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Editorial

El país de la informalidad

Inti Torres Villegas

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Hay que decirlo, no ha resultado en nada sorpresivo el observar a la masa de trabajadoras y trabajadores ahora desempleados a causa de los estragos económicos de la pandemia, migrar al sector informal, tal y como ha ocurrido en distintas crisis previas en la historia del país. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), hasta agosto de este año, más de 51 millones de personas se desempeñaban ya en este sector, principalmente en el ámbito comercial. Lo anterior, puede palparse tanto en las calles como en las redes sociales, que ahora han visto un incremento considerable en el tráfico de sus espacios de avisos económicos, en donde se ofrecen toda clase de productos y servicios.

Esto ha reavivado la indolente estigmatización de las actividades económicas informales, a las cuales, muchos sectores, políticos, empresariales y ciudadanos, les atribuyen no sólo la exclusiva responsabilidad de la insuficiente recaudación de impuestos, sino también una serie de problemáticas sociales colaterales en materia de seguridad y salud, principalmente. Si bien es importante atender y actuar de forma empática a estos argumentos, también resulta importante la comprensión de que el económico no es el único ámbito en el país en el que existe un sistema informal o paralelo.

De hecho, y sin ánimos de querer forzar la sinécdoque, las dinámicas económicas que funcionan al margen de la ley y del fisco, se explican y ejemplifican perfectamente el funcionamiento de un país en el que el ejercicio poder y el acceso a los derechos sociales se inscriben principalmente en el ámbito de la informalidad.

Inicialmente, es imperante reconocer que las tareas rectoras del país no las desempeña exclusivamente la administración del Estado, sino una serie variopinta de poderes facticos que operan informalmente. Sin apego a norma jurídica alguna, sino más bien en persecución exclusiva de intereses particulares. Entre estos, se destacan las cúpulas del sector empresarial, los grandes consorcios mediáticos y, por supuesto, el crimen organizado. Este último, quien ha suplido por completo a las autoridades de gobierno en muchas regiones del territorio nacional, encargándose de actividades asimilables a la recaudación de impuestos, a la entrega de apoyos sociales, a garantizar el acceso a servicios e incluso -paradójicamente-en tareas de seguridad. Si bien, estas dinámicas paralelas a la institucionalidad se fundan y sostienen en la violencia (la cual tampoco le es ajena al Estado), de alguna (retorcida) forma, han encontrado la legitimidad casuística de la que carecen la gran mayoría de las instancias de gobierno. Esto, porque en lo cotidiano responden a los intereses y a las necesidades inmediatas de quienes viven bajo estos regímenes simultáneos.

Otro ejemplo -bastante coyuntural-, lo constituye el autentico sistema paralelo de salud que han conformado los servicios médicos pertenecientes a las cadenas comerciales de farmacias, conocidos coloquialmente como simiconsultorios, los que atienden casi el 40% de las consultas en el país, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) más reciente. Esto, es de esperarse en consideración del abandono sistemático de la infraestructura pública de salud en el país y a la paupérrima calidad en la atención que en este se da a las y los usuarios. En un cálculo bastante sencillo, se puede concluir con facilidad que a cualquier paciente promedio le resulta más rápido, económico y digno atenderse en uno de los casi 400 mil micro establecimientos privados de salud que existen a nivel nacional, antes que atravesar el laberintico proceso burocrático del sistema público, que pareciera estar diseñado para repeler a las y los derechohabientes.

Esto, pasa con la salud, pero también con el trabajo, la educación, la cultura, la recreación y con prácticamente cualquier ámbito de la vida de las personas que habitan en México. Una significativa parte de las cosas que hacen y logran las y los habitantes del país en el trayecto de sus vidas, son a través de la informalidad. Por fuera del sistema. Debajito del agua. Por la superficie, la gran mayoría de las veces no se puede.

