Madre América: Brasil
Brasil, independencia sin revolución
Publicado
hace 7 añosen
Por
René Villaboy
Mientras arde en llamas uno de los pulmones naturales del planeta- la Amazonía-frente a la desidia del gobierno ultraconservador Jair Bolsonaro, Brasil celebra el próximo 7 septiembre el aniversario 197 de su independencia. Día Nacional que recuerda el Grito de Ipiranga de 1822. La conmemoración patria llega también en medio de una indiscutible crisis del sistema político y judicial brasileño que ha tenido entre muchas otras expresiones las cuestionables condenas que mantienen arbitrariamente en prisión al líder del Partido de los Trabajadores y expresidente del país, Luis Inacio Lula Da Silva. A lo cual se añade el renacer en los discursos de los políticos de temas como el militarismo, el nacionalismo, la defensa de los valores tradicionales, y la retórica racista, xenófoba y sexista. Pero todo ello no resulta sorprendente ni novedoso, en un país cuya matriz histórica es predominantemente conservadora, con una sociedad debatida a lo largo de cientos de años entre el orden y el progreso, más aún, si se apunta que Brasil desde aquella independencia hasta nuestros días no se la ha permitido experimentar una revolución profunda y verdadera.
Brasil fue el único dominio portugués en el continente americano. Denominada así debido a la extracción del palo Brasil -árbol cuya madera tintórea era demandada para dar color a las telas- y que estimuló los primeros asentamientos europeos en aquel territorio. Durante tres siglos Portugal enfrentó a otras potencias por el dominio del vasto territorio, se enriqueció de la extracción de minerales y piedras preciosas y de los dividendos de la plantación esclavista en la tierra “descubierta” aparentemente por Pedro Álvarez Cabral.
A diferencia de otras colonias americanas el dominio de las tropas de Napoleón Bonaparte sobre Portugal y España no generó en el Brasil la creación de un gobierno criollo autónomo que asumiera la soberanía en ausencia de la monarquía. Ya que la casa reinante lusitana decidió -a partir de 1807- trasladar su sede a la posesión que tenían del otro lado del Atlántico. De esa manera al instalarse en Río de Janeiro- el 7 de marzo de 1808- el príncipe regente Joao y su numerosa corte quedaron de hecho fundidos en un solo cuerpo funcional la colonia brasileña y la metrópolis portuguesa. De facto el Brasil fue entonces un estado independiente; al alojar en su capital a la fuente principal del poder monárquico. Durante los trece años en que se prolongó tan sui generis situación el Brasil y la élite que se benefició directamente de aquello, vivieron en un auge económico y político. Incluso Joao, fue coronado tras la muerte de su madre como Juan VI del Reino de Portugal estando aun en tierras cariocas.
Finalmente, debido el cambio de los acontecimientos en Europa, la corte lusitana tuvo que regresar a Lisboa. La aristocracia brasileña favorecida con la autonomía que gozó el territorio, cifró sus esperanzas en la permanencia de Pedro de Braganza, heredero del trono portugués, al frente del gobierno colonial. Pero la Revolución Liberal de Oporto de 1820 y sus consecuencias no tardaron en limitar las libertades que gozaban los sectores de poder que giraba en torno a Rio de Janeiro y limitar de hecho las facultades del regente, al que obligaban incluso a regresar a Europa. La alianza del príncipe con los plantadores locales le otorgó un fuerte respaldo para desobedecer las órdenes de Lisboa y sus cortes.
El miedo al alcance de las disposiciones liberales portuguesas, y sobre todo la negativa de los ricos criollos brasileños a perder sus privilegios envalentonaron a Pedro de Braganza, tras conocer la resolución lisboeta de mantener los vínculos coloniales, a proclamar- en un paseo matinal en las planicies de Ipiranga, Sao Paulo- la frase de independencia y muerte. Quedaba Casi sin violencia, completamente sin participación popular, y producto de un pacto palaciego quedaba así el mayor territorio sudamericano desgajado de su metrópolis. Más tarde “el héroe de aquella gesta “quedó proclamado emperador del Brasil. Pero la revolución nunca llegó, quedó formado un nuevo estado soberano cuya base económica era la explotación de los esclavos en función de las elites dueñas de casi todo el patrimonio del país. Esa es la independencia que celebra Brasil y de la que seguro se siente orgulloso su actual presidente pues no fue nunca una revolución.
