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Crónicas de La Colonia Yucatán

Presencia de los Misioneros de Maryknoll (II)

José Antonio Ruiz Silva

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La llegada de los Misioneros de Maryknoll a la Colonia Yucatán, fue debido a  la influyente educación católica del ingeniero Alfredo Medina Vidiella, en ese entonces Director General de las empresas madereras, y quien toma como una de sus principales acciones en materia social la construcción de una Iglesia para que la población tuviera la oportunidad de practicar sus actividades religiosas  cuando  el poblado  empezaba a tomar forma, con sus calles trazadas y distribuidos los espacios públicos. Para ello planearon su ubicación al norte del parque principal, precisamente en un amplio terreno que permitiera a futuro construcciones más grandes, así como instalaciones para alojar a los futuros sacerdotes, seminaristas y misioneras.

Primero se contó con una construcción sencilla denominada actualmente la ex iglesia, y posteriormente conforme a  un diseño se hizo la construcción de una Iglesia propiamente dicha, de corte modernista. El santuario quedó a cargo del P. Juan Nolan MM y se trató de una edificación sólida que ha sobrevivido a un grave incendio que destruyó sus interiores y muebles de madera, así como las imágenes de adoración originales. Este icónico edificio cuenta al frente con un gran Cristo del Sagrado Corazón de Jesús y en el campanario aledaño la imagen en relieve de la Virgen del Carmen, patrona de la población, advocación que el ingeniero Alfredo Medina Vidiella, dedicó a su esposa Carmen.

En un principio los servicios religiosos estuvieron a cargo de sacerdotes de la Villa de Tizimín, y posteriormente se contactó a los Misioneros de Mariknoll que ya tenían presencia en  Quintana  Roo y  es cuando los Superiores en la Casa Central en Nueva York envían a los primeros sacerdotes a la Colonia Yucatán el año de 1952 . Ahí pasaron largas temporadas los Misioneros Juan Nolan, Bernardo Nagle, Román Kaspersak, Andrés Cassidy, Vicente Zebrowski, Dennis O’Brien, Peter Petrucci, y John Patrick Martin O’Donell. Entre todos los que llegaron se recuerda con especial cariño a los Padres Pedro Petrucci y John Martin, este último quien llegó  como vicario auxiliar a principios de 1967. En el caso del Padre Pedro, era común verlo recorrer con su diligente  chofer, don José Flores, quien conducía una camioneta Ford roja, con una caseta de madera y unas bancas donde iban sus ayudantes y catequistas por toda esta zona  que comprendía desde el puerto de El Cuyo, ejidos y comunidades del extremo oriente de Yucatán, y en el estado de Quintana Roo, las comunidades de Kantunilkin, Solferino, Holbox, Isla Mujeres y Cozumel. En todos estos lugares promovieron la construcción de templos católicos al estilo de la Colonia Yucatán, con una nave central y dos anexos integrados, todo de láminas y madera. Por su parte el Padre Juan fue uno de los últimos Misioneros de Maryknoll, quien llega a la Colonia Yucatán en 1967 y se retiró en diciembre de 1969. A su llegada menciona que se sorprende que los habitantes convivían en un ambiente de colaboración y armonía, sin importar las diferencias entre las clases sociales, como se dan normalmente en otros pueblos y ciudades. Al dejar la Colonia Yucatán el Padre Juan estuvo en parroquias de las ciudades de Mérida y México, viajando más tarde a Bangladesh como misionero.

Los Misioneros de Maryknoll sembraron tan buena semilla en la Colonia Yucatán que con el tiempo han salido con carrera al sacerdocio los siguientes presbíteros: P. Luis Sansores Polanco, Monseñor Pedro Mena Díaz, P. Aarón Dzib Cauich, P. Pedro Martín Ríos May (+) y el P. Emir Efraín Pérez Cabrera. Por su parte el Padre Pedro Petrucci, falleció hace pocos años en el Seminario de Maryknoll, lugar donde acostumbraba cámara en mano, como lo hiciera en la Colonia Yucatán, tomar fotografías y dar largas caminatas, llevando en el recuerdo seguramente de su paso por las selvas yucatecas. El Padre Juan Martin, vive en el mismo Seminario en Nueva York, acompañado de sus hermanos sacerdotes con edades que oscilan entre los 80 y 95 años. En el 2016 celebró sus Bodas de Oro sacerdotales en Yucatán y en el 2018 en la Iglesia de San Sebastián, realizó la presentación de su libro, donde narra su rica vida misionera, aunque debe apuntarse que con anterioridad había publicado otras 5 obras relevantes.

