Conecta con nosotros

Estilo de vida

La inteligencia emocional y los dibujos animados de antaño

César Benítez

Publicado

en

Quizás los dibujos animados tienen sus orígenes en los años 20, aproximadamente. Por lo general eran cortos sin sonido y en blanco y negro, siendo los primeros personajes en exhibirse en pantalla Betty Bob, Popeye el marino, Coco el payaso, El gato Félix y algunos otros más para lo que era América. Por lo general, no se diseñaban en formato “series,” por lo cual su presencia se limitaba a esporádicos capítulos o episodios trasmitidos eventualmente.

Con el paso del tiempo y el desarrollo tecnológico, las animaciones comenzaron a tener mayor duración en pantalla, ambientaciones a color, de episodios completos y de manera constantes y recurrente, lo que permitía a los espectadores generar un lazo emocional con la serie, lo cual permeaba de cierta manera en su personalidad e identidad.

Para los años  70, 80 y 90, en México, ya se podía disfrutar de una gran cantidad de “dibujos animados”, en los cuales desfilaban una gran cantidad de personajes que lidiaban día a día con aventuras, retos y situaciones que entretenían al público infantil y juvenil de la época. Para esa época, se estaba dando un fenómeno interesante: producciones de oriente, específicamente Japón, comenzaban a ser transmitidas a través de las pantallas de las familias mexicanas. Por mencionar algunos de los ejemplos más representativos, podemos mencionar las siguientes: “Candy, Candy”, “Astroboy”, “La Princesa Caballero”, “Heidi”, “Remi”, “la princesa de los mil años”; “Perrine sin familia”, “La ranita Demetan”, “la abeja maya”, “Las aventuras de Tom Sawyer”, “Caballeros del Zodiaco”, “Mazinger Z”, “José Miel”, “Sailor Moon”, entre otros títulos significativos para los niños de aquellos años.

Ahora bien, algo muy revelador que los animes tenían, era su intenso, profundo y abierto manejo sobre las emociones y sentimientos. Prueba de lo anterior eran series icónicas de aquellas décadas como “Candy, Candy”, “Remi”, “Perrine sin familia”, “La ranita Demetan” y “José Miel”, puesto que en ellas se manejaban situaciones explicitas de la cotidianidad, con tintes bastante dramáticos, para lo que occidente consideraría un “dibujo animado” o una “caricatura”. La generación que creció viendo esas series conoció lo que significaba “sufrir” con los personajes por la pérdida de seres queridos, por la marginación y la segregación social. La muerte, la violencia, la injusticia y muchas veces la desesperanza eran ingredientes que día a día acompañaban a los héroes de todas esas aventuras presentándose de maneras explicitas, desnudas, sin eufemismos ni “suavizadas” sino por el contrario, en muchos de los casos eran presentadas de manera muy visceral.

Haciendo una comparación con las series animadas, las cuales tienen un perfil mucho cercano a lo “políticamente correcto,” podemos observar que los acontecimientos o situaciones, de las series de antaño, ya no se presentan, sino que se tocan otras que sin duda responden al paradigma de las nuevas generaciones pero sin llegar al nivel de impacto emocional como las otras mismos, que si bien no restó sensibilidad, si nos ayudó a amortiguar el impacto de acontecimientos que para muchas familias no eran de tratarse de manera cotidiana o al menos de manera abierta.

A este punto es a donde deseo llegar y formular la siguiente pregunta: los dibujos animados de antaño, ¿ayudaron a esas generaciones a establecer o desarrollar una inteligencia o madurez emocional?

Entendiendo por inteligencia emocional a la capacidad de controlar, regular y manejar las emociones de manera asertiva, lo cual nos permitiría tomar elecciones correctas entre los diferentes aspectos y situaciones de la vida cotidiana, desde las relaciones de pareja, decisiones de trabajo, etc. Por lo tanto, al estar expuestos en nuestra infancia, a esa serie de situaciones tan emotivas, probablemente gestamos condiciones que nos ayudan a asimilar de formas diferentes los procesos de vida, y reitero, no significa que nos vuelva insensibles, sino que nos ayuda a entender quizás mejor el acontecer cotidiano.

