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La Nación y el Mundo

Red hospitalaria del IMSS reporta saldo blanco tras sismo de esta mañana

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 El titular del Seguro Social, Zoé Robledo, monitoreó en tiempo real desde el CVOED los reportes de las Unidades Médicas de las entidades donde impactó el sismo.

  La atención a pacientes con COVID-19 y otros padecimientos no se interrumpió.

La red hospitalaria del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en los estados de Oaxaca, Puebla, Guerrero, Michoacán, Morelos, Chiapas y Ciudad de México reporta saldo blanco y continúa sus operaciones tras el sismo de 7.5 grados en la escala de Richter,registrado esta mañana con epicentro en Oaxaca.

El Seguro Social informa que no se interrumpió en ninguno de sus hospitales la atención a pacientes con COVID-19 y otros padecimientos. Tampoco se suspendieron las cirugías que se estaban realizando en el momento del sismo.

Minutos después del evento telúrico, el director general del IMSS, Zoé Robledo; y el director de Prestaciones Médicas, Víctor Hugo Borja Aburto; monitorearon en tiempo real desde Centro Virtual de Operaciones en Emergencias y Desastres (CVOED) los reportes que emanaban de las Oficinas de Representación en los estados y de las Unidades Médicas en cada entidad.

El titular del Instituto señaló que se realiza una revisión en el Hospital General de Subzona de Huatulco.

Comentó que por protocolo se llevó a cabo la evacuación de hospitales, la cual tiene que ver con el personal, derechohabientes y familiares. “No se evacúa en estos casos a pacientes que están hospitalizados, y más en los hospitales COVID-19”.

Zoé Robledo detalló que el CVOED está conectado con todo el Sistema Nacional de Protección Civil y el IMSS se coordina con ellos para un mejor trabajo.

Por su parte, el doctor Víctor Hugo Borja Aburto, precisó que se continúa la revisión de instalaciones médicas, “agradecemos a todos los hospitales que nos han reportado, sabemos que muchos seguían trabajando durante el sismo, no interrumpieron cirugías, no interrumpieron los servicios, dieron tranquilidad a los pacientes COVID para que se mantuvieran en el sitio”.

En tanto, el doctor Felipe Cruz Vega, coordinador de Proyectos Especiales del Seguro Social, indicó que es una gran fortaleza que todo el equipo IMSS trabaje de forma sincrónica, bien organizada ycon un alto nivel de disciplina.

“Esto nos da mucha tranquilidad y es evidente que obtenemos este tipo de resultados de saldo blanco”, destacó.

En las entidades donde tuvo impacto el sismo se activaron las unidades internas de protección civil de los Órganos de Operación Administrativa Desconcentrada, y en la red de hospitales del Instituto se efectuaron los protocolos de evacuación, sin afectar a los pacientes.

Las Oficinas Centrales del IMSS fueron evacua en su totalidad para verificar las condiciones de seguridad en el conjunto Reforma-Durango-Colonia (Villalongín).

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La Nación y el Mundo

El modelo socialista que no colapsó en los 90

Raciel Guanche Ledesma

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Las postrimerías del siglo XX reservaron grandes trasformaciones político-sociales para un mundo que se disponía a entrar a la modernidad del nuevo milenio. Con la caída del campo socialista en Europa del Este, terminó derrumbándose la bipolaridad global que dividía el planeta en dos grandes sistemas: el comunista y el capitalista.

El gran poderío económico y el papel geoestratégico de la Unión Socialista de Repúblicas Soviéticas (URSS), sucumbió cual castillo de naipes de la noche a la mañana en 1991. Para los países aliados de la URSS que se beneficiaron durante décadas de convenios internacionales como fue el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), supuso un golpe casi mortal en un mundo que ahora sólo se preocupaba políticamente por erradicar cualquier vestigio socialista.

Sin embargo, varios fueron los países que resistieron los embates de los poderes expansionistas del capital que, hasta hoy, continúan asechando a estas naciones. Lo cierto es que luego de haberse declarado el fin de la Guerra Fría, el mundo entró en una etapa de avances y retrocesos políticos, marcados por la dispar correlación de fuerzas en el ámbito financiero, de comercio y estratégico-militar.

