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Estilo de vida

La personalidad victimista, ¿qué es?: causas y consecuencias

Keren Borrás Santiago

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El victimismo es una forma insana de estar el mundo, por la cual no se acepta la responsabilidad de las acciones o actitudes y se vive en una queja constante. Aquí te explico qué es el victimismo, cómo es la personalidad victimista, las causas del victimismo y las consecuencias.

¿Qué es el victimismo?

El victimismo o mentalidad victimista es una forma habitual de ver la vida, una orientación automática hacia las situaciones que vive uno como injustas. Bien como mala suerte o que los demás se aprovechan de uno mismo. Esta mentalidad nos conduce a sentirnos sin poder para afrontar las circunstancias. El victimista, asegura, pase lo que pase, que la culpa o responsabilidad nunca es de uno mismo, así se protege su autoestima a corto plazo. Debido a que las personas tienden a ser y actuar de forma consistente a como ven el mundo (para evitar la disonancia cognitiva) una persona con esta mentalidad, actuará como una víctima.

La mayoría de personas que actúan con victimismo, no lo hacen  adrede. Es una forma aprendida de actuar que se ha vuelto automática. Pero no es un rasgo de personalidad, es un patrón de conducta, y como tal es modificable.

Causas del victimismo

Nadie elije conscientemente ser una víctima. Más bien caemos ahí porque nos funciona de una forma otra. Se convierte una estrategia, posiblemente la única que conocemos, para desenvolvernos en la vida, bien sea quedarnos en nuestra zona de confort, encontrar compañía y atención, evitar responsabilizarnos de algo.

Hay personas que no pueden soportar lo que ellos perciben como un fracaso en su vida, que esta no es como ellos quieren. Les resulta demasiado doloroso. Por ello, para soportarlo, mantienen esta actitud victimista, externalizando la responsabilidad, no afrontando el poder que tienen para cambiar la situación. La atención, la simpatía y el tiempo que una persona consigue del victimismo actúan como refuerzo. Se nos valida como buenas personas, y si las circunstancias fueran distinto a nuestra vida sería próspera. Es una forma de guardar las apariencias ante cualquier tipo de fallo.

Esta forma de actuar es probable que haya sido modelada por los padres o cuidadores, y que haya sido la única forma de lidiar con las cosas que no salen como uno quiere.

Esta mentalidad, también es posible que se haya creado debido a preocupaciones legítimas que no han sido afrontadas, como la indefensión aprendida. Hay situaciones extremas, como el maltrato, abuso o situaciones realmente difíciles en las que la persona no ha tenido ningún poder para cambiar nada. La persona aprende que por mucho que haga nada cambiará.

Muchas personas adoptan el victimismo porque temen mostrar sus emociones negativas como el enfado. Niegan su existencia en ellos mismos y la proyectan en otros, anticipando una agresión o daño de ellos. Puede que distorsionen comentarios y expresiones faciales de otros imaginando que tienen intenciones maliciosas. Ese enfado que habrían expresado en respuesta al estrés o la frustración se transforma en miedo y desconfianza de los otros y en miedo de ser dañado.

¿Cómo es una persona que cae en el victimismo? A continuación, te contamos 12 características de las personas victimistas.

1. Cree que le han dañado

La víctima es descrita como alguien que ha sido dañada, que no es responsable del incidente y no pudo haberlo prevenido, por ello merece empatía. Las personas con mentalidad de víctima siempre tienen la sensación de que han sido tratados injustamente, y han sido dañados sin tener ellos ninguna responsabilidad, incluso cuando hay clara evidencia de que han sido responsables en cierta medida por lo ocurrido.

2. Cree que no tiene control sobre su vida

Creen que no tienen control sobre nada en su vida y ceden su responsabilidad también. Cuando se encuentran con cualquier obstáculo en la vida, se niegan a hacer nada. En su lugar, se centran en lo negativo y se recrean en el drama.

3. Anticipa lo peor

Las personas que adoptan una mentalidad victimista tienden a tener conductas pesimistas. Ven todas las situaciones como potenciales fracasos. Se niegan a probar cosas nuevas e intentan desanimar a los demás con su negatividad. Siempre hay sospechas acerca de las intenciones de los demás

4. Espera la compasión de los demás

Espera compasión por todo lo malo que ha vivido. Busca atención y validación constante de los demás, porque ha sufrido mucho y no se lo merece, o por lo valiente que ha sido y cómo todavía sigue adelante.

