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Invitan a incluir en la sociedad a los adultos mayores

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Los expertos coinciden que es importante cuidar la salud del adulto mayor, ya que es una etapa en la que las personas pasan por cambios en su organismo, y de ahí que se invite a no dejarlos solos y hacer que sientan útiles.

Según explica la psicoterapeuta y tanatóloga Reyna Gómora, esta etapa es de cambios debido a que se reducen las capacidades motrices que pueden impedir que las personas puedan realizar las actividades que comúnmente hacían cuando eran más jóvenes, por lo que invitó a hablar del tema a temprana edad.

“Ciertamente con el avance de la tecnología y la medicina vivimos más que antes, entonces si antes morían a los 65 años, hoy a los 65 años es cuando se inicia la edad de adultos mayores. También es cierto que las capacidades físicas se van mermando. Entonces, por un lado apuesto mucho a que hablemos de  cómo van sucediendo estos cambios físicos. Invito mucho que no sea hasta que seamos adultos mayores. Hablar mucho antes, pero mucho antes”, asevera.

La experta aconseja incluir a los adultos mayores a la vida activa, y  así poder “hacer una mezcla entre la experiencia de los adultos mayores con la juventud que se está integrando a la vida social y creo que si pudiéramos hacer estas conexiones generacionales, todos podríamos aprender”.

Reyna Gómora señala que es importante creer en los adultos mayores y no sobreprotegerlos, porque eso les ocasionaría tristeza y cierto enojo al sentirse disminuidos en sus capacidades.

“Que no sobreprotejamos, que preguntemos “qué sí puedes hacer” y creerles, es importante creerles. Si una persona adulta mayor te dice “es que yo puedo caminar de aquí a la puerta”, dale la oportunidad de que lo haga. No lo sobreprotejas porque eso mismo permite que ellos pierdan su autonomía, y ya no solo es el depender si no la tristeza o el enojo profundo que causa el que no lo dejen también en su espacio”.

“El punto es no aislarlos y no dejarlos en este sedentarismo. Entre el sendetarismo y aislamiento, eso es llevarlos a la muerte, y mucho más rápido”, agrega la tanatóloga.

También comenta que es importante que ellos realicen diferentes actividades que los mantengan activos, ya sea física y psicológicamente.

“Hay algunas escuelas que invitan a los adultos mayores a contar cuentos, tienen actividades con los niños, entonces que los adultos mayores sean los que les cuenten cuenten cuentos a los niños es una actividad maravillosa para ambos lados, porque por un lado, los pequeños integran el respeto al que está al frente leyéndoles, y por el otro lado, el adulto mayor se siente útil”, asevera.

Por su parte, la psicóloga y directora general de Casa Romero, Georgina Romero, explica que es importante mantener a los adultos mayores en actividad y cambiar el imaginario sobre las casas de retiro.

“Los principal es identificar en qué condiciones se encuentra ese adulto mayor  para saber de qué forma poderle brindar la atención adecuada. Si es una persona que ya empieza a presentar ciertos síntomas de enfermedades, pues obviamente llevarlo al médico para que tenga un buen diagnóstico. Si es una persona que todavía es funcional, a lo mejor ofrecerle una diversa gama de actividades que pueda realizar, porque si queremos que nuestros adultos mayores en casa tengan  una buena calidad de vida o estén bien hay que estar activos en la parte física, cognitiva y social”, explica.

La experta reitera que la importancia de cambiar los estereotipos sobre el concepto de los asilos y casas de retiro, “por ejemplo en Casa Romero, el plus es que ofrecemos este sentido de pertenencia a una familia. Entonces, el hecho que ellos vengan aquí, no se sienten abandonados, al contrario, nosotros hacemos esta vinculación con la comunidad a través de diversas actividades”.

La directora de este centro explica que en la actualidad “hay algunos lugares que sí implementan algunas actividades y justamente tratan de ver por el bienestar del adulto mayor. Sin embargo, todavía existen algunos espacios donde no tienen ningún tipo de actividad para que el adulto mayor siga activo y esto los ven como estacionamientos de adultos mayores, pues los dejan ahí mirando la tele, sin ninguna actividad, a lo mejor esperando a morir”.

Al reflexionar cómo se visualizan en esa edad, ambas expertas manifestaron que se preparan para tener una buena vejez.

En el caso de Reyna Gómora,  explica que mantendría su salud cognitiva leyendo y escribiendo, además de que dejaría sus cicatrices de la vida, como son las arrugas.

“Seguir cuidándome. Estoy muy consciente de cuál es mi estado de salud, qué si puedo hacer, qué no puedo hacer. Soy una persona que ahora que me veo en las fotos de 10 años atrás, (veo) y ya hay cosas que han cambiado, mis arrugas, y ahí están. Y estoy muy clara que no me las quiero quitar y en cuanto a unos cinco años, cuando ya mi pelo esté blanco, lo quiero corto, lo voy a dejar blanco. Y no me quiero quitar esas cicatrices de la vida que son las arrugas”, comentó.

