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A propósito de…

Doña Rosario Ibarra de Piedra

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la medalla Belisario Domínguez que entregará el Senado de la República a doña Rosario Ibarra de Piedra, con toda certeza digo que si alguien ha sido fundamental en la toma de conciencia de los mexicanos respecto a la tragedia de los desaparecidos, los presos, los perseguidos y los exiliados políticos ha sido ella.

La señora Ibarra de Piedra tiene hoy 92 años, es una mujer físicamente menuda y ella sola emprendió lo que luego se convertiría en un movimiento y actualmente en una demanda de la sociedad: la presentación de los desaparecidos. La frase “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, que todos conocemos a partir de los hechos violentos contra los normalistas de Ayotzinapa, fue el  lema de su movimiento décadas atrás.

Comenzó su lucha en solitario. Era una madre buscando a su hijo Jesús Piedra Ibarra, de entonces de 21 años, estudiante de medicina, a quien detuvieron ilegalmente elementos de seguridad del estado mexicano, por pertenecer a la Liga  Comunista 23 de Septiembre, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, el 18 de abril de 1975. Lo trasladaron a instalaciones del Ejército y no se supo más de él.

A partir de ese momento, doña Rosario inició su búsqueda. Llevando un medallón con la fotografía de su hijo Jesús en el pecho, prendido a su blusa. Actualmente, Jesús sería sexagenario, pero en la mente de todos los que lo conocimos a través de la imagen que portaba su madre, es el joven sonriente, de mirada ingenua de 21. Su pesquisa lleva ya 45 años. Ella afirma “es parte del oficio de ser madre; le di la vida, tengo la obligación de preservársela

Cuando Rosario Ibarra salió de su casa en Monterrey en 1975, con la fotografía de su hijo Jesús como único elemento de búsqueda, era un ama de casa,  madre de cuatro  hijos, esposa del doctor Jesús Piedra. Asegura que su vida había sido feliz: una niñez feliz, una juventud feliz, un matrimonio feliz y una maternidad feliz. ¿Quién habría querido salir de ese estado de bienestar para entrar al infierno? Nadie. El de la búsqueda infinita no es un camino que ella eligió, es el que la vida le puso enfrente. Las circunstancias la llevaron a alejarse de su cotidiana plenitud existencial para encontrarse con el oscuro mundo de las detenciones ilegales, de las desapariciones, de la tortura, de las ejecuciones, de las mazmorras, de las cárceles clandestinas y, especialmente, del dolor de los que aparentemente conservan la libertad, pero que han sido igualmente arrancados de su historia para convertirse en víctimas a perpetuidad de la incertidumbre, de la angustia. Son los familiares, especialmente las madres de los desaparecidos.

Con valentía y determinación,  convencida de la legitimidad de su demanda, que le fuera devuelto su hijo con vida, esa mujer menuda cercana a los 50 años de edad, se enfrentó a presidentes, bajo cuyas órdenes tuvo lugar la guerra sucia, en contra de los jóvenes a quienes les habían cerrado cualquier posibilidad de manifestación, de protesta, de participación democrática.

Metódica, contabilizó en 39 las veces que enfrentó al entonces presidente Luis Echeverría Álvarez, quien quiso dar la apariencia de demócrata y progresista, acercándose a Salvador Allende, ofreciendo asilo a los perseguidos políticos de las dictaduras de países latinoamericanos, mientras en México se practicaban los mismos métodos represores. Ella recuerda: Dondequiera me le aparecía para exigirle la presentación de mi hijo.

Doña Rosario relata que a Fernando Gutiérrez Barrios, titular de la Dirección Federal de Seguridad, durante la guerra sucia, le advirtió: “Dentro de muchos años, cuando ya nadie sepa quién fue Luis Echeverría, todavía se va a saber quién fue Jesús Piedra Ibarra, mi hijo, de eso me encargo yo que para eso soy su madre”.

Al principio en solitario, pero como los seres humanos tratamos de acercarnos a quien puede entender nuestro dolor, las madres de otros jóvenes desaparecidos se le unieron y en 1977 fundaron el Comité Pro Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, mejor conocido como “Eureka”

El 28 de agosto de 1978, junto con otras madres, efectuó una primera huelga de hambre en el atrio de la Catedral Metropolitana pero fueron desalojadas ante la cercanía del informe gubernamental de José López Portillo.