5. Le echa la culpa a los demás

En ningún punto la persona asume ningún tipo de responsabilidad por lo que ha vivido. En su lugar, le echa la culpa a los demás.

6. Siente pena por sí mismo

Uno de los rasgos más característicos es el sentimiento de lástima por uno mismo. Cree que la vida ha sido injusta y se lamenta constantemente con frases como “¿Por qué yo?”. Además, cree que otros tienen más suerte, son más felices, tienen mejores vidas que él y que el está sufriendo más que nadie.

7. Es exageradamente dramático

Cuenta una versión exagerada de lo que ha ocurrido o directamente mienta. Necesita hacerlo porque se ha acostumbrado a vivir en la sombra de la compasión y necesita seguir provocando la misma respuesta de los demás.

8. Actúa a la defensiva

La víctima desarrolla una actitud negativa, creyendo que todo el mundo está ahí para hacerle daño. Da igual cuál sea el comentario que, para él siempre tendrá una intención maliciosa, y por tanto responde con actitud defensiva.

9. Se menosprecia

Tiene una tendencia a menospreciarse. Muestra ausencia de autoestima con auto humillaciones. Usa términos como “no puedo” y “debo”.

10. No se analiza ni intenta mejorar

Cuando alguien le hace notar esta actitud de víctima, se niega a analizar sus actos y no es capaz de mejorar. En su lugar, actúa de forma defensiva y niega cualquier sugerencia, desarrollando una actitud negativa hacia cualquiera que le sugiere un cambio.

11. Tiene tendencias pasivo-agresivas

Estas personas suelen ser pasivo-agresivas en su comunicación con los demás. El hecho de creernos sin control para cambiar nuestra situación nos deja sin herramientas para comunicarnos bien. No pediremos lo que necesitamos, o diremos lo que sentimos porque creemos que no va a servir de nada, pero a la vez estamos enfadados por la situación en la que estamos. Por ello, de forma verbal estas personas no dirán nada y parece que están actuando con pasividad, pero su lenguaje corporal, el tono de decir las cosas será agresivo.

12. Se auto-sabotea

Realizan acciones contraproducentes, se hacen auto-sabotaje más o menos inconsciente. Se meterán en situaciones que les conducen a un daño, incluso cuando hay mejores opciones. Así, están reafirmando su posición de víctima.

Trastorno victimista

No existe un trastorno victimista en sí, sino que el trastorno paranoide de la personalidad comparte muchas similitudes con el victimismo. La creencia que otros nos van a dañar o a aprovecharse de nosotros se convierte en un patrón paranoico de estar en el mundo. Una conducta victimista muy arraigada puede desembocar en este trastorno.

Consecuencias del victimismo

El victimismo tiene consecuencias “positivas” para el individuo, sobre todo a corto plazo. Es por ello por lo que la conducta se mantiene. Pero también tiene consecuencias poco deseables.

“Beneficios” del victimismo

  • No asumes la responsabilidad de nada, por tanto tu autoestima se mantiene por la evitación del malestar que conlleva ser responsable del propio fracaso.
  • Atención de la gente
  • Compasión de los demás
  • Es menos probable que otros te critiquen o te hagan sentir triste, para evitar tu actitud victimista.
  • Te reafirmas en tu derecho a quejarte.
  • Es más probable que obtengas lo que quieres, ya que los demás no quieren verte triste o quejarte.
  • Te sientes interesantes porque le puedes contar a los demás muchas historias.
  • No te aburres si hay mucho drama a tu alrededor.
  • El victimismo te da poder para eludir la responsabilidad, para sentirte con derecho a mostrar tristeza, manipular otras personas y obtener su simpatía y compasión.

Desventajas del victimismo

  • Las personas cercanas pueden sentirse como marionetas, manipulados.
  • Enmascara emociones desagradables pero necesarias como el enfado, el arrepentimiento.
  • Te quedas atascado en tu situación actual, no tomas el control de tu vida. Vas a seguir sintiendo insatisfacción con tu vida.
  • Tu forma pasivo-agresiva de comunicarte no va a contribuir a tener relaciones sanas.
  • No vas a sentir con frecuencia emociones positivas.
  • No vas a desarrollarte como persona.
  • Vas a ser una persona tóxica para los demás, y es posible que se alejen de ti.
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Victimismo, chantaje emocional y manipulación

Las personas victimistas utilizan esa actitud para conseguir lo que quieren. No van a pedir lo que quieren directamente, sino que van a hacer sentir culpable a la otra persona para obtenerlo. Como hacen responsables a los demás por lo que hacen y sienten, también les responsabilizan para solucionarlo. Van a exigir esa solución y te hacen sentir culpable y egoísta si no lo haces. También manipulan mediante la actitud pasivo-agresiva, una hostilidad velada y más sutil.