Todo lo anterior no fue una afirmación categórica, para nada, es más bien una pregunta retórica que bien he querido dejar a ustedes amigos lectores para un ejercicio de introspección que bien podría ser apuntalado por la experiencia y conocimiento de los profesionales de la salud mental como los psicólogos.

Sin duda alguna los mensajes que las animaciones y series de antaño ofrecieron a la infancia de muchos, debieron generar recuerdos y quizá para muchos “traumas” al recordar escenas poderosas en las cuales un insecto devoraba a otro, el cual era más pequeño o débil a comparación de su depredador, tal y como ocurre realmente en el reino animal.

Espero este ejercicio haya servido, mínimo, para recordar las series que nos identificaron tanto en la niñez y primera infancia y les traiga a la mente toda esa vorágine de emociones que en alguna momento llegamos a sentir.

Estilo de vida

Sobadoras, manos milagrosas

Sherly Canul

Publicado

en

Las personas que muchos conocen como masajistas o quiroprácticos, en las comunidades mayas de Yucatán son conocidas como “sobadoras”, mujeres que suelen tener muchos años de experiencia en esa labor y de quienes se dice que poseen el don de la “buena mano”.

Las sobadoras una hermosa profesión

Las sobadoras son identificadas por su habilidad para aliviar dolores internos, sean musculares o derivados de alguna enfermedad. Y su objetivo es ayudar con bajo costo a la gente que realmente lo necesita. Normalmente en las familias mayas hay uno o dos conocidos que practican este trabajo resultando ser siempre personas de confianza o cercanas a ellas.

Cabe mencionar que no sólo hay mujeres en este ramo, sino que también existen hombres que se dedican a ese trabajo y conocidos como hueseros o médicos tradicionales. En general todos buscan ayudar a las personas caracterizándose como gente de noble profesión.

Ayudan a las mujeres embarazadas

Aunque la mayoría se dedica únicamente a sobar, con el paso de los años  muchas de estas mujeres se convirtieron en parteras, y es tanta la confianza que se les tiene que existen convenios con el sector salud para capacitarlas con conocimientos científicos y acreditarlas de manera oficial. En el ambiente rural yucateco, e incluso en algunas zonas urbanas, la “sobadora”, al margen de si asiste o no un parto, cumple un papel importante porque proporciona atención médica y aconseja a las mujeres preñadas, parturientas y puérperas. Las sobadas se aplican en todo el cuerpo con la finalidad de establecer la posición del desarrollo fetal y aliviar las molestias de la espalda.

Poseedoras de conocimientos ancestrales

Las mujeres de manos milagrosas, también son dueñas de conocimientos ancestrales en la administración de infusiones de plantas y uso de medicamentos de patente y hasta realizan algunos ritos para enfrentar el dolor.

A razón de que normalmente su conocimiento y dotes son heredados, ellas regalan a las personas cierto conocimiento en la medida que las van atendiendo, debido a la explicación y recomendaciones que acostumbran obsequiar.

Las personas dotadas de buenas manos, siempre están dispuestas a enseñar sus conocimientos, si observan que una persona tiene “buenas manos”, pues son conocidas por no ser para nada egoístas. Por lo común, siempre responden a las dudas que tenga cualquier persona y únicamente piden que les tengan confianza pues su conocimiento es de total confianza.

La medicina tradicional no debe de perderse

A pesar de a que aún existen sobadoras y médicos tradicionales, la generación actual parece menos interesada en estos métodos pues los consideran poco confiables. Asimismo aún está presente el tema discriminatorio ya que los médicos que no son de zonas rurales a veces desconfían de los conocimientos tradicionales y no los recomiendan.