Por su parte, la psicóloga Georgina Romero opina que se ve activa y moviendo gente: “Yo me veo, pues, abuelita a lo mejor, no lo sé, en este sentido me veo activa, me veo una persona que estaría dando lata a varias personas, haciendo muchas cosas, moviéndome. Me considero un líder, y aún como adulto mayor, me veo movilizando a gente aún de viejita, no sé, vamos a salirnos del asilo, algo así me considero, voy a ser rebelde en mi vejez”.

En su experiencia, la encargada de Casa Romero considera que en 2050 habrá el doble de adultos mayores, por lo que “la demanda de servicios va a ser muy alta, y a lo mejor a nivel institucional el gobierno o instituciones privadas no nos daríamos abasto a eso, si es un panorama poquito desolador”.

“La verdad, el panorama no se ve nada bueno, porque que de verdad vamos a ser muchos adultos mayores para eso. Y ahorita como jóvenes presentamos altos índices de diabetes, de hipertensión, incluso de depresión. ¿Entonces cómo va a ser esta generación cuando llegue a (ser) adulta mayor? Esa es la parte que me preocupaba, o sea, físicamente y emocionalmente, en las condiciones vamos a estar mal. Entonces ahorita es el momento de cambiar esos hábitos para que cuando lleguemos estemos lo más saludable posible y que utilicemos la cuestión de salud. Uno tiene que cuidarse para llegar bien”.

Entrevista con Reyna Gómora, psicoterapeuta y tanatóloga, sobre el adulto mayor (versión estenográfica)

-Cómo se trabaja para que los adultos mayores tengan una buena vejez

Hay un fenómeno muy interesante, a propósito de los adultos mayores, ciertamente con el avance de la tecnología y la medicina vivimos más que antes, entonces si antes morían a los 65 años, hoy a los 65 años es cuando se inicia la edad de adultos mayores. También es cierto que las capacidades físicas se van mermando. Entonces, por un lado apuesto mucho a que hablemos de  cómo van sucediendo estos cambios físicos. Invito mucho que no sea hasta que seamos adultos mayores. Hablar mucho antes, pero mucho antes.

Incluso apuesto a la educación tanatológica, que todos nos vayamos ubicando en nuestra finitud, y que día a día nuestro cuerpo va cambiando. Y que no cuando lleguemos a la vejez, digamos, qué pasó si yo no era así, sino al contrario, que vayamos “entendiendo” que nuestro cuerpo ya no es igual, nuestras piernas se mueven diferente, que nos salieron canas, que las arrugas, todas estas cosas que son parte de la vida.

También una parte de nosotros o de las personas que ya son adultos mayores evidentemente saben que su cuerpo ha cambiado. Una persona con la que trabajaba me decía que “ahora entiendo muy bien cuando las personas dicen, ‘estoy listo para morirme’. (Entonces ellos) van sintiendo, esos cambios, van viendo la imposibilidad a veces de bajarse de la cama y demás. Sin embargo, con este avance de la tecnología, también es cierto que no todos los adultos mayores llegan con capacidades mermadas. También es cierto que hay adultos mayores que tienen mucha vitalidad, mucha energía, pero como sociedad no estamos preparados para saber qué hacer con ellos.

Cuando ellos son parte de la sociedad, no están separados, son parte de nosotros. Yo apuesto a que los pudiéramos incluir a la vida activa, y pudiéramos hacer una mezcla entre la experiencia de los adultos mayores con la juventud que se está integrando a la vida social y creo que si pudiéramos hacer estas conexiones generacionales, todos podríamos aprender.

Entonces, por un lado, cómo acompañarlos, poder no separarlos de la sociedad, sino mantenerlos integrados. Quizá de una manera diferente, con lo que saben, con su experiencia de vida, que nos puedan compartir. Por el otro, no mantenerlos aislados, ni detenidos, sino que puedan seguirse moviendo. Algunos podrán tener la movilidad de seguir yendo a algún lugar, como el parque, y pueden hacerlo con su independencia. Pero una de las mayores pérdidas que tenemos los seres humanos es la pérdida de nuestra autonomía, de nuestra independencia, como poderse bajar de la cama o bañarse solo, son esas cosas que para la generalidad de quienes no están en un asunto de salud pudieran sonar normales, para muchas personas ya no lo son.

Entonces darles la posibilidad de su independencia, su movilidad, su actividad siga sucediendo es importante. Que no sobreprotejamos, que preguntemos “qué sí puedes hacer” y creerles, es importante creerles. Si una persona adulta mayor te dice “es que yo puedo caminar de aquí a la puerta”, dale la oportunidad de que lo haga. No lo sobreprotejas porque eso mismo permite que ellos pierdan su autonomía, y ya no solo es el depender si no la tristeza o el enojo profundo que causa el que no lo dejen también en su espacio.

