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¿Cómo gestionar el desconfinamiento con un familiar con Alzheimer?

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La Fundación Pasqual Maragall ofrece una serie de consejos prácticos para familiares cuidadores de personas con Alzheimer de cara a la etapa de desconfinamiento.

La emergencia sanitaria por Covid-19 ha requerido una gran capacidad de adaptación en todas sus fases, desde el confinamiento total hasta el regreso paulatino a la nueva normalidad, especialmente para las poblaciones más vulnerables, como las personas con Alzheimer y otras demencias y, por tanto, sus familiares cuidadores.

La medida de confinamiento total para prevenir contagios del virus significó un cambio brusco en las rutinas que aportan estabilidad a las personas con Alzheimer, quienes de un día para otro no pudieron continuar con sus actividades acostumbradas como salir a pasear, acudir en su caso a las residencias de día, o recibir visitas de familiares.

Ese cambio pudo suscitar, tanto en los cuidadores como en las propias personas con Alzheimer, incertidumbre, miedo, desconcierto o ansiedad; sentimientos que ahora pueden volver a manifestarse con el inicio de la nueva normalidad.

La Dra. Nina Gramunt, neuropsicóloga y directora del Área Social y de Divulgación de la Fundación Pasqual Maragall, explica que “el desconfinamiento cuenta con una serie de normas y restricciones que pueden resultar particularmente complejas de comprender o cumplir para las personas con Alzheimer. Hay que ayudarlas a adaptarse progresivamente a la nueva situación y tratar de recuperar poco a poco la normalidad, velando siempre por su seguridad”.  

Para los cuidadores de familiares con Alzheimer es importante contar con información oportuna y prepararse adecuadamente para esta nueva fase.

En su blog “Hablemos del Alzheimer”, la Fundación Pasqual Maragall ofrece justamente una serie de consejos prácticos de cara al desconfinamiento, acordes con las indicaciones de las autoridades competentes:

1.- Acostumbrarse a la mascarilla. Llevar la nariz y la boca cubiertas podría resultar incómodo para las personas con Alzheimer, y es frecuente que quieran quitársela. Para que se habitúen a llevarla y a verla en otros, tanto la persona afectada como su familiar cuidador pueden ponérsela en casa, procurando hablar y hacer cosas con normalidad mientras la llevan puesta.

2.- Nuevas formas de saludar. La distancia entre personas debe seguirse respetando, así que han surgido nuevas formas de saludarse, como mover la mano, chocar los codos o los pies. Algo que también puede practicarse en casa.

3.- Higiene de manos. Las autoridades sanitarias advierten de la importancia de minimizar el contacto con objetos, especialmente fuera de casa, y evitar tocarse la cara. Con la eficacia de los guantes para contener el virus en duda, es preferible evitar directamente que la persona con Alzheimer toque cosas. Se le puede dar la mano durante el paseo, y llevar encima un bote de solución hidroalcohólica para que pueda lavárselas siempre que sea necesario.

4.- La persona con Alzheimer, siempre acompañada. Desde el momento en que [en España] se empezó a permitir la salida a la calle en horarios regulados, las autoridades han detectado un aumento significativo de personas mayores desorientadas o perdidas. El entorno habitual ha cambiado (han cerrado tiendas, hay menos gente paseando, las personas llevan mascarilla…), hecho que facilita la desorientación. Además, la situación ha favorecido la aparición de oportunistas que se aprovechan de las personas más vulnerables. Por todo ello, e independientemente de la fase de la enfermedad en la que se encuentren, las personas con Alzheimer siempre deberían salir acompañadas. En caso de no ser así, es muy importante que lleven algo que facilite su identificación, como la cédula oficial de identidad o una fotocopia, un número de teléfono de referencia, o una pulsera o cadena identificativa.

5.- Integrar las salidas en las nuevas rutinas. El confinamiento total supuso la ruptura de las rutinas habituales y la generación de nuevos hábitos. Con la desescalada y la vuelta a la normalidad, toca reprogramar otra vez algunas rutinas particularmente beneficiosas, como la actividad física regular, aprovechando las salidas para ello.

La fundación también recomienda atender todas las emociones que pueda generar el desconfinamiento tanto a la persona con Alzheimer como a su familiar cuidador: temores, incertidumbre o ansiedad ante la posibilidad de salir a la calle. En esta circunstancia puede aflorar el miedo al contagio o a no ser capaces de cumplir con las restricciones.

