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Editorial

Fábulas de Sisal

Indalecio Cardeña Vázquez

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Entre el sol y la brisa que caen sobre el antiguo puerto de Santa María de Sisal. Entre la líquida y salobre memoria, el vuelo de los pelícanos y el chillido de las gaviotas, entre la arena que extiende sobre la playa los granos de sus recuerdos, la perdida huella de los pasos de una emperatriz, los cañones oxidados y los barcos que reposan en el fondo del mar.

Entre la ira de los cuerpos de los abuelos, los padres, que un día se unieron amorosos para germinar el tiempo; entre la soledad de las barcas y los sueños ocultos de la muchacha, que descalza juega con las olas, los niños que corren sobre las dunas y apresan entre sus manos el blancor del tiempo para aventarlo al aire.

Entre la palabra que desciende sobre el mar y la tierra, las jóvenes madres que jubilosas miran crecer su sangre; entre la risa y la miseria de estos hombres que cargan a la espalda sus peces y arreos; entre la sangre antigua, primigenia, de esta tierra, esta piedra, este mar; entre su abandono y la vida, eleva Sisal, su nombre y su memoria.

La vida de sus habitantes se extiende sobre el espejo del tiempo, mezclando las épocas, guardando el presente, viviendo el pasado, añorando el futuro.

La eterna nostalgia de los ancianos se funde a veces con el desencanto de los ocasionales nuevos viejos que no han visto transcurrir los años a través de innumerables amaneceres y ocasos, sino tan sólo a través del tiempo, del escaso tiempo, que ha desgastado ya sus almas jóvenes.

Y así, de esos remotos tiempos, surgen los relatos evocadores, las voces de quienes cuentan lo que han visto, lo que han escuchado, y refieren los lugares fantásticos, el tiempo que ya pasó, surgen como las olas que extienden en la playa su memoria.

Algunos habitantes de Sisal, refieren que Cahuich es un sitio sobrecogedor en la playa, ubicado a unos 24 kilómetros al poniente del puerto, nadie sabe por qué se llama así, pero todos coinciden en que es un lugar fúnebre, oscuro, con manglares y pitahayas silvestres, que en noches de tempestades, de mal tiempo, de “nortes”,  se torna especialmente funesto.

En esas ocasiones, puede escucharse cómo se aproxima alguien a la playa, caminando entre los manglares, entonces cuando el chapoteo se acerca a la orilla del mar, se ve surgir del manglar una silueta que se dirige al agua, pero antes de llegar a ella desvía su camino y se va caminando por la playa hasta desaparecer.

Algunas personas piensan que es un fantasma proveniente de un barco pirata hundido en aquel lugar, ya que hace mucho tiempo se encontró cerca de ese sitio los restos de un navío, con muchos huesos humanos entre los vestigios sumergidos.

En otro orden de crónicas, un anciano refiere que hace muchos años, cuando era joven y trabajaba en el monte decidió quedarse en el lugar donde laboraba, Pol Ac, un escampado cerca de la playa, para pasar ahí el día de finados, y que esa noche, en la madrugada del día 2 de noviembre fue testigo de un hecho asombroso.

Señala que estaba acompañado de un perro y que en la casa donde estaba, había un poco de claridad porque sólo tenía una veladora prendida, cuando de pronto el perro se puso en señal de alerta, el entonces muchacho se dio cuenta que el animal estaba escuchando algo y lo vio salir de la casa ladrando, pero que inmediatamente regresó con la cola entre las patas.

Eso sorprendió al joven porque el animal era un perro de cacería, un buen sabueso, entonces el muchacho empuñó su machete, tomó una lámpara de mano y salió a su vez, para percatarse que a su derecha venían doce o catorce personas. Había mal tiempo, el “norte” estaba en su punto, pero ahí el viento no era fuerte.

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Cuando se fijó mejor en aquel grupo que se dirigía a él, vio que eran como 15 o 20 personas que llevaban velas prendidas en las manos. Temeroso retrocedió algunos pasos, pensando que podrían llamarlo, estuvo atento también a cualquier ruido que pudiera provenir de ese grupo singular, pero no escuchó algo por leve que fuera.

El anciano narra que entonces, entró a la casa, se sentó en su hamaca, rezó una oración, se persignó y se acostó. Al otro día, temprano, al amanecer salió para ver las huellas que aquel grupo habría dejado en el arenal, pero no había algo, ni la más leve huella, fue algo increíble, dice concluyendo su narración.

