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Madre América: Bolivia

Verdad y peros sobre los sucesos en Bolivia

Héctor Hernández Pardo

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Los lamentables sucesos que vienen ocurriendo en Bolivia merecen una reflexión. Evo Morales, primer presidente indígena de esa nación, desarrolló una política económica que colocó a ese país de entre los más pobres de América Latina, al más pujante económicamente, con un crecimiento del producto interno bruto de más de 40 mil millones de dólares, lo cual supera, proporcionalmente, a las más prósperas economías de Nuestra América

Nacionalizó las principales riquezas mineras boliviana, hasta entonces en manos extranjeras, y las puso a producir para favorecer el desarrollo del país. Subió el salario mínimo en un 127 %.  Incrementó las reservas internacionales de la nación en un 782 %. Las exportaciones logró multiplicarlas: de 2 mil millones a 30 mil millones de dólares en una década. Redujo la pobreza en un 32 % y cerca de un millón y medio de campesinos recibieron titulación de tierras.

La población indígena, que constituye la mayoría en Bolivia,  tradicionalmente marginada y explotada, por primera vez tuvo oportunidad de participar con sus organizaciones en las decisiones fundamentales del gobierno. Pero además, como sector más pobre, representó la prioridad de las políticas sociales, junto con los mineros y trabajadores manuales y del campo.

Nunca antes fueron tan visibles los logros en el sector educacional y en la salud. El 33 % de la población (especialmente ancianos, mujeres, embarazadas y estudiantes)  se vio beneficiada con bonos  entregados por el Gobierno. La honradez del gobierno de Evo Morales constituía un ejemplo en el continente.

Pero, y aquí viene el primer pero, las oligarquías nacionales, siempre racistas y defensoras de sus intereses, veían con desagrado que la silla presidencial la ocupara un indígena y, sobre todo, que su Gobierno trabajará en función de los históricamente desposeídos y que las riquezas tuvieran una distribución equitativa. Las oligarquías no piensan en función del pueblo, sino en función de sus bolsillos y privilegios. Estos grupos, bajo ropaje religioso muchas veces, engañaron a parte de la población e introdujeron el odio y el racismo en sus movilizaciones con Evo.

Por lo demás, hay otro pero, y muy importante éste. Estados Unidos no quiere en Nuestra América Gobiernos progresistas que le impidan desarrollar sus estrategias de dominación imperial en América Latina y el Caribe. Evo, si bien no venía edificando un régimen socialista, sin embargo estaba impulsando un proceso democrático y nacionalista, con prioridad en la justicia social. Y se declaró públicamente antiimperialista, lo cual se reflejaba en todas las tribunas internacionales y en sus posiciones contrarias al hegemonismo norteamericano y a favor de la integración Latinoamérica y caribeña.

Evo y su Gobierno estaban, desde hace tiempo, en el punto rojo del colimador de la ofensiva estadounidense en Nuestra América, con todos sus recursos de propaganda y planes de inteligencia. Y ambos, la oligarquía nacional y el imperialismo norteamericano conspiraron y diseñaron la estrategia para derribar al presidente constitucional y al gobierno constitucional de Bolivia.

Evo ganó las elecciones por más de diez puntos. Se reconoce que tiene un 50 % de la aprobación del pueblo. Hasta una comisión de la Organización de Estados Americanos (OEA) dictaminó que Evo había sido ganador en las elecciones en estas últimas elecciones de octubre. Pero, y aquí hay otro pero propio de ese Ministerio de Colonias, que también sugirió realizar una segunda vuelta en dicho proceso electoral, sobre la base de insignificantes apreciaciones técnicas en el 0.2 % de los colegios electorales.

Con la generosidad que le caracteriza, y la confianza en su pueblo, Evo accedió a realizar esa segunda vuelta, a pesar de que el dictamen de la OEA le reconocía como ganador y en momento alguno registro fraude alguno.

Pero, y aquí un pero más: los grupos violentos de la oposición, liderados por ricachones de la oligarquía, que habían solicitado esa segunda vuelta, ahora se retractaron y pidieron más: la dimisión de Evo y de su Gobierno, y continuaron con sus acciones criminales contra dirigentes y familias cercanas al Partido de Morales.

