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Editorial

AMLO dos años después del triunfo ¿Cómo va la 4t?

Mario Alejandro Valdez

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De una manera absolutamente insospechada, en el marco de una universal pandemia, se ha cumplido el segundo aniversario del histórico triunfo presidencial de Andrés Manuel López Obrador, el líder más importante de la izquierda mexicana en el siglo XXI, y quien durante casi 20 años había luchado denodadamente por conseguir el cargo. Tras el horrible fracaso del panista Felipe Calderón Hinojosa en el sexenio 2006-2012, y la deleznable presidencia de Enrique Peña Nieto (2012-2018),  tal vez el peor presidente de toda la historia mexicana, López Obrador obtuvo un abrumador triunfo en las urnas, un triunfo que en aquel momento le fue aceptado sin la menor discusión, paseando su grandeza en el zócalo capitalino, el centro neurálgico de la Nación, en aquella larga noche del primero de julio de 2018. Desde una perspectiva simplista, empezaba un gran romance entre el pueblo elector y el gobierno elegido. Un análisis profundo, sin embargo, necesariamente debe incluir las complejidades y limitaciones de los actores políticos y, por supuesto, la terca realidad.

Partamos de una situación incontrovertible: la mayor parte de los 30 millones de personas que votaron por AMLO hace dos años no tenían la menor idea sobre sus propuestas de gobierno, y conocían muy poco de su trayectoria personal. Su voto fue, pues, absolutamente irracional, derivado del rechazo a los actores políticos y partidos que tenían a México sumido en una espantosa crisis, pero sin conocimiento sobre los planteamientos del candidato opositor. El triunfo de AMLO fue la gran catarsis de un México lastimado, pero de ninguna manera producto de una elección analítica y consciente.

AMLO señaló una y mil veces que pretendía cambiar de tajo el país. Afirmó en cada discurso que la corrupción era el origen de todos los males, y que una transformación hacia la honestidad sembraría un panorama totalmente distinto, de justicia, dignidad e igualdad. Pero la enorme mayoría de sus votantes no se cuestionaron sobre la veracidad de estos dichos, y mucho menos sobre la manera en la que esta opción podría materializarse. Votaron “en bola”, sin mucho análisis, y en contra de quienes habían gobernado el país durante los anteriores 30 años, en los que sólo habíamos visto retrocesos, injusticias y despojos.

México pasó entonces, de la noche a la mañana, de ser una dictadura caracterizada por la simulación y la corrupción, a un estado de esperanza. Aquel primero de julio, millones celebramos, precisamente, la apertura de nuestra esperanza. Después de habernos acostumbrado a vivir en el “peor de los mundos posibles”, por la vía electoral, sin violencia, estábamos llegando de golpe y porrazo a la democracia, con el triunfo de quien reivindicaba la justicia, la dignidad y la igualdad como sus mayores banderas.

Han pasado 24 meses de aquel momento, y 19 meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, lo que ha sido llamado “la cuarta transformación”. Es, por supuesto, un tiempo prudente para el balance. El tema es apasionante, e interminable. Proponemos un primer acercamiento considerando tres puntos cruciales. Veamos: AMLO diagnosticó, creemos que certeramente, que el gran problema de nuestra sociedad es la corrupción. Y planteó, sin duda, que su erradicación sería el leitmotiv de su administración. Y ciertamente se han visibilizado esfuerzos importantes en este aspecto, pero no han llegado con suficiente fuerza a la percepción pública. En este sentido, es imprescindible considerar que la mayoría de los actos gubernamentales perceptibles para el ciudadano de a pie corresponden a acciones de los niveles estatal y municipal, y NO de la instancia federal. El policía de la esquina, el funcionario de mercados o el inspector de transporte público, por ejemplo, dependen siempre de los poderes locales, y la 4T no tiene la menor influencia en su actuar. Los actos de corrupción más sensibles para la ciudadanía, aquellos que dejan más huella en la vida cotidiana, no han tenido la menor alteración en estos tiempos.