Pero no todos las historias son acerca de lo sobrenatural. Una vecina expresa que hace mucho tiempo también, tenía guardada en su estante una concha marina muy bonita, pero que el dinero se le gastaba rápidamente, todo se iba fácilmente, hasta que una persona le dijo que la concha era la que le estaba haciendo mal y le aconsejó tirarla, entonces se deshizo de ella, y pudo comenzar a ahorrar, el dinero ya le alcanzaba para diversas cosas, y pensó que como la concha es del mar, entonces hacía que todo se fuera como agua.

Así es la memoria de Sisal, mecida suavemente entre el pasado y el presente, como la marea que baña sus playas, playas sin edad que han visto transcurrir hombres, mujeres, niños, barcos, riquezas, la vida de todos aquellos que la poblaron en algún momento de su existencia.

Editorial

José Martí antimperialista

Sergio Guerra Vilaboy

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Desde fines del siglo XIX se vertebró un nuevo contexto histórico internacional caracterizado por la lucha de las grandes potencias imperialistas por la posesión de las fuentes de materias primas y los mercados, así como por un nuevo reparto del mundo. Los países latinoamericanos se convirtieron en el área natural de dominación del emergente imperialismo norteamericano, región sobre la que venía ejerciendo sus aspiraciones y aventuras expansionistas desde su emancipación en 1783. 

Los políticos de Estados Unidos consideraban que, tras la Guerra de Secesión (1861-1865), una tercera etapa del “destino manifiesto” estaba en marcha: la primera había sido la extensión de la frontera al Mississippi y la segunda el arrebato territorial a México. La nueva manifestación de esa vocación avasalladora, para la que se consideraban predestinados, era la emergencia del imperialismo norteamericano, que delineaba una violenta ofensiva expansionista sobre sus vecinos del sur, combinando los viejos métodos colonialistas con las más modernas formas de penetración del capital monopolista.

La conversión de Estados Unidos en una potencia imperialista impactó a José Martí (1853-1895), quien devino desde muy temprano en sólido pensador y estratega revolucionario. La conciencia antimperialista martiana comenzó a dibujarse desde su juventud, cuando fue obligado a radicarse en España (1871-1874) por su apoyo a la independencia de Cuba, que era junto con Puerto Rico las últimas colonias españolas en América.

En sus apuntes de aquellos años están sus primeras críticas al modo de vida norteamericano. Después, el conocimiento de la realidad y los problemas latinoamericanos, que constató en México desde 1875, así como en Guatemala (1877) y Venezuela (1881), le permitieron diferenciar a Estados Unidos de la América Latina y el Caribe, a la que llamó nuestra América. El contraste entre la situación latinoamericana y la de Estados Unidos contribuyó a su formación antimperialista.

Cuando en 1880 Martí llegó por primera vez al territorio estadounidense ya había aguzado su pensamiento político crítico. Ello se advierte en la serie de tres artículos publicados ese mismo año con el título de Impresiones sobre Estados Unidos de América, enfilados contra el exacerbado mercantilismo que descubre en la sociedad norteamericana, y continuados después en los editados por el periódico La América.

Desde entonces, y durante casi diez años, Martí escribió más de trescientas crónicas para desmitificar la imagen de los Estados Unidos y resaltar los peligros que representaba para nuestra América. En muchos de estos textos, que propuso reunir como Escenas norteamericanas, Martí explica que los Estados Unidos no eran un paradigma de nación. Además, menospreciaban a los países latinoamericanos a los que sólo interesaban como zona para su expansión territorial, comercial y económica.

Particular atención dedicó Martí a la labor de James G. Blaine, quien desde el ascenso republicano al poder en 1888 había sino nombrado Secretario de Estado. Blaine diseñó una agresiva política, que más tarde se conocería como “panamericana”, encaminada a facilitar la penetración del capital y las manufacturas norteamericanas en América Latina y desplazar la entonces preponderante influencia inglesa.

