Conecta con nosotros

Madre América: Ecuador

Ecuador en crisis ¿quién es el culpable?

René Villaboy

Publicado

en

Es casi una tenencia obligada buscar en los factores y enemigos externos la responsabilidad de cualquier acontecimiento crítico, o situación adversa que perturba el rumbo lógico de nuestra existencia. Un tropiezo de salud, es casi siempre responsabilidad de la enfermedad y no de nuestro dislocado estilo de vida que la provocan. Tal y como sucede en la vida cotidiana, en la política la “maldita culpa “siempre está en el opositor, en el adversario, en ese que presumiblemente no se contenta con estar fuera del poder o lograr sus objetivos. Así hoy, la causa que provocó que Ecuador se inflame en las llamas, que desborde en la protesta social, que experimente un retorno a los peores tiempos de su historia reciente, con represión y estado de sitio incluidos, no está en los errores y recurrentes desaciertos de su actual presidente, en materia de política económica y social, sino en muchos otros actores de fuera.

El propio Lenin Moreno ya culpó al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y al expresidente ecuatoriano, Rafael Correa, de orquestar un golpe de estado en su contra. También otros han acusado a Cuba de estar detrás las protestas. Ya recorren el mundo las cifras y los cálculos de cuánto se ahorra Ecuador con las medidas del paquetazo, y muchos ecuatorianos y ecuatorianas han salido en su defensa. Las movilizaciones sociales son vinculadas a casos de vandalismo, delincuencia o atentado al orden y la propiedad. Pero al final, en la búsqueda de los culpables, se debaten los miembros del gobierno ecuatoriano, los grandes medios de comunicación, el Departamento de Estado y las agencias de Seguridad de los Estados Unidos, y mientras aparece el responsable del estallido popular las calles de Quito, y de otras ciudades del aquel país, hierven y aumentan los heridos, los encarcelados y los que se enfrentan a la policía y al ejército, éste ya con efectivos que ha se han pasado al bando de los indignados.

En medio de toda esta crisis, el presidente Lenin Moreno se escabulle y se refugia bajo al amparo de las mayores fortunas del país que se agolpan en la capital financiera ecuatoriana, la portuaria región de Guayaquil. Ahora explícitamente es también bastión de poder y gobierno.

Sería ingenuo tratar de esconder que los 10 años de administración de Rafael Correa estuvieron exentos de errores y decisiones erradas, a lo que se añade que algunos planes y programas del ejecutivo de la Revolución Ciudadana pudieron tener un mejor vuelo.  Sin embargo, las valoraciones de los proyectos o procesos de cambio no deben relacionarse instintivamente con las acciones de sus seguidores o de sus líderes. Y es que las revoluciones, como se sabe, son o no son, las medias revoluciones no existen, no pueden trascender, pues como diría un célebre político mexicano: revolución que pacta se suicida. Pero también es un hecho irrebatible que Lenin Moreno no llegó a Carondelet sólo  por su gestión personal, por obra y gracias de su gestión como enviado del Secretario General de la ONU para la discapacidad y la Accesibilidad, por su carisma y menos aún por su capital político. Su candidatura fue resultado de los logros –reales o no-de la Alianza País y de su Líder, Rafael Correa. Este último empujó literalmente la postulación de Moreno Garcés, y lo llevó a la máxima magistratura del estado ecuatoriano. La mayor capacidad del hoy presidente fue el histrionismo kafkiano que utilizó para dejarse llevar directo al ejecutivo.

Sólo apunto en medio de esta ofuscada lucha política y mediática para buscar culpables; que uno de los actores más importantes de la actual protesta ecuatoriana, la Conaie, es el movimiento social más importante del país en el cambio de siglo. La principal organización indígena que derribó históricamente a varios presidentes, y que no estuvo apoyando a Correa durante la mayor parte de su mandato.  Las contradicciones entre la agrupación y el proyecto de Alianza País fueron numerosas y muy conocidas. Eso en buena parte explica la “delicadeza y deferencia” con que Lenin Moreno se refiere en estos días a nuestros “hermanos indígenas”. Los mismos a los que ofreció el edificio de la Unasur con tal del desalojar la sede del mecanismo de integración regional del que sacó a su país. Los mismos hermanos indígenas a los que llama al diálogo frente al resto de los otros sectores que se han levantado. Los zánganos para Moreno, no son los pueblos originarios del Ecuador, pues sabe que de ellos pende en gran medida la continuidad de su gobierno. Entre tanto, si el grito contra el paquetazo- que deroga “las bondades y despilfarros del gobierno anterior,” para dedicar fondos a la invisible gestión del ejecutivo actual se torna en un reclamo general contra Moreno, y surgiera de la crisis actual la emblemática e histórica frase ¡que se vayan todos¡  ya nadie buscaría culpables.

