El maratón
Guadalupe-Reyes pareció disipar las preocupaciones por el COVID-19, pero enero
está sacudiendo en Yucatán con una realidad muy diferente a la que pintan los
discursos oficiales y que se agravará conforme pasen los meses…, pero será un
tema tabú que difícilmente se tocará pues estamos en año de campañas.
Y no es
solamente la cuesta de enero, 2021 será un año difícil, con muchísimos más
millones de pobres en México, pero con un derroche de recursos en campañas de
promoción de imagen, total, mientras menos de hable de un problema, menos gente
se entera y viceversa.
Será una
situación difícil; después del “Lupe-Reyes”, que es una válvula de escape, para
cuando menos en ese lapso del 12 de diciembre al 6 de enero, se pueda festejar,
aunque luego la pregunta que llega es: ¿festejar qué?
Pero esto no es
un escrito fruto del pesimismo a flor de piel y pensando que el cielo se va a
caer. El cierre de 2020 fue duro en el aspecto económico para muchos, matizado
por el COVID 19, el desplome económico, fenómenos climatológicos y teorías
conspiracionistas.
Ahora viene un
2021 más difícil. La cuesta de enero será prolongada, con un panorama gris y
para algunos de plano negro, con desplome en el poder adquisitivo, desempleo y
al ser año de las elecciones intermedias los actores políticos mostrarán su
mejor cara para ganar la voluntad del electorado, total, de discursos y
promesas está tapizado el sendero hacia el poder.
Económicamente el panorama pinta a una baja en el movimiento
comercial, pocos podrán comprar, porque no habrá dinero para pagar, entonces las empresas al
no poder desplazar sus productos, recurrirán a despidos o al cierre, con ello
la situación se agravará más y más, en una espiral que parece no tendrá fin.
Lo curioso es
que el anuncio de incrementos salariales también trae alzas en bienes y
servicios, con lo que se termina con un poder adquisitivo menor, o sea recibes
unos pesos más por tu trabajo (si se es de los afortunados que tienen empleo),
pero puedes comprar menos cosas.
¿Parece
absurdo?, lo es. La justificación radica en que, para pagar los aumentos
salariales y los impuestos y aumentos por consumo de energía, es necesario
tener más recursos y por ello hay que incrementar el precio de los productos,
ese argumento es aceptado, pero no se escucha al trabajador quien se pregunta
de qué le ha de servir que le aumenten si tendrá que pagar más por la comida y
el transporte.
Mientras los
políticos se preparan para iniciar la campaña de 2021, el ciudadano común se
pregunta ¿cómo ha de hacerle para mantener la despensa de su familia y
conservar el trabajo?, ¿cómo salir adelante si acaso se es desempleado? El
ciudadano común, el pueblo, el electorado o como quieran llamarles, verá un
desfile de políticos sonrientes, cambiando de camiseta, pretendiendo tener una
gran sensibilidad social, pero en realidad sin proyecto social alguno, su único
proyecto es llegar o mantenerse dentro de la nómina, cobrando en el erario.
Tenemos en
20’21, un año electoral, con partidos políticos desdibujados, candidatos sin
ideología, afianzados a la nómina, frente a un pueblo cansado, golpeado por una
epidemia global, con desempleo, aumento de pobres y programas asistenciales,
mucho menos políticas públicas. ¿Qué falta? ¿Alguien, fuera de esa nueva casta
divina (los políticos), tendrá algo qué festejar?
Hasta la
próxima.