Con ese fin, Blaine logró organizar en Washington, hace ahora 130 años (1899-1990), la primera Conferencia de las Naciones Americanas, antecesora de la actual Organización de Estados Americanos (OEA). Martí, preocupado por sus posibles implicaciones negativas para los pueblos latinoamericanos, siguió de cerca esta reunión internacional y en sus crónicas para el diario La Nación de Buenos Aires desenmascaró las verdaderas motivaciones de Estados Unidos. Con un fragmento de uno de esos lúcidos artículos martianos, que mantiene hoy plena vigencia, cierro esta nota de Madre América, en homenaje a otrol aniversario del natalicio del Apóstol de la independencia de Cuba: “Jamás hubo en América, de la independencia a acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.”

En ocasión de conmemorase los 167 años del natalicio de José Martí, el día de hoy 28 de enero de 2020, el doctor Sergio Guerra Vilaboy, Director del Departamento de Historia de la Universidad de La Habana, preparó estas líneas para Informe Fracto en tan señalada oportunidad.

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El pasado nos alcanzó

Pero los anteriores también lo hacían

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Ha sido un penoso descubrimiento percatarme de que, ante las críticas a la actual administración estatal, es cada vez más recurrente obtener como respuesta: “pero los anteriores también lo hacían”. Palabras más, palabras menos, esta idea se desprende de los labios de personas que, por diferentes motivos y basados en experiencias poco afortunadas, tratan de poner punto final a incómodas charlas acerca de política. Si bien están refiriendo algo cierto, no deja de ser un termómetro de la decepción y el hartazgo social con el que hemos tenido que lidiar en nuestro complejo régimen político. En este sentido, me referiré, en primer lugar, al contenido y, en segundo lugar, al contexto de esta afirmación.

¿A qué prácticas aluden las personas cuando se refieren a aquello que hacían en gobiernos anteriores y que continúan haciendo en el gobierno actual? Entre otras, al manejo de la administración estatal para beneficiar a cúpulas empresariales donde está inmersa la misma clase política; el uso dudoso de los recursos, proclamando austeridad para los trabajadores y la ciudadanía, mientras se despilfarra en otros gastos; la creación de impuestos, derechos y trámites para recaudar más, sin que sea convincente el destino de tales recursos; la colocación de compromisos políticos en el aparato estatal; la vendettas políticas y “quema de brujas”, que no sólo abarca a servidores públicos de alto rango, sino también a trabajadores a quienes se descalifica públicamente para poder despedirlos alegando corrupción o que no tienen preparación profesional; la negación de la crítica y la inconformidad, blindando al gobernador para que no escuche más que aplausos y alabanzas; el abuso de poder por parte de la policía que únicamente protege a ciertos políticos y empresarios; las “mordidas” que median en trámites de toda índole y permiten la consabida elusión de infracciones y multas.

Esta no es una lista exhaustiva ni acabada, pero da una idea de los temas que están sobre la mesa. Y sí, es cierto, no son prácticas nuevas, tanto el PRI como el PAN, que han ocupado la silla del Ejecutivo estatal, retomaron y pulieron estas deshonrosas estrategias de gobierno. Lo lamentable es que el argumento ya no sea demostrar cómo se están erradicando, sino legitimarlas con la fórmula de que “los anteriores también lo hacían”. Este argumento nos lleva a la conclusión de que, al haber sido siempre así, la actual administración estatal tiene la prerrogativa de continuar en el mismo sentido. Es casi una venia inmoral para resignarnos a lo mismo. La exhibición del régimen político ha llegado a tal grado que es imposible rebatir las prácticas que lo corrompen. En sentido opuesto, sería ingenuo pensar que la clase política cambiará de un día para otro. Pero la ciudadanía sí está cambiando y juega un rol cada vez más activo. ¿Nos ocuparemos de cuestionar y actuar o les daremos a este y futuros gobiernos la autorización de hacer lo que los anteriores también hacían?

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Editorial

El peor enemigo

Mario Alejandro Valdez

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Lo advertimos la semana pasada: la manifestación del domingo 19 sería un importante termómetro sobre el futuro inmediato de la política en Yucatán. Sabíamos que varios grupos fuertes harían acto de presencia, y elucubramos que los operadores panistas debían estar negociando a marchas forzadas para evitar que la sangre llegara al río. Fallamos en esta segunda estimación: no sólo no hubo negociaciones, sino que se permitió que el peor enemigo de Vila actuara impunemente y confeccionara el peor escenario para el gobernador. Este temible adversario urdió una estrategia de provocación, instruyó a sus operadores a desatar la violencia y luego, por si todo esto fuera poco, se encargó que los medios reprodujeran una y otra vez declaraciones absurdas, grotescas, ilegales inclusive algunas de ellas, pero todas ellas para empeorar gravemente la situación. Todo orquestado por el peor enemigo del gobernador, ni más ni menos que el propio Mauricio Vila Dosal.