Madre América: Ecuador

El médico quiteño Eugenio Espejo

Germán Rodas Chaves

Publicado

en

Acosado por el Poder colonial llegó a Santa Fe de Bogotá el médico quiteño Eugenio Espejo en enero de 1789, luego de un largo viaje que lo inició a finales de 1788. Su desplazamiento se produjo debido a que en junio de ese año el Ministro de la Corte de Madrid, Antonio Porlier, comunicó al Virrey de la Nueva Granada que el Rey había dispuesto que se hiciese cargo, con el carácter de inmediato, del proceso que las autoridades locales de Quito formularon en contra de Espejo. De tales acusaciones, posteriormente, el quiteño fue absuelto en Bogotá, el 2 de diciembre de 1789.

La persecución al ilustrado quiteño se había iniciado años atrás. Hubo diferentes artificios para ello, entre los cuales citaré dos. El primero se refiere  a la postura indeclinable de Espejo, en 1785, para no modificar sus opiniones, que le fueron solicitadas por el Cabildo, sobre el instructivo enviado por el Rey de España, en relación a las medidas sugeridas desde Madrid  -particularmente por el Doctor Francisco Gil- para combatir la viruela.

Dicho informe, contenido en 179 páginas, fue designado por su autor como “Reflexiones sobre la viruela”. Allí el médico Espejo se refirió, con sagacidad, pero al propio tiempo con claridad, sobre las causas que propiciaban las enfermedades en Quito. Sus puntos de vista cuestionaron, indirectamente, a las autoridades de la Colonia, puesto que su comportamiento no había contribuido para redimir a la población de “una conducta impropia que favorecía la propagación de las epidemias”.

La segunda circunstancia que enojó a esas mismas autoridades, fue la actuación de Espejo, en 1787, cuando publicó un alegato denominado “La defensa de los Curas de Riobamba”, escrito por medio del cual  -luego de haber permanecido en esa ciudad andina- demostró que las inculpaciones a los curas-en el sentido de que los religiosos propiciaban fiestas entre los indígenas para obtener lucros-fueron falsas. Tal exposición, adicionalmente, dejó en claro la forma infamante con la cual se trataba a los indígenas de esa región por parte de algunos de los representantes de la metrópoli española.

A causa de estas dos situaciones, Espejo fue conducido preso desde Riobamba a Quito en 1787; tiempo después viajó –como queda dicho- a Bogotá para defenderse de las acusaciones que pesaban en su contra.

Cuando el médico quiteño llegó a Santafé de Bogotá era ya un erudito. Su producción bibliográfica era conocida por importantes sectores de intelectuales bogotanos, tanto más que el ilustrado quiteño había logrado relacionarse, tiempo atrás, con Antonio Nariño y con Francisco Antonio Zea. Por estas razones la presencia de Eugenio Espejo en dicha ciudad no fue ignorada; por el contrario los núcleos de Ilustrados estuvieron atentos a sus ideas y prontamente lo invitaron a formar parte de su entorno.

Uno de los más conspicuos  actores de la vida Ilustrada en Santa Fe de Bogotá fue el patriota Antonio Nariño y Álvarez quien, pese a su juventud, conocía el pensamiento enciclopedista francés. Nariño adquirió una casa en la Plazoleta de San Francisco, en cuya planta baja funcionó un centro de pensadores, de escritores y de lectores que se cobijaron bajo el nombre de “El Arcano Sublime de la Filantropía”. A este centro fue convidado Espejo y su participación fue motivo de interés de sus contertulios, más allá que el médico quiteño debió nutrirse del debate que ocurrió en este importante núcleo ilustrado.

