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Estilo de vida

Ropa de segunda mano cobra auge entre los jóvenes

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Los millennials están cambiando las reglas convencionales de la moda. Esta generación no está tan interesada en los estándares comunes de belleza ni en portar ostentosas marcas, sino que para ellos lo “trendy” es la comodidad y hacerle el menor daño posible al medio ambiente. Por este motivo, la ropa de segunda mano está teniendo tanto auge en la calurosa ciudad de Mérida.

Varios bazares en la ciudad promueven actualmente esta nueva forma de vestir y ahorrar dinero. Entre ellos, el Hula Hula Ropavejeros nos ofrece la opción de poder interactuar de diversas maneras, pues al tiempo que brinda espacios para que expositores puedan vender ropa usada y darle a ésta una segunda oportunidad de vida, se puede disfrutar de un momento agradable acompañado de música y algunos bocadillos. Un lugar lleno de inventiva amigable con el medio ambiente y que fortalece el tejido social entre los jóvenes que acuden a él.

En Internet se pueden encontrar algunas cuentas de Instagram y Facebook que venden prendas a precios muy accesibles, como Roparte segunda vida y Who is Kahlo; y también hay grupos en Facebook que promueven el intercambio de mudas de vestir pagando con otro tipo de objetos, como el grupo Trueque Zero Waste México.

Aunque los millennials tienen una forma muy diferente de pensar a la de las anteriores generaciones, la idea de empezar haciendo pequeñas modificaciones es un gran paso hacia la meta de construir un mundo más saludable.

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Estilo de vida

Cuando las personas hablan de lo mucho que trabajan

Keren Borrás Santiago

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¿Qué hacer con personas que constantemente hablan de lo mucho trabaja? Todos conocemos a varias personas que hablan con frecuencia de lo mucho que trabaja. Ahora, ¿qué decirles? Si esa persona somos nosotros, ¿cómo puede este hábito condicionar nuestras relaciones?

Dentro de los discursos de auto ensalzamiento, muy positivos en momentos determinados para la autoestima, destacan los de aquellas personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan. Parecen vivir por y para el sacrificio.

Es natural que en el discurso se cuelen nuestras preocupaciones y el trabajo suele ser un contexto proclive a generarlas. Sin embargo, más allá de algo que podamos compartir con otras personas, pocas veces lo que hacemos en el trabajo es de interés para otros.

Si antes de llegar a casa, en la última conversación del día, otra amiga te habla de la responsabilidad tan grande que tiene y de lo difícil que es cumplir con las responsabilidades asociadas a su puesto, es normal que sientas que la información que está compartiendo te aburre. De manera especial, cuando habla de lo mucho que trabajan como una muestra de virtud y sacrificio.

Una necesidad de comunicación e información

Normalmente, como apuntábamos, las preocupaciones suelen encontrar huecos en nuestro discurso de la misma forma que los suelen encontrar en nuestro diálogo interno.Las personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan tienen, por norma, tres motivaciones: comentar con otros lo que no se atreven a decir a sus superiores, validar con los demás sus emociones frente a lo que ocurre u obtener información, Hy hablar con los demás ante el miedo de hablar con un jefe.

Normalmente, las motivaciones de nuestros quehaceres siguen el curso de un rio sencillo. Si alguien no para de hablar de lo mucho que trabaja, mostrándose preocupado por su situación, quizás sea porque en realidad necesita hablar con su jefe. Si ya lo han hecho, quizás necesite hablar con un sindicato para revisar sus condiciones laborales. Asímismo, esta persona puede estar pidiendo ayuda frente a una serie de demandas que no se ve capaz de cubrir de manera autónoma con los recursos de los que dispone. Puede que en estos casos se requiere hablar con un profesional.

Un medio de validación ante los demás

El trabajo es una de las vías que utilizamos con más frecuencia para validar nuestras capacidades. En la medida en que una persona esté más o menos condicionada por la sociedad y por su educación, el trabajo habla de la persona como ser productivo, aunque lo productivo no sea útil ni para ti ni para nadie.

Se equipará el hacer, con el ser y valer. El trabajo proyecta en el escenario social una imagen mejor de nosotros. Cuanto mejor salario tengas y más merecido esté, serás más respetado.

Por ello, personas que tienen la opinión de los demás muy en cuenta y que han asimilado completamente, sin matices, el modelo de meritocracia; creen que decir que trabajan mucho les valida ante la sociedad.

