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Crónicas de La Colonia Yucatán

Frente a la Selva, órgano de difusión de las Empresas Madereras

José Antonio Ruiz Silva

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La Revista  Frente a la Selva fue el órgano de difusión de las empresas madereras que fundara el ingeniero Alfredo Medina Vidiella en la década de los años cuarenta en los poblados de La Sierra y la Colonia Yucatán en nuestro estado, y de Zoh Laguna en el estado de Campeche.

Esta revista se imprimía y  publicaba bimestralmente en la ciudad de México durante los años de 1950 y 1951, incluyendo dos ediciones especiales.

Sin duda fueron dos años de fructífera labor periodística y editorial donde se tocaron todos los tópicos que conllevó  la realización de tan importante actividad industrial como lo fue el desarrollo maderero de las tres poblaciones referidas.

En esta revista se narra mucha de la historia que inicia desde que el ingeniero Medina Vidiella  tuvo en su mente crear y diseñar a través de  arquitectos e ingenieros que trabajaban desde diversas oficinas, la ejecución y puesta en marcha de  las  industrias y pueblos donde se asentarían.

A través de las páginas de esta revista, hemos podido conocer la  titánica labor aun no reconocida en su justa dimensión, que se realizó  con  el ingeniero Medina Vidiella a la cabeza de un grupo de entusiastas e inteligentes jóvenes profesionistas de diversas especialidades, así como  de la gran cantidad de gente que emigró para sentar sus reales en esas nuevas poblaciones alejadas de las ciudades importantes de la península y encontradas Frente a la Selva.

La Revista Frente a la Selva también informó temas tan variadas  como los servicios que se fueron implementando en cada poblado para satisfacción de sus habitantes, la prevención a la salud, la reforestación, la educación y las escuelas, los onomásticos, bodas,  nacimientos  de los habitantes de estos poblados fundados en torno al proyecto de Medina Vidiella.

La colección completa de esta valiosísima revista, consta de 14 ediciones realizadas durante los años de 1950 y 1951 con 7 publicaciones en cada año.

Para muchos de nosotros que tuvimos la oportunidad de vivir y crecer en alguno de esos pueblos, nos resulta de mucha utilidad conocer de primera mano a través de la revista, la manera en que se fueron creando esos pueblos y en qué consistieron tanto  los trabajos iniciales, como los de consolidación para el desarrollo de esas importantes industrias forestales.

Sin duda alguna, Alfredo Medina, Gerente General de las Compañías Madereras, pensó en todo o en casi todo, ya que en esta excelente publicación pudo, a través de sus editoriales, marcar la ruta a  directivos, empleados y obreros que la empresa tenía tanto en sus centros de trabajo como en sus oficinas de la ciudades de Mérida y la Ciudad de México.

 Dada la calidad editorial de la Revista Frente a la Selva, seguramente también circulaba en otros estados de la República y  probablemente en algunos países con los que las Compañías Madereras mantenían lazos comerciales como Cuba y Estados Unidos, entre otros, promoviendo la marca de triplay MEDVAL, que con el tiempo se convertiría en un producto icónico y emblemático.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Septiembre, recuerdo de dos huracanes que impusieron su fuerza en este poblado

José Antonio Ruiz Silva

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Se acercan dos fechas importantes que traen a la memoria acontecimientos que golpearon la economía de la Colonia Yucatán, dejando susto y miedo entre los habitantes y que impactaron enormemente las instalaciones de las empresas madereras. Nos referimos a la presencia de dos huracanes- Beulah y Gilberto– que será imposible arrancarnos de la memoria a lo largo de nuestra vida.

Del huracán Beulah que nos visitó en septiembre de 1967, no contamos aún con noticias escritas, pero muchos que rondamos los 60 años y que en ese entonces tendríamos 12 años de edad, recordamos vívidamente episodios fijados en nuestra memoria como retratos de aquella tragedia. Recuerdo que esa noche se efectuaría un baile con motivo de las Fiestas Patrias, festejo que comprensiblemente no se llevó a cabo, y seguramente los músicos y sus ayudantes también fueron resguardados como casi toda la población en las grandes bodegas de las fábricas.

Afortunadamente en ambos meteoros no hubo heridos ni muertes que lamentar, salvo los considerables daños que los fuertes vientos y lluvias causaron en nuestras viviendas, la escuela, la iglesia y  las fábricas. Las fotos que acompañan esta crónica son cortesía del P. John Patrick Martin, muy conocido por todos, quien amablemente nos las proporcionó para el primer libro de la Colonia Yucatán publicado en julio de 2011.