En medio de toda discordia se encontraba Cuba, que era hasta ese momento el único país declarado socialista del hemisferio occidental y que a partir de ese momento le correspondería navegar a solas, pero sin naufragar jamás en sus principios, tal y como afirmara el entonces presidente, Fidel Castro, antes del debacle soviético. 

   Fue a partir de ese momento, justo cuando iniciaban la década del 90, que el mundo conoció la grandeza y el poder de resistencia de un pueblo por mantener en alto los principios y valores socialistas conquistados durante un periodo extenso de lucha. La realidad del pueblo cubano cambió abruptamente entonces, pasando de unos años de abundancia alimentaria y económica en los 80 a unos difíciles 90, donde la escasez general de productos y la paralización de la industria nacional fueron inminentes. 

La mayor Isla del Caribe vio cómo su Producto Interno Bruto (PIB) descendía aceleradamente, cómo la escases general de productos se adueñaba de los días y cómo la nación entraba en un Período Especial atípico, diseñado para tiempos de guerra y usado ahora en momentos de paz.  

Resistir sin abandonar nunca los valores y principios fue la palabra de orden. Junto al pueblo en ese empeño se encontraba diariamente el líder cubano, Fidel Castro, quién nunca abandonó la batalla por encontrar salidas económicas a la crisis y por terminar venciendo al odio externo que vaticinaba el colapso total del sistema. Pero sin dudas, el verdadero protagonista de aquellos años adversos fue el pueblo cubano. Mucho se puede hablar de su creatividad que no alcanzó límites en esos días o del poder de lucha activa por no dejar caer las banderas de la autodeterminación social, aún en las circunstancias más difíciles.

Fue un groso período de crisis económica que se resintió socialmente, sobre todo, durante los primeros 5 años de los 90, aunque en realidad sus efectos se extendieron durante toda esa década. Sin embargo, poco a poco Cuba fue saliendo del complejo escenario post-soviético y con una estrategia magistral del Fidel y todo el gobierno, el país retomó el camino  a tiempos mejores.

A partir de 1995 la nación antillana hizo aperturas para la inversión extranjera en distintos sectores y convocó a reformas importantes en la vida política del país, algunas sólo circunstanciales y necesarias, pero sin abandonar jamás los postulados de justicia social que siempre han regido a Cuba.

Después de entrar en el nuevo milenio, en un mundo cada vez más tecnológico y bélicamente peligroso, los contratiempos del país provocados por limitaciones externas no se hicieron esperar. Si durante el Período Especial que atravesó la Isla se arreció en políticas económicas contra Cuba, luego esas hostilidades crecieron aún más llegando hasta nuestros días y violando el respeto inalienable de la nación por elegir su propio sistema político.

Quizás hoy lo que más duele es que Cuba esté de pie, contra viento y marea, contra los pronósticos de colapsos que vaticinaban hace casi 30 años el fin de una Revolución, que continúe siendo referente en el mundo. Lo cierto es que, después del derrumbe del Campo Socialista en Europa del Este, el planeta se dividió, pero en el Caribe una Isla no se resquebrajó y continúa construyendo un modelo socialista próspero y sostenible.

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Madre América

Ola de fuertes protestas en Estados Unidos derriba símbolos que recuerdan la esclavitud

Héctor Hernández Pardo

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La ola de protestas en Estados Unidos contra el racismo imperante en ese país, movimiento que ha alcanzado una fuerza y una magnitud extraordinarias, ha tocado las puertas de muchos símbolos que recuerdan la esclavitud y la violencia segregacionista y que, hasta ahora, permanecían incólumes, sobre todo en territorios del sur.

La presión interna que esas manifestaciones provocan ha obligado a las autoridades del sureño Misisipi, a dar un paso histórico con respecto a la bandera que le representaba y que era orgullo de los nativos ultranacionalistas blancos. Hasta hace pocos días, Misisipi era el único estado norteamericano que tenía en su bandera la célebre cruz de San Andrés, símbolo de los confederados esclavistas en la llamada Guerra de Secesión librada en Estados Unidos entre 1861 y 1865.

