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Madre América

15 años de Telesur

Adalberto Santana

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Desde hace mucho años he sido un fiel colaborador de nuestra emisora latinoamericana y caribeña, tanto haciendo comentarios y análisis televisivos, así como escribiendo para Blogs Telesur. Televisora multinacional de nuestra América que nació con la propuesta del presidente Hugo Chávez. Su acta de  nacimiento acontece el 24 de julio de 2005.  La misma fecha en que se cumplía un aniversario más del natalicio de  Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte Andrade y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar. Es decir, nace esa televisora a los 222 años del nacimiento del más grande libertador de nuestros pueblos y forjador ideológico de nuestras repúblicas. A los 237 años del natalicio del Gran Libertador, la televisora del sur sigue siendo un gran canal informativo al servicio de la emancipación latinoamericana, caribeña y del mundo.

El origen de Telesur se sustentó en generar un canal de comunicación esencialmente incluyente que se propuso desde su origen llevar a la práctica una democracia participativa para su audiencia, la cual en gran medida estaba presa o esclavizada a los canales de comunicación comercial televisiva.  Esos medios políticamente en su mayoría transmiten y vierten una imagen contraria a los intereses de participación de una audiencia que requiere medios alternativos de comunicación. Esencialmente desde la perspectiva de una audiencia participante en un proceso de emancipación, tal  como el que se desarrollaba y desarrolla  actualmente en la Venezuela bolivariana.

Así, Telesur, emerge como un medio de comunicación que ofrece al telespectador un canal alternativo frente a la lógica del consumo degradante que impregna a la mayoría de los monopolios televisivos de las cadenas comerciales. Pero sobre todo la televisora del sur por sus informaciones, opiniones, reportajes y editoriales,  brinda al televidente un medio electrónico que hace patente esa democracia participativa e incluyente a través de su propia imagen que busca en el ideario que nos legó Simón Bolívar, una verdadera integración comunicacional que nos hermane a los pueblos y naciones de nuestra América con el mundo.

Fue así como hace 15 años, en el mes de julio de 2005, cuando el presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías, inspirado en lo mejores anhelos del Libertador puso en marcha Telesur. Proyecto comunicacional  nació con un ideario bolivariano. Es decir, como un instrumento emancipador que contribuyera a ampliar la información para los pueblos y países de nuestra América. Su señal se gestó siguiendo las ideas y el ideario del gran Libertador cuando apuntaba: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. Sin duda, Telesur, hasta nuestros días se ha convertido en una emisora que ha generado historia no únicamente en el campo de la comunicación alternativa, pero también en el campo del imaginario político de los pueblos de nuestra América.

Podemos reconocer que esa emisora es la expresión de la comunicación televisiva que respaldada en un pensamiento  crítico,  pero sobre todo sustentada en una filosofía emancipadora, emerge para hacer llegar a todos los  pueblos latinoamericanos y caribeños la información necesaria que brinda una serie de elementos informativos, precisos, claros y educadores de las realidades y problemas de nuestro tiempo. Pero que también lleva su imagen y la voz a otros pueblos del orbe. Sin duda, los cambios generados por el  avance tecnológico en las comunicaciones digitales, coadyuvó en gran medida a hacer posible  llevar el discurso emancipador a todos los rincones de la tierra. 

 Si se prefiere como lo apunta la misma misión de Telesur:   “Es un multimedio de comunicación latinoamericano de vocación social orientado a liderar y promover los procesos de unión de los pueblos del SUR. Somos un espacio y una voz para la construcción de un nuevo orden comunicacional”.

En otras palabras podemos decir que Telesur emergió como un medio alternativo de comunicación, precisamente como un vehículo comunicacional para evitar el desarrollo de la ignorancia. Eso que señalamos como lo planteó Bolívar y lo reiteramos, un instrumento de información crítica y veraz que evite que los pueblos de nuestra irredenta América,  vivan en el desconocimiento y la apatía. Por el contrario que eleven su nivel de conciencia informativa para dejar de ser un instrumento “ciego de su propia destrucción”.   

