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Pleno de la Corte decidiría si aclaran la consulta popular

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La Presidencia de la Corte decidió no dar trámite a la solicitud de aclaración de la consulta popular, por lo que organizaciones presentaron un recurso de reclamación. Exigen al Pleno de la SCJN que aclare la pregunta de la consulta popular.

Ciudad de México, 20 de julio del 2021.- El Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidiría si se debe aclarar o no la pregunta de la consulta popular a realizarse este 1 de agosto. Esto sería decisivo para el ejercicio de los derechos de participación ciudadana, así como para dar certeza a las víctimas.

Como se ha comunicado en Informe Fracto, la semana pasada las organizaciones Justicia Transicional en México y Elementa DDHH, así como la activista Kalycho Escoffié, presentaron al Máximo Tribunal del país una solicitud de aclaración de la consulta, figura prevista en la ley y ampliamente utilizada en la SCJN, pero nunca utilizada para aclarar el sentido de una sentencia concerniente a la consulta popular por su novedad.

No obstante, la Presidencia de la Corte, no le dio trámite. En respuesta, presentaron un recurso de reclamación ante el Pleno de la SCJN, por lo que sería esta instancia la que decidiría si procede o no analizar dicha aclaración.

El argumento para pedir que el asunto sea elevado al Pleno, más allá de que las reclamaciones generalmente se conocen en Salas, se basa en que solo la Suprema Corte, actuando de forma plenamente colegiada, es decir, vía las y los 11 ministros, es la única autoridad que reconoce la Constitución para abordar cuestiones relativas a la consulta popular y sus implicaciones.

Ha quedado claro que no es un juicio a expresidentes, y lo que sí puede ser la consulta, es decir, las opciones de mecanismos como comisiones extraordinarias. Los cómos y sus límites – detalles en donde realmente se hacen efectivos la verdad y la justicia– no están aclarados.  

Las organizaciones recalcaron que la ambigüedad de la pregunta formulada por la SCJN ha generado confusión en torno a su significado y, sobre todo, a sus alcances. Esto genera incertidumbre en la ciudadanía: por un lado, hay dudas sobre si se debería participar en este ejercicio democrático, y por otro, no hay claridad sobre qué se le debe exigir a las autoridades si gana el sí.

Tal es la confusión, que el mismo presidente de la Corte, el Ministro Arturo Zaldívar, ha tenido que reiterar en entrevista a diversos medios de comunicación que el sentido de la pregunta de la consulta popular no versa sobre juicios a ex presidentes, sino sobre mecanismos extraordinarios como comisiones de la verdad o de justicia transicional.

El llamado de las organizaciones de la sociedad civil no busca cambiar la pregunta ni de qué va, pero sí que la SCJN, mediante un documento oficial, aclare si el sentido de la pregunta corresponde a lo que el Ministro presidente ha salido a declarar en entrevistas periodísticas y los límites de la pregunta. El no aclarar puede prestarse a que la autoridad actúe a modo, en detrimento de víctimas y sociedad, indicaron las agrupaciones.

Reiteraron a la Corte que, de acuerdo con la Constitución y los tratados internacionales en materia de derechos humanos firmados por México, las y los ciudadanos tenemos derecho a contar con un recurso judicial efectivo. Esto es, no solo basta con que existan los tribunales y la legislación, sino que dentro de ésta la ciudadanía cuente con las herramientas necesarias para hacer valer sus derechos.

La relevancia del asunto no se acaba en la consulta popular del 1º de agosto sino que puede resultar útil en futuros ejercicios: generar un precedente robusto en el cual la Corte adopta un papel clave frente y acerca este mecanismo de participación a la ciudadanía –como lo ha reconocido la misma SCJN. Al promover preguntas concisas y claras, la Suprema Corte garantiza que las personas puedan ejercer su derecho a participar en la vida pública, concluyeron las organizaciones.

