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Madre América: Brasil

Lula libre

René Villaboy

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Este viernes 8 de noviembre el Brasil y todos los hombres y mujeres progresistas de Nuestra América y del mundo vibraron de emoción al conocer que el expresidente y líder histórico del Partido de los Trabajadores (PT), Luis Inacio Lula Da Silva quedaba en libertad. Tras ser confinado en una cárcel de la Policía Federal de Curitiba, desde el 7 de abril de 2018, y permanecer 580 días en reclusión, Lula pudo caminar en libertad por las calles de su querido país. La anulación por anticonstitucionalidad de detenciones y prisión para los acusados condenados en segunda instancia dictada por el Tribunal Supremo Federal –en una apretada votación de 6 contra 5 de los jueces que integran el ente judicial- dio pasó a que la defensa de Lula presentará el recurso de liberación concedido finalmente por el magistrado que lleva el caso. 

El también ex-obrero metalúrgico de 74 años, salió del penal rodeado de sus familiares y  junto a su nueva pareja Rosangela da Silva, una socióloga conocida como Janja. Estuvo custodiado por la dirigencia del PT y por centenares de seguidores que lo acompañaron desde fuera del penal en vigilia constante durante su confinamiento. ¡Lula es libre ¡coreó eufórica la multitud agolpada para darle la bienvenida. En sus primeras palabras, a pocos metros del penal en que padeció su injusta condena, el preso político más famoso del mundo, dijo no sentir odio, no guardar rencor. Lula reiteró su inocencia y advirtió que con su cautiverio no se busca encarcelar un hombre sino a una idea, a un proyecto, a un modelo distinto al que representa Jair Bolsonaro y los grupos de ultraderecha que desgobiernan actualmente el gigante sudamericano. Anunció que recorrería el país, que se mudaría al nordeste donde se concentran las poblaciones marginadas y más pobres, que se casaría y sin decirlo devino desde su primer paso tras abandonar los barrotes en el principal líder de la oposición al régimen actual.

 En cambio, si bien la libertad de Lula es un triunfo de los movimientos sociales, personalidades y organizaciones progresistas del Brasil y del mundo que exigieron en múltiples espacios su excarcelación, no es la victoria total. Resta aún desmontar y probar la inocencia del exmandatario frente a las 8 causas de corrupción que penden sobre su persona. Queda por delante una lucha más larga para proteger y asegurar su integridad física y moral, en medio del predominio de políticos que gobiernan reivindicando la dictadura militar de 1964, se jactan de haber ostentado galones castrenses en sus hombros, redimen un anacrónico anticomunismo, y apelan a la xenofobia, el racismo, el sexismo y muchas otras prácticas excluyentes y violentas. Tienen los brasileños con Lula libre el reto de recomponer la credibilidad del PT como alternativa. Deben reconvertir a la histórica agrupación en un movimiento opositor transparente, crítico y militante cuya fuerza radique en sus bases decepcionadas o que lo han abandonado y no en ser una maquinaria electoral recaudadora de compromisos y votos. Con el líder que hoy puede hablar con energía en el histórico sindicato de metalúrgicos de Sao Paulo, que recorrerá el país y le hablará a otros pueblos del planeta las izquierdas de Brasil celebran su libertad, pero no deben olvidar que restan varios años para las elecciones y les urge entonces  mirarse por dentro como idea, como proyecto como opción inmediata. Por lo pronto Lula es Libre, asegurar la libertad, asegurar su dignidad y asegurar su continuidad es ahora el reto mayor de Nuestra América. 

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Madre América: Brasil

Jacob Gorender, del fusil a la historia y viceversa

Sergio Guerra Vilaboy

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A fines de 1990, cuando participaba en el Encuentro Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) en Sao Paulo (Brasil), tuve la suerte de conocer a Jacob Gorender (1923-2013), leyenda viva del movimiento revolucionario brasileño, quien se había convertido, a pesar de carecer de títulos académicos, en un reconocido historiador. Sin conocerlo personalmente, lo mencionaba entre los líderes de la lucha armada contra la dictadura militar de su país en mi libro, Historia de Brasil, elaborada en colaboración con Alberto Prieto, y publicada en 1987.

