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El pasado nos alcanzó

El abrazo mexicano a Bolivia

Ricardo Maldonado Arroyo-

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En medio de la agitación que vive Latinoamérica, México decidió recibir al ex mandatario de Bolivia, Evo Morales, en calidad de asilado político. Esto no es un hecho aislado, sino que ha sido una tradición distintiva del gobierno mexicano. A fin de desechar suspicacias, quiero recalcar que el objetivo de esta reflexión es valorar la acción del gobierno mexicano en el escenario mundial, no el desenvolvimiento de la crisis boliviana. Lo que ahora podemos analizar con mayores elementos acerca de dicha crisis, son las razones y consecuencias de ofrecer asilo a Evo Morales.

La Ley sobre refugiados, protección complementaria y asilo político, faculta al gobierno mexicanos para acoger a personas extranjeras como refugiadas o asiladas. El asilo político es “la protección que el Estado mexicano otorga a un extranjero considerado perseguido por motivos o delitos de carácter político o por aquellos delitos del fuero común que tengan conexión con motivos políticos, cuya vida, libertad o seguridad se encuentra en peligro”. Por tanto, la función de las autoridades mexicanas no es hacer un juicio de la persona a quien asila, sino determinar el riesgo que corre y si ese riesgo está asociados a factores políticos.

Así, en el pasado el territorio mexicano ha salvaguardado la integridad de personajes de las más diversas orientaciones ideológicas, por ejemplo, al filósofo y escritor cubano, José Martí; al revolucionario ruso, León Trostky; al cineasta español, Luis Buñuel; al revolucionario cubano, Fidel Castro; a Hortensia Bussi, esposa del presidente chileno, Salvador Allende; al último shah de Irán, Mohamed Reza Pahlevi; a la líder del movimiento indígena en Guatemala, Rigoberta Menchú; al depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya. De igual forma, México ha sido lugar de refugio para personas que arribaron en conglomerado, cuyo nombre se desvaneció con el tiempo o se sumaron a la producción científica y artística del país, a las letras y los deportes. Una cantidad importante de exiliados argentinos, chilenos, cubanos, españoles, polacos y guatemaltecos, hicieron de México su casa temporal o permanente.

Ahora bien, brindar asilo político a Evo Morales, trasciende a su persona, porque a nadie conviene el encarcelamiento o la muerte del ex mandatario, menos al pueblo boliviano, que se halla en un enfrentamiento donde han salido a relucir las armas. La sangre en Bolivia solo generará más sangre. Por este motivo, el asilo concedido por el gobierno mexicano ha sido un gran acierto, una acción estratégica ante el panorama volátil de Latinoamérica. También es un posicionamiento ante la posible injerencia de Estados Unidos (sobre esto convendría revisar la accidentada trayectoria del avión que traía a Morales a la Ciudad de México). Ciertamente, Bolivia ha vivido divisiones internas, pero el ambiente se enrareció más a partir de algunas declaraciones de la OEA y el protagonismo del ejército boliviano. Superando filias y fobias, habría que pensar que el abrazo de México a Evo Morales es, más bien, un abrazo al pueblo de Bolivia, una válvula de escape para la crisis que hoy lo mantiene en la incertidumbre.

El pasado nos alcanzó

Iconoclastas contra Zapata en tacones

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Un broncíneo Emiliano Zapata en pose seductora, vistiendo apenas sombrero charro rosa y tacones negros, mientras cabalga portentoso corcel blanco, ha desatado uno de los pasajes más surrealistas de este año. La Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas bloqueó el día de ayer, 10 de diciembre, las puertas del Palacio de Bellas Artes donde se expone la obra descrita, que lleva por título “La Revolución”, exigiendo retirarla en un plazo no mayor de 48 horas o, de lo contrario, amenazan con destruirla. Previamente, Jorge Zapata, nieto del caudillo, anunció públicamente su intención de interponer una denuncia por considerar que la imagen es “denigrante”. Las autoridades de cultura están mediando y llamando a la mesura, pero el grupo campesino parece no ceder. Es una estampa digna de película de Luis Estrada.

