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Crónicas de Ixil

LA GENTE

Miguel Ángel Orilla

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EL “CHANGUITO” ZALDIVAR

Después de varios años de no verlo, tuve el gusto de saludar y platicar a este popular personaje, que en sus años mozos fue un destacado deportista, y que ahora, a sus 83 años, todavía tiene cuerda para rato.

Practicó beisbol cuando se jugaba en la plaza principal con los equipos Ayuntamiento, Ixilito, Zoila Rosa. También fue boxeador y se recuerda vivamente que el “Kid Dinamita” lo vapuleó en Conkal, esa noche salió en hombros pero rumbo a la enfermería. Después se volvió muy amigo de Baco, lo que le causó varias enfermedades que supo sortear airosamente y lo retiro de su agitada vida activa. Ahora ya recuperado, se dedica a saludar y platicar con sus numerosos amigos y recordar sucesos del Ixil antiguo. Salud amigo Elfy Zaldívar Gasca, más conocido como “changuito”.

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Crónicas de Ixil

PERSONAS PERDURABLES

Miguel Ángel Orilla

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La postal yucateca que acompaña estas breves palabras, fue tomada allá por el año de 1930, y corresponde a la boda de don Anastasio Matú y doña Eulogia Chin. El primero fue durante muchos años Oficial del Registro Civil, y doña Eulogia respetable rezadora del pueblo que a varias generaciones de muchachas les enseñó el arte del xocbichuy y el bordado.

Aparte del afecto que repartieron en abundancia, no dejaron descendencia consanguínea pero adoptaron al entonces niño Henry Zaldivar a quien supieron brindar amor sin condiciones. Heredaron gratos recuerdos por su labor comunitaria en la forja de esta esta población que -los recuerda con especial cariño en estos días de febrero-.

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Crónicas de Ixil

Cantinas y Parroquianos

Miguel Ángel Orilla

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A sugerencia de buenos amigos, que quizá desean ver reflejadas sus experiencias, he decidido abordar este húmedo tema: las cantinas y sus parroquianos en el interior del Estado. En primer lugar, no sé si usted conoce o ha visto una cantina de pueblo. Si no la ha hecho, está un poco atrasado, porque muchas personas lo hacen, sobre todo los fines de semana. En ella suceden casos y cosas que merecen comentarse.

Las cantinas pueblerinas tienen nombres muy curiosos que expresan los motivos por los cuales la comunidad los identifica: El Tropezón, La Oficina, El Plantel, La Escondida, Tu Hermana, El Gym, La Gloria, El Infierno, La Negrita, El Cerrito de Oro, La Casita de Paja, El Ratón, El Alimento, El Gallito, El Gato Negro, La Gatita Blanca, etc.

Generalmente a los propietarios o al mesero nadie los conoce por su nombre, sólo por su apodo: El triste, La jarra, El chino, El was, El mulix, El gato, El jarakiri, El pek, Colís, Tizimín”, Ucho etc.

Las botanas que mitigan el hambre de los numerosos clientes, servidas en pequeños platos, y son entre otras: charritos, chicharra con harto habanero, pepitas, mandarina, sal y limón, mango verde, sikil pack, tostadas, pepino, cacahuates y grosellas. Pura comida vegetariana, “vegana” dirían hoy día mis amigos hipsters, y nutritiva –me dice un informante- amiguísimo de Baco.

Muchas personas dicen que toman para olvidar alguna pena. Creo que por esa razón, en las cantinas siempre tienen colgado un letrero que dice: “Si tomas para olvidar, ¡Primero paga!”.

En el pequeño anaquel se pueden encontrar una muestra de dizque finos licores de muy sugestivas marcas: Chac-pol, Parras, Ron-petripas, Caribeño, Watachilib, Viejita, etc.

Detrás de la barra también se puede ver todo un arsenal de empeños: coas, cuchillos de corte, radios, celulares de dudosa procedencia y sobre todo relojes de marca. A propósito, ¿sabía que las deudas de cantina son consideradas deudas de honor? Puntualmente son pagadas cada quincena. Claro, para tener derecho a contraer una nueva.

