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Arte y ciencia

Apuntes de un viaje a Valladolid en 1857

Joaquín Castillo Peraza

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He aquí una de nuestras poblaciones que más deseaba conocer, acaso por la curiosidad que despiertan sus acontecimientos históricos de tiempo inmemorial que han surgido materia a algunos compatriotas nuestros para amenizar sus periódicos, y al distinguido poeta español D. Antonio García Gutiérrez para la concepción de dos dramas y un romance, o acaso por la circunstancia de haber sido el teatro donde las hordas indígenas insurreccionadas el año del 47 perpetraran los actos más horrendos de crueldad, semejantes a las escenas de barbarie y abominación que señalan en el cristianismo la época de Herodes el 1.  

Eran las tres de la tarde del diez de mayo de 1857 cuando entraba yo en Valladolid y, a decir verdad, la idea ventajosa que de ella tenía formada, por lo que había oído siempre ponderarla, se desvaneció en aquel momento, porque tal creía llegar a una población desierta, por el silencio que reinaba y el aspecto melancólico que presenta la ciudad.

Alójeme en casa de un pariente que allí tenía, y apenas comí, me lancé a la calle en unión suya, pues que debiendo ser mi permanencia muy corta, preciso era aprovechar, el tiempo. Era casi la hora del crepúsculo, que, aunque no es el más apropósito ciertamente para juzgar de una población, da no sé qué majestad a los objetos, que los representa más hermosos: en efecto, la ciudad es triste, pero desde luego da una idea de haber sido una población de importancia y de que lo será todavía por su riqueza natural y un clima regalado que la hace proverbial en la península.

La tarde se iba de prisa, pero cerca de una de las cosas más notables de la población como puede llamarse el Cenote de Sta. Ana, y de que tantas veces había oído hablar, no pude resistir a la curiosidad de visitarlo en aquel momento. Descendiendo, pues, por una escalera sinuosa, en partes resbaladizas y arruinada, no sé si por el tráfico de gentes o por la afluencia de las aguas de la ciudad que se reconcentran allí, según me informaron, contemplé sobre mi cabeza una inmensa cúpula de roca semejante a la de un templo, sembrada de estalactitas que se desprenden de ella como arañas luminosas.  Abstraído en su contemplación, olvidé la gran masa de agua que se distingue desde la entrada a una profundidad considerable, porque la imponente perspectiva de aquel dombo arrebata la atención del hombre menos curioso: esta gran masa de agua cuya hondura y magnitud no es fácil de calcular, es hermosa y cristalina, conservándose todo el año siempre fresca y delicada. En verdad aquella obra admirable de la naturaleza es un espectáculo grandioso, pero las sombras de la noche nos obligaron a dejarlo.

Apenas amaneció el día siguiente, me salí esperanzado de encontrar algún amigo con quien pasear, lo cual no creí difícil, como en efecto sucedió, porque sabía que la mayor parte de la oficialidad empleada en la guarnición, era de esta capital.

Provisto ya de cicerone, por decirlo así, le suplique me llevase a ver los templos que es lo primero que visito, no sé si por un sentimiento religioso o porque estos momentos despiertan mi curiosidad, como páginas que revelan al viajero el grado de moralidad e ilustración de un pueblo. En Valladolid concurría una circunstancia más para esto último, recordando el hecho de que la primitiva iglesia parroquial había sido violada allá en el año de 1703 con el asesinato de los caballeros de la entonces villa, D. Fernando de Osorno y D. Gabriel  de Cobarrubias, extraídos de ella por un tumulto encabezado por los alcaldes D. Miguel Ruiz de Ayuso y D. Francisco de Tovar, alentados según las crónicas, por el gobernador de la península D. Martin de Urzúa, para perpetrar tan sacrílego atentado, por un odio implacable que este profesaba a su teniente D. Fernando de Osorno, ya citado, y a su inseparable amigo Cobarrubias. Vejados con tan horrendo crimen los más sagrados fueros y la inmunidad de la iglesia, preciso fue demolerla desde sus cimientos, levantándose otra en el mismo sitio con frente al Norte, distinguiéndose aun en el pavimento de la antigua que miraba hacia el Oeste.

El exterior del templo es bastante hermoso, su interior es amplio y de buen gusto, y si bien no está con la decencia que debiera, puede asegurarse que es por falta de recursos y no por incuria del vicario, como sucede en otras iglesias cuyos párrocos las tienen en el más punible abandono, porque siquiera en esta no se ve la yerba que ha invadido las torres y las bóvedas de aquellas, precipitándolas a su ruina con mengua de nuestros días.

De allí nos dirigimos al barrio de Sisal, cuyo templo es también hermoso y al cual precede una galería a manera de vestíbulo que lo hace raro verdaderamente.  De este lindo barrio pasamos al no más bello de San Juan, que tiene igualmente una hermosa iglesia y un vastísimo convento convertido ya, este último, en escombros.

Cerca ya de las diez nos retiramos, convenidos en que a las doce volveríamos a reunirnos con otros amigos para ir a bañarnos al cenote de Sta. Ana. No me detendré en digresiones: llego la hora señalada y partimos seis u ocho con aquel objeto.

Esta vez experimenté mejor impresión que la primera entrada del cenote, tanto por la agradable transición de temperatura que sentí después de haber andado algunas cuadras bajo aquel ardiente sol de mayo, cuanto por la animación que allí reinaba a causa de una multitud de muchachos que encontramos en el agua, disputándose su habilidad de nadadores, cuya destreza no dejaría en zaga la del mejor marino. Aquella es una escuela de natación, donde nunca faltan aficionados, confundiéndose niños aun ocho y nueve años con hombres ya formados, sin poder distinguir entre unos y otros al más ducho. Cada peñasco más o menos elevado y peligroso es un botadero conocido en maya con algún nombre significativo como el Xpolayin, que quiere decir cabeza de lagarto, porque en efecto lo parece; pero ¡cuál sería mi sorpresa al ver treparse a un muchacho por medio de raíces y pedruscos a una de estas rocas, cuya elevación le representaba más pequeño de su natural estatura, santiguarse como tienen por costumbre todos al echarse al agua, y precipitarse desde allí como una flecha! Todos notaron mi admiración, y mis compañeros me dijeron que no faltaba quien se tirarse desde la boca, que es de una altura más elevada, aunque lo más notable de aquel punto, conocido como Chakat o barro encarnado, es la particularidad de que una vez llegado a él el nadador, no le cabe más recurso que lanzarse al agua, sin duda por el cansancio que produce la subida, o más bien por lo resbaladizo del despeñadero por la humedad constante que conserva.

Uno de los mejores medios de poner a prueba la agilidad de los valisoletanos en este punto, según tuve ocasión de observar, es tirarles algunas monedas al agua que dejan sumergirse hasta una profundidad considerable, y a cuya adquisición se precipitan desde los más peligrosos botaderos sin que se les escape una sola.

Con tales muestras de agilidad, yo que nado como una piedra, casi había desistido de mi propósito por no hacer el ridículo entre aquellos buzos; pero mis compañeros dieron tanto en ello, que me eche al agua mediante algunas precauciones oportunas.

Para dar en fin algún interés a estos apuntes, los concluiré con la exacta descripción que de estos cenotes hace el ilustrado escrito español D. Wenceslao Aiguals de Isco, en su obra titulada “La instrucción del pueblo”, porque también los hay en Inglaterra.

“La existencia de estas cavidades dice, se concibe sin ninguna dificultad: unos gases procedentes del seno de la tierra han podido levantar una de sus capas y dejar un espacio vacío, después de haberse escapado por algunas hendiduras: los espacios vacíos que se encuentran en la miga del plan son debidos a una causa semejante; las moléculas de agua dilatas y convertidas en vapor por el calor del horno, separan la masa en todos sentidos, y forman de este modo una cavidad. Las aguas han podido también formar cavernas; supongamos que una capa de arcilla está cubierta por otra capa de una roca dura y compacta, y que filtra un arroyo a través de la arcilla: su corriente se ira llevando poco a poco las materias que la componen, y se formará una cavidad debajo de la capa de roca”.

Hé aquí, pues, perfectamente explicado el origen de los cenotes, y en cuanto al agua que contienen, se comprende que dimana, como la de nuestros pozos comunes, de la infinidad de manantiales que surcan en todas las direcciones las entrañas de la tierra.

Mérida, 1860.-

Joaquín Castillo Peraza. (1830-1902) Escritor y Tipógrafo, publicó este texto originalmente en La Guirnalda, editado en Mérida en 1860-. Páginas 30 y 31

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El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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