Algunas voces de la vida nacional, han querido explicar esta tendencia hacia los senderos exteriores del sistema institucional como un hecho cultural que le es inmanente a las y los ciudadanos en México. Estas explicaciones resultan, además de simplistas y -porque no decirlo- un poco insultantes, un escollo importante en la tarea de modificar leyes e instituciones para que sean estas las que se adapten a las distintas realidades del país, en lugar de pretender lo opuesto.  Y es que, justamente, la característica más relevante de la cultura de la informalidad en el país, es precisamente que funciona. Esta ha sido capaz de aportar certidumbre cotidiana a la gran mayoría de las y los ciudadanos, quienes progresivamente se han desencantado de las instituciones del Estado a causa de su inoperancia.

Tal circunstancia nos obliga a asumir que las reflexiones y las acciones en la materia no deberían orientarse tanto en perseguir y castigar indiscriminadamente a la informalidad-en cualquiera de sus manifestaciones- sino en hacer de la formalidad un espacio atractivo, seguro y funcional a los intereses de las personas. Un país que ha surgido y discurrido a través del conflicto entre clases sociales, necesita renovar contantemente los pactos sociales que le han dado forma, en el entendido de que estas, si se diseñan y operan para beneficiar a las minorías, caducan aceleradamente.  

Es cierto, la gran mayoría de las y los mexicanos no respetamos la institucionalidad, ni atendemos a sus leyes. Quizás, lo que no nos preguntamos con tanta frecuencia es si -a todo esto- las instituciones y sus leyes nos respetan y atienden a nosotros.

Editorial

Comienza la batalla electoral por Mérida

Mario Alejandro Valdez

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La pandemia de COVID-19 continúa imparable en el mundo entero, incluyendo por supuesto México y Yucatán, pero eso no puede impedir que la vida continúe. En este sentido, a poco más de seis meses de las elecciones concurrentes del próximo 6 de junio de 2021, la batalla electoral por la ciudad de Mérida, la joya de la corona del Estado de Yucatán, ha comenzado. Si bien desde hace varias semanas se han destapado las principales candidaturas en el partido blanquiazul, que sigue siendo amplio favorito para refrendar el apoyo de los meridanos, un vigoroso pronunciamiento de varias agrupaciones políticas, algunas de ellas cercanas al gobernador Mauricio Vila, está introduciendo ruido en el proceso, de tal modo que lo que parecía bola cantada -un nuevo triunfo de Acción Nacional en la capital estatal- podría quedar en veremos.

El pronunciamiento se refiere al complejo tema de la paridad de género en materia electoral. De acuerdo con los grupos mencionados, cuyo pronunciamiento fue dado a conocer en rueda de prensa electrónica en días pasados, para garantizar la paridad en el ejercicio gubernamental se requiere que los 15 municipios más grandes del Estado sean gobernados por mujeres, es decir, que los partidos políticos que pretendan participar en la justa comicial de junio se verían obligados a presentar a mujeres como candidatas, de tal modo que, independientemente del partido que obtuviera el triunfo, una mujer encabezaría los próximos cabildos de dichos municipios, que son Kanasín, Valladolid, Tizimín, Progreso, Umán, Tekax, Ticul, Chemax, Motul, Hunucmá, Oxkutzcab, Izamal, Peto, Maxcanú y, por supuesto, Mérida.

En tiempos en los que estamos luchando por la igualdad en general en todos los ámbitos sociales, así como por la erradicación de la violencia hacia las mujeres, la iniciativa aparentemente es favorable, pero, analizando las posibles consecuencias del hecho, ¿realmente semejante acotación necesariamente se reflejará en un avance? Nuestra ciudad ya ha sido gobernada por mujeres previamente, con resultados divergentes. Precisamente por el PAN, la presidencia municipal de Mérida ha sido ocupada, en dos ocasiones, por Ana Rosa Payán Cervera, quien hasta la fecha cuenta con el respeto y la admiración de la mayoría de los meridanos; en tanto que por el PRI la alcaldía capitalina fue desempeñada, de 2010 a 2012, por Angélica Araujo, quien tuvo una actuación tan desastrosa que su partido no ha vuelto a ganar una sola elección en esta jurisdicción.