Aquí entonces aparece lo que tristemente es historia en muchos países de Nuestra América. El generalato de las Fuerzas Armadas –gente formada en academias militares de Estados Unidos- piden la renuncia de Evo y de su Gobierno. Con el previo apoyo de los mandos policíacos, que desde el primer momento se replegaron a sus cuarteles permitiendo los desmanes y crímenes de los grupos violentos de la oposición.

De esta manera se tejió y se fraguó este Golpe de Estado, que mucho nos recuerda el derrocamiento del presidente Allende en Chile, otro símbolo de la lucha por la democracia y la justicia social en Nuestra América.

Evo tiene suficiente respaldo de las masas más pobres de Bolivia, pero que no tienen armas. Y, además, Evo es un verdadero demócrata, un hombre que siempre luchó por la paz y el progreso de su gente, que jamás utilizó la fuerza, salvo las que emanan de sus ideas. Y le duele el derramamiento de sangre entre hermanos, como ha dicho varias veces.  Por eso renunció.

La OEA no ha dicho absolutamente nada sobre este Golpe de Estado. Como tampoco ha dicho absolutamente nada sobre las masacres de las fuerzas represivas en Chile contra el pueblo protestando en las calles desde hace más de 20 días, con decenas de muertos y heridos de la población civil.

La participación de las partes en este Golpe de Estado es clara: la oligarquía boliviana en complicidad con Estados Unidos, que venía desde hace tiempo trabajando contra Evo Morales y su Gobierno; sus títeres de los mandos militares…y la sombrilla de la desprestigiada Organización de Estados Americanos.

En total violación y desconocimiento de la Constitución, se ha producido se ha autoproclamado Presidente una Senadora de la oposición. Pero las imágenes que nos llegan de la Paz y otros lugares de Bolivia no indican control alguno de la situación. Millares de personas, sobre todo indígenas, ocupan las calles para protestar contra el golpe de Estado. Mientras, Evo Morales, coherente con sus ideas humanistas y de paz, ha llamado al diálogo y a la concordia “para que no se sigan matando hermanos”.

¿Cómo terminará este proceso? nadie puede saberlo en las actuales condiciones que está Bolivia. De lo que no hay duda es en las enseñanzas de la Historia. Y las lecciones de ésta indican que la última palabra siempre la tendrá el pueblo. Por lo que es seguro que más temprano que tarde, el pueblo boliviano le pasará la cuenta a los culpables, hará justicia y transformará la noche oscura de este triste acontecimiento en día luminoso y feliz, como siempre lo quiso, y para lo cual trabajó, el presidente Evo Morales. 

Madre América: Bolivia

Con las venas abiertas en Bolivia

Malcom Maceo

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El panorama político y social de Bolivia después de los trágicos acontecimientos del fin de semana, que precipitaron la renuncia de su presidente Evo Morales es hasta hoy complejo y sobre todo incierto. Los resultados de las elecciones del pasado 20 octubre fueron el detonante para escribir la crónica de una muerte anunciada, para el más sólido y exitoso de los procesos progresistas y populares de la región. No puede en ningún análisis de lo que allí ocurre evitar destacar los intereses geopolíticos externos y la nefasta postura de una oposición racista y resentida que convergen en la situación que hoy impera en el país andino. De un parte las riquezas bolivianas, en especial sus valiosas reservas de litio el llamado “oro blanco,” concentradas en el Salar de Uyuni, y estimadas como las más grandes del planeta, son el interés real de los sectores foráneos y de las transnacionales que han apoyado el derrocamiento de Morales. Por otro lado, las oligarquías locales concentradas en la denominada media luna-que no perdieron sus fortunas durante estos años del gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS)- se envalentonaron ante el apoyo de las fuerzas armadas, de la policía, pero también tras las cuestionables decisiones de Evo de implicar a la desprestigiada Organización de Estados Americanos, (OEA) y luego ceder tras las primeras presiones que le vinieron de múltiples instituciones y actores del país. El resultado de esa convergencia de intereses de la derecha externa y la boliviana, a lo que se añade la evidente incapacidad de respuesta del gobierno depuesto para una situación golpista condujeron a la situación actual.

