Conecta con nosotros

Madre América

Tigres asiáticos y oligarquías latinoamericanas

Juan J. Paz y Miño Cepeda

Publicado

en

Pese a que Japón fue la potencia asiática desarrollada después de la II Guerra Mundial (1939-1945), los “tigres del Asia” (dragones asiáticos) pasaron a ser considerados como ejemplos de desarrollo económico entre empresarios y políticos neoliberales de América Latina durante las décadas finales del siglo XX. Se trata de Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán (https://bit.ly/310lNPr). Su “despegue” ocurrió desde los años setenta; dejaron atrás las economías agrarias, impulsaron la industria y el avance tecnológico, fortalecieron sus exportaciones y apoyaron el auge de las empresas internas. El crecimiento de esos “tigres” fue espectacular, con un promedio entre el 7 y el 8%, sostenido en las siguientes tres décadas. Y en ese camino construyeron economías de mercados “libres”, abiertos, competitivos, con bajos intereses, bajos impuestos, altas inversiones extranjeras, enormes recursos del Estado al servicio de las empresas (https://bit.ly/3hHfwh9).

Pero quienes soñaban con una América Latina que podía hacer lo mismo en el largo plazo, no mostraron el otro lado de la medalla: se trató de un proceso con varias fases, en el cual las “condiciones para el despegue” (para utilizar un caduco concepto de W.W. Rostow en su viejo libro Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista, 1960) estuvieron sujetas a Estados que crearon a las burguesías, porque a través de ellos se impuso la industrialización sustitutiva de importaciones con severas medidas proteccionistas, dirigieron los créditos y las tasas de interés, regularon impuestos, controlaron el tipo de inversiones, construyeron las más importantes obras de infraestructura sin las cuales no podían levantarse las empresas, reformaron los sistemas educativos, fomentaron la investigación tecnológica y científica; y, sobre todo, regularon severamente la fuerza de trabajo, sobre cuya hiperexplotación los “tigres” se convirtieron en potencias con economías desarrolladas, que sólo con el paso de los años lograron incluso mejoras sociales. El capital extranjero también llegó para aprovecharse con el sistema de “maquilas” y la disciplina laboral que sirvió para sujetar a los trabajadores.

Tampoco se advierte la larga vigencia de Estados sin democracia o con “democracias imperfectas”, pues dominaron gobiernos autoritarios o dictatoriales, con violaciones a los derechos humanos, restricciones a las libertades de prensa o serias limitaciones a las garantías ciudadanas. Todavía predomina en Singapur el partido único (Partido de Acción Popular, PAP); Hong Kong, como región administrativa especial de China, se mantiene bajo la política de “un país, dos sistemas”; Corea del Sur superó las recurrentes (y sanguinarias) dictaduras militares, para establecer una “democracia liberal” desde la década de 1990, y casi lo mismo ocurrió en Taiwán, tras décadas de dominio unipartidista del Kuomintang (KMT). Cabe resaltar, adicionalmente, que durante el proceso de potenciación de los dragones asiáticos, fue negada la ideología neoliberal y no se acogió el decálogo del Consenso de Washington (https://bit.ly/2YaTQ5m).

Un proceso comparable intentó despegar en América Latina durante las décadas de 1960 y 1970, de la mano del desarrollismo: el Estado como promotor económico e industrializador, ante la inexistencia de empresarios modernizantes y sociedades agrarias tradicionales. En sus inicios incluso se contó con el apoyo norteamericano de la Alianza para el Progreso, empeñada en las reformas estructurales, para evitar una reproducción de la Revolución Cubana. Paradójicamente, esas políticas fueron resistidas en la región por “estatistas” e incluso acusadas de “comunistas”. Sin embargo, México y Brasil crecieron durante esas décadas, aunque Ecuador no quedó atrás e incluso en los setenta, con petróleo y dictaduras militares, la industria superó a la agricultura y el país creció al mismo ritmo anual comparable con los tigres asiáticos. Pero las oligarquías tradicionales y los empresarios ecuatorianos “modernos”, surgidos al amparo del Estado, no estuvieron dispuestos a que la economía sea regulada y mucho menos a que el poder político deje de estar en sus manos directas. Finalmente, en América Latina de fines del siglo XX, con la introducción de las consignas neoliberales, la economía “productiva” fue desplazada por la economía “especulativa” de comerciantes y banqueros, así como por la economía “rentista” de empresarios que exigen dineros públicos, privatizaciones, no quieren pagar impuestos, anhelan sobrexplotar la fuerza de trabajo y obtener, por estas otras vías, las ganancias más fáciles, sin los esfuerzos para invertir en el desarrollo tecnológico, la investigación o la innovación de los negocios (https://bbc.in/30VQFAq). Las excepciones no dejan de confirmar estas características generalizadas.