Sesenta años se cumplen del gobierno sietemesino de Janio da Silva Quadros (1917-1992) en Brasil, a quien pocos recuerdan hoy. Había ganado de manera espectacular las elecciones presidenciales brasileñas del 3 de octubre de 1960 con un gran apoyo popular, gracias a su peculiar estilo y carisma. La estrella de Quadros había comenzado a rutilar al obtener el puesto de prefecto de Sao Paulo (1952), un año después la gobernación del estado y en 1958 una banca en el Congreso Federal.
La clave de su arrollador éxito estaba en el descontento de los trabajadores y las capas medias poco politizadas, a las que Quadros prometía la revolución del tostao (centavo) contra el millón. A conformar esa imagen renovadora contribuyó su visita a Cuba en marzo de 1960, donde el año anterior había triunfado la revolución dirigida por el Comandante Fidel Castro y por la que mostró simpatías. Pero el programa de Quadros no era de transformaciones radicales, sino de ambiguos preceptos moralistas, la lucha contra la corrupción –su símbolo era una escoba- y la especulación, males que se proponía erradicar con un plan de austeridad económica y buenos consejos. Lanzado a la contienda electoral por el pequeño Partido Trabalhista Nacional (PTN) y apoyado por otras agrupaciones de centro y derecha, Quadros logró una victoria aplastante con el 48% de los sufragios sobre su más cercano rival, el mariscal Texeira Lott, que se quedó con sólo el 28% de los votos.
Desde que ocupó la presidencia el 31 de enero de 1961, la política de Quadros se caracterizó por sus contradicciones, sobre todo entre sus posiciones internacionales progresistas y su negativa política interna. Esta última iba encaminada a saldar la agobiante deuda externa con medidas como la libertad cambiaria y el fin de los subsidios a la importación de combustible, papel y trigo. También se eliminaron los créditos gubernamentales a las empresas privadas y los controles salariales, que provocaron una drástica reducción del poder de compra del cruceiro. Si bien estas medidas lograron satisfacer ciertas exigencias del sector agroexportador y de los acreedores internacionales, fueron nefastas para los trabajadores y pequeños empresarios, afectados por los controles salariales implantados por Quadros y la elevación desmedida de los precios de los alimentos básicos y el transporte público.
La otra cara de su gobierno era su política internacional, enfilada a fortalecer el papel mundial de Brasil y la apertura de nuevos mercados. El objetivo era formar un bloque de países latinoamericanos fuera de la tradicional dependencia de los Estados Unidos, lo que explica su interés en restablecer los vínculos con la Unión Soviética, las misiones comerciales enviadas a los países socialistas y a las recién independizadas naciones de África. Inscrita en esa política soberana, Quadros condenó resueltamente la intervención de Estados Unidos contra Cuba en los días de la invasión de bahía de Cochinos y condecoró en Brasilia, el 19 de agosto de 1961, con la orden Cruzeiro do Sul, al comandante Ernesto Che Guevara.
Alarmado por lo que consideraba la inclinación izquierdista del gobierno de Quadros, cinco días después, el reaccionario gobernador de Guanabara, Carlos Lacerda, al servició de la ultraderecha, el alto mando militar y los propios Estados Unidos, acusó al presidente de tramar un autogolpe de estado. Para sorpresa de todos, a la mañana siguiente Quadros renunció, argumentando que cedía “vencido por la reacción” y debido a la presión de “fuerzas terribles”. La inexplicable decisión presidencial sólo suscitó aisladas huelgas y esporádicas protestas públicas, así como un ataque a la embajada norteamericana, siendo sustituido por su vicepresidente Joao Goulart, que se encontraba de visita oficial en la República Popular China, en medio de intensas presiones del ejército y otras fuerzas políticas anticomunistas para impedirlo. Pero esa es ya otra historia.