El actual presidente basó también su discurso en un gran cambio en la política de seguridad. Y, efectivamente, la violencia desencadenada por el Estado ha disminuido de manera importante, mas no así la que dimana de los grupos delincuenciales. Las cosas no han empeorado, es cierto, pero la más prudente acción de las fuerzas de seguridad pública da una idea de mayor impunidad. De cualquier modo, los índices de violencia criminal no han bajado, y ello ha sido aprovechado por tirios y troyanos para arremeter contra el gobierno. A dos años del triunfo, y a año y medio del gobierno de la transformación, no existe una mejoría en el tema.

El mundo vive, desde hace milenios, bajo el yugo del patriarcado. Este antiguo modo de vida ha evolucionado, pero conserva dos reglas fundamentales: 1. El hombre vale más que la mujer; y 2. Por el bien de la sociedad, es imprescindible controlar la sexualidad femenina. Las consecuencias sociales de estas prácticas son inmensas, y en México asumen un carácter de extrema gravedad. Nos parece que esto no fue correctamente considerado por el equipo de AMLO, y el tema no fue percibido en su debida magnitud. ¿Resultado? La violencia patriarcal se ha mantenido, y el presidente ha realizado declaraciones muy desafortunadas al respecto. Muchos grupos feministas se han pasado abiertamente a la oposición, y ello ha empeorado la situación, al arreciar las metidas de pata de AMLO al tratar de defenderse. Pero lo importante, en el fondo, es que el problema sigue sin atenderse, menoscabando el prestigio y poniendo en tela de juicio el compromiso real del gobierno por un verdadero cambio.

Como vemos, los pendientes son muchos, y los pasos para enfrentarlos han sido débiles, ambiguos, nulos, o insuficientes. Las grandes expectativas que muchos mexicanos nos hicimos hace dos años aún están lejos de alcanzarse. Lo grave, desde nuestro punto de vista, es que los reaccionarios, que pujan por el fracaso del nuevo gobierno, tienen muchos argumentos a su favor. En próxima colaboración, analizaremos los avances que ha habido, así como los apoyos con los que cuenta la actual administración, para, finalmente, presentar un balance y una perspectiva.

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Editorial

Comienza la batalla electoral por Mérida

Mario Alejandro Valdez

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La pandemia de COVID-19 continúa imparable en el mundo entero, incluyendo por supuesto México y Yucatán, pero eso no puede impedir que la vida continúe. En este sentido, a poco más de seis meses de las elecciones concurrentes del próximo 6 de junio de 2021, la batalla electoral por la ciudad de Mérida, la joya de la corona del Estado de Yucatán, ha comenzado. Si bien desde hace varias semanas se han destapado las principales candidaturas en el partido blanquiazul, que sigue siendo amplio favorito para refrendar el apoyo de los meridanos, un vigoroso pronunciamiento de varias agrupaciones políticas, algunas de ellas cercanas al gobernador Mauricio Vila, está introduciendo ruido en el proceso, de tal modo que lo que parecía bola cantada -un nuevo triunfo de Acción Nacional en la capital estatal- podría quedar en veremos.

El pronunciamiento se refiere al complejo tema de la paridad de género en materia electoral. De acuerdo con los grupos mencionados, cuyo pronunciamiento fue dado a conocer en rueda de prensa electrónica en días pasados, para garantizar la paridad en el ejercicio gubernamental se requiere que los 15 municipios más grandes del Estado sean gobernados por mujeres, es decir, que los partidos políticos que pretendan participar en la justa comicial de junio se verían obligados a presentar a mujeres como candidatas, de tal modo que, independientemente del partido que obtuviera el triunfo, una mujer encabezaría los próximos cabildos de dichos municipios, que son Kanasín, Valladolid, Tizimín, Progreso, Umán, Tekax, Ticul, Chemax, Motul, Hunucmá, Oxkutzcab, Izamal, Peto, Maxcanú y, por supuesto, Mérida.