Siempre se despide en sus cartas de la siguiente manera, obsequiando un mensaje de paz y hermandad: “Que estés bien, mantente feliz, sigue sonriendo y procura esparcirlo por todas partes”.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

Crónicas de La Colonia Yucatán

La arraigada práctica del Voleibol

José Antonio Ruiz Silva

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Una larga entrevista telefónica a la profesora  Addy Díaz Sánchez, debido a las restricciones que ha impuesto la pandemia del Covid 19, nos permite  atisbar la importancia  que representó la práctica del deporte en la Colonia Yucatán como una forma de vida entre los habitantes de ese hermoso poblado. De hecho era difícil concebir la actividad social ese pueblo maderero sin asistir a la práctica de algún deporte a modo de competencia a través de los campeonatos que inicialmente convocaba el Comité Social y Deportivo y que posteriormente entusiastas personas de la localidad se encargaron de tomar la estafeta de la organización con fines de recreación.

Durante las décadas de los años 50 y 60 era común y satisfactorio observar cómo se organizaban los campeonatos de boliche, softbol, volibol en sus ramas varonil y femenil y el campeonato regional de béisbol, a cargo de la empresa maderera con la participación de equipos donde ésta tenia injerencia como lo fueron diversos poblados del estado de Quintana Roo entre ellos: Kantunilkin, Solferino y Chiquilá, colindantes y cercanos al centro maderero.

Nos cuentan de reuniones de trabajo tanto en la Casa Principal como en la escuela primaria y en la Nevería del Casino, donde asistían Jaime Contreras, el “ Chango”  Serrato, Luis Ricalde, Eusebio Díaz, Ramón Vidal y  Emilio Zamudio, entre otros, con el fin  de  organizar el campeonato siguiente. No había finalizado uno cuando ya se estaba pensando en el siguiente.

A manera de entretenimiento se organizaban las siguientes actividades recreativas, según palabras de la profesora  Addy Díaz: los lunes eran de volibol,  los martes de audición con la Orquesta Medval, los miércoles, transmisión de películas de corte americano en el cinema Trópico, los jueves se realizaban funciones de box, y los el viernes de nuevo el campeonato de voleibol en la cancha principal. Estas eran las actividades que se desarrollaban por las noches, al mismo tiempo que los campeonatos de Boliches en el Casino.

Con el fin de fomentar el deporte se construyó a las puertas de la fábricas un campo deportivo para la práctica del softbol, mismo que se llevaba a cabo inicialmente durante las tardes y posteriormente, cuando ya se contó con luz artificial mediante grandes luminarias, los juegos se practicaban por las noches, contando entonces con la participación de algunos equipos de mujeres.

Por otra parte, la cancha principal ha sido desde siempre un lugar icónico de la Colonia Yucatán cuyas pequeñas gradas se distinguen enfrente de la Iglesia, en el gran parque ubicado al centro de la población. En este lugar se recuerda la realización de emotivos  encuentros deportivos entre equipos locales y de La Sierra, tanto de volibol femenil y varonil, como de basquetbol varonil,  contando con importantes visitas a manera de intercambio de competencias entre equipos de la región como lo fueron equipos de Valladolid, Tizimín y  Espita.

También se guardan recuerdos gratos del campo deportivo donde se practica el béisbol y el futbol. Ese campo deportivo ha sido escenario de juegos legendarios como aquel que en la década de los 60 escenificaran los equipos representativos de Tizimín y la Colonia Yucatán en la llamada Liga Oriental de Béisbol, cuando en un juego del rol regular, se enfrascaron en un duelo de picheo los grandes peloteros Armando Díaz, espiteño de origen y Arnaldo “Fantasma” Rosado. El resultado final, después de 17 entradas, favoreció al equipo de Tizimín. De este gran juego hablaremos con amplitud en otra oportunidad, así como de las diferentes disciplinas deportivas señaladas en este artículo.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Don Ramón Vidal Álvarez o la gloria del transporte

