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Crónicas de La Colonia Yucatán

Presencia de los Misioneros de Maryknoll (I)

José Antonio Ruiz Silva

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Sin duda la presencia de los Misioneros de Maryknoll tuvo una influencia decisiva en la sociedad que participó en el desarrollo de las empresas madereras en la Colonia Yucatán, ya que arribaron desde el año de 1943, precisamente cuando despegaba esa gran industria maderera en el oriente del estado, hasta el año de 1969, cuando se empezaban a observar los síntomas de su decadencia y posterior gran cierre ocurrido en mayo de 1975.

Por ello trataremos de poner en contexto a la Sociedad Misionera y conocer cuáles eran sus funciones sustantivas en la primera parte de esta crónica, para que en una segunda parte abordemos lo que conocimos de ellos en cuanto a la labor que desempeñaron de cara a las personas que poblaron la selva oriental.

La Sociedad Católica Americana de Misiones Extranjeras fue fundada en 1911 en los Estados Unidos con el propósito de crear un espacio educativo donde seminaristas seculares se prepararan para el trabajo de misiones. Esta sociedad fue conocida popularmente como Maryknoll, debido que en Ossining (Nueva York) el lugar en que se encuentra el seminario, se ubica   en un montículo (Knoll), dedicado a María (Mary).

Durante su preparación se les enseñaba a los seminaristas el desarrollo de habilidades que les servirían posteriormente en sus misiones, destrezas tales como la organización y el manejo de cooperativas y de uniones de crédito, medios de comunicación, técnicas agrícolas, primeros auxilios, plomería, mecánica y electricidad, entre otras. Además de las labores manuales, estudiaban idiomas y la cultura de las sociedades en las que iban a laborar. Todo lo anterior con el fin de ser líderes en sus comunidades. El papel que el misionero debía tener en su comunidad era precisamente ese, crear una comunidad teniendo como eje a la familia, como una de las vías para atender a la feligresía a través de la formación de catequistas y prepararlos era una práctica general de los misioneros de Maryknoll. De esta manera los misioneros podían ir solucionando necesidades de la gente y enterándose donde se solicitaba su presencia. Los catequistas también servían de intérpretes e intermediarios con la gente. Al principio sus áreas primordiales estaban centradas en el continente asiático, pero el estallido de la II Guerra Mundial, cambió su enfoque y es así como proceden a establecerse en Latinoamérica, primero en Bolivia en 1942, luego en Chile, Perú y México, en 1943 en Guatemala y en 1960 en El Salvador.

Esta Orden de misioneros llegó a la península de Yucatán en 1942, siendo su centro de operaciones la ciudad de Mérida en la Iglesia de San Sebastián desde donde se atendían, primeramente  los poblados de Bacalar, Carrillo Puerto y Cozumel, en el estado de Quintana Roo, el estado de Campeche y  posteriormente el estado de Yucatán , donde se asentaron, en los poblados de Peto, Dzidzantún, Yaxcabá, Tzucacab  y Colonia Yucatán entre otros,  donde seguramente muchos pobladores que colaboraron con ellos guardan gratos recuerdos.

Después de muchos años de servir a las comunidades del sureste mexicano, la Orden de los Misioneros de Maryknoll se retira cuando en el 2012 el Superior para América Latina tomó la decisión de cerrar la misión en México después de permanecer casi 70 años. Entonces,  todos los Misioneros se congregaron para vivir su etapa jubilatoria en el mismo seminario de donde salieron en Nueva York. En Yucatán se realizaron varias actividades de despedida de la Misión en la que tuvo destacada participación el P. John P. Martin O’Donell MM , quien fuera el último Misionero de Maryknoll en la Colonia Yucatán, donde permaneció 3 años  hasta su cambio de adscripción en 1969.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

