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La Nación y el Mundo

Decomisan 8 kilos de éxtasis en el aeropuerto de Mérida

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Fuente: Desde el Balcón

En el aeropuerto de Mérida, la Policía Federal decomisó un paquete que contenía aproximadamente 8 kilos de éxtasis provenientes de Puebla y con destino a la Ciudad de México.

El decomiso ocurrió en el área de carga y descarga, donde los elementos federales detectaron un paquete con 250 frascos de suplemento alimenticio, pero, al revisarlos para la correspondiente identificación, el contenido dio positivo a éxtasis.

Los frascos fueron puestos a disposición de la Fiscalía General del Estado para dar seguimiento a las investigaciones.

Madre América

Joven cubana en la zona roja hospitalaria

Raciel Guanche Ledesma

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Cuando supe la noticia de que Marlén Corrales Morejón estaba  laborado en la zona roja de un hospital que atiende a pacientes positivos al Covid-19 en Pinar del Río, Cuba, me  sorprendió. Y no fue porque considerara que esta joven médico con apenas tres años de graduada no estuviera apta para esa tarea, sino todo lo contrario, era más bien una especie de grato asombro en medio de este combate sanitario que aún libra al unísono ese territorio y toda la Isla.

A Marlén la conozco desde hace un buen tiempo, cuando los fines de semanas casi habituales visitaba de niño a mis familiares en un pequeño poblado del municipio Minas de Matahambre, perteneciente a esa provincia, la más occidental de Cuba. Es allá precisamente donde están sus raíces y donde atesora como bien espiritual el amor materno, aunque hoy vive sin agradarle mucho los aires citadinos en la capital provincial.

Con estos antecedentes quise conocer un poco más sobre su experiencia de trabajo dentro de la zona roja, la cual calificó “de muy enriquecedora y a la vez difícil”. Lo cierto es que su postura valerosa ha sido también la suerte de muchos galenos en este país que, con tan poco, hacen del desafío un triunfo para todos.

Como ella, otros cientos de jóvenes médicos se han sumado a la contingencia sanitaria desde que se registró el primer caso de Covid-19 a inicios del mes de abril de 2010 en Pinar del Río. Sin embargo muchos nos preguntamos aún cuánto temor sienten quienes realizan esta altruista labor o cómo manejan su proximidad al contagio en el vínculo directo con los pacientes positivos.

¿Miedos o retos?

En el caso específico de Marlén, quien cursa el tercer año en la especialidad de Medicina Interna, llegar hasta la zona roja fue todo un reto profesional. Un día mientras trabajaba, le informaron sobre la necesidad de la provincia para que nuevos galenos se incorporaran rápido a la batalla y no dudó en aceptar, según cuenta.

Pero ante los grandes desafíos y esta pandemia lo constituye sin dudas, siempre puede aflorar algún tipo de miedo. Sin embargo esta joven médico dice no haber sentido temores, porque, como ella misma refiere: “ya estaba adaptada a trabajar con pacientes posibles Covid-19 en una sala de respiratorio”. Aunque también reconoce que en ese momento salieron a flote otro tipo de inseguridades, estas relacionadas a la distancia física y temporal con su familia, de la que nunca se había separado por tanto tiempo.

La zona roja y sus días

Ya dentro de la zona roja las exigencias profesionales se redoblan al igual que las medidas de seguridad. Tal vez por eso el día a día de esta joven pinareña como los de tantos otros galenos que la acompañaron en la labor fueron en extremo agotadores y sacrificados.

Sobre las ocho de la mañana comenzábamos el trabajo con los pacientes positivos y a la vez que entrabas en esa función no podías salir más, sobre todo, para cumplir con las lógicas medidas de protección”, cuenta esta médico egresada de la Facultad de Ciencias Médicas, Ernesto Che Guevara, en la occidental provincia.