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Madre América

El polémico nombre de una gran isla caribeña

Sergio Guerra Vilaboy

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Fue Cristóbal Colón quien bautizó a la primera colonia fundada en América, por mandato de los Reyes Católicos, como La Española, aunque en algunos mapas antiguos aparece escrita en latín. La temprana difusión de Hispaniola se debió a que el cronista Pedro Mártir de Anglería la escribió así en sus Décadas del Orbe Novo, publicada en Sevilla en 1511, quien también anotó que Quizqueia y Haití eran las denominaciones más utilizadas por los aborígenes.

 A diferencia de lo que ocurrió con la mayor de las Antillas, donde no próspero el nombre de Fernandina puesto por los españoles y se mantuvo la toponimia taina de Cuba, el de La Española tuvo otra suerte. No obstante, la temprana despoblación de la isla desde la segunda mitad del siglo XVI, que prácticamente dejó a la villa de Santo Domingo como casi el único territorio habitado, hizo del apelativo de la capital sinónimo de toda la colonia. Prueba de ello fue el surgimiento en el siglo XVII, en la parte occidental, de una rica posesión francesa conocida como Saint Domingue.

Esa situación duró hasta el estallido de la gran revolución de los esclavos en 1791. La lucha por la independencia, iniciada en 1802 contra las tropas napoleónicas que pretendían restablecer el viejo sistema de dominación, vino acompañado de la búsqueda por los patriotas negros y mulatos de nombres autóctonos, para marcar distancia de sus opresores, por lo que llamaron a su ejército “indígena” y a la nueva república Haití. El enorme impacto de esta nueva nación impuso el uso de su nombre, lo que ocurrió incluso cuando en noviembre de 1821 los criollos de Santo Domingo decidieron romper con España y crear el denominado Estado Independiente de la Parte Española de Haití. La efímera existencia de esta república hispanoamericana, pues de inmediato fue ocupada por el ejército del presidente haitiano Jean Pierre Boyer, unificó la isla en un sólo Estado. Hasta 1844 todo el territorio insular estuvo bajo la soberanía de la República de Haití, lo que reforzó la denominación taina.

La separación de la parte oriental en febrero de 1844, diferenciada de la occidental por sus propias tradiciones, idioma y costumbres, vino acompañada de la reaparición del antiguo apelativo colonial de la isla. Así lo recogió su primera constitución: “La parte española de la Isla de Santo Domingo y sus Islas adyacentes forman el territorio de la República Dominicana”. Después de la anexión a España (1862-1865) y de la guerra de Restauración, se popularizó también el uso de Quisqueya para designar al este de la isla, al extremo de figurar en estrofas de su Himno Nacional y proponerse para denominar a la república.

Durante la ocupación militar de Estados Unidos de estas dos pequeñas naciones caribeñas, iniciada en 1915 y 1916, se reabrió el debate sobre el nombre de la isla. Fue motivado por una petición a la Sociedad Geográfica de Estados Unidos, formulada en 1918 por el gobierno militar interventor norteamericano en Santo Domingo, para que sustituyera oficialmente la denominación de Haití por la Hispaniola.  Pero no fue hasta junio de 1933 en que la recién creada Junta de los Estados Unidos sobre Nombres Geográficos consideró que debía llamarse Isla Hispaniola, decisión ratificada por la propia institución al término de la Segunda Guerra Mundial.

La intelectualidad de Santo Domingo reaccionó en contra. Por un dictamen emitido en 1933 por el Consejo Nacional de Educación de la República Dominicana, firmado por su presidente, el ilustre escritor Pedro Henríquez Ureña, se advertía que: “La gran mayoría de los dominicanos opina en contra del nombre de Hispaniola, que no ha sido nunca nombre oficial de la isla”, y prefirieren el de Santo Domingo, abogando por consultar la opinión de los haitianos. Desde entonces el nombre de esta isla caribeña, a la que muchos llamamos La Española, sigue sin ser aceptado por todos sus habitantes.