José Antonio Ruiz Silva

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Don Ramón Vidal nació en el poblado de Temozón en el año de 1921, de donde se traslada siendo un niño a la ciudad de Valladolid, y  donde muchos años más tarde contrajo nupcias y procreó a sus primeros hijos. Enterado de las oportunidades de empleo que se existían en el Campamento La Sierra y en la Colonia Yucatán, debido al vertiginoso desarrollo de las industrias madereras, se traslada con su familia y pronto consigue un empleo derivado de la necesidad de enlazar a estas dos cercanas poblaciones. Se le presenta así la oportunidad de prestar el servicio semiurbano de transporte a través de un camión de pasajeros que adquirió en su natal Valladolid.

Era evidente la necesidad del continuo traslado de pasajeros de un poblado a otro, pues a diario realizaba sus primeros llevando a los trabajadores que acudían a las fábricas. Un poco después  don Ramón atendía a los niños que estudiaban en la escuela primaria Manuel Alcalá Martín y posteriormente a las amas de casa que acudían a realizar sus compras a la Colonia Yucatán. Los viajes de retorno, hasta el último viaje que hacía cerca de las 10 de la noche, eran un verdadero trajín.  Los sábados y domingos eran un tanto diferentes, pues eran días de ir al cine y había que esperar el término de la función para efectuar el último viaje.   Cuenta su hija la maestra “Loli” Vidal, que gracias a su papá  los niños de la Sierra siempre recibían buenas calificaciones por su puntualidad. Y agrega lo siguiente:“ Todos los lunes, día de los honores a la Bandera, mi papá después de bajar al último niño, se quedaba al pie del camión , para dar seguimiento a la ceremonia que se hacía en la explanada ubicada al frente de la escuela y ante el público. Ahí estaba él honrando a nuestro Lábaro Patrio y entonando desde afuera de la escuela nuestro Himno Nacional”

Loli también se refiere a una anécdota que ocurrió cuando en cierta ocasión su hermanito “Moncho,” -por cierto el único varón de la familia, pues los demás fueron 5 eran mujeres- no logra alcanzar el camión urbano lleno de niños en su rutina diaria. “Moncho” se había atrasado tal vez en su arreglo personal  o concluyendo alguna tarea importante y por más que corrió  detrás del camión, este no le hizo parada.  Ese mismo día, al retornar a su  casa le reclamó a su papá que porqué lo había dejado, si era hijo del chofer y dueño del camión, a lo que don Ramón respondió: “precisamente porque eres mi hijo, deberías dar ejemplo de puntualidad. Yo estoy en este caso para servir por parejo a todos. Así que ya sabes que la siguiente vez será igual.”  ¡Nunca más volvió a ocurrir ¡

Don Ramón Vidal, en su querida Sierra donde residió muchos años, se destacó por la promoción del deporte entre las mujeres. Es así como bajo su patrocinio logró formar un aguerrido equipo de softbol y otro de volibol que tuvieron destacada participación en los campeonatos de la Colonia Yucatán. También se distinguió como un digno porrista a favor del equipo Cardenales de La Sierra. Eran épicos los encontronazos amigables con otro porrista, pero de Maderera del Trópico, equipo que representaba a la Colonia Yucatan en voz y pasión de don  “Pancho” González.

Como premio y reconocimiento a esta labor la entonces Fundación Amigos de Colonia Yucatán (FACY) le hizo un merecido reconocimiento durante una kermés realizada en la ciudad de Mérida en el 2016.  Este reconocimiento fue para motivo de orgullo e iniciación de incontables conversaciones con sus nietos y bisnietos que siempre le preguntaban al “abuelito consentido” sobre su trabajo en esos pueblos de oriente.

Don Ramón Vidal falleció en la ciudad de Mérida el pasado martes 5 de enero a la edad de 92 años, acompañado de su esposa Marlene Rivero y de sus hijos Loli, Ramón, Conchi, Susi, Marita y Enita.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

La cacería, casos y cosas de un aficionado

José Antonio Ruiz Silva

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La cacería de animales era una afición arraigada entre algunos  trabajadores de las empresas madereras, tanto del Campamento La Sierra como de la Colonia Yucatán, ya que en los montes aledaños abundaban las especies y existían pocas restricciones de parte de las autoridades o quizás se respetaban poco las normas en esta parte de nuestro estado. A la distancia vemos esa afición como algo que a lo mejor no  debió realizarse, pero posiblemente las condiciones de esa época lo permitían.

