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Crónicas de Ixil

Historia del cinema Encanto

Miguel Ángel Orilla

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                                                                 A David y Arturo Baquedano.

La época del cine llegó en 1945. Inicialmente los propietarios fueron los hermanos Arturo y Primitivo Baquedano, prósperos comerciantes. Al poco tiempo quedó a cargo del primero la sala cinematográfica.

El Cinema fue el centro de reunión social de la comunidad, acudían familias enteras a divertirse, así como la gente que habitaba en las haciendas cercanas que se trasladaba en truks. En esos tiempos la única diversión que había en Ixil era el béisbol.

Frente al local del Cinema existían tres puestos de los señores Carlos Dzul, Juan Cocom y Emilio Chan quienes con sus esposas cocinan ricos salbutes y panuchos acompañados de horchata y Sidra Pino. Desde las 6 de la tarde don Arturo calentaba el ambiente por medio de un equipo de sonido con música y advertía a los cinéfilos:” no deje que se la cuenten”. Y la gente acudía a ver la película que se exhibía.

La película para la función de cine llegaba en el camión de pasaje San Bernabé, era un pesado fardo metálico de diez rollos. Los niños del pueblo siempre estaban pendientes para correr la voz. Veces hubo que la película no llegaba y los cinéfilos quedaban vestidos, alborotados y encabronados.

El Cinema constaba de una planta eléctrica, sala de proyección, bancas de madera para cinco personas, sillas plegables y un montón de piedras de regular tamaño. Si piedras, pues en ellas se sentaban los niños que siempre ocupaban las primeras filas.

La función era al aire libre, por eso se tenía al cielo de techo y se iniciaba a las 9 de la noche. Durante la proyección sucedían hechos curiosos: se notaban la luz de los cocuyos y se escuchaba el canto de los grillos. El silencio sólo era roto por el clásico! Wak!, !Wak! de los jovenzuelos al reventar sus chicles de “bomba” o  “negrito”.

En el intermedio rápidamente se agotaban las pepitas, cacahuates y “chinas” que vendían los entonces niños Gil Chan y Candil Zapata. ! Hay que tiempos aquellos señor don Simón!

Las funciones de cine se realizaban casi siempre con casa llena. Acudían lugareños y acasillados de las haciendas San Juan, San José, Concepción, Too y Kansacopó.

A veces, en lo más emocionante, se reventaba en el rollo del filme, y el griterío del público se dejaba escuchar! Ladrones¡ ¡No roben! ¡Devuelvan las entradas! También los viejos gritaban en lengua maya: ¡Maá Okol meejen kisín!

Las películas que más recuerdos dejaron entre los aficionados son: Allá en el rancho grande, La mujer del puerto, Perdida, El paisano Jalil etc. y los actores de moda que dejaron huella  fueron Joaquín Pardave, Jorge Negrete, Pedro Infante, Cantinflas y los Soler.

A media noche, cuando la función de cine finalizaba, la gente salía en tropel, como caballos desbocados, sobre todo los hombres, pues a las 5 de la mañana en las haciendas empezaba la desfibración del henequén y ahí debían presentarse puntualmente.

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A don Arturo lo ayudaba en la administración de su empresa su familia que fue numerosa, y en el Cinema también se efectuaban veladas culturales con temas regionales y aun mítines políticos.

El 22 de septiembre de 1967, la anhelada corriente eléctrica llegó al pueblo, entonces la vida y costumbres de Ixil, cambiaron. Tiempo después llegó la televisión y tuvo gran aceptación, por  lo que poco a poco, el Cinema pasó a segundo plano y tuvo que cerrar sus puertas.

La familia Baquedano traslado a Mérida su residencia y así se cerró un capítulo hermoso de la historia de la comunidad que jamás se repetirá. Pero en la mente y el corazón de aquellos traviesos niños-del que yo formaba parte- y que siempre esperábamos la llegada del camión con la película, que en las noches de cine, buscábamos la piedra más cómoda y plana, que cuando se encendían los focos de Cinema revoloteábamos locos de contentos, jugando juegos tradicionales, eso jamás se nos olvidará.