El modelo de los tigres sirvió en Asia y no en América Latina; y bajo ese manto surgieron los “tigres menores”: Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia. Sin embargo, China superó a todos los dragones asiáticos, con un crecimiento permanente que bordeó el 10%, bajo el sistema de “socialismo de mercado”, un fenómeno histórico ampliamente estudiado por el profesor Elias Jabbour, de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, (experto en el tema y con varias obras, entre las que destaco su reciente China: socialismo y desarrollo, siete décadas después, 2019), y que ha servido para que hoy este país se convierta en una potencia que contrarresta la hegemonía mundial de los EEUU.

En Ecuador, el camino de los tigres mayores o menores y también el de China, igualmente ha servido para los posicionamientos políticos. En Guayaquil, desde la década de los noventa, la oligarquía regional, apoyada por intelectuales que expresan sus ideales y por los medios de comunicación locales, impulsó el “proyecto Singapur”, para preservar la “autonomía” (y hasta la “independencia”) de la que han soñado como una ciudad-Estado (https://bit.ly/3hzuxBT). Cuestionaron la Constitución de 2008, exigiendo “un país con dos sistemas”, porque consideraban que el “modelo exitoso” guayaquileño, hegemonizado por el Partido Social Cristiano en la alcaldía y supuestamente basado en la eficiencia de la empresa privada, debía respetarse, frente al “estatismo” de esa Constitución.

En su visita a Ecuador durante el gobierno de Rafael Correa (2007-2017), el viceministro de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, HansJürgen Beerfeltz, no dudó en reconocer el progreso económico y social del país, bautizándolo como el “jaguar latinoamericano”, comparable con los tigres asiáticos. (https://bit.ly/2CllJPR)  Pero bajo el gobierno de Lenín Moreno (2017-hoy) se cuestionó al “correísmo” por haber “hipotecado” el país a China, con deuda externa, preventas petroleras, compras y presencia de empresas.

Como la historia tiene sus ironías (Hegel), la crisis del coronavirus demostró que el “éxito” del modelo guayaquileño se reducía al de sus élites dominantes (https://bit.ly/2Cnvo8J; https://bit.ly/2Na6uLH; https://bbc.in/3ehjnQe); y que el gobierno de Moreno tenía en la “cuestionada” China un salvavidas al que había acudido desde antes para encontrar la ayuda necesaria ante el galopante desastre económico (https://bit.ly/3db68za; https://bit.ly/2BiCwmc).

De otra parte, la admiración por los “tigres asiáticos” de los neoliberales latinoamericanos no pasó de las palabras, si bien las elites de la región demandan permanentemente mercados “libres” y negocios privados absolutos. No logran entender que la utopía de su proyecto de sociedad para el largo plazo se ve postergado una y otra vez, porque no puede evitar el estallido de una aguda lucha de clases, que lo frena históricamente.

Madre América

15 años de Telesur

Adalberto Santana

Publicado

en

Desde hace mucho años he sido un fiel colaborador de nuestra emisora latinoamericana y caribeña, tanto haciendo comentarios y análisis televisivos, así como escribiendo para Blogs Telesur. Televisora multinacional de nuestra América que nació con la propuesta del presidente Hugo Chávez. Su acta de  nacimiento acontece el 24 de julio de 2005.  La misma fecha en que se cumplía un aniversario más del natalicio de  Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte Andrade y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar. Es decir, nace esa televisora a los 222 años del nacimiento del más grande libertador de nuestros pueblos y forjador ideológico de nuestras repúblicas. A los 237 años del natalicio del Gran Libertador, la televisora del sur sigue siendo un gran canal informativo al servicio de la emancipación latinoamericana, caribeña y del mundo.