Se especula que en realidad el llamado acuerdo paritario tiene como objetivo fundamental sacar de la carrera por la candidatura al más aventajado de los contendientes: el actual alcalde Renán Barrera Concha, quien, de acuerdo con la percepción generalizada, cuenta con el apoyo de la mayoría de los panistas meridanos, así como con el respaldo de un trabajo que ha resultado satisfactorio para los ciudadanos del municipio. Renán, por supuesto, no ha realizado ninguna declaración tras la publicidad de la propuesta, toda vez que de hacerlo sería de inmediato blanco de todo género de críticas y acusado de violencia política hacia la mujer.

La posible beneficiaria de la propuesta sería la diputada Cecilia Patrón Laviada, persona muy cercana al gobernador Vila, pero que no cuenta con plena aceptación entre el panismo tradicional y mucho menos entre la ciudadanía meridana. Recuérdese que en la pasada elección de 2018, Patrón Laviada perdió sorpresivamente su distrito a manos del profesor Roger Aguilar Salazar, político de izquierda muy distinguido y apreciado, pero que, dadas las precarias condiciones de su salud-falleció justo después de confirmarse su inesperado triunfo-prácticamente se vio imposibilitado de hacer campaña. Si bien Roger era, sin lugar a dudas, un mejor candidato que Cecilia, debemos de reconocer que muchos meridanos del Tercer Distrito, desconocedores de la brillante trayectoria del veterano luchador social, en realidad votaron en contra de la panista, en buena medida por el desprestigio que acompaña a su apellido después de la pésima gestión gubernamental de su hermano Patricio.

Si el acuerdo va, y se saca de la boleta electoral al alcalde Barrera Concha, el PAN podría estar cavando su tumba en la capital del Estado y, por ende, dejando el terreno abonado para despedirse del Palacio de Gobierno en 2024. Más grave aún, perder Mérida por culpa de una candidatura impopular podría representar un desastre para el gobernador en la composición del Poder Legislativo, el cual, ante el catastrófico derrumbe que se augura al PRI, estaría quedando más que puesto para la alianza MORENA-Partido Verde. Por lo pronto, los grupos que impulsan el acuerdo paritario, entre los que destacan líderes políticos de varios partidos y distinguidas académicas de la UADY, han manejado una retórica muy vigorosa y han asegurado mediáticamente que la propuesta es un hecho. ¿Será? Lo cierto es que la batalla por Mérida ha iniciado, y los primeros golpes están siendo dirigidos contra el popular alcalde en funciones.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: La Iglesia Católica y la Revolución Mexicana (III)

Mario Alejandro Valdez

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En mayo de 1919, el arzobispo Martín Trischler y Córdova regresó a Yucatán. El retorno causó regocijo entre los católicos militantes y recelo entre los socialistas y revolucionarios en general. Como comentamos en la pasada introspección, asumió formalmente el compromiso de abstenerse de intervenir en política, pero no lo cumplió ni un segundo. Trischler llegó en una grave coyuntura, en la que se enfrentaban violentamente los miembros del Partido Liberal, vinculado a los hacendados henequeneros y que también contaba con el apoyo del presidente Carranza, y del Partido Socialista de Yucatán, liderado por Felipe Carrillo Puerto. El rompimiento de la victoriosa coalición revolucionaria de 1917 era un hecho, y Carranza había quedado en el ala derecha del proceso. Carrillo Puerto, entre tanto, se alió a la facción sonorense, que encabezaban Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

Trischler, por supuesto, apostó por los liberales, que en el otoño de aquel año de 1919 pasaron a una agresiva ofensiva con todo el apoyo del Ejército Federal. Cientos de socialistas fueron pasados por las armas, lo que incluyó el asesinato de ancianos, mujeres y niños. Oficialmente la Iglesia se limitó a guardar silencio, pero los curas de pueblo apoyaron sin restricciones a los perpetradores de los brutales crímenes, justificando su postura con el hecho de que las víctimas eran “enemigos de Dios”. Yucatán se tiñó de sangre, y Carrillo Puerto y los principales líderes se vieron obligados a huir para salvar la vida. Toda la plana mayor de los victoriosos liberales, en la que destacaban Víctor Manzanilla Montoré y Pedro Sánchez Cuevas, eran católicos destacados.