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Reportaje habanero

El Rincón, capital de la religión cubana

José Ignacio De Smedt

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La devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, es la de mayor profesión a lo largo y ancho de la Mayor de las Antillas, sin embargo, la figura de San Lázaro, para los católicos, o Babalú ayé, para quienes cultivan creencias sincréticas, tiene gran arraigo entre sus habitantes. Su devoción ocupa el segundo lugar en Cuba, su veneración está ligada casi siempre, a lo que llamaría Carpentier, lo real y maravilloso. Un pequeño pueblo perteneciente a la localidad de Santiago de las Vegas, ubicado en el capitalino municipio de Boyeros, acoge un hospital y una iglesia cuya historia están fuertemente ligadas a la milagrosa deidad.

Conocido desde antaño como El Rincón, el lugar es testigo de innumerables hechos relacionados con el santo. Uno de ellos, el más importante acaso, es la peregrinación de San Lázaro, acontecimiento añejo, que en la víspera del día 17 de diciembre de cada año, más de quince mil creyentes se congregan en la instalación, ocasionando el cierre oficial al tráfico automotor de las carreteras de acceso al poblado, y enormes embotellamientos en las amplias avenidas que conducen a la zona.

Historia. El Real Hospital de San lázaro, parte indisoluble del templo

Los orígenes parecen remontarse al lejano 1781, cuando terminó la construcción del Real Hospital de San Lázaro, en un humilde caserío de la Caleta Juan Guillén en la zona de extramuros de la ciudad, después de varias ubicaciones que tuvieron que ser trasladadas o fueron destruidas a causa de fenómenos naturales y la toma de La Habana por los ingleses.

La historia del Hospital y el templo erigido junto a él, van ligadas a los tiempos de la lepra, enfermedad que generaba el rechazo social de quienes la padecían, sumiendo a sus enfermos en un profundo aislamiento y anonimato.

La edificación estaba dotada de dos plantas, cuyo magnífico frente servía de frontis a la iglesia, con ubicación central. Dicho templo acogió durante años a enfermos y devotos de San Lázaro-Babalú Ayéen busca de apoyo espiritual y para cumplir sus diversas promesas.

Las incesantes quejas de los moradores de la zona, así como los problemas económicos, forzaron a los propietarios a finales de la primera década del siglo XX a buscar una nueva ubicación de sus instalaciones, preferentemente en algún lugar distante de la ciudad. Tras un duro batallar, y gracias a la Junta de Patronos y las autoridades sanitarias y de beneficencia, se aprobó su instalación en la finca Dos Hermanos, en Rincón, perteneciente a la localidad de Santiago de las Vegas. Pero ciertos retrasos en la construcción de la nueva sede, obligó el traslado temporal a un nuevo sitio, aún más alejado, lo que dio lugar a desórdenes y reticencias por parte de los pacientes.

Finalmente, el 26 de diciembre de 1916, y tras violentas escenas, fueron trasladados al lazareto de Mariel, por una corta estancia tal como se había acordado. Y en tanto las obras en Rincón avanzaban, los enfermos fueron alojados en míseras barracas donadas por el gobierno, que habían usado los españoles en el pasado como sitio de cuarentena para inmigrantes y tropas, sin que existieran las mínimas condiciones de existencia para un ser humano.

Después de dos meses de castigo, que debieron parecer una eternidad en tal inframundo, el 26 de febrero de 1917, sin medios adecuados para el transporte, en carretas, planchas y ambulancias de madera tiradas por caballos, se procedió al traslado de los leprosos a la que es hasta nuestros días, la sede del Santuario.

Después del triunfo de la Revolución, se destinaron insumos y expertos para el tratamiento de la enfermedad, y el leprosorio pasó a llamarse Hospital Especializado Dermatológico, denominación que se completó en 1989 con el nombre de Guillermo Fernández Hernández-Baquero, quien fuese su director por muchos años.

