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Madre América: Colombia

Colombia: la fuerza pasada y presente de sus mujeres

René Villaboy

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El pasado fin de semana la patria de Gabriel García Márquez vivió una histórica jornada electoral. Si bien en las urnas colombianas no se decidía la permanencia o ruptura en el poder ejecutivo del actual mandatario, Iván Duque, como ocurrió simultáneamente en Argentina o en Uruguay, ese día las fuerzas sociales de Colombia asestaron importantes derrotas a la derecha política que ha copado los espacios públicos en los años más recientes. La elección de más de mil alcaldes, 32 gobernadores, y otro importante número de concejales, diputados a las asambleas departamentales y ediles municipales, tuvo resultados sin dudas trascendentes. Uno de ellos, señalado recurrentemente por los medios y los analistas, es la pérdida de la hegemonía por parte de la maquinaria partidista liberal y conservadora, de otras fuerzas tradicionales y sobre todo del expresidente y factótum colombiano Álvaro Uribe Vélez. Esto se deduce luego de la irrupción con votos y con cargos electos de nuevas o reagrupadas fuerzas y coaliciones políticas. Simbólicamente Guillermo Torres, alias Julián Conrado Marín, excombatiente y músico de las antiguas insurgentes FARC-EP-devenidas partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, quedó aclamado como nuevo alcalde del Turbaco, municipio de poco más de 70 mil habitantes en el caribeño Departamento de Bolívar.

En cambio, lo más trascendente de estos comicios colombianos del pasado domingo 29 de octubre, sin sombra de dudas es el triunfo de la senadora Claudia Nayibe López Hernández (nacida en 1970), de Alianza Verde, como alcaldesa de Bogotá. Resultando así la primera fémina electa por voto popular para el segundo puesto político más importante de Colombia, después del inquilino del Palacio de Nariño.

Las muchas rupturas de Claudia López no se reducen a su condición de mujer, en una sociedad católica, tradicionalista y conservadora. Su origen humilde, su ejemplo de ser emprendedora y llegar hasta los más altos grados académicos que incluyen maestría y doctorado en prestigiosas universidades de los Estados Unidos, pero sobre todo su ascendente carrera política, con un coherente discurso en contra de la corrupción, a favor de la trasparencia, la equidad y la inclusión social, la sitúan en una prometedora opción para garantizar la lucha por una paz verdadera en esa nación sudamericana. A lo anterior se añade su orientación sexual, una cuestión privada que trasciende mediáticamente al espacio público dentro del contexto moral que predomina en los círculos de poder latinoamericanos.

Como una suerte de analogía y por cuestiones del azar, el próximo 14 de noviembre se cumplen 202 años del fusilamiento de la mítica neogranadina Policarpa Salavarrieta Ríos “La Pola”, la mujer que fundó la nación colombiana en su proceso de independencia en contra del colonialismo español. Enjuiciada por un Consejo de Guerra y condenada por traición a la metrópoli española, Policarpa, cuyos orígenes y biografía están llenos de discusiones, de certezas y fabularios, fue en su época centro de atención y críticas por su abierta ruptura con los modelos femeninos decimonónicos. No ganó elecciones, no bordó banderas ni pañuelos, no se ganó la trascendencia donando joyas, no esperó al marido mientras cuidaba a los hijos, pero si se fue al combate por la libertad.  Mediante su labor de espionaje simbolizó a muchas otras hijas de la patria de Camilo Torres que se enrolaron en la lucha contra España.

No sabemos a ciencia cierta cómo hará Claudia López para implementar las mejoras que solucionarán temas candentes como la seguridad ciudadana, la desigualdad social la movilidad, la infraestructura de la ciudad y los alrededores, la perdurabilidad de los acuerdos de paz y muchas otras cuestiones que serán centro para la figura que gobernará desde el próximo año. Pero si decimos que su triunfo del domingo último fue una redención histórica para la Pola, la colombiana que se disuelve en cuentos, anécdotas y novelas de la Cadena Caracol. Por lo pronto la Madre América celebra que la López esté en el Palacio Liévano.

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Gustavo Vargas Martínez: cartógrafo del conocimiento

Sergio Guerra Vilaboy

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Cuando preparaba mi tesis doctoral sobre los artesanos de Bogotá en la revolución del medio siglo, me encontré con un libro inspirador de la autoría del historiador colombiano Gustavo Vargas Martínez titulado Colombia 1854: Melo, los Artesanos y el Socialismo. (1972). Después conocí a su autor en un evento de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) celebrado en México, en noviembre de 1984, con quien compartí cinco años después cuando me visitó en mi casa y conversamos toda una tarde sobre la historia latinoamericana.