También Telesur, con una historia de década y media, pensamos que comunicacionalmente, ha generado una identidad de nuestros pueblos y naciones propia del siglo XXI. Con  la propuesta informativa y alternativa, Telesur en su imagen televisiva y en sus canales de opinión (editoriales y blogs) contribuye también a mejorar la información  que requiere un pueblo para dejar atrás su ignorancia informativa. Si se prefiere, la comunicación alternativa que propone y lleva a cabo Telesur, emerge como una propuesta emancipadora, que se convierte a su vez en un instrumento que contribuye a la eliminar la ignorancia y la manipulación comercial de lo que acontece en el mundo real.  En nuestro tiempo Telesur, difunde la información objetiva y emancipadora. Esto es, difunde lo que realmente pasa en el mundo real, sin manipulación informativa,  fortalece la capacidad del sujeto social que se encuentra en un proceso de transformación. Con ella se contribuye al combate de la ceguera informativa, propia de los medios comerciales y con discursos manipuladores y acríticos

En el momento actual, de inicios de la tercera década del sigo XXI, condicionado por la pandemia de la covid-19, los medios de comunicación alternativos deben estar esencialmente al servicio de los pueblos y de su emancipación, pero también de sus propuestas informativas de salud. Una tarea esencial es elevar la conciencia política en momentos que se intensifica masivamente la lucha de las ideas. Figuran por un lado y atosigan reiteradamente aquellas que propugnan por el sometimiento. En el lado opuesto, emergen las que buscan la emancipación informativa. En la historia política latinoamericana la vital importancia que tuvo Radio Rebelde, emisora que el comandante Ernesto Che Guevara fundó el 24 de febrero de 1958 en los Altos de Conrado en la Sierra Maestra. Aquella estación inalámbrica funcionó como un instrumento de emancipación que funcionó para acumular  fuerzas  y organizar al campesino cubano al proceso revolucionario que encabezaba el Movimiento 26 de Julio, situación que finalmente llevó a la victoria el 1 de enero de 1959. Hoy en el dial radiofónico sigue estando presente Radio Rebelde y otros canales informativos de la Revolución Cubana. Tarea semejante es lo que ha hecho Telesur para la Revolución Bolivariana y la transformación social latinoamericana y caribeña.

Así, en los inicios del siglo XXI, comunicacionalmente el sentido de informar para la integración latinoamericana pero en la senda de la emancipación y no de la opresión y la enajenación de los medios comerciales, es lo que ha fortalecido y dando más impulso a Telesur. La red informativa multinacional originalmente respaldada por los gobiernos progresistas latinoamericanos  prevalecientes en un determinado momento en Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, hicieron posible ese canal televisivo de integración regional. Hoy en 2020, esa empresa multinacional al servicio de los pueblos de América Latina y el Caribe sigue haciendo presencia en el mundo. Su ejemplo, ha sido retomado por otros medios informativos en  otros países y regiones culturales del mundo. Conviene con orgullo afirmar que Telesur a 15 años de su nacimiento sigue siendo un excelente ejemplo a emular  para la emancipación informativa del siglo XXI.

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Entrevista de Bolívar y Morillo

Sergio Guerra Vilaboy

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Esta mañana culminó el Coloquio Internacional De los Tratados de Trujillo a la diplomacia bolivariana de paz, organizado por el Centro Nacional de Historia de Venezuela, para reflexionar sobre el bicentenario de las negociaciones de la gran Colombia con España, en el que tuve la oportunidad de participar on line. Hay que recordar que, el 27 de noviembre de 1820, se produjo en Santa Ana de Trujillo, en Venezuela, el histórico encuentro entre el capitán general español Pablo Morillo, enviado por Fernando VII a la reconquista de América en 1815, y el general Simón Bolívar, presidente de la República de Colombia, después de que ambos firmaran los tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra. El Libertador, vestido con levita azul y gorro de campaña, montado en una mula y con una reducida escolta, se presentó ante Morillo, que lo esperaba engalanado, luciendo todas sus condecoraciones y escoltado por un regimiento de húsares. Al verlo acercarse, Morillo salió a su encuentro y los dos jefes desmontaron y se abrazaron.

El militar español organizó una comida, en la que intercambiaron varios brindis. Según el testimonio del propio Bolívar: “Desde Morillo abajo se han disputado todos los españoles en los obsequios con que nos han distinguido y en las protestas de amistad hacia nosotros. Un aplauso a nuestra constancia y al valor que ha singularizado a los colombianos, los vítores que han repetido al ejército libertador. El general Morillo propuso que se levantase una pirámide en el lugar donde él me recibió y nos abrazamos, que fuese un monumento para recordar el primer día de la amistad de españoles y colombianos, la cual se respetase eternamente”. Tan impresionado quedó el jefe realista con Bolívar, que en informe reservado a su gobierno anotó: “Él, es la revolución.”