-Qué tipo de actividades recomendaría si hay en casa un adulto mayor

Yo les podría decir que observen y pregunten, dependiendo  de las capacidades, qué cosas les gusta. A algunos les gusta platicar, ni siquiera tiene que ser un oficio, por eso se me ocurre esto de platicar, porque son súper platicadores. Bueno, hay algunos lugares, pueden ser gratuitos o no, donde platiquen con sus iguales, es importante. No sólo con sus iguales, pero es una opción que acompañarlos, llevarlos o permitirles que ellos vayan solos, en el caso de que tengan la movilidad para hacerlo y la capacidad para ello, y que tengan una actividad en donde puedan compartir con otras personas, que están en circunstancias parecidas.

Hay algunas escuelas que invitan a los adultos mayores a contar cuentos, tienen actividades con los niños, entonces que los adultos mayores sean los que les cuenten cuenten cuentos a los niños es una actividad maravillosa para ambos lados, porque por un lado, los pequeños integran el respeto al que está al frente leyéndoles, y por el otro lado, el adulto mayor se siente útil.

La utilidad es una de las palabras claves en la edad adulta. Lo he oído de muchas voces (de dicen) “necesito sentirme útil”, “necesito sentir que todavía puedo hacer algo”. Y este ejercicio de contar un cuento y que los niños lo puedan escuchar, es muy beneficioso para ambos lados.

En esta sociedad, los niños han perdido ese respeto a los adultos mayores, porque vivimos con más prisa, entonces ellos hacen más despacio muchas cosas. Entonces nosotros debemos enseñarnos a ir al paso de ellos, ir más despacio y respetar esa diferencia.

Habrá a otras personas que eso no les gusta. Algunos adultos mayores se sienten muy bien en casa, leyendo, con la familia, y a lo mejor no están tan activos como una persona que haga deporte, como un adulto mayor que esté haciendo deporte, sin embargo será una actividad. A lo mejor una actividad psíquica, como leer, hacer rompecabezas, compartir con la familia, el punto es no aislarlos y no dejarlos en este sedentarismo. Entre el sendetarismo y aislamiento, eso es llevarlos a la muerte, y mucho más rápido.

-Cuál es el término correcto para referirnos a ellos, ancianos o adultos mayores.

El término anciano es adecuado, el término viejo o vieja es adecuado, lo que pasa es que hay sociedades como la nuestra que (hay que decirles) más suavecito y se oye feo. Sin embargo, no es una ofensa. De hecho les han puesto de todo, adultos mayores, de la tercera edad, pero en términos generales no es tercera edad, sino somos un continuo de una sola vida.

Entonces, legalmente, adulto mayor, una persona adulta mayor, ese es el término así correcto. (Aunque) los términos adecuados son estos, creo que podemos hacer algo en lo individual, y poder preguntarle cómo te gustaría que te dijera. Creo que también se vale preguntar, porque hay quienes consideran que las personas adultas vuelven a ser niños, y no es cierto, son adultos, no vuelven a ser niños. Lo que sí sucede, es que algunas capacidades se van mermando, entonces hay que ayudarles, pero eso no significa que regresen a ser niños. Siguen siendo la autoridad en casa, siguen siendo los sabios, como se decía en antaño.

Son personas individuales, son personas con respuesta sexual también, no porque sean adultos mayores ya no tienen nada que ver con el sexo. Claro que sí, es parte de la vida, y ellos también lo requieren, son cuerpos vivos y mientras existan los cuerpos vivos habrá respuesta sexual. Eso también se les tiene que respetar, porque a veces se les ve como inadecuados, (sin embargo) es una respuesta absolutamente natural.

-Cómo se prepara para una vejez saludable

Seguir cuidándome, en términos físicos, seguir leyendo. Hice un libro que tenía que ver con el tema de las pérdidas, a propósito de las personas de la tercera edad, cuando uno escribe, uno puede reconocer muchas cosas, a menos así me sucede. También leo, pero especialmente cuando las personas adultas mayores se comparten conmigo y me permiten ver estos movimientos corporales.

Hace muy poco en un taller de autoestima preguntaba cómo te miras tú dentro de 20 años, y todos no pueden responder. Entonces, qué me toca a mi, Reyna Góngora, estoy muy consciente de cuál es mi estado de salud, qué si puedo hacer, qué no puedo hacer. Soy una persona que ahora que me veo en las fotos de 10 años atrás, (veo) y ya hay cosas que han cambiado, mis arrugas, y ahí están. Y estoy muy clara que no me las quiero quitar y en cuanto a unos cinco años, cuando ya mi pelo esté blanco, lo quiero corto, lo voy a dejar blanco. Y no me quiero quitar esas cicatrices de la vida que son las arrugas. Entonces sí, no sí como “wow ya viene la vejez”, no la celebro del todo, porque uno quisiera seguir teniendo la capacidad que hoy tengo, sin embargo, en esta conciencia me doy cuenta que mi cuerpo está cambiando, y que las cosas no están necesariamente como yo quisiera que estuvieran.

