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La Nación y el Mundo

Recién Nacidos dan positivo a COVID-19

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Los trillizos que nacieron el pasado 17 de junio, resultaron positivos a las pruebas del #COVID-19, informó la secretaría de Salud Pública de San Luis Potosí.

El Comité Estatal de Salud Pública determinó practicarles la prueba de coronavirus por protocolo, esto como parte de la búsqueda de casos y fueron confirmados con pruebas de PCR, el 20 de junio.

Dos de los recién nacidos están estables y recuperándose, el otro aún presenta síntomas de la enfermedad. El doctor Miguel Ángel Lutzow, quien es director de Salud Pública San Luis, dijo que este caso es inédito en el mundo, pues no se ha registrado un suceso similar desde que inició la pandemia.

Este es el segundo caso de niños recién nacidos presentando Covid-19, que se ha registrado en el territorio de San Luis Potosí.

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Madre América: Paraguay

La desconocida provincia gigante de las Indias

Sergio Guerra Vilaboy

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La conquista española del Río de la Plata se inició con la trágica expedición de Juan Díaz de Solís, masacrada por los charrúas en 1516. Uno de sus sobrevivientes, el portugués Alejo García, fue el primer europeo que pisó al actual territorio de Paraguay cuando iba rumbo a los Andes desde la isla Santa Catalina, ubicada en las actuales costas brasileñas. García fue también un pionero al invadir el imperio incaico desde el sur -por Santa Cruz (1524)-, llevándose telas y objetos de oro y plata, mucho antes que Francisco Pizarro lo hiciera por el extremo opuesto. Atraídos por las noticias de esas riquezas, Sebastián Gaboto en 1527 y Diego García de Moguer dos años después, navegaron por los ríos Paraná y Paraguay tratando de llegar al Tahuantinsuyo.

No fue hasta 1535 que la Corona organizó una gran expedición colonizadora a la región austral, amenazada por la expansión portuguesa, que estuvo al mando de Pedro de Mendoza. Acompañado de más de mil personas, Mendoza levantó al año siguiente en la desembocadura del Río de la Plata una villa fortificada nombrada Santa María del Buen Aire, virtual capital del imaginado Reino de Nueva Andalucía. Abandonada pronto por la hostilidad de los pueblos originarios y lo inhóspito del lugar, muchos de sus pobladores se refugiaron en el más acogedor territorio paraguayo, donde Juan de Salazar fundó al año siguiente Nuestra Señora de la Asunción, que fue en verdad el primer gobierno municipal del Rio de la Plata.

Los recién llegados, encabezados por Juan de Ayolas y Domingo Martínez de Irala, siguieron saqueando el imperio incaico, hasta que Pizarro se los impidió, dejándolos confinados en Paraguay, con la agricultura como única alternativa. Después de vencer la tenaz resistencia de los jefes aborígenes Ñande Ru, Guazú Ruvichá, Taberé y Lambaré, los españoles lograron someter a los guaraníes, uno de los pueblos más avanzados de América del Sur.

A afianzar la presencia hispana en suelo paraguayo contribuyó que los conquistadores asimilaron la costumbre poligámica de los guaraníes, amancebándose con varias mujeres, a las que obligaban a trabajar la tierra. La ausencia de minerales preciosos hizo disminuir el arribo de europeos a Paraguay, lo que impulsó el mestizaje como en ninguna otra parte del continente.

En esas circunstancias, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien tras un naufragio había cobrado fama por sus andanzas por América del Norte, fue nombrado gobernador de esta remota posesión hispana. Para llegar a Asunción, desembarcó en 1542 por la costa atlántica y atravesó selvas hasta tropezar casualmente con las asombrosas cataratas de Iguazú, desconocidas por los europeos. Pero Cabeza de Vaca, rechazado por los conquistadores españoles asentados en suelo guaraní por su propósito de frenar la poligamia y limitar las encomiendas de indios, fue obligado a regresar a España (1544).

Tres décadas más tarde, los descendientes mestizos de los primeros conquistadores del Paraguay, comandados por Juan de Garay, iniciaron la colonización hasta la desembocadura del Plata, con el objetivo de facilitar la comunicación al exterior de la ya floreciente colonia agrícola, que durante un tiempo sería la más extensa de América, con costas tanto en el Atlántico como en el Pacífico. En su expansión, los 9 españoles y 75 “mancebos de la tierra” o paraguayos, como ya comenzaba a ser conocidos los criollos, fundaron Villa Rica (1570), Santa Fe (1573), Bermejo (1585), Corrientes (1588) y por segunda vez Buenos Aires (1580), acontecimiento que para algunos historiadores señala el fin de la conquista española de América.