Pero en realidad la Iglesia se volvió a equivocar al tomar el partido de Carranza y el ala conservadora de la Revolución. Los sonorenses armaron una enorme alianza que incluyó a comunistas, socialistas y revolucionarios moderados, y Carranza y sus incondicionales fueron barridos estrepitosamente. En mayo de 1920, sin ningún apoyo significativo, pero negándose a renunciar, el antiguo Primer Jefe fue ejecutado en el pueblecillo de Tlaxcalantongo, y sus rivales se hicieron del poder. Carrillo Puerto y el resto de los socialistas retornaron a Yucatán al mes siguente, y volvieron a ofrecer el olivo de la paz a Trischler, quien volvió a aceptarlo hipócritamente.

Aunque Felipe tomó posesión de la gubernatura formalmente hasta febrero de 1922, lo cierto es que desde ese mes de junio de 1920 se convirtió en la autoridad en Yucatán, y comenzó a impulsar una ambiciosa agenda de transformación política, que incluía una profunda reforma agraria, la revitalización de la cultura maya, la absoluta liberación de las mujeres y la construcción de una educación de gran avanzada. Todo ello contrariaba puntualmente los intereses del arzobispo, quien participó, de modo soterrado pero inequívoco, en una agresiva campaña de golpeteo, para la que se usó de manera primordial las páginas de la Revista de Yucatán, el cotidiano de Carlos Ricardo Menéndez González.

Con particular frenesí, los católicos conservadores enfrentaron las expresiones del feminismo socialista, que eran dirigidas por Elvia, hermana menor del líder motuleño. Elvia no sólo era la cabeza del feminismo yucateco, sino una de las activistas más radicales del mundo entero. Sin ningún temor, adelantándose varias décadas a su tiempo, Elvia hizo abiertamente proselitismo por el control de la natalidad, el amor libre y la plena participación política de la mujer, tres aspectos inaceptables para el clero. Trischler instruyó entonces a Rafael de Zayas Enríquez, uno de sus hombres de paja a emprender una campaña sistemática contra estas propuestas  desde la Revista de Yucatán. Cada artículo de Elvia y de sus compañeras publicado en Tierra y en Rebeldías era contestado por un alud de tinta pergeñada por el antiguo porfirista veracruzano avecindado en Yucatán. Haciendo uso de su elegante prosa, Zayas velaba lo que en realidad eran una serie de insultos y descalificaciones contra Elvia, el feminismo, el socialismo y la Revolución Mexicana en general. Pero lo cierto es que, con lentitud pero perseverancia, el pensamiento liberador iba expandiéndose en el Estado ante la preocupada mirada de Trischler, sus sacerdotes y sus aliados.

En noviembre de 1923 comenzaron las conspiraciones para un nuevo golpe contra el socialismo. Los moderados dentro de la coalición sonorense comenzaron a moverse en oposición a Plutarco Elías Calles, el candidato de los radicales, y a quien en particular la Iglesia tenía gran temor dada su conocida obra iconoclasta como gobernador de Sonora. Trischler volvió a instruir a sus párrocos y curas en general para que apoyaran las movilizaciones opositoras y denunciaran al gobierno ateo de Felipe Carrillo. Cuando la traición se consumó y Felipe fue fusilado, el arzobispo no dijo esta boca es mía, pero en los hechos apoyó a los asesinos e impulsó la participación de connotados católicos en el gobierno usurpador, justificando así el proditorio crimen del 3 de enero de 1924, como igual hizo Carlos Ricardo Menéndez González en su célebre editorial del día siguiente.

