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Madre América: Ecuador

Quito la ciudad luz de América. Orígenes y resistencia indígena

René Villaboy

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Las ciudades más antiguas de América son en buena medida un legado urbanístico del colonialismo europeo en nuestras tierras. Muchas de ellas se construyeron sobre las bases o las ruinas destruidas de los pueblos originarios. Aquellas primigenias villas coloniales- fundadas para asentar definitivamente las huestes conquistadoras- devinieron en importantes capitales y poblaciones del continente. Pero la hegemonía de una cultura sobre otra que se pretendió imponer, también mediante edificaciones, terminó siendo una simbiosis entre colonialismo y resistencia de los pueblos de América, pasado y presente, tradición y modernidad en forma de ciudad. De esas capitales, el año que está por concluir, dos han cumplido medio milenio: Panamá y La Habana, las cuales recibieron el júbilo y el agasajo de sus respectivas autoridades y habitantes. Este 6 de diciembre, otra importante capital celebra 485 años de haber sido definitivamente creada. A los orígenes y la resistencia indígena que dio paso a la fundación de Quito- la llamada Luz de América- dedicamos estas notas. 

La etapa de la conquista y colonización de los territorios que hoy conforman el actual Ecuador se inició en 1534. Sebastián de Benalcázar; oriundo de la Córdova española, quien se involucró en la ocupación de las actuales repúblicas de Panamá y Nicaragua y luego, bajo las órdenes de Francisco Pizarro, participó en la invasión al imperio de los Incas, dirigió el propósito de poner bajo la soberanía española la parte norte del imperio de los Incas. El avance del conquistador español se vio favorecido por los estragos dejados por la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, especialmente por la agudización de las rivalidades ancestrales entre los diferentes grupos étnicos que se asentaban en la zona ecuatoriana. Además, el cordobés pretendía frenar la llegada de Pedro de Alvarado, quien procedente de Guatemala venía en busca del afamado tesoro de los incas.

Partiendo de San Miguel de Piura, en la región norte del Perú, donde era gobernador, Benalcázar avanzó hasta Tomebamba, capital de los Cañarís, ganándose el apoyo de éstos, quienes eran declarados partidarios de Huáscar durante la guerra civil y enemigos del lugarteniente quiteño de Atahualpa: Rumiñahui. Este último tras el asesinato del descendiente de Huayna Cápac, en agosto de 1533, fue proclamado soberano del virtual Reino de Quito, y tuvo bajo su liderazgo la resistencia a la conquista europea en aquella zona.  El jefe indígena enfrentó, en julio de 1534, a los invasores, reforzados por 11 mil efectivos de la región cañar, en la batalla de Tiocajas, en la actual provincia de Chimborazo. Dicho combate llegó a equilibrarse entre ambos contendientes, sin embargo, la erupción del volcán Tungurahua, favoreció la desbandada de parte de las tropas de Rumiñahui, que tomaron el hecho natural como una señal divina.  Al mismo tiempo, para frenar el avance hacia la región de Pedro de Alvarado; quien venía con una poderosa expedición a conquistar el territorio, se le unió a Benalcázar, Diego Almagro, ambos fundaron un asentamiento provisional al que bautizaron Santiago de Quito, el 15 de agosto de 1534, muy cerca de la actual Riobamba y unos días después fue juramentado el cabildo de la ciudad.

Tras ser finalmente derrotado, Rumiñahui, abandonó su territorio, no si antes incendiar la capital y llevarse consigo las riquezas reales. Refugiado en el norte fue sometido a constantes hostigamientos por parte de las fuerzas de Benalcázar, y luego sujeto a torturas para arrancarle el secreto sobre el paradero de los tesoros sacados de Quito. Sin lograr su objetivo los conquistadores lo victimaron en enero de 1535. Rumiñahui, es considerado hoy un héroe popular: símbolo de la resistencia indígena ecuatoriana contra la invasión extranjera. Sobre las ruinas de la ciudad destruida por el líder indígena se fundó la villa de San Francisco de Quito, el 6 de diciembre de 1534. Situada en las faldas del volcán Pichincha, la nueva ciudad cumplía con un grupo de requisitos que se exigían entonces, agua, tierras fértiles y una población indígena que sirviera d emano de obra para la construcción y el sostén de la villa. Estos último al decir del historiador ecuatoriano Jorge Núñez recibieron con esta fundación el impacto psicológico de trabajar en la edificación de una ciudad hispana sobre las ruinas de la capital de los quitus. Así surgió Quito sobre la sangre de Rumiñahui, y sobre la explotación de sus hijos originarios. De la evolución y la historia que la llevaron a ser la a la capital del Ecuador la luz de América habrá que volver en un próximo trabajo.    