Entrevista con Georgina Romero, directora general de Casa Romero, licenciada en psicología, maestría en administración de recursos humanos, con estudios y diplomados en gerontología. (versión estenográfica)

-Qué recomendaciones daría para el cuidado de un adulto mayor

Los principal es identificar en qué condiciones se encuentra ese adulto mayor  para saber de qué forma poderle brindar la atención adecuada. Si es una persona que ya empieza a presentar ciertos síntomas de enfermedades, pues obviamente llevarlo al médico para que tenga un buen diagnóstico. Si es una persona que todavía es funcional, a lo mejor ofrecerle una diversa gama de actividades que pueda realizar, porque si queremos que nuestros adultos mayores en casa tengan  una buena calidad de vida o estén bien hay que estar activos en la parte física, cognitiva y social.

“Es importante diagnosticar, canalizar, ver con el geriarta o el médico especialista, y pues buscar lugares de asistencia donde los adultos mayores puedan estar activos”.

-Qué estrategias emplean para que la persona se sienta cómodo en un asilo

Primero hay que cambiar un poquito el estereotipo de los espacios que se brindan para el cuidado del adulto mayor. (Actualmente) hay asilos, centros de día, casas de retiro, los conceptos han estado cambiando y hoy en día tratamos de promover un concepto que es innovador, que es brindarles un servicio de un club. Nosotros como residencia de adultos mayores, tratamos de ofrecer este espacio donde van a estar en constantes actividades.

Ellos en Casa Romero tienen cinco clases diarias, tres clases por la mañana y dos clases por la tarde. La intención es que ellos tengan una dinámica como si estuvieran en la escuela. Tienen actividades desde física, desde manualidades, de huertos, son diferentes cuestiones para que ellos puedan trabajar en todas las esferas que te acabo de mencionar, biológica, psicológica y social.

Entonces, la idea es cambiar esos estereotipos, y por ejemplo en Casa Romero, el plus es que ofrecemos este sentido de pertenencia a una familia. Entonces, el hecho que ellos vengan aquí, no se sienten abandonados, al contrario, nosotros hacemos esta vinculación con la comunidad a través de diversas actividades. Por ejemplo nos vamos a museos, nos vamos al cine, nos vamos al béisbol, entonces como estamos en constante actividad externa, el adulto mayor no siente que está abandonado o está aislado de la sociedad, está en constante comunicación con la parte de la comunidad.

-Cuál es la realidad de los centros de retiro.

Hay muchos lugares que ya han surgido a raíz de que obviamente la población mayor está incrementando y cada vez hay más lugares y espacios que están ofreciendo servicio y cuidado hacia el adulto mayor. Hay algunos lugares que sí implementan algunas actividades y justamente tratan de ver por el bienestar del adulto mayor. Sin embargo, todavía existen algunos espacios donde no tienen ningún tipo de actividad para que el adulto mayor siga activo y esto los ven como estacionamientos de adultos mayores, pues los dejan ahí mirando la tele, sin ninguna actividad, a lo mejor esperando a morir.

Hay que cambiar justamente esa mentalidad, porque pues el adulto mayor no quiere decir que ya está al borde de la muerte. Al contrario, los adultos mayores hoy en día que tienen mucho más calidad de vida y viven mucho más es justamente porque tienen una buena calidad de vida y a lo mejor desde jóvenes implementar buenos hábitos para llegar a donde están. Entonces no sería justo que ellos acaben en espacios donde halla cero actividad o inactividad, (porque) justamente eso les afecta en la parte emocional, los deprime, y tienden a morirse. No se mueren porque a lo mejor surja una enfermedad, se mueren por esta falta de inactividad que en muchos espacios no consideran como parte de sus servicios para brindarle al adulto mayor.

-cómo se visualizan cuando lleguen a hacer adulto mayor

De hecho es algo que platico mucho con mis alumnos, sabiendo que en el 2050 esta cantidad de adultos mayores va a duplicarse, y la demanda de servicios va a ser muy alta, y a lo mejor a nivel institucional el gobierno o instituciones privadas no nos daríamos abasto a eso, si es un panorama poquito desolador. Pero platicaba con mis alumnos que está en nosotros en  fomentar y crear esos hábitos para que cuando llegues a adulto mayor, pues seas una persona activa, puedas brindar ayuda a los demás.

La verdad, el panorama no se ve nada bueno, porque que de verdad vamos a ser muchos adultos mayores para eso. Y ahorita como jóvenes presentamos altos índices de diabetes, de hipertensión, incluso de depresión. ¿Entonces cómo va a ser esta generación cuando llegue a (ser) adulta mayor? Esa es la parte que me preocupaba, o sea, físicamente y emocionalmente, en las condiciones vamos a estar mal. Entonces ahorita es el momento de cambiar esos hábitos para que cuando lleguemos estemos lo más saludable posible y que utilicemos la cuestión de salud. Uno tiene que cuidarse para llegar bien.