En 1979 creó el Frente Nacional Contra la Represión FNCR cuya actividad menguó con los años. En 2007 llamó a reactivar esa organización frente al regreso de la práctica de desaparición forzada, la tortura y las ejecuciones, en el marco de la llamada guerra contra el narcotráfico declarada por el panista Felipe Calderón, que provocó una crisis de derechos humanos en México.

La señora Ibarra de Piedra fue la primera mujer candidata a la Presidencia de la República, en 1982 y nuevamente en 1988. En agosto de 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional EZLN la nombró presidenta de la Convención Nacional Democrática que culminó con los Acuerdos de San Andrés, que no se cumplieron.

En esa labor ha ido recogiendo la historia de los hijos desaparecidos de otros y los ha hecho suyos. En ese camino se ha enfrentado a una serie de gobernantes sátrapas, ha realizado 7 huelgas de hambre, se ha presentado 18 veces en la Organización de las Naciones Unidas, ha sido candidata a la presidencia de la República en dos ocasiones, diputada otras dos, senadora una, 4 veces candidata al Premio Nobel de la Paz y ha encontrado a 148 desaparecidos.

La entrega de la Belisario Domínguez a Rosario Ibarra de Piedra fue aprobada por unanimidad en el Senado. ¡Y cómo no!

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Se cierra un ciclo en Informe Fracto, otros se abrirán

Cristina Martin Urzaiz

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Cuadro de Jean-Léon Gérôme, Consummatum est 1867

 A propósito de los cierres de ciclo, hoy se publica esta columna por última vez en Informe Fracto, luego de más de dos años y medio en que nos hemos encontrado cada semana. Mi primer sentimiento es de tristeza por tener que dejar un espacio en el que pude escribir con total libertad y me dio la oportunidad de llegar a tantos lectores.

De inmediato, viene la necesidad de agradecer. El agradecimiento a Carlos Bojórquez Urzaiz quien me abrió esta oportunidad. Me dijo: “a tus textos no se les va a cambiar ni una coma” y cumplió ese compromiso a carta cabal. También debo dar las gracias, a Lilia Balam y Rocío Valencia cuya información muchas veces me dio la pauta para elegir el tema, así como a todo el equipo de Informe Fracto.  A todos los colaboradores, cuyos escritos enriquecieron mis puntos de vista y contribuyeron a afinar el enfoque.

Pero, principalmente, quiero darle las gracias a cada uno de los lectores, que ocasional o constantemente prestaron atención a mis palabras. Coincidimos en tiempos inimaginables: ¿quién iba a decir que viviríamos la experiencia de encerrarnos en nuestras casas, a piedra y lodo, ante el temor del contagio de un virus desconocido que nos regresaría a la Edad Media?, ¿Quién hubiera previsto que el cubrebocas se convertiría en parte indispensable-casi la más importante-de nuestra indumentaria cotidiana?, ¿Quién que se formarían filas de cientos de personas para recibir el antídoto inyectado?

Esta es una época fecunda en cambios y noticias. Informe Fracto ha consignado con ética, con compromiso social, con honestidad: el movimiento de las mujeres que se han hecho escuchar como nunca en este país y le han arrancado al poder reivindicaciones fundamentales, el reconocimiento del derecho humano del matrimonio igualitario prácticamente en todo el territorio, la visibilización, con respeto, sin condescendencia de las personas con discapacidad como parte imprescindible de una sociedad que se pretende incluyente.

Informe Fracto ha estado siempre atento para darle voz a esas luchas, pero también para denunciar abusos policiales, actos de injusticia, violencia contra las mujeres, hechos de discriminación. Y mantuvo la mira. Siguió los casos, acompañó a las víctimas con un muy claro compromiso social, para prevenir, en la medida de lo posible, la impunidad y el olvido.

A esa visión quise sumarme en todo momento con la mínima contribución de un texto semanal, en el que, lamentablemente, fue escaseando el humor de las primeras fechas, dada la gravedad de muchos de los temas indispensables de abordar.

Para celebrar la libertad que se me ofreció me atreví a escribir de movimientos sociales, de política, de arte, de literatura y de cine. También aproveché para compartir algunas reflexiones y experiencias personales, como mi devenir en este mundo pandémico. Tuve algunas conversaciones con artistas extraordinarias.