En tiempos en los que estamos luchando por la igualdad en general en todos los ámbitos sociales, así como por la erradicación de la violencia hacia las mujeres, la iniciativa aparentemente es favorable, pero, analizando las posibles consecuencias del hecho, ¿realmente semejante acotación necesariamente se reflejará en un avance? Nuestra ciudad ya ha sido gobernada por mujeres previamente, con resultados divergentes. Precisamente por el PAN, la presidencia municipal de Mérida ha sido ocupada, en dos ocasiones, por Ana Rosa Payán Cervera, quien hasta la fecha cuenta con el respeto y la admiración de la mayoría de los meridanos; en tanto que por el PRI la alcaldía capitalina fue desempeñada, de 2010 a 2012, por Angélica Araujo, quien tuvo una actuación tan desastrosa que su partido no ha vuelto a ganar una sola elección en esta jurisdicción.

Se especula que en realidad el llamado acuerdo paritario tiene como objetivo fundamental sacar de la carrera por la candidatura al más aventajado de los contendientes: el actual alcalde Renán Barrera Concha, quien, de acuerdo con la percepción generalizada, cuenta con el apoyo de la mayoría de los panistas meridanos, así como con el respaldo de un trabajo que ha resultado satisfactorio para los ciudadanos del municipio. Renán, por supuesto, no ha realizado ninguna declaración tras la publicidad de la propuesta, toda vez que de hacerlo sería de inmediato blanco de todo género de críticas y acusado de violencia política hacia la mujer.

La posible beneficiaria de la propuesta sería la diputada Cecilia Patrón Laviada, persona muy cercana al gobernador Vila, pero que no cuenta con plena aceptación entre el panismo tradicional y mucho menos entre la ciudadanía meridana. Recuérdese que en la pasada elección de 2018, Patrón Laviada perdió sorpresivamente su distrito a manos del profesor Roger Aguilar Salazar, político de izquierda muy distinguido y apreciado, pero que, dadas las precarias condiciones de su salud-falleció justo después de confirmarse su inesperado triunfo-prácticamente se vio imposibilitado de hacer campaña. Si bien Roger era, sin lugar a dudas, un mejor candidato que Cecilia, debemos de reconocer que muchos meridanos del Tercer Distrito, desconocedores de la brillante trayectoria del veterano luchador social, en realidad votaron en contra de la panista, en buena medida por el desprestigio que acompaña a su apellido después de la pésima gestión gubernamental de su hermano Patricio.

Si el acuerdo va, y se saca de la boleta electoral al alcalde Barrera Concha, el PAN podría estar cavando su tumba en la capital del Estado y, por ende, dejando el terreno abonado para despedirse del Palacio de Gobierno en 2024. Más grave aún, perder Mérida por culpa de una candidatura impopular podría representar un desastre para el gobernador en la composición del Poder Legislativo, el cual, ante el catastrófico derrumbe que se augura al PRI, estaría quedando más que puesto para la alianza MORENA-Partido Verde. Por lo pronto, los grupos que impulsan el acuerdo paritario, entre los que destacan líderes políticos de varios partidos y distinguidas académicas de la UADY, han manejado una retórica muy vigorosa y han asegurado mediáticamente que la propuesta es un hecho. ¿Será? Lo cierto es que la batalla por Mérida ha iniciado, y los primeros golpes están siendo dirigidos contra el popular alcalde en funciones.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: La Iglesia Católica y la Revolución Mexicana (III)

Mario Alejandro Valdez

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En mayo de 1919, el arzobispo Martín Trischler y Córdova regresó a Yucatán. El retorno causó regocijo entre los católicos militantes y recelo entre los socialistas y revolucionarios en general. Como comentamos en la pasada introspección, asumió formalmente el compromiso de abstenerse de intervenir en política, pero no lo cumplió ni un segundo. Trischler llegó en una grave coyuntura, en la que se enfrentaban violentamente los miembros del Partido Liberal, vinculado a los hacendados henequeneros y que también contaba con el apoyo del presidente Carranza, y del Partido Socialista de Yucatán, liderado por Felipe Carrillo Puerto. El rompimiento de la victoriosa coalición revolucionaria de 1917 era un hecho, y Carranza había quedado en el ala derecha del proceso. Carrillo Puerto, entre tanto, se alió a la facción sonorense, que encabezaban Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

Trischler, por supuesto, apostó por los liberales, que en el otoño de aquel año de 1919 pasaron a una agresiva ofensiva con todo el apoyo del Ejército Federal. Cientos de socialistas fueron pasados por las armas, lo que incluyó el asesinato de ancianos, mujeres y niños. Oficialmente la Iglesia se limitó a guardar silencio, pero los curas de pueblo apoyaron sin restricciones a los perpetradores de los brutales crímenes, justificando su postura con el hecho de que las víctimas eran “enemigos de Dios”. Yucatán se tiñó de sangre, y Carrillo Puerto y los principales líderes se vieron obligados a huir para salvar la vida. Toda la plana mayor de los victoriosos liberales, en la que destacaban Víctor Manzanilla Montoré y Pedro Sánchez Cuevas, eran católicos destacados.

Pero en realidad la Iglesia se volvió a equivocar al tomar el partido de Carranza y el ala conservadora de la Revolución. Los sonorenses armaron una enorme alianza que incluyó a comunistas, socialistas y revolucionarios moderados, y Carranza y sus incondicionales fueron barridos estrepitosamente. En mayo de 1920, sin ningún apoyo significativo, pero negándose a renunciar, el antiguo Primer Jefe fue ejecutado en el pueblecillo de Tlaxcalantongo, y sus rivales se hicieron del poder. Carrillo Puerto y el resto de los socialistas retornaron a Yucatán al mes siguente, y volvieron a ofrecer el olivo de la paz a Trischler, quien volvió a aceptarlo hipócritamente.

Aunque Felipe tomó posesión de la gubernatura formalmente hasta febrero de 1922, lo cierto es que desde ese mes de junio de 1920 se convirtió en la autoridad en Yucatán, y comenzó a impulsar una ambiciosa agenda de transformación política, que incluía una profunda reforma agraria, la revitalización de la cultura maya, la absoluta liberación de las mujeres y la construcción de una educación de gran avanzada. Todo ello contrariaba puntualmente los intereses del arzobispo, quien participó, de modo soterrado pero inequívoco, en una agresiva campaña de golpeteo, para la que se usó de manera primordial las páginas de la Revista de Yucatán, el cotidiano de Carlos Ricardo Menéndez González.

Con particular frenesí, los católicos conservadores enfrentaron las expresiones del feminismo socialista, que eran dirigidas por Elvia, hermana menor del líder motuleño. Elvia no sólo era la cabeza del feminismo yucateco, sino una de las activistas más radicales del mundo entero. Sin ningún temor, adelantándose varias décadas a su tiempo, Elvia hizo abiertamente proselitismo por el control de la natalidad, el amor libre y la plena participación política de la mujer, tres aspectos inaceptables para el clero. Trischler instruyó entonces a Rafael de Zayas Enríquez, uno de sus hombres de paja a emprender una campaña sistemática contra estas propuestas  desde la Revista de Yucatán. Cada artículo de Elvia y de sus compañeras publicado en Tierra y en Rebeldías era contestado por un alud de tinta pergeñada por el antiguo porfirista veracruzano avecindado en Yucatán. Haciendo uso de su elegante prosa, Zayas velaba lo que en realidad eran una serie de insultos y descalificaciones contra Elvia, el feminismo, el socialismo y la Revolución Mexicana en general. Pero lo cierto es que, con lentitud pero perseverancia, el pensamiento liberador iba expandiéndose en el Estado ante la preocupada mirada de Trischler, sus sacerdotes y sus aliados.

En noviembre de 1923 comenzaron las conspiraciones para un nuevo golpe contra el socialismo. Los moderados dentro de la coalición sonorense comenzaron a moverse en oposición a Plutarco Elías Calles, el candidato de los radicales, y a quien en particular la Iglesia tenía gran temor dada su conocida obra iconoclasta como gobernador de Sonora. Trischler volvió a instruir a sus párrocos y curas en general para que apoyaran las movilizaciones opositoras y denunciaran al gobierno ateo de Felipe Carrillo. Cuando la traición se consumó y Felipe fue fusilado, el arzobispo no dijo esta boca es mía, pero en los hechos apoyó a los asesinos e impulsó la participación de connotados católicos en el gobierno usurpador, justificando así el proditorio crimen del 3 de enero de 1924, como igual hizo Carlos Ricardo Menéndez González en su célebre editorial del día siguiente.

Pero al final resultó otro error de cálculo de Trischler. Cien días después del asesinato de Felipe, la usurpación huía de cualquier modo a Centroamérica, y el Gral. obregonista Eugenio Martínez restableció a los socialistas en el poder. La Revista de Yucatán sufrió el asalto de una enardecida multitud y tuvo que cerrar para siempre, y aunque el vallisoletano José María Iturralde Traconis -quien sustituyó a Carrillo Puerto- se entrevistó personalmente con el prelado yucateco para garantizarle el libre ejercicio del culto católico, Plutarco Elías Calles llegó a la presidencia de la república en diciembre de 1924 con toda la determinación de recordarle a la Iglesia que los pecados contra el poder se pagan en la Tierra y con altos intereses.

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LA VISIÓN DE CARONTE

¿Cuál rumbo siguen?

Miguel II Hernández Madero

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Fotos: Informe Fracto

No dependemos de la inmensidad del mundo; la inmensidad del mundo depende de nosotros. Arthur Schopenhauer

Las condiciones en Yucatán requieren acciones para atender a quienes por alguna u otra razón están en vulnerabilidad, desventaja o presentan problemas para satisfacer las necesidades básicas como miembros de una sociedad. Pero esto parece no ser prioridad para quienes están al frente de la Administración Pública, ni para los Legisladores.

La contingencia sanitaria no es la raíz del problema, al menos no en la sociedad mexicana. Simplemente vino a complicar las cosas, en un país con desempleo, cierre de programas sociales, violencia, y falta de rumbo político. Pero se debe reconocer algo…, el COVID-19 dio la excusa perfecta para justificar acciones impopulares.

Sumémosle los fenómenos naturales, que azotan regiones sin posibilidad de apoyo de autoridad alguna, pero eso sí, brindando la oportunidad perfecta de pasarela para los aspirantes a la próxima contienda electoral.

Desde fuera se puede hablar del tema con cierto aire de frialdad, pero la realidad rebasa expectativas, con situaciones complejas que surgen cada día y para afrontarlas es necesaria la participación de todos los sectores e instancias involucradas.

Lo queramos o no, el tema nos atañe a todos. Ningún individuo vive totalmente aislado  y tarde o temprano la misma sociedad reclama a sus integrantes la inacción o el rechazo. Las autoridades, de todos los niveles, deben entender que no basta hablar de lo que ocurre, sino que es necesario abordar la situación desde diversos campos, con la visión de distintas especialidades para desentrañarla y entenderla en su complejidad.

 Foto: Informe Fracto

Muchas veces se asocia el apoyo social con la filantropía o la caridad, pero en realidad debemos asumirla en la justa dimensión como función obligatoria y moral, contemplada en el espíritu de las leyes para un mejor funcionamiento de la sociedad.

Recordemos que la sociedad está integrada por personas, por seres humanos con los mismos derechos desde el nacimiento y atender a quienes forman parte de la población vulnerable es simplemente asumir la responsabilidad y cumplirla en beneficio de todos.

Día a día hay acciones enfocadas a  atender a quienes menos tienen, pero muchas veces se hacen siguiendo las costumbres, por inercia o a golpe de buena voluntad. Eso no es suficiente. La buena voluntad no basta si se realizan acciones dispersas o sin la debida preparación. Es necesario clarificar cómo se deben realizar esas acciones, establecer protocolos y certificar que quienes emprenden ese compromiso social, tengan la debida preparación para ser competentes, eficientes y eficaces.

El recorrer las zonas afectadas sin tener propuestas de solución, viables, sólo es promover la imagen, pero eso no está funcionando. Recordemos que hasta principios de año era común ver que publicaran encuestas con resultados alegres, pero la realidad está desnudando la mascarada.

La sociedad no es estática y sí avanza a un ritmo vertiginoso. Pretender  aplicar acciones surgidas en el pasado es condenarse al rezago sin poder dar respuestas a las demandas de los grupos en situación vulnerable. Es primordial responder adecuadamente y cumplirle a la sociedad. Ojalá que la simulación termine, que los ciudadanos tomen conciencia de que en sus manos tienen el poder del cambio. Yucatán, y México en general, merece algo mucho mejor que la simple simulación.

Hasta la próxima…

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