La Iglesia

Como ha sido tradicional, se levantó, a su entrada, una iglesia, bastante rústica al inicio, de madera y tejas con una sola nave central. Y no fue sino hasta unos años más tarde que se añadió el campanario. Se recoge la fecha del 17 de diciembre de 1917, como la primera peregrinación en el nuevo templo ubicado en el Rincón.

El recinto ha estado sujeto a diversos procesos reconstructivos. Actualmente la edificación se muestra con una sobria decoración. Su estructura no responde a un estilo arquitectónico, aunque algunos afirman estar inspirado en el barroco colonial. Consta de dos pequeñas naves laterales con distintas funciones. La derecha funge para el auxilio espiritual de los enfermos, mientras que la de la izquierda acoge el altar mayor y a los sacerdotes.

En el interior del inmueble son acogidos varios altares con los santos más venerados en Cuba. Aquí se encuentran el Lázaro milagroso, el de los perros, protegido por una urna de vidrio, que constituye la imagen más antigua y adorada del templo, y el San Lázaro Obispo, quien es realmente el patrón de la institución religiosa.

Mediante el curso de los  años noventa del pasado milenio, a propuesta del reverendo Ramón Suárez Polcari, en la Conferencia de Obispos Católicos celebrada en Puebla, México, le fue conferido a la institución religiosa el título de Santuario Nacional, teniéndose en cuenta la cantidad de personas que asisten al lugar tanto el día de la celebración como el resto del año, la significación del santo en la vida de los antillanos y el amplio caudal histórico oculto detrás de sus muros y fachada, reafirmándose así como patrimonio inmaterial de Cuba, y como parte de la idiosincrasia de los capitalinos.

Durante el curso de su visita por Cuba en enero de 1998, el Papa Juan Pablo II recorrió el bendito recinto, donde departió con religiosos y creyentes que allí estaban. El sitio fue galardonado en el año 2014 con el Premio Nacional de Restauración.

Una tradición centenaria

Los cubanos afirman que San Lázaro significa para los habaneros lo mismo que la Caridad del Cobre para los santiagueros. No cabe duda que el Santuario es escenario de constantes visitas durante los 365 días del año, no sólo de capitalinos, sino de moradores de toda la geografía nacional y de distintos países.  Tan es así, que muchos extranjeros, aprovechando la cercanía del Aeropuerto Internacional José Martí, y una vez que bajan del avión, no lo piensan dos veces y parten hacia el templo. La mayoría de los asistentes van a cumplir sus promesas ante el respetado orisha, o a pedir por su salud u otros motivos. Muchos exvotos se pueden apreciar en un pequeño museo aledaño a la construcción.

La costumbre del peregrinaje fue introducida en América por los colonizadores. En el caso de Cuba, el culto a San Lázaro adquirió gran popularidad y arraigo.

Fue a principios del siglo XVIII que las autoridades coloniales aprobaron la celebración de la fiesta al patrón de las enfermedades, permitiendo incluso a los enfermos participar junto a la población sana.

Las celebraciones se dividían, en aquel entonces, en religiosas y profanas. Estas últimas comenzaban en la víspera del día 17 de diciembre, donde participaban, en su mayoría creyentes de los cultos sincréticos. El objetivo era pagar promesas, ayudar a los enfermos con víveres y ropas y contribuir con la iglesia mediante donaciones monetarias.

La procesión ha llegado a nuestros días como muestra genuina de la devoción tan profunda de los fieles. La mayoría viajan en ómnibus hasta Santiago de las Vegas y de ahí parten a pie hasta la entrada del hospital-templo, a unos 4 kilómetros. Otros emprenden el camino desde lugares más distantes.

A las 12 de la noche del 16 de diciembre, la muchedumbre hace silencio ante el advenimiento del Día de San Lázaro. A esa hora se produce la misa más importante de la jornada y el resto del tiempo, los párrocos se mantienen atendiendo a los penitentes, tratando de aliviar su dolor corporal y espiritual.