Yo me veo, pues, abuelita a lo mejor, no lo sé, en este sentido me veo activa, me veo una persona que estaría dando lata a varias personas, haciendo muchas cosas, moviéndome. Me considero un líder, y aún como adulto mayor, me veo movilizando a gente aún de viejita, no sé, vamos a salirnos del asilo, algo así me considero, voy a ser rebelde en mi vejez.

-Qué tipo de actividades implementar para personas con actividad motriz limitada

Hace poquito nosotros como personal en Casa Romero tomamos un curso de cómo ser “dementia friends” y algo muy importante que promueve la cuestión de “dementia friends” es que hay un lenguaje que es universal, podrá la otra persona a lo mejor no tener conciencia, de lo que esté pasando en el momento, a lo mejor está en cama o está postrada, pasando diversas dificultades, pero hay un lenguaje que sobrepasa a todo ello y es el lenguaje del amor. Entonces yo creo que a través de brindarle amor y cariño y el cuidado oportuno a las personas, podríamos que estas personas sufran algún tipo de depresión.

Actividades físicas todavía las pueden hacer, inclusive hay personas como los fisioterapeutas o los chicos de rehabilitación, que pueden trabajar ejercicios con ellos para que sigan con esa movilidad porque una vez que estén en cama, pues empiezan a sufrir un montón de enfermedades como las escaras, el endormecimiento del intestino y muchas otras consecuencias que a la larga pueden afectar a su salud pero con ejercicios, actividades y sobre todo, amor, creo que la persona aún postrada puede tener y mejorar su calidad de vida.

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¿Cómo se reflejan las emociones en el cuerpo?

Keren Borrás Santiago

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Las emociones son reacciones conductuales, fisiológicas y subjetivas, activadas por una información proveniente del mundo externo y/o interno del individuo.

Estas reacciones pueden ser de rechazo, si vivimos esos estímulos como peligrosos o displacenteros, o bien de atracción, si los vivenciamos como atractivos o placenteros. Podríamos decir que son un sistema de señales que nos impulsan a realizar cambios para emprender alguna acción.

La función fundamental que se les atribuye es la de supervivencia, ya que nos empujan a evitar o luchar contra situaciones nocivas (predadores, comida en mal estado, agresiones) o aproximarnos a estímulos placenteros (agua, actividad sexual, refugio).

Fisiología de las emociones

Las emociones ponen en alerta a todo el organismo para que funcione como un todo y pueda responder a los retos de la vida activando múltiples respuestas cardiovasculares, esqueletos musculares, neuroendocrinas y del sistema nervioso autónomo.

Según Damasio (1994, 1999, 2000), la ocurrencia de un proceso emocional se inicia, bien con la percepción de un objeto o situación, bien con el recuerdo de ese objeto o situación; en ambos casos, el resultado es la activación de los núcleos del tronco encéfalo, el hipotálamo y la amígdala. Luego, estas estructuras liberan hormonas de varios tipos en la corriente sanguínea, que se dirigen, por una parte, hacia diversas zonas del propio cuerpo, y por otra parte, hacia distintas zonas cerebrales.

Al mismo tiempo, estas estructuras envían, de modo simultáneo, señales electroquímicas mediante neurotransmisores, por una parte, hacia las glándulas adrenales, que liberarán hormonas con repercusión posterior en el cerebro, y, por otra parte, hacia otras regiones cerebrales, tales como la corteza, el tálamo, y los ganglios basales, con lo cual se modificará el estado cognitivo y la forma de procesar la información.

No es de extrañar, por tanto, que cuando experimentamos una emoción, se evidencien diferentes cambios corporales, teniendo en cuenta que algunos de estos cambios son comunes a varias emociones diferentes.

Así, por ejemplo, ante una situación de peligro que active la respuesta de huida, el corazón late rápida y fuertemente para bombear más sangre al cerebro y los músculos, la respiración se acelera para aumentar la oxigenación, las pupilas se dilatan para aumentar el campo visual, los intestinos se vacían (diarreas o vómitos) para hacernos más ligeros a la hora de correr o movernos.

Si la respuesta activada es de lucha, se liberan sustancias que ayudan a coagular la sangre más fácilmente por si se producen heridas, los músculos se tensan para entrar en acción, lo que puede dar lugar a temblores y contracturas.

El mapa corporal de las emociones

El cuerpo es un mapa que nos apoya a saber qué estamos sintiendo. Seguro que te ha pasado alguna vez, que has notado un nudo en la garganta cuando había algo que no estabas diciendo a tu pareja. O por ejemplo, has notado un dolor de estómago, al sentir miedo a enfrentarte a un examen. Estas son señales que te da el cuerpo para que expreses tus emociones.