El seguimiento esmerado a los pacientes es otro de los aspectos importantes para poder alcanzar una recuperación segura en ellos. Ese espíritu de constancia siempre primó en Marlén durante los catorce días que estuvo laborando en una de las salas de alto riesgo con personas positivas que presentaban además algunas comorbilidades.

“Cada mañana teníamos que tomar los signos vitales a los pacientes, revisar todos los resultados de sus pruebas médicas y continuar el seguimiento hasta cerca de las dos de la tarde cuando almorzábamos”, comenta esta gentil muchacha con aires complacientes.

Pero las jornadas de trabajos no se completaba sólo en un período matutino, además, “en la tarde había que continuar informando las altas médicas a los pacientes y si nos tocaba guardia ese día, debíamos hacer encuestas a los nuevos ingresos que iban llegando a la institución de salud”, dice.

Sin dudas que la exigencia se fue convirtiendo para estos médicos en una rutina que demandó sacrificio en cada momento. Para Marlén, aparte del racional rigor de trabajo, lo más importante era establecer ese vínculo recíproco con los pacientes que tributara a una mejor atención.

Es por eso que afirma que los cuidados eran mutuos, tanto por el servicio médico que allí estaba como de las personas positivas al Covid-19. “Por lo general todos comprendían el complejo escenario que vivimos y existía un respeto, aunque habían otros, los menos, que no siempre eran esmerados con sus propias medidas de protección y eso también lo tuvimos que afrontar con severidad”, comenta

Pero si un factor es determinante para sobrellevar estas jornadas de rigor ese será sin dudas la unidad del equipo de trabajo. En el caso de Corrales Morejón y los demás compañeros, en su gran mayoría jóvenes, pudieron llagar a compenetrarse al máximo para cumplir una tarea que califican como “un deber”.

Nos ayudábamos unos a los otros y si teníamos que levantarnos más médicos durante las guardias, lo hacíamos sin reproches, porque fue así como nos enseñaron siempre en la carrera y es esa una de las principales fortalezas del sistema de salud cubano, nuestro compañerismo”, dice sin titubear en lo absoluto.

Una situación única también vivió ese personal sanitario. El parto de dos mujeres sospechosas de Covid-19 después de 70 años sin realizar este tipo de operaciones en la instalación hospitalaria, fue un hecho inédito. Según la propia Marlén, sería una de las cosas que más le marcó por la sensibilidad del momento, a pesar de no estar vinculada directamente con el importante suceso.

Lo cierto es que cada una de las vivencias personales y colectivas era sentida como un logro indiscutible de todos. Cada vida salvada, afirma, “representó un triunfo para los que allí estábamos y un aliciente extra para continuar este duro pero hermoso camino que es la medicina”.

Muchas historias como estas, cargadas de ternura y sacrificio quedan aún por contarse de este difícil período. Sin embargo, la experiencia profesional de Marlén Corrales Morejón bien pudiera ser la de tantos otros hombres y mujeres de batas blancas cubanos que, ante lo adverso del momento, han sabido sobreponerse a la situación para colmar de esperanzas a todo un pueblo.

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Madre América: Puerto Rico

Senado de Puerto Rico: mayoría femenina es solo un paso

Edwin Sierra González

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La nueva Legislatura Colonial ha comenzado sus funciones, y con ello, el beneplácito, sin duda alguna, de que la composición mayoritaria del Senado, compuesto por 27 miembros, es de catorce mujeres puertorriqueñas. Un paso valiente e histórico que ha dado lugar a otro hecho igualmente celebrado: la Comisión de Asuntos de la Mujer en este cuerpo legislativo estará compuesta exclusivamente por mujeres, aunque esta decisión es debatible. Se avanza, sin embargo, habrá que ver si será suficiente.