Luego me visitó en el Departamento de Historia de la Universidad de La Habana, en julio de 1991, obsequiándome algunos de sus textos. Ya en nuestro primer encuentro en Sao Paulo, me había dedicado su libro, Combate nas Trevas. A Esquerda brasileira: das ilusoes perdidas a luta armada, editado originalmente en 1987, donde sobre la base de una rigurosa investigación histórica, ofrece detalles inéditos de los años duros de la lucha revolucionaria en Brasil, esclareciendo oscuros episodios como la muerte de Carlos Marighella. Como el propio Gorender confesara en una entrevista al historiador Mario Maestri: “El gran protagonista es la izquierda. No se trata de un libro de memorias. Solo un 15% se refieren a recuerdos del autor. Y en esos pasajes, me documenté y no me apoye en mi memoria

Nacido en una barriada humilde de San Salvador de Bahía, en una familia de inmigrantes judíos revolucionarios procedentes de Ucrania, Gorender comenzó a estudiar en 1941 la carrera de derecho, cuando ingresó al Partido Comunista Brasileño (PCB). Alentado por su militancia esclarecida, dejó sus estudios y se enroló voluntariamente en la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB), combatiendo en el frente italiano en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. De vuelta a su tierra natal, tras la terminación de la contienda bélica, Gorender se convirtió en cuadro profesional del PCB, llegando a figurar en su Comité Central. Por esa época publicó sus primeros trabajos, entre ellos, “Correntes sociológicas no Brasil” (1958).

Después del golpe de estado militar de abril de 1964, que derrocó al gobierno constitucional de Joao Goulart, Gorender abogó por la lucha armada en el seno del PCB, donde integró una facción denominada Corriente Revolucionaria, opuesta a la política de resistencia legal promovida por Luiz Carlos Prestes, su secretario general. Expulsado del PCB en 1967, junto a sus compañeros disidentes Mario Alves y Apolonio de Carvalho, fundó en abril de 1968 el Partido Comunista Brasileño Revolucionario (PCBR) que desde el año siguiente emprendió acciones armadas urbanas. Perseguido por los órganos represivos de la dictadura militar, fue capturado en 1970 y sometido a crueles torturas.

Encarcelado en la Prisión de Tiradentes, comenzó a dar clases a sus compañeros de confinamiento y a escribir una obra sobre el El esclavismo colonial, siguiendo la línea interpretativa abierta por Caio Prado Junior desde los años cuarenta, otro importante historiador comunista brasileño de su generación, quien valoraba a la esclavitud de plantación como parte esencial del capitalismo colonial. En su texto, Gorender esgrimió la tesis sobre la existencia de un modo de producción diferente, que llamó esclavista colonial, terciando en el debate entonces en boga sobre los modos de producción en América Latina.

En los años setenta, tras salir de prisión y ser beneficado después con una amnistía (1979), Gorender pudo dar rienda suelta a sus inquietudes intelectuales. A esta época corresponden sus libros O escravismo colonial.(1978); A burguesia brasileira(1981); Gênese e desenvolvimento do capitalismo no campo brasileiro y el ya mencionado Combate nas Trevas, ambos editados en 1987, así como numerosos artículos y ensayos de filosofía, política e historia que le valieron en 1999 el prestigioso Premio Juca Pato, concedido por la Unión Brasileña de Escritores. Una de sus últimas obras fue Marxismo sem utopia (1999), donde expuso sus concepciones teóricas antidogmáticas sobre la naturaleza reformista de la clase obrera, criticando el determinismo histórico y revalorizando la importancia de la intelectualidad en la formación de una conciencia revolucionaria.

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Madre América: Brasil

Brasil, independencia sin revolución

René Villaboy

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Mientras arde en llamas uno de los pulmones naturales del planeta- la Amazonía-frente a la desidia del gobierno ultraconservador Jair Bolsonaro, Brasil celebra el próximo 7 septiembre el aniversario 197 de su independencia. Día Nacional que recuerda el Grito de Ipiranga de 1822. La conmemoración patria llega también en medio de una indiscutible crisis del sistema político y judicial brasileño que ha tenido entre muchas otras expresiones las cuestionables condenas que mantienen arbitrariamente en prisión al líder del Partido de los Trabajadores y expresidente del país, Luis Inacio Lula Da Silva. A lo cual se añade el renacer en los discursos de los políticos de temas como el militarismo, el nacionalismo, la defensa de los valores tradicionales, y la retórica racista, xenófoba y sexista. Pero todo ello no resulta sorprendente ni novedoso, en un país cuya matriz histórica es predominantemente conservadora, con una sociedad debatida a lo largo de cientos de años entre el orden y el progreso, más aún, si se apunta que Brasil desde aquella independencia hasta nuestros días no se la ha permitido experimentar una revolución profunda y verdadera.