El sargento Marceleño, disciplina y orden ante todo

José Antonio Ruiz Silva

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A veces nos preguntamos sobre las personas que durante el auge de las empresas madereras del oriente de Yucatán vimos deambular todos o casi todos los días en nuestro andar por las calles de esos hermosos pueblitos. Nos preguntamos: ¿Qué habrá sido de ellos? ¿A dónde habrán partido después del abrupto cierre de las fábricas?, ¿Qué habrá sido de ellos y de sus hijos? El caso que nos atañe en esta ocasión pinta de cuerpo entero las preguntas que en antecedentes hemos señalado. Quizás porque muchos de ellos fueron ciudadanos ejemplares que dieron su vida al servicio de sus comunidades, y por ende nunca se conocieron malas conductas ni dentro ni fuera de sus hogares. Un buen amigo, el Ing. Roberto Mac Swiney, decía que las coincidencias no existen y estoy de acuerdo con él, simplemente hay que buscarlas y en ese sentido las Redes Sociales guardan un papel preponderante para hacernos más fácil muchos trabajos. Así es como busqué y encontré a un pariente cercano de don Antonio Ramón Marceleño, más conocido como el sargento Marceleño, en la persona de su hija Silvia quien vive en la bella Valladolid.

Después de las presentaciones de rigor vía telefónica, Silvia nos narró que su papá nació en el puerto de Progreso en 1926 y que su abuelo era de Tabasco, de ahí que el apellido Ramón sea común en ese estado y muy raro en el nuestro. Antonio, entra muy joven en la milicia donde hace su carrera, misma  que lo lleva en la década de los 50 al Campamento La Sierra como integrante de una partida militar del entonces 30 Batallón de Infantería con sede en la ciudad de Mérida. Estando en servicio en ese lugar, lleva a vivir a su esposa María Dolores Valenzuela y a sus hijos Antonio y Silvia. César, el más pequeño, nacería en La Sierra. Al cumplir 30 años de servir a la Nación tramitó su pensión ante la Secretaría de la Defensa Nacional y es cuando es invitado por las empresas madereras para apoyar en algunos aspectos de vigilancia y orden que se requerían debido al crecimiento de esos poblados y a la cantidad de gente que llegaba de todos lados, siendo nombrado al poco tiempo Comisario Municipal de la Colonia Yucatán, cuando en esa época no había elecciones por tratarse de un área concesionada. Este encargo lo desempeñó durante cerca de 10 años con el apoyo de su entrañable amigo el Policía Judicial Felipe “Pancho López” Leal. Ellos dos eran el “terror” de los niños que hacían putz escuela o andaban descalzos en las calles.

Otra de las funciones del sargento “Marceleño” era proporcionar instrucción militar para aquellos jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad, evitando con esto el traslado a Tizimín y los consiguientes gastos que representaba.

Pero nada es eterno y con el dolor de su alma, en 1977, dos años después de cerrar las fábricas el sargento Marceleño dejó con su familia la casa donde vivió muchos años ubicada en la calle que conduce al poblado de Kantunil, Quintana Roo.  Silvia evoca con nostalgia, a sus vecinos los García, los Berzunza, el precioso parque de La Sierra con su escalera, la cascada, las enredaderas, y lámparas, el gran jardín donde jugaba a su corta edad con “Tina” Tec, “Feli” Canto, las Bates, Ofelia y Tere Martin   Rememora las bachatas de los cumpleaños con música de discos de acetato y a jóvenes como “Rach” Martin, Mario Villafaña, Antonio Rebolledo, Manuel Núñez, entre otros. Nos dice: “Ya sólo regreso con motivo de alguna festividad religiosa, sintiendo la pena de ver todo cambiado lamentablemente.” El sargento Marceleño, al quitarse de La Sierra, se avecinda en Mérida en una casa ubicada por el rumbo de la Iglesia de Lourdes, tiempo en el que se vuelve un gran seguidor y fanático de los Leones de Yucatán a los que vio coronarse  campeón. En las gradas del campo de béisbol Kukulcán era común verlo con su pequeño radio de baterías de onda corta y larga pegado al odio, y cuando le preguntaban por qué lo usaba si lo estaba viendo en vivo, señalaba  “es una gran costumbre porque donde esté escucho los juegos de los Leones y porque  acá explican mejor las jugadas y le meten más emoción “. El sargento también fue un gran porrista de su inolvidable equipo Cardenales de La Sierra.