 Siempre encontré la recepción afectuosa y la aquiescencia de mi querido Carlos Bojórquez Urzaiz y la seguridad de que en algún lugar, en algún momento, A propósito de… hallaría a un lector que le permitiera cumplir con su vocación de encontrarse con otra mente, con otra inteligencia.

A todos muchas gracias y espero que podamos encontrarnos otra vez.

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La vocación de arrear ganado de los vaqueros texanos

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de las imágenes en las que se observa a elementos de seguridad en la frontera de Estados Unidos que azuzan a sus caballos en contra de migrantes haitianos, a quienes agreden con las riendas a manera de látigos o fuetes, en escenas de violación a los derechos humanos, hacen pensar que esos agentes se comportan como sus antepasados los cowboys o todavía peor, como los plantadores de los estados sureños en contra de sus esclavos, antes de la Guerra de Secesión.

Las escenas de cientos o miles de personas que caminan huyendo de la miseria y la violencia sólo para encontrarse con más miseria y más violencia es desoladora. Los que acampan debajo de un puente en la población Del Río, Texas, a donde llegaron a través de la parte menos peligrosa del Río Bravo, luego de cruzar varios países, seguramente creyeron que habían alcanzado su meta al poner pie en tierra norteamericana en el otro margen.

Me recuerda un juego de mesa que jugábamos los niños de hace muchos, muchos años, llamado Serpientes y Escaleras, en el que se ascendía avanzando casillas mediante el tiro de dados. Si tus números eran propicios, te conducían hasta una escalera que te permitía subir grandes tramos, pero si te llevaban directamente a la boca de una serpiente, podías perder el progreso y regresar hasta el inicio. Justo una casilla antes de la meta se encontraban las fauces de la víbora más larga, si la tirada te llevaba a ese punto, descendías de una vez hasta el punto de partida.

Muchos de los migrantes que pudieron alcanzar tierra estadounidense hace unos días, luego de una larga travesía y una cantidad inimaginable de tropiezos, fueron deportados casi inmediatamente a Haití, tras una recepción en la que se les infligió una nueva humillación y se les canceló su última esperanza de integrarse al “sueño americano” en lo que dura el vuelo del sur de Texas a la isla caribeña.

Haití, fue en el Siglo XVIII una de las colonias francesas más rentables y producía el 75 por ciento del azúcar del mundo. Francia se benefició de esa producción, así como la del tabaco y el café durante siglos, pero, cuando los caribeños se independizaron, en 1804, les impuso una multa de 150 millones de francos.

En 1915 fue ocupada militarmente por Estados Unidos, durante más de 15 años. Luego vendrían una serie de dictaduras con la bendición del gobierno norteamericano. Se sucedieron golpes de estado, regímenes totalitarios, represión, masacres, asesinatos políticos, el más reciente el pasado 7 de julio en contra del presidente Jovenel Moise. Hoy, es el país más pobre de América. El 80 por ciento de sus habitantes vive en la pobreza.

 Hace once años, en enero de 2010 un terremoto provocó la muerte de más de 300 mil personas y dejó un millón y medio de damnificados. Tras lo cual, países como Venezuela, Brasil, Chile y Bolivia, recibieron a haitianos que huían de los efectos de la tragedia, en un país incapaz de hacer frente a la devastación.

Muchos de los haitianos que han llegado a México, en su intento de alcanzar los Estados Unidos, salieron de esos países sudamericanos, porque la crisis económica por la pandemia ha reducido sus expectativas de vida y ante la falsa noticia de que podrían ser beneficiados por el TPS – Programa de Protección Temprana – que Estados Unidos aplicará a quienes ya se encuentran ahí, según expuso el canciller mexicano Marcelo Ebrard.

Pero, quién les diría a los migrantes que al llegar al “país de las oportunidades” los recibiría un grupo de cowboys texanos dispuestos a dar, literalmente, rienda suelta a su vocación primaria de arrear ganado.

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Con el argumento de defender la vida, lo que buscan es el castigo

Cristina Martin Urzaiz

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Para Cristina Urzaiz Mediz, cuya reflexión y
análisis enriquecieron este texto.