El origen de Telesur se sustentó en generar un canal de comunicación esencialmente incluyente que se propuso desde su origen llevar a la práctica una democracia participativa para su audiencia, la cual en gran medida estaba presa o esclavizada a los canales de comunicación comercial televisiva.  Esos medios políticamente en su mayoría transmiten y vierten una imagen contraria a los intereses de participación de una audiencia que requiere medios alternativos de comunicación. Esencialmente desde la perspectiva de una audiencia participante en un proceso de emancipación, tal  como el que se desarrollaba y desarrolla  actualmente en la Venezuela bolivariana.

Así, Telesur, emerge como un medio de comunicación que ofrece al telespectador un canal alternativo frente a la lógica del consumo degradante que impregna a la mayoría de los monopolios televisivos de las cadenas comerciales. Pero sobre todo la televisora del sur por sus informaciones, opiniones, reportajes y editoriales,  brinda al televidente un medio electrónico que hace patente esa democracia participativa e incluyente a través de su propia imagen que busca en el ideario que nos legó Simón Bolívar, una verdadera integración comunicacional que nos hermane a los pueblos y naciones de nuestra América con el mundo.

Fue así como hace 15 años, en el mes de julio de 2005, cuando el presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías, inspirado en lo mejores anhelos del Libertador puso en marcha Telesur. Proyecto comunicacional  nació con un ideario bolivariano. Es decir, como un instrumento emancipador que contribuyera a ampliar la información para los pueblos y países de nuestra América. Su señal se gestó siguiendo las ideas y el ideario del gran Libertador cuando apuntaba: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. Sin duda, Telesur, hasta nuestros días se ha convertido en una emisora que ha generado historia no únicamente en el campo de la comunicación alternativa, pero también en el campo del imaginario político de los pueblos de nuestra América.

Podemos reconocer que esa emisora es la expresión de la comunicación televisiva que respaldada en un pensamiento  crítico,  pero sobre todo sustentada en una filosofía emancipadora, emerge para hacer llegar a todos los  pueblos latinoamericanos y caribeños la información necesaria que brinda una serie de elementos informativos, precisos, claros y educadores de las realidades y problemas de nuestro tiempo. Pero que también lleva su imagen y la voz a otros pueblos del orbe. Sin duda, los cambios generados por el  avance tecnológico en las comunicaciones digitales, coadyuvó en gran medida a hacer posible  llevar el discurso emancipador a todos los rincones de la tierra. 

 Si se prefiere como lo apunta la misma misión de Telesur:   “Es un multimedio de comunicación latinoamericano de vocación social orientado a liderar y promover los procesos de unión de los pueblos del SUR. Somos un espacio y una voz para la construcción de un nuevo orden comunicacional”.

En otras palabras podemos decir que Telesur emergió como un medio alternativo de comunicación, precisamente como un vehículo comunicacional para evitar el desarrollo de la ignorancia. Eso que señalamos como lo planteó Bolívar y lo reiteramos, un instrumento de información crítica y veraz que evite que los pueblos de nuestra irredenta América,  vivan en el desconocimiento y la apatía. Por el contrario que eleven su nivel de conciencia informativa para dejar de ser un instrumento “ciego de su propia destrucción”.   

También Telesur, con una historia de década y media, pensamos que comunicacionalmente, ha generado una identidad de nuestros pueblos y naciones propia del siglo XXI. Con  la propuesta informativa y alternativa, Telesur en su imagen televisiva y en sus canales de opinión (editoriales y blogs) contribuye también a mejorar la información  que requiere un pueblo para dejar atrás su ignorancia informativa. Si se prefiere, la comunicación alternativa que propone y lleva a cabo Telesur, emerge como una propuesta emancipadora, que se convierte a su vez en un instrumento que contribuye a la eliminar la ignorancia y la manipulación comercial de lo que acontece en el mundo real.  En nuestro tiempo Telesur, difunde la información objetiva y emancipadora. Esto es, difunde lo que realmente pasa en el mundo real, sin manipulación informativa,  fortalece la capacidad del sujeto social que se encuentra en un proceso de transformación. Con ella se contribuye al combate de la ceguera informativa, propia de los medios comerciales y con discursos manipuladores y acríticos