Para los interesados, la Fundación Pasqual Maragall de Barcelona, España —asociación que se dedica a la investigación científica del Alzheimer— comparte información de gran utilidad sobre este padecimiento en su sitio web: https://fpmaragall.org/ y en su blog “Hablemos del Alzheimer”: https://bit.ly/31gV80B

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Alzheimer: un riesgo latente para personas de la tercera edad

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La esperanza de vida de las  personas con Alzheimer va de los cuatro a los 20 años después de presentar síntomas  evidentes, indicó un experto del ISSSTE.

Mérida, Yucatán, 18 de agosto del 2020.- El Alzheimer no es una característica normal del envejecimiento. Se trata de una enfermedad progresiva, y se  suele presentar con mayor frecuencia en personas de la tercera edad: la mayoría de las y los adultos que la padecen, tienen más de 65 años, informó Miguel Angel Valle Murillo, especialista en medicina interna y neurólogo Internista de Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores (ISSSTE).

De acuerdo con el experto, el Alzheimer empeora con el tiempo. Los síntomas de demencia se intensifican gradualmente con el paso de los años. En las primeras etapas, la pérdida de memoria es leve, pero en la fase final, las personas pierden la capacidad de mantener conversaciones y responder al entorno.

Las personas con esa enfermedad viven, en promedio, ocho años después de que los síntomas se vuelven evidentes, pero la supervivencia puede oscilar entre cuatro y 20 años, dependiendo de la edad y otras afecciones de salud. El riesgo de padecerla, se incrementa en la población femenina

Actualmente el Alzheimer no tiene cura, pero hay tratamientos para los síntomas. Si bien no pueden detener el avance de la enfermedad, pueden ralentizar el empeoramiento de los síntomas y mejorar la calidad de vida de quienes tienen la enfermedad y sus cuidadores o cuidadoras.

El Alzheimer es una de las enfermedades que afectan de manera más frecuente a la población de la tercera edad, al igual que la artritis,  el asma, las fracturas, la diabetes, las enfermedades cardiacas, la presión arterial alta, la neumonía, la bronquitis, el cáncer, la depresión y la ansiedad, la incontinencia, la influenza, la osteoporosis, la septicemia, el enfisema, las enfermedades de la vista,  las renales y la embolia.

Cabe mencionar que en los últimos años, las consultas médicas para atención integral de adultas y adultos mayores en el ISSSTE han incrementado; en Yucatán una gran parte de la población derechohabiente del Instituto, la integran personas mayores de 60 años y son quienes acuden a consulta diaria por diversos padecimientos crónicos degenerativos propios de la edad, agregó Valle Murillo.

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Felicidad y salud, conceptos básicos

Reyna Gómora

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No parecería necesario hablar acerca de la felicidad, sobre todo porque se da por descontado que se trata de un hecho contundente y definitivo: es uno de los pilares más elevados de la realización humana, y uno de los más importantes objetivos de todo proyecto significativo de desarrollo personal

Prácticamente cualquier persona, ubicada indistintamente en el contexto que se desee, y bajo la circunstancia que se quiera tener en cuenta, sí o sí, tendrá como objetivo “conseguirla”, “lograrla”, “llegar a ella”, “acceder” o como quiera que se considere apropiado denominarle. Puede ser un padre o una madre de familia y así lo dirá como intenso e importante anhelo para la vida de su hijo: “lo único que deseo es que seas feliz”. Podría tratarse de una pareja, en la que ella diga algo así: “lo hago por ti, porque me importas y quiero que seas feliz.” Podría pensarse en una sesión psicoterapéutica, y en última instancia, el objetivo final en el largo plazo será el que la persona consultante “viva en plenitud y balance” (términos alternos para denominar de otra manera a la felicidad). Incluso si se desea pensar en situaciones extremas (personas con cáncer o situaciones de guerra, por ejemplo), sigue siendo un importante objetivo a ser tomado muy en serio: en hospitales infantiles oncológicos, es frecuente que haya grupos de voluntarios que realicen obras de teatro o que se disfracen de payasos para “darle unos instantes de felicidad a los niños”; o que, en plena campaña bélica, se haga “algo” para “animar” a los soldados que se encuentran en tan compleja y poco grata circunstancia. Como quiera que se considere, en el encuadre y contexto en el que desee pensarse, surge una y otra vez lo mismo: la felicidad es crucial