Según informaciones que han repercutido en toda la prensa estadounidense e internacional, dicha bandera será retirada y se diseñará otra nueva sin símbolos racistas, luego de que así lo aprobara la Asamblea Legislativa de dicho territorio. Por su parte, el gobernador republicano, Tate Reeves, adelantó que apoyará la medida.

Tal decisión se inserta en el contexto una gran polémica nacional que se ha generado al calor de ataques a estatuas, monumentos y símbolos en los Estados Unidos que son calificados por muchos ciudadanos como expresiones del culto a la violencia racista, la segregación y el colonialismo.

En Alabama, Florida, Virginia o Carolina del Sur, por toda la zona del sur estadounidense, los monumentos en honor a la Confederación que defendió la esclavitud en la contienda civil llamada Guerra de Secesión están cayendo poco a poco, 155 años después de acabar las acciones beligerantes.

Hace un par de semanas se derribó una estatua del presidente confederado, Jefferson Davis, en Richmond (Virginia), que era la capital de los secesionistas, y en Montgomery (Alabama), cayó otra del general Robert E. Lee, el más destacado del sur.

Para el profesor de Asuntos Sociales de la Universidad de Michigan, Ronald Hall, “derribar las estatuas no va a resolver el problema (de la discriminación o la violencia policial), pero es algo que debe hacerse…Enaltecer a personas que creían que la gente negra era inferior destruye la moral nacional y destruye al país“.

Robert E. Lee intentó separar a este país (…) Está justificado que una sociedad y la gente que influye en las instituciones” desee acabar con esos vestigios y que no se glorifique a esas personas que simbolizan un legado racista”, reflexionó el profesor Hall en declaraciones realizadas a la agencia de noticias española EFE.

En esta oleada contra los monumentos, memoriales y otros símbolos que honran a quienes defendieron la esclavitud, el racismo o posteriormente la segregación racial, está cada vez más implicada  la población en general. Las demandas incluyen eliminar los nombres de jefes confederados que tienen muchas bases militares del país.

El presidente Donald Trump se ha mostrado en contra de esas ideas y acciones. Hace pocos días hizo público su siguiente mensaje: “Mi administración ni siquiera considerará el cambio de nombre de estas instalaciones militares magníficas y legendarias. Nuestra historia como la nación más grande del mundo no será alterada. ¡Respeta a nuestros militares!“.

Sin embargo, el Comité de Servicios Armados del Senado aprobó una iniciativa, incluida en un proyecto de ley de gastos militares, que exigiría al Pentágono cambiar en un plazo de tres años el nombre a esas bases militares y eliminar los símbolos confederados que existan, lo que pondría en un aprieto al inquilino de la Casa Blanca. La iniciativa, si bien partió de los demócratas, se hizo con el apoyo de senadores republicanos, en una nueva muestra de que se está ampliando el consenso sobre este asunto, en el que Trump, al igual que en su posición con respecto a las protestas contra el racismo, parece estar cada vez más aislado.

En medio de esta situación extrema, el movimiento a favor de los indígenas se ha incorporado a las protestas. Y, así, Cristóbal Colón y otras figuras como el conquistador de la Florida Ponce de León,  también están en la mira de las manifestaciones, pues muchos los relacionan con el brutal sometimiento de los indígenas.  Informaciones procedentes de Richmond (Virginia), Saint Paul (Minesota); Miami (Florida), Boston (Massachussets) y Camden (Nueva York), señalan que estatuas del Almirante y de Ponce de León han sido objeto de actos de rechazo por parte de grupos que se vinculan a las reivindicaciones de los indígenas.

Si bien todos estos hechos constituyen una derivación de las enormes protestas contra la injusticia racial y la brutalidad policial a raíz de la muerte violenta del ciudadano negro George Floyd, muchos analistas coinciden en que se trata de una añeja demanda del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y que, todo indica, no tiene marcha atrás, a pesar de la oposición del presidente Donald Trump.