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FIDEL EN EL ECUADOR: AÑO 1971

Germán Rodas Chaves

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El sábado 4 de diciembre de 1971 arribó a Guayaquil el máximo dirigente del Estado Cubano, Fidel Castro, quien fuera invitado por el Presidente José María Velasco Ibarra pese a que el Ecuador no tenía, en ese momento, relaciones diplomáticas con Cuba.

La mentada invitación a Castro fue considerada por Velasco Ibarra  a finales del mes de Octubre de 1971 y puesta en marcha en los primeros días de Noviembre de ese año con oportunidad de una reunión organizada por el Presidente de la República, a la que concurrieron el ministro de Defensa Luis Robles Plaza, el Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas Vicealmirante Jorge Cruz Polanco y el doctor Manuel Araujo Hidalgo, amigo personal de Velasco y de Castro.

Allí se convino que Araujo Hidalgo efectuaría de inmediato los contactos necesarios para que la invitación del Presidente Velasco llegara a la brevedad a Fidel Castro, quien en esos días se hallaba en Chile, en donde había permanecido por una temporada junto al Presidente de ese país, Salvador Allende.

La información del convite llegó a Fidel Castro por medio de la Embajada de Cuba en Santiago de Chile. El mandatario cubano resolvió, previamente, enviar a un funcionario de su gobierno –que formaba parte de su comitiva que se encontraba en Chile- el mismo que arribó a Quito a mediados de noviembre para conocer los términos del encuentro. El funcionario cubano designado para esta misión fue Jorge Luis Joa Campos.

Joa Campos –quien hace unos años me proporcionó su testimonio sobre esta circunstancia histórica- le dijo al Presidente ecuatoriano que “el Comandante Castro le hace llegar el agradecimiento por su invitación, pero al propio tiempo le pide que el encuentro se realice en una ciudad costera debido a los riesgos que existen para aterrizar en Quito”. Velasco le respondió: “Señor, dígale al doctor Castro que nos reuniremos en Guayaquil”.

Velasco Ibarra de manera inmediata nombró una comisión encargada de preparar la cita con Castro. Dicha comisión la integraron el Ministro de Gobierno, Jaime Nebot Velasco;  el Ministro de Defensa, Luis Robles Plaza; el Ministro de Relaciones Internacionales, Rafael García Velasco y el doctor Araujo Hidalgo.

En los siguientes días de su estancia en el Ecuador, Jorge Luis Joa auscultó, al más alto nivel,  el criterio de las Fuerzas Armadas, entre otros sectores, respecto del encuentro que ocurriría entre los dos mandatarios en Guayaquil. En todas estas citas –organizadas por la Comisión formada por el Presidente Velasco- estuvo acompañado por Manuel Araujo.

Todos estos asuntos, inmediatamente y de manera personal, fueron proporcionados por Joa a Fidel Castro quien, entonces, tomó la decisión de visitar al Presidente Velasco Ibarra en Guayaquil, a propósito de su retorno ya planificado, desde Chile, a Cuba.

La información sobre el viaje de Castro al Ecuador fue notificada oficialmente por el Gobierno Nacional al país el 2 de diciembre de 1971. Se dijo, entonces, que la comitiva cubana efectuaría una “escala técnica” de pocas horas en la ciudad de Guayaquil.

El desplazamiento de Fidel Castro de vuelta a Cuba desde Chile, se produjo en horas de la mañana del 4 de diciembre de 1971. Primero aterrizó en Lima, en donde se entrevistó con el Mandatario de ese país, el General Juan Velasco Alvarado. La comitiva –transportada todo el tiempo en dos aviones cubanos- partió luego a la ciudad peruana de Talara. Allí se abastecieron de combustible. En este aeropuerto Fidel Castro cambió de avión –al más pequeño- y desde allí se dirigió hacia Guayaquil, ciudad a la que llegó a las 18h 30 del mismo día 4 de diciembre. Desde Guayaquil, luego de la entrevista con Velasco Ibarra, retornó a Talará, a fin de embarcarse, nuevamente, en el avión grande y continuar hacia La Habana.