La entrevista fue la culminación de las negociaciones entre los representantes de los dos contendientes, en las que brilló el general Antonio José de Sucre. Las sesiones se desarrollaron en Trujillo, el mismo pueblo donde Bolívar diera a conocer en 1813 su decreto de guerra a muerte durante la “Campaña Admirable”. Los tratados entre Colombia y España fueron firmados primero por los comisionados, el de Armisticio el 25 de noviembre de 1820, que establecía una tregua de seis meses, y el de Regularización de la Guerra al día siguiente, considerado el principal antecedente del derecho humanitario actual y, según el propio Libertador, “ha sido propuesto todo por nosotros”.

Los acuerdos delimitaban los territorios de ambos ejércitos, acordaban el respeto a los civiles, el canje de prisioneros y se comprometían a combatir como “naciones civilizadas”, dejando atrás la sangrienta guerra a muerte iniciada por los realistas, según demostrara el historiador cubano Jorge Ibarra en su último libro: Simón Bolívar, entre Escila y Caribis (2018). Aunque los representantes españoles se negaron a aceptar la independencia, en la práctica los tratados significaban no sólo el reconocimiento de la beligerancia de los patriotas, sino también de la emergente República de Colombia, fundada en diciembre de 1819.

El ambiente propicio para estas negociaciones se había creado con el triunfo de la revolución de Rafael de Riego en España, en enero de 1820, que obligó a Fernando VII a restablecer la constitución liberal de 1812 y las Cortes en Madrid. Pero más importante había sido el sensible cambio ocurrido desde 1817 en la correlación de fuerzas entre patriotas y realistas en la América del Sur, pues el ejército de José de San Martín ya había liberado Chile y tenía en jaque a las tropas españolas en el Virreinato del Perú, mientras Bolívar emancipaba buena parte de Nueva Granada y Venezuela.

A pesar del entendimiento, la tregua duró poco tiempo. El 28 de enero de 1821 los habitantes de Maracaibo se levantaron en armas y proclamaron su incorporación a Colombia, lo que significó la anticipada ruptura del armisticio y el reinicio de las hostilidades. Las protestas de Miguel de la Torre, sustituto de Morillo, que quince días después de la entrevista con Bolívar habían regresado a España, de nada sirvieron y ambos bandos acordaron el reanudar la contienda bélica el 28 de abril. Tres meses después, ante la persistente negativa metropolitana a reconocer la independencia de Colombia, el general Mariano Montilla se adueñó manu militari de toda la costa atlántica y el 5 de octubre liberó Cartagena, la misma plaza que a sangre y fuego había ocupado Morillo en 1815 y que le había valido su primer título nobiliario. Era el principio de fin del colonialismo español en América.

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Victorias electorales

Adalberto Santana

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En América Latina y el Caribe siguen desarrollándose una serie de transformaciones hacia el espectro político de la llamada izquierda latinoamericana. Así lo confirman los más recientes comicios que se han realizado en países latinoamericanos como también los manifiestos gobiernos que profundizan sus políticas progresistas en la región y que se identifican con esas alternativas frente al modelo neoliberal que vive en una fase de mayor decadencia.

Esta situación, sin embargo, también genera convulsas reacciones de los sectores tradicionales de las derechas regionales. Incluso estas posturas y crisis conservadoras coinciden con las posturas decadentes y de la ultraderecha estadounidense representada por el presidente Donald Trump y el espectro político de esas exiguas  fuerzas que esos sectores del poder imperial representan. 

