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En la pandemia, como si nada

Joed Amílcar Peña Alcocer

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Usualmente los libros traen en la última página unas breves líneas llamadas colofón, en él se agrega información sobre el tiraje de la obra, el tipo de papel o algún detalle que la casa editorial o el autor consideren de interés o curiosidad. Se trata de una huella que brinda ayuda para contextualizar el documento bibliográfico. La poeta Malva Flores compartió en sus redes sociales el colofón de su libro, Sombras en el campus, en el se dice al lector que la obra “se terminó de imprimir en septiembre de 2020, durante el periodo reconocido como `la nueva normalidad´”. Si fuéramos como los libros tendríamos alguna leyenda que hablara de nuestro transcurrir durante la pandemia; pero no lo somos.

Hace unas semanas cumplimos un año en confinamiento e iniciamos el segundo de la pandemia. A estas alturas podríamos pensar que todo ha cambiado, que nuestros comportamientos individuales y colectivos reflejan la situación de excepcionalidad que vivimos, pero la realidad es otra. Después de cuatro meses de confinamiento casi absoluto, llegó la reactivación económica que el hartazgo convirtió en reactivación social.

El relajamiento inició. Las reuniones a puerta cerrada con “sana distancia” fueron cada vez más comunes (aunque en honor a la verdad debemos decir que la inconciencia hecha persona no reparó en tener las puertas cerradas ni guardar distancias) y el mantra de protección “con todas las medidas sanitarias” fue la norma para invitar a reuniones sociales. Iniciamos a pasar la pandemia como si nada.

En la ciudad de Valladolid los turistas se pasean en grupos numerosos sin usar cubrebocas y así llenan los restaurantes. En el municipio de Kaua se celebró un partido de voleibol con gradas abarrotadas y un uso desigual de mascarillas. En el municipio de Yaxcabá, a una cuadra del palacio municipal, se reúne todas las noches un grupo de adultos a platicar sin ninguna medida de protección.

En redes sociales circulan fotografías de cultos religiosos de diversas denominaciones cristianas, ellas evidencian la nutrida asistencia y el poco respeto por la sana distancia, el uso de micrófonos sin cubrebocas y la nula desinfección de instrumentos de uso común durante sus celebraciones. En las zonas turísticas los artesanos se acercan a los autos y transeúntes para promocionar sus tallas de madera sin llevar instrumentos de protección sanitaria.

Una explicación fácil a esta situación está en el egoísmo, podemos decir sin que nadie lo cuestione: en numerosas ocasiones durante la pandemia hemos dejado que nuestros intereses personales o de grupo se sobrepongan a nuestra necesidad de adaptarnos a una situación en extremo peligrosa. No dudemos que el egoísmo es el principal motor en muchas de las muestras de irresponsabilidad más grande que hemos visto; pero las cosas no son tan fáciles de explicar.

Las personas que integran a nuestra sociedad tienen diversas trayectorias de vida y cosmovisiones que los llevan a tener necesidades esenciales particulares, para varias personas el desarrollo de la vida espiritual es de primera necesidad y, para otros, lo es la escuela presencial. Bajo esta idea no es difícil deducir que la pandemia afectó de manera notoria el desarrollo intelectual, emocional, psicológico y espiritual de una buena parte de nuestra sociedad.

En todo caso, en lugar de esperar por el retorno a la normalidad en medio del caos mundial, se debieron orientar los esfuerzos en innovar y aprovechar las nuevas herramientas de comunicación a pesar de lo impersonales que pudieran ser. La Iglesia Presbiteriana de Yucatán inició con un esfuerzo inusitado de virtualización de sus cultos, iglesias con menos recursos tecnológicos implementaron boletines digitales y usaron aplicaciones de mensajería para transmitir podcast de sus reflexiones, aunque muchas ya están regresando a la presencialidad. Sobre la educación en línea no hay mucho que decir, fue la norma de los últimos meses.

Por fortuna, en el horizonte cercano, las vacunas de emergencia contra el Coronavirus plantean un cambio drástico en la lucha contra la pandemia, su efectividad ronda entre el 90 y 95 %, evitan complicaciones graves en casos de hospitalización y permite adquirir inmunidad por un periodo considerable. Pero debemos abstenernos de ver a este recurso médico como una licencia para vivir (más) como si nada sucediera. Si fuéramos un libro, ¿qué diría el colofón sobre nuestro actuar durante la pandemia?

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Mañana iniciará la detección de talentos deportivos en Yucatán

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Jóvenes, niñas y niños podrán ser reclutados a prácticas deportivas de alto rendimiento.

