Editorial
Combate a la corrupción: castigar a la mafia y transformar el poder
Publicado
hace 6 añosen
Es innegable que el combate contra la corrupción, siendo la principal bandera de batalla de Andrés Manuel López Obrador, fue uno de los elementos que posibilitó en gran medida su holgada victoria electoral en 2018. Desde que su imagen comenzó a proyectarse a nivel nacional en el largo preámbulo de las elecciones presidenciales de 2006, López Obrador hizo suyo el rumor popular que atribuye los históricos problemas del país a la opacidad con la que se manejan los recursos y las decisiones en las esferas gubernamentales. El concepto de La Mafia del Poder, acuñado por él desde aquellos años, aludió -directa e indirectamente- a una serie de hechos y personajes a quienes muy pocos se habían atrevido a señalar públicamente.
Hasta el miércoles pasado, el del combate a la corrupción fue un tema que seguramente tenia de buen humor al titular del ejecutivo. Los largos y explícitos testimonios de Emilio Lozoya -sumados al proceso que enfrenta García Luna en EE UU- pueden ya considerarse como el corolario probatorio de los dichos que lo han caracterizado por más de una década, lo cual supone también un importante impulso a la legitimidad de sus acciones.
El jueves por la tarde-a partir de los hechos que son ya de público conocimiento-uno supondría que al presidente le cambió la cara. La aparición del video que muestra hermano del presidente recibiendo dinero de un operador del exgobernador de Chiapas, además de un revés mediático, supone tres importantes premisas a las que tendría que atender con urgencia López Obrador. La primera, que es imposible adjudicarle un matiz moral a las malas prácticas ejercidas desde las instituciones. La segunda, que nadie -sin importar color político- está exento de participar de estas acciones. Y, la tercera, que castigar a los corruptos no es en sí, la principal tarea para acabar con la corrupción. Esta última, cobra particular relevancia cuando se está a la cabeza de la administración del Estado.
El discurso y las consecuentes decisiones tomadas por el presidente y su partido, parecieran asumir que la corrupción es una dinámica estrictamente de carácter moral, desentendiéndose del abordaje de este fenómeno como un problema sistémico de las instituciones del país. En consecuencia, los grandes hitos contra la corrupción del actual gobierno, se han caracterizado principalmente por un espíritu más punitivo que preventivo. Esto, puede afirmarse no sólo pensando en el esfuerzo mediático que desde el gobierno se ha emprendido para exhibir a las y los corruptos de sexenios anteriores, sino también en el hecho de que las recientes modificaciones jurídicas en la materia, se orientan más hacia el castigo. La aplicación de la extinción de dominio y la ampliación de la prisión preventiva, ambas para casos de corrupción, son las más emblemáticas.
Considerando que el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) y la transición hacia la autonomía de la Fiscalía General de la Republica comenzaron en el sexenio anterior, se podría decir que la presente administración ha mostrado cierta timidez en la urgentísima tarea de reestructurar a fondo las leyes e instituciones que fiscalizan los recursos y las tareas del servicio público.
Inicialmente, se hace necesario dotar de autonomía a la Secretaría de la Función Pública, cuya ambivalencia como juez y parte de la administración federal resulta un sinsentido para su tarea contralora. Tan cuestionable fue en su momento el rol de Virgilio Martínez, nombrado por Peña Nieto para investigar a Peña Nieto (¡!), como lo es ahora el de Irma Eréndira Sandoval confrontándose públicamente con los detractores del presidente.
Adicionalmente, se requiere garantizar que el SNA cuente con los recursos suficientes para el desempeño de sus funciones. El piso mínimo de estos debe estar garantizados por ley y no sometido a la voluntad del ejecutivo. Esto, porque la actual administración federal ha encontrado en la asignación presupuestal a las instancias autónomas, una dinámica coercitiva para mantenerlas bajo su influencia. Un compromiso real contra a la corrupción requiere de la ruptura de cualquier relación que pudiese ser análoga al sometimiento -político o presupuestal- del SNA al gobierno.
Otra de las medidas urgentes en el combate integral a la corrupción, es la de limitar el papel que el empresariado juega en la esfera política, imposibilitándolo efectivamente para participar en la toma de decisiones administrativas. Si bien su rol consultivo se hace necesario en el diseño de la política publica del país, resulta por momentos preocupante la ambivalente opacidad que caracteriza a la relación que López Obrador tiene con el puñado de empresarios que le son cercanos. El conflicto de interés, sea este virtual o real, no tendría por que tener cabida en la administración pública.