Esta situación es la que a nuestro juicio ha creado las mejores condiciones para el aplastante triunfo electoral del candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), Luis Arce Cotacora, en Bolivia, quien arrolló con más del 55.1 del electorado el pasado 18 de octubre de 2020. Comicios en los que el triunfo del socialismo boliviano fue también contundente para los cargos de senadores y diputados del Estado Plurinacional de Bolivia. Es así como se mostró que a pesar del golpe de Estado generado en noviembre de 2019, contra el presidente Evo Morales, en ese hermano país sudamericano, se puso en evidencia que la correlación de fuerzas era y es favorable a las fuerzas progresistas locales, e incluso regionales. Situación que también puso en evidencia la debilidad de los grupos y partidos conservadores que de ninguna manera pudieron capitalizar el supuesto descontento que pregonaban los medios informativos bolivianos e internacionales. Coyuntura que si bien fue más que favorable para las fuerzas progresistas, fue también desfavorable en el mismo sentido para la reacción y el golpismo boliviano en un mismo contexto donde iba creciendo la descomposición de su sustento internacional como era la candidatura de Trump y del movimiento de protesta en los mismos EU. Es decir, la crisis política que se generaba en el imperio, a su vez colaboraba para darle más fuerza al movimiento insurgente en Bolivia.

Sin embargo, también hay que comprender que si el tiempo que gobierno Evo Morales fue una constante acumulación de fuerzas para el MAS, es también un periodo en que la izquierda latinoamericana avanzaba con sus fuerzas motrices e incluso con sus debilidades ideológicas, donde la propaganda mediática de los sectores conservadores buscaban debilitar políticamente al proyecto socialista boliviano.

En todo este espectro, conviene considerar que para alcanzar este desarrollo político, las luchas del pueblo boliviano, acumulaban una serie de antecedentes que le daban fuerza al proyecto emancipador. Por ejemplo, pensemos que uno de los fundadores del MAS fue Filomeno Escobar (1934-1917) dirigente y activista obrero boliviano, de formación marxista que: “Se forjó en los sindicatos y en el trotskismo durante 40 años, y después de esa experiencia cuestionó la esencia de la izquierda en Bolivia…Para él (Filemón), la izquierda boliviana se caracteriza por copiar -en la forma más ortodoxa- las revoluciones internacionales… Lo que no se comprendió, dijo, que el proletariado en Bolivia tiene origen en la civilización andina-amazónica, que hace fuerza por la complementariedad y no por la confrontación”

https://rimaypampa.com/la-praxis-pedagogica-politica-e/

A la par el mismo discurso confrontativo y despiadado de la derecha boliviana, (por ejemplo el de la ex presidenta de facto Janine Añez Chávez y del ex candidato Luis Fernando Carmona, fueron dirigidos a una minoría de bolivianos, los cuales desprecian las culturas y a los pueblos andinos. Esos segmentos de las clases ricas y medias bolivianas, ni siquiera quieren o intentan hablar las lenguas originarias de su país. Es decir, tienen una ruptura cultural con la mayoría de la población. En otras palabras, cuando los dirigentes del MAS coptaron al grueso del pueblo indígena y popular boliviano, garantizaron la victoria de la candidatura de Luis Arce Cotacora y de su candidato a vicepresidente, David Choquehuanca. Dos ex ministros del gobierno de Evo Morales, el primero de Economía y Finanzas y el segundo canciller.

En todo este contexto, las futuras elecciones parlamentarias que se avecinan en la región especialmente en Venezuela (6 de diciembre de 2020), están ya recibiendo las ofensivas de la derecha local, regional y mundial para tratar de empañar la imagen de otro contundente triunfo del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y sus aliados. Su apuesta por el autodesignado presidente, “Juan Guaidog”, es un cartucho quemado que sin embargo quieren seguir sacándole pólvora.

Un triunfo más de las izquierdas caribeñas, pero menos notable fue el de la elección que llevo de nueva cuenta a ratificar como mandatario  a Ralph Gonsalves  en San Vicente y las Granadinas, con triunfo del Partido Laborista de Unidad (ULP). Entidad partidaria que por quinta vez vuelve a triunfar en los comicios de ese archipiélago caribeño, donde obtuvo  9 de los 15 escaños en disputa el pasado 5 de noviembre.

La ola progresista en América Latina y el Caribe, sin duda sigue adelante y tiene más futuro de victorias electorales que las derechas latinoamericanas. Para abril de 2021 en Perú se realizarán nuevas elecciones presidenciales, no hay que descartar a las izquierdas de ese país andino que sumen sus fuerzas y capitalicen el descontento popular a su favor. Seguro que si logran avanzar en ese objetivo, será otro triunfo contundente de las fuerzas populares y de las izquierdas peruanas emulando a lo realizado en Bolivia.