 Después de un buen tiempo de radicar en Mérida, algunos problemas de salud ante el fallecimiento de su compañera de vida, hace que se traslade a vivir a la ciudad de Valladolid para estar bajo el cuidado de su hija Silvia, donde fallece en diciembre del 2004. Un hombre ejemplar sin vicios, de férreo pero agradable carácter y gran platicador que dejó parte de su vida en el oriente de Yucatán.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

La arraigada práctica del Voleibol

José Antonio Ruiz Silva

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Una larga entrevista telefónica a la profesora  Addy Díaz Sánchez, debido a las restricciones que ha impuesto la pandemia del Covid 19, nos permite  atisbar la importancia  que representó la práctica del deporte en la Colonia Yucatán como una forma de vida entre los habitantes de ese hermoso poblado. De hecho era difícil concebir la actividad social ese pueblo maderero sin asistir a la práctica de algún deporte a modo de competencia a través de los campeonatos que inicialmente convocaba el Comité Social y Deportivo y que posteriormente entusiastas personas de la localidad se encargaron de tomar la estafeta de la organización con fines de recreación.

Durante las décadas de los años 50 y 60 era común y satisfactorio observar cómo se organizaban los campeonatos de boliche, softbol, volibol en sus ramas varonil y femenil y el campeonato regional de béisbol, a cargo de la empresa maderera con la participación de equipos donde ésta tenia injerencia como lo fueron diversos poblados del estado de Quintana Roo entre ellos: Kantunilkin, Solferino y Chiquilá, colindantes y cercanos al centro maderero.

Nos cuentan de reuniones de trabajo tanto en la Casa Principal como en la escuela primaria y en la Nevería del Casino, donde asistían Jaime Contreras, el “ Chango”  Serrato, Luis Ricalde, Eusebio Díaz, Ramón Vidal y  Emilio Zamudio, entre otros, con el fin  de  organizar el campeonato siguiente. No había finalizado uno cuando ya se estaba pensando en el siguiente.

A manera de entretenimiento se organizaban las siguientes actividades recreativas, según palabras de la profesora  Addy Díaz: los lunes eran de volibol,  los martes de audición con la Orquesta Medval, los miércoles, transmisión de películas de corte americano en el cinema Trópico, los jueves se realizaban funciones de box, y los el viernes de nuevo el campeonato de voleibol en la cancha principal. Estas eran las actividades que se desarrollaban por las noches, al mismo tiempo que los campeonatos de Boliches en el Casino.

Con el fin de fomentar el deporte se construyó a las puertas de la fábricas un campo deportivo para la práctica del softbol, mismo que se llevaba a cabo inicialmente durante las tardes y posteriormente, cuando ya se contó con luz artificial mediante grandes luminarias, los juegos se practicaban por las noches, contando entonces con la participación de algunos equipos de mujeres.

Por otra parte, la cancha principal ha sido desde siempre un lugar icónico de la Colonia Yucatán cuyas pequeñas gradas se distinguen enfrente de la Iglesia, en el gran parque ubicado al centro de la población. En este lugar se recuerda la realización de emotivos  encuentros deportivos entre equipos locales y de La Sierra, tanto de volibol femenil y varonil, como de basquetbol varonil,  contando con importantes visitas a manera de intercambio de competencias entre equipos de la región como lo fueron equipos de Valladolid, Tizimín y  Espita.

También se guardan recuerdos gratos del campo deportivo donde se practica el béisbol y el futbol. Ese campo deportivo ha sido escenario de juegos legendarios como aquel que en la década de los 60 escenificaran los equipos representativos de Tizimín y la Colonia Yucatán en la llamada Liga Oriental de Béisbol, cuando en un juego del rol regular, se enfrascaron en un duelo de picheo los grandes peloteros Armando Díaz, espiteño de origen y Arnaldo “Fantasma” Rosado. El resultado final, después de 17 entradas, favoreció al equipo de Tizimín. De este gran juego hablaremos con amplitud en otra oportunidad, así como de las diferentes disciplinas deportivas señaladas en este artículo.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Don Ramón Vidal Álvarez o la gloria del transporte

