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La Nación y el Mundo

Magnicidio en Haití

Adalberto Santana

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Comenzó a salir a la luz el involucramiento de “ex militares” colombianos en el magnicidio del presidente haitiano Jovenel  Moïse ocurrido el pasado 7 de julio de 2021 en Puerto Príncipe, Haití. Sin duda fue una operación secreta y ejecutada que en primera instancia logró el objetivo de eliminar al mandatario caribeño. Sin embargo, ahora comenzará a dilucidarse con la detención del comando ejecutor la planeación y el interés  político de llevar a cabo dicho atentado.

En primera instancia se pone en evidencia la violación a la soberanía haitiana por parte de ese grupo paramilitar mayoritariamente de origen colombiano. Hasta donde se tiene conocimiento, el grupo de mercenarios se infiltró fuertemente armado desde tierras dominicanas. Por otra lado, también resalta la crisis que desde hace tiempo ha venido gestándose en la formación política y social haitiana. Si bien se conoce que Haití fue la primera nación en la historia latinoamericana y caribeña que logró la independencia, desde esa primera república se alentó gran parte de las independencias de las colonias españolas en América. Pero también otro elemento significativo es que en la antigua Quisqueya se abolió la esclavitud en 1804 y esto se vio como una gran amenaza al régimen colonial esclavista que se mantenía en el Nuevo Mundo por parte de los imperios de Francia, Inglaterra, España y los Estados Unidos.  Recordemos que el gran libertador, recibió durante su exilio refugio en Haití. Alexandre Pétion quien gobernó Haití, ofreció amplio respaldo en armas y recursos económicos a Simón Bolívar para luchar no únicamente por la independencia de otras colonias españolas en América, sino también para buscar la abolición de la esclavitud en los territorios coloniales que fueran liberados. De esa forma sabía Pétion que la independencia  de las colonias  americanas garantizaba la misma independencia haitiana que era acosada por las potencias coloniales europeas y por los mismos Estados Unidos. Finalmente en 1820 se logró consolidar a Haití, pero sin embargo, el  pueblo haitiano a lo largo del siglo XXI y XX sufrió lo más grandes embates de las políticas imperiales y las propias contradicciones internas que sus gobernantes impusieron. Recordemos que el régimen esclavista francés había hecho a Quisqueya la más rica economía azucarera de todo el continente americano.

Ya en el siglo XX, desde 1908 el imperialismo estadounidense impuso sus políticas de saqueo con sus empresas bananeras y azucareras  y con sus capitales financieros. Situación que fue más que evidente con la ocupación de marines estadounidenses entre 1914 y 1934 en Haití. Con una inestabilidad política y económica y bajo la presión de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, llegó a la presidencia tras una elección  Françoise Duvalier (Papa Doc), en 1957. Pero a partir de 1964 hasta 1971, Duvalier se convirtió  en dictador al constituirse como presidente vitalicio. Después de su muerte le sucedió su hijo Jean-Claude Duvalier (Baby Doc). Régimen despótico sustentado en gran medida por la  política de Washington y localmente por los Tontons-Macoutes. Durante el régimen duvalierista se estima que más de 30 mil ciudadanos haitianos fueron asesinados, convirtiéndose en  víctimas de la dictadura. En tanto que otros ciudadanos, a falta de libertades y por la represión, tuvieron que salir al exilio. Finalmente en 1986 Baby Doc, fue derrocado. Sin embargo, durante la dictadura duvalierista fue un periodo en el cual Haití-producto del saqueo  y la espoliación-, fue convirtiéndose en el país más pobre y vulnerable de toda nuestra América hasta nuestros días. Situación agravada por la pandemia cuando Haití es el único país americano que no ha recibido una sóla vacuna. El gobierno del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador se había comprometido en enviar 150 mil biológicos, pero al cerrarse las fronteras en Haití el envío fue suspendido.

