención al salir: usar cubrebocas, distancia de al menos 1.5 metros entre personas, lavarse las manos al llegar a casa, cambiarse de ropa o de preferencia tomar un baño antes de estar en contacto con la o el bebé.

Si hay una persona en casa con COVID-19, se recomienda aislarla en una habitación y tomar todas las medidas de precaución indicadas, como lavado constante de manos con agua y jabón, además de limpiar y desinfectar con cloro objetos y superficies que se tocan con frecuencia.

Aunque familiares y amistades tengan curiosidad de conocer a la o el recién nacido, por la seguridad de éste y de la madre, es mejor postergar las visitas y hacer uso de la tecnología con videollamadas o fotografías para ver a la o el pequeño y a su mamá, apuntó Rodríguez Melo.

Al momento de acudir a revisión médica, sea por vacunas o por aplicación del tamiz neonatal, la madre debe mantener las medidas de protección indicadas, además de la higiene de manos, el distanciamiento social y el uso de mascarilla.

La experta aseguró que la mejor forma de fortalecer el sistema inmune de las y los bebés es con la lactancia materna.

Para ponerla en práctica, si la mamá está sana, sólo debe tener buenos hábitos de higiene antes de darle de comer; pero si presenta síntomas de COVID-19, debe utilizar cubrebocas, lavarse las manos y asear los senos antes de estar con el bebé para amamantarlo, o bien, extraer la leche para que algún miembro de la familia que esté saludable pueda dársela.

“Lo importante es que, en la medida de lo posible, no se interrumpa la lactancia materna”, finalizó Rodríguez Melo.

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