¿Qué puede decirse, entonces, para contrastar o complementar tales hechos, que parecen no sólo definitivos y decisivos sino, complementariamente hablando, absolutos y universales? Mucho. Y muy importante

El punto no es “contradecir”, ser necia o simplemente obstinarse en restar importancia al hecho específico de que la felicidad es productiva. En cambio, se hacen necesarios los matices, pues como en muchos casos y temas de lo humano, de pronto se “dicta cátedra” desde el estrado de los absolutos, y luego se hacen, al menos, tres movimientos bastante improductivos: dar por hecho, suponer y generalizar

Desde Aristóteles sabemos, por ejemplo, que no es lo mismo “exactitud” que “rigor”, y que no puede exigirse la misma certidumbre para los datos de la Historia, para los razonamientos persuasivos de la Ética, para los resultados de la Física o para la manifestación de las emociones y los afectos, por no hablar de los resultados de las operaciones matemáticas. En el mismo sentido, al menos desde los trabajos de Freud (primero) y de Berne (después) es claro que una cosa es “alegría” (emoción humana básica) y otra muy distinta “felicidad” (sentimiento)

La “felicidad” puede incluir a la “alegría”, por supuesto, pero en sentido opuesto no necesariamente ocurre lo mismo: puede haber alegría y no necesariamente felicidad. No es un juego de palabras, ni mucho menos: es uno de tantos casos en los que la felicidad puede, terriblemente, confundirse con otros estados anímicos

Así como éste, existen varios casos más, todos igual de importantes y del todo interesantes y trascendentes. No es el caso desarrollarlos ahora in extenso

Otro ejemplo: el concepto de “salud” es universal. Cualquier sociedad en la que se desee pensarse, la toma muy en cuenta. De hecho, se dice que para ser feliz se requiere poseer una salud plena, pues de lo contrario, resultaría poco probable lograrla. Hay mucha razón en ello, ciertamente. Sin embargo, el que el concepto de “salud” posea esa intrínseca característica (universalidad) no le otorga carácter de “absoluto”. Todos creemos que la salud es algo muy importante: no todos los sistemas mundiales consideran que se obtenga de la misma forma o que se reduzca a los mismos principios. Hay puntos en común (la mayoría), pero también diferencias notables: algunos artículos científicos procedentes de prestigiosas revistas médicas, han declarado que hacer ejercicio físico por las mañanas y en ayunas es perjudicial para la salud, mientras que otros, por igual rigurosos y metodológicamente impecables, afirman contundentemente lo opuesto: ir al gimnasio temprano por la mañana y hacer una hora de ejercicio y rutinas moderados, no sólo no es perjudicial, sino incluso más benéfico que hacerlo con alimento en el estómago: ayuda al control de sustancias químicas que pudieran resultar limitativas para la persona: adrenalina, cortisol, leptina; auxilia en la producción de la hormona del crecimiento, la cual ayuda a “mantenerse joven”, al mejor desarrollo óseo y de colágeno, además de hacer la quema de grasa más eficiente.

¿Quién está diciendo acá “la verdad” y quién no? Los dos y ninguno de los dos. Son estudios: rigurosos, controlados, científicos y serios. Pero están muy lejos de ser “concluyentes” o “definitivos”. Incluso estando en estos terrenos “científicos”, las superficies resbalosas e inseguras imperan sobre los pisos firmes; ¿qué puede esperarse, entonces, de algo mucho más subjetivo, impreciso y sujeto a interpretaciones como lo es el concepto mismo de “felicidad”?

Lo grave no es que los matices existan y que lo “relativo” se encuentre tan presente en nuestras vidas como lo “definitivo”. De hecho, es sumamente productivo que así ocurra; lo verdaderamente preocupante es cuando se trata de hacer de una mera “opinión”, por muy “docta” o “fundamentada” que pretenda ser, una afirmación absoluta y sin vuelta de hoja, sin atisbo de duda y dotada de completa, absoluta e infalible certeza. Y eso es lo que, precisa (y desafortunadamente) ocurre muchas veces con la “felicidad”