Con todo, la herencia del duvalierismo no ha podido ser revertida. Tras distintos gobiernos y golpes de Estado, Haití con un poco más de 11 millones de habitantes y con un promedio de esperanza de vida de 63,33 años, según el Banco Mundial, sigue manteniendo un alto índice de pobreza. Más del 60 por ciento de su población se encuentra en esa situación y el sistema de salud es  bastante vulnerable. Situación que se agravó con el terremoto del 12 de enero de 2010, fenómeno telúrico que agravó todavía más la frágil estructura económica y social del pueblo haitiano, donde fallecieron más de 310 mil personas. Esa crisis hizo crecer  la migración irregular.  En la frontera norte de México, el mayor número de migrantes irregulares son de Honduras y Haití, que buscan entrar a la economía estadounidense como una forma de sobrevivencia ante el desastre económico que padecen esas naciones hermanas. Las remesas que envían los migrantes haitianos representan casi el 30% de su PIB.

A toda esta situación se suma hoy la inestabilidad política agravada por el magnicidio de su presidente. Las autoridades interinas en el país caribeño han declarado formalmente un estado de sitio. Haití presenta un escenario donde las bandas de la delincuencia organizada tienen un espacio en permanente disputa. La escena  política del pueblo haitiano, es incierta. Sin embargo, en el siglo XXI la esperanza no puede perderse. Recordemos que los golpes de Estado se han hecho presentes en otros países de América Latina y el Caribe. En Venezuela en 2002 se fraguo un golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez (que rápidamente por la movilización popular fue revertido); en Honduras en 2009 se ejerció contra el presidente Manuel Zelaya;  más tarde en  2012 se impulsó contra el mandatario paraguayo Fernando Lugo;  en 2015 en Brasil se ejerció como un golpe blando contra la presidente Dilma Rousseff. En 2018 de igual manera se intentó hacer un golpe de Estado contra el presidente Daniel Ortega en Nicaragua. El más reciente golpe de Estado fue el perpetrado contra el gobierno boliviano de Evo Morales en diciembre de 2019. Lo común a todos esos actos golpistas, es que ellos tuvieron el involucramiento y operación de las fuerzas derechistas y conservadoras locales y regionales, pero también se vieron respaldadas por los órganos de inteligencia de los EU. Tal es el caso de Bolivia donde ha salido a la luz el involucramiento que tuvo el gobierno derechista argentino de Mauricio Macri contra el presidente Morales.

En la actual coyuntura no se puede descartar la intromisión de las fuerzas uribistas colombianas en el magnicidio contra el mandatario haitiano. Especialmente cuando el comando que atentó contra la vida del mandatario haitiano estaba compuesto por 26 paramilitares colombianos y 2 haitiano-estadounidenses. Recordemos la Operación Gedeón que se ejerció  en mayo de 2019 en las costas de Venezuela (esa operación fue planificada por Jordan Goudreau, mercenario estadounidense ex boina verde junto con Clíver Alcalá Cordones ex militar venezolano). En ese operativo mercenario se  involucraba a ex militares y ex policías disidentes venezolanos entrenados y armados en Colombia. Dichos mercenarios tuvieron la idea de derrocar al presidente Nicolás Maduro, principalmente con el aliento que brindó la Casa Blanca durante la administración de Donald Trump al ofrecer una jugosa recompensa de 15 millones de dólares.