Aunque la alegría arrope a ciertos movimientos sociales del país y otros se sientan amenazados, el verdadero impacto de esta victoria electoral de las mujeres está por verse. El hecho de que las mujeres dominen la Cámara Alta, no es, lamentablemente, una garantía, y mucho menos un indicio, de que Puerto Rico avanzará en las causas y derechos de igualdad para la mujer. Hemos sido gobernados por mujeres y grandes lideresas le han dado la batalla a un sistema desigual, pero igualmente por otras que han sido cómplices del patriarcado enfermizo e intolerable que ciega vidas y sueños. De las primeras, tenemos hoy en la Asamblea damas de la talla de Mariana Nogales, María de Lourdes Santiago y Ana Irma Rivera Lassén. Mujeres de academia y calle, mujeres que no se limitan en su deber, sino que lanzan a favor de los desprotegidos y los oprimidos del sistema. Mujeres cuya sabiduría y academia van en pos del país y sus intereses, aún en el fragor de la lucha, como las protestas del Verano del 19. Del otro, damas de interpretación cerrada, fundamentalismos severos y alineados con el poder, como la ex mandataria Wanda Vázquez, quien en su momento fue Procuradora de la Mujer, pero cuya gestión fue de dudoso alcance y eficacia. O la ex senadora Nayda Venegas, derrotada en los pasados comicios, quien se caracterizó por defender y apoyar las posturas del ex presidente estadounidense, Donald Trump, a pesar de los desplantes y humillaciones de este hacia la isla y ser ella una mujer negra.

A pesar de lo que mujeres como las primeras puedan aportar en beneficio del país y la lucha femenina, no es sólo en el elemento femenino donde debe residir la esperanza, sino en la capacidad de liberar sus mentes de las ataduras sociales que siglos de colonialismo y eurocentrismo nos han impuesto. De nada vale ser una mujer empoderada que ocupa posiciones de Estado, cuando su mente es presa del sistema y solo reproduce los males de la inequidad, la desigualdad y el patriarcado tóxico. Como profesor en múltiples escenarios educativos y contextos, he sido testigo de la lucha por romper las cadenas sociales de la mediocridad e inferioridad, que son fuertísimas, porque en ocasiones, quienes las sufren, las justifican e incluso romantizan. Es por ello el ideario novelesco de los culebrones donde la protagonista sufre capítulos interminables y todo “vale la pena”, haciendo del dolor un elemento indispensable para el triunfo, no así con el esfuerzo. Es así como las mujeres, desde su inconsciente, reproducen patrones peligrosos e incluso, ante la ausencia de una figura masculina en el hogar.

Requerimos mujeres que se paren en la brecha y que se atrevan a romper los estereotipos y no a sostenerlos. No hacen falta mujeres que se vuelvan verdugos de sus congéneres, sino ilustradoras de un camino de posibilidades, progreso, igualdad y triunfos. Las senadoras que ahora comienzan a andar en ese hemiciclo, desde las conservadoras, hasta las progresistas, tienen la oportunidad única de forjar un país más justo, pero solo el tiempo dirá cual es el verdadero valor de esta Cámara de Mujer. El género no garantiza el cambio, el diálogo, el conocimiento y una mente abierta, sí. El país y las mujeres puertorriqueñas les estarán mirando fijamente para evaluar su proceder. No se admite nada por debajo de lo que se aspira en el siglo XXI. Es momento de hacer sentir orgullosas a todas aquellas mujeres que han luchado y dieron hasta la vida para que a ustedes, mujeres, se les pueda llamar Honorables Senadoras. 

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Madre América

Rebelión de los encomenderos

Sergio Guerra Vilaboy

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La conquista de América propició el surgimiento de una privilegiada casta de encomenderos, enriquecidos con el sometimiento de los pueblos originarios. Ante la política de la monarquía española de limitar sus insaciables ambiciones y creciente poderío, muchos de ellos se rebelaron e incluso algunos llegaron a acariciar la idea de fundar reinos independientes, como intentaron en México los hijos de Hernán Cortés.

El origen de este episodio está en la implantación de la autoridad de Carlos V en todas sus posesiones americanas, después de someter a los comuneros y a los señoríos feudales en la propia metrópoli, para impedir la desobediencia de los conquistadores y sus descendientes. La propia Corona concedía con mucho cuidado los títulos nobiliarios y las tierras, que se entregaban desvinculadas de las encomiendas.