En el momento actual, de inicios de la tercera década del sigo XXI, condicionado por la pandemia de la covid-19, los medios de comunicación alternativos deben estar esencialmente al servicio de los pueblos y de su emancipación, pero también de sus propuestas informativas de salud. Una tarea esencial es elevar la conciencia política en momentos que se intensifica masivamente la lucha de las ideas. Figuran por un lado y atosigan reiteradamente aquellas que propugnan por el sometimiento. En el lado opuesto, emergen las que buscan la emancipación informativa. En la historia política latinoamericana la vital importancia que tuvo Radio Rebelde, emisora que el comandante Ernesto Che Guevara fundó el 24 de febrero de 1958 en los Altos de Conrado en la Sierra Maestra. Aquella estación inalámbrica funcionó como un instrumento de emancipación que funcionó para acumular  fuerzas  y organizar al campesino cubano al proceso revolucionario que encabezaba el Movimiento 26 de Julio, situación que finalmente llevó a la victoria el 1 de enero de 1959. Hoy en el dial radiofónico sigue estando presente Radio Rebelde y otros canales informativos de la Revolución Cubana. Tarea semejante es lo que ha hecho Telesur para la Revolución Bolivariana y la transformación social latinoamericana y caribeña.

Así, en los inicios del siglo XXI, comunicacionalmente el sentido de informar para la integración latinoamericana pero en la senda de la emancipación y no de la opresión y la enajenación de los medios comerciales, es lo que ha fortalecido y dando más impulso a Telesur. La red informativa multinacional originalmente respaldada por los gobiernos progresistas latinoamericanos  prevalecientes en un determinado momento en Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, hicieron posible ese canal televisivo de integración regional. Hoy en 2020, esa empresa multinacional al servicio de los pueblos de América Latina y el Caribe sigue haciendo presencia en el mundo. Su ejemplo, ha sido retomado por otros medios informativos en  otros países y regiones culturales del mundo. Conviene con orgullo afirmar que Telesur a 15 años de su nacimiento sigue siendo un excelente ejemplo a emular  para la emancipación informativa del siglo XXI.

También te puede interesar: 15 años de Telesur

Continuar Leyendo

Madre América

La ALPRO y el desarrollismo latinoamericano

Juan J. Paz y Miño Cepeda

Publicado

en

Los Estados Unidos fueron el gran país imperialista del siglo XX, en el sentido dado por V. I. Lenin: gigantes monopolios que gobiernan la economía, exportan capitales y se reparten el mundo. Sólo que ese gigante llegó “tarde” a un mundo ya repartido entre grandes potencias europeas, de modo que su expansión no fue propiamente colonial, aunque sí “neocolonial”. Bajo la cobertura del americanismo monroista, aseguró ese imperialismo sobre América Latina, región en la cual logró dependencia económica y alineación política, contando con gobiernos afines a sus intereses o a través de la intervención directa, el derrocamiento de gobernantes y la promoción de dictaduras.

Al destaparse la guerra fría con la URSS y el bloque socialista después de la II Guerra Mundial (1939-1945), el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, 1947) se convirtió en instrumento para incorporar el anticomunismo en las fuerzas armadas latinoamericanas, al mismo tiempo que la OEA (1948) serviría para la alineación de todas las repúblicas en el espíritu monroista e imperialista. Hay suficientes estudios sobre el tema. En todo caso, los EEUU nunca se esperaron que la Revolución Cubana (1959) abriera el camino al socialismo, de modo que, en reacción contra ella y el “peligro” que representaba, lanzaron la urgente guerra fría sobre América Latina. La comenzó Dwight D. Eisenhower (1953-1961), pero fue John F. Kennedy (1961-1963) quien la asumió en forma definitiva, patrocinó la fracasada invasión a Bahía de Cochinos (1961), pero tuvo éxito en el bloqueo continental al gobierno de Fidel Castro.