Los pagadores se imponen muchas penitencias. No es nada raro ver a las personas vestidas de saco, arrastrándose descalzos por la carretera o con grandes piedras o lingotes de hierro atados en los pies, y personas que se auto flagelan.

No existen dudas sobre la trascendencia del culto y la peregrinación. Suceso religioso basado en un sentimiento de fe y no en mero fanatismo.

Leyendas

Desde aquella lejana época, en el jardincito que antecede a la iglesia, germinaron cuatro semillas procedentes de Brasil. Hoy, quienes visitan el lugar pueden apreciar en lugar de las semillas, las señoriales Trinitarias Tormentosas. El culto radica en la bendición del santo de los perros sobre los árboles. Las personas les achacan propiedades curativas para la lepra. Resaltan, además, por ofrecer paz y serenidad a los peregrinos. Sus hojas son usadas en ocasiones en la santería para hacer despojos. Otro elemento distintivo del sitio, y leyenda, es la existencia de una fuente de la cual brota el agua, que, según la creencia popular, es bendita por la deidad. Los fieles envasan el preciado líquido, y algunos incluso se lavan con ella, y la usan como un preciado tesoro.   

La historia se hace presente

La existencia del hospital e iglesia en El Rincón, constituyen una muestra viviente del pasado cubano conservado hasta nuestros días. Así sucede con la devoción a San Lázaro y su expresión a través de las visitas al Santuario Nacional. Hechos que forman parte inestimable de la cultura cubana, con gran realce dentro del panorama religioso popular de esta isla caribeña. Y es que algunos choferes llevan una estampilla en la visera del auto, para evitar accidentes. Los citadinos, en ocasiones, también llevan una en la cartera para que traiga ashe. Otros tienen una estatuilla o imagen tras la puerta para traer la paz y los cuide de las brujerías. Son todas estas cosas las que convierten la fe en el viejo Babalú como patrimonio intangible de cubanía.

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Madre América

Mediatización, pueblo y los hechos recientes en Cuba

Raciel Guanche Ledesma

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La matriz noticiosa internacional sigue jactándose de  titulares a raíz de los acontecimientos recientes en nuestro  país. Eso es algo normal cuando se trata de esta Cuba  socialista e irreverente en un mundo de grandes monopolios  mediáticos y neoliberales. Ahora la prosa malintencionada y repetitiva de los grandes medios vino acompañada de ese sobresalto doblemente sensacionalista a causa de hechos casi  ignotos, como los ocurridos el pasado 11 de julio en la Isla.

Lo cierto es que su ruta discursiva los condujo al mismo círculo vicioso en el que llevan empantanados hace varias  décadas. Volvieron a rondar en sus páginas las supuestas rupturas totales entre pueblo-gobierno y la hipócrita “ineficacia” estatal para lidiar con los problemas económicos y sanitarios que nos aquejan. Eso sí, ninguna palabra para el bloqueo norteamericano, causante principal de los problemas que daña a esta nación.

Pero todo este oportunismo mediático no tiene nada de rareza. Más bien constituye un acto natural, porque cualquier hecho convenientemente noticiable para las portadas extranjeras que suscite nuestra Isla, será un triunfo periodístico, sobre  todo, en los diarios y medios digitales de derecha. Da igual  a base de qué sustenten esas noticias, al final contra Cuba  todo se vale, incluida la mentira.

El caos social que han pretendido elevar y magnificar a  grados de extremismo y a costa de la malintencionada desinformación, más allá de los disturbios del 11 de julio en distintas localidades, entra en el apartado que nuestro  Presidente, Miguel Díaz-Canel, catalogó como terrorismo mediático. Sin dudas, la campaña creada en redes sociales y encadenada  a su vez con los medios de prensa internacionales para darles  un respaldo de “veracidad” y legitimidad a los hechos del domingo 11, surtió un efecto deseado dentro y fuera de Cuba por quienes apuestan a la ruptura y el odio en la Isla.