A propósito de las reacciones respecto a la declaración de inconstitucionalidad del castigo penal por la interrupción del embarazo por parte de la Suprema Corte de Justicia, es evidente el deseo de agrupaciones “provida” e integrantes de la Iglesia Católica de imponer castigos, sin sopesar las causas que ponen a las mujeres en condición de tomar una decisión tan difícil.

El burdo caso del sacerdote católico del templo de San Juan Bautista de La Salle en Monclova Coahuila, Lázaro Hernández Soto, haciendo un llamado al feminicidio en contra de las mujeres que aborten, es un ejemplo del pensamiento de aquellos que más que defender la vida, buscan mantener el control sobre el cuerpo, los pensamientos y las decisiones de las mujeres.

Aunque luego aseguró que sus declaraciones fueron sacadas de contexto, las palabras del cura son imposibles de suavizar: “No apoyen a las jóvenes matando a sus hijos para que dejen de estorbar y se diviertan; mejor maten a sus hijas para que ellas no estorben

Lo dijo durante la homilía del domingo pasado, desde el púlpito, frente a la feligresía, lo cual le confiere un carácter de adoctrinamiento. Aseguró que una mujer que aborta “tampoco va a servir para nada, está hueca moral, física y sicológicamente” ¿Cómo funciona el cerebro de alguien que pretextando defender la vida, llama a asesinar mujeres, especialmente en un país donde se cometen 10 feminicidios diarios?

Por otro lado, estos integrantes de la Iglesia Católica se manifiestan tan profundamente preocupados por el bienestar de los niños cuando se trata del tema del aborto, pero no se escucha su voz acusadora en los casos de pederastia protagonizados por sus colegas.

Tuvo lugar otra reacción: una manifestación frente a la Suprema Corte de Justicia en contra del fallo de no penalizar el aborto, a la que asistió cerca de un centenar de personas, de acuerdo con los reportes periodísticos. Vestían de azul celeste, portaban globos del mismo color, así como imágenes religiosas y pancartas.

La reflexión se repite en este caso: si están tan preocupados por los niños mexicanos, ¿por qué no hacen mítines para demandar la acción de la justicia en contra del negocio de la pornografía infantil, que tan próspero es en este país o para cancelar los llamados “paraísos de turismo sexual” – con menores de edad que se ofrecen como mercancía – o para protestar por las constantes violaciones en contra de niñas y adolescentes, la mayor parte de los cuales quedan impunes?

Ahí es donde debería concentrarse la acción social en defensa de niñas, niños y adolescentes. Excepto algunas organizaciones de la sociedad civil, unos cuantos periodistas comprometidos con estos temas – tengo en la mente a Lydia Cacho, por supuesto–hay inacción, desinterés e incapacidad de reaccionar.

Si la Suprema Corte de Justicia acuerda – en una resolución que es un ejemplo de amplitud de miras – que es función del Estado prevenir los embarazos no deseados abordando el problema como un asunto de educación y salud, en lugar de penalizar, por ejemplo, a una adolescente que no cuenta con los elementos para hacerse cargo de un hijo, ¿no deberíamos estar todos los mexicanos complacidos por la transformación en el enfoque de un problema tan sensible?

Los banales argumentos del cura de Monclova en el sentido de que las mujeres abortan para “seguirse divirtiendo” se multiplican en las redes sociales, porque ésta es una sociedad muy dispuesta a señalar al otro – a la otra – con dedo flamígero.

Eso resulta más fácil que asumir que vivimos en un país machista en extremo, donde la violencia contra las mujeres es cotidiana, donde una gran cantidad de hombres consideran que tienen el derecho de tomar el cuerpo de una mujer o una adolescente o una niña o un niño impunemente, donde la auténtica educación sexual es inexistente, donde los servicios de salud están saturados y no funcionan o funcionan mal hasta en las urgencias, no digamos en temas de control de la natalidad o prevención de embarazos y donde las familias son incapaces de dotar de herramientas a los jóvenes para que el inicio de su sexualidad sea lo más sano posible.

En fin, muchos en nombre de la defensa de la vida, quisieran ver lapidadas a las mujeres, las adolescentes o las niñas que deciden no ser madres, la Iglesia Católica la primera, sin recordar aquello de “el que esté libre de culpa, tire la primera piedra”

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