En los sucesos del fin de semana en Bolivia, se han repetido muchos elementos para nada novedosos en la historia antigua y reciente de América Latina. En especial la patria del mandatario aimara tiene una larga tradición de golpes de estado, por tanto, la idea de ser intocable o inmune frente al golpismo contienen cierta ingenuidad política. Para sólo citar tres ejemplos, donde la falta de estrategias defensivas precipitó la acelerada caída de gobiernos de base popular, recordemos el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, puesto en condiciones denigrantes en un avión y expulsado de su país, o el cuartelazo que acabó con la vida de Salvador Allende en Chile en 1973; aunque este último, a diferencia del primero, prefirió inmolarse antes de vivir como víctima de un golpe para el cual no se salvaguardó y menos aún preparó a sus simpatizantes.

¿Dónde estaban los ponchos rojos, y los miles de seguidores de Evo que hoy han salido a las calles durante el día domingo 10 de noviembre? ¿Cómo una turba opositora enardecida por el odio y deseosa de una guerra de razas logró entrar al Palacio Quemado sin encontrar a su paso a ese 47% que votó por la fórmula Morales-Linera el pasado 20 de octubre? ¿A qué lógica política responde la renuncia en masa de todos los posibles sucesores de Morales, por demás afines a su partido? Son algunas de las tantas preguntas que muchos nos hacemos desde que seguíamos con pesar el desarrollo de los acontecimientos.  Evo y su proyecto político cambiaron notablemente la economía y la sociedad boliviana, pero como se evidenció este fin de semana quizás no transformaron a profundidad la ideología ni el sistema cultural y de valores impuesto durante siglos. Todos los poderes públicos a partir de la llegada de Evo al poder se “tiñeron” con sangre e ideas indígenas, pero resulta claro que esto no llegara a las cúpulas de las fuerzas armadas y de la policía, las mismas que lo presionaron a salir del ejecutivo, los que consumaron el golpe.

Los sucesos que han sobrevenido tras el pasado fin de semana boliviano, siguen sembrando más interrogantes que respuestas. La renuncia de Evo ha generado más problemas que soluciones, situación que él mismo pretendió evitar con su dimisión. La violencia, la represión y el caos se han apoderado de las principales ciudades bolivianas. Escenario donde se mezclan la confrontación entre seguidores del gobierno del MAS y opositores y los que simplemente se aprovechan para el pillaje, el delito, la especulación y la subida de precios.

El gobierno sigue debatiéndose en una guerra simbólica y mediática, el crucifijo y la biblia contra la wiphala, una fáctica presidenta semirubia o “blanqueada” que arremete contra los “satánicos” indios, autoridades que renunciaron pero que siguen desde fuera ostentando sus cargos, un poder legislativo que logra recomponerse por la fuerza mayoritaria de la organización del presidente Morales. Las fuerzas armadas no regresan todavía a los cuarteles. La comunidad internacional se muestra de alguna manera polarizada en cuanto a sus opiniones de lo que ocurre en el país andino. En definitiva, hasta hoy las venas abiertas de Bolivia siguen sangrando y su cura continúa a la expectativa.

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Madre América: Bolivia

Túpac Katari en el presente de Bolivia

René Villaboy

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Julián Apaza fue un líder indígena aimara que hace 238 años sufrió el suplicio de sentir desmembrado su cuerpo mediante el tiro de cuatros caballos que se movieron bruscamente en sentido opuesto.  Fue la cruel pena emitida tras un sumarísimo juicio que le condenó por alterar la tácita realidad de que los “indios” debían lealtad eterna a los blancos. Aquellos conquistadores y sus descendientes que con la espada y la cruz los habían colonizado. El joven rebelde que fue descuartizado en noviembre en La Paz durante el mes de noviembre 1781. No era entonces conocido por su pueblo y por los miles de seguidores que nutrieron su movimiento como Apaza, aquel mártir alto peruano era Túpac Katari, el jefe de la rebelión aborigen más importante del territorio que hoy ocupa Bolivia. La tradición aimara afirma que antes de morir Katari dejó una lapidaria frase que se convirtió en su principal testamento político y en su mítica profecía: volveré y seré millones.