En el aeropuerto de Guayaquil Fidel Castro fue recibido por Velasco Ibarra quien estuvo acompañado de varios Ministros de Estado. En este encuentro –realizado en una de las salas del aeropuerto acondicionadas para el efecto- el Presidente ecuatoriano conversó amigablemente con Castro y en un momento dado le pidió al dirigente cubano que propiciara los mecanismos adecuados para extraditar a los secuestradores de un avión de TAME que dos años antes fue desviado a Cuba. Posteriormente el mandatario cubano, en otra sala del aeropuerto, ofreció una larga rueda de prensa a reporteros locales e internacionales.

Concluida la conversación con la prensa, Castro fue invitado a una cena –en el casino de la fuerza Aérea Ecuatoriana- en cuyo lugar, previamente, tuvo lugar un encuentro privado –de treinta minutos- entre Velasco Ibarra y Castro Ruz.  De ese encuentro privado me dijo Joa Campos: “En el avión de regreso a Talara, el Comandante nos comentó que aprovechó la ocasión para agradecerle al Presidente Velasco la información que en 1961 –a través de Manuel Araujo Hidalgo y cuando Velasco también fue Presidente- le hiciera llegar sobre los preparativos que el mandatario ecuatoriano conocía que se fraguaban por parte de sectores de extrema derecha norteamericanos para atacar a Cuba, lo cual en efecto ocurrió en abril de ese mismo año; nos dijo que, además, los dos jefes de Estado convinieron el momento que reanudarían las relaciones diplomáticas entre Cuba y Ecuador…”

A la cena ofrecida por el doctor Velasco a la comitiva cubana asistieron importantes funcionarios del Estado ecuatoriano e invitados especiales, entre ellos algunos de los dirigentes de los partidos comunista y socialista del Ecuador. Con esta oportunidad se ofrecieron los discursos de rigor de los dos mandatarios y fue también el espacio para que Fidel Castro –con su locuacidad recordada- efectuara algunos comentarios sobre temas diversos.

Precisamente en esas circunstancias Fidel Castro dirigiéndose el Secretario General del Partido Comunista del Ecuador –Pedro Saad- le dijo: “Pedro, el doctor Velasco no es fascista como tú dices…” y en otro momento le dijo al Presidente ecuatoriano –quien en su discurso señaló ser partidario de las revoluciones que benefician a los pueblos- “doctor Velasco, si cree en las revoluciones y como usted tiene hoy el poder…entonces haga la revolución…”.

Mensaje del editor:
La publicación de la nota, Impronta de la Revolución cubana en Ecuador de Rene Villaboy, en Informe Fracto el 3 de enero de 2020, motivó a Germán Rodas, apreciado intelectual ecuatoriano a remitirnos este interesante artículo, con el que se incorpora a la lista de colaboradores latinoamericanos de nuestra revista. ¡Bienvenido Germán!

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Impronta de la Revolución cubana en Ecuador

René Villaboy

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La historia contemporánea de América Latina entró en nueva etapa a partir 1959 por el triunfo de la Revolución Cubana. El primer día de ese año, la isla caribeña amaneció con la noticia de la huida del dictador Fulgencio Batista y del control del país por parte de las fuerzas del Ejército Rebelde dirigido por Fidel Castro. Iniciaba así un profundo y complejo proceso de transformaciones que culminó en el establecimiento del primer estado socialista en el hemisferio occidental, a tan sólo noventa millas de los Estados Unidos. Los cambios que operaron en Cuba, dirigidos a devolver al país la soberanía y la independencia nacional, y eliminar la explotación mediante numerosas medidas de beneficio social, impactaron de manera directa en casi todos los rincones de la región.

Ecuador no estuvo exento de sentir la influencia de los vientos revolucionarios que soplaban por nuestra América. Como eco de los acontecimientos de Cuba, surgió en el país andino la Unión Revolucionaria de Jóvenes Ecuatorianos (URJE) el 27 de noviembre de 1959, agrupación integrada por estudiantes universitarios y de enseñanza media, admiradores del movimiento dirigido por Fidel Castro. De igual forma los sectores radicales de los Partidos Comunista y Socialista abogaron por la adopción de la lucha armada, como senda para cambiar el orden de cosas en el país, lo cual condujo más tarde al fraccionamiento de tales agrupaciones y al surgimiento de nuevos partidos de izquierda.