Para limitar las prerrogativas de los encomenderos, el monarca aprovechó las protestas de algunos sacerdotes, entre ellos el dominico Bartolomé de Las Casas, que denunciaban la terrible situación de los indígenas y los excesos de la conquista. El propio Las Casas fue protagonista en Valladolid (España) de una controversia doctrinal con Ginés de Sepúlveda, quien legitimaba la explotación aborigen siguiendo una vieja tesis aristotélica. En esa oportunidad, Las Casas no sólo ofreció una visión idílica del mundo indígena, sino que también, sin proponérselo, inauguró la leyenda negra de la conquista española de América en su conocido alegato Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552). 

Para reafirmar su autoridad, Carlos V promulgó en 1542 las llamadas Leyes Nuevas, un conjunto de 40 normas que, prohibían la esclavitud y los trabajos forzados de los aborígenes y limitaban las encomiendas, suprimiendo su herencia. Las comunidades indígenas quedaban protegidas en resguardos, con la obligación de pagar tributos. La imposición de esta legislación por los funcionarios reales produjo levantamientos armados de los encomenderos. Gonzalo Pizarro, hermano del conquistador del Perú, se sublevó contra el virrey Blasco Núñez de Vela. Los dos ejércitos se enfrentaron en una llanura al norte de Quito, donde el representante real fue vencido y ejecutado (1546). Su sucesor, el clérigo Pedro de la Gasca, hizo concesiones a los rebeldes hasta acumular importantes efectivos, con los que derrotó a los pizarristas en Jaquijaguana, cerca del Cuzco, a inicios de 1548. Los principales implicados fueron ajusticiados, entre ellos Gonzalo Pizarro.

En el propio territorio peruano hubo otro levantamiento en 1553 liderado por Francisco Hernández Girón que también terminó con la ejecución del caudillo. El enviado de la Corona, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, llegado a Paraguay en 1544, fue expulsado por los conquistadores españoles al intentar frenar las encomiendas y poner fin a la poligamia. Algo parecido sucedió en Nicaragua, donde los hermanos Hernando y Pedro Contreras, nietos del famoso conquistador Pedrarias Dávila, se alzaron en 1550, alentados por su madre y encomenderos rebeldes que huían de Perú. Tras ejecutar al obispo, los sublevados se trasladaron a Panamá, donde fueron finalmente derrotados, empresa que costó la vida a los propios Contreras.

Por último, en el Virreinato de Nueva España, el cumplimiento de las Leyes Nuevas provocó una conspiración liderada por el marqués del Valle, Martín Cortés Zúñiga, hijo del conquistador de Tenochtitlan, nombrado capitán general después de su regreso de España, pues el segundo virrey de México, Luís de Velasco, había muerto. Enfrentado a los oidores de la capital, cobró fuerza la idea de coronarlo como rey de Nueva España, movimiento reprimido en ciernes por el visitador Alonso Muñoz. Martín Cortes fue detenido en 1566–su medio hermano mestizo, hijo de su padre con la Malintzin, incluso fue torturado- y decapitados Alonso y Gil González de Ávila. La llegada del nuevo virrey, Gastón de Peralta, tranquilizó la situación y evitó se les aplicara la pena de muerte. Al año siguiente, el marqués del Valle fue enviado a España, sancionado al destierro en Orán y confiscados sus bienes.

Las extendidas protestas de los conquistadores y sus descendientes obligaron a la Corona a una aplicación parcial de las Leyes Nuevas, aunque no impidió que las encomiendas de “servicios” fueran desapareciendo ante las de tributos. De este modo, la explotación de los indígenas mediante el sistema de encomiendas fue perdiendo su importancia en la sociedad colonial, a pesar de que muchos beneficiarios pudieron conservarlas por más de una generación.

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