El huracán Gilberto 1988. (Hace 27 años)

Es importante agregar que Gilberto fue quizás el huracán más intenso jamás observado en la cuenca del Atlántico, hasta que sobrevino  el Huracán Wilma en 2005 que probablemente lo superó. Gilberto tocó tierra en la península de Yucatán el 14 de septiembre como un huracán de categoría cinco. Del libro, Colonia Yucatán: decadencia y migración (la historia de sus hombres y mujeres exitosos) publicado en el 2013, y con información proporcionada por el ingeniero Jonathan González Martínez, último gerente general de las empresas madereras de 1984 a 1995, extraemos parte de la presencia del ciclón  Gilberto en la Colonia Yucatán:

gilberto, poderoso ciclón de triste historia en su paso por colonia yucatán. El día 14 de septiembre de 1988, nos enteramos que un gran huracán de categoría 5 pasaría  por Colonia Yucatán y que traía vientos sostenidos de mas de 270 kilómetros por hora y ráfagas de mas de 300 kms por hora, sin duda nos esperaba un desastre. Días antes nos habíamos empezado a preparar comprando lonas y grandes plásticos para cubrir tableros y maquinaria importante y delicada que no debería mojarse y el mero día, a las 7 de la noche, ordené suspender todas las actividades, suplicando el resguardo de las gentes en sus casas. La verdad es que toda esa noche no pude conciliar el sueño, pues quería estar pendiente de todo lo que estuviera sucediendo minuto a minuto. Desde que se empezaron los trabajos de previsión, encendí una pequeña grabadora y fuí narrando a cada momento lo que estaba sucediendo, (esa narración no la regrabé y finalmente se deterioró la cinta). El día 14 desde temprano, apenas hubo algo de luz, y sin haber pegado los ojos ni un instante durante toda la noche, estuve observando desde la terraza de la casa que habitaba frente al parque, las ráfagas de viento huracanado que arrastraba árboles completos, láminas y cuanto material se había desprendido. Para ese momento a la  casa entraba el agua a chorros, por un boquete que se había originado por la caida de la antena de radio, que el viento había partido a la mitad, la cual ahora descansaba sobre la cubierta de la recámara principal. Afuera se observaban árboles y postes caídos, pero lo más impresionante era el fuerte zumbar del viento derrumbando cuanto obstáculo se le interponía, es difícil describir la emoción que uno sentía a ese momento. Durante la breve tregua que proporcionó el paso del ojo del huracán llegó a visitarme Manuel Núñez, administrador de las Plantas, para informarme sobre los daños que había observado desde fuera de las edificaciones de la fábrica. Con el nerviosismo natural para esos momentos tensos, me relató que se habían volado por completo las techumbres de una de las naves de la fabrica de Triplay, que habían postes recargados en los muros y que se estaba filtrando el agua en las oficinas; en fin; toda una tragedia. Le sugerí que regresara  a su casa y estuviera pendiente de su familia; él me insistió en que yo me saliera de la casa y me pusiera a salvo en la iglesia que estaba a un costado y que aparentemente estaba resistiendo. Agradecí diciéndole convencido que aquí me sentía seguro. Hasta ese momento no imaginaba lo que seguiría después del ojo, pues en mi mente no cabía más devastación. Afortunadamente no estaba solo, tenía un acompañante fiel que se moría de miedo con los ruidos, mi perro Rocky, al cual había rescatado durante la madrugada de su casita, que se encontraba obstruida por una gran rama de un árbol de aguacate; y al escuchar sus “gemidos” fui por él, removí como pude la rama y lo traje conmigo al interior de la casa, donde  permaneció toda la jornada, temblando y echado junto a  mí. Así transcurrió ese largo día hasta que cerca de las cinco de la tarde cesaron los vientos huracanados y pude salir a revisar  las instalaciones de las fábricas. Ahí estaba ya reunido un gran grupo de trabajadores preguntándome qué acciones tomaría la empresa después de esta devastación. Les pregunté si sabían de personas lesionadas, contestándome que no, pero que sus casas estaban en gran parte destruidas. Les aconsejé que, dadas las circunstancias, por el momento no había otra cosa mas importante que regresar a cuidar de sus familias y tratar de reconstruir lo que se pudiera; sobre todo los techos, porque seguiría lloviendo. Les pedí que hicieran una relación de los materiales que les serían necesarios para proporcionárselos, si los teníamos a la mano. Por lo demás les sugerí que en cuanto se hiciera un recuento de los daños y se analizara la posibilidad de reiniciar los trabajos, se les llamaría, que estuvieran pendientes. En esos momentos no tenía ni la más leve idea de lo que sucedería, pues los daños según pude observar a la ligera, no eran cosa pequeña, y no niego que durante varios días no se me quitó la idea, de que estos eran los últimos días de vida de esta gran fuente de trabajo. A pesar de que las fábricas estaban aseguradas contra daños causados por meteoros de esta naturaleza, la aseguradora hizo todo cuanto fue posible para no asumir sus obligaciones y tan sólo cubrió una ínfima cantidad que no alcanzó ni para techar las naves. De tal forma que volvimos a esgrimir la misma argumentación con los directivos, para evitar el cierre definitivo. Para entonces ya se habían invertido más recursos en la adquisición de nueva maquinaria y equipo, y no era conveniente perder tanto dinero sobre todo cuando ya estábamos en una ruta ascendente. Finalmente accedieron, pues Nacional Financiera ofreció apoyos económicos, que nunca fluyeron y dejaron embarcados a los directivos con otro gran paquete. Había que trabajar duro, redoblar esfuerzos y mantenernos dentro de la línea de la productividad. Así se los hice saber a los trabajadores, a los directivos del Sindicato y a los  empleados de confianza, y en verdad se los dije, con toda la sinceridad que pude haber sacado desde muy dentro de mi. Fueron tan grandes los daños que ocasionó el huracán a las instalaciones de las fábricas, que los trabajos de reconstrucción tardaron casi dos meses y la producción se fue recuperando muy de poco en  poco, pues las refacciones no llegaban y era necesario superar el estrés económico que teníamos en ese momento. En esta dura situación sentimos que los trabajadores se mostraron solidarios, acordando cobrar únicamente medio salario durante los trabajos de reconstrucción , lo cual consideré siempre como una acción de gran valor.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Himno a la escuela primaria Manuel Alcalá Martín de la Colonia Yucatán (II)