Todo ello es una forma de abuso emocional, que daña las relaciones.

Ejemplos y frases de victimismo

Hay algunas frases características de las personas victimistas:

  • ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
  • ¿Por qué a mí?
  • No es justo, no merezco esto.
  • Él debería X.
  • No me tienen en cuenta.
  • Siempre me pasa lo mismo, tengo muy mala suerte.
  • Soy una persona desgraciada, pobre de mí.
  • Nunca voy a encontrar pareja/trabajo/estabilidad
  • No me valoran, no me tienen en cuenta.

El victimismo en pareja

Las personas victimistas suelen atraer a personas que actúan como salvadores, ya sean en pareja o en relaciones de amistad. Esto genera patrones de relación poco saludables.

Los salvadores son personas muy empáticas que sienten la negatividad y el dolor que la persona victimista muestra. Además, como la víctima elude toda la responsabilidad, de alguna manera espera que los demás se hagan cargo de sus emociones, que le salve de su estatus de víctima. Es cuando el salvador entra en el ciclo.

Los salvadores asumen la responsabilidad de emociones, valores y problemas que no son suyos. Tienden a ser personas que buscan la aprobación, complacientes.

Sin embargo, nadie tiene el control de cómo los demás se sienten con respecto a su vida. El “salvador” no tiene ese poder, aunque se lo crea. Además, aunque la víctima busque un salvador, una persona que se haga cargo de su infortunio, está cómoda en ese papel victimista, es lo que conoce y no va a salir de ahí a menos que se dé cuenta y quiera cambiarlo.

Por ello se da otra dinámica que es la de perseguidor. La víctima, cuando intenta ser salvada sacándola de la posición de víctima, ésta ataca a su salvador, culpándolo de todo lo malo y poniéndose de nuevo en su cómoda silla victimista.

La víctima y el salvador se complementan en una relación insana. Ambos evitan crear un fuerte sentido del yo, y no llegan a desarrollar una madurez emocional. Esto resulta  en que sus relaciones son superficiales e insatisfactorias.

La persona victimista culpa a los demás de sus emociones y acciones porque piensan que si muestran lo que están sufriendo, alguien les va a salvar y les dará el amor que desean. El salvador responde a esto porque realmente piensa que va a arreglar los problemas de la persona y terminar su sufrimiento, y esto les aportará el amor y la admiración deseada. Sin embargo, esto suele resultar en un fallo para cumplir las expectativas de la otra persona, culpándose mutuamente y afectando la autoestima de ambas partes. Mientras sigan buscando el valor personal en otras personas, sus necesidades nunca se van a ver satisfechas.

Nadie requiere ser salvado

¿Cómo romper el patrón víctima-salvador?

En cualquier relación es necesario que cada persona asuma la responsabilidad de uno mismo, y comience a decir: “Este es mi problema, no tienes que arreglarlo por mí. Sólo apóyame hasta que lo haga”. Estos mensajes expresan amor a uno mismo y hacia la otra persona. Para romper el patrón de salvador hay que empezar a decir “Estoy aquí, te apoyo, pero tienes que cuidar de ti mismo. Yo no lo puedo hacer por ti”. Ayudar a los demás a ayudarse a sí mismo es más efectivo que hacerlo directamente.

En este tipo de patrones, cada persona está más pendiente de la otra persona que de sí misma. Estas dinámicas se rompen cuando una o ambas personas dejan de poner tanto esfuerzo en cambiar al otro y empiezan a centrarse en su propio crecimiento personal.

Presta atención a tus relaciones, el papel que juegas en ellas, no para juzgarte pero para darte de cuenta de cuál es tu contribución. Serás más consciente de tus acciones. No necesitas rescatar a nadie, ni ser rescatado.

¿Cómo soltar el victimismo crónico?

Se puede dejar de ser victimista, ya que no deja de ser una conducta aprendida y como tal se puede “desaprender”. Aquí te damos algunos consejos, pero la consulta profesional siempre es la opción más deseada.

1. Identifica la voz crítica interna que fomenta el victimismo

Identifica la voz interna negativa que se centra en las injusticias como “Esto no es justo. No debería estar pasándome. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?”. Estos pensamientos destructivos fomentan la pasividad y desalientan las acciones que pueden cambiar la situación.