Y a todo esto: ¿qué es “felicidad”? Hay tantas ideas, conceptualizaciones y definiciones que resulta abrumador. Algunos opinan que se trata de “algo interno” (aunque no especifican “en qué” consiste eso o “en dónde se encuentra”); otros apuntan a un cierto sentido de “balance–estabilidad”, en donde lo monetario–económico parece jugar un papel crucial: tener dinero implica “felicidad”; incluso hay quien abunda: “Bueno: el dinero no es la felicidad, pero cómo se le parece… y calma los nervios”. Pero, por otra parte, sobran los ejemplos de cantantes, deportistas y actores multimillonarios que “compran amor y felicidad”, y que todo su poder económico “no alcanza” y “no es suficiente” para lograr “ser feliz”: algunas de sus historias de vida se han llevado con inmenso éxito a las series televisivas o a las películas…

Para muchos “chicos y chicas de hoy” (adolescentes, jóvenes, adultos jóvenes e incluso sus padres), la “felicidad” está en el lujo, la capacidad de adquirir “cosas lujosas y exclusivas”, en vestir prendas costosas, vivir en zonas residenciales alejadas lo más posible de “los pobres y lo feo”, en viajar en condiciones “V.I.P”, en poseer una capacidad ilimitada de comprar y en muchos de ellos, impera el suicidio, la depresión y el sinsentido. ¿Entonces qué es?

Dejaré que sea el Dr. Alexander Lowen quien otorgue no una “definición” y ni siquiera un “concepto”, sino una importante idea que podría facilitar nuestra reflexión. Lo dijo así: “Felicidad es conciencia de crecimiento personal.”

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¿Estrés en la pandemia? esto recomienda una especialista para tratarlo

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https://www.vocespr.org/post/el-estres-en-tiempo-de-pandemia

El estrés puede causar problemas cardiovasculares, por lo que es importante atenderlo.

Mérida, Yucatán, 26 de agosto de 2020.- La pandemia de COVID-19 puede generar o aumentar el estrés en algunas personas. En vista de que esta condición puede impactar en la salud si no se controla, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) emite algunas recomendaciones para reducir el estrés y evitar complicaciones.

El estrés es un estado de tensión generado por una reacción que experimenta el organismo ante una aparente situación de amenaza o desafío. Si una persona lo experimenta de manera continua puede desencadenar reacciones que deterioran la salud física y mental, explicó la psicóloga Nidelvia Dzib Reyes, adscrita a la Oficina de Representación Yucatán del IMSS.

Para controlar el estrés, explicó, se recomienda reflexionar y reconocer las cosas que no están en nuestras manos cambiar, realizar actividades que se disfruten, aprender nuevas maneras para relajarse, pasar tiempo con los seres queridos, tomar periodos para descansar física  y mentalmente, realizar ejercicio con regularidad, llevar una dieta balanceada y dormir lo suficiente.

Técnicas como el yoga, meditación o pintura, también pueden relajar, aunque existen más opciones para ayudan a disminuir lo agitado de la rutina; por lo tanto, en caso de requerirlo, es importante recurrir a los especialistas.

La especialista indicó que si bien los diagnósticos siempre tienen que estar supervisados por un profesional, existen diversos síntomas que pueden alertar a la persona.

Algunas de las reacciones que podrían experimentarse durante períodos de estrés, son; cognitivas, que involucran pérdida de memoria, incapacidad para concentrarse, preocupación constante; emocionales, que se manifiestan con cambios de humor, irritabilidad, sensación de soledad, aislamiento y agobio; y físicas, mediante dolores de cabeza, náuseas y mareos, disminución del deseo sexual, diarrea o estreñimiento.

El estrés puede llegar a afectar gravemente la salud, pues en algunos casos puede generar complicaciones en otros órganos del cuerpo, como el corazón, ya que cuando las personas se estresan el cuerpo produce hormonas como el cortisol y la adrenalina, encargadas de aumentar la presión arterial.

Por este tipo de secreción interna, advirtió la experta, se puede provocar el estrechamiento de arterias e incrementarse el riesgo de sufrir un infarto.

Igualmente, las personas que padecen estrés continuo tienden a ingerir más alimentos con alto contenido calórico (grasa, azúcar, sales), lo que eleva los niveles internos de colesterol y triglicéridos en el organismo, y repercute en problemas cardiacos.

Dzib Reyes señaló que el IMSS cuenta con acompañamiento gratuito en el número 800 2222 668, opción 4, de lunes a viernes de 8 a 20 horas, para atención de crisis.

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