Brasil fue el único dominio portugués en el continente americano. Denominada así debido a la extracción del palo Brasil -árbol cuya madera tintórea era demandada para dar color a las telas- y que estimuló los primeros asentamientos europeos en aquel territorio. Durante tres siglos Portugal enfrentó a otras potencias por el dominio del vasto territorio, se enriqueció de la extracción de minerales y piedras preciosas y de los dividendos de la plantación esclavista en la tierra “descubierta” aparentemente por Pedro Álvarez Cabral.

A diferencia de otras colonias americanas el dominio de las tropas de Napoleón Bonaparte sobre Portugal y España no generó en el Brasil la creación de un gobierno criollo autónomo que asumiera la soberanía en ausencia de la monarquía. Ya que la casa reinante lusitana decidió -a partir de 1807- trasladar su sede a la posesión que tenían del otro lado del Atlántico. De esa manera al instalarse en Río de Janeiro- el 7 de marzo de 1808- el príncipe regente Joao y su numerosa corte quedaron de hecho fundidos en un solo cuerpo funcional la colonia brasileña y la metrópolis portuguesa.  De facto el Brasil fue entonces un estado independiente; al alojar en su capital a la fuente principal del poder monárquico. Durante los trece años en que se prolongó tan sui generis situación el Brasil y la élite que se benefició directamente de aquello, vivieron en un auge económico y político. Incluso Joao, fue coronado tras la muerte de su madre como Juan VI del Reino de Portugal estando aun en tierras cariocas.

Finalmente, debido el cambio de los acontecimientos en Europa, la corte lusitana tuvo que regresar a Lisboa. La aristocracia brasileña favorecida con la autonomía que gozó el territorio, cifró sus esperanzas en la permanencia de Pedro de Braganza, heredero del trono portugués, al frente del gobierno colonial. Pero la Revolución Liberal de Oporto de 1820 y sus consecuencias no tardaron en limitar las libertades que gozaban los sectores de poder que giraba en torno a Rio de Janeiro y limitar de hecho las facultades del regente, al que obligaban incluso a regresar a Europa. La alianza del príncipe con los plantadores locales le otorgó un fuerte respaldo para desobedecer las órdenes de Lisboa y sus cortes.

El miedo al alcance de las disposiciones liberales portuguesas, y sobre todo la negativa de los ricos criollos brasileños a perder sus privilegios envalentonaron a Pedro de Braganza, tras conocer la resolución lisboeta de mantener los vínculos coloniales, a proclamar- en un paseo matinal en las planicies de Ipiranga, Sao Paulo- la frase de independencia y muerte. Quedaba Casi sin violencia, completamente sin participación popular, y producto de un pacto palaciego quedaba así el mayor territorio sudamericano desgajado de su metrópolis. Más tarde “el héroe de aquella gesta “quedó proclamado emperador del Brasil. Pero la revolución nunca llegó, quedó formado un nuevo estado soberano cuya base económica era la explotación de los esclavos en función de las elites dueñas de casi todo el patrimonio del país. Esa es la independencia que celebra Brasil y de la que seguro se siente orgulloso su actual presidente pues no fue nunca una revolución.

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Madre América: Brasil

Los grandes incendios forestales de la amazonia brasileña desencadenan polémica nacional e internacional

Héctor Hernández Pardo

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Organizaciones ambientalistas e indígenas culpan al Gobierno brasileño de lo que viene ocurriendo en la selva tropical más grande del mundo. El presidente francés dice que llevará el asunto a la reunión del G-7

La región amazónica brasileña está sufriendo los peores incendios forestales de los últimos años, en gran parte por un fenómeno de deforestación que avanza con rapidez inusitada. Las cifras de bosques perdidos por los incendios son extraordinarias. A tal punto que ha provocado una gran polémica no sólo en Brasil, sino internacionalmente.

La Amazonía, la selva tropical más grande del mundo, es una reserva vital de carbono que ralentiza el ritmo del calentamiento global. En ella habitan un millón de personas pertenecientes a poblaciones indígenas, y alrededor de tres millones de especies de plantas y animales.

