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CRÓNICA: Una visita circunstancial

PRESENCIA DE SANDINO EN ESPITA

José Antonio Gutiérrez Triay

Publicado

en

La Motivación

Esta historia inicia cuando caminando por la calle 60, después de una función de cine; desde la acera de enfrente se percibió un saludo con señales de la mano; luego pidieron me acercara. Era el tío Joaquín Triay Peniche, asiduo cliente del Ferráez, un café donde se reunían los trovadores, entre otros parroquianos

Después de peguntar por la condición física de su hermano Manuel, mi abuelo, quien pasó por una crisis de salud en el mes de octubre del año anterior, precisamente cuando los Juegos Olímpicos celebrados en nuestro país, me invitó a tomar una greca de las llamadas clarita. Fueron llegando los participantes de la tertulia diaria, todos de la tercera edad, como hoy se dice, y cada uno trataba de impresionar con su plática a los demás. Se incorporó don Carlos R. Castellanos que era el Secretario General de Gobierno, entonces bajó la intensidad del coloquio y empezaron las zalamerías hacia el gobierno.

Después que el personaje hizo mutis, como en el teatro, se retomó el ímpetu de la conversación. El caso es que no sé de donde salió, pero el tío Huacho narró que Sandino había vivido en Espita, que por las tardes salía a tomar el fresco en las puertas de su hospedaje; dijo, también que desde ese lugar, el visitante, veía a los muchachos jugar al béisbol en la Plaza Juan José Méndez, y que entre los participantes se encontraba el informante. Concluyó diciendo que el nicaragüense les obsequió un equipo completo de útiles para practicar ese deporte.

Conjeturo que pocos le creyeron ese relato, entre ellos quien escribe. Eran, casi todas, anécdotas que tenían algo de inverosimilitud las de aquellos cafeteros, aunque divertidas.

Aquel joven del ayer, que hoy escribe, tenía nociones de quién era Augusto César Sandino. Fue gracias a las lecturas de Rius que tanto permearon entre los románticos contemporáneos, aquellos con espíritu revolucionario latinoamericano contra el imperialismo del Coloso del Norte. Supongo que no éramos ni de izquierda ni derecha, “sino todo lo contrario,” como dijera en alguna ocasión el presidente López Mateos en el clásico lenguaje político.

El interés por el proyecto libertario de Sandino, que según decía el caricaturista, se inspiró en la Revolución Mexicana al trabajar en Tampico con una compañía petrolera trasnacional, se acrecentó cuando las noticias del Frente Sandinista de Liberación Nacional inundaban los titulares de la prensa, aunque ya, para entonces, el revolucionario había muerto.

Eran ya los años ochenta, en plena efervescencia contra la dictadura Somocista, cuando una tarde, como muchas, se tuvo una plática placentera con don Emilio Arcila Rodríguez quien pasaba a las puertas de nuestro comercio familiar, allá en Espita, y se detenía e invariablemente tenía un agradable comentario. Era un gran conversador, un hombre sabio, lleno de experiencias y jocosa narrativa. En esa ocasión habló de Sandino y expresó lo mismo que el tío Huacho había contado años antes. Añadió que el guerrillero centroamericano fue huésped de Don Alfonso Peniche Sauri: –el último aristócrata espiteño, consuegro de Venustiano Carranza, -enfatizó.

-Allá frente a la Plaza Méndez, donde ahora funciona una sucursal bancaria, estuvo alojado.

-Decían que vino a comprar la Hacienda Santa Cruz, propiedad del terrateniente local.

-Fue a finales de los años veinte-, -expresó asintiendo con seguridad, don Emilio.

Entrevistas posteriores a personas mayores confirmaban el hecho. Don Mario Peniche Erosa, permanente partícipe de las tertulias nocturnas del parque principal, comentó:

-¡Claro que lo recuerdo!, incluso venía al parque por las noches a dar sus vueltas; vestía en color caqui y con sombrero de ala ancha, siempre rodeado de sus guardaespaldas. Era el General César Augusto Sandino, (sic) de Nicaragua. ¡Un fugitivo!

La distinguida maestra espiteña, doña Mercedes Peniche López, Vda. de Peniche, expresó:

-Desde luego que lo recuerdo, causó mucho revuelo en la población, sobre todo entre las muchachas que querían verlo.

-Fue el tema de moda durante unos días, luego dejó de escucharse.

Sencilla investigación (Microhistoria)

El día 29 de mayo de 1984 una persona buscaba a quien escribe, dijo llamarse Carlos Villanueva y colaborador del periódico capitalino UNOMÁSUNO. Le informaron que yo poseía informaron acerca del presencia de Sandino en Espita. No existía más de lo expresado en líneas anteriores, pero de inmediato nos dimos a la tarea de investigar juntos.

Entrevistamos a más personas. Don Sotero Xuluc, ya muy anciano, pero lúcido, y muy desconfiado al principio, recordó cuando Sandino llegó a la hacienda Santa Cruz con varias personas, supervisó los cultivos y expresó que eran buenas las tierras. Informó, el anciano, que desde ese momento se rumoró que don Alfonso ya había vendido la hacienda y hubo preocupación entre los empleados.- Pero no fue así, -dijo el señor Xuluc quien reposaba en su hamaca durante la plática.