La necesidad de compararse con los demás

A veces realizamos una actividad laboral y no sabemos si la empresa cumple los convenios laborales, el derecho a vacaciones u otras cuestiones que a todo trabajador incumbe. Debido a ello, muchas personas buscan la información que les falta en la comparación con los demás. Aunque la jornada laboral sea de ocho horas, quedan muchos cabos sueltos por resolver desde la perspectiva de un trabajador si las cosas no se tienen claras.

Por otra parte, es posible que la necesidad de estar constantemente comunicando que haría las cosas de manera distinta a como lo hacen los demás.  Es una manera de sentirse importante, aunque en el fondo sabe que es una manera para quitar las frustraciones escondidas.

Cuando más que comunicarse, tienen la necesidad de agitar su ego

En no pocas ocasiones, hay personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan no como una forma de validarse, sino de intentar mostrar una especie de superioridad social. En este sentido, estamos en todo nuestro derecho de redirigir su discurso o de explicitar nuestra hipótesis sobre lo que está sucediendo. Pensemos que el otro o nosotros, puede hacerlo sin ser consciente de su motivación.

Para concluir, una persona que constantemente dice lo mucho que trabaja puede llegar a ser tan molesta como aquella que fija el discurso de manera constante en sus logros y posesiones. Cargar de esta manera los diálogos suele debilitar los vínculos, ya que es muy difícil que el yo receptor encuentre un espacio en ese diálogo.

Por tanto, si te encuentras realmente saturado por este tipo de conversaciones, es la hora de comenzar a reconducirlas, cambiarlas o expresar a la otra persona, de forma directa y lo más asertivamente posible. Cuando es el momento de “tiempo libre”, lo más sano es sano desconectar tanto de las obligaciones laborales de los demás como de las del día a día.

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Cuando un pensamiento se convierte en obsesión

Keren Borrás Santiago

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La preocupación obsesiva rara vez apoya. De hecho, lo que se suele lograr es elevar la ansiedad y el riesgo de agotamiento psicológico. ¿Qué se requiere para no llegar a estos extremos? ¿Cómo dejar atrás el tema para que una preocupación se convierta en una obsesión? Hay veces en las que determinadas ideas producen daños en el día a día. No podemos dejar de pensar en ciertas cosas. Les concedemos valor y presencia en la mente de manera tormentosa sin poder evitarlo, sin poder eludir ese flujo de pensamientos.

El cerebro es como una fábrica que nunca descansa y es suficiente que nos digamos “no voy a pensar en un ¨elefante rosa” para que, como bien sabemos, lo visualicemos. Entonces, ¿cómo podemos desactivar esos procesos psicológicos tan desgastantes? Existen alternativas eficaces para tranquilizar las preocupaciones patológicas.

Vivimos en una sociedad que usa la preocupación obsesiva como mecanismo de afrontamiento para toda circunstancia. Sin embargo, la alternativa no está en “preocuparse mucho”, sino en pensar de manera sana.

Alternativas para que una que un pensamiento se convierta en obsesión

Hay un proverbio sueco que dice que la preocupación tiene el poder de producir grandes sombras en objetos pequeños. Es cierto. La realidad es que tenemos derecho a preocuparnos, sin embargo, se requiere hacerlo de manera sana, es decir, orientando todo ese esfuerzo mental en solucionar aquello que nos quita la calma. Es por ello que requieres ocuparte en vez de preocuparte.

Como diría Víctor Frank, cuando nos enfrentamos a una situación adversa es responsabilidad nuestra afrontarla y transformarla. Si no es posible, el siguiente paso es aceptarla. Algo tan lógico y evidente que sólo se puede lograr mediante un enfoque tranquilo, realista y centrado. Si esto es algo que nos cuesta lo indecible conseguir se debe a varios motivos.

De acuerdo a investigaciones, como los realizados en el King’s College de Londres y la Universidad de Australia Occidental, recogen datos que apoyan la idea de que buena parte de nuestras preocupaciones se apoyan en sesgos cognitivos. Son muchas las personas que piensan que al preocuparse tienen o demuestran tener un mayor control. Si dejan de hacerlo y se relajan, temen ser sorprendidos por lo inesperado.

Es momento de cambiar esas ideas, esos sesgos. He aquí algunas alternativas para quitar una preocupación  para que no se convierta en una obsesión.