En las madrugadas, hora que me pongo a escribir, en medio del silencio, roto sólo por el canto de los gallos y ladridos de perros malixes, a veces creo escuchar a don “Turix”,  y el anuncio de las películas “El Águila Negra”, ” Hay Jalisco no te rajes“, ” Amorcito Corazón” “El patrullero 777” etc. y finalizar como siempre: “No deje que se la cuenten” Así concluyo esta historia que debí titular: ” Lo que el tiempo se llevó”.

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Crónicas de Ixil

El Charro Aguilar

Miguel Ángel Orilla

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                                                                 A “Nani” Aguilar

Orlando Aguilar Gómez era hermano de Narciso-a quien dedicamos este espacio, hace un par de semana-. Desde pequeño fue muy aficionado a la charrerería y toda su vida lo siguió siendo. Claro, había nacido en la pequeña hacienda San Antonio donde se cultivaba y desfibraba henequén y desempeñaba labores campiranas.

Por allá de 1960, cuando se encargó de la administración de la heredad se ganó la amistad de sus trabadores pues era muy amiguero.

 Durante su juventud lucía con orgullo el traje de charro y en la tradicional fiesta de Ixil, con un grupo de amigos, de seguro participaba ejecutando el floreo del lazo, el paso de la muerte, etc. También fue beisbolista: jugó con las “Estrellas”, fue cátcher  y sus compañeros de equipo fueron  Eligio

Moguel, Silvio Sánchez, Juan Orilla y Paulino Escobedo, quien fue su vaquero de toda la vida.

Casó con Mirza Farfán y tuvo de hijos a Aurora, William, Alejandro  Fernando e Ivan. Fue además caballerango, en el Rancho del Charro, en Mérida.

 En busca de salud, viajo a  California, pero no regreso con vida. Aún nos parece verlo ejecutar las diversas suertes de la charrería. Hoy traemos el recuerdo de nuestro amigo el  “Charro” Aguilar. Ixil, Yuc.19 de julio de 2020.

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Crónicas de Ixil

Pancho Orilla, gloria del beisbol

Miguel Ángel Orilla

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                                                 A su viuda Guadalupe Moguel

 Tengo frente a mí una foto que para mí y para los antiguos aficionados al beisbol, dice mucho. Allá por la década de 1950 en Ixil como en muchos otros pueblos, jugar pelota en domingo era lo más importante que sucedía. Entonces los juegos se efectuaban en la Plaza Principal.

Mi hermano Francisco Javier Orilla Canche, tendría 17 años y estrenaba uniforme con el equipo del Ayuntamiento. Debía estar nervioso, era su debut como pelotero. Jugaba de short stop y no dejaba pasar ni el aire. También cubría los jardines.

Chocaba bien la pelota y era ágil corredor. Una vez que alcanzaba la primera base, seguro que llegaba a la segunda. En su larga trayectoria siempre fue primer bate. Un jugador completo.

Sus hazañas beisbolísticas con los “Cebolleros“, aún se recuerdan. Cuando dejó de jugar, continuó activo como asesor del equipo y consejero de sus hijos Oli Fili, Chino, a quienes cuando niños los enseñó a jugar pelota todas las tardes…

Como persona fue mejor. Hasta luego Pancho, algún día nos reuniremos en otra dimensión para continuar comentando tu legado deportivo. 16 de julio de 2020.

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Crónicas de Ixil

Don Narciso Aguilar Gómez

Miguel Ángel Orilla

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 Hoy traemos el recuerdo de este popular personaje que fue conocido también como “Nachito” o “Chiquillo”, y fue por allá de 1940, administrador o encargado de la finca henequenera San Antonio Chunchucum, ubicada en las cercanías de este Municipio de Ixil.

Aún se recuerda que durante su vida fue el eterno gobernador de los carnavales, porque ponía todo su entusiasmo, recursos y todas sus carretas para que la gente paseara durante la lectura del bando y en la batalla de flores durante las fiestas a Momo.

Su inseparable compañero fue el “Flaco” Ávila. Finalizado el carnaval se la pasaba en su finca trabajando pues sólo en esa época solía divertirse.

Falleció en Mérida a donde había trasladado su residencia. Aquí le proporcionamos una imagen en los años juveniles de “Nachito“.

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