Era común ver por las calles en motocicletas, bicicletas o a pie a diversos conocidos que por las tardes se adentraban a los montes en busca de alguna pieza para cazar, llámese paloma de monte, codorniz, pavo de monte, chachalaca, o en su caso alguna pieza mayor como jaleb, cochino de monte o hasta algún venado. Muchos regresaban ya entrada la noche, otros no tanto, dependiendo de la habilidad y el conocimiento de los senderos por donde se adentraban. Entre los nombres que se recuerdan  por su afición a la caza se encuentran el Dr. Duarte, Manzanero, Santiago López, José Pat, Miguel Medrano, Carlos Rodríguez y algunos otros que seguramente tomaban otros rumbos y no precisamente el del rumbo al puerto de  El Cuyo, donde más abundaban los animales, según los expertos en el tema.

Un caso que nos puede ilustrar sobre la actividad es lo que deja escrito en un artículo publicado en la Revista  Frente a la Selva en el  mes de enero de 1951, don Rubén Hurtado , personal administrativo de Maderera del Trópico y en ese entonces propietario de la primera tienda de electrodomésticos de la Colonia Yucatán. Don Rubén refiere:

“Un domingo en la mañana, me  fui de caza con mi amigo Solís, veterano y magnífico cazador que, sea dicho de paso, ultuimamente ha tenido una suerte negra, pues no ha cazado nada bueno.

Ya en el bosque, nos separamos para seguir las huellas de  un venado. A poco de andar y de no ver nada, traté de reunirme con mi amigo Solís y  aquí comenzó mi mala estrella, pues no encontraba a donde ir. Todo el monte me parecía igual. Estaba perdido. Durante mucho tiempo estuve gritando y pitando con el cañon de mi escopeta y nadie contestaba mi angustioso llamada, mi compañero , se había esfumado. En mi desesperación, me acordé del sol y resolví guiarme por el Astro Rey. Así caminé y caminé mucho, bajo el monte, soportando los rasguños de los garranchos y de los espinos, tan abundantes en la selva yucateca.En mi triste recorrido vi gran cantidad de pavos de monte, jabalíes y hasta 7 hermosos cochinos cinchados, que desfilaban en orden de estatura, rarísimo verlos de cerca , pues siempre andan muy remontados. Me hubiera gustado tirar uno o dos de ellos, pero en medio de mi angustia, pensé en guardar los tres cartuchos que me quedaban para alguna contingencia y además nada hubiera hecho por tirarlos, porque solo como estaba, no los hubiera podido recoger.Llevaba como unas 8 horas de caminar perdido, me encontraba desfallecido, muerto de sed, pensando que nunca saldría de mi atolladero, cuando de pronto, como por milagro, salí a un camino viejo que me llevó al camino principal y de ahí, directo a casita.

Cuando llegué a la Colonia, ya se sabía que estaba yo perdido y vi a muchos cazadores y amigos que se preparaban para salir a buscarme. Juré y juré no volver a la cacería, pero a pesar de todo, he vuelto a las andadas. Ahora uso una brújula que en muchas ocasiones me ha ayudado a salir del paso.”

En la Colonia Yucatán las emergencias tales como incendios, gente perdida en los montes como fue el caso de don Rubén Hurtado eran comunes,  y tal vez por obligación o solidaridad a la convocatoria del sonido  de las fábricas a través de su silbato de vapor aprendimos a diferenciar los sonidos de los que marcaban las entradas, salidas y cambios de turnos de los trabajadores.  El sonido ronco, era un sonido que jamás nos acostumbramos a escuchar, pues presagiaba algún problema. Era común escuchar de nuestros mayores ¡Dios mío algo está pasando¡   Y es en los recuerdos se alojan muchos casos de emergencia aunque por fortuna la gran mayoría sin nada que lamentar mas que la angustia de las familias.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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