Otras voces pueden aparecer para decir que no les gustamos a otras personas o que no les importamos, que no nos tienen en cuenta. “Nunca tiene en cuenta tus emociones”, “a la gente no le importa nada”.

Todas estas afirmaciones victimistas no dejan de ser pensamientos irracionales, basados en generalizaciones, catastrofizaciones, predicciones. En consulta se abordan estos pensamientos irracionales mediante la reestructura cognitiva. 

2. Cambia tu forma de hablar

En primer lugar, desecha las palabras “justo”, “debería”, “bien”, “mal”. En una relación “debería” implica obligación. Nadie está obligado a satisfacer las necesidades de nadie y cuando usamos este término caemos en el victimismo.

Cambiando la forma de hablar podemos descubrir nuevas formas de comunicarnos, que implica que asumamos la responsabilidad de nuestras acciones y nos permite explorar alternativas.

3. Aprende a comunicarte de forma asertiva

La asertividad es una habilidad básica para todo. En lugar de caer en la pasivo-agresividad, aprende a comunicar de forma adecuada lo que quieres o necesitas. No culpabilices ni ataques a la otra persona. No exijas. Comunica cómo la conducta del otro te hace sentir, asume parte de la responsabilidad y trabajad juntos para solucionar el problema.

4. Reconoce tus emociones y exprésalas correctamente

Mucho del resentimiento y la actitud de la persona victimista viene de la incapacidad de expresar emociones como la ira o el enfado. Estas emociones son tan necesarias como las otras, ya que nos permite darnos cuenta de que hemos sufrido algún tipo de amenaza, que algo no anda bien.

En lugar de decir “me siento mal”, intenta etiquetar esa emoción. ¿Qué tipo de malestar sientes? ¿Es frustración? ¿Enfado, decepción, tristeza, humillación…? No te juzgues por la emoción que sientes, ya que ninguna emoción es errónea o equivocada. Son las formas de actuar ante esa emoción las que pueden beneficiarnos o perjudicarnos. Pero las emociones no tienen por qué determinar nuestra conducta. Esto es difícil de entender y realizar, pero si visualizamos nuestros objetivos continuamente podremos actuar en función de ellos y no de nuestra emoción.

5. Asume el control de tu vida

Actuar para cambiar las situaciones con las que uno no está contento desafía la filosofía victimista. Reflexiona cómo tu conducta ha podido influir en una determinada situación, y cómo puedes solucionarlo. Puedes pedir consejo para ello, pero evitando la queja y la búsqueda de compasión.

6. Fortalece tu postura corporal

Las personas que creen que no tienen control sobre su vida suelen tener una posición replegada sobre sí mismas. Si te mantienes erguido, como si te tiraran de un hilo, los hombros que quieren alejarse el uno del otro, será menos probable que quieras actuar de forma victimista.

¿Cómo apoyar a una persona con conducta victimista?

Para ayudar a que una persona deje de ser victimista es hacerle ver que tiene poder de decisión, genera responsabilidad en la otra persona. Para que estos consejos funcionen es importante que tu relación con la persona victimista sea de cariño y apoyo genuino.

¿Cómo apoyar a una persona con actitud de victimismo?

1. Quita las etiquetas y reflexiona sobre ti mismo

Evita la mentalidad anti-víctima. Frases como “Es una victimista, no quiero tratar con ella” o “los victimistas son agotadores”. Para lidiar con estas personas eficazmente debes dejar de lado la actitud de superioridad sobre esa persona. Ponte en una posición genuina de apoyo para que acabe con su sufrimiento y lleve a cabo acciones productivas, en lugar de terminar tu malestar de ver su victimismo. Tampoco menosprecies a las víctimas reales, ya que estas no son culpables de lo que les ha pasado y necesitan ser escuchadas.

2. Realiza una escucha activa

Escucha lo que la persona te está diciendo. No es darle la razón. Es hacerle saber que le estás escuchando “Entiendo lo que dices” y valida sus emociones “Entiendo que te sientas frustrado/triste” Aunque su hilo de pensamiento sea irracional, las emociones no se equivocan, si pienso que la gente me va a hacer daño, es normal sentirme enfadado o triste.