Los hechos son ya bien conocidos, por lo que sólo precisaremos algunos puntos sobre la manifestación del pasado 19 de enero, para después bosquejar las consecuencias inmediatas y a plazos mayores de la injustificada agresión policiaca. En primera instancia, hay que señalar que la manifestación fue muchísimo mayor a lo estimado, incluso por los organizadores, y que estuvo integrada mayoritariamente por ciudadanos independientes, muchos de los cuales simpatizaban con Vila hace apenas unos meses, pero que han sido afectados por injustificados recortes a sus pensiones, el NO pago de aumentos comprometidos desde principios de año, ceses fulminantes e inexplicables, establecimiento y/o aumento inverosímil de cargas fiscales y la latente amenaza de desaparecer el ISSTEY, uno de los mejores institutos de seguridad social del país. Todas estas razones fueron las que llevaron a la marcha a miles de ciudadanos meridanos, muchos de los cuales, como comentamos líneas arriba, en julio de 2018 sufragaron por Vila, pero las agresiones económicas, sumadas a una actitud arbitraria, han convertido la simpatía y esperanza en rechazo demoledor.

Por lo que se puede observar en los videos, confirmado por testimonios personales de participantes, el fuerte operativo policiaco fue rebasado por la magnitud de la manifestación. Un análisis lógico nos lleva a considerar que, al no poder contener a los protestantes, los mandos, sin duda en ejercicio de un plan previo, que tuvo que haber sido autorizado por el propio gobernador, ordenaron la represión. Al respecto, un fuerte rumor indica que el Jefe del Ejecutivo desestimó las advertencias sobre el tamaño y el sentir de la protesta, pues hasta la mañana de ese domingo seguía pensando que gozaba de una enorme popularidad y el apoyo casi unánime de la población, y que las publicaciones en redes sociales eran simples “bots”, como los que se usaron contra AMLO durante la pasada campaña presidencial. Según este rumor, la actitud despectiva de Vila al restarle importancia a la protesta es lo que provocó la inacción de sus propios operadores, lo que redundó en un mayor crecimiento de la manifestación.

Las declaraciones posteriores de la secretaria María Fritz, así como del propio Vila, no sólo son ridículas, sino incluso pueden configurar conductas indignas y hasta punibles, al culpar a “los fuereños” de la “violencia”, propiciando así un clima de mayor confrontación y linchamiento. Lo increíble del caso es que las colonias meridanas con predominante población “fuereña”, como Francisco de Montejo y Pensiones, tradicionalmente otorgan un voto mayoritario para Acción Nacional, situación que con toda seguridad se verá afectada con la absurda y etnocéntrica retórica, en la que incluso se llegó a aludir negativamente a nuestros compatriotas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán. El colmo de este deplorable discurso es que el propio Mauricio Vila es “fuereño”, algo que se intentó usar en su contra durante la campaña electoral. ¡Cosas veredes…! Una última, e importante cereza en el pastel es la inteligente y provocativa comunicación del alcalde meridano ante los lamentables hechos, con la que por primera vez externó públicamente su distancia del ahora desprestigiado gobernante.

A mediano plazo podemos avizorar muchos y cada vez más negros nubarrones sobre la figura política de Vila Dosal. La represión no solamente alimentó su impopularidad, sino que colapsó su imagen fuera del Estado y abrió un boquete, ahora sí muy visible, entre su gobierno y su partido. El deslinde ha sido generalizado, pero se ha hecho mucho más evidente en el extenso y creciente grupo de Renán Barrera Concha, quien, con muy escasos cuestionamientos, se continúa fortaleciendo como un alcalde de gran aceptación. Por el lado de la protesta social, se ha convocado para dos nuevas marchas, el domingo 26 y el viernes 31 de enero, respectivamente, que cuentan ya con la participación confirmada de decenas de colectivos nuevos, además de los combativos grupos que protestaron el día de la represión. El conflicto, pues, parece escalará, ratificándose la previsión de crecimiento de un movimiento popular, independiente y vigoroso. Ante ello cabe preguntarse: ¿seguirá el gobernador escuchando a su peor enemigo?

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