En medio de este clima, y una vez terminado el gobierno de Camilo Ponce Enríquez en 1960, regresó al Palacio de Carondelet el “eterno” presidente Velazco Ibarra, apoyado en la efervescencia social y revolucionaria que sacudía al estado sudamericano. Eso explica la posición de consentimiento que el nuevo jefe de gobierno ecuatoriano adoptó hacia el proceso que experimentaba Cuba. Sin embargo, dicha posición le costó  su abrupta salida del cargo presidencial en 1961. Según Germán Rodas, Velasco Ibarra, no sólo se negó a romper relaciones con Cuba, ante las numerosas presiones del embajador norteamericano en Quito, sino que además por mediación de su ministro de gobierno, Manuel Araujo Hidalgo, quien visitó La Habana en 1961, le transmitió al líder de la revolución cubana, Fidel Castro, una advertencia sobre la posibilidad de una invasión militar a la isla que ya se fraguaba desde el Departamento de Estadoen Washington. Mientras esto ocurría soterradamente, en la esfera pública el mandatario era presionado por los grupos económicamente poderosos que ya se sentían la inminente crisis y se manifestaban temerosos de la revuelta social que se veía venir. De esta manera el gobierno ecuatoriano entró en crisis, al mostrar un aparente cruce ideológico entre el primer mandatario y el Vicepresidente, Carlos Arosemena Monroy. Este último, realizó una visita -sin autorización del parlamento ecuatoriano, del cual era también presidente- a la Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas (URSS). El acontecimiento fue el pretexto para que se enfrentaran ambos bandos de la administración, altercado que se extendió también al órgano legislativo y que incluyó la prisión del vicepresidente por órdenes del ejecutivo. De toda aquella circunstancia el efecto directo fue la deposición de Velasco Ibarra por parte de efectivos del ejército, en noviembre de 1961. Después del desalojo del presidente Velasco, no se interrumpió, sin embargo, el orden constitucional transfiriéndose rápidamenteel mando al Vicemandatario, Arosemena Monroy.

El nuevo presidente estuvo, al igual que su predecesor, en complejas condiciones para desempañar su gestión de gobierno. El colapso económico del país se expresaba en la caída de los volúmenes de las exportaciones de banano y café, en 1961, tras la devaluación de los precios en el mercado mundial. Ello se hizo sentir en la disminución del ingreso per cápita y en la mengua de la calidad de vida. A estas circunstancias se añadió la virulenta campaña que a través de la prensa y el púlpito desarrolló la cúpula de la Iglesia Católica ecuatoriana contra el mandatario, al que acusaba de tolerar a los comunistas y de no querer romper con Cuba. La ofensiva fue estimulada y apoyada por la misión de la CIA que funcionaba en el país, por los sectores más reaccionarios del Ejército y por la derecha nativa. Arosemena no sólo se resistía a cortar vínculos con La Habana, sino que también consentía las actividades de URJE y de otros grupos revolucionarios que abogaban por transformaciones sociales y económicas más profundas.

Como efecto de tantas presiones, finalmente el gobierno se vio obligado a reorientar su política exterior. En los primeros días de abril de 1962, el presidente ecuatoriano firmó la ruptura diplomática con la Revolución Cubana, más tarde también lo haría con Polonia y Checoslovaquia. Al mismo tiempo, tuvo que aceptar la represión que fuerzas del ejército, apoyadas por la misión de la CIA, llevaron a cabo contra el intento de insurrección armada que la URJE, y algunos jóvenes comunistas y socialistas pretendieron vertebrar en la zona selvática de Santo Domingo de los Colorados, al margen derecho del río Toachi.

No obstante, el cambio de rumbo de la política del gobernante, Arosemena no aplacó los resquemores que hacia él tenían la Casa Blanca y los sectores reaccionarios internos, los cuales se agravaron por el malestar nacional ante la desfachatada conducta pública del mandatario mediada por su dipsomanía declarada. Así las cosas, el 11 de julio de 1963 fue derrocado y deportado a Panamá, y de paso, sustituido por una Junta Militar. Eran las respuestas de los grupos de poder para frenar la impronta de Revolución Cubana en Ecuador.  

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Ecuador en crisis ¿quién es el culpable?