Madre América: Brasil
El obligado regreso del emperador portugués
Publicado
hace 5 añosen
abril 20, 2021
El 26 de abril de 1821 el emperador de Portugal, Juan VI, fue forzado a retornar a Lisboa, lo que puede considerarse el inicio de la independencia de Brasil. Había llegado a Rio de Janeiro en 1808 con toda su corte, más de tres mil personas, cuando era sólo regente, pues su madre la reina María estaba desquiciada. La precipitada salida de Portugal de la familia de los Bragança, a fines de noviembre del año anterior, protegida por la flota de Inglaterra, tenía por objetivo escapar de las tropas napoleónicas que avanzaban sobre toda la península ibérica.
La presencia de la monarquía portuguesa convirtió de facto a Brasil en un estado independiente, para satisfacción de las elites criollas. De repente, Rio de Janeiro se convirtió en la sede de ministerios, secretarías, tribunales y diversas oficinas públicas. El 16 de diciembre de 1815, muerta su madre, el regente fue coronado como emperador, con el nombre de Juan VI, del recién creado Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve.
Pero la rebelión militar de Oporto del 2 de agosto de 1820 cortó el idilio de la elite brasileña y los Bragança. El triunfo del movimiento liberal en Portugal estaba dirigido a forzar la retirada de las fuerzas militares británicas que todavía ocupaban el país y a reformar su anticuado sistema socioeconómico. Si por su contenido nacional, anti feudal y anti clerical, la sublevación lusitana tenía un signo positivo, lo contrario sucedía con su proyección hacia su valiosa posesión americana, a la que pretendía volver a someter. La apertura de los puertos brasileños al comercio libre había sido un duro golpe al comercio Portugal que desencadenó una profunda crisis económica en la antigua metrópoli. Incluso las autoridades de Lisboa habían escrito a Juan VI sobre la penosa situación existente: “Dígnese Vuestra Majestad tomar en consideración que… a Brasil se va anualmente una porción muy considerable de las rentas de este reino…que aquí en la circulación interior hace falta y nos va empobreciendo continuamente.”
La efervescencia política estimulada en la América portuguesa por la sublevación de Oporto provocó el derrumbe de los gobiernos locales en las provincias brasileñas, como en Pará y Bahía, sustituidos por juntas, encargadas de implantar el poder constitucional y enviar representantes a las Cortes. El 17 de febrero de 1821 el movimiento liberal repercutió en Río de Janeiro y obligó al monarca a aceptar el nuevo régimen, reorganizar su gabinete y jurar la constitución que entonces se elaboraba en la metrópoli.
Para el restablecimiento del poder metropolitano a plenitud, los Bragança debían regresar a Lisboa. Con el traslado se recuperaría la preeminencia portuguesa sobre el Imperio y se detendría la creciente brasileñización de la monarquía. La fuerte presión de los liberales lusitanos, que controlaban al ejercito tanto en Portugal como en Brasil, obligó a Juan VI a retornar a su patria el 26 de abril de 1821, aunque el 9 de enero del año siguiente, Pedro, el hijo del monarca de 23 años, desconocido como príncipe-regente por las Cortes, se negó a hacer lo mismo.
Ante las persistentes amenazas de los liberales lusitanos para obligarlo a repatriarse, el heredero al trono portugués estuvo dispuesto a resistir lo que llamó la tiranía de las Cortes de Lisboa, en la que los representantes brasileños apenas constituían un tercio de los diputados. En estas condiciones se forjó la alianza, tejida por el aristócrata paulista José Bonifacio Andrade y Silva, de los ricos plantadores, ganaderos, dueños de minas y comerciantes criollos de Rio de Janeiro, Sao Paulo, Minas Geraes y Rio Grande do Sul, con la burocracia, la nobleza y los comerciantes portugueses no monopolistas radicados en Brasil.