José Antonio Ruiz Silva

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Don Ramón Vidal nació en el poblado de Temozón en el año de 1921, de donde se traslada siendo un niño a la ciudad de Valladolid, y  donde muchos años más tarde contrajo nupcias y procreó a sus primeros hijos. Enterado de las oportunidades de empleo que se existían en el Campamento La Sierra y en la Colonia Yucatán, debido al vertiginoso desarrollo de las industrias madereras, se traslada con su familia y pronto consigue un empleo derivado de la necesidad de enlazar a estas dos cercanas poblaciones. Se le presenta así la oportunidad de prestar el servicio semiurbano de transporte a través de un camión de pasajeros que adquirió en su natal Valladolid.

Era evidente la necesidad del continuo traslado de pasajeros de un poblado a otro, pues a diario realizaba sus primeros llevando a los trabajadores que acudían a las fábricas. Un poco después  don Ramón atendía a los niños que estudiaban en la escuela primaria Manuel Alcalá Martín y posteriormente a las amas de casa que acudían a realizar sus compras a la Colonia Yucatán. Los viajes de retorno, hasta el último viaje que hacía cerca de las 10 de la noche, eran un verdadero trajín.  Los sábados y domingos eran un tanto diferentes, pues eran días de ir al cine y había que esperar el término de la función para efectuar el último viaje.   Cuenta su hija la maestra “Loli” Vidal, que gracias a su papá  los niños de la Sierra siempre recibían buenas calificaciones por su puntualidad. Y agrega lo siguiente:“ Todos los lunes, día de los honores a la Bandera, mi papá después de bajar al último niño, se quedaba al pie del camión , para dar seguimiento a la ceremonia que se hacía en la explanada ubicada al frente de la escuela y ante el público. Ahí estaba él honrando a nuestro Lábaro Patrio y entonando desde afuera de la escuela nuestro Himno Nacional”

Loli también se refiere a una anécdota que ocurrió cuando en cierta ocasión su hermanito “Moncho,” -por cierto el único varón de la familia, pues los demás fueron 5 eran mujeres- no logra alcanzar el camión urbano lleno de niños en su rutina diaria. “Moncho” se había atrasado tal vez en su arreglo personal  o concluyendo alguna tarea importante y por más que corrió  detrás del camión, este no le hizo parada.  Ese mismo día, al retornar a su  casa le reclamó a su papá que porqué lo había dejado, si era hijo del chofer y dueño del camión, a lo que don Ramón respondió: “precisamente porque eres mi hijo, deberías dar ejemplo de puntualidad. Yo estoy en este caso para servir por parejo a todos. Así que ya sabes que la siguiente vez será igual.”  ¡Nunca más volvió a ocurrir ¡

Don Ramón Vidal, en su querida Sierra donde residió muchos años, se destacó por la promoción del deporte entre las mujeres. Es así como bajo su patrocinio logró formar un aguerrido equipo de softbol y otro de volibol que tuvieron destacada participación en los campeonatos de la Colonia Yucatán. También se distinguió como un digno porrista a favor del equipo Cardenales de La Sierra. Eran épicos los encontronazos amigables con otro porrista, pero de Maderera del Trópico, equipo que representaba a la Colonia Yucatan en voz y pasión de don  “Pancho” González.

Como premio y reconocimiento a esta labor la entonces Fundación Amigos de Colonia Yucatán (FACY) le hizo un merecido reconocimiento durante una kermés realizada en la ciudad de Mérida en el 2016.  Este reconocimiento fue para motivo de orgullo e iniciación de incontables conversaciones con sus nietos y bisnietos que siempre le preguntaban al “abuelito consentido” sobre su trabajo en esos pueblos de oriente.

Don Ramón Vidal falleció en la ciudad de Mérida el pasado martes 5 de enero a la edad de 92 años, acompañado de su esposa Marlene Rivero y de sus hijos Loli, Ramón, Conchi, Susi, Marita y Enita.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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