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Entorno irlandés de Félix Varela

José Antonio Quintana García

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Félix Varela (1788-853), teólogo, pedagogo, escritor, sacerdote e investigador, es uno de los pilares más importantes del pensamiento y la identidad de la nación cubana. El Papa Juan Pablo II, refiriéndose a él, expresó: “Hijo preclaro de esta tierra…considerado por muchos como piedra fundacional de la nacionalidad cubana. Él mismo es, en su persona, la mejor síntesis que podemos encontrar, entre fe cristiana  y cultura cubana”.

Varela tuvo a lo largo de su vida una  relación constante y profunda con los hijos de Irlanda, vínculo que tiene su origen en 1791, época en que la familia de Varela decide trasladarse a  San Agustín de la Florida.  Llegó con su abuelo Bartolomé y su tía Rita. Félix tenía apenas 4 años de edad y en sus ojos melancólicos de niño huérfano se apreciaba una curiosidad insaciable por escudriñar todo lo que había en el horizonte.

 Es allí donde la formación académica y espiritual del niño Félix queda confiada al padre irlandés Michael O’ Reilly, director de la escuela del lugar, fundada a su vez por otro coterráneo suyo, Thomas Hasset, de quien O’ Reilly había sido digno sucesor. Debe decirse, además, que el tutor de Varela era Capellán del  Ejército, del Hospital y Vicario de la Zona este de la Florida. Su cultura verdaderamente enciclopédica, no sólo abarcaba el dominio de varias lenguas como el latín, el griego, el español, el inglés y el francés, sino que se extendía en profundos conocimientos  musicales y matemáticos. Un juicio de interés sobre del Padre O’ Reilly nos lo ofrece Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en su ensayo biográfico sobre Varela:

De él sabemos también su concepción del sacerdocio como combate por la fe en el Dios verdadero, por la Iglesia Católica y por la genuina civilización o educación del espíritu de la persona. El sacerdote, en la terminología del Padre O’Reilly –era, por consiguiente, un soldado, pero destinado a una misión diversa a la de los integrantes del ejército, a éstos correspondía el combate físico; a los sacerdotes, el combate espiritual…Esta finura espiritual traducida a una vida sacerdotal fiel, la expresión muy firme del Catolicismo, las ideas de la Enciclopedia, inteligentemente filtradas, el patriotismo sólido—propio de los irlandeses-y la sensibilidad social o genuino sentido de la justicia se integraban en la personalidad del Padre O’ Reilly, el formador de la infancia y la adolescencia de Félix…”

El preceptor amaba la música y trasmitió a su pupilo este sentimiento. Varela quedó prendado de los acordes del violín,  instrumento que llegó a dominar con maestría debido a las enseñanzas de O ‘Reilly. A lo ya planteado sobre el Padre O’Reilly sólo nos resta añadir un aspecto que no por último lo considero menos importante: sus ideas independentistas, que de algún modo debieron influir en el pensamiento del joven pupilo.

Tanto en la plenitud de su vida, como ya en  el ocaso, Varela siguió muy vinculado a los irlandeses. El 15 de diciembre de 1823, después de fracasar en la petición de reformas al gobierno español que para entonces lo había condenado a muerte, Varela arriba a Nueva York en calidad de exiliado. El invierno desgarró las carnes magras del cubano quien descendió del barco Draper entre una multitud de inmigrantes europeos, que huían de la miseria del viejo continente y venían con la esperanza de hallar libertad y pan en la joven nación.

Al igual que el cubano, muchos de aquellos irlandeses, alemanes e italianos profesaban el catolicismo. En esa ciudad fue acogido como sacerdote de la parroquia de San Pedro, donde oficiaba como vicario otro natural de Irlanda, el Padre John Power, quien no sólo dominaba varios idiomas y se destacaba como orador, sino que también estaba relacionado con las actividades conspirativas que tenían lugar dentro y fuera de la Unión, en apoyo a la independencia del territorio irlandés. Pronto los unió una amistad entrañable y razones no faltaban para ello. Ambos se distinguían por poseer una vasta cultura, compartían la condición de emigrante político, cultivaban el periodismo y eran autores de obras literarias de carácter religioso.