Al mismo tiempo que se extendieron de inmediato los programas de becas e instrucción “técnica” de las fuerzas armadas en la región y las acciones de la CIA se convirtieron en millonarios esfuerzos por impedir la propagación del “comunismo castrista” en el continente, JFK inauguró la primera campaña en la historia norteamericana destinada a promover el desarrollo económico, el cambio social y la democracia en América Latina: la Alianza para el Progreso (ALPRO).

El primer paso fue la conformación del equipo teórico, con la Latin American Task Force, integrada por Lincoln Gordon (economista de Harvard), Adolf Berle (asesor del antiguo New Deal), Robert Alexander (economista de Rutgers), Arthur Whitaker (historiador de Pennsylvania), Teodoro Moscoso y Arturo Morales Carrión (expertos puertoriqueños en desarrollo). Se contaba, además, con los estudios sobre el subdesarrollo y la modernización de renombrados académicos, como Lucian Pye, Daniel Lerner, Gabriel Almond, James Coleman y, sobre todo, W.W. Rostow, cuyas “etapas del crecimiento económico” se ajustaron perfectamente al propósito de superar las “sociedades tradicionales”.

Sobre esas bases, JFK anunció el arribo de la ALPRO en su famoso discurso del 13 de marzo de 1961 en la Casa Blanca, ante el cuerpo diplomático latinoamericano. Allí convocó a un esfuerzo conjunto y planteó 10 estrategias para “transformar la década de 1960 en una década de progreso democrático” y recalcó: “Con medidas como estas, nos proponemos completar la revolución de las Américas, para construir un hemisferio donde todos los hombres puedan esperar el mismo alto nivel de vida y donde todos los hombres puedan vivir sus vidas con dignidad y libertad” (https://bit.ly/2O6DzsE ).

Por primera vez desde los EEUU se hablaba de planificación económica desde el Estado, cambio social, industria, educación, combate al analfabetismo, adiestramiento de profesores, asistencia a universidades, promoción de la ciencia y la investigación, “modificar los arcaicos sistemas tributarios y de tenencia de tierras” (“reformas agrarias y tributarias”), integración económica, mercado de productos, “alimentos para la paz”, inversión extranjera y ayudas para el “desarrollo” (se destinarían 20 mil millones de dólares). La ALPRO inauguraba el desarrollismo como modelo para Latinoamérica (https://bit.ly/3iOfPaT). Era un programa más amplio y ambicioso que el Plan Marshal (1948), que los EEUU dirigieron para la reconstrucción de Europa en la postguerra (destinaron 12 mil millones de dólares). Como lo resumía Kennedy, se trataba de una “revolución en libertad”, en el espíritu de Washington, Jefferson, Bolívar, San Martín y Martí, al calor de una consigna claramente anticastrista “¡Progreso Si, Tirania No!”. El 5 de agosto de 1961, en la Conferencia de Punta del Este, Uruguay, 21 repúblicas latinoamericanas aprobaron la ALPRO.

Los propósitos de la ALPRO no eran tan “nuevos” en varios países latinoamericanos. En Argentina, con Juan Domingo Perón (1946-1955); Brasil, con Getulio Vargas (1930-1945 y 1951-1954) y México, con Lázaro Cárdenas (1934-1940), se implementaron cambios de estructuras fundamentales, promoviendo la industrialización sustitutiva de importaciones, reformas agrarias y tributarias, vastos programas sociales en educación, salud, vivienda y servicios públicos. Esos “populismos” tuvieron principios nacionalistas, fuerte intervencionismo estatal, definida orientación popular y laboral, además de una clara inclinación “izquierdista”. Lograron importantes avances en el “desarrollo” (https://bit.ly/2AEybcW). Brasil incluso contaba con aportes académicos singulares para Latinoamérica a través de investigadores como Roberto Simonsen, Ignácio Rangel, Caio Prado Júnior, Hélio Jaguaribe, Cândido Mendes y, sobre todo, Celso Furtado, uno de los más influyentes científicos sociales en toda la región. Bajo el gobierno de Juscelino Kubitschek (1956-1961), quien había ofrecido “50 años de progreso en 5 años de gobierno”, Brasil impulsó un claro desarrollismo que potenció al país; un modelo que también lo mantuvo Arturo Frondizi en Argentina (1958-1962).