En un reciente estudio finlandés, (Nummenmaa,  Glerean, Hari y  Hietanen, 2013) pidieron a 701 participantes de diversas nacionalidades que señalaran en un dibujo de una figura humana las zonas del cuerpo que se activaban al sentir determinado estado emocional y en otra figura, las zonas en que sentían menos activación,  mediante un código de colores (colores cálidos = activación, fríos = desactivación). Para ello les presentaron palabras, historias, películas y expresiones faciales que representaban 6 emociones básicas o primarias (enojo, miedo, asco, felicidad, tristeza y sorpresa) y 7 secundarias o complejas (recogidas en la imagen inferior).

Los resultados obtenidos en este experimento confirmaron que somos capaces de ubicar en diferentes áreas de la anatomía corporal las variaciones en el estado emocional, independientemente de la nacionalidad del sujeto.

Con los resultados obtenidos, se elaboró el siguiente “Mapa corporal de emociones” publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences:

mapa-emociones

La mayoría de las emociones básicas, están asociadas con sensaciones de alta actividad en la zona alta del pecho, que corresponde a cambios en la respiración y ritmo cardiaco.

De igual modo, casi todas las emociones generaron cambios en el área de la cabeza, lo que sugiere la importancia de la zona de la cara (activación de la musculatura facial, cambios en la sonrisa, lacrimación, o la temperatura de la piel).

Las sensaciones en el aparato digestivo y alrededor de la garganta estaban presentes en el asco. En contraste con las demás emociones, la felicidad activa prácticamente todo el cuerpo, dando la sensación de “plenitud”. En contrapartida, en la depresión el cuerpo parece desactivado y sugiere un “vacío” que se concentra en el tórax.

En el amor y el enojo se ven reflejadas las extremidades, tal vez porque en ese momento se está listo para abrazar o golpear. En la ansiedad, la energía está concentrada desde el tronco hasta la cabeza, mientras que las extremidades permanecen inactivas.

Los autores del estudio sugieren que la evidencia del papel que juega el cuerpo en el proceso emocional, nos puede ayudar a entender los cambios en los estados de ánimo, así como servirnos de biomarcadores de los trastornos emocionales.

El cuerpo y las emociones van de la mano, cuando uno habla el otro reacciona. Existen numerosas investigaciones científicas que avalan la influencia de las emociones en el dolor y el cuerpo físico y cómo estas se relacionan constantemente. De hecho, se ha demostrado que se activan varias áreas del cerebro cuando experimentamos un dolor físico y un dolor emocional.

Por ejemplo, si no gestionas un enfado o el estrés de tu trabajo, esto puede generarte, a veces, una contractura o tensión en la mandíbula. Son emociones no expresadas, que se quedan incrustadas en tu cuerpo, esperando que las dejes salir. Como no pueden manifestarse, van a intentar expresarse de algún modo, y terminan haciéndolo en forma de tensiones o malestares físicos.

Tu cuerpo es sabio y sabe lo que requieres

Si gestionamos nuestras emociones de una forma sana, podremos escuchar y entender el mensaje que nos envía nuestro cuerpo. Identificaremos las emociones asociadas a los síntomas físicos, y aprenderemos a gestionar estas emociones para que no se conviertan en dolores físicos insoportables. 

Piensa que tu cuerpo te apoya a conocerte mejor si aprendes a interpretar sus mensajes emocionales ocultos y le das lo que necesita (descanso, atención, deportes, entre otras actividades).

Solo queda abrir la mirada a tu parte física para que esta sea una parte importante de tu vida. Tu cuerpo es sabio y sabe lo que requieres. Si cuidas a tu cuerpo también cuidas a tus emociones. Recuerda que con tu cuerpo vas a convivir toda la vida, por tanto, vale la oportunidad prestarle más atención y cuidado. Así, no solo fortalecerás tu inteligencia emocional, sino también tu consciencia corporal.

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Cuando las personas hablan de lo mucho que trabajan

Keren Borrás Santiago

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¿Qué hacer con personas que constantemente hablan de lo mucho trabaja? Todos conocemos a varias personas que hablan con frecuencia de lo mucho que trabaja. Ahora, ¿qué decirles? Si esa persona somos nosotros, ¿cómo puede este hábito condicionar nuestras relaciones?

Dentro de los discursos de auto ensalzamiento, muy positivos en momentos determinados para la autoestima, destacan los de aquellas personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan. Parecen vivir por y para el sacrificio.

Es natural que en el discurso se cuelen nuestras preocupaciones y el trabajo suele ser un contexto proclive a generarlas. Sin embargo, más allá de algo que podamos compartir con otras personas, pocas veces lo que hacemos en el trabajo es de interés para otros.

Si antes de llegar a casa, en la última conversación del día, otra amiga te habla de la responsabilidad tan grande que tiene y de lo difícil que es cumplir con las responsabilidades asociadas a su puesto, es normal que sientas que la información que está compartiendo te aburre. De manera especial, cuando habla de lo mucho que trabajan como una muestra de virtud y sacrificio.