En paralelo, los poderes judicial y legislativo necesitan idealmente de un sistema de contraloría externo y con la suficiente autonomía jurídica para garantizar la eficacia y eficiencia en la observancia y sanción del desempeño de sus integrantes. Mientras tanto, particularmente a la luz de las revelaciones de Lozoya, el Instituto Nacional Electoral requerirá de una cirugía mayor para dejar atrás su característica torpeza y lentitud al fiscalizar y castigar la corrupción en el ámbito electoral.
A sabiendas de la pragmática testarudez política del presidente, no es descabellado imaginar un escenario en el que su hermano, su colaborador y quienes resulten responsables de los hechos graficados en el ya celebré video, sean sancionados. En un calculo político, este hecho podría incluso fortalecer la narrativa anticorrupción de López Obrador, si decide poner en práctica -ahora al interior de su partido- su característico discurso de tolerancia cero. No obstante, la mera suma de castigos y culpables no transformará el sistema político-administrativo mexicano que -hoy en día- es la antonomasia misma de la corrupción. Para hacerlo, se requieren transformaciones estructurales en la concepción y la praxis del servicio público y el robustecimiento institucional de las instancias fiscalizadoras del mismo, el cual implica necesariamente el camino de la autonomía.
Para acabar con la corrupción no basta con castigar a la mafia. Hay que transformar el funcionamiento mismo del poder.
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Hace justo dos años y un poco más, recibí atenta llamada del entrañable amigo Carlos Bojórquez Urzaiz para invitarme a colaborar en Informe Fracto, un proyecto editorial digital que coordinaba desde hacía algunos meses. Inmerso en el trabajo cotidiano y las mil vicisitudes que conforman nuestro día a día en estos tiempos, no había reparado en esta nueva apuesta mediática. Acepté gustoso la invitación, y, antes de elaborar aquella mi primera colaboración, me permití recorrer virtualmente la propuesta, que me sorprendió gratamente por su frescura, profundidad, diversidad y calidad.
Desde aquel día y hasta hoy, escribir para Informe Fracto se convirtió en un muy grato hábito, que me conducía a la reflexión sobre algún problema o situación de nuestra dinámica realidad. Siendo la discusión histórica una de sus muchas vertientes, acordé con Carlos, desde inicios de 2020, abrir un espacio en este ámbito, proponiendo cada semana un tópico historiográfico de interés, mostrando una perspectiva distinta, una óptica novedosa en pasajes diversos de nuestro devenir. De esta manera, mi relación con Informe Fracto -dos colaboraciones semanales- se volvió un ejercicio habitual, un compromiso y un auténtico deleite para las neuronas.
Conforme el proyecto se desarrollaba, durante 2020 y el actual 2021, lo percibíamos cada vez más fuerte, cada vez más influyente y cada vez más diverso… Muchas voces se fueron sumando, convirtiendo a nuestro medio en un auténtico caleidoscopio de la sociedad yucateca y peninsular, con constantes y enriquecedoras incursiones en el paisaje nacional, el mundo caribeño y la realidad de Nuestra América. NO hubo tema tabú ni una postura única sobre los muchísimos aspectos de la realidad que en este espacio fueron analizados… Informe Fracto se convirtió rápidamente en uno de los mayores y mejores escaparates de nuestro clima social…
Esta impronta llegó, además, en una coyuntura muy especial: el advenimiento al gobierno yucateco de Mauricio Vila se caracterizó, sorprendentemente, en una importante mutación en el actuar de la prensa escrita… tarea para el futuro será analizar a fondo esta situación. Pero lo cierto es que desde fines de 2018 y hasta la actualidad, los medios escritos, y un porcentaje significativo de los electrónicos, han mantenido una actuación más bien complaciente con el Ejecutivo estatal que -se afirma entre bambalinas- dicta agendas, veta temas y matiza editoriales. El arribo de Informe Fracto sin duda quebró esa realidad, y este espacio se convirtió en el más libre, crítico y analítico de la región.
En muy poco tiempo, Informe Fracto se consolidó como líder entre los medios electrónicos, incrementando semana con semana su influencia, y enriqueciéndose a cada paso con nuevas voces, nuevos enfoques, nuevas perspectivas, con ópticas diferentes, muchas de ellas que encontraron en él cauce a su expresión y a su visión de la realidad. El largo camino recorrido en estos pocos meses seguramente llena de orgullo a sus impulsores, al gran amigo Carlos y, por supuesto, a todas y todos quienes aportamos para este exponencial crecimiento en un tiempo sorprendentemente breve.