En esos bebederos el personaje más popular es el dueño del negocio. Hasta se da el lujo de dispensar favores: “te voy a dar fiado sólo una tanda”. O le ordenan al mesero: “Nada con fulano, es mala paga el cabrón”.

A eso del mediodía, conocida popularmente como la “hora cristal”, las cantinas parecen verdaderos mercados; como si algo se estuviera regalando en ellas. El zumbido de conversaciones semeja un avispero. El mesero no se da abasto para servir a los parroquianos que muy orondos le ordenan: “Sirve aquí tres caguamas bien frías”, “Traite unos limoncitos”, “Quiero una mestiza y una campechana”, “Éstas ya las puedes bajar, ya las pagué”, “Una más, bien helodia”, “Botella con sus aguas”, ¿y la crisis? Bien gracias.

Por su parte, los parroquianos entre tanda y tanda, pretenden componer el mundo, se conversa de los más diversos asuntos. Desde quién brinco albarradas anoche, hasta los pormenores del juego de béisbol dominical. Y se aprovecha la ocasión para criticar a las autoridades: “Mare, fíjate que zutano se está llevando la maleta”. También al más “chayote” le recuerdan: “Da tu tanda, hija”.

Todo va bien hasta que los parroquianos comienzan a pasarse de copas. Los primeros síntomas son tirar el “jaibolito”, como cariñosamente le llaman a esa bebida etílica, o romper un vaso. Suenan chiflidos y gritos burlescos, entonces el compañero de otra mesa enseguida advierte el clásico: “¡Ninguna más!”. En las tabernas se puede ver a borrachines que reaccionan de diversas maneras. A unos les da por cantar, reír o llorar; otros bailan al ritmo de la rockola; los penosos comienzan a hablar a todo el mundo; los comunicativos se quedan mudos; los que no quieren pagar su tanda, se hacen a los dormidos sobre la mesa.

Pero lo bueno viene cuando a alguien le dan el “pitazo”: “Te busca tu esposa, está en la puerta”. Aquel valiente abandona la silla. Se hace silencio, porque sus compañeros piensan que el próximo puede ser alguno del grupo. De repente, surge un pleito entre los parroquianos y amenazan con romperse muchas cosas. El propietario del bar actúa de réferi y los manda a la calle a pelear; cuando esto sucede, nadie sabe de donde surgen muchos espectadores, lo cierto es que en un momento la vía pública se llena de gente con el consiguiente relajo, porque cada quien le va a su “gallo”. Los únicos que nunca se enteran son los policías. Brillan por su ausencia.

Al día siguiente, los pleitistas se ven felices, como si nada. Y para curar la “cruda”, temprano esperan que abra el bar para comentar los pormenores de la pelea: “Oye, si no estábamos mamaos”. Y pues adelante, piden que se sirvan las otras.

En las cantinas pueblerinas no se acostumbra dar propina al mesero y mucho menos las gracias. Eso es parte del ambiente que se vive en los bares, yo toco madera, y espero que mis amigos hayan quedado complacidos y que este articulo resulte ameno para mis amabilísimos lectores. ¡Salud!.

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Crónicas de Ixil

Beisbol

Miguel Ángel Orilla

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Equipo ” Zoila Rosa Quijano”, de izquierda derecha: Manuel Baquedano, Marcos Dzul, Félix Sulub, Efraín “Tarzán “Escobedo, Francisco Orilla, Álvaro Escobedo, Crescencio Orilla, Lázaro Moguel, Catalino ” Bocho” Orilla, Brígido Pech, Cutberto Córdova y Carlos Escobedo. Arriba sentado sobre la pizarra, Fernando “Nani” Aguilar. Los resultados del partido que se miran son elocuente testimonio de la victoria de los ixileños. Recuerdos imborrables de una foto tomada en 1960, en la Plaza Principal.

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