Antes de encender los ánimos, quienes protestan deberían considerar al menos tres aspectos. Primero, es ofensivo que, en pleno siglo XXI, la representación feminizada de un personaje histórico se considere denigrante. ¿Por qué espantarse de hombres representados con rasgos masculinos y femeninos (lo cual varía según la sociedad)? Pensar que lo femenino “denigra” y los masculino es una virtud, saca a flote el machismo más profundo. Por ejemplo, el coraje y la gallardía de las soldaderas no motiva polémica. Emiliano Zapata ha sido hipermasculinizado en incontables ocasiones, le han atribuido muchas conquistas, sean verdaderas o falsas, se le ha caricaturizado (no es un secreto que sirvió de inspiración para dibujar a Speedy González), pero parece que la mayor afrenta es homoerotizarlo. Muchas mujeres, sí, muchas pistolas, también, tacones, no.

Segundo, el arte es un proceso creativo que implica libertad. El arte no pretende ajustarse a los parámetros morales de alguien, sino generar una experiencia estética a través de diversos elementos. Esta libertad abarca la crítica social y la reformulación de nuestro pasado. La exposición Emiliano. Zapata después de Zapata, donde se puede visitar el polémico cuadro, incluye otros tantos de diverso formato y contenido, pero el único que parece disgustar es donde calza tacones. Se puede inferir que su autor, Fabián Cháirez, desea provocar al espectador, remover las fibras más sensibles de nuestros imaginarios de género, por tanto, cumplió su propósito. Y está muy bien si no gusta, el espectador puede continuar su camino. El arte es una alternativa, no una obligación. Esta pintura en particular tampoco es una incitación al odio ni al exterminio de algún grupo (como sí lo han sido otras), si se razona con detenimiento, puede ser hasta un lindo afiche revolucionario. No existe razón alguna para censurarla o destruirla. En lugar de hablar sobre qué tan femenino luce Zapata, deberíamos debatir la calidad pictórica de la imagen y si es digna o no de nuestra atención.

Tercero, es necesario reconocer que cada sector de la sociedad mexicana se ha apropiado de la historia y la ha reinterpretado. Nuestra historia nacional se asentó sobre mitos y personajes históricos a quienes se atribuyó un dechado de virtudes. Con la crítica al nacionalismo, resaltó el vacío histórico donde deberían estar representados mujeres y colectivos de la diversidad sexual. Nuestra historia se ha construido con hombres, todos supuestamente heterosexuales. Más allá de la dificultad de documentar las prácticas sexuales de un personaje del pasado, ha surgido la necesidad de reivindicar la disidencia sexual, que también es revolucionaria. Ese es uno de los mensajes que puedo inferir del cuadro de Cháirez. En esta tónica, colectivos de la diversidad sexual se han apropiado de las figuras de Emiliano Zapata y Maximiliano de Habsburgo, de las letras de Sor Juan Inés de la Cruz y Salvador Novo. No se trata de revelar verdades o falsedades históricas, sino del valor de hacer partícipes de la historia a quienes antes parecían no existir.

¿Qué ofende a quienes protestan? ¿El cuestionamiento a la historia o a la masculinidad hegemónica? Nadie se ofende por los hijos de los curas Miguel Hidalgo y José María Morelos, porque es una transgresión religiosa, no a su “hombría”. Pero a la luz de la diversidad sexual, qué mas da si el sombrero de Zapata es negro o rosa, o si usa tacones. Emiliano Zapata, no el abuelo ni el padre, sino el personaje histórico, pertenece a la historia nacional que hoy se reinterpreta en el arte. Y así como nos ha ayudado a comprender la opresión de los campesinos, hoy nos ayuda a comprender la opresión derivada del machismo. Esperemos que la Secretaría de Cultura actúe conforme a la libertad de leer, representar y apropiarnos de nuestra historia.

Post scriptum: Agradecemos a la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, pues con su intento de censurar el cuadro de Zapata han logrado el efecto contrario: ahora todo el país lo ha visto.