1. Comprende cómo funciona el mecanismo de la preocupación

La preocupación cumple un objetivo: elevar nuestra activación para que podamos actuar ante las amenazas que nos rodean. El fin último es actuar y para ello hay que trazar soluciones. Sin embargo, las personas en lugar de actuar o aceptar una realidad concreta, magnificamos aún más las amenazas estresantes. Lo hacemos mediante la rumia, un tipo de preocupación persistente y repetitiva que, en lugar de buscar respuestas a los problemas, se hace más preguntas. La  rumiación eleva las emociones de valencia negativa y el malestar. De ese modo, vamos cayendo cada vez más en los laberintos de la ansiedad.

Para impedir que una preocupación se convierta en obsesión, debemos tener presente que al alimentar la rumiación, nos mantendremos más estancados y sin posibilidades de resolver el problema. La preocupación, la rumia y la obsesión son el resultado de un circuito de retroalimentación cerebral orquestado entre la amígdala y la corteza prefrontal.

2. Acepta el pensamiento obsesivo, sin embargo, deja de seguir el juego

Debemos tenerlo claro, de poco nos van a servir frases como “ya no voy a pensar en esto” o “esta va a ser la última vez que me pare a pensar en aquello”. Porque la mente vuelve a pensar en lo mismo.  Los pensamientos son automáticos y requieres comenzar a fortalecer pensamientos que nutran.

De este modo, lo más adecuado es dejarlos, aceptar que están ahí. Investigadores de la Universidad de Hamburgo indican en un estudio, que debemos ver esos pensamientos obsesivos como fenómenos mentales que van y vienen. Son como el flujo de un río que corre. Lo más importante es no darles importancia ni reforzarlos. Si están ahí, dejemos que tal y como lleguen se vayan.

3. No te juzgues, sé compasivo contigo mismo

El diálogo interno de manera negativa,  que juzga y que nos critica es como el motor que alimenta la fábrica de la preocupación. No es lo adecuado. Si deseamos evitar que una preocupación se convierta en una obsesión seamos amables y compasivos con nosotros mismos. Hemos pasado por mucho en esta vida, no hay duda. Confiemos en nuestra experiencia para abordar los retos que nos vienen.  En lugar de preocuparnos, ocupémonos de lo que nos inquieta emprendiendo cambios, pensando en nuevas fórmulas para resolver problemas.

4. Haz cambios en tu rutina y que vayan en contra de tu obsesión

Si temes perder el trabajo, empieza a buscar nuevas opciones laborales. Si te preocupa lo que pueda traerte el futuro, céntrate en iniciar cosas nuevas en el presente. Hacer nuevos amigos, iniciar cursos, aprender algo distinto. Todo ello es positivo. Los pequeños cambios cotidianos son nuevos estímulos para la mente, de ese modo logramos apartarla del foco de obsesión y preocupación.

5. Sal de tu universo obsesivo y expresa lo que sientes

Salir de tu mente para sumergirte en tu vida. ¿Cómo se consigue algo así? Hay puentes que conectan un escenario y otro que pueden ser realmente catárticos. El arte en todas sus formas y dimensiones resulta un mecanismo idóneo para evitar que una preocupación se convierta en obsesión. Pintar, dibujar, esculpir, tejer, coser, componer, escribir, terapia.  Hay múltiples posibilidades capaces de apoyarnos a apaciguar la mente, a permitir que vaya más allá de su laberinto de preocupación para apreciar la vida. Cada persona debe encontrar su medio, su lienzo personal.

No nos olvidemos tampoco de compartir tiempo con personas que sepan escuchar. Hablar de lo que nos ocupa y dejar fuera lo que atenaza dentro, también es necesario y saludable.  Deja de vivir en aislado en soledad mental donde sólo crece la angustia y conecta con lo que te rodea de manera activa y comenzar a confiar.

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Guerra de las plataformas o de cuando el entretenimiento se vuelve privilegio

César Benítez

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Ansiedad netflíxtica: dícese del estado emocional producida por la dificultad para decidir entre una oferta variada de entretenimiento audiovisual. Sin duda alguna más de uno hemos experimentado esta sensación cuando llega el momento del día de descansar y nos conectamos a alguna de las diversas plataformas de contenido digital que tengamos contratada, y empezamos a “navegar” por bastante tiempo, algunas personas hasta por horas, antes de decidir qué película, serie o documental ver. Dicha condición suele verse incrementada cuando se tiene dos o más plataformas de entretenimiento digital.