De ahí que el atentado que llevó al magnicidio del presidente Jovenel Moïse en Puerto Príncipe, hace evidente que estén involucradas las fuerzas más retardatarias y conservadoras, lo que están intentando en el fondo es generar una desestabilización en diversos países latinoamericanos para generar el terror y el miedo y con ello procurar que las fuerzas progresistas no sigan avanzando en su llegada al poder en los diversos países de la región. Hoy los mercenarios colombianos aparecen en diversos escenarios, ya sea como sicarios en  el narcotráfico mexicano o en el magnicidio en Haití. A la vez se busca generar un desanimo en las fuerzas populares para que se sientan incapaces de salir alternativamente de las crisis políticas, económicas y sociales  que genera el caos de las derechas latinoamericanas y caribeñas en la región. Ahora se recrudece la inestabilidad en Haití, teniendo sin duda determinada repercusión en el conjunto de la región. Sin embargo, recordemos que en el caso haitiano llegar a tocar el fondo de una crisis permanente podría, también generar un periodo de resiliencia. Con ello emergería una mayor resistencia popular y una nueva alternativa para salir de la crisis creada y  alentada por los sectores más primitivos y rupestres de la derecha continental. Pero también puede generarse el interés de los EU por volver a ocupar con sus marines el territorio haitiano, especialmente cuando sus tropas intervencionistas están saliendo de Afganistán y el aparato del complejo industrial militar requiere la creación de nuevos escenarios de guerra en un área estratégica para el imperialismo estadunidense como es el Caribe.

Madre América

Antecedentes históricos de la CELAC

Sergio Guerra Vilaboy

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Este fin de semana se reunió en Ciudad México la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), surgida en 2011 para unir a los países de la región sin la nociva presencia de Estados Unidos, como ocurre en la desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA). Después de varios años de inmovilidad ante la ofensiva de gobiernos de derecha, la CELALC se reanima con el impulso dado por el presidente Andrés López Obrador y el nuevo panorama político de nuestra América.

Los orígenes de la CELAC hay que buscarlos en la crisis definitiva del colonialismo europeo a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Fue el venezolano Francisco de Miranda el primer criollo que concibió un proyecto de integración hispanoamericana, compartido por otros patriotas como Bernardo O’Higgins, Gaspar de Francia, Miguel Hidalgo, Mariano Moreno y José de San Martín. Sobre esa unidad soñada escribió Simón Bolívar en su Carta de Jamaica (1815): “Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse. ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el Corinto para los griegos!”.

A esa aspiración se sumó en 1820 el mexicano fray Servando Teresa de Mier cuando propuso la convocatoria de un cónclave unionista en Panamá que contuviera “las pretensiones que pudiesen formar los Estados Unidos”. En realidad, ese fue el principal objetivo del Congreso Anfictiónico de 1826 convocado por el Libertador, al que asistieron delegados de estados que actualmente son doce repúblicas latinoamericanas, pero que no consiguió fundar la confederación hispanoamericana.

El intento de revivir ese proyecto, tras la muerte del Libertador, correspondió al gobierno peruano que, en reacción a la guerra de Estados Unidos contra México, reunió en Lima (1846) al primer congreso hispanoamericano después del de Panamá. Las continuas agresiones norteamericanas, entre ellas el robo a México de más de la mitad de su territorio (1848) y las depredaciones por Centroamérica de William Walker desde 1854, revivieron los esfuerzos unitarios. En ese ambiente, el pensador chileno Francisco Bilbao proclamó que la América Latina –comenzaba a utilizarse este término- tenía que integrarse, pues en el Norte desaparecía la civilización y emergía la barbarie.

En 1856 se firmaron dos pactos por varias repúblicas latinoamericanas, el Tratado Continental, concretado en Santiago de Chile, y el Tratado de Alianza y Confederación, acordado en Washington. En este último se preveía crear la Confederación de Estados Hispanoamericanos, propuesta por el diplomático guatemalteco Antonio José de Irisarri. La oleada colonialista de los sesenta, entre ellas la intervención francesa en México, compulsó otra vez la anhelada unión continental. En 1864 el gobierno peruano reunió otro congreso en Lima, que fue el último intento para vertebrar una confederación en la región.