Mérida, Yucatán, 24 de agosto del 2021.- Jóvenes, niñas y niños yucatecos con habilidades para incorporarse a la práctica deportiva de alto rendimiento tendrán la oportunidad de mostrar sus capacidades y ser reclutados a través de la Semana de Detección de Talentos Deportivos, que se llevará a cabo del 25 al 27 de agosto en los Paseos Verde y Henequenes.

Los Institutos del Deporte (IDEY) y de Movilidad y Desarrollo Urbano Territorial (Imdut) del estado informaron que durante esos días las actividades comenzarán con una sesión de activación física para los participantes, así como su distribución en diferentes grupos para la realización de pruebas. 

Posteriormente, habrá una exhibición de disciplinas como esgrima, tenis de mesa, tiro con arco, levantamiento de pesas, taekwondo, luchas asociadas, judo y karate, entre otras, para captar el interés de quienes asistan.

El programa se llevará a cabo simultáneamente en las dos sedes desde las 8 horas del miércoles 25, por lo que los interesados deben llegar desde las 7:30 horas para su registro. En esa jornada se convoca a los niños entre ocho y 13 años, mientras que el 26, a jóvenes de 14 y 15.

Y como parte de la inclusión deportiva que impulsa el Gobierno del Estado, el viernes 27 se efectuará en Paseo Henequenes la detección de talentos en personas con discapacidad de todas las edades, en las ramas femenil y varonil. 


El punto de encuentro en el Paseo Henequenes será en la calle 48 por 15 de Paseos de Chenkú II. En el Paseo Verde, la ubicación es en la calle 28 por 17 del fraccionamiento Juan Pablo II.


Para la estrategia se conformó a un equipo técnico de medición y evaluación, el cual está integrado por profesoras y profesores de educación física, entrenadores y estudiantes de la Licenciatura en Entrenamiento Deportivo del Instituto Patria, con el que se firmó un convenio para el desarrollo profesional de su alumnado.


A los interesados se les invita acudir con ropa y calzado que les permita realizar las pruebas físicas, así como con cubrebocas y respetar en todo momento las medidas de higiene y sana distancia recomendadas por las autoridades de salud.

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Desarrollan en México biofármaco para tratar COVID-19

Rocío Valencia

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A principios de 2022 arrancaría la etapa clínica para evaluarlo con pacientes.

De la mano de expertos y universitarios, México continúa sumándose a los esfuerzos contra el Covid-19. Ahora, la científica del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Paola Castillo Juárez, se encuentra desarrollando un biofármaco a partir del diseño de cuatro péptidos (pequeños fragmentos de proteínas), los cuales una vez sintetizados demostraron tener una eficacia por encima del 90% contra la replicación del coronavirus SARS-CoV-2.

Los péptidos se diseñaron mediante herramientas bioinformáticas en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), describió la experta en virología e inmunología de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB).

“Los resultados son sorprendentes debido a que las moléculas desarrolladas se enfocan en secuencias conservadas de las partes de la proteína del SARS-CoV-2, las cuales no cambian aun cuando el virus mute y dé origen a nuevas variantes”, afirmó.

Castillo Juárez detalló que el péptido dirigido a la proteína S del SARS-CoV-2 evita los cambios conformacionales que se necesitan para que el virus entre a las células, mientras que la molécula enfocada al receptor celular de la enzima convertidora de la angiotensina 2 (ACE2) bloquea la unión de la proteína viral con este receptor.

Los otros dos péptidos, añadió, se unen para impedir que las proteínas M y E (de envoltura) del coronavirus se unan con otros blancos y de esa forma se evita la producción de las interleucinas proinflamatorias 6 y 1 beta, que interfieren en exacerbar la inflamación a causa de la respuesta inmunológica desregulada.

“Comprobamos que un beneficio más de los péptidos es que no son citotóxicos para la célula e inhiben la replicación viral; de acuerdo con resultados al contar las unidades formadoras de placa lítica (virulenta) observamos que disminuyen el título viral, además de impedir el desarrollo de inflamación, la cual está relacionada con el daño multisistémico”, explicó.

Como parte de la investigación, se realizarán evaluaciones con la variante Delta, en las cuales esperan obtener resultados efectivos. “Por estar dirigidos los péptidos a secuencias de las proteínas del virus que no cambian (conservadas) estamos completamente seguros que también van a ser muy efectivos contra esta variante”, sostuvo.

La experta precisó que en la siguiente etapa del proyecto —que esperan concluir al término de este año— probarán los péptidos in vivo (modelo animal) y a principios de 2022 prevén comenzar la etapa clínica para evaluarlo con pacientes.

Actualmente, al mismo tiempo que se desarrolla la patente, se encuentra en proceso la elaboración del artículo científico. Una vez finalizado el proyecto planean transferir la tecnología a alguna industria para elaborar un fármaco que coadyuve al tratamiento del Covid-19.