3. Fomenta el compromiso y la acción

No le trates como a una víctima, sino a una persona comprometida y capaz de generar una respuesta. Ante una queja victimista puedes decirle: “Debe ser una situación difícil ¿Has pensando qué hacer al respecto? ¿Quieres que hablemos sobre cómo puedes solucionarlo?

Una vez que se haya comprometido a cambiar algo vamos a intentar que actúe de forma consistente al cambio que quiere ver. Para ello podemos hacer algunas preguntas dependiendo de la situación:

  • ¿Cómo quieres ser visto en tu vida, independiente de tu situación?
  • ¿A qué te has dado por vencido? Si las circunstancias fueran distintas ¿qué te gustaría que sucediera? ¿Estás dispuesto a hacer que eso ocurra, incluso si parece injusto a veces o requiere mucho esfuerzo prolongado?
  • Aunque esta situación no cambiara, ¿cómo querrías ser a pesar de todo?

La clave es que, aunque crea que la situación es tan terrible, vamos a intentar que lo acepte y deje de quejarse y que piense qué valores quiere perseguir. Vamos a animarle a que haga algo, que no se quede inmóvil.

4. Apoya la acción

Anímale a que piense qué plan puede seguir o qué acciones llevar a cabo. Tened en mente qué objetivos tiene o qué quiere lograr, pregunta qué haría para conseguir que las cosas fueran distintas. Tomáoslo como un experimento y llevadlo a cabo.

También podéis reflexionar acerca de qué otras personas cercanas harían en esas situaciones, o cómo podría expresar determinado valor (generosidad, respeto…), o si supiera que no puede fallar qué haría.

Recuérdale que acciones aisladas puede que no tengan un efecto, pero sí la práctica continua.

5. Refuerza el logro

Habla con la persona de su plan de acción, comprueba cómo le va. No te sorprendas si no ha hecho nada, sólo recuérdale lo hablado. Felicítale por cada paso dado u obstáculo superado.

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Cuando un pensamiento se convierte en obsesión

Keren Borrás Santiago

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La preocupación obsesiva rara vez apoya. De hecho, lo que se suele lograr es elevar la ansiedad y el riesgo de agotamiento psicológico. ¿Qué se requiere para no llegar a estos extremos? ¿Cómo dejar atrás el tema para que una preocupación se convierta en una obsesión? Hay veces en las que determinadas ideas producen daños en el día a día. No podemos dejar de pensar en ciertas cosas. Les concedemos valor y presencia en la mente de manera tormentosa sin poder evitarlo, sin poder eludir ese flujo de pensamientos.

El cerebro es como una fábrica que nunca descansa y es suficiente que nos digamos “no voy a pensar en un ¨elefante rosa” para que, como bien sabemos, lo visualicemos. Entonces, ¿cómo podemos desactivar esos procesos psicológicos tan desgastantes? Existen alternativas eficaces para tranquilizar las preocupaciones patológicas.

Vivimos en una sociedad que usa la preocupación obsesiva como mecanismo de afrontamiento para toda circunstancia. Sin embargo, la alternativa no está en “preocuparse mucho”, sino en pensar de manera sana.

Alternativas para que una que un pensamiento se convierta en obsesión

Hay un proverbio sueco que dice que la preocupación tiene el poder de producir grandes sombras en objetos pequeños. Es cierto. La realidad es que tenemos derecho a preocuparnos, sin embargo, se requiere hacerlo de manera sana, es decir, orientando todo ese esfuerzo mental en solucionar aquello que nos quita la calma. Es por ello que requieres ocuparte en vez de preocuparte.

Como diría Víctor Frank, cuando nos enfrentamos a una situación adversa es responsabilidad nuestra afrontarla y transformarla. Si no es posible, el siguiente paso es aceptarla. Algo tan lógico y evidente que sólo se puede lograr mediante un enfoque tranquilo, realista y centrado. Si esto es algo que nos cuesta lo indecible conseguir se debe a varios motivos.

De acuerdo a investigaciones, como los realizados en el King’s College de Londres y la Universidad de Australia Occidental, recogen datos que apoyan la idea de que buena parte de nuestras preocupaciones se apoyan en sesgos cognitivos. Son muchas las personas que piensan que al preocuparse tienen o demuestran tener un mayor control. Si dejan de hacerlo y se relajan, temen ser sorprendidos por lo inesperado.

Es momento de cambiar esas ideas, esos sesgos. He aquí algunas alternativas para quitar una preocupación  para que no se convierta en una obsesión.