Los incendios en la mayor selva del mundo han trascendido de la esfera meramente brasileña: el presidente francés calificó los fuegos en la Amazonia como “crisis internacional” y dijo que incluiría el tema en la agenda del G7, por su importancia.

El secretario general de la ONU, António Guterres, también ha mostrado preocupación por la situación. “En medio de la crisis climática mundial, no podemos permitirnos más daño a una gran fuente de oxígeno y biodiversidad. La Amazonia debe ser protegida”, ha dicho el máximo responsable de Naciones Unidas.

Las críticas al gobierno brasileño, presidido por el ultraderechista Jair Bolsonaro inundan las redes sociales y los medios de difusión nacionales y extranjeros. Se acusa al Ejecutivo de ser el principal responsable de lo que viene ocurriendo en la Amazonia. Así, por ejemplo, la excandidata presidencial Marina Silva, y también exministra de Medio Ambiente de Brasil (dirigió esa cartera entre 2003 y 2008), calificó de “crisis” la situación que vive el país.

Al ser consultada por las razones que están detrás de este desastre ambiental en la amazonia brasileña, Silva dijo que, “La verdad es que, tristemente, ya no tenemos una política ambiental en Brasil. Desde que asumió el gobierno de Jair Bolsonaro, lo que realmente tenemos es una política antiambiental. Está deconstruyendo toda la estructura de gobernanza ambiental que hay en Brasil, descalificando a los órganos ambientales y de fiscalización, y debilitando las políticas públicas, especialmente aquellas que combaten la deforestación. Está dando un mensaje para que los que hacen ocupación ilegal de tierras públicas lo sigan haciendo. Esto ha promovido una pérdida de bosque desenfrenada y una propagación de incendios en la Amazonia. Lo que tenemos ahora es un retroceso en la gestión ambiental, un desmonte de esas políticas.”

Explicó que el tema de la ocupación ilegal de tierra que promueve el Gobierno brasileño, es ejecutada por personas que tienen mucho dinero para devastar rápidamente esas áreas con la expectativa de que después les sean legalizadas. “Esa es una de las razones –aseveró– por las que Alemania y Noruega suspendieron los recursos del Fondo Amazonia. Ese dinero, que es para promover el apoyo a las actividades productivas sustentables y el fortalecimiento de la gobernanza ambiental, lo quieren usar para legalizarles la tierra a quienes invaden ilegalmente. Es perverso. Bolsonaro cree que el bosque es un problema, que los indígenas son un problema.

Grupos Indígenas de Brasil también han expresado su rechazo a las políticas del Gobierno, por considerar que las mismas no toman en cuenta los intereses de las comunidades que habitan la Amazonia. Pero el presidente brasileño Bolsonaro, en respuesta ha cargado contra Macron por su decisión de incluir el asunto en la agenda del G7 y ha acusado al mandatario francés de querer “instrumentalizar” una cuestión interna brasileña para “obtener réditos políticos personales”. Por otro lado ha atacado a los indígenas y a ha culpado a las  ONG  ambientalista como responsables de lo que viene ocurriendo.

 Más de medio centenar de organizaciones no gubernamentales cerraron filas  y respondieron al ataque lanzado por el presidente brasileño. “Es una declaración absolutamente frívola e irresponsable que tiene un objetivo muy claro: desviar la atención de lo que realmente importa” a la hora de tomar medidas que reduzcan la deforestación, ha dicho Raúl do Valle, director de Justicia Socio-ambiental de WWF Brasil, citado por la agencia de noticias española EFE.

Por su parte la organización Amazon Watch, también ha salido al paso de la polémica y ha vinculado la devastación de los bosques al discurso “antiambiental” de Bolsonaro, un capitán de la reserva del Ejército que se ha mostrado partidario de explotar la Amazonia y reducir la fiscalización de las reglas ambientales en las zonas protegidas. “Los agricultores y los ganaderos entienden el mensaje del presidente como una licencia para provocar incendios intencionados con total impunidad, con el fin de expandir fuertemente sus operaciones en la selva“.

La postura del Gobierno brasileño —que ya ha despertado los recelos de la comunidad internacional— ha llevado al partido La Red de Sostenibilidad (en portugués: Rede Sustentabilidade) a presentar ante el Tribunal Supremo brasileño una solicitud de impeachment al ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, por un delito de responsabilidad en la gestión de la política ambiental. Y mientras tanto la Amazonia se quema, aunque la lluvias mitiguen un poco el fuego.

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