Arte y ciencia
Apuntes para una historia de las salas de cine en Mérida
Publicado
hace 6 añosen
Las siguientes líneas son el recuento de algunas de las numerosas salas cinematográficas que hubo en Mérida, durante las primeras cuatro décadas del siglo XX. Posteriormente a esas fechas, varias de esas salas desaparecieron, surgieron otras, y algunas lograron subsistir hasta las últimas décadas del pasado siglo, cuando esta industria del entretenimiento experimentó una serie de cambios y modernización como la que ahora vemos, aunque en estos momentos de pandemia, tres meses van de cuarentena, no se pueda asistir todavía a las salas de cine.
La llegada del cine a Yucatán ocurrió hace más de cien años, en los inicios del siglo XX. La primera función cinematográfica se habría realizado en Mérida el 15 de febrero de 1902, en el ya desaparecido Circo Teatro Yucateco, nos dice Gabriel Ferrer en su libro “Nuestra ciudad, Mérida de Yucatán”, publicado en 1938.
La primera película sonora proyectada en esta ciudad, habría sido “Chateau Margaux”, estrenada en la sala “Panorama” propiedad de Juan Manfud, en la calle 59, aunque desafortunadamente Ferrer no nos proporciona la fecha de ese acontecimiento.
Por su parte, Luis Ramírez Aznar en su artículo “De cómo se hizo cine en Yucatán”, escrito entre los meses de diciembre de 1975 y febrero de 1976, y reeditado póstumamente por la Universidad Autónoma de Yucatán en 2006, apunta que entre los años de 1908 a 1910, en el Circo Teatro Yucateco, Enrique Rosas con un equipo “Lumiere” ofrecía funciones de cine mudo o silencioso, amenizadas con un conjunto de cuerdas presentado como el Sexteto Uranga.
De acuerdo con el artículo de Gabriel Ferrer, la primera sala de cine en Mérida habría sido abierta en 1909, luego que los hermanos Manuel, Alfonso y Carlos Medina trajeran a esta ciudad un aparato cinematográfico considerado de los más modernos en aquellos tiempos, y después de haber dado con él dieron algunas funciones en su casa en el cruce de las calles 59 y 54, alquilaron un local –posiblemente en el patio del desaparecido Hotel Imperial en la calle 60, donde hoy estaría el Gran Hotel–, en el que instalaron el cine “Pathe” para dar funciones públicas, la entrada costaba 5 centavos, y no había asientos, cada espectador llevaba el suyo.
Los pequeños teatros que había en la ciudad se fueron convirtiendo en cines, como el “Variedades” que estaba ubicado en el cruce de las calles 60 y 63. Esta forma de diversión vino a modificar la preferencia de la gente en cuestiones de entretenimiento, sustituyendo en alguna medida al teatro. El teatro “Frontera” se convirtió en el cine “Rialto”. El teatro “Pathé” ubicado en el parque de Santa Ana, se convirtió en el cine “Encanto”.
En los portales de la Plaza Principal de Mérida, el teatro “Iris” se convirtió en el cine “Olimpia” –en la década de 1970 existió en la calle 60 entre 57 y 55, un cine con un nombre parecido: “Olimpia Vistarama”, pero que antes se llamó “Apolo”, hoy en día un estacionamiento ocupa ese sitio–.
Las fábricas de cigarros “Tabacalera Mexicana” y “Buen Tono”, fueron las principales propagandistas del cine en esta ciudad. En diversas esquinas y parques, colocaban pantallas en las fachadas de edificios y proyectaban películas de uno o dos rollos. Algunos de esos lugares fueron la calle 61 con 60, a un costado de la Catedral, o en la calle 60 con 63, además de los parques de Santiago, Santa Ana y San Juan.
Algunas de las numerosas salas de cine que hubo en Mérida, en las cuatro primeras décadas del siglo XX, según Ferrer, son las siguientes.
“Salón Varela” calle 59. “El Fénix”, en la calle 75 entre 68 y 70. “Montejo”, en la calle 60 con 47. “Regis”, calle 49 entre 84 y 86. “Allende”, calle 48 con 69.”Venecia”, calle 57 entre 42 y 44. “Mérida”, calle 69 entre 64 y 66. “México”, calle 50 con 49. “Salón Rojo”, calle 62 con 53. “Fraternidad”, calle 69 con 44.
Nuestro autor precisa que a fines de la década de 1930, funcionaban en esta ciudad los siguientes cines: “Cantarell”, inaugurado el 1º de mayo de 1936, en la calle 60 frente al parque “Hidalgo”, en un edificio construido ex profesamente para ello. Actualmente hay ahí una tienda de artículos electrodomésticos. “Novedades”, en los portales de la Plaza Grande. “Principal”, en la calle 60, junto al edificio del Palacio de Gobierno. ”San Juan”, en el parque del mismo nombre. “Esmeralda”, en el parque de San Cristóbal. “Alcázar” en el parque de Mejorada, además de los ya mencionados “Encanto” y “Rialto”.
Tal abundancia de salas de cine en Mérida, durante las décadas de 1900, 1910, 1920 y 1930, hace suponer que muchas de ellas habrían sido salas pequeñas, con poca infraestructura, que cerraron al consolidarse otros locales con mayores recursos y posibilidades técnicas que les permitieron situarse como negocios rentables frente a los probablemente modestos cines, distribuidos en diversos puntos de aquella geografía meridana de entonces.
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