Una buena experiencia de este conocimiento tradicional

 Seguramente muchas personas podrán confirmar las buenas manos de mujeres u hombres que ayudaron a calmar dolores físicos. De manera personal mi mejor experiencia fue con una señora conocida como “doña Mina”, una de las mujeres más nobles y con gran conocimiento heredado de sus mayores. La señora cuenta con un gran número de pacientes que confían en ella, para sanar dolores o para ayudar a las mujeres embarazadas en  Tizimín, Yucatán.

Actualmente  varias comunidades indígenas de la península yucateca aún creen que las “sobadoras”, las parteras, huesero o médicos ancestrales tienen cierto toque de divinidad y que sus capacidades, y conocimientos son una especie de don divino.

Continuar Leyendo

Estilo de vida

Más de 900 personas fueron atendidas por depresión en Yucatán en el 2020

Lilia Balam

Publicado

en

Foto: Frederic Cirou / Photoalto / GTRES

Una especialista del ISSSTE señaló que el confinamiento por la pandemia de Covid-19 pudo agravar síntomas en pacientes con alguna patología psicológica.

Mérida, Yucatán, 13 de enero del 2021.- Durante el año pasado, 970 personas fueron atendidas por depresión en centros de salud públicos de Yucatán. El confinamiento implementado por la pandemia de Covid-19 pudo incidir en esas cifras, pues habría agravado los síntomas en pacientes con alguna patología mental.

De acuerdo con el Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud, a lo largo del año pasado se brindó atención a 740 mujeres y 230 hombres por depresión. Uno de los factores relacionados con esa estadística es la contingencia sanitaria por el coronavirus, pues las medidas y restricciones impuestas a la población para evitar contagios, afectaron las dinámicas sociales de las personas.

“La contingencia por la Covid-19 ha provocado que existan afectaciones depresivas en niñas, niños, jóvenes, personas adultas y adultas mayores, porque se han modificado rutinas. Ha incrementado los síntomas en pacientes que ya padecen alguna patología mental, por lo que se requiere estar pendientes para evitar incluso un suicidio”, explicó la psicóloga de la Clínica-Hospital Mérida del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Nelly Patricia Morales Munguía, a través de un comunicado.

La experta precisó que no ha sido fácil para la población entender los beneficios del “encierro”, pues pocas veces se piensa en la vulnerabilidad ante el contagio. De igual forma, en algunos hogares se han presentado afectaciones económicas, lo cual genera tensiones. Por otra parte, este período se ha caracterizado por el bombardeo de noticias negativas, lo cual “provoca desesperanzas y preocupación”, sobre todo en personas de la tercera edad, en quienes se suelen detectar síntomas de cambios de humor de manera más fácil.

Ante este panorama, es necesario recordar que la depresión es un trastorno que, con un diagnóstico oportuno puede ser tratada. El padecimiento debe ser atendido por un psiquiatra y un psicólogo en conjunto, señaló.  

Hay algunas medidas que pueden implementarse para evitar agravar los síntomas. Por ejemplo, fomentar canales de comunicación abiertos en el seno familiar; propiciar el diálogo con respeto y sensibilidad, para no herir susceptibilidades; cuidar las actitudes, es decir, “recordar que cada acción tiene una reacción y hay gente que se encuentra muy sensible, viviendo una realidad muy distinta”, detalló Morales Munguía.

También es necesario hacer conciencia de que “tenemos que aprender a convivir con el coronavirus” y las medidas de higiene y distanciamiento previenen la enfermedad, por lo cual no podemos dejar de cumplirlas.

“En el caso de las y los jóvenes, hacerles entender por qué no pueden reunirse con sus amigos. No es fácil, porque nunca se ha pasado por una pandemia, pero esto puede salvarle la vida a ellos y a sus familias”, indicó la especialista.

Si tú o alguna persona que conozcas tiene este trastorno y requiere asesoría, puede llamar a la Línea de la Vida, al teléfono 800 911 2000 o a la Línea UNAM, al 55 5025 0855.