En la década del ochenta, con el advenimiento del panamericanismo promovido por Estados Unidos, terminaron los esfuerzos de los gobiernos de América Latina para unirse acorde a la tradición bolivariana, aunque muchos políticos y pensadores continuaron defendiendo esa estrategia fundamentada en la identidad histórica de nuestros pueblos. Uno de sus máximos exponentes fue José Martí, quien en La América de New York, en enero de 1884, escribió sobre “aquellos que son en espíritu y serán algún día en forma, los Estados Unidos de la América del Sur.”

No fue hasta principios del siglo XXI cuando el panamericanismo comenzó a revertirse con los cambios positivos registrados con el ascenso al poder de gobiernos populares y progresistas, proceso abierto en 1999 con el triunfo de Hugo Chaves Frías en Venezuela. La fundación de la CELALC significó el nacimiento de una nueva modalidad de integración latinoamericana y caribeña, con la mira puesta en una confederación política moderna, que preserve y consolide la independencia de la región basada en el legado bolivariano y el respaldo popular, como nos los recuerdan estos hermosos versos de Pablo Neruda: “Yo conocí a Bolívar una mañana larga,/en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,/Padre le dije, ¿eres o no eres o quién eres?/Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo /“Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.

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La Nación y el Mundo

“México sigue en pie”, el memorial sonoro del #19s

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Foto: https://i1.wp.com/noticieros.televisa.com/wp-content/uploads/2017/09/2017-09-26t202246z-205154773-rc17788e1b00-rtrmadp-3-mexico-quake-1.jpg?fit=3500%2C2453&ssl=1

Periodistas, cineastas y brigadistas sumaron esfuerzos para la construcción de esta obra.  

Ciudad de México, 21 de septiembre del 2021.- A cuatro años del terremoto del 19 de septiembre de 2017, más de 20 mil inmuebles continúan en proceso de rehabilitación o reedificación según datos del Portal para la Reconstrucción, por lo que el cantautor de música tradicional mexicana Eutimio Castillo “El Guache”, autor del corrido “México sigue en pie”, aseguró que hoy más que nunca se debe hacer un llamado a la memoria y a la empatía.

“La situación de los hermanos damnificados es muy preocupante, pues además de la lentitud con la que avanza la reconstrucción de sus viviendas o inmuebles un gran número de ellos han tenido que enfrentar casi dos años de pandemia sin un hogar, en los campamentos que montaron tras la tragedia o en la casa de algunos familiares sin que puedan guardar todas las medidas de sana distancia recomendadas. por lo que como artista y ciudadano a través de la música hago un llamado a no olvidar y a sensibilizarnos con respecto a la situación que enfrentan las víctimas del 19s”, enfatizó el artista.

A través del corrido “México sigue en pie” que, dicho en palabras del autor, busca ser un memorial sonoro para dar esperanza a los deudos y damnificados del terremoto, Eutimio Castillo también desea enaltecer el ejemplo de unión y solidaridad que dieron todos los mexicanos durante la tragedia pues la primera ayuda en las calles, al igual que en 1985, fue la de la sociedad civil organizada.

“México sigue en pie” se llevó a cabo con la suma de esfuerzos por parte de arreglistas musicales, fotoperiodistas, cineastas y rescatistas que estuvieron en distintos lugares de la Ciudad y estados afectados durante las labores de rescate, proporcionándole material audiovisual y fotográfico a “El Guache” para la realización de un videoclip que ilustrara la obra del compositor guerrerense.

“Esta canción es un memorial sonoro sin fines de lucro, el cual narra de manera detallada la simbiosis de emociones en la que estuvo inmerso el país en esos días; por un lado experimentamos una profunda tristeza y luto por los hermanos caídos, pero por otro, nos reconocimos como un país unido y solidario. Ver a mujeres, hombres y jóvenes trabajando codo a codo buscando vidas sin pensarlo dos veces, me llevaron a plasmar a través de esta canción la grandeza de mi país y su gente aún en la adversidad”, aseguró Eutimio Castillo.