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Madre América: Colombia

La Violencia en Colombia: una historia sin fin

Sergio Guerra Vilaboy

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La situación de Colombia se ha ido complicando desde la llegada a la presidencia de Iván Duque en noviembre de 2018, quien suspendió las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y comenzó a incumplir los acuerdos de paz con la Fuerzas Armadas Revolucionarias-Ejército del Pueblo (FARC-EP), conseguidos en La Habana por su predecesor Juan Manuel Santos.

Nos referimos al Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera en Colombia, firmados en septiembre de 2016 por el propio presidente Santos y el comandante Rodrigo Londoño (Timochenko), quien desde hacía un lustro ocupaba la jefatura de las FARC-EP tras la muerte en un bombardeo de Alfonso Cano. Este tratado permitió la desmovilización de la FARC-EP y la entrega de todo su armamento a la Organización de Naciones Unidas (ONU), convirtiéndose en un partido político denominado Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), para conservar sus siglas.

Las FARC surgieron del semillero del bogotazo, la espontánea sublevación popular del 9 de abril de 1948 desatada por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Este carismático líder liberal era un obstáculo a la creciente derechización del país y la violación de los derechos de la población. Desde entonces se abrió el periodo de la historia colombiana conocido como la violencia, que mediante la intimidación, secuestros y asesinatos masivos, se propuso aplastar al liberalismo radical y las organizaciones democráticas. Mientras el gobierno se subordinaba totalmente a Estados Unidos. Los perseguidos por la reacción, liberales, socialistas, comunistas y otros sectores, respondieron con huelgas, paros y la organización de guerrillas, así como las llamadas zonas de auto-defensas campesinas.

Una de las más conocidas surgió a fines de los cincuenta en las montañas de Tolima, donde miles de familias encontraron refugio protegidos por grupos armados liberales y comunistas. En las zonas de autodefensa orientadas por estos últimos, se adoptaron fórmulas administrativas propias de un Estado en guerra y reglamentaciones socialistas, como ocurrió en Marquetalia y El Pato. Más tarde, bajo el impacto de la Revolución Cubana, guerrillas de autodefensa campesina se trasformaron en movimientos armados de liberación nacional. Ese fue el caso de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fundadas en 1964 y ligadas inicialmente al Partido Comunista.

Por otro lado, en enero de 1965, nutrida por jóvenes estudiantes e intelectuales, surgió el Ejército de Liberación Nacional (ELN), encabezado por Fabio Vázquez Castaño –sustituido en 1973 por Nicolás Rodríguez (Gabino)-, que se estableció entonces en el valle medio del Magdalena. Al ELN se incorporó el sacerdote Camilo Torres, caído en combate ese mismo año. En 1967, surgió el Ejército Popular de Liberación (EPL), de inspiración maoísta, hoy todavía activo, y tres años después el Movimiento 19 de Abril (M-19), con miembros de las FARC y del partido Alianza Nacional Popular (ANAPO), que pactó su desmovilización (1990).

Desde los años ochenta, las FARC varió su estrategia, añadió Ejército del Pueblo a su nombre y devino en la más poderosa de todas las organizaciones político-militares, con más de sesenta frentes diferentes y unos 17 mil guerrilleros, el triple de todas las demás.  La hostilidad desembozada del gobierno de Iván Duque contra las FARC, que ha llegado al extremo de asesinar a más de doscientos de sus antiguos combatientes  –como ocurrió en los noventa con los desmovilizados del M-19-, han puesto en solfa los acuerdos de La Habana en medio del anuncio del próximo arribo de tropas élites del ejército de los Estados Unidos con el argumento de la lucha contra el narcotráfico.

Eso explica la reaparición de las guerrillas llamadas FARC-EP Segunda Marquetalia, encabezadas por Iván Márquez, quien dejó su curul en el congreso colombiano y se ha sublevado con muchos de sus ex compañeros de guerrilla, a los que habían antecedido los seguidores del comandante Gentil Duarte. Acorde a las últimas noticias, ambas fuerzas ya suman más de siete mil combatientes y pudieran reunificarse bajo el programa del fundador de las FARC Manuel Marulanda Vélez (Tiro Fijo), fallecido en 2008, para impedir la repetición de la trágica historia del M-19, en un país donde la violencia parece no tener fin. 

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