Pero al final resultó otro error de cálculo de Trischler. Cien días después del asesinato de Felipe, la usurpación huía de cualquier modo a Centroamérica, y el Gral. obregonista Eugenio Martínez restableció a los socialistas en el poder. La Revista de Yucatán sufrió el asalto de una enardecida multitud y tuvo que cerrar para siempre, y aunque el vallisoletano José María Iturralde Traconis -quien sustituyó a Carrillo Puerto- se entrevistó personalmente con el prelado yucateco para garantizarle el libre ejercicio del culto católico, Plutarco Elías Calles llegó a la presidencia de la república en diciembre de 1924 con toda la determinación de recordarle a la Iglesia que los pecados contra el poder se pagan en la Tierra y con altos intereses.

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LA VISIÓN DE CARONTE

¿Cuál rumbo siguen?

Miguel II Hernández Madero

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Fotos: Informe Fracto

No dependemos de la inmensidad del mundo; la inmensidad del mundo depende de nosotros. Arthur Schopenhauer

Las condiciones en Yucatán requieren acciones para atender a quienes por alguna u otra razón están en vulnerabilidad, desventaja o presentan problemas para satisfacer las necesidades básicas como miembros de una sociedad. Pero esto parece no ser prioridad para quienes están al frente de la Administración Pública, ni para los Legisladores.

La contingencia sanitaria no es la raíz del problema, al menos no en la sociedad mexicana. Simplemente vino a complicar las cosas, en un país con desempleo, cierre de programas sociales, violencia, y falta de rumbo político. Pero se debe reconocer algo…, el COVID-19 dio la excusa perfecta para justificar acciones impopulares.

Sumémosle los fenómenos naturales, que azotan regiones sin posibilidad de apoyo de autoridad alguna, pero eso sí, brindando la oportunidad perfecta de pasarela para los aspirantes a la próxima contienda electoral.

Desde fuera se puede hablar del tema con cierto aire de frialdad, pero la realidad rebasa expectativas, con situaciones complejas que surgen cada día y para afrontarlas es necesaria la participación de todos los sectores e instancias involucradas.

Lo queramos o no, el tema nos atañe a todos. Ningún individuo vive totalmente aislado  y tarde o temprano la misma sociedad reclama a sus integrantes la inacción o el rechazo. Las autoridades, de todos los niveles, deben entender que no basta hablar de lo que ocurre, sino que es necesario abordar la situación desde diversos campos, con la visión de distintas especialidades para desentrañarla y entenderla en su complejidad.

 Foto: Informe Fracto

Muchas veces se asocia el apoyo social con la filantropía o la caridad, pero en realidad debemos asumirla en la justa dimensión como función obligatoria y moral, contemplada en el espíritu de las leyes para un mejor funcionamiento de la sociedad.

Recordemos que la sociedad está integrada por personas, por seres humanos con los mismos derechos desde el nacimiento y atender a quienes forman parte de la población vulnerable es simplemente asumir la responsabilidad y cumplirla en beneficio de todos.

Día a día hay acciones enfocadas a  atender a quienes menos tienen, pero muchas veces se hacen siguiendo las costumbres, por inercia o a golpe de buena voluntad. Eso no es suficiente. La buena voluntad no basta si se realizan acciones dispersas o sin la debida preparación. Es necesario clarificar cómo se deben realizar esas acciones, establecer protocolos y certificar que quienes emprenden ese compromiso social, tengan la debida preparación para ser competentes, eficientes y eficaces.

El recorrer las zonas afectadas sin tener propuestas de solución, viables, sólo es promover la imagen, pero eso no está funcionando. Recordemos que hasta principios de año era común ver que publicaran encuestas con resultados alegres, pero la realidad está desnudando la mascarada.

La sociedad no es estática y sí avanza a un ritmo vertiginoso. Pretender  aplicar acciones surgidas en el pasado es condenarse al rezago sin poder dar respuestas a las demandas de los grupos en situación vulnerable. Es primordial responder adecuadamente y cumplirle a la sociedad. Ojalá que la simulación termine, que los ciudadanos tomen conciencia de que en sus manos tienen el poder del cambio. Yucatán, y México en general, merece algo mucho mejor que la simple simulación.

Hasta la próxima…

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