Me regaló dos libros suyos, dedicados a Bolívar, que me han sido de mucha utilidad. Me refiero a Reflexiones sobre el sueño bolivariano de la Patria Grande (1985) y a Bolívar y el poder: orígenes de la revolución en las repúblicas entecas de América (1991). A la temática bolivariana también dedicó otras obras: Bolívar y Marx otro debate sobre la ideología del Libertador (1984), que obtuviera el Premio en la primera Bienal de Ensayo sobre el Libertador en Caracas (1983); Simón Bolívar. Semblanza y Documentos (1998) y Presencia de Bolívar en la cultura mexicana (2005), lo que explica que Gabriel García Márquez se entrevistara con él cuando preparaba El general en su laberinto, tal como lo reconoce en las últimas páginas de su famosa novela.

Gustavo Vargas Martínez (1934-2006) fue un historiador, filósofo, sicólogo y geógrafonacido enBucaramanga, Colombia, donde se graduó de Sicología en la Universidad Nacional de Bogotá en 1955, aunque su brillante carrera profesional la desarrolló en México. Se estableció en la capital mexicana desde que hiciera estudios de posgrado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Aquí obtuvo su Maestría (1956) y tres años después el doctorado en Sicología, cuya tesis, Ensayo sobre procedimiento psicológico clínico, publicó en1958. Desde 1964 se hizo cargo de la asignatura de Historia de la Cultura Latinoamericana en el Colegio de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y también laboró en la Universidad de Puebla. A partir de 1986 fue docente en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

China fue muy importante en su vida académica, desde que entre 1964 y 1968 residiera en Beijing, durante la llamada Revolución Cultural Proletaria dirigida por Mao Zedong. A partir de ese momento, visitó la gran nación asiática casi treinta veces, prestando servicios en el Instituto de Idiomas de la capital china, en la agencia de noticias Xinhua y en la Comuna Popular Lukuqiao o Puente de Marco Polo. En 1992 fue invitado de honor a la Conmemoración del V Centenario del llamado descubrimiento de América, pues ya había publicado dos años antes su libro Fusang, Chinos en América antes de Colón (1990), donde se refiere a la supuesta travesía del almirante chino Zheng He, a quien se atribuye recorrer las costas americanas al mando de una flotilla de juncos de 1421 a 1423. Gracias a todas esas experiencias e informaciones, pudo impartir en la UNAM cursos de Historia Antigua de China.

Este último libro formó parte de una nueva línea de trabajo emprendida por Gustavo Vargas: el estudio de las fuentes cartográficas, al que se consagró en los últimos años de su existencia. Esas investigaciones lo llevaron a concluir en su libro América en un mapa de 1489 (1996)–con prólogo de su coterráneo Germán Arciniegas de que numerosas cartas geográficas europeas de 1415 a 1493, atribuyeron mares, islas, penínsulas y otros accidentes geográficos al Asia, cuando en realidad eran de América y procedían de viajeros que habían estado antes de Colón en nuestro continente. Fue en ese contexto que fundó en 1998 la revista Amerística. La ciencia del nuevo mundo y publicó los textos Atlas Antiguo de América, siglos XV y XVI (1995) y Américo Vespucio: el primer nombre. 500 años del descubrimiento de América” (2005),

Vargas Martínez fue miembro destacado de varias sociedades científicas, como la Academia de Historia de Santander y la Academia Nacional de Geografía. En 1994 recibió la Orden al Mérito en grado de Comendador, de la República de Colombia y dos años después el  Premio Edmundo O ‘Gorman de México. Tras su fallecimiento, el 4 de marzo de 2006, la Escuela Nacional de Antropología e Historia organizó en su honor el evento Periplo de una Conciencia Americana. In Memoriam Gustavo Vargas Martínez, mientras la prestigiosa revista Cuadernos Americanos, a cuyo consejo editorial pertenecía, le dedicaba un número. Con total justicia, el a antropólogo mexicano Ricardo Melgar Tisoc lo califico de “un intrépido marinero y cartógrafo del conocimiento, en donde su pluriculturalidad (Colombia, Venezuela, Perú, México, España, China, entre otros), le permitió fondear tanto en fuentes americanos y europeas, como sumergirse en antiquísimos y maravillosos documentos y cartas geográficas del lejano oriente, particularmente de China”