René Villaboy

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Es casi una tenencia obligada buscar en los factores y enemigos externos la responsabilidad de cualquier acontecimiento crítico, o situación adversa que perturba el rumbo lógico de nuestra existencia. Un tropiezo de salud, es casi siempre responsabilidad de la enfermedad y no de nuestro dislocado estilo de vida que la provocan. Tal y como sucede en la vida cotidiana, en la política la “maldita culpa “siempre está en el opositor, en el adversario, en ese que presumiblemente no se contenta con estar fuera del poder o lograr sus objetivos. Así hoy, la causa que provocó que Ecuador se inflame en las llamas, que desborde en la protesta social, que experimente un retorno a los peores tiempos de su historia reciente, con represión y estado de sitio incluidos, no está en los errores y recurrentes desaciertos de su actual presidente, en materia de política económica y social, sino en muchos otros actores de fuera.

El propio Lenin Moreno ya culpó al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y al expresidente ecuatoriano, Rafael Correa, de orquestar un golpe de estado en su contra. También otros han acusado a Cuba de estar detrás las protestas. Ya recorren el mundo las cifras y los cálculos de cuánto se ahorra Ecuador con las medidas del paquetazo, y muchos ecuatorianos y ecuatorianas han salido en su defensa. Las movilizaciones sociales son vinculadas a casos de vandalismo, delincuencia o atentado al orden y la propiedad. Pero al final, en la búsqueda de los culpables, se debaten los miembros del gobierno ecuatoriano, los grandes medios de comunicación, el Departamento de Estado y las agencias de Seguridad de los Estados Unidos, y mientras aparece el responsable del estallido popular las calles de Quito, y de otras ciudades del aquel país, hierven y aumentan los heridos, los encarcelados y los que se enfrentan a la policía y al ejército, éste ya con efectivos que ha se han pasado al bando de los indignados.

En medio de toda esta crisis, el presidente Lenin Moreno se escabulle y se refugia bajo al amparo de las mayores fortunas del país que se agolpan en la capital financiera ecuatoriana, la portuaria región de Guayaquil. Ahora explícitamente es también bastión de poder y gobierno.

Sería ingenuo tratar de esconder que los 10 años de administración de Rafael Correa estuvieron exentos de errores y decisiones erradas, a lo que se añade que algunos planes y programas del ejecutivo de la Revolución Ciudadana pudieron tener un mejor vuelo.  Sin embargo, las valoraciones de los proyectos o procesos de cambio no deben relacionarse instintivamente con las acciones de sus seguidores o de sus líderes. Y es que las revoluciones, como se sabe, son o no son, las medias revoluciones no existen, no pueden trascender, pues como diría un célebre político mexicano: revolución que pacta se suicida. Pero también es un hecho irrebatible que Lenin Moreno no llegó a Carondelet sólo  por su gestión personal, por obra y gracias de su gestión como enviado del Secretario General de la ONU para la discapacidad y la Accesibilidad, por su carisma y menos aún por su capital político. Su candidatura fue resultado de los logros –reales o no-de la Alianza País y de su Líder, Rafael Correa. Este último empujó literalmente la postulación de Moreno Garcés, y lo llevó a la máxima magistratura del estado ecuatoriano. La mayor capacidad del hoy presidente fue el histrionismo kafkiano que utilizó para dejarse llevar directo al ejecutivo.

Sólo apunto en medio de esta ofuscada lucha política y mediática para buscar culpables; que uno de los actores más importantes de la actual protesta ecuatoriana, la Conaie, es el movimiento social más importante del país en el cambio de siglo. La principal organización indígena que derribó históricamente a varios presidentes, y que no estuvo apoyando a Correa durante la mayor parte de su mandato.  Las contradicciones entre la agrupación y el proyecto de Alianza País fueron numerosas y muy conocidas. Eso en buena parte explica la “delicadeza y deferencia” con que Lenin Moreno se refiere en estos días a nuestros “hermanos indígenas”. Los mismos a los que ofreció el edificio de la Unasur con tal del desalojar la sede del mecanismo de integración regional del que sacó a su país. Los mismos hermanos indígenas a los que llama al diálogo frente al resto de los otros sectores que se han levantado. Los zánganos para Moreno, no son los pueblos originarios del Ecuador, pues sabe que de ellos pende en gran medida la continuidad de su gobierno. Entre tanto, si el grito contra el paquetazo- que deroga “las bondades y despilfarros del gobierno anterior,” para dedicar fondos a la invisible gestión del ejecutivo actual se torna en un reclamo general contra Moreno, y surgiera de la crisis actual la emblemática e histórica frase ¡que se vayan todos¡  ya nadie buscaría culpables.

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