Por cierto, pese a la confusión que se ha desatado en redes sociales y algunos medios de comunicación, la Organización Mundial de la Salud no conmemora en ninguna fecha la lucha contra la depresión. Únicamente celebra el Día Mundial de la Salud Mental cada 10 de octubre.

También te puede interesar: DEPRESIÓN Y SUICIDIO PODRÍAN AUMENTAR TRAS CONTINGENCIA POR CORONAVIRUS

Continuar Leyendo

Estilo de vida

Sin hamaca no hay vida

Sherly Canul

Publicado

en

Un yucateco sabe que, aunque haya frío seguirá durmiendo en hamaca, pues es una experiencia vívida.

Muchos años han pasado y los hilos se van desamarrando, en tanto las sogas se siguen desgastando. La hamaca sin embargo continúa siendo cómoda y en eses sentido no la dejaría jamás, pues con esa hamaca crecí y en ella sigo durmiendo. Quizás muchos no entiendan esta costumbre, pero la comodidad antes que el lujo es un hermoso valor que  te hacer conservar el uso de la hamaca.

¡Qué bonito haber crecido en una casa de balché, con un patio grande, con animales de granja y plantas frutales de la región¡ Allá se escucha todos los días un sonido muy particular: la madera rechinando y del hilo jalándose, que es eco de una madre que urde hamacas para venderlas o para regalarle a su hijo porque cumple años.

La hamaca yucateca

La hamaca, cuyo nombre procede del antillanismo “hamac”, significa árbol y fue bautizada por los conquistadores con ese nombre por haber encontrado en Las Antillas las primeras hamacas tejidas con filamentos de corteza de árbol. La hamaca consistía en una red formada de hilos gruesos y anchos, pendiente entre dos troncos de árboles a modo de bolsa colgante.

No pudiendo los residentes hispanos soportar el intenso calor de Yucatán, sobre todo en verano, idearon convertir en cama esa suave hamaca traída del Caribe. La creación de hamacas se extendió rápidamente durante la colonia, por lo que los españoles abandonaron sus camas de palos, sus esteras de esparto y sus tramas de sogas, para descansar entre la mullida y fresca red de cómodas hamacas. En Yucatán, los colonos urgidos por la necesidad de perfeccionamiento, comenzaron a inventar nuevos tejidos o mallas hasta hallar el que perdura a la fecha, el cual consiste en hilos entrecruzados que se distienden o aprietan a voluntad.

El urdido de hamaca

Se urde la hamaca en un bastidor que consta de dos largos palos de madera, cilíndricos y perpendiculares, como de cinco centímetros de grueso por cerca de dos metros de largo, colocados paralelamente uno enfrente del otro, a una distancia de metro y medio o dos metros, según el tamaño que se quiera dar a la hamaca. Estos palos se encajan sobre bases de madera fuerte y están unidos entre sí por dos largueros horizontales que penetran en sendas hendiduras hechas en los mástiles, asegurándose con cuñas; y acercándose o retirándose, se mide el tamaño de la hamaca.

Artesanos de corazón

Las artesanías siempre son regateadas y en cierta forma es una ofensa pues las personas al parecer no saben que detrás hay un trabajo muy complicado, honesto, un valor de vida y regalo de aprendizaje de generaciones. En ese sentido las hamacas mantienen un costo proporcional a los días que tardan en hacerse, el esfuerzo de la artesana y el valor de los materiales.

En una buena hamaca está en el amor que le procura el artesano en cada etapa de su elaboración, y es un producto de semanas o meses, dependiendo del tipo de hamaca que se esté urdiendo. Su comodidad al usarla aumenta, dado que se amolda al cuerpo y se siente mucha frescura. Las hamacas en Yucatán se usan hasta en tiempos de frío, ya que los nacidos en una familia local, tenemos por la costumbre, desde bebés, dormir plácidamente en hamaca, como buenos yucatecos.

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS