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Arte y ciencia

El camaleón vigilante III (Continuación)

Ariel Avilés Marín

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Cuando el entrenador de futbol dio por terminado el entrenamiento, los chicos del equipo se dirigieron a los vestidores para ducharse. Poco a poco, los jugadores fueron terminando y saliendo del vestidor; al final, sólo quedaron cuatro, precisamente los conjurados del Camaleón Vigilante, Pepillo Laucirica, Licho Manterola, el Venado Pizzarro y el Iguano Armenta. Los conjurados se habían rezagado con toda intención, para quedar a solas en el vestidor, terminaron, salieron y se dirigieron al centro del campo de futbol, donde se sentaron a platicar sin testigos, ya que a esta hora, todo mundo se había dirigido al comedor, pues la cena daría inicio muy pronto. Manterola inicio la plática: – Algo sucio está planeando el prior, pues cómo ustedes saben, él tiene a sus allegados, y los he observado platicar con él en sitios apartados. Quién sabe que estarán planeando estos mentecatos. – ¿Quiénes están entre esos allegados? – preguntó Laucirica. – Felipe Oropeza, la Tachuela Valencia, el cínico del Oso Marcín y el Polo Machuca – respondió Armenta. – ¡Mira nada más, qué bonita colección de distinguidos gañanes! ¡Pura alhajita! – dijo Pizarro. – ¿Quién tiene amistad con alguno o algunos de ellos? – preguntó Laucirica. – Yo he jugado antes en un equipo con el Oso Marcín – dijo Armenta. – Pues mañana, le vas a buscar plática, a ver que le sacas – dijo Laucirica. Los conjurados se levantaron y se fueron corriendo al comedor para alcanzar la cena.

A media mañana, los chicos salieron al descanso después de la abrumadora clase de Física, del temido ingeniero Hugo González Archundia, maestro feroz por estricto, pero de una elevada calidad académica. Todo mundo se dirigió a la cafetería para tomar algo durante el descanso. Armenta, con todo cálculo, se puso cerca del Oso Marcín, y se dio cuenta de algo inesperado que sucedía. Marcín, había pedido una torta y un refresco, pero al ir a pagar, no encontraba su cartera. – No te preocupes Oso, yo pago– dijo Armenta –para cuándo somos los cuates. – Oye Armenta, muchas gracias –dijo Marcín. Y ya juntos se dirigieron a la terraza y se sentaron juntos a comer.- ¡Qué bochorno! – dijo Marcín – Nada de eso – dijo Armenta – a cualquiera la pasa esto, ni te preocupes – y llevó la plática por otro rumbo. – ¡Ay, yo tengo terror al examen de Física! El ingeniero González me da pánico, y temo llevarme la materia a suficiencia, y mi papá me va a matar. Marcín escuchó, y en tono de confidencia dijo: – Física no tiene por qué ser motivo de terror. Tú ya me demostrase que eres cuate, y yo puedo aliviar tu pendiente. Déjame checar unas cosas y yo te busco para decirte. Le tendió la mano, le dio un apretón, se levantó y se fue. ¡Aquí hay algo!–se dijo Armenta. El corazón le latía con fuerza, se levantó también, se acercó a la barra de la cafetería, acomodó estratégicamente la cartera de Marcín, y salió para buscar a los conjurados.

En el último rincón de los pasillos del edificio de los salones de clase, los cuatro chicos y el buen padre Bernal platicaban en voz baja; aunque en ese momento, casi el inicio del almuerzo, el edificio estaba vacío, la precaución nunca estaba de más. Manterola contó lo sucedido en el descanso, en la cafetería y la velada insinuación de Marcín. – Estábamos en lo cierto, algo se traen esos cabrones– les dijo a los demás – Perdón, padre, se me fue – se disculpó. – Nada hijo, nada – replicó Bernal. – Creo que todo tiene que ver con los próximos exámenes, pues el cínico de Marcín me dijo que no me preocupara de llevarme Física a suficiencia.¡Mmmm, tiene lógica! – Exclamó el padre Bernal – hay gente que daría mucho por tener un examen en sus manos antes de la aplicación de la prueba, así que toda nuestra atención se debe centrar en el centro de impresiones. ¡Ahí está el objetivo! Tú, Manterola, busca a Marcín a ver que más le sacas – ordenó Laucirica – y todos nos ponemos muy abusados con lo que pase en el centro de impresiones; así que a vigilarlo día y noche. Y salieron volando de ahí.

Manterola buscó a Marcín hasta que dio con él, se sentaron en una banca de los amplios jardines del colegio y le dijo: – Bueno Oso, ¿qué hay de lo que me dijiste para no llevarme Física a suficiencia? ¿Qué tengo que hacer, dime? Marcín miró hacia todas direcciones y dijo: – Mira, tú ya me mostraste que eres cuate, te tengo confianza, así que escucha: yo te puedo dar un examen de Física para que estudies la prueba antes de su aplicación, y listo, apruebas sin problema; claro, tú te apuntas con una feria y listo. ¿Nos entendemos? – dijo Marcín. – ¡Ya vas! – respondió Manterola. Y salió corriendo para buscar a los otros. Llegó jadeando a la prefectura, dónde los demás estaban reunidos con el buen padre Bernal. -¡Ya boqueó!– gritó al entrar, y relató rápidamente lo hablado con Marcín. – ¡Estábamos en lo cierto! – exclamó Pizarro. Todos estuvieron de acuerdo en que el punto de acción del prior y sus allegados estaba sobre el centro de impresiones, en donde muy pronto se tirarían en los mimeógrafos electrónicos todas las pruebas de los exámenes finales. Vender copias de las pruebas resultaría un negocio muy productivo entre los estudiantes muy pudientes, pero muy poco dedicados al estudio. – Estos pillos van a actuar cualquier noche de la semana, pues ya se va a iniciar la impresión de pruebas – señaló el padre Bernal. Y se acordó montar vigilancia sobre el edificio de las máquinas copiadoras. – Qué coincidencia– dijo Laucirica– nosotros también entramos ahí indebidamente, pero con fines tan diferentes.

Una noche si y otra también, los conjurados montaron guardia cerca del centro de impresiones, muy bien ocultos entre los matorrales de los jardines del colegio; por su parte, el buen padre Bernal, fingía leer en una banca, bajo un farol, muy cerca de la oficina del padre rector, pues sabía muy bien que el Doctor Soler siempre trabajaba hasta muy tarde en ese lugar. La noche del martes, ya tarde, los conjurados estaban ya, a punto de retirarse, cuando de pronto, en la obscuridad del jardín, vieron una figura que se movía con sigilo, luego otra, otra y otra más. En un susurro, Laucirica exclamo: – Recórcholis, qué tal si nos hubiéramos ido, y esta era la noche – y agregó – Compañeros, hoy se verán coronados nuestros esfuerzos – e hizo señal a todos para que se ocultaran mejor entre los arbustos. Cuando las figuras se acercaron al edificio, la luz permitió ver con claridad quienes eran. – Son ellos – dijo quedamente Manterola. Y ya con toda claridad vieron que eran Felipe Oropeza, la Tachuela Valencia, el Oso Marcín y Polo Machuca; los cuatro se acercaron hasta quedar bajo una ventana. Oropeza, era musculoso y alto, así que, Valencia se dispuso a subir sobre sus hombros para alcanzar la ventana. A Valencia le apodaban la Tachuela por su pequeño tamaño, y era el idóneo para entrar por la ventana, y ya, desde adentro, abrir para que entren sus compañeros. Previamente, el padre Riquelme ya les había indicado a sus allegados dónde encontrarían un juego de pruebas, que tomarían para sacar las copias necesarias para venderlas a los interesados, en un buen precio.

La Tachuela Valencia, colocó un gran desarmador en su cinturón y se dispuso a impulsarse, retrocedió y con gran agilidad saltó a la espalda de Oropeza y subió a sus hombros, el cual, se irguió todo lo que su altura le permitía, a fin de que Valencia alcanzara la ventana cómodamente. Bien asentado en los hombros del compañero, Valencia sacó el desarmador y se dispuso a forzar el pasador de la ventana para abrirla, lo cual hizo con relativa facilidad. La ventana se abrió, su espacio era bastante estrecho, solamente Valencia podría pasar por ese espacio. Abiertas las hojas de la ventana, Valencia se impulsó en los hombros de Oropeza y se introdujo por la boca de la estrecha ventana. De pronto, Valencia sintió que, su cuerpo había pasado hasta la cintura, pero no podía avanzar más. Desde abajo, sus compañeros con desesperación, veían cómo las piernas de la Tachuela Valencia se agitaban en el aire, en las alturas sin conseguir trasponer la ventana y acceder al interior del edificio. – ¡En la madre! Este cabrón ya se atoró – dijo Polo Machuca con angustia. Desde su escondite, los conjurados del Camaleón, también veían con angustia cómo se agitaban en el aire las piernas de Valencia. Pizarro, llevándose las manos a la boca, exclamó – ¡Este asunto ya se complicó! CONTINUARÁ Mérida, Yuc, a 30 de diciembre de 2020.

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El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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