El temor a perder su autonomía, el libre comercio, la trata e incluso la integridad de Brasil, llevó a la aristocracia brasileña a romper con la metrópoli, para evitar el estallido de una rebelión de esclavos y una fragmentación similar a la que ocurría en la América Española. La propia elite sería la encargada de suministrar los recursos financieros y las fuerzas militares a Pedro de Bragança para que permaneciera en el país, resistiera a los liberales portugueses y declarara la independencia al año siguiente.
Madre América: Brasil
Duras críticas al gobierno de Brasil por ineficiente manejo de la crisis sanitaria que atraviesa el país
Publicado
hace 5 añosen
marzo 29, 2021
Sumario: Dice experta norteamericana que Brasil es el ejemplo de todo lo que podía salir mal en una pandemia. Estadísticas oficiales indican unos 300 mil muertos por el Covid-19. Importante encuesta señalan al presidente Bolsonaro como el principal culpable de la crisis que atraviesa el país. Según la Fundación Oswaldo Cruz, el gigante suramericano “vive el mayor colapso sanitario y hospitalario de su historia”.
Las protestas y las críticas crecen en Brasil por el ineficiente manejo por parte del gobierno de Bolsonaro de la crisis sanitaria en el país causada por la pandemia del COVID-19, que ha elevado incesantemente el número de muertos y contagios por el SARS-CoV-2 y que ha colapsado los sistemas de salud. El gigante suramericano es actualmente el epicentro global de la enfermedad.
Sólo superado por Estados Unidos, Brasil es el segundo país en el mundo más afectado en términos absolutos por la pandemia. Estadísticas oficiales indican que rebasa los 12 millones de personas contagiadas y más de 300 mil muertos. Los últimos días han batido record de fallecidos. Las Unidades de Cuidados Intensivos de la mayoría de los estados han sobrepasado su capacidad.
Una encuesta reciente dada a conocer por el Instituto Datafolja registra que más de la mitad de los brasileños califican de mala y muy mala la gestión del gobierno para frenar la pandemia y, sobre todo, por la ineficacia del presidente Jair Bolsonaro, cuya popularidad ha bajado al 20 %. Según dicho estudio la mayoría de los encuestados estiman que el gobernante es el principal culpable de la crisis que padece el país y que ha mostrado no sólo ineficiencia en el manejo de la situación, sino también falta de sensibilidad y una “imitación” vergonzosa de la manera en que lo hacía Donald Trump.
Para la Fundación Oswaldo Cruz, una prestigiosa institución científica de investigación y desarrollo en ciencias biológicas, de Rio de Janeiro, “Brasil vive el mayor colapso sanitario y hospitalario de su historia” y pidió al Gobierno ocuparse con seriedad del problema y endurecer las medidas para frenar los contagios.
Las críticas al gobierno de Bolsonaro no sólo provienen de adentro. Figuras importantes del mundo científico llaman la atención en el mismo sentido sobre lo que está sucediendo en Brasil. Así, por ejemplo, se ha pronunciado Denise Garrett, epidemióloga que trabajó durante más de 20 años en el Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) del Departamento de Salud de Estados Unidos. La doctora Garrett, que es ahora vicepresidenta del Instituto de Vacunas Sabin de Washington, crudamente afirmó en una entrevista a la BBC que “Brasil es el ejemplo de todo lo que podía salir mal en una pandemia. En ese país, sus dirigentes, además de no implementar medidas de control, minaron las medidas necesarias para evitar la diseminación de la enfermedad como la distancia social, el uso de mascarillas y otros. Como resultado se ha convertido en una amenaza global.”.
Los expertos consideran que Brasil atraviesa el peor momento de la pandemia.
