Con motivo de
sus vacaciones, hace unos meses llegó a Ixil, su tierra natal, Benjamín.
Tuve el gusto de conversar con este
joven de origen maya, que realiza
estudios en el continente europeo, concretamente en la ciudad de París,
Francia. Y hoy es ejemplo, especialmente para la juventud actual, que mediante
el estudio quiera superarse.
Un muchacho
humilde y amable que hace una década se fue del pueblo a cumplir sus
sueños de estudiar, viajar, conocer
otros países y gentes y ahora ve
compensado sus ideales. Pero vayamos al principio de esta historia, que es real
y merece la pena contarla.
Benjamín Cocom
Chan, nace en Ixil Yucatán, sus padres son Anatolio Cocom Poot, agricultor que
combina labores del campo con su oficio
de sastre, y Nardy Chan Calderón, ama de casa. Desde niño destacó como buen
estudiante en la escuela primaria Petronilo
Baquedano y en la secundaria José Tec
Poot, de su pueblo natal.
Por méritos propios, logra ingresar a la Preparatoria No.1 de la UADY. Durante esa etapa va madurando la idea de continuar estudiando, nada más que en la Universidad de Autónoma de México. Si grandes habían sido sus sacrificios y privaciones para realizar sus propósitos a nivel local, imagínese continuarlos fuera del Estado.
Cuando concluye
su bachillerato, comunica sus planes a sus padres y éstos viendo el entusiasmo
de su hijo -pese a sus escasos ingresos económicos- deciden apoyarlo en esta
aventura estudiantil. Benjamín se da a la tarea de averiguar algún apoyo
gubernamental y cómo llegar a la capital del país. Y el que persevera alcanza.
La Casa del Estudiante en México le abre las puertas para hospedarlo.
Viaja a Ciudad
de México en busca de nuevos horizontes
y se apunta el primer round. Logra ingresar a la UNAM para estudiar biología,
lo demás era lo de menos. Durante su carrera, robándole tiempo a sus
actividades escolares, busca de alguna manera ayudarse con sus gastos propios;
ya sea asesorando a estudiantes, ya
desempeñando algún trabajo eventual, donde pueda ganarse algunos pesos. Por demás esta decir
las mil y un aventuras, experiencias y problemas que tiene que enfrentar y
resolver; que lo hacen madurar y crecer como persona.
Y lo que para
Benjamín, parecía un sueño, se vuelve una bella realidad: obtener un título
profesional. Orgulloso de su objetivo lo comparte con su familia que
puntualmente le mandaba su mensualidad.
Nuestro joven
personaje, considera que puede volar más
alto. Obtiene una beca del CONACYT
para seguir investigando acerca de las diversas ramas de la biología. Se
relaciona con investigadores de varias partes del orbe. Seguro de su capacidad,
se da a la tarea de aprender inglés y francés,
para buscar nuevas
oportunidades.
En 2018, nuevamente logra beca para estudiar en el extranjero, en el prestigiado Colegio de Francia, en la llamada ‘Ciudad Universitaria de París’, que reúne a científicos e investigadores de todo mundo y pasa a formar parte de un equipo multidisciplinario de estudiantes de maestría y doctorado. Actualmente el trabajo que realiza es acerca de la microbiología, biología celular y bioquímica, todo esto enfocado al tratamiento de diversas enfermedades, mismo que deberá concluir con una publicación científica y su respectiva tesis.
Para este
científico, un día normal de sus actividades es más o menos el siguiente: por
la mañana se despierta, bebe café, checa sus pendientes y comienza a quedar
listo para desempeñar sus actividades en los laboratorios de su centro de
trabajo. El viaje siempre lo realiza en bicicleta; eso le permite contemplar el
paisaje, entre otros, la preciosa arquitectura de la ciudad, y los bellos
jardines, en especial el animado Parc Montsouris (Parque Monte de ratones).
Cuando arriba a su centro laboral, saluda a sus compañeros e inicia sus labores
que lo mantiene ocupado hasta la hora de
la comida.
Al atardecer,
poco antes que entre la noche, emprende el retorno a casa, entre las luces de
la urbe parisina que son todo un espectáculo. Al fondo, desde
cualquier sitio de esta metrópoli, se divisa la Torre Eiffel, punto de
referencia de todos.
Acerca de la
comida francesa, prefiere comer pastas, pan dulce con chocolate caliente;
durante el pasado día de muertos se le antojó comer pibes, y los cocinó, recordando
las recetas de su abuela doña Loló Calderón y
luego compartió con algunos colegas.
También nos
relató la anécdota siguiente: Cierta vez, estando en un salón donde los latinoamericanos acostumbran a
bailar salsa; sus amigos le informaron que ahí había un chef mexicano. Lo fue a
saludar y esta persona resultó ser oriundo de Kanasín, Yucatán, que había
trabajado en cruceros, y tuvo oportunidad de
quedarse en esas lejanas
tierras. Esa noche “Benja” degustó sabrosos
panuchos.