Cuando se lanzó la ALPRO, varios gobiernos latinoamericanos querían mantener su soberanía, no vieron mal a la Revolución Cubana ni estaban dispuestos al bloqueo que los EEUU prácticamente ordenaban en contra de la isla. En Ecuador, José María Velasco Ibarra (1960-1961) se proclamó admirador de la Revolución Cubana y su sucesor, Carlos Julio Arosemena (1961-1963) tuvo que ser forzado por los militares para romper con Cuba. En Argentina, Frondizi recibió a Fidel Castro y mantuvo conversaciones secretas con el Che Guevara, lo que extremó las reacciones militares hasta que lo derrocaron (https://bit.ly/3f8S9LS). En Venezuela, Rómulo Betancourt (1959-1964) se anticipó con la reforma agraria y se vinculó a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que era combatida por los EEUU. En México, Adolfo López Mateos (1958-1964) fue el único en abstenerse de votar contra la expulsión de Cuba de la OEA (1962). Colombia, en cambio, tenía en Alberto Lleras Camargo (1958-1962), el ideal del gobierno anticomunista y pro norteamericano.

Si bien los gobiernos aceptaron la ALPRO, no todos coincidían exactamente con las intenciones norteamericanas. De modo que tuvieron que imponerse otros mecanismos: en Brasil los militares dieron un golpe de Estado (1964), que les mantuvo en el poder hasta 1985; otro golpe militar ocurrió en Argentina (1962); y en Ecuador, la CIA logró una Junta Militar (1963-1966) macartista (https://bit.ly/3iD0EkJ) que, sin embargo, adoptó la ALPRO, inauguró el desarrollismo, realizó la reforma agraria, fomentó la industria y promovió el despegue empresarial, gracias al decidido amparo del Estado.

Lo paradójico de nuestra historia económica es que la ALPRO, si bien fue un programa imperialista, sirvió para levantar el capitalismo en países latinoamericanos que todavía podían considerarse “precapitalistas”. Puede ser muy ilustrativo el caso de Ecuador: tenía una de las economías más “subdesarrolladas” a inicios de los sesenta; de modo que la atrasada mentalidad de las escasas elites empresariales y de los grandes terratenientes tradicionales, se levantó contra el “comunismo” de la Junta Militar desarrollista; pero, ante todo, contra la reforma agraria (1964), que puso fin al sistema hacienda. Su poder logró derrocar a ese gobierno militar pro norteamericano, tras la “guerra del arancel” (los comerciantes se negaron a pagar nuevos aranceles y decidieron no sacar las importaciones de la aduana). La ALPRO resultaba así un programa más adelantado que esas mentalidades de las clases dominantes ecuatorianas, que también se lanzaron contra el “estatista” modelo económico de los gobiernos militares petroleros (1972-1979). Sin embargo, gracias al desarrollismo de dos décadas, Ecuador creció como nunca antes en su historia y se volvió un país “capitalista”.

También te puede interesar: Tigres asiáticos y oligarquías latinoamericanas

Continuar Leyendo

Madre América

Ola de fuertes protestas en Estados Unidos derriba símbolos que recuerdan la esclavitud

Héctor Hernández Pardo

Publicado

en

La ola de protestas en Estados Unidos contra el racismo imperante en ese país, movimiento que ha alcanzado una fuerza y una magnitud extraordinarias, ha tocado las puertas de muchos símbolos que recuerdan la esclavitud y la violencia segregacionista y que, hasta ahora, permanecían incólumes, sobre todo en territorios del sur.

La presión interna que esas manifestaciones provocan ha obligado a las autoridades del sureño Misisipi, a dar un paso histórico con respecto a la bandera que le representaba y que era orgullo de los nativos ultranacionalistas blancos. Hasta hace pocos días, Misisipi era el único estado norteamericano que tenía en su bandera la célebre cruz de San Andrés, símbolo de los confederados esclavistas en la llamada Guerra de Secesión librada en Estados Unidos entre 1861 y 1865.