Con 40 años de trayectoria artística a nivel internacional, Eutimio Castillo “El Guache” es uno de los compositores nacionales que ha apostado por la renovación de la música tradicional mexicana a través de letras poéticas y arreglos musicales oníricos, que aunados a su calidad interpretativa le han llevado a ser considerado por la prensa internacional como “El Paisajista Musical de México”. “El Guache” también es autor del corrido “Pandemia, Coronavirus 19”, una obra que describe los embates del virus a nivel mundial.

“Nuestra música es un tesoro invaluable, cada Estado de la República cuenta con un ritmo distinto y es fundamental preservarla. Retomé el corrido como base para esta obra porque ha sido a través de él como México ha narrado sus hazañas, convirtiéndose en una pieza de valor histórico, social y literario, aspectos que también persigue México sigue en pie en cada una de sus líneas” subrayó “El Guache”.

El video que da rostro a la pieza del compositor se llevó a cabo con material gráfico proporcionado por el Colectivo de cineastas Dospasosabajo e imágenes fijas del fotoperiodista Carlos Santiago Rocha, el brigadista Omar Flores, K9 Creixell Perros de Rescate, Brigada Internacional y de Rescate Topos Azteca (BIRTA), Perros de Búsqueda y Rescate UNAM y la Brigada de Rescate Internacional Topos A.C., la edición y reboot estuvieron a cargo del periodista Erik Castillo. Los arreglos musicales fueron realizados por Miguel Ángel Andrade Meléndez.

“A un costado de la Alameda Central existe un memorial de bronce que nos recuerda lo acontecido en 1985, pero no existe uno que nos recuerde lo que sucedió en 2017, por lo que a través del arte y la palabra queremos perpetuar en el recuerdo de los mexicanos que unidos somos más fuertes que cualquier desastre natural, por lo que este corrido no sólo busca ser canción, sino un documento que mantenga  en nuestra memoria, lo que sucedió aquél mes de septiembre”, finalizó Eutimio Castillo “El Guache”. 

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Madre América

Vigencia Antillana de José Martí*

Julio A. Muriente Pérez

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Fueron Cuba y Puerto Rico las últimas colonias de España en América. No pudieron unirse estas dos Antillas al concierto de naciones latinoamericanas que surgieron a principios del siglo XIX, entre otras razones, por la presión que impusieron los Estados Unidos a los revolucionarios sudamericanos. Vibrante y comprometido era el reclamo del Libertador Simón Bolívar que en fecha temprana—en su Carta de Kingston del seis de septiembre de 1815—hiciera en defensa de la libertad de Cuba y Puerto Rico. Allí sentenció Bolívar: “Las islas de Puerto Rico y Cuba que, entre ambas pueden formar una población de 700 a 800,000 almas, son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque están fuera del contacto de los independientes. Mas, ¿no son americanos estos insulares?, ¿no son vejados?, ¿no desean su bienestar?

Haití era independiente aun desde antes—fue la primera nación latinoamericana en independizarse, en 1804–;también había alcanzado la independencia Santo Domingo; aunque era convulsa la situación que prevalecía en estas dos naciones.

Septiembre u octubre de 1868 estremecieron a Puerto Rico y a Cuba. En Puerto Rico fue Lares; en Cuba fue Yara, inicio de la más amorosa unidad entre pueblos que luchan por su redención. Ya lo hubo dicho así el Apóstol cubano: “Unas son en el porvenir, como han sido unas en el pasado, el alma de Lares y el alma de Yara. Unos son hoy en la preparación, como fueron ayer en la cárcel y el destierro, los cubanos y los puertorriqueños. Unos han de ser en la acción para acelerar, con el esfuerzo doble, la libertad común”.

A partir de entonces germinó segura la semilla de la unidad antillana. Cuba fue Puerto Rico y Puerto Rico fue Cuba, y con ambas Haití, Dominicana, Jamaica y toda América. “…!los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata de las raíces de los Andes…”

Fue José Martí portaestandarte del antillanismo revolucionario, otros de cuyos exponentes más brillantes los fueran Ramón Emeterio Betances—Padre de la Patria Puertorriqueña–, Eugenio María de Hostos, Gregorio Luperón y Segundo Ruiz Belvis. En la hora de Martí ya Betances se encuentra en el duro exilio en Francia, que duraría casi treinta años, hasta su muerte en 1898. Para Betances la luz de Cuba sería la que alumbraría el camino de su querido Puerto Rico. Entusiasta, se abocó, como representante del Gobierno Revolucionario de Cuba en Armas, a la entrega de cada gramo de sus energías a la causa cubana y martiana.

Vital relación esa que se diera entre Betances y Cuba, entre Martí y Puerto Rico, entre ambos próceres que apenas se conocieran y tanto se apreciaran. “Yo se que no hay para usted—le escribe Martí a Betances—mar entre Cuba y Puerto Rico, y siente usted en su pecho los golpes de las armas que hieren a los nuestros”. El médico de los pobres, como asintiendo, afirmaba en 1895: “Todo ese trabajo es largo y penoso, y cualquiera que a él se dedique habrá de pensar que su vida ha de ser de sacrificio, fatigas sin número, de desengaños y hasta de miseria. La patria lo merece todo”. Cuando dice la patria, Betances dice Cuba y dice Puerto Rico.

Esa unidad ejemplar de propósitos y querencias se funde orgánicamente en el Partido Revolucionario Cubano, constituido en 1892 en el exilio estadounidense. Reza así el primer artículo de la constitución del PRC: “El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr, con los esfuerzos unidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico…”.

¿Qué criterio, si queremos ser precisos, hemos de utilizar para determinar en qué medida y profundidad está vigente hoy el pensamiento y la obra de José Martí y con la obra de José Martí, añadimos, el pensamiento y la obra de Betances, Hostos, Ruiz Belvis, Luperón y otros patriotas que junto al Apóstol de Cuba representan lo más  puro y preclaro de nuestras Antillas en la lucha por la liberación?

¿En que medida se han logrado materializar los objetivos revolucionarios que unos y otros se trazaron, especialmente a partir de Lares y de Yara? ¿Cuánto falta por hacer? ¿Cuánto de lo que hace falta por hacer es continuación natural y armónica de esa lucha más que centenaria que libran nuestros pueblos por la libertad? Aquellas frases de unos y otros, los versos y discursos, las citas que se reproducen sin cansancio para referirnos a hechos y situaciones de hoy; palabras aquellas dichas para alentar, estimular, reclamar, convocar al combate y a la victoria, a la entrega total por la patria antillana, ¿nos suenan huecas, sin sentido, o plasman en su esencia nuestras más caras aspiraciones por la emancipación antillana?

Decía Martí que había que “…impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Decía más: hablaba del “…Norte revuelto y brutal que nos desprecia…”; nos recuerda que, “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas…”. Y, sobre todo que, “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada”. Fue sublime al expresarse sobre la naturaleza esencial de las Antillas, “…ojeadas de cerca por la codicia pujante…”; “…las tres islas que, en lo esencial de su independencia y en la aspiración del porvenir se tienden los brazos por sobre los mares, y se estrechan ante el mundo, como tres tajos de un mismo corazón sangriento, como tres guardianes de la América ambiciosa, como tres hermanas…las tres hermanas que de siglos atrás  se vienen cambiando los hijos y enviándose los libertadores, las tres islas abrazadas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo”.