Una necesidad de comunicación e información

Normalmente, como apuntábamos, las preocupaciones suelen encontrar huecos en nuestro discurso de la misma forma que los suelen encontrar en nuestro diálogo interno.Las personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan tienen, por norma, tres motivaciones: comentar con otros lo que no se atreven a decir a sus superiores, validar con los demás sus emociones frente a lo que ocurre u obtener información, Hy hablar con los demás ante el miedo de hablar con un jefe.

Normalmente, las motivaciones de nuestros quehaceres siguen el curso de un rio sencillo. Si alguien no para de hablar de lo mucho que trabaja, mostrándose preocupado por su situación, quizás sea porque en realidad necesita hablar con su jefe. Si ya lo han hecho, quizás necesite hablar con un sindicato para revisar sus condiciones laborales. Asímismo, esta persona puede estar pidiendo ayuda frente a una serie de demandas que no se ve capaz de cubrir de manera autónoma con los recursos de los que dispone. Puede que en estos casos se requiere hablar con un profesional.

Un medio de validación ante los demás

El trabajo es una de las vías que utilizamos con más frecuencia para validar nuestras capacidades. En la medida en que una persona esté más o menos condicionada por la sociedad y por su educación, el trabajo habla de la persona como ser productivo, aunque lo productivo no sea útil ni para ti ni para nadie.

Se equipará el hacer, con el ser y valer. El trabajo proyecta en el escenario social una imagen mejor de nosotros. Cuanto mejor salario tengas y más merecido esté, serás más respetado.

Por ello, personas que tienen la opinión de los demás muy en cuenta y que han asimilado completamente, sin matices, el modelo de meritocracia; creen que decir que trabajan mucho les valida ante la sociedad.

La necesidad de compararse con los demás

A veces realizamos una actividad laboral y no sabemos si la empresa cumple los convenios laborales, el derecho a vacaciones u otras cuestiones que a todo trabajador incumbe. Debido a ello, muchas personas buscan la información que les falta en la comparación con los demás. Aunque la jornada laboral sea de ocho horas, quedan muchos cabos sueltos por resolver desde la perspectiva de un trabajador si las cosas no se tienen claras.

Por otra parte, es posible que la necesidad de estar constantemente comunicando que haría las cosas de manera distinta a como lo hacen los demás.  Es una manera de sentirse importante, aunque en el fondo sabe que es una manera para quitar las frustraciones escondidas.

Cuando más que comunicarse, tienen la necesidad de agitar su ego

En no pocas ocasiones, hay personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan no como una forma de validarse, sino de intentar mostrar una especie de superioridad social. En este sentido, estamos en todo nuestro derecho de redirigir su discurso o de explicitar nuestra hipótesis sobre lo que está sucediendo. Pensemos que el otro o nosotros, puede hacerlo sin ser consciente de su motivación.

Para concluir, una persona que constantemente dice lo mucho que trabaja puede llegar a ser tan molesta como aquella que fija el discurso de manera constante en sus logros y posesiones. Cargar de esta manera los diálogos suele debilitar los vínculos, ya que es muy difícil que el yo receptor encuentre un espacio en ese diálogo.

Por tanto, si te encuentras realmente saturado por este tipo de conversaciones, es la hora de comenzar a reconducirlas, cambiarlas o expresar a la otra persona, de forma directa y lo más asertivamente posible. Cuando es el momento de “tiempo libre”, lo más sano es sano desconectar tanto de las obligaciones laborales de los demás como de las del día a día.

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Cuando un pensamiento se convierte en obsesión

Keren Borrás Santiago

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La preocupación obsesiva rara vez apoya. De hecho, lo que se suele lograr es elevar la ansiedad y el riesgo de agotamiento psicológico. ¿Qué se requiere para no llegar a estos extremos? ¿Cómo dejar atrás el tema para que una preocupación se convierta en una obsesión? Hay veces en las que determinadas ideas producen daños en el día a día. No podemos dejar de pensar en ciertas cosas. Les concedemos valor y presencia en la mente de manera tormentosa sin poder evitarlo, sin poder eludir ese flujo de pensamientos.

El cerebro es como una fábrica que nunca descansa y es suficiente que nos digamos “no voy a pensar en un ¨elefante rosa” para que, como bien sabemos, lo visualicemos. Entonces, ¿cómo podemos desactivar esos procesos psicológicos tan desgastantes? Existen alternativas eficaces para tranquilizar las preocupaciones patológicas.

Vivimos en una sociedad que usa la preocupación obsesiva como mecanismo de afrontamiento para toda circunstancia. Sin embargo, la alternativa no está en “preocuparse mucho”, sino en pensar de manera sana.

Alternativas para que una que un pensamiento se convierta en obsesión

Hay un proverbio sueco que dice que la preocupación tiene el poder de producir grandes sombras en objetos pequeños. Es cierto. La realidad es que tenemos derecho a preocuparnos, sin embargo, se requiere hacerlo de manera sana, es decir, orientando todo ese esfuerzo mental en solucionar aquello que nos quita la calma. Es por ello que requieres ocuparte en vez de preocuparte.