A esa altura, la gran provincia de Paraguay había comenzado a achicarse como una piel de zapa, pues en 1552 perdió su salida al Pacífico y ocho años después el antiguo territorio incaico de Santa Cruz. La condición de provincia más grande de las Indias desapareció de manera definitiva en 1671 al crearse las gobernaciones de Guairá (o Paraguay) y la del Rio de la Plata. Fue un mestizo paraguayo, Ruy Díaz de Guzmán, quien en 1612 narró toda esa epopeya, mostrando una muy temprana conciencia “protonacional”, en una obra clásica titulada Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata, o La Argentina, como la denominó su autor, escrita para dejar constancia para la posteridad“por aquella obligación que cada uno debe a su misma patria”.

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La Nación y el Mundo

El modelo socialista que no colapsó en los 90

Raciel Guanche Ledesma

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Las postrimerías del siglo XX reservaron grandes trasformaciones político-sociales para un mundo que se disponía a entrar a la modernidad del nuevo milenio. Con la caída del campo socialista en Europa del Este, terminó derrumbándose la bipolaridad global que dividía el planeta en dos grandes sistemas: el comunista y el capitalista.

El gran poderío económico y el papel geoestratégico de la Unión Socialista de Repúblicas Soviéticas (URSS), sucumbió cual castillo de naipes de la noche a la mañana en 1991. Para los países aliados de la URSS que se beneficiaron durante décadas de convenios internacionales como fue el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), supuso un golpe casi mortal en un mundo que ahora sólo se preocupaba políticamente por erradicar cualquier vestigio socialista.

Sin embargo, varios fueron los países que resistieron los embates de los poderes expansionistas del capital que, hasta hoy, continúan asechando a estas naciones. Lo cierto es que luego de haberse declarado el fin de la Guerra Fría, el mundo entró en una etapa de avances y retrocesos políticos, marcados por la dispar correlación de fuerzas en el ámbito financiero, de comercio y estratégico-militar.

En medio de toda discordia se encontraba Cuba, que era hasta ese momento el único país declarado socialista del hemisferio occidental y que a partir de ese momento le correspondería navegar a solas, pero sin naufragar jamás en sus principios, tal y como afirmara el entonces presidente, Fidel Castro, antes del debacle soviético. 

   Fue a partir de ese momento, justo cuando iniciaban la década del 90, que el mundo conoció la grandeza y el poder de resistencia de un pueblo por mantener en alto los principios y valores socialistas conquistados durante un periodo extenso de lucha. La realidad del pueblo cubano cambió abruptamente entonces, pasando de unos años de abundancia alimentaria y económica en los 80 a unos difíciles 90, donde la escasez general de productos y la paralización de la industria nacional fueron inminentes. 

La mayor Isla del Caribe vio cómo su Producto Interno Bruto (PIB) descendía aceleradamente, cómo la escases general de productos se adueñaba de los días y cómo la nación entraba en un Período Especial atípico, diseñado para tiempos de guerra y usado ahora en momentos de paz.  

Resistir sin abandonar nunca los valores y principios fue la palabra de orden. Junto al pueblo en ese empeño se encontraba diariamente el líder cubano, Fidel Castro, quién nunca abandonó la batalla por encontrar salidas económicas a la crisis y por terminar venciendo al odio externo que vaticinaba el colapso total del sistema. Pero sin dudas, el verdadero protagonista de aquellos años adversos fue el pueblo cubano. Mucho se puede hablar de su creatividad que no alcanzó límites en esos días o del poder de lucha activa por no dejar caer las banderas de la autodeterminación social, aún en las circunstancias más difíciles.

Fue un groso período de crisis económica que se resintió socialmente, sobre todo, durante los primeros 5 años de los 90, aunque en realidad sus efectos se extendieron durante toda esa década. Sin embargo, poco a poco Cuba fue saliendo del complejo escenario post-soviético y con una estrategia magistral del Fidel y todo el gobierno, el país retomó el camino  a tiempos mejores.

A partir de 1995 la nación antillana hizo aperturas para la inversión extranjera en distintos sectores y convocó a reformas importantes en la vida política del país, algunas sólo circunstanciales y necesarias, pero sin abandonar jamás los postulados de justicia social que siempre han regido a Cuba.

Después de entrar en el nuevo milenio, en un mundo cada vez más tecnológico y bélicamente peligroso, los contratiempos del país provocados por limitaciones externas no se hicieron esperar. Si durante el Período Especial que atravesó la Isla se arreció en políticas económicas contra Cuba, luego esas hostilidades crecieron aún más llegando hasta nuestros días y violando el respeto inalienable de la nación por elegir su propio sistema político.

Quizás hoy lo que más duele es que Cuba esté de pie, contra viento y marea, contra los pronósticos de colapsos que vaticinaban hace casi 30 años el fin de una Revolución, que continúe siendo referente en el mundo. Lo cierto es que, después del derrumbe del Campo Socialista en Europa del Este, el planeta se dividió, pero en el Caribe una Isla no se resquebrajó y continúa construyendo un modelo socialista próspero y sostenible.