1. Comprende cómo funciona el mecanismo de la preocupación

La preocupación cumple un objetivo: elevar nuestra activación para que podamos actuar ante las amenazas que nos rodean. El fin último es actuar y para ello hay que trazar soluciones. Sin embargo, las personas en lugar de actuar o aceptar una realidad concreta, magnificamos aún más las amenazas estresantes. Lo hacemos mediante la rumia, un tipo de preocupación persistente y repetitiva que, en lugar de buscar respuestas a los problemas, se hace más preguntas. La  rumiación eleva las emociones de valencia negativa y el malestar. De ese modo, vamos cayendo cada vez más en los laberintos de la ansiedad.

Para impedir que una preocupación se convierta en obsesión, debemos tener presente que al alimentar la rumiación, nos mantendremos más estancados y sin posibilidades de resolver el problema. La preocupación, la rumia y la obsesión son el resultado de un circuito de retroalimentación cerebral orquestado entre la amígdala y la corteza prefrontal.

2. Acepta el pensamiento obsesivo, sin embargo, deja de seguir el juego

Debemos tenerlo claro, de poco nos van a servir frases como “ya no voy a pensar en esto” o “esta va a ser la última vez que me pare a pensar en aquello”. Porque la mente vuelve a pensar en lo mismo.  Los pensamientos son automáticos y requieres comenzar a fortalecer pensamientos que nutran.

De este modo, lo más adecuado es dejarlos, aceptar que están ahí. Investigadores de la Universidad de Hamburgo indican en un estudio, que debemos ver esos pensamientos obsesivos como fenómenos mentales que van y vienen. Son como el flujo de un río que corre. Lo más importante es no darles importancia ni reforzarlos. Si están ahí, dejemos que tal y como lleguen se vayan.

3. No te juzgues, sé compasivo contigo mismo

El diálogo interno de manera negativa,  que juzga y que nos critica es como el motor que alimenta la fábrica de la preocupación. No es lo adecuado. Si deseamos evitar que una preocupación se convierta en una obsesión seamos amables y compasivos con nosotros mismos. Hemos pasado por mucho en esta vida, no hay duda. Confiemos en nuestra experiencia para abordar los retos que nos vienen.  En lugar de preocuparnos, ocupémonos de lo que nos inquieta emprendiendo cambios, pensando en nuevas fórmulas para resolver problemas.

4. Haz cambios en tu rutina y que vayan en contra de tu obsesión

Si temes perder el trabajo, empieza a buscar nuevas opciones laborales. Si te preocupa lo que pueda traerte el futuro, céntrate en iniciar cosas nuevas en el presente. Hacer nuevos amigos, iniciar cursos, aprender algo distinto. Todo ello es positivo. Los pequeños cambios cotidianos son nuevos estímulos para la mente, de ese modo logramos apartarla del foco de obsesión y preocupación.

5. Sal de tu universo obsesivo y expresa lo que sientes

Salir de tu mente para sumergirte en tu vida. ¿Cómo se consigue algo así? Hay puentes que conectan un escenario y otro que pueden ser realmente catárticos. El arte en todas sus formas y dimensiones resulta un mecanismo idóneo para evitar que una preocupación se convierta en obsesión. Pintar, dibujar, esculpir, tejer, coser, componer, escribir, terapia.  Hay múltiples posibilidades capaces de apoyarnos a apaciguar la mente, a permitir que vaya más allá de su laberinto de preocupación para apreciar la vida. Cada persona debe encontrar su medio, su lienzo personal.

No nos olvidemos tampoco de compartir tiempo con personas que sepan escuchar. Hablar de lo que nos ocupa y dejar fuera lo que atenaza dentro, también es necesario y saludable.  Deja de vivir en aislado en soledad mental donde sólo crece la angustia y conecta con lo que te rodea de manera activa y comenzar a confiar.

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Guerra de las plataformas o de cuando el entretenimiento se vuelve privilegio

César Benítez

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Ansiedad netflíxtica: dícese del estado emocional producida por la dificultad para decidir entre una oferta variada de entretenimiento audiovisual. Sin duda alguna más de uno hemos experimentado esta sensación cuando llega el momento del día de descansar y nos conectamos a alguna de las diversas plataformas de contenido digital que tengamos contratada, y empezamos a “navegar” por bastante tiempo, algunas personas hasta por horas, antes de decidir qué película, serie o documental ver. Dicha condición suele verse incrementada cuando se tiene dos o más plataformas de entretenimiento digital.