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Apolinar Díaz-Callejas, la reforma agraria y la defensa de los derechos humanos

Sergio Guerra Vilaboy

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Fue Luis Suárez Salazar, recién nombrado Director del Centro de Estudios de América (CEA) de Cuba, quien en 1983 me presentó al destacado abogado, político, historiador y periodista colombiano Apolinar Díaz-Callejas. Desde entonces nos hicimos muy amigos, pues visitaba con frecuencia la isla, donde su hija Amparo, a la que asesoré en su trabajo de diploma, estudiaba Periodismo en la Universidad de Oriente. Me apoyó con documentos y libros para mi investigación sobre la revolución del medio siglo en Colombia y el papel de los artesanos y tuvo la gentileza de hacerle el prólogo cuando publique ese libro (1991).

Apolinar Díaz-Callejas (1921-2010) era oriundo de Colosó, Sucre. Graduado en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Cartagena de Indias, sus primeras labores lo vincularon a la asesoría de empresas agropecuarias. El estallido de ira popular del bogotazo, desatado por el asesinato el 9 de abril de 1948 del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, que inició la espiral de la violencia en Colombia que aún no ha finalizado, despertaron en el joven Díaz-Callejas sus inquietudes políticas. Al llegar las noticias, Apolinar se integró a la junta popular que ocupó durante diez días el poder en Barrancabermeja.

Su enorme sensibilidad por la terrible situación del campesinado colombiano y la violación de sus derechos, lo condujeron a apoyar la fundación por el presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) del Instituto Colombiano de Reforma Agraria (INCORA), del que luego fue subdirector. Con posterioridad, se desempeñó como Ministro de Agricultura, Gobernador de su estado natal y Senador de la Republica, puesto desde el que encabezó, tras el golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende en 1973, el Comité de Solidaridad con Chile.

Dedicado a la docencia y la investigación, realizó estudios sobre derechos humanos para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Parlamento Andino, siendo invitado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), a la Conferencia Mundial La Paz en el Medio Oriente y el conflicto palestino. Entre sus libros figuran: Del agua y el hombre (1976); Contadora. Desafío al imperio (1985); Diez días de poder popular (1988); Arrancados del hogar (1991); El lema respice polum y la subordinación en las relaciones con Estados Unidos (1996); Ensayos, Narraciones y Crónicas de Colosó (1998); Colombia y la reforma agraria. Sus documentos fundamentales (2002) y La reforma agraria en Colombia, Venezuela y Brasil. Nuestra costa caribe y el problema agrario (2006). A ellos hay que sumar numerosos ensayos en obras colectivas como “La Globalización y su impacto sobre los derechos humanos”; ¿Qué será de nuestra América en el siglo XXI?; “La Nueva Hegemonía en la guerra y la paz y “Nueva hegemonía en el Viejo Nuevo Orden Mundial”. Además, tuvo una leída columna en el periódico liberal El Heraldo de Barranquilla, donde según contaba lo sacaran por “izquierdista”.

Fue también miembro de la Academia de Historia de Colombia y de la de Cartagena de Indias, así como de la Comisión Andina de Juristas. Recibió varias condecoraciones, entre ellas la “Orden del Congreso de Colombia”, grado Gran Cruz con Placa de Oro y “Orden Bernardo O’Higgins”, de la República de Chile, grado de Comendador.

En 2007 compartí con Apolinar Díaz Callejas por última vez, cuando ya contaba 86 años, en su casa de Bogotá, donde lo visité en compañía de Roberto González Arana, profesor de la Universidad del Norte. A pesar de las dificultades para respirar –había sido un fumador empedernido-, que lo obligaba a auxiliarse de un pequeño tanque de oxígeno, conversamos sobre diversos temas e incluso almorzamos juntos. Diez años antes, los tres habíamos colaborado en un proyecto de Colciencias, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Universidad del Norte titulado “Naturaleza de las relaciones exteriores entre Colombia y Cuba”, dirigido al análisis de las relaciones entre los dos países desde 1996 a 2004 y cuyos resultados dieron lugar al volumen Colombia y Cuba. Del distanciamiento a la cooperación (1998). En esa última vez que lo vi me dedicó su valioso libro Colombia-Estados Unidos. Entre la autonomía y la subordinación. De la independencia a Panamá (1997), que había sido finalista del “Premio Planeta de Historia”.