Hoy la patria de Katari vive dramáticos momentos para su historia. Simbólicamente como en los tiempos coloniales cuatro caballos modernos: el ejército, la policía, la injerencia extranjera, y una parte de la sociedad incitada por sectores de oposición han tirado en el mismo sentido para desmembrar el gobierno y la figura de Evo Morales Ayma, primer presidente indígena y aimara de Bolivia. No podemos en cambio sacar conclusiones apresuradas del golpe que se ha asestado contra la dignidad y la estabilidad de ese país, pero si en estos cruciales tiempos que transcurren para el antiguo Alto Perú urge rememorar al líder indígena que volvió después de más de doscientos años.

Katari, fue el continuador de Túpac Amaru y de los hermanos Katari, en la lucha contra los excesos de las autoridades locales sobre los pueblos originarios.  Su acción se desarrolló en el entonces territorio de la Real Audiencia de Charcas o conocido también como Alto Perú. Región predominantemente minera y con una importante población indígena. Sector social que sintió el peso de prácticas de explotación de su fuerza de trabajo como la mita y el peonaje que los colocaban en una penosa situación de servidumbre. A diferencia de José Gabriel Condorcanqui, Julián Apaza no provenía del linaje inca. Era un aimara huérfano que tuvo que emplearse en diversos oficios para sobrevivir al sistema racista y excluyente impuesto por el colonialismo español. Por tanto, su lucha no se enfocó solo en restablecimiento del imperio de los quechuas sino en la dignificación del pueblo aimara. Sus operaciones que tuvieron como epicentro la zona Chayanta- muy cercana a Potosí- estaban condicionadas sobre todo a la unión con las comunidades y su alianza con sectores negros, y mestizos. Apaza tuvo además a una excepcional compañera, Bartolina Sisa, que lo siguió como una combatiente más durante su lucha- iniciada en febrero de 1781.

Las tropas indígenas de Túpac Katari llegaron a estar constituidas por cerca de 40 mil efectivos y lograron sitiar en dos ocasiones durante meses la ciudad de La Paz con una estrategia de lucha guerrillera menos jerárquica que la de su predecesor peruano, pero sin dudas trascendente desde el punto de vista militar.  En cambio las diferencias entre quechuas y aimaras y una vil traición llevaron a Katari a ser capturado por los colonialistas. Los mismos que impusieron el tormento de una muerte desgarradora para Túpac Amaru. El líder aimara fue despedazado en un nefasto espectáculo en la Plaza de Penas en noviembre de 1781, pero su lucha con la paciencia y la particular noción temporal de los pueblos originarios andinos esperó más doscientos años para ser reiniciada y redimida.

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NO AL GOLPE EN BOLIVIA

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Declaración del Comité Directivo de CLACSO

11 de noviembre de 2019

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) rechaza el golpe de Estado en Bolivia que obligó a la renuncia del Presidente constitucional en ejercicio Evo Morales Ayma y del Vicepresidente Álvaro García Linera.

 Asimismo, condena la injerencia de las Fuerzas Armadas y de Seguridad en la vida institucional: nada tienen que hacer el Ejército o la Policía en los problemas políticos de cualquier país. De los conflictos de la democracia se sale con más democracia, derechos y libertades y no con represión, violencia y persecuciones.

Igualmente, CLACSO rechaza toda injerencia extranjera que persiga la desestabilización en la región.

 El Comité Directivo de CLACSO hace un llamado a preservar la vida de las bolivianas y los bolivianos, a que cesen los ataques y las persecuciones y a que se encuentre una solución pacífica y dialogada que, aunque sea trabajosa, se base en la voluntad de la mayoría del pueblo del Estado Plurinacional de Bolivia y de sus legítimas instituciones.

 Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales

Secretaría Ejecutiva de CLACSO

 Estados Unidos 1168 Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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