En dicho centro, como dice el historiador colombiano Antonio Cacua “se conspiró,  se habló de revolución, de independencia, de libertad, se estudiaron las Constituciones de Estados Unidos de América y de Francia y  se conocieron los Derechos del Hombre y del Ciudadanos”.

En efecto, al “Arcano Sublime de la Filantropía” –institución que para algunos estudiosos, particularmente colombianos, fue una logia masónica-concurrieron a discutir y a propiciar debates de trascendencia, distintos personajes bogotanos.

Tales deliberaciones fueron complementadas con los aportes académicos del sabio español José Celestino Mutis -quien dirigió la expedición botánica de la Nueva Granada-y también del erudito francés Louis de Rieux, el mismo que, antes de que partiera Espejo de retorno a Quito, se preocupó de transmitir entre sus amigos, aunque de manera general y gracias a las informaciones que había recibido, sobre la existencia de un texto fundamental que fue aprobado por la Constituyente francesa en 1789: ”Los Derechos del Hombre”.

Cuando ocurrió esta circunstancia, “Rieux les hizo una observación a los concurrentes al Arcano sublime de la Filantropía: “difundan los Derechos del hombre”.   Aquello equivalió a decirles que lucharan por un nuevo orden para gozar, luego, de los derechos de opinión, de prensa y de conciencia; para ser libres, en suma.

Nariño, convocado por tal circunstancia y a propósito del debate que la propuesta suscitó, tradujo al español los Derechos del Hombre en 1790 y los publicó, en 1793, en la imprenta de Antonio Espinosa de los Monteros, la misma imprenta que editó el texto de Espejo “El Discurso” que fuera escrito en Bogotá a manera de antecedente de lo que, subsiguientemente, fue la “Sociedad Patriótica de Amigos” que el precursor quiteño fundó en Quito en 1791, un año antes de que pusiera en circulación  el periódico “Primicias de la Cultura de Quito”.

Por todo lo referido, no cabe la menor duda que el paso de Espejo por el “Arcano Sublime de la Filantropía” y su estancia en Bogotá, fueron vivificantes y de trascendente repercusión en la vida del ilustrado quiteño, cuya influencia en las ideas de las jornadas libertarias de Quito –en la primera década del siglo XlX- fueron germen fecundo y raíces de un nuevo tiempo.

Continuar Leyendo

Madre América: Ecuador

Tras la huella de la quina

Germán Rodas Chaves

Publicado

en

Las diversas misiones científicas que arribaron a la Real Audiencia de Quito en el siglo XVlll y en los primeros años del siglo XlX se interesaron, entre otras cosas, en la planta medicinal llamada la quina que ya había adquirido fama en diversos territorios de la región americana –y luego en Europa- debido a su especificidad curativa frente a lo que entonces se designó como las fiebres intermitentes y, particularmente, gracias a sus propiedades para curar al paludismo.

En efecto, en 1736 arribó a la Presidencia de Quito la misión Geodésica Francesa, enviada por la Academia de Ciencias de París, con la finalidad de efectuar estudios que le permitieran definir la forma del globo terráqueo. Formando parte de la misión, que estuvo al mando de Luis Godin y de Carlos María de la Condamine, se hallaba el Ingeniero J. De Morainville quien, en 1738, acompañó a La Condamine hasta el sitio de Saraguro, ubicado en la Provincia de Loja –actual región fronteriza con el Perú- con la finalidad de estudiar el árbol de quina o cascarilla que, como lo he referido, se utilizaba para el tratamiento de la malaria. Con esta oportunidad Morainville dibujó la planta de la quina y su representación, subsiguientemente, fue ampliamente difundida en el viejo continente, particularmente en Francia y en España.

En este orden de sucesos también debe mencionarse la tarea de un criollo cuzqueño, Miguel de Santisteban, quien estuvo al servicio de la Corona Española y que fue encargado, en 1752,  de la búsqueda de la quina. El mentado personaje luego de haber permanecido un largo tiempo en la provincia de Loja remitió un informe de sus estudios–acompañados de numerosos bosquejos- a Santa Fe de Bogotá. Este trabajo fue, luego, entregado al médico, sacerdote y científico español Celestino Mutis, dedicado a los estudios botánicos quien, en 1764, remitió ese material a Suecia para que fuera examinado por el botánico Carlos Linneo, el mismo que a partir de tal información, reformuló la descripción de la quina.