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Otto Morales Benítez, prolífero intelectual de Indoamérica

Sergio Guerra Vilaboy

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Sentida semblanza de Otto Morales Benítez, destacado jurista, escritor, periodista, y político colombiano cuya obra escrita contribuye al conocimiento de la realidad latinoamericana. Anticipar la conmemoración del centenario de su natalicio con estas líneas, no es sino una forma de honrar desde siempre a tan ameritado maestro. 

Cuando mis hijas eran pequeñas y el cartero traía un abultado paquete, ellas decían casi a coro que eran libros de Otto Morales Benítez (1920-2015). Este prolífero intelectual colombiano escribió casi doscientos libros, entre ellos: Estudios Críticos (1948); Testimonio de un pueblo (1951); Revolución y caudillos (1957); El pensamiento social de Uribe Uribe (1960); Muchedumbres y banderas: luchas por la libertad (1962); Aguja de Marear, notas críticas (1979), Derecho agrario y otros temas de la tierra (1981); Reflexiones sobre el periodismo colombiano (1982); Cátedra caldense (1984); Propuesta para examinar la historia con criterios indoamericanos (1987); El maestro Arciniegas: emancipador cultural del continente (1990); Iconografía y fragmentos de prosas (1995); Sendero histórico y humanístico de Alberto Lleras (2006); Derecho precolombino: raíz del nacional y del continental (2007); Lo socioeconómico y lo popular en la independencia (2010) y Eduardo Santos: apuntes para una biografía política (2015).

Desde principios de los años ochenta comencé a cartearme regularmente con este distinguido escritor y político colombiano con quien me conectó mi amigo y maestro Francisco Pividal, cuando preparaba mi tesis doctoral sobre la revolución de los artesanos en Bogotá (1849-1854). Muy gentilmente, Morales Benítez accedió a enviarme material sobre el tema y en el 2000 publicó mi texto en bella edición empastada, en la Colección 30 Años de la Universidad Central de Bogotá que estaba a su cargo, junto con otro libro de mi autoría: El dilema de la independencia. A ambas obras les hizo un solo y extenso prólogo que ese mismo año editó como libro independiente con el título de Luchas populares, prelaciones y enseñanzas de la historia en Indoamérica.

Otto Morales Benítez, cuyo centenario celebraremos el próximo año, pues nació el 7 de agosto de 1920 en Caldas, fue un destacado jurista, escritor, periodista, y político colombiano. Graduado en 1944 en la Universidad Pontificia Bolivariana, fue docente de derecho laboral, administrativo, internacional, agrario y público, así como de sociología y literatura, en las universidades del Externado, América y Libre de Bogotá. También estuvo al frente del influyente periódico El Colombiano de Medellín, fue senador por el departamento de Caldas, diputado en la Asamblea Departamental de Caldas y representante a la Cámara, así como candidato a la presidencia de Colombia por el Partido Liberal.

Desde 1948 perteneció a la comisión nacional investigadora de las causas de la violencia y durante diez años recorrió el país y contactó con diferentes grupos guerrilleros para intentar conseguir la pacificación. Durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo, de 1958 a 1962, Morales fue Ministro de Trabajo y de Agricultura, cartera esta última desde la que defendió la reforma agraria ante el Congreso nacional.  A lo largo de su extensa vida recibió numerosos reconocimientos entre ellos los de Profesor honoris causa de la Universidad Colegio Mayor de San Marcos en Lima, y de Doctor honoris causa de las universidades del Centro de Perú y la Central de Colombia. Además, fue miembro de las academias colombianas de la Lengua, de la Historia y de la de Jurisprudencia.

Pude reciprocar algunas de sus muchas atenciones cuando participó como invitado especial en el IX Encuentro Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), celebrado en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, Colombia, donde murió el Libertador Simón Bolívar. En esa ocasión, Otto Morales Benítez, cercano ya los 90 años de edad, recibió la condición de Miembro de Honor y pronunció, el 25 de mayo de 2010, la conferencia magistral inaugural sobre la realidad y el destino de Nuestra América, convirtiéndose en el centro de atención de todos los participantes por sus amplios conocimientos y buen humor.

 

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