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El pasado nos alcanzó

El feminismo como enemigo público

Ricardo Maldonado Arroyo-

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El pasado 25 de noviembre hubo una marcha silenciosa en Mérida para exigir la erradicación de la violencia contra las mujeres. Antes de iniciar, la policía estatal detuvo a 6 jóvenes por llevar consigo pinturas de aerosol y tijeras, las maltrataron y lesionaron. Esto despertó fuerte polémica porque organizaciones de la sociedad civil denunciaron que la policía realizó detenciones arbitrarias, mientras que otro sector de la población justificó la medida. Los argumentos variaron, desde quien aplaudió el uso de la fuerza pública como medida “preventiva”, hasta quienes invitaban abiertamente a agredir a las manifestantes (irónico, además, por el motivo de la protesta). Cabe mencionar que las detenciones se dieron en el marco de un operativo policiaco de proporciones inusitadas.

¿Pero cuál era el objetivo de dicho operativo? A decir de personas que opinaron en redes sociales, se estaba protegiendo el patrimonio. Y es aquí donde me embargó el asombro. El 25 de noviembre por la noche no se dañó un solo monumento, negocio o vivienda, ni siquiera las bancas públicas o la jardinería. Las mujeres en Mérida protestaron fuertemente vigiladas. Algunas que han vivido episodios de abuso por parte de policías, tuvieron que dominar la zozobra. Al finalizar la manifestación la ciudad estaba impoluta, pero en la mente de muchas personas no estaba esa marcha, estaba la pintura verde con que cubrieron el Monumento a la Madre durante la protesta de septiembre de este mismo año. A pesar de que la manifestación del 25 de noviembre en Mérida fue claramente distinta a la de la Ciudad de México, el linchamiento mediático fue el mismo. Si no hubo daños al patrimonio, ¿por qué la insistencia en apuntar con el dedo a las manifestantes?

Con esto se confirma el poderoso efecto del discurso promovido en años recientes, que ha reducido el movimiento feminista de Yucatán a un episodio irrelevante, creando una imagen distorsionada de las mujeres feministas como peligrosas e irracionales. Sin importar cuántos argumentos fundamentan la protesta, todos se desestiman recordando el Monumento a la Madre, como una especie de afrenta imperdonable que amerita repudio perpetuo y justifica el uso desproporcionado de la fuerza pública. La campaña para desprestigiar el movimiento ha suprimido décadas de lucha de las mujeres y sus múltiples formas de protesta.

En todos estos años el debate público ha prestado escasa atención a la acción colectiva por los derechos de las mujeres. Afortunadamente, hay personas que asocian el feminismo en Yucatán con mujeres que llevan más de dos décadas realizando manifestaciones año con año en el centro de Mérida, incluso, han participado o presenciado algunas de ellas. También conocen las estrategias empleadas, sus principales demandas y los cambios legislativos logrados con el cabildeo de las organizaciones feministas. Saben de casos emblemáticos de violencia por los que han exigido justicia y cuál ha sido la respuesta del gobierno, muchas veces indolente. Es decir, conocen a cabalidad los objetivos, estrategias y logros del movimiento feminista en Yucatán. ¿Usted también los conoce?

Entre tanto, medios de dudosa reputación presentan el feminismo como una amenaza para los bienes públicos y privados, desvíando la atención de todas las violencias que viven las mujeres, incluyendo la saña con que varias han sido asesinadas. Contribuyen a la criminalización de la protesta cuando magnifican el potencial destructivo de un aerosol, o a su ridiculización, como en días recientes, cuando las mujeres entonaron la canción “Un violador en tu camino”. El discurso contrafeminista caricaturiza a las mujeres feministas, las denigra, hace énfasis en su aspecto para descalificarlas a priori. Pero la realidad es esta: nadie ha sufrido lesiones en Yucatán por un ataque con aerosol. En cambio, hasta octubre de 2019 ya se habían acumulado 224 casos contra la libertad y seguridad sexual en el estado. Calcule los casos no denunciados. El feminismo incomoda porque cuestiona nuestros valores y comportamientos, pero no es nuestro enemigo, el enemigo es la complicidad social que favorece la impunidad de los agresores, legitima la violencia y la represión. No nos dejemos cegar con un poco de pintura.