Intentamos entrar a los archivos de la Logia Masónica Narciso Campos Sabido de Espita, -ya en receso- y se nos negó con contundencia. Vislumbrábamos que Sandino participó en al alguna tenida con importante mensaje durante su estadía.

Continuamos en Tizimín al día siguiente sin mayor avance. Al parecer el señor Villanueva perseveró en su investigación y publicó. Por nuestra parte se hizo lo mismo, pero en específico con relación a la visita que realizó el guerrillero a Espita.

El resultado fue la primera crónica que tuvo a bien publicarme el Diario de Yucatán. Fue con base en las entrevistas e investigaciones hemerograficas.

Encontramos que ya acorralado por el ejército en su país, que contaba con el apoyo de los marines norteamericanos, Sandino decidió refugiarse en México, país de sus grandes expectativas revolucionarias. Tenía la esperanza que el gobierno mexicano del Maximato le proporcionaría los medios para continuar con su lucha. No fue así. El embajador norteamericano Mr. Morrow presionó al presidente Portes Gil. Lo hospedaron en el Gran Hotel de la Ciudad de Mérida. Desde ahí, una madrugada decidió partir por ferrocarril hacia el Oriente del Estado, por el ramal que conducía a Tizimín, de donde partiría para El Cuyo y Holbox. Era su proyecto para retornar a Nicaragua, la misma funesta ruta de Carrillo Puerto unos años antes. Todo esto sucedió entre el 7 y el 13 de agosto de 1929.

Gracias a las gestiones del Dr. Pedro José Zepeda, su representante en la Ciudad de México, que ya se había trasladado a Yucatán, se convence Sandino de refugiarse en Espita por razones de seguridad, lugar al que llega el 14 de agosto.

Desde allá declaró que había decidido permanecer por tiempo indefinido en Yucatán porque así convenía a su lucha, que trabajaría la tierra en una propiedad local y que se integrarían otros miembros de su ejército. También se expresó contra sus enemigos y negó que hubiera abandonado la lucha. (Diario de Yucatán. Agosto 15 de 1929)

La supuesta compra era a la hacienda Santa Cruz Regadío, una de las más prósperas de la población, aunque ya en decadencia por las afectaciones. Su propietario, quien pasaba muchos días en Francia, era un empresario de vanguardia en asuntos agroindustriales, realizó grandes innovaciones en aquella propiedad, motivo por el que el gobierno de Alvarado le había entregado un reconocimiento por su visión para la prosperidad de la región.

Un nieto de ese empresario espiteño, lamentaría años después, que posterior al agradecimiento oficial señalado, las tierras de su abuelo fueran expropiadas. Se trata del escritor coahuilense radicado en Torreón, Ing. Venustiano Carranza Peniche.

Lo percibía Sandino

Para sustentar nuestras opiniones se revisó el archivo epistolar de Sandino, encontramos que encabezó una insurgencia en Nicaragua desde el 4 de mayo de 1926, lo que ocasionó la intervención de los marines norteamericanos quienes estuvieron a punto de derrotarlo.

El 6 de enero de 1927, solicitó asilo a México por medio de una misiva al presidente Portes Gil, desde El Chipitón, Nicaragua, en ella reiteraba su confianza al viril pueblo mexicano. La solicitud se aceptó, aunque la mayor parte de los ofrecimientos fueron verbales, según escribió el nicaragüense.

Refugiado en Mérida y sin dinero para pagar las cuentas del hotel; lo ayudó una artista llamada Ignacia Veratiguí. Salió para El Cuyo con la finalidad de retornar a su patria y a su lucha, todo decepcionado. Por la noche, en ese puerto de la costa oriental, recibió indicaciones de la presidencia para trasladarse a Tizimín donde se realizaría una reunión acerca de las condiciones del apoyo. En aquel lugar le indicaron que con su gente debería permanecer en una finca de Espita.

Según Sandino, su anfitrión en Espita tenía muy claras intenciones de vender su propiedad. En los archivos epistolares del insurgente se lee que le causaba desconfianza. Entendió como un señuelo esa propuesta. Lo entrevistó el Diario de Yucatán, a través de su corresponsal local y se vio obligado a declarar, según escribió, como estratagema para su seguridad y a la vez no desanimar a los que quedaban en la guerrilla de su país. Retornó a Mérida.

Encontramos cartas dirigidas a la Presidencia de la República desde la casa 492 de la calle 87. Un líder obrero, Anacleto Solís, les proporcionaba los alimentos. Sandino hace mención de varios ofrecimientos de recursos, desde dos mil pesos mensuales hasta 10 mil dólares en una emisión. Menciona que nunca recibió la totalidad de lo que se ofreció.

El nuevo presidente de México, Ortiz Rubio, a decir de Sandino, estaba en alianza con los yanquis. Retornó en 1930 su país. Lo asesinaron en 1934. Cronista de Espita

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Cronista de Espita, Yucatán, México

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