Otra vez Cuba y Puerto Rico dan luz a nuestra interrogante sobre la vigencia precisa de Martí en nuestros días; ahora es una relación lamentablemente inversa. Prevalece en Cuba una situación que es contrapartida de la situación que existe en la menor de las Antillas Mayores. En Cuba se han ido consumando las aspiraciones martianas, haciéndose realidad irrefutable la creación de una nueva sociedad, justa y democrática. Pasaron sesenta y cuatro anos desde la muerte en combate de José Martí hasta enero de 1959. Seis largas y oscuras décadas fueron necesarias antes de que la luz del Apóstol y Libertador antillano brillará en todo su esplendor. En Cuba, Martí no es pasado, es presente alentador y futuro promisorio. Hay diez millones de Martí que muchos años después de aquel glorioso primero de enero de 1959 han demostrado que, efectivamente, “La patria…es la voluntad viril de un pueblo dispuesto al triunfo de su emancipación, a un triunfo indudable por el arranque unido y patente de la libertad contra el corazón inmortal y el tesoro arruinado de sus opresores”.

Puerto Rico, en cambio, sigue sumido en el colonialismo terrible. Luego de más de cuatro siglos bajo el dominio español, paso a manos de Estados Unidos como botín de guerra en 1898. Hasta el sol de hoy sigue siendo colonia yanqui. Allí el imperialismo ha caído con “esa fuerza mas sobre nuestras tierras de América”. Es el monstruo el que se ha anidado como parasito mortal en las entrañas de la patria puertorriqueña.

Estremecida en el tiempo, rondando como ciclón caribeño, iracunda ronda el alma de Martí y junto a ésta el alma de Betances en el Puerto Rico irredento. Se repite como el eco hasta el infinito el grito betancino: “No quiero colonia ni con España ni con Estados Unidos”. ¿Qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan?

Puerto Rico es la tarea inconclusa de Martí, que diría, en labios de Betances: “…cuán importante será en adelante, no perder ocasión de hacer parecer unidos los nombres de Cuba y Puerto Rico…no dudo que así piensan los cubanos que, aun cuando hiciesen solos su independencia, no tendrían tranquilidad mientras España tuviera un pie en América”.

Al combatir por la libertad de Puerto Rico, “Recogemos los sueños y los anhelos más caros de este pueblo. ¡Somos esperanza, somos futuro, somos patria”!

Pero no sólo en relación a Puerto Rico se mantiene vigente el pensamiento libertario de José Martí. La libertad para los que por ella combaten es algo que se alcanza única e irremediablemente en la medida en que todos los pueblos son libres. Si, como decíamos al principio, Martí es, por su obra, por su acción, por su ejemplo, una figura universal, universales han de ser los objetivos que este hombre enorme trazará en su vida, tan corta como heroica.

Estará incompleta la obra de Martí, como estará incompleta la obra de Betances, Luperón, Bolívar, Lenin, Che y tantos otros, mientras haya un solo pueblo, ¡uno solo!, que sufra las consecuencias de la opresión. Y después, todavía seguirá vigente Martí en la construcción de las nuevas sociedades, señalándonos, lo mismo con su verbo vibrante y combativo que con su verso amoroso y tierno, el camino a seguir para alcanzar la felicidad de nuestros pueblos.

Ahora, como hubiera querido Martí, nos pondremos al servicio de la Patria—que es América y es el mundo por rescatar de las manos enemigas—saldremos “desnudos a que el viento se lleve las carnes, y las fieras se beban el hueso”, a impedir que pase el gigante de las siete leguas; en la marcha unida nos sostendremos y, porque la patria lo merece todo, todo le ofrendaremos.

*Este ensayo fue originalmente una ponencia presentada en el evento celebrado en La Habana—donde fungía entonces como Delegado de la Misión de Puerto Rico en Cuba—en ocasión del 130 aniversario del nacimiento de José Martí. Rindo homenaje aquí al inolvidable compañero Ramón de Armas (1939-1997), quien me fuera asignado entonces como asesor en la atrevida tarea que me habían encomendado de escribir y reflexionar sobre el Apóstol cubano. Luego de aquel ejercicio de precocidad-mía, que no de Ramón-del que salimos con vida, nos hicimos grandes amigos.

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