El fenómeno descrito con anterioridad es relativamente nuevo y forma parte de lo que se le llama, “la guerra de las plataformas”, y es parte de las nuevas dinámicas del entretenimiento que mucha gente ha comenzado a adaptar a su vida cotidiana como parte de las estrategias del entretenimiento contemporáneo. Sin embargo, dicha situación es sólo una arista de las múltiples que podemos notar ante estas nuevas tendencias. El factor económico también se ha visto afectado directamente desde que las compañías, empresas y estudios cinematográficos comenzaron a desarrollar sus plataformas digitales exclusivas, es decir, aquellas en las cuales únicamente se distribuye contenido producido por cada una de ellas, obligando con esto, a que los usuarios tengan que suscribirse a más de una plataforma para poder acceder a contenidos variados lo cual implica gastos adicionales. A lo anterior hay que aunarle los cobros adicionales que algunas plataformas solicitan cuando se trata de películas de estreno o eventos exclusivos.

Para muchas personas, el entretenimiento se ha convertido realmente en un servicio de “lujo” cuyos costos pueden llegar a elevarse de manera significativa, el cual no se hubiera imaginado tener que pagar cuando anteriormente podía acceder a series y películas a través de un único sistema de “cable” o de servicio satelital.  Entre las plataformas más importantes, y de mayor demanda de contratación, tenemos: “Netflix”, “Prime” (de Amazone), “HBO plus”, “Disney +” y su filial “Star +”, “Apple TV+”, “Blim”, entre otras llegando a pagar, al mes, hasta $695 pesos contratado la versión estándar de, por lo menos, 5 plataformas.

Es evidente que no cualquier persona puede contratar tantos servicios. Además, por razones de los tiempos laborales, no cualquiera dispone de tiempo suficiente para disfrutar todos los contenidos que se ofrecen en los diferentes catálogos, lo que lleva a cuestionar a más de un usuario si es justificado o necesario continuar pagando por un producto que no está disfrutando o utilizando.

Otra situación que se ignora o pasa desapercibido en este tema, es la de los equipos o aparatos en los cuales se reproduce las plataformas, pues en aquellos aparatos “obsoletos” no es posible ni descargar siquiera la aplicación. Lo anterior “obliga” a muchos usuarios a tener que hacer otro gasto, ya sea comprando un equipo mas actualizado o adquiriendo algún dispositivo adicional con el cual puedan reconfigurar su televisor de plasma y convertirlo en un televisor “inteligente”. También hay que considerar que se requiere de un buen servicio de internet para reproducir con buena calidad las diferentes series y películas, por lo tanto, se necesita “invertir” en un buen servicio de internet para cumplir con dichos requisitos. No olvidemos que aún hay algunos grupos de personas que no utilizan tarjetas de crédito bancarias ni de nómina, por lo tanto, tampoco tendrán “con qué” pagar para que se realicen los cobros de sus mensualidades.

Como se puede observar, realmente, el entretenimiento se ha convertido en un privilegio, en algo que no toda la gente podría o estaría dispuesta a pagar tomando en cuenta las necesidades y prioridades que existen antes que la de suscribirse a alguna plataforma. Para muchas otras personas, contratar un servicio de streaming no es opción viable, no cuentan con la tecnología ni la capacidad económica para solventar ese gasto mes con mes, por ello solamente tiene la opción de seguir consumiendo lo que la televisión abierta produce.

Nuestra realidad y sistema consumista han convertido al entretenimiento en otro falso elemento de estatus, en un elemento que continúa acentuando las diferencias entre las clases sociales que convierte el tiempo lúdico y el esparcimiento como un privilegio destinado casi exclusivamente para aquellos que puedan pagarlo generando, además, un sesgo cultural entre las personas, pues sin tener acceso a alguna de ellas, no es posible interactuar en el grupo social que habla de la película y/o la serie del momento.

A manera de reflexión final, la intensificación comercial del entretenimiento deriva en que muchas personas opten por recurrir a la piratería digital, viendo o descargando películas o series desde paginas no oficiales, lo cual es ilegal en muchos aspectos, sin embargo, ello no se detendrá mientras las empresas sigan lucrando y siendo selectivas en cuanto al publico al cual va dirigido su producto.

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Estilo de vida

Conservar el ambiente para las generaciones futuras

Carlos E. Gómez Sosa

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“El hombre es un lobo para el hombre y
para el mundo que le rodea, ha secado la tierra
y ha transformado el clima en un mundo
donde reina la ambición y la codicia”.
Chilam Balam de Chumayel

Los recursos naturales son fundamentales para la vida, aunque algunos de estos sean cada vez más escasos debido al creciente deterioro mundial del medio ambiente, ocasionando que en algunos países de Asia Central y África, así como en Australia y México se estén presentando serios problemas relacionados con el calentamiento global.