José Antonio Ruiz Silva

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Corria el mes de octubre de 2018  y con la mediación de su hija Delta, tuvimos  de nuevo   la oportunidad de conversar con el profesor Armando Conde Castro, en su siempre amado café “Moncho” que se localiza en el interior del Bazar García Rejón en la ciudad de Mérida. Él y algunos  maestros de su generación y otros que tuvieron paso efímero en  la Colonia Yucatán, ya sea como maestros o supervisores, todavía se reúnen cada vez que pueden en dicho lugar donde recuerdan, a sus más de 80 años la mayoría de ellos, anécdotas de su paso por las aulas.

Requeríamos el detalle del himno de su autoría de viva voz y esto nos contó el Prof Conde :

“Cuando me dijeron: toma como ejemplo la métrica de las estrofas del Himno Nacional Mexicano se me ocurrió lo siguiente y  me puse a escribir:

Mexicanos al grito de guerra                 (Con cariño a mi escuela cantemos….)

El acero aprestad el bridón                   (digna fuente de lucha sin fin,)

Y retiemble en su centro la tierra           (y su nombre con gloria ostentemos,

Al sonoro rugir del cañón                       (oh  maestro Alcalá Martín.)

Dando como resultado final el  siguiente:

Himno a la Escuela “Manuel Alcalá Martín”

Letra:  Prof. Armando Conde Castro.

Música: Mtro. Tránsito Conde. A

Con cariño a mi escuela cantemos,

Digna fuente de lucha sin fin,

Y su nombre con gloria ostentemos ,

Oh maestro Alcalá Martín.

Es un templo de estudio y de ciencia ,

que alimenta siempre a  la niñez,

marcando su lucha con paciencia,

y poniendo seguro sus pies.

Coro

Entre los verdes campos del oriente,

se encuentra la Colonia Yucatán,

y una escuela que es todo una cimiente ,

del amor, trabajo y dulce afán.

El nombre de mi querido templo,

es Manuel Alcalá Martín,

maestro incansable su  ejemplo

es orgullo de todo Tizimin.

Con la agradable presencia del profesor Armando Conde Castro conversando sobre Espita, su lugar de origen, su inolvidable Colonia Yucatán y la ciudad de Mérida, nos despedimos dejándolo en compañía de sus entrañables amigos,  los profesores Rafael Moguel Gamboa, ex Director de Educación Primaria y fundador de la escuela Juan Crisóstomo  Cano y Cana de la colonia Alemán en Mérida, Jorge Lara Llanes,  ex Inspector Escolar de  Zona en la  Colonia Yucatán, Juan Javier Pérez Puga  y  Gregorio Brito , excelente músico y requinto de un famoso trío de trova yucateca en Mérida.