Como diría Víctor Frank, cuando nos enfrentamos a una situación adversa es responsabilidad nuestra afrontarla y transformarla. Si no es posible, el siguiente paso es aceptarla. Algo tan lógico y evidente que sólo se puede lograr mediante un enfoque tranquilo, realista y centrado. Si esto es algo que nos cuesta lo indecible conseguir se debe a varios motivos.

De acuerdo a investigaciones, como los realizados en el King’s College de Londres y la Universidad de Australia Occidental, recogen datos que apoyan la idea de que buena parte de nuestras preocupaciones se apoyan en sesgos cognitivos. Son muchas las personas que piensan que al preocuparse tienen o demuestran tener un mayor control. Si dejan de hacerlo y se relajan, temen ser sorprendidos por lo inesperado.

Es momento de cambiar esas ideas, esos sesgos. He aquí algunas alternativas para quitar una preocupación  para que no se convierta en una obsesión.

1. Comprende cómo funciona el mecanismo de la preocupación

La preocupación cumple un objetivo: elevar nuestra activación para que podamos actuar ante las amenazas que nos rodean. El fin último es actuar y para ello hay que trazar soluciones. Sin embargo, las personas en lugar de actuar o aceptar una realidad concreta, magnificamos aún más las amenazas estresantes. Lo hacemos mediante la rumia, un tipo de preocupación persistente y repetitiva que, en lugar de buscar respuestas a los problemas, se hace más preguntas. La  rumiación eleva las emociones de valencia negativa y el malestar. De ese modo, vamos cayendo cada vez más en los laberintos de la ansiedad.

Para impedir que una preocupación se convierta en obsesión, debemos tener presente que al alimentar la rumiación, nos mantendremos más estancados y sin posibilidades de resolver el problema. La preocupación, la rumia y la obsesión son el resultado de un circuito de retroalimentación cerebral orquestado entre la amígdala y la corteza prefrontal.

2. Acepta el pensamiento obsesivo, sin embargo, deja de seguir el juego

Debemos tenerlo claro, de poco nos van a servir frases como “ya no voy a pensar en esto” o “esta va a ser la última vez que me pare a pensar en aquello”. Porque la mente vuelve a pensar en lo mismo.  Los pensamientos son automáticos y requieres comenzar a fortalecer pensamientos que nutran.

De este modo, lo más adecuado es dejarlos, aceptar que están ahí. Investigadores de la Universidad de Hamburgo indican en un estudio, que debemos ver esos pensamientos obsesivos como fenómenos mentales que van y vienen. Son como el flujo de un río que corre. Lo más importante es no darles importancia ni reforzarlos. Si están ahí, dejemos que tal y como lleguen se vayan.

3. No te juzgues, sé compasivo contigo mismo

El diálogo interno de manera negativa,  que juzga y que nos critica es como el motor que alimenta la fábrica de la preocupación. No es lo adecuado. Si deseamos evitar que una preocupación se convierta en una obsesión seamos amables y compasivos con nosotros mismos. Hemos pasado por mucho en esta vida, no hay duda. Confiemos en nuestra experiencia para abordar los retos que nos vienen.  En lugar de preocuparnos, ocupémonos de lo que nos inquieta emprendiendo cambios, pensando en nuevas fórmulas para resolver problemas.

4. Haz cambios en tu rutina y que vayan en contra de tu obsesión

Si temes perder el trabajo, empieza a buscar nuevas opciones laborales. Si te preocupa lo que pueda traerte el futuro, céntrate en iniciar cosas nuevas en el presente. Hacer nuevos amigos, iniciar cursos, aprender algo distinto. Todo ello es positivo. Los pequeños cambios cotidianos son nuevos estímulos para la mente, de ese modo logramos apartarla del foco de obsesión y preocupación.

5. Sal de tu universo obsesivo y expresa lo que sientes

Salir de tu mente para sumergirte en tu vida. ¿Cómo se consigue algo así? Hay puentes que conectan un escenario y otro que pueden ser realmente catárticos. El arte en todas sus formas y dimensiones resulta un mecanismo idóneo para evitar que una preocupación se convierta en obsesión. Pintar, dibujar, esculpir, tejer, coser, componer, escribir, terapia.  Hay múltiples posibilidades capaces de apoyarnos a apaciguar la mente, a permitir que vaya más allá de su laberinto de preocupación para apreciar la vida. Cada persona debe encontrar su medio, su lienzo personal.

No nos olvidemos tampoco de compartir tiempo con personas que sepan escuchar. Hablar de lo que nos ocupa y dejar fuera lo que atenaza dentro, también es necesario y saludable.  Deja de vivir en aislado en soledad mental donde sólo crece la angustia y conecta con lo que te rodea de manera activa y comenzar a confiar.

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