A causa de esta situación diversas organizaciones han planteado tomar medidas más eficaces para atender esta problemática, que a pesar de los esfuerzos realizados por crear campañas para impulsar el uso consciente de los recursos, no ha sido posible puesto que resulta evidente la indiferencia existente entre algunos sectores de la  sociedad y gobiernos.

Actualmente uno de los recursos que cada vez tendrá más serios problemas para su uso, es el agua.  Y que mientras  unos carecen de este vital líquido y/o tienen que pagar una alta suma de dinero por ella, quienes la poseen en abundancia lamentablemente no tienen una cultura sobre el cuidado del agua, sin darle un uso adecuado que reduzca su desperdicio.

 En este sentido, aunque el agua es uno de los recursos de importancia para la vida, de poco sirve la realización acciones que contribuyan a su cuidado si continúan acciones inapropiadas para la protección de nuestro ambiente. El futuro podría llegar a ser totalmente desolador, ya que dentro de veinte años, la reserva mundial disponible por habitante será tres veces menor a la que tenía en 1950.  De acuerdo con la Dirección Estatal de la Comisión Nacional del Agua, entre 1950 y el año 2000, la disponibilidad de agua se redujo de 2,640 a 758 metros cúbicos por habitante, lo que representa una disminución del 72 por ciento, pero lo más grave es que las proyecciones para este 2021 son que descenderá aún mas hasta llegar a 598 metros cúbicos por persona, por lo tanto, no hay que esperar presenciar situaciones desagradables, sino que hoy es inevitable poner en práctica acciones que permitan conservar nuestro ambiente natural para preservar el recurso para las futuras generaciones.

El Programa de Mediano Plazo, “Yucatán Verde y Sustentable,” del Gobierno del estado de Yucatán 2018-2024, señala que la riqueza biológica de Yucatán está constituida por la variedad y variabilidad genética de flora, fauna y microorganismos. Estos son necesarios para sostener las funciones clave de los ecosistemas. De este modo, en Yucatán el 63% de la flora es considerada útil para la apicultura, y el 30% tiene un uso medicinal. En este mismo sentido, existen en el estado 95 especies de flora que son consideradas endémicas, de las cuales 14 de ellas se distribuyen estrictamente dentro los límites de la entidad. Asimismo, 32 de estas especies (frutales, granos y semillas, raíces y tubérculos, vegetales) representan la base de recursos nativos esenciales para la alimentación de las comunidades.

Por lo anterior, don el paso de los años la conservación del agua y los recursos naturales va tomando mayor relevancia. Esto se debe a que este recurso es primordial para conservación de los ecosistemas y la biodiversidad con la que cuenta el estado.

Algunas organizaciones consideraron que “el modelo de desarrollo económico y las valores del sistema de relaciones de mercado, son las principales causas que ocasionan el cambio climático en el mundo y en la moral de la humanidad, hoy profundamente afectados…La cultura de mercado y visión del mundo occidental no le dan importancia a la vida humana y menos a la del planeta, que es casa de todas las especies para priorizar el individualismo materialista”. Subrayan que la agricultura industrial es la causa principal, directa o indirectamente, de los cambios en la naturaleza, por contaminación y excesos de extracción de agua en el subsuelo”.

Algunas otras organizaciones sostienen que la vida campesina es indispensable para la humanidad, pues su forma de producir y de conservación en el consumo de alimentos es sustentable y enfría el planeta, por lo que es el modelo de producción que se necesita, no sólo para acabar con el hambre en el mundo, sino para recuperar la estabilidad del medio ambiente.

Por lo anterior, resulta vital promover la cultura de respeto y conservación del agua, el mejoramiento de los suelos y la producción de alimentos en huertos y patios familiares para el auto-abastecimiento, de acuerdo a la posible recuperación de formas tradicionales de alimentación. Igualmente es importante recolectar y aprovechar el agua de lluvias para el abastecimiento y consumo doméstico, y desde luego socializar las tecnologías para el uso de energías renovables en todas sus manifestaciones, como son la solar, eolítica, micro-hidráulica, biomasa, etc. Quizás por esta vía podamos salvar el ambiente para las generaciones futuras.

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