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Dos luchadores contra el VIH/Sida

Ricardo Maldonado Arroyo-

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El 1 de diciembre es el Día Mundial de la Lucha contra el VIH/Sida, ocasión para evaluar la articulación de acciones desarrolladas en el orden global, nacional y local dirigidas a frenar una epidemia que no deja de crecer. Al cierre de junio de 2019, existían 207, 369 casos notificados de VIH/Sida en México. Baste este dato para ponderar la dimensión del problema, pues esta vez, en lugar de analizar las políticas públicas en la materia, quiero dedicar las siguientes líneas a hacer un breve homenaje a dos activistas que contribuyeron tempranamente a la visibilización de la discriminación por VIH/Sida, legándonos un camino abierto hacia la organización de la sociedad civil y la defensa de los derechos humanos. Ambos fallecieron en la presente década, cuyos días están por agotarse.

En 2011 se dio a conocer el deceso de Arturo Díaz Betancourt. Su trayectoria inició al abandonar el seminario de los carmelitas, en una época en la que la corriente de la teología de la liberación inspiraba a acompañar las causas de grupos históricamente vulnerados, como la población homosexual. En 1984 fundó Cálamo, considerada la primera asociación mexicana abiertamente gay, a la que acudieron, inicialmente, hombres homosexuales pero, con la detección de los primeros casos de VIH/Sida, comenzó a atender a personas diagnosticadas con el virus. Arturo Díaz fue uno de los impulsores de la creación de la organización Mexicanos contra el Sida (1990), el suplemento periodístico Letra S (1994), la Comisión Ciudadana contra Crímenes de Odio por Homofobia (1998) y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (2003). El amplio conocimiento de Arturo Díaz, junto con una actitud firme, pero negociadora, lo convirtieron en protagonista del diálogo con las instituciones gubernamentales y entre organizaciones de la sociedad civil, incluso, en reuniones internacionales.

Otro protagonista de la lucha contra el VIH/Sida fue el escritor potosino Luis González Alba, cuya intensa vida está asociada a las letras, la ciencia y el activismo. Fue uno de los líderes del movimiento de 1968, razón por la que estuvo dos años preso en Lecumberri, donde plasmó su versión de los hechos en la obra Los días y los años. Líder igual de las primeras movilizaciones de los colectivos de la diversidad sexual, junto con figuras como Nancy Cárdenas y Carlos Monsiváis. A principios de la epidemia, en la década de los ochenta, González de Alba fundó la cantina El Vaquero y la discoteca El Taller, que, aparte de ser espacios lúdicos dirigidos a la población LGBTI, sirvieron para proporcionar información respecto a sexualidad y VIH/Sida. Las ganancias de ambos establecimientos le permitieron financiar la Fundación Mexicana de Lucha contra el Sida, creada en 1987. González de Alba se suicidó en 2016, simbólicamente, un 2 de octubre.

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Recordar el trabajo y la entrega de ambos luchadores sociales es, además de un tributo para construir y fortalecer la memoria histórica, una síntesis de los logros de la sociedad organizada en contra del estigma y la discriminación. A casi cuarenta años de los primeros casos identificados de Sida, es importante caer en la cuenta de que han sido años difíciles, que han representado un desgaste personal y social para las personas con VIH/Sida, así como para sus familiares, amistades y aliados, que, afortunadamente, ahora son más. Por eso no es posible cejar en este esfuerzo, porque las políticas públicas no han sido, no son ni serán dádivas del gobierno, son fruto de la lucha de ciudadanas y ciudadanos organizados. ¿Cómo pintan las políticas actuales en salud, particularmente, en la prevención y atención del VIH/Sida? La respuesta amerita una nota adicional, pero puedo resumir que los desafíos continúan. La memoria de quienes dedicaron su vida para detener el estigma y la discriminación, es una lección de que los cambios en nuestro país son impulsados por el espíritu combativo de la sociedad civil.

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