Según informaciones que han repercutido en toda la prensa estadounidense e internacional, dicha bandera será retirada y se diseñará otra nueva sin símbolos racistas, luego de que así lo aprobara la Asamblea Legislativa de dicho territorio. Por su parte, el gobernador republicano, Tate Reeves, adelantó que apoyará la medida.

Tal decisión se inserta en el contexto una gran polémica nacional que se ha generado al calor de ataques a estatuas, monumentos y símbolos en los Estados Unidos que son calificados por muchos ciudadanos como expresiones del culto a la violencia racista, la segregación y el colonialismo.

En Alabama, Florida, Virginia o Carolina del Sur, por toda la zona del sur estadounidense, los monumentos en honor a la Confederación que defendió la esclavitud en la contienda civil llamada Guerra de Secesión están cayendo poco a poco, 155 años después de acabar las acciones beligerantes.

Hace un par de semanas se derribó una estatua del presidente confederado, Jefferson Davis, en Richmond (Virginia), que era la capital de los secesionistas, y en Montgomery (Alabama), cayó otra del general Robert E. Lee, el más destacado del sur.

Para el profesor de Asuntos Sociales de la Universidad de Michigan, Ronald Hall, “derribar las estatuas no va a resolver el problema (de la discriminación o la violencia policial), pero es algo que debe hacerse…Enaltecer a personas que creían que la gente negra era inferior destruye la moral nacional y destruye al país“.

Robert E. Lee intentó separar a este país (…) Está justificado que una sociedad y la gente que influye en las instituciones” desee acabar con esos vestigios y que no se glorifique a esas personas que simbolizan un legado racista”, reflexionó el profesor Hall en declaraciones realizadas a la agencia de noticias española EFE.

En esta oleada contra los monumentos, memoriales y otros símbolos que honran a quienes defendieron la esclavitud, el racismo o posteriormente la segregación racial, está cada vez más implicada  la población en general. Las demandas incluyen eliminar los nombres de jefes confederados que tienen muchas bases militares del país.

El presidente Donald Trump se ha mostrado en contra de esas ideas y acciones. Hace pocos días hizo público su siguiente mensaje: “Mi administración ni siquiera considerará el cambio de nombre de estas instalaciones militares magníficas y legendarias. Nuestra historia como la nación más grande del mundo no será alterada. ¡Respeta a nuestros militares!“.

Sin embargo, el Comité de Servicios Armados del Senado aprobó una iniciativa, incluida en un proyecto de ley de gastos militares, que exigiría al Pentágono cambiar en un plazo de tres años el nombre a esas bases militares y eliminar los símbolos confederados que existan, lo que pondría en un aprieto al inquilino de la Casa Blanca. La iniciativa, si bien partió de los demócratas, se hizo con el apoyo de senadores republicanos, en una nueva muestra de que se está ampliando el consenso sobre este asunto, en el que Trump, al igual que en su posición con respecto a las protestas contra el racismo, parece estar cada vez más aislado.

En medio de esta situación extrema, el movimiento a favor de los indígenas se ha incorporado a las protestas. Y, así, Cristóbal Colón y otras figuras como el conquistador de la Florida Ponce de León,  también están en la mira de las manifestaciones, pues muchos los relacionan con el brutal sometimiento de los indígenas.  Informaciones procedentes de Richmond (Virginia), Saint Paul (Minesota); Miami (Florida), Boston (Massachussets) y Camden (Nueva York), señalan que estatuas del Almirante y de Ponce de León han sido objeto de actos de rechazo por parte de grupos que se vinculan a las reivindicaciones de los indígenas.

Si bien todos estos hechos constituyen una derivación de las enormes protestas contra la injusticia racial y la brutalidad policial a raíz de la muerte violenta del ciudadano negro George Floyd, muchos analistas coinciden en que se trata de una añeja demanda del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y que, todo indica, no tiene marcha atrás, a pesar de la oposición del presidente Donald Trump.

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS