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A propósito de…

La multiplicación de los partidos políticos

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de negocios es innegable que, en México, constituir un partido político es uno de los más redituables. El próximo año, cuando se llevarán a cabo las elecciones intermedias, consideradas las más  grandes en la historia dado el número de puestos a elegir, los mexicanos entregaremos a esas organizaciones 7 mil 226 millones de pesos.

Sin tomar en cuenta la crisis económica mundial, caracterizada por el Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, como la peor desde 1932, ni la gran cantidad de recursos que requieren los servicios de salud para enfrentar la pandemia de COVID 19 y sin que importe el deseo explícito de la mayoría de los mexicanos, expresado con su voto, de reducir el número de estas organizaciones, volverán a recibir cantidades ofensivas en un país donde todavía más de la mitad de los habitantes vive en condiciones de pobreza.

A los que operan actualmente, pretenden sumarse siete más a nivel nacional, si es que el Instituto Nacional Electoral les otorga el registro. Algunos de ellos ya recibieron la negativa de los electores a su permanencia en el mapa político nacional, cuando no obtuvieron la cantidad de votos necesarios para sobrevivir. Otros, han demostrado su propensión a la ilegalidad en múltiples ocasiones y de todas las maneras posibles.

Me parece inconcebible, por ejemplo, el intento de Felipe Calderón Hinojosa, de continuar abrevando del erario público, mediante la fórmula de liderar un partido político denominado México Libre. Ha demostrado su proclividad al fraude electoral desde 2006, con las consecuencias que todos padecemos; luego, en el 2018 con la candidatura de su esposa, Margarita Zavala, cuando también encontraron miles de firmas apócrifas y ahora, aun antes de conseguir el registro, ya fue sancionado con 2.7 millones de pesos por opacidad en el origen de sus recursos.

La historia del ocupante de la presidencia de 2006 a 2012 debería ser suficiente para  inhabilitarlo de inicio. Su secretario de Seguridad Pública está sometido a juicio en Estados Unidos por sus nexos con el narcotráfico. Periodistas como Carmen Aristegui, Anabel Hernández, Olga Wornat y Jesús Lemus han denunciado que fueron censurados, perseguidos y, en algunos casos, encarcelados, torturados u obligados a exiliarse, como consecuencia de sus investigaciones periodísticas durante el calderonato.

El ex director de Pemex, Emilio Lozoya, lo ha mencionado entre los responsables de la estrategia de privatización y desmantelamiento de la paraestatal, mediante el proyecto Etileno XXI desde 2003 como secretario de Energía y, luego desde la presidencia de la República, incluso facilitando créditos a Odebrecht a través de NAFINSA y el Banco Mexicano de Comercio Exterior.

¿Por qué los mexicanos tendríamos que seguir manteniendo a quien tanto daño ha hecho al país, a través del financiamiento público a su partido y, en el peor de los casos, pagándole un salario si, en mala hora, obtuviera alguna diputación plurinominal, considerando su experiencia en manipular los procesos electorales?

Otro de los partidos que pretende su registro es Redes Sociales Progresistas, cuyo dirigente visible es René Fujiwara, nieto de la ex dirigente sindical Elba Esther Gordillo, verdadera dirigente de la agrupación, como antes lo fue del Partido Nueva Alianza, con duración de 2005 al 2018, cuando se alió con el PRI y perdió su registro al no obtener la votación necesaria.

El Partido Encuentro Social, nació en 2014, perdió su registro federal en 2018 porque no logró el 3 por ciento de los sufragios, aunque lo mantuvo en algunas entidades. Hoy pretende recuperar su calidad de partido político nacional, no obstante el rechazo del electorado en los comicios anteriores.

Las otras cuatro organizaciones que buscan el registro son: México Partido Político Nacional, Fuerza Social por México, Alternativa PPN y Súmate, casi todos encabezados por antiguos panistas y priístas.

El sólo hecho de que tales personajes aspiren a constituir un partido político resulta indignante, si además tenemos que alimentar sus ambiciones con el dinero que hoy más que nunca requerimos para sobrevivir como nación, constituye una grave afrenta.

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¿Qué tan sanos estamos los mexicanos según la última encuesta nacional?

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la presentación de los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018, el más reciente y completo documento respecto al estado físico  de los mexicanos, que se elabora sexenalmente, encontramos muchos motivos de preocupación, aunque también hay una buenas noticia: fumamos menos.

La Secretaría de Salud, el Instituto Nacional de Salud Pública y el INEGI presentaron el documento que evalúa los  hábitos y las enfermedades de la población durante la pasada administración, en tanto que las estadísticas relacionan las cifras correspondientes a 2018 con las obtenidas en 2012.

De entre los datos más preocupantes encontramos los relacionados con el sobrepeso y la obesidad, que pasó del 71. 3 al 75. 2 por ciento de la población, lo cual significa 7 de cada 10 mexicanos. El problema, lejos de reducir, creció en 4 puntos porcentuales, durante un sexenio que se caracterizó por brindarles todo tipo de privilegios – incluida la exención de impuestos – a las empresas fabricantes de comida chatarra.

El exceso de peso en la población de más de 20 años  tiene mayor recurrencia entre las mujeres, al pasar del 73 al 76.8 por ciento. En tanto que en los hombres aumentó del 69.4 al 73 por ciento. El comportamiento de este problema de salud es diferente de acuerdo al género: la obesidad afecta más a las mexicanas, mientras que el sobrepeso tiene presencia acentuada entre la población masculina.

En cuanto a los adolescentes, las  entidades en las que se acumulan más casos de esos padecimientos son Veracruz, Quintana Roo, Colima, Sonora y Tabasco. A nivel nacional también se incrementaron los porcentajes de exceso de grasa corporal entre los habitantes de 12 a 19 años, especialmente entre las mujeres. En las ciudades el problema es más notorio que en las comunidades rurales.

Los niños de entre 5 y 11 años no están exentos. Las mediciones correspondientes a 2006, 2012 y 2018 evidencian que 3 de cada 10 habitantes en este rango de edad viven con sobrepeso u obesidad. En esos doce años los porcentajes crecieron del 34.8 al 35.6 por ciento. Nuevamente es en las ciudades donde esos trastornos se agudizan al alcanzar al 37.9 por ciento de los menores con sobrepeso.

Lo anterior se explica ampliamente cuando se consultan los resultados de las estadísticas correspondientes al consumo de alimentos no recomendables, donde más del 80 por ciento de los habitantes de todas las edades acostumbran la ingesta de bebidas no lácteas endulzadas; en tanto que más del 60 por ciento de los niños de 1 a 11 años están habituados a comer botanas, dulces y postres.

No es, entonces, de extrañar que el número de personas que viven con diabetes en el país haya pasado de 6 millones 400 mil  en 2012 a 8 millones 600 mil en 2018. En el documento se puntualiza que la afección asociada a la diabetes de mayor prevalencia es la visión disminuida.

Otra enfermedad presente en la encuesta es la hipertensión, cuyo crecimiento en esos seis años es todavía más alarmante: de 9 millones 300 mil a 15 millones 200 mil. El estudio enfatiza que el porcentaje incrementa en la población de más de 50 años, afectando al 26. 7  por ciento de los mexicanos de entre 70 y 79 años. Campeche, Sonora, Veracruz, Chihuahua y Coahuila son los estados con mayor número de hipertensos.

Habremos de esperar hasta el 2024 para conocer cómo incidirán en beneficio de la salud de los mexicanos medidas como el nuevo etiquetado para advertir del exceso de azúcar, sodio y calorías en los alimentos industrializados; la legislación para evitar la venta de bebidas endulzadas a los menores de edad en algunas entidades y el retiro de los privilegios a las empresas de comida chatarra por parte del gobierno federal.

Otros  rubros que incluye la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición son el consumo de alcohol y de tabaco. En cuanto al primero, las entidades con mayor ingesta entre habitantes de 10 a 19 años son Puebla, Colima, Ciudad de México, San Luis Potosí y Jalisco. Y entre los de más de 20 años Chihuahua, Zacatecas, Coahuila, Yucatán y Colima.

¡Y, por fin, la buena noticia!: Mientras en 2012 el 19.9 por ciento de los mexicanos mayores de 20 años fumaba; en el 2018 solamente lo hizo el 11.4 por ciento, prácticamente la mitad.

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Cancún, responder a la protesta ciudadana con balas

Cristina Martin Urzaiz

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Foto cortesía de Monserrat Palma de la Fundación en defensa del Menor y la Mujer- A. C

A propósito de la represión que tuvo lugar el pasado lunes por la noche en Cancún, Quintana Roo, donde elementos policiacos dispararon armas largas para dispersar una movilización que demandaba el esclarecimiento de la desaparición y asesinato de la joven Bianca Alexandrina Lorenzana Alvarado, es indispensable la investigación del caso para deslindar responsabilidades y  la aplicación de las sanciones legales a los culpables de la balacera.

Según sabemos, Alexis, como la llamaban afectuosamente, salió de su casa el sábado, no regresó. El domingo por la mañana la encontraron sin vida. Familiares y grupos de la sociedad civil, entre ellos colectivas feministas, decidieron protestar por la falta de respuesta de las autoridades ante la violencia contra las mujeres: doce feminicidios en el estado de Quintana Roo este año.

Como si fuera necesario un mayor énfasis en el problema de la violencia de género, el mismo lunes desapareció, en Chetumal, María Sherlin Icte Zul, de 15 años.

Foto cortesía de Monserrat Palma de la Fundación en defensa del Menor y la Mujer- A. C

Existen pruebas respecto a la presencia de redes de trata de personas y explotación sexual en Quintana Roo, una de las causas de desaparición y feminicidios en la zona. A pesar de toda la información al respecto, los cuerpos policiacos mantienen una actitud negligente frente a las denuncias de los familiares.

Todo ello explica el hartazgo y la desesperación de los habitantes de ese estado y de todo el país, frente a la indolencia y el desinterés de policías y políticos cuando se denuncia la desaparición de una joven o una niña. Demandarles que moderen sus protestas demuestra falta de empatía con el dolor de aquellos a quienes deberían servir y cuyo bienestar es la justificación de sus bien remunerados empleos.

El lunes por la noche, hubo movilizaciones en diversos municipios quintanarroenses; la efectuada en Cancún inició en la zona hotelera, se dirigió a la fiscalía y, posteriormente, se encaminó al palacio municipal de Benito Juárez, donde despacha la alcaldesa, postulada por Morena, Mara Lezama. Ahí se exaltaron los ánimos, hubo pintas, se rompieron algunos vidrios y se prendió fuego a unas tablas.

En ese momento, llegaron policías municipales disparando incluso armas largas, de repetición. En los vídeos se aprecia claramente el sonido de lo que conocemos como “ametralladoras” y hay fotografías que dejan constancia de uniformados accionando tales artefactos. Inicialmente se aseguró que dispararon al aire. Algunos testimonios afirman que no fue así. Según informaciones periodísticas hirieron a 8 personas, cuatro de ellos reporteros, algunos con balas y otros por golpes.

Asimismo, despojaron a los manifestantes y periodistas de equipos de grabación y celulares. Aunque los voceros oficiales aseguraron que no hubo detenidos, ya se presentaron cinco denuncias ante la fiscalía estatal, por la presunta comisión de delitos, entre los que figuran intento de homicidio, lesiones, abuso de autoridad, privación ilegal de la libertad, tortura y amenazas, en contra de quien resulte responsable.

Foto cortesía de Monserrat Palma de la Fundación en defensa del Menor y la Mujer- A. C

Vendría luego el “lavado de manos” tanto del gobernador Carlos Joaquín González (priísta de origen, aunque postulado conjuntamente por PRD y PAN) como de la presidenta municipal morenista Mara Lezama. Los titulares de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, Alberto Capella Ibarra y el de la policía municipal y tránsito de Cancún, Eduardo Santamaría, fueron separados de sus cargos, lo mismo que el secretario general del ayuntamiento, Isaac Janix.

De acuerdo con la nota de nuestra compañera reportera Lilia Balam, diversas organizaciones  y colectivas  de  la Península de Yucatán exigieron “investigar lo ocurrido y sancionar a quienes resulten responsables de las agresiones y de violar el derecho a la libertad de expresión

En la Ciudad de México el miércoles tuvieron lugar diversas movilizaciones que llegaron a la representación del gobierno de Quintana Roo para exigir justicia, un alto a la represión y el cese de los feminicidios.

Con los antecedentes de Quintana Roo y específicamente de Cancún, respecto a la trata de personas y la explotación sexual – que denunció desde hace más de una década la periodista Lydia Cacho– los intentos de culparse uno y otra  entre gobernador y la presidenta municipal y la evidente incapacidad de las policías locales, sería indispensable que la Fiscalía General de la República atrajera el caso, en el que probablemente se cometieron algunos delitos del orden federal, para lograr la verdad y la justicia.

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El Zócalo, un circo de múltiples pistas

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito del grotesco espectáculo que presenciamos en el Zócalo de la Ciudad de México desde el 23 de septiembre, cuando se instaló el campamento de un grupo cuyo nombre (Frente Nacional Anti AMLO) es tan disparatado como el performance de decenas de carpitas vacías tendidas en la plaza, donde se instalaron a merced de algunos amparos, no puedo alejar de mi mente la imagen de aquellos circos de tres pistas, cada una de ellas bajo una lona cónica y colorida.

La Plaza de la Constitución, punto central de hechos fundamentales para la historia de nuestro país está hoy convertida en el escenario de una farsa, una competencia cuyo ganador será quien lleve a cabo el mayor desatino. Cada fin de semana se escenifican contiendas entre los seguidores de los youtuberos afines al presidente de la República y los contados “frenistas” que aparecen de vez en cuando.

El Zócalo testigo de eventos fundamentales, como las concentraciones del movimiento estudiantil de 1968, con los primeros actos de represión; desgarradores como las marchas en demanda del esclarecimiento de la desaparición de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa. Punto de encuentro en eventos importantes como los actos en apoyo a la nacionalización del petróleo; la celebración del triunfo de la izquierda en la persona de Cuauhtémoc Cárdenas, la primera vez que se eligió gobernante local en la Ciudad de México, o la inolvidable marcha del 8 de marzo de este 2020, cuando el centro de la urbe se pintó de morado, en demanda de cese a la violencia de género y el respeto a los derechos de las mujeres.

También ha sido el receptáculo de la indignación: cuando el panista Vicente Fox pretendió el desafuero del entonces jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador y ríos de capitalinos abarrotaron el Zócalo para defender al gobernante o en ocasión del fraude electoral perpetrado por el mismo Fox y su sucesor Felipe Calderón, otra vez contra López Obrador, cuando el lugar común “no cabía un alfiler” adquirió sentido para mí cuando cientos de miles de voces se unieron para exigir “voto por voto, casilla por casilla”.

No todo ha sido dolor o enojo. ¡Cuántos niños se han maravillado con la iluminación navideña, durante décadas!, en un paseo obligado para las familias de clases populares y medias, ¡Cuántos otros corearon el Viva México durante la verbena de la noche del 15 de septiembre, evocando la gesta independentista!

La Plaza de la Constitución recibió al Beatle McCartney a quien decenas de miles de mexicanos vitoreaban con aquello de “Oeoeoeoe sir Paul, sir Paul,” mientras la leyenda del rock llenaba con su voz, con sus instrumentos, el espacio donde siglos atrás sonaron el teponaztli, el huéhuetl y la ocarina en el Templo Mayor. Ahí donde miles escucharon a Roger Waters cantar, tocar y advertir al entonces presidente Peña Nieto “sus políticas han fallado, escuche a su gente

Esa extensión de concreto es hoy el asiento de decenas de casitas de campamento que se elevan por los cielos cuando el viento sopla, porque nadie las habita, nadie las ocupa, pero impiden el paso del resto de los ciudadanos a un área cercada. Imposibilitan la ceremonia de izamiento de la bandera y son blanco de insultos proferidos por grupos que se dan cita para descargar su enojo por la ocupación de un espacio que se pensaba recuperado, una vez que retiraron las barreras que hicieron inaccesibles los alrededores del Palacio Nacional durante los dos sexenios anteriores.

Los molestos seguidores de “youtubers” llamaron a una movilización el 24 de octubre denominada “la marcha del millón” para manifestar su apoyo al presidente de la República, quien, por el contrario, aconsejó no asistir ante el peligro de contagios. Ganó la prudencia y a la marcha del millón solamente acudieron unas seis mil personas.

Por lo pronto, el Zócalo es una especie de circo de múltiples pistas por el que nadie puede pasar y que nadie ocupa, con una especie de autogobierno, resguardado por elementos de seguridad privada, mientras a algunos indigentes de las calles aledañas, literalmente les caen las casitas del cielo los días de viento. 

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