Digamos entonces que ese escenario resultó uno de los  principales detonantes para esparcir la pólvora instigadora que al final encontró lamentablemente, en algunos jóvenes, contrarrevolucionarios y personas descontentas con la actual  situación socio-económica que atraviesa Cuba, a un aliado. Los que pretendieron mostrar al mundo una imagen de protestas “pacífica” vivieron por esos días contagiados de infodemia. Porque en realidad predominaron escenas de vandalismo y  violencia, exacerbadas por las redes sociales y su eco en la matriz noticiosa que invitaban con morbo al odio y al  desorden ciudadano, principalmente, desde el centro anticubano de la Florida.

Aunque es justo no reducir la totalidad de los hechos al  bandidaje, porque también algunas personas confundidas por el momento (los menos) salieron a expresarse de forma  legítima. Sin embargo, estaban siendo ellos sin sospecharlo, objeto de un complejo entramado golpista que fue fríamente  calculado en tierras norteamericanas. Otra vez el fantasma imperial de las “Revoluciones de Colores” y de los “Golpes blandos” parecía por un momento reavivar en el Caribe una historia conocida primero en países  balcánicos y del Medio Oriente y pretendida sin éxito en tiempos recientes en naciones como Nicaragua o Venezuela. Lo cierto es que en esta cruzada que quisieron mostrar como  una guerra pueblo-Estado, no hubo un ápice de improvisación o espontaneidad práctica y sí de cinismo bárbaro. Todo parte de un manual (Guerra No Convencional), ideado por quién si no, los propios Estados Unidos. Solo basta con ver la  secuencia de hechos hasta la fecha para darnos cuenta que lo ocurrido en Cuba no tiene nada de casual.

Una conjugación de fenómenos internos, empezando primero por los fuertes embates de la pandemia (en su peor momento hoy), una economía golpeada con crudeza por las sanciones norteamericanas que causan escases de todo tipo al pueblo cubano y las limitaciones coyunturales en la generación eléctrica de los últimos días, serían utilizados como arma  externa que incitaba a la “sublevación” o desorden social.

En realidad, la táctica encaminada contra Cuba desde laboratorios con centro de acción en Miami y denunciados por las autoridades antillanas, no fue nueva. Mas sí alcanzó un nivel mediático y tecnológicos pocas veces visto. A través de plataformas como Facebook o Twitter circularon etiquetas, frases cortas y videos falsos con un sentido muy claro: crear dudas en la población, tocar la sensibilidad del cubano por sus vicisitudes cotidianas para luego instigar al caos que justifique una supuesta ingobernabilidad en la Isla y claro, una “Intervención Humanitaria” como guinda del pastel.

Pensar entonces que no se esconde una intención maquiavélica contra la Isla detrás del entramado digital, es cuando menos un acto cegador de inoperancia ante lo evidente. El fin resulta preciso desde los lares anticubanos cuando piden para sus compatriotas, para sus familias y amigos: Una Intervención Militar estadounidense. ¡Vaya forma tan perversa de querer el bien!

Mientras tanto, dentro de esta Cuba auténtica, soberana, se impone otra realidad distinta a la mostrada incoherentemente en las redes digitales. Luego del 11 de julio la tranquilidad volvió a adueñarse de la vida social y el rechazo a cualquier muestra de violencia e injerencismo extranjero en nuestras problemáticas ha sido un acto generalizado.

Quizás por esto último el respaldo mayoritario al socialismo en Cuba ha quedado manifiesto a raíz de los hechos recientes. Como también la necesidad de tocar con urgencia problemas sociales como la marginalidad acrecentada por años de dificultades económicas, el burocratismo y la atención directa a los barrios para escuchar sus inconformidades con oídos firmes.

Hacia esos objetivos se mueve con prontitud el gobierno cubano, quien en medio de acosos y sanciones, se concentra en continuar el camino revolucionario de “cambiar todo lo que deba ser cambiado” en beneficio del pueblo Antillano todo.

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