Este
destacado yucateco, me platica los planes que tiene a futuro: a
fines del presente año, cuando concluya su contrato, tratará de permanecer más
tiempo en la Ciudad la Luz porque
existen oportunidades de trabajo.
A veces lo invade la nostalgia de retornar a su tierra, y se pone a recordar los juegos tradicionales de su niñez, la fiesta del pueblo, la celebración del Janal Pixán, etc. Enseguida recobra ánimos y se da cuenta de lo afortunado que resulta estar en esos prestigiados laboratorios, reservado para pocos. Finalmente Benjamín manda un mensaje a los jóvenes estudiantes: ahora hay muchas oportunidades para estudiar, que se fijen sus propias metas; pese a las dificultades, traten de cumplirlas, sean disciplinados y que le echen ganas al estudio, las oportunidades tarde o temprano llegarán.
Este ciudadano ilustre de Ixil, ha puesto en alto
el nombre del pueblo y de sus raíces
culturales. Con su actitud positiva, nos
ha demostrado, que a veces, la calle de la amargura conduce al éxito. Bien lo
dice el sabio refrán: “Vale más el que
quiere, que el que puede”.
Orlando
Aguilar Gómez era hermano de Narciso-a quien dedicamos este espacio, hace un
par de semana-. Desde pequeño fue muy aficionado a la charrerería y toda su
vida lo siguió siendo. Claro, había nacido en la pequeña hacienda San Antonio donde
se cultivaba y desfibraba henequén y desempeñaba labores campiranas.
Por
allá de 1960, cuando se encargó de la administración de la heredad se ganó la
amistad de sus trabadores pues era muy amiguero.
Durante su juventud lucía con orgullo el traje
de charro y en la tradicional fiesta de Ixil, con un grupo de amigos, de seguro
participaba ejecutando el floreo del lazo, el paso de la muerte, etc. También
fue beisbolista: jugó con las “Estrellas”,
fue cátcher y sus compañeros de equipo
fueron Eligio
Moguel,
Silvio Sánchez, Juan Orilla y Paulino Escobedo, quien fue su vaquero de toda la
vida.
Casó
con Mirza Farfán y tuvo de hijos a Aurora, William, Alejandro Fernando e Ivan. Fue además caballerango, en
el Rancho del Charro, en Mérida.
En busca de salud, viajo a California, pero no regreso con vida. Aún nos
parece verlo ejecutar las diversas suertes de la charrería. Hoy traemos el
recuerdo de nuestro amigo el “Charro” Aguilar. Ixil, Yuc.19 de
julio de 2020.
Tengo frente a mí una foto que para mí y para
los antiguos aficionados al beisbol, dice mucho. Allá por la década de 1950 en
Ixil como en muchos otros pueblos, jugar pelota en domingo era lo más
importante que sucedía. Entonces los juegos se efectuaban en la Plaza Principal.
Mi
hermano Francisco Javier Orilla Canche, tendría 17 años y estrenaba uniforme
con el equipo del Ayuntamiento. Debía estar nervioso, era su debut como
pelotero. Jugaba de short stop y no
dejaba pasar ni el aire. También cubría los jardines.
Chocaba bien la pelota y era ágil corredor. Una vez que alcanzaba la primera base, seguro que llegaba a la segunda. En su larga trayectoria siempre fue primer bate. Un jugador completo.
Sus
hazañas beisbolísticas con los “Cebolleros“,
aún se recuerdan. Cuando dejó de jugar, continuó activo como asesor del equipo
y consejero de sus hijos Oli Fili, Chino, a quienes cuando niños los enseñó a
jugar pelota todas las tardes…
Como
persona fue mejor. Hasta luego Pancho, algún día nos reuniremos en otra dimensión
para continuar comentando tu legado deportivo. 16 de julio de 2020.
Hoy traemos el recuerdo de este popular personaje que fue conocido también como “Nachito” o “Chiquillo”, y fue por allá de 1940, administrador o encargado de la finca henequenera San Antonio Chunchucum, ubicada en las cercanías de este Municipio de Ixil.
Aún se
recuerda que durante su vida fue el eterno gobernador de los carnavales, porque
ponía todo su entusiasmo, recursos y todas sus carretas para que la gente
paseara durante la lectura del bando y en la batalla de flores durante las
fiestas a Momo.
Su inseparable compañero fue el “Flaco” Ávila. Finalizado el carnaval se la pasaba en su finca trabajando pues sólo en esa época solía divertirse.
Falleció
en Mérida a donde había trasladado su residencia. Aquí le proporcionamos una
imagen en los años juveniles de “Nachito“.