Después de la plática anterior, la maestra de piano  María Eugenia González de La Torre, que recientemente trasladó su domicilio a Mérida, tras vivir varios años en la Ciudad de México y Querétaro, nos hizo el gran favor de escribir la partitura del himno, en base a una grabación de pista  y a la letra,  con lo que ahora,  gracias a ese noble gesto, tendremos  para la posteridad tan significativo himno para todos los colyuctecos.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

El himno de la escuela primaria Manuel Alcalá Martín (I)

José Antonio Ruiz Silva

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El profesor Armando José Conde Castro a quien muchos conocimos dando  clases tanto en la escuela primaria Manuel Alcalá Martín como en la secundaria Joaquín Ceballos Mimenza, es originario de la villa de Espita. Su historia en la Colonia Yucatán inició en la década de los años cincuenta cuando fue contratado por las Compañías Madereras para ejercer el magisterio en tan lejano lugar. Seguramente el profesor se sintió animado a trabajar en la Colonia Yucatán por el acelerado crecimiento de las fábricas y  por el decidido apoyo que la educación recibía de los directivos de esa empresa. Andando el tiempo, el distinguido maestro empieza a pensar en coronar el buen nivel de educación primaria con algún canto o himno que estuviera acorde con aquellos tiempos de paz y trabajo. Entonces se da cuenta que al no contar con nociones de teoría musical  y no poder quitarse el deseo de hacer algo por la escuela y sus educandos  cuando  busca ayuda  y pregunta cómo  hacer un himno, pero sobre todo por dónde empezar

Así lo recuerda en una conversación con Ariel López Tejero, quien fue su alumno  en la Colonia Yucatán: “…escribí la letra porque la Escuela no tenía ninguna canción que la distinguiera y como mi  tío Tránsito Conde Alcalá tocaba y reparaba pianos, y  además gozaba de un oído privilegiado para la música… un día  le comenté mi idea y me señaló : -mira, haz tú la letra y yo le pongo música-; para empezar fíjate cómo está escrito el Himno Nacional Mexicano, cuenta las sílabas de cada oración y cada estrofa . Así lo hice y  fui armando los versos que escribí poco a poco durante las noches y el silencio de la selva. Cuando al fin tuve la letra completa con 4 estrofas  llevé mis rimas a su casa  y comenzó en el piano a darle fondo musical y luego que lo terminó, unos días después me dijo: Ahora llévasela a tu tío Pablo para que le ponga armonía y cuando ya tenía ésta, sonaba muy bonita. La letra escrita en la partitura  me la   devolvió y enseguida se la llevé a Don “Pancho” Rejón Conde, entonces director de la Orquesta Medval quien lo  checó y dijo: “bien, muy bien.”, dando la aprobación de este himno que representa nuestro paso en ese hermoso lugar que es la Colonia Yucatán.

Este himno, fue interpretado por primera vez en un homenaje que hicimos en la escuela al profesor  Manuel Alcalá Martin, con el acompañamiento al piano de la maestra Eliza Nah de Pérez, allá por 1957.”

Esta es la pequeña historia de un gran himno que todos los que estudiamos en la escuela Primaria de la Colonia Yucatán aprendimos tan bien que aún la recordamos con nostalgia y alegría.

En el 2009, durante una plática que sostuve con la Maestra Lourdes Soberanis, en ese entonces directora de la escuela primaria, le pregunté  que si todavía se entonaba el himno de la escuela y me respondió que sí, que los  directores que la antecedieron se dieron a la tarea de mantener  vivo tan preciado tesoro. Le pregunté también cómo lo acompañaban musicalmente, y me dijo que lo hacían en base al conocimiento que ellos tambien recordaban y que habían aprendido desde niños. Al conocer esto nos dimos a la tarea de indagar entre gente de la Colonia Yucatán de dentro y de afuera, quién podría recuperar el acompañamiento musical y de esa búsqueda se enteró el músico Felipe Rodríguez Ochoa, avecindado en la ciudad de Cancún e hijo del ingeniero Felipe Rodríguez  quien tuviera una destacada labor al lado del ingeniero  Alfredo Medina Vidiella para ayudarlo a alcanzar el éxito a las empresas madereras. En muy poco tiempo Felipe,  ya tenía lista la pista  musical, misma que nos envió por correo electrónico y en cuando tuvimos oportunidad viajamos a la Colonia Yucatán para entregárselo a la maestra Lourdes Soberanis, quien se ha tomado la tarea de mantener viva la entonación del himno en las ceremonias a la Bandera y conmemoraciones especiales.

José Antonio Ruiz Silva.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

coloniayucatanfrentealaselva.blogspot.com

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