Mutis –quien arribó a Santa Fe en 1760 y fue autor de una importante bibliografía sobre las características de la quina-desde 1783 dirigió la Expedición Botánica de la Nueva Granada la cual, en 1801, encargó al patriota granadino Francisco de Caldas para que viajara a Quito tras la huella de la quina. Mientras Caldas efectuaba los estudios que le fueron encomendados, ocurrió la presencia en la Real Audiencia de Quito del botánico español Anastasio Guzmán, miembro de La Regia Sociedad de Sevilla, también interesado en el conocimiento de la quina. Guzmán realizó su trabajo con el apoyo del ilustrado quiteño José Mejía.

Paralelamente a las misiones señaladas, otros dos investigadores formidables estuvieron en la Audiencia de Quito. Se trató de la Misión conformada por el alemán Alexander von Humboldt y el investigador francés Aimé Bond Pland quienes llegaron a Quito en 1802. Su preocupación por estudiar la quina fue notable.

En medio de toda esta realidad es preciso señalar que el científico quiteño Eugenio Espejo desarrolló, asimismo, estudios sobre la quina. En 1792 escribió Memoria sobre el corte de las quinas en cuyo estudio efectuó una serie de análisis sobre los aspectos más significativos de la quina en Loja y se refirió a la depredación de la planta y cuestionó, con pericia, la extracción indiscriminada de la quina y la ausencia de mecanismos e iniciativas que pudieran asegurar su remplazo, puesto “que su Majestad ha ordenado se extraiga la quina en todos sus dominios”.

En 1805 también estuvo en Loja Juan Tafalla, integrante de lo que se conoció como la Expedición Botánica del Perú, y que al disponerse que los Jefes de esa misión –Hipólito Ruiz y José Pavón- retornarán a Madrid, recibió el encargo de trasladarse a Loja, para que completará el trabajo de tal expedición y enviara a España las muestras de las plantas que pudiera considerar de valía botánica y, desde luego, la información pertinente sobre ellas. Tafalla puso denodado interés en el estudio de la cascarilla lojana logrando establecer una variadísima clasificación de esta planta y de su uso, también, diverso.

Es complementario señalar que los estudios de la quina dieron cuenta no sólo el interés por ampliar el conocimiento, sino que expresaron una finalidad relacionada con la afirmación de los europeos del “otro yo” y de la utilización “de lo suyo”, en la perspectiva agregada de favorecer la economía de las metrópolis; pero no cabe la menor duda que junto a tales propósitos, el género humano debe reconocer y valorar el rol de estas misiones científicas ilustradas que estudiaron la quina, puesto que sus empeños auxiliaron en la tarea de batallar frente a determinadas enfermedades, esa faena que hasta nuestros días sigue comprometida con la supervivencia de la especie.  

Continuar Leyendo

Madre América: Ecuador

PENSAMIENTO MÈDICO Y LA GRIPE ESPAÑOLA EN EL ECUADOR

Germán Rodas Chaves

Publicado

en

La pandemia gripal a la que hago referencia en estas líneas fue llamada, inadecuadamente, “gripe española”, debido a que en la península Ibérica la información sobre las características de esta enfermedad fue constante y abundante, más allá de que el origen de este padecimiento ocurrió en los Estados Unidos, desde donde se propaló el virus en medio de tres ciclos diferentes que acontecieron entre marzo de 1918 y febrero de 1919, dejando en el planeta alrededor de 70 millones de muertes.

La denominada “gripe española” se irradió en los momentos finales de la primera guerra mundial (1914-1918) provocando un holocausto mayor que la propia conflagración. La transportación al continente europeo de tropas norteamericanas –algunos de cuyos soldados estuvieron contaminados por el virus- precipitó que tal espacio geográfico fuera, inicialmente, el más afectado. Ulteriormente se contagiaron otras regiones del planeta.