 El 2 de abril de 1825, Power sacaba a la luz The Truth Teller, el segundo periódico católico de los Estados Unidos. Sólo había transcurrido un mes y ya Varela era uno de sus redactores. Llegado el momento en que el cubano fundara su propia parroquia, la Iglesia de Cristo, el 15 de julio de 1827, el sermón del acto de inauguración le había sido reservado al propio Padre Power. Thomas Levins, también irlandés, era el asistente de Power. Entre los amigos de Varela se destaca el médico William James McNeven, considerado entonces como el más influyente de los emigrados irlandeses, y quien había participado en un movimiento revolucionario de su patria.

En 1825, el Capitán General del gobierno español en Cuba, don Dionisio Vives, empeñado en segar la vida del mentor de la juventud cubana, decidió contratar un asesino a sueldo para materializar su propósito. La siniestra tarea le fue encomendada a un notorio rufián al que todos apodaban El Tuerto Morejón, quien por treinta mil pesos asumió el asesinato de Varela quien editaba por entonces un periódico en inglés y español, “El amigo de la Juventud” o en inglés «Youth’s Friend.

Al conocer el tenebroso plan, amigos del sacerdote le pidieron que abandonase la ciudad y se ocultase. Pero él rehusó a la solicitud. Como la protección policíaca  no era de fiar, sus amigos hablaron con los irlandeses católicos quienes tenían experiencia en las luchas y las conspiraciones contra las tiranías. Se le organizó una “guardia de corps”  y cuando El Tuerto llegó a Nueva York  y constató que tendría que vérselas con la escolta, desistió de su proyecto.

En 1830, Varela funda un taller para dar trabajo a mujeres y una escuela para hijas de emigrantes irlandeses. En las páginas de El Habanero, Varela denuncia el frustrado asesinato: “creen salvar la Patria persiguiendo a todo el que menos cobarde que ellos se atreve a dar un paso para libertarla del peligro y opresión que la amenazan.”

También, haciendo gala de su humor criollo, se burla de las autoridades coloniales: “¡Qué sustazo, si alguno tiene El Habanero a quemarlo porque si no fusilan… aunque si a alguno tienen ganas de fusilar es a mí, más por ahora no hay caso!”

Varela escribe para el periódico católico denominado The Truth Teller que publica el Padre Powers, en una breve nota anuncia una publicación que iría autorada por “Don F. Varela un caballero muy conocido en el mundo literario y autor de un invaluable tratado de Filosofía”. Varela no ceja en su actividad y mientras tanto sus enemigos se extreman.

En 1832,  la epidemia de cólera azotó Nueva York. El miedo se apoderó de la mente de sus feligreses. Muchos huyeron de la ciudad. El hospital municipal estaba abarrotado, pero el sacerdote cubano no abandonó a los enfermos. Atendía espiritualmente a los moribundos. Algunas iglesias fueron cerradas. Su actitud fue recordada en 1852 en el Freeman’s Journal,  donde se expresó que durante la epidemia, Varela “vivió virtualmente en los hospitales. También visitaba los barcos de inmigrantes, arriesgando así la ira de los que creían que a ellos se debía la introducción de la peste en América”.

En 1836, una idea obsesionaba a Varela: recuperar su iglesia,  destruida por el fuego. La mayor parte de los fieles que tenía bajo su tutela lo apoyaron en la consecución de su sueño. Así pudo abrir un templo modesto en la calle James, al que nombraron Saint-James. Los irlandeses de los sectores más humildes hicieron colectas de dinero para comprar un nuevo templo, y le entregaron al sacerdote cubano 5000 dólares fruto de sus gestiones.

 Los últimos días de la agitada existencia de Varela también transcurrieron en San Agustín de La Florida, donde con cierta frecuencia y pasos lentos, se le veía caminar hacia el cementerio de la ciudad. Allí permanecía durante horas sumido en un profundo silencio. El motivo de sus peregrinaciones no sólo lo constituía la obligada visita a la sepultura de su tía, sino también la estancia meditabunda frente al panteón del Padre O’Reilly. Un mes después de la muerte de Varela, el 22 de marzo de 1853, fue colocada la primera piedra de la capilla que guardaría sus restos.  En el solemne acto hizo uso de la palabra un connotado defensor de los derechos de los obreros ferroviarios, quien, aun siendo el párroco de la Iglesia San Juan Bautista, había abrazado la causa independentista al igual que muchos de sus compatriotas. Su amistad con Varela había surgido muchos años antes en Nueva York. Se trataba del Padre Jeremiah F. O’Neill. Había nacido en Irlanda.

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