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Madre América

Ola de fuertes protestas en Estados Unidos derriba símbolos que recuerdan la esclavitud

Héctor Hernández Pardo

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La ola de protestas en Estados Unidos contra el racismo imperante en ese país, movimiento que ha alcanzado una fuerza y una magnitud extraordinarias, ha tocado las puertas de muchos símbolos que recuerdan la esclavitud y la violencia segregacionista y que, hasta ahora, permanecían incólumes, sobre todo en territorios del sur.

La presión interna que esas manifestaciones provocan ha obligado a las autoridades del sureño Misisipi, a dar un paso histórico con respecto a la bandera que le representaba y que era orgullo de los nativos ultranacionalistas blancos. Hasta hace pocos días, Misisipi era el único estado norteamericano que tenía en su bandera la célebre cruz de San Andrés, símbolo de los confederados esclavistas en la llamada Guerra de Secesión librada en Estados Unidos entre 1861 y 1865.

Según informaciones que han repercutido en toda la prensa estadounidense e internacional, dicha bandera será retirada y se diseñará otra nueva sin símbolos racistas, luego de que así lo aprobara la Asamblea Legislativa de dicho territorio. Por su parte, el gobernador republicano, Tate Reeves, adelantó que apoyará la medida.

Tal decisión se inserta en el contexto una gran polémica nacional que se ha generado al calor de ataques a estatuas, monumentos y símbolos en los Estados Unidos que son calificados por muchos ciudadanos como expresiones del culto a la violencia racista, la segregación y el colonialismo.

En Alabama, Florida, Virginia o Carolina del Sur, por toda la zona del sur estadounidense, los monumentos en honor a la Confederación que defendió la esclavitud en la contienda civil llamada Guerra de Secesión están cayendo poco a poco, 155 años después de acabar las acciones beligerantes.

Hace un par de semanas se derribó una estatua del presidente confederado, Jefferson Davis, en Richmond (Virginia), que era la capital de los secesionistas, y en Montgomery (Alabama), cayó otra del general Robert E. Lee, el más destacado del sur.

Para el profesor de Asuntos Sociales de la Universidad de Michigan, Ronald Hall, “derribar las estatuas no va a resolver el problema (de la discriminación o la violencia policial), pero es algo que debe hacerse…Enaltecer a personas que creían que la gente negra era inferior destruye la moral nacional y destruye al país“.

Robert E. Lee intentó separar a este país (…) Está justificado que una sociedad y la gente que influye en las instituciones” desee acabar con esos vestigios y que no se glorifique a esas personas que simbolizan un legado racista”, reflexionó el profesor Hall en declaraciones realizadas a la agencia de noticias española EFE.

En esta oleada contra los monumentos, memoriales y otros símbolos que honran a quienes defendieron la esclavitud, el racismo o posteriormente la segregación racial, está cada vez más implicada  la población en general. Las demandas incluyen eliminar los nombres de jefes confederados que tienen muchas bases militares del país.

El presidente Donald Trump se ha mostrado en contra de esas ideas y acciones. Hace pocos días hizo público su siguiente mensaje: “Mi administración ni siquiera considerará el cambio de nombre de estas instalaciones militares magníficas y legendarias. Nuestra historia como la nación más grande del mundo no será alterada. ¡Respeta a nuestros militares!“.

Sin embargo, el Comité de Servicios Armados del Senado aprobó una iniciativa, incluida en un proyecto de ley de gastos militares, que exigiría al Pentágono cambiar en un plazo de tres años el nombre a esas bases militares y eliminar los símbolos confederados que existan, lo que pondría en un aprieto al inquilino de la Casa Blanca. La iniciativa, si bien partió de los demócratas, se hizo con el apoyo de senadores republicanos, en una nueva muestra de que se está ampliando el consenso sobre este asunto, en el que Trump, al igual que en su posición con respecto a las protestas contra el racismo, parece estar cada vez más aislado.

En medio de esta situación extrema, el movimiento a favor de los indígenas se ha incorporado a las protestas. Y, así, Cristóbal Colón y otras figuras como el conquistador de la Florida Ponce de León,  también están en la mira de las manifestaciones, pues muchos los relacionan con el brutal sometimiento de los indígenas.  Informaciones procedentes de Richmond (Virginia), Saint Paul (Minesota); Miami (Florida), Boston (Massachussets) y Camden (Nueva York), señalan que estatuas del Almirante y de Ponce de León han sido objeto de actos de rechazo por parte de grupos que se vinculan a las reivindicaciones de los indígenas.

Si bien todos estos hechos constituyen una derivación de las enormes protestas contra la injusticia racial y la brutalidad policial a raíz de la muerte violenta del ciudadano negro George Floyd, muchos analistas coinciden en que se trata de una añeja demanda del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y que, todo indica, no tiene marcha atrás, a pesar de la oposición del presidente Donald Trump.

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