Hoy hace Informe Fracto un alto en su camino. Confiamos en que esta pausa -que esperamos breve- de paso a un nuevo andar más vigoroso aún. Los tiempos del porvenir demandan estas presencias, estas propuestas, estos debates, estas reflexiones… De cualquier modo, la senda queda, la convocatoria permanece abierta y la respuesta obtenida es, sin duda, acicate para el quehacer. Ante la apuesta conservadora por un pensamiento único y una visión neoliberal, el humanismo progresista respondió con fortaleza. Nuestro compromiso, en el marco de esta pausa, es mantener vigorosa la respuesta y contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.
A propósito de…
Se cierra un ciclo en Informe Fracto, otros se abrirán
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 30, 2021
A propósito de los cierres de ciclo, hoy se publica esta columna por última vez en Informe Fracto, luego de más de dos años y medio en que nos hemos encontrado cada semana. Mi primer sentimiento es de tristeza por tener que dejar un espacio en el que pude escribir con total libertad y me dio la oportunidad de llegar a tantos lectores.
De inmediato, viene la necesidad de agradecer. El agradecimiento a Carlos Bojórquez Urzaiz quien me abrió esta oportunidad. Me dijo: “a tus textos no se les va a cambiar ni una coma” y cumplió ese compromiso a carta cabal. También debo dar las gracias, a Lilia Balam y Rocío Valencia cuya información muchas veces me dio la pauta para elegir el tema, así como a todo el equipo de Informe Fracto. A todos los colaboradores, cuyos escritos enriquecieron mis puntos de vista y contribuyeron a afinar el enfoque.
Pero, principalmente, quiero darle las gracias a cada uno de los lectores, que ocasional o constantemente prestaron atención a mis palabras. Coincidimos en tiempos inimaginables: ¿quién iba a decir que viviríamos la experiencia de encerrarnos en nuestras casas, a piedra y lodo, ante el temor del contagio de un virus desconocido que nos regresaría a la Edad Media?, ¿Quién hubiera previsto que el cubrebocas se convertiría en parte indispensable-casi la más importante-de nuestra indumentaria cotidiana?, ¿Quién que se formarían filas de cientos de personas para recibir el antídoto inyectado?
Esta es una época fecunda en cambios y noticias. Informe Fracto ha consignado con ética, con compromiso social, con honestidad: el movimiento de las mujeres que se han hecho escuchar como nunca en este país y le han arrancado al poder reivindicaciones fundamentales, el reconocimiento del derecho humano del matrimonio igualitario prácticamente en todo el territorio, la visibilización, con respeto, sin condescendencia de las personas con discapacidad como parte imprescindible de una sociedad que se pretende incluyente.
Informe Fracto ha estado siempre atento para darle voz a esas luchas, pero también para denunciar abusos policiales, actos de injusticia, violencia contra las mujeres, hechos de discriminación. Y mantuvo la mira. Siguió los casos, acompañó a las víctimas con un muy claro compromiso social, para prevenir, en la medida de lo posible, la impunidad y el olvido.
A esa visión quise sumarme en todo momento con la mínima contribución de un texto semanal, en el que, lamentablemente, fue escaseando el humor de las primeras fechas, dada la gravedad de muchos de los temas indispensables de abordar.
Para celebrar la libertad que se me ofreció me atreví a escribir de movimientos sociales, de política, de arte, de literatura y de cine. También aproveché para compartir algunas reflexiones y experiencias personales, como mi devenir en este mundo pandémico. Tuve algunas conversaciones con artistas extraordinarias.
Siempre encontré la recepción afectuosa y la aquiescencia de mi querido Carlos Bojórquez Urzaiz y la seguridad de que en algún lugar, en algún momento, A propósito de… hallaría a un lector que le permitiera cumplir con su vocación de encontrarse con otra mente, con otra inteligencia.
A todos muchas gracias y espero que podamos encontrarnos otra vez.