En el Ecuador, en el mes de octubre de 1918, la prensa local advirtió a las autoridades sanitarias –nutriéndose de la información periodística internacional, particularmente del diario ABC de Madrid y del periódico norteamericano The Evening World- sobre el avance de la epidemia gripal que a su paso había provocado miles de víctimas.

Lo referido exigió que el Ministro del Interior y Sanidad, José María Ayora, pidiera a su hermano Isidro, entonces decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central, que elaborara un instructivo para confrontar la epidemia y preparar, de esta manera, a la población local frente a la acechanza de la “gripe española”.

El doctor Isidro Ayora, junto a los profesores de la Facultad de Medicina Luís Dávila y Aurelio Mosquera Narváez, trabajó un instructivo con normas higiénicas fundamentales y prácticas para resistir los efectos de la gripe. Tal material de difusión fue concebido bajo la orientación del pensamiento médico higienista europeo, de tal suerte que se involucró en las acciones de respuesta a la epidemia a otras instituciones como el Cabildo e inclusive se implicó, en esta réplica, a las farmacias de la ciudad.

La opinión referente a que la “gripe española” se desplegaría con rapidez y virulencia en los climas fríos y de altura, favoreció en nuestro país la noción que tal pandemia –cuando ésta irrumpiera en el Ecuador- afectaría exclusivamente a las poblaciones de las ciudades de la sierra. Por ello cuando el 13 de diciembre de 1918 se detectó que la gripe había llegado a Guayaquil –debido al arribo a esta ciudad de una pequeña embarcación proveniente desde un puerto peruano, uno de cuyos tripulantes tuvo el virus gripal- la desazón y sorpresa de las autoridades sanitarias fue enorme, más allá de que la expansión de la enfermedad en dicha ciudad no aconteció finalmente.

El mal que sobresaltó a Guayaquil tuvo vía de transmisión hacia la Capital ecuatoriana mediante una unidad de soldados pertenecientes al batallón Marañón –afincado en la Capital- que fueron transportados por tren desde Guayaquil a Quito, rompiendo inconsultamente el cerco epidemiológico que se había instituido. La “gripe española” –ahora si en un medio geográfico que favorecía su desarrollo- fue detectada en Quito el 16 de diciembre de 1918. Al día siguiente, por disposición de las autoridades de higiene, se cerraron las instituciones de educación, se clausuraron las actividades públicas y se informó a la población de la circunstancia epidémica.

En este entorno, los médicos fueron organizados no sólo para que atendieran a los contagiados en determinados lugares de la ciudad, sino para que pudieran examinar a los posible aquejados del virus gripal en sus propias viviendas -a más de que efectuaran controles profilácticos en diversos sitios de la ciudad- todo ello en medio de un seguimiento clínico adecuado a los casos identificados como víctimas de la epidemia.

No cabe la menor duda que la réplica de los encargados de enfrentar la “gripe española” en el país, denotó la adscripción de ellos al pensamiento higienista público, corriente cognoscente médica que había comenzado a desarrollarse en el Ecuador en el gobierno de Leonidas Plaza Gutiérrez (1901-1905) y que fuera impulsada, posteriormente, por Alfaro en su segundo periodo presidencial (1906-1911) dejando de lado al pensamiento epistémico del asistencialismo público, establecido en la primera etapa alfarista (1895-1901).

El 19 de enero de 1919, las autoridades sanitarias del país señalaron que la epidemia de la “gripe española” había sido controlada y procedieron a autorizar la reanudación de clases, entre otras cosas. La sub-dirección de Sanidad reportó, en 1919, que en Quito se habían presentado 15.070 casos de gripe y 185 defunciones por esta misma circunstancia.

Contrastada la realidad local con lo que había acaecido, por ejemplo, en México o en Bogotá –en donde ocurrieron miles de muertes- las circunstancias de la epidemia gripal fueron bastante bien controladas y todo ello fue posible debido a los criterios preventivos que impulsó el médico Isidro Ayora.

Ayora había comprendido que la pandemia debía ser advertida en un contexto en donde las relaciones y los equilibrios sociales y socio-ambientales se habían afectado o alterado y que, por todo ello, las acciones del estado frente a la enfermedad debían también dar cuenta de esta realidad involucrando en su respuesta contra la gripe a los diversos estamentos del poder y de la sociedad.

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS