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La Nación y el Mundo

¿Se afectará al espacio-tiempo?: Astrónomos y expertos esperan una “ruptura del universo”

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La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), organizó un ciclo de charlas en el cual grandes maestros en materia del espacio y la astronomía durante su participación señalaron que, si continúa la expansión del Universo, se producirá lo que se llama “la gran ruptura”, es decir, el espacio-tiempo se va a fracturar; a lo que Julieta Fierro Gossman, investigadora del Instituto de Astronomía, añadió que esta situación es condición necesaria para su existencia, porque si estuviera quieto la gravedad total haría que se colapsara.

Conforme esto sucede, mencionó la investigadora en su participación, es posible medir su velocidad y por eso hoy los expertos saben que el Universo se formó hace 13 mil 800 millones de años y que su expansión se acelera.

Asimismo, antes de finalizar su participación, señaló que a la humanidad le preocupa desde sus inicios, ¿cuál será el futuro?. Por ejemplo, las grandes culturas temían que se acabara el Sol y hacían rituales para que permaneciera.

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Voz desde Guatemala

USAC: 1989: la última ola represiva contra AEU (Asociación de Estudiantes Universitarios)

Rafael Gutiérrez

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Imagen: Transeúntes se detienen a observar fotografías de desaparecidos durante el conflicto armado en ciudad de Guatemala. Fotografía de Fernando Chuy. https://barrancopolis.com/la-ultima-oleada-de-terror-usac-1989/

Recién salíamos por esos meses del Festival Olof Palme, un festival que convocó a lo más representativo de la canción latinoamericana. Eran tiempos agitados, ciertamente, pero en medio ya de cierto desaliento que signaba el clima social, algunas esporas de optimismo gravitaban todavía sobre nuestras cabezas. Y fue así como entre el mes de agosto y septiembre, en realidad en menos de dos meses, comenzó lo que sin duda fue el último ramalazo represivo contra el movimiento estudiantil universitario de la Universidad de San Carlos, en su mayor parte organizado alrededor de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU). Uno a uno, de manera selectiva y sistemática, fueron secuestrados, en diversos puntos de la ciudad, 10 compañeros universitarios. Dio inicio la carnicería humana una mañana con el secuestro de Silvia Azurdia y Víctor Hugo Jaramillo, estudiantes de la Escuela de Ciencia Política. Luego seguirían Iván González Fuentes y Carlos Contreras Conde, de la Escuela de Psicología, y Aarón Ochoa y Hugo Gramajo, de Ciencia Política y miembros asimismo de la Coordinadora Estudiantil Ejecutiva de AEU.

Días después, el 23 de agosto, fue secuestrado Arturo de León, dirigente de AEU y responsable ante el proceso de Reforma Universitaria. El mes siguiente, en septiembre, en una lógica desarticuladora y tenebrosa, continuó la máquina de engullir seres humanos su tarea minuciosa: ahora serían Carlos Cabrera, de la Facultad de Humanidades, Carlos Chutá Camey y Eduardo López Palencia.

 La jornada alcanzaría su máximo nivel de impunidad e insania cuando, según testigos oculares, de un vehículo azul, como si fueran devueltos simbólicamente de donde fueron extraídos, fueron arrojados en la Colonia Villasol, colindante con la ciudad universitaria, los cadáveres brutalmente torturados de Silvia Azurdia, Víctor Hugo Jaramillo, Carlos Cabrera y Carlos Chutá Camey.

La Comisión de Esclarecimiento Histórico, en su informe, involucra a  Inteligencia Militar del Estado de tales secuestros y ejecuciones extrajudiciales. Incluso, según documentación desclasificada por el gobierno de Estados Unidos “existía una cárcel clandestina en la zona 6. Un informante, ex miembro de Inteligencia militar, observó que los estudiantes desaparecidos estuvieron en ese lugar, denominado La Isla, que era administrado por el Estado Mayor de la Defensa”. Aunque la estrategia central estaba destinada a desarticular el movimiento estudiantil organizado y sus bases de apoyo a través de AEU como eslabón último dentro de la lógica contrainsurgente, factores específicos como la implementación de la Reforma Universitaria, el apoyo a la huelga magisterial, así como su apoyo activo y manifiesto a demandas sindicales, populares y campesinas pudieron asimismo formar parte del dilatado plan represivo. Mientras, frente a tales niveles de terror y secuencia criminal desembozada, la Universidad quedó suspensa en un hilo. Tensa, desolada, enmudecida, apenas si logró mantener precariamente un nivel de desarrollo académico normal. Llegó a un punto, donde, afuera, el paisaje se minaba eventualmente de jeeps polarizados. No obstante, AEU  y el movimiento estudiantil aglutinado alrededor de diversas asociaciones respondió con una valentía, organización y persistencia excepcionales. Pronto la Coordinadora Estudiantil Ejecutiva de AEU convocó a marchas casi diarias, marchas donde la indignación, el asco y la solidaridad detonaron una unidad estudiantil pocas veces vista, se dispararon las pintas y los aerosoles apenas si alcanzaban para nombrar los nombres de los desaparecidos, los manifiestos, los pronunciamientos escritos al fragor de las acciones, los mítines con líderes relevantes, cualquier manifestación, un abrazo, una lágrima, una barricada, una mentada de madre, todo valía y se esgrimía, pero todo fue igualmente infructuoso pues el Terror de Estado hizo lo que sabía hacer con extrema eficacia, imponer la aniquilación física masiva o selectiva a fin de mantener el sistema de dominación imperante. Curioso, y hoy se sabe: uno de los líderes estudiantiles  más activos y carismáticos —dio prueba fehaciente con su flamígero discurso oratorio en un mitin junto al Padre Girón—jugó el papel de infiltrado y fue, en buena medida, el responsable del desmantelamiento de AEU: Edgar Ligorría Hernández. (Se sabe, ahora, por investigaciones más recientes, de otros infiltrados). Se escribe aquí, luego de 27 años, porque, acaso, los muertos no mueren enteramente, ni las derrotas son definitivas mientras haya una expresión que las historice, reivindique y exhume del olvido.

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Voz desde la Paz

Apuntes para explicar el triunfo popular del MAS en Bolivia

Carla Espósito Guevara

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El 18 de octubre pasado, después de 11 dolorosos meses de un gobierno nefasto, el pueblo boliviano acudió nuevamente a las urnas para elegir un presidente legítimo y un nuevo órgano legislativo. Los resultados sorprendieron a propios y extraños. El binomio Arce-Choquehuanca del Movimiento al Socialismo (MAS) sacó la aplastante mayoría de 55,10% frente a 28,83% de Comunidad Ciudadana (CC), es decir, una diferencia de más de veinte puntos respecto al segundo, que dejó fuera de juego a los analistas electorales liberales que no previeron una diferencia de tal magnitud. ¿Cómo explicar semejante triunfo después del derrocamiento de Evo Morales un año atrás por fuerzas conservadoras que creyeron haber sepultado al MAS?

En efecto, el Movimiento al Socialismo emergió de las cenizas como el ave fénix, después de haber sido aparentemente derrotado en octubre pasado, tanto por el golpe de estado, como por un inédito movimiento social de corte conservador que acompaño ese golpe, autodenominado “la revolución de las pititas”, que fue un movimiento urbano que aglutinó sectores medios empresariales, iglesias, movimientos cívicos, militares y policías en torno al rechazo a la re postulación de Morales por cuarta vez a la presidencia y a la consigna burguesa de la alternancia.

Varias respuestas pueden ofrecerse para explicar el sorprendente triunfo del MAS. La primera, tiene que ver con el carácter de lo derrotado. Un gobierno de transición que llegó con la Biblia en una mano y las armas en la otra. Su acto inaugural fue la perpetración de dos masacres (Sacaba y Senkata), en las que el Ejército asesinó a mansalva a 37 personas, apresó a más de mil y torturó a decenas. Este acto criminal fue eufemísticamente calificado por el gobierno transitorio como “pacificación” del país.

A partir de este momento Bolivia entró en un estado de excepción caracterizado por la suspensión del estado de derecho, la violación a derechos humanos básicos y la libertad de prensa. Este gobierno convirtió la cuarentena en un estado de sitio a cuya sombra se ejecutaron los más viles actos de corrupción en plena pandemia. Los recursos del estado, en lugar de ser utilizados en salud, dadas las condiciones de la crisis sanitaria mundial, fueron invertidos en potenciar las fuerzas armadas, en las que se gastó dieciocho veces más que en gestiones anteriores, con esos recursos el gobierno también financió grupos para militares cuya función era atacar cualquier movilización de corte popular, mientras los hospitales carecían de material de respiradores, bioseguridad y pruebas médicas para enfrentar la pandemia.

Parte del estado de excepción fue el uso de un lenguaje de guerra por parte del gobierno para dirigirse a las organizaciones sociales populares convertidas en el nuevo enemigo interno. Calificadas como “terroristas” y “narcotraficantes” fueron criminalizadas y perseguidas, sobre este lenguaje el gobierno instaló una dicotomía basada en la oposición “salvajes–civilizados” que organizó una narrativa profundamente racista contra los indígenas y campesinos, cuyo fin era “poner a la indiada en su lugar”.

A estos elementos debe sumarse el pésimo desempeño económico del gobierno de transición. Las empresas estratégicas del Estado como Boliviana de Aviación, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, la Empresa de Telecomunicaciones, la empresa del Urea de Bulo Bulo, fueron llevadas a la crisis por actos de corrupción o cierres intempestivos inexplicables que produjeron una paralización económica, al cierre de cientos de fuentes de empleo y, consecuentemente, el debilitamiento del mercado interno y una caída del 11% del PIB que contrasta drásticamente con el crecimiento promedio de 4,5% del periodo anterior .

Con esta actuación el gobierno transitorio dilapidó el capital político que las fuerzas de derecha pudieron acumular durante la llamada “revolución de las pititas”, así como la posibilidad de convertirse en una alternativa política al Movimiento al Socialismo, provocando más bien un enorme rechazo popular al giro conservador. El descontento popular, aunado a la incertidumbre generada por la crisis sanitaria y económica, se volcó masivamente en las urnas explicando parte del triunfo del MAS.

La segunda razón que explica el triunfo del binomio Arce-Choquehuanca, se relaciona tanto con la campaña como con el contenido de lo democrático de los frentes en pugna. Los dos mayores contrincantes al MAS, (Comunidad Ciudadana y Creemos), organizaron sus binomios sobre la contradicción regional oriente y occidente, mientas el Movimiento al Socialismo lo hizo sobre la contradicción étnico-social. Esto determinó el tipo de campaña que enfrentaron. La ultra derecha encaró una campaña que resaltaba el conflicto regional, que fracasó, y en general toda la derecha realizó campaña desde las ciudades y barrios de clase media. Nunca se dirigieron al pueblo, jamás se reunieron con las organizaciones sociales y populares vivas del país, ni visitaron un mercado o un sindicato, a diferencia de Arce y Choquehuanca, quienes realizaron su campaña de cara a los sectores populares, en los barrios, mercados, distritos mineros, ciudades intermedias organizaciones campesinas e indígenas demostrando conocer mejor el país que sus contrincantes de derecha, así como mejores habilidades para comunicarse con los ciudadanos de a pie.

De ahí se desprende el tercer elemento que explica el triunfo popular del MAS,  su carácter popular, que lo convierte en una fuerza democratizante, en oposición a los partidos conservadores que continuaron empecinadamente en el ejercicio de lo que en Bolivia se conoce como la democracia Huayraleva (leva al viento), criollismo utilizado para calificar la democracia restringida a la órbita de los caballeros. Si hay una lección que deja esta última contienda electoral es que resalta el carácter popular de la democracia en Bolivia, su carácter autodeterminativo, que no obedece a la lógica de las élites, y que estas, encerradas en su señorialismo, parecen no poder comprender.

El triunfo del MAS ratifica el hecho de que la democracia en Bolivia sigue siendo la democracia de las masas. Esto explica el rechazo al resultado de las elecciones por los grupos radicalizados de la derecha, fundamentalmente oriental, que se niegan a reconocer el triunfo de lo popular. Como dijo en gran pensador Zavaleta Mercado, “El descreimiento de la burguesía en la democracia proviene de su fracaso en ella. Sin duda alguna prefiere, con un instinto obstinado, la vía más céntrica del golpe de Estado.

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La Nación y el Mundo

Ideas viejas: los nuevos partidos en la boleta electoral 2021

Gabriel Zapata González

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Las elecciones intermedias están a la vuelta de la esquina y como en cada proceso electoral, aparecen nuevos jugadores con el objetivo de incidir en la agenda de los asuntos públicos a debate. La justa electoral de 2021, será una de las más importantes en la vida política de nuestro país, al renovarse 15 gubernaturas, alcaldías y diputaciones locales en los estados.  En total son 21,368 cargos que estarán sujeto a elección, pero sin duda, unos serán de más relevancia e importancia que otros para el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

 A raíz de las decisiones del Tribunal Electoral, que otorgó registro nacional a nuevos partidos políticos, pensará el electorado que en las elecciones intermedias surgirán opciones frescas que otorgarán una alternativa a los partidos políticos tradicionales. La realidad no es así, Redes Sociales Progresistas y Fuerza Social por México representan burbujas de drenaje de la vieja política mexicana. Ligados desde su nacimiento a sindicatos influyentes que pertenecieron al PRI durante sus años de máximo esplendor y que hoy han cambiado de bando por mera conveniencia.

Redes Sociales Progresistas, liderado por Fernando González Sánchez, yerno de Elba Esther Gordillo Morales, la recia exlíder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).Por el otro lado, en Fuerza Social por México, el cabecilla es Pedro Haces Barba quien es Secretario General de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) y actual senador suplente de Morena. En ambas casos, los partidos recién registrados utilizaron la vasta estructura sindical que los rodea para recolectar firmas y organizar asambleas, lo que les permitió obtener el registro y recibir 19 millones 972 mil pesos, cada uno, para la campaña electoral de 2021

Ambos partidos son considerados partidos satélites o apéndices de Morena, una estrategia electoral para poder retener la mayoría en la Cámara de Diputados. Bajo este entorno nacen instituciones políticas, carentes de ideología, estructura y soluciones para resolver los problemas de la sociedad. Sobreviven para obtener puestos representativos en la Cámara (por la vía plurinominal) y por las prerrogativas económicas instauradas en la ley. Los partidos políticos, deben alcanzar el 3% de la votación válida emitida para ratificar su registro ante el INE. La gran mayoría de ellos lo pierden en su primera y única elección. Aves de paso.

Los resultados electorales en el ámbito local de Hidalgo y Coahuila, no demuestran la situación real de los partidos de oposición. El PRI arrasó debido a su situación histórica en esas entidades, a la maquinaria gobierno-electoral y a la baja participación ciudadana (del 39% y 48%). Sin embargo, la no intervención de AMLO en los asuntos de partido y la nula eficacia para resolución de conflictos entre líderes y afiliados de Morena, representan el mayor riesgo para la permanencia hegemónica del partido hoy en el poder.

Para la elección del primer domingo de junio de 2021, serán 10 los logotipos presentes a escoger, de los cuales 6 serán aliados del Presidente y Morena en la discusión de temas legislativos en San Lázaro. Los ciudadanos elegirán según les convenga, la instalación de un contrapeso en el legislativo o el apoyo total e incondicional a la presidencia de AMLO. Será la última llamada ciudadana.

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