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El pasado nos alcanzó

Normalización de la tortura

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Fotografía de Lilia Balam

La tortura es una práctica habitual en México. Así lo revela el Informe Mundial 2020 de Human Rights Watch. Entre 2012 y 2018, la Fiscalía General de la República investigó más de 9,000 casos de tortura, la gran mayoría, impunes al día de hoy. Según el mismo Informe son prácticas comunes las descargas eléctricas, el estrangulamiento y la asfixia. Esta realidad estremecedora que vivimos en México nos la ha recordado el homicidio de José Eduardo Ravelo, quien falleció después de una larga agonía causada, según su declaración, por la brutalidad de agentes policiacos.

Sin embargo, nadie mostró extrañeza, ni siquiera la población de Yucatán, donde existe cierta sensación de seguridad. Hubo indignación, cuestionamientos y exigencias, pero no extrañeza. Los habitantes de Yucatán sabemos que hay policías capaces de intimidar, torturar, violar y desaparecer a los detenidos. Lo han vivido en carne propia, lo han vivido amistades y/o familiares, vecinos de la colonia, compañeros de trabajo. Pocas personas se sentirían seguras rodeadas de policías. Y si fueran víctimas de un delito, de un crimen, saben que poco se puede esperar de la Fiscalía General del Estado de Yucatán. Gobiernos anteriores y actuales se han valido del aparato que vigila, pero no hace justicia.

La tortura se ha normalizado no sólo por su frecuencia, sino también porque se ha vuelto norma. Existen policías y militares que consideran parte de sus atributos dar una “calentadita” a los detenidos, que incomunicar, golpear, amenazar, torturar y desaparecer es parte de su trabajo al amparo de las instituciones. Se ha vuelto norma tácita, sobre todo, porque quienes están arriba y no se manchan las manos, consideran válido ordenar acciones para intimidar a ciudadanos, resolver expeditamente (y sin investigación de por medio) cualquier delito que pueda ser imputado a algún transeúnte vulnerable y con facha de culpable, obtener confesiones (así sean falsas) o llenar las estadísticas con determinado número de detenidos.

Igual se ha normalizado un sentir colectivo, animado por el hartazgo, que celebra los malos tratos, las violaciones y las torturas en los reclusorios. Una parte de la ciudadanía espera que, como parte de la pena, las personas procesadas sean víctimas de toda clase de sufrimientos físicos y psicológicos porque “se lo merecen”. Acusan a los derechos humanos de “proteger delincuentes”. No fueron pocos quienes, respecto al caso de José Eduardo, esperaban que los culpables sufrieran el mismo destino en la cárcel.

No, la tortura no se erradicará pensando que debe prohibirse en ocasiones y, en otras, es válida. La tortura tiene que ser prohibida en todas sus formas y contextos. México ha suscrito la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes (1984), así como su protocolo facultativo (2006); asimismo, la Convención interamericana para prevenir y sancionar la tortura (1985). En 2010 la Corte Interamericana de Derechos Humanos determinó que la violencia sexual es un tipo de tortura, después de fallar a favor de dos mujeres indígenas violadas por militares mexicanos. En 2017 el Congreso aprobó la Ley general para prevenir, investigar y sancionar la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Pero este marco de derechos humanos ha sido, usualmente, letra muerta.

Todos los días un policía aplica el procedimiento ya conocido de someter a alguien, sin importar leyes ni protocolos. Posiblemente esté sucediendo mientras lee estas líneas. Todo lo anterior se corona con la cereza de la impunidad, que cubre un pastel envenenado de omisiones, manipulaciones, extorsiones y discriminación en las investigaciones judiciales. Por lo anterior, tampoco se puede reprochar a la ciudadanía la desconfianza que despierta el hecho de que el Juez de Control en el caso de José Eduardo, haya decidido liberar a los policías por considerar que no existía evidencia suficiente para vincularlos a proceso.

Las preguntas son varias. Entonces, ¿quiénes torturaron, violaron y asesinaron a José Eduardo? ¿Cuál es la evidencia que sí permite identificar a sus agresores? Si la Fiscalía ordenó detener a cuatro policías sin evidencia suficiente, ¿fue para calmar los ánimos? Si la Fiscalía tiene evidencia contundente, ¿se liberó a los agresores?, ¿a cambio de qué? Si los policías liberados eran chivos expiatorios, ¿son víctimas del mismo sistema que mató a José Eduardo? Si no fueron policías municipales, ¿de qué corporación eran? ¿O tal vez no eran policías? ¿A quiénes están encubriendo? ¿Será otro caso más que perpetúe el uso impune de la tortura con consecuencias fatales?

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