El fenómeno descrito con anterioridad es relativamente nuevo y forma parte de lo que se le llama, “la guerra de las plataformas”, y es parte de las nuevas dinámicas del entretenimiento que mucha gente ha comenzado a adaptar a su vida cotidiana como parte de las estrategias del entretenimiento contemporáneo. Sin embargo, dicha situación es sólo una arista de las múltiples que podemos notar ante estas nuevas tendencias. El factor económico también se ha visto afectado directamente desde que las compañías, empresas y estudios cinematográficos comenzaron a desarrollar sus plataformas digitales exclusivas, es decir, aquellas en las cuales únicamente se distribuye contenido producido por cada una de ellas, obligando con esto, a que los usuarios tengan que suscribirse a más de una plataforma para poder acceder a contenidos variados lo cual implica gastos adicionales. A lo anterior hay que aunarle los cobros adicionales que algunas plataformas solicitan cuando se trata de películas de estreno o eventos exclusivos.

Para muchas personas, el entretenimiento se ha convertido realmente en un servicio de “lujo” cuyos costos pueden llegar a elevarse de manera significativa, el cual no se hubiera imaginado tener que pagar cuando anteriormente podía acceder a series y películas a través de un único sistema de “cable” o de servicio satelital.  Entre las plataformas más importantes, y de mayor demanda de contratación, tenemos: “Netflix”, “Prime” (de Amazone), “HBO plus”, “Disney +” y su filial “Star +”, “Apple TV+”, “Blim”, entre otras llegando a pagar, al mes, hasta $695 pesos contratado la versión estándar de, por lo menos, 5 plataformas.

Es evidente que no cualquier persona puede contratar tantos servicios. Además, por razones de los tiempos laborales, no cualquiera dispone de tiempo suficiente para disfrutar todos los contenidos que se ofrecen en los diferentes catálogos, lo que lleva a cuestionar a más de un usuario si es justificado o necesario continuar pagando por un producto que no está disfrutando o utilizando.

Otra situación que se ignora o pasa desapercibido en este tema, es la de los equipos o aparatos en los cuales se reproduce las plataformas, pues en aquellos aparatos “obsoletos” no es posible ni descargar siquiera la aplicación. Lo anterior “obliga” a muchos usuarios a tener que hacer otro gasto, ya sea comprando un equipo mas actualizado o adquiriendo algún dispositivo adicional con el cual puedan reconfigurar su televisor de plasma y convertirlo en un televisor “inteligente”. También hay que considerar que se requiere de un buen servicio de internet para reproducir con buena calidad las diferentes series y películas, por lo tanto, se necesita “invertir” en un buen servicio de internet para cumplir con dichos requisitos. No olvidemos que aún hay algunos grupos de personas que no utilizan tarjetas de crédito bancarias ni de nómina, por lo tanto, tampoco tendrán “con qué” pagar para que se realicen los cobros de sus mensualidades.

Como se puede observar, realmente, el entretenimiento se ha convertido en un privilegio, en algo que no toda la gente podría o estaría dispuesta a pagar tomando en cuenta las necesidades y prioridades que existen antes que la de suscribirse a alguna plataforma. Para muchas otras personas, contratar un servicio de streaming no es opción viable, no cuentan con la tecnología ni la capacidad económica para solventar ese gasto mes con mes, por ello solamente tiene la opción de seguir consumiendo lo que la televisión abierta produce.

Nuestra realidad y sistema consumista han convertido al entretenimiento en otro falso elemento de estatus, en un elemento que continúa acentuando las diferencias entre las clases sociales que convierte el tiempo lúdico y el esparcimiento como un privilegio destinado casi exclusivamente para aquellos que puedan pagarlo generando, además, un sesgo cultural entre las personas, pues sin tener acceso a alguna de ellas, no es posible interactuar en el grupo social que habla de la película y/o la serie del momento.

A manera de reflexión final, la intensificación comercial del entretenimiento deriva en que muchas personas opten por recurrir a la piratería digital, viendo o descargando películas o series desde paginas no oficiales, lo cual es ilegal en muchos aspectos, sin embargo, ello no se detendrá mientras las empresas sigan lucrando y siendo selectivas en cuanto al publico al cual va dirigido su producto.

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