La política en Yucatán
Introspección histórica: en busca de los orígenes locales de la Revolución Mexicana (XV)
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 29, 2021
El lunes 6 de noviembre de 1911, Francisco Madero y José María Pino Suárez juraron ante el Congreso de la Unión como Presidente y Vicepresidente Constitucionales de los Estados Unidos Mexicanos para concluir el período 1910-1916, que había iniciado como Jefe del Ejecutivo el Gral. Porfirio Díaz. Ello significaba, de jure, la aceptación de la legalidad de la elección de Díaz y, paradójicamente, colocaba fuera de la ley al propio Madero y su convocatoria del 20 de noviembre. El conservador periódico El Imparcial leyó a la perfección los acontecimientos, y así lo editorializó al día siguiente de la ceremonia:
“La Revolución deja desde ahora de ser una palabra de significación actual en la vida política de la República Mexicana. LA REVOLUCIÓN NO EXISTE YA, [el resalte en mayúsculas es nuestro] acaba de morir, acaba de extinguirse, acaba de transformarse en el gobierno constituido, y de dejar, por lo mismo, inquietudes, para entrar, consciente de sus deberes, y con la serenidad necesaria en su nueva y alta función: la de encaminar honrosa y decorosamente al país hacia un constante y definido progreso”.
El tema había sido furiosamente discutido en las negociaciones de Ciudad Juárez. Carranza y Pino Suárez encabezaron a quienes se negaban a transigir y urgían el pleno reconocimiento del Plan de San Luis; pero Francisco Madero, a través de sus familiares, logró que prevaleciera la idea de mantener el orden constitucional, aceptar la renuncia de Díaz como si hubiera sido un asunto de salud y no consecuencia de una Revolución, y permitir la vigencia de las estructuras del Antiguo Régimen. En ese contexto, uno de los Jefes más importante del Ejército Federal fue el Gral. Victoriano Huerta, sanguinario perseguidor de los mayas de la Guerra de Castas a fines del siglo XIX y principios del XX, y feroz represor de lo que los porfiristas y la gente de bien llamaban las hordas zapatistas.
Durante los quince meses del gobierno maderista, Francisco Madero fue el perene optimista, que siempre veía el lado bueno de las cosas y jamás las amenazas; en tanto que José Maria Pino Suárez fue el puntilloso analista que advertía los peligros que se cernían sobre la nueva administración. Madero era el atrevido, Pino el cauto; Madero el arrojado, Pino el prudente… Al final, como casi siempre, prevalecía la opinión de la máxima autoridad, y así pronto se materializaron las palabras que en Ciudad Juárez pronunció Carranza: “Revolución que transa es Revolución perdida”.
El gobierno de Francisco Madero terminó estrepitosa y trágicamente… El 9 de febrero de 1913, una importante sección del Ejército Federal se sublevó en su contra. Los leales obtuvieron victorias importantes, pero la fatalidad intervino, encarnándose en el Gral. Huerta, quien por herida del Gral. Lauro Villar, quedó accidentalmente al mando de la Ciudad de México. Pronto el llamado chacal consumó la traición, y tanto el Presidente como el Vicepresidente fueron tomados prisioneros. Aún en esas condiciones, Madero continuó haciendo alarde de optimismo, incapaz de reconocer la gravedad de la situación. Angustiado y sin esperanzas, Pino Suárez le escribió a su amigo Serapio Rendón Alcocer la mañana del viernes 21:
“Dispensa que te escriba con lápiz, pero no he logrado que nuestros carceleros me proporcionen una pluma. Como sabes, hemos sido obligados a renunciar a nuestros respectivos cargos de Presidente y Vicepresidente de la República, pero no por eso están a salvo nuestras vidas. Creo que peligran aún más que antes. Nunca estuve de acuerdo en esas renuncias precipitadas, pero el Presidente insistió”.
Sin faltar a la lealtad al entrañable amigo y Jefe, Pino Suárez hizo constar a Rendón, entonces diputado, la ingenua actitud de Madero, y las previsibles consecuencias de la misma:
“… yo no soy tan optimista como el Presidente Madero respecto a que Huerta cumplirá su palabra de respetar nuestras vidas. ¿Por qué ese afán de confiar en alguien como Huerta? Temo lo peor, y en caso de que suceda, te ruego que hables con María, mi esposa, sobre las circunstancias trágicas de mi muerte”.
En la epístola que terminó siendo su testamento sentimental, el poeta romántico se condolió, ante su martirio, de la difícil coyuntura en la que quedaría su compañera de vida:
“La pobre quedará sola, con apenas unos cuantos pesos ahorrados, y seis hijos a los cuales criar y educar”.
Emocionado seguramente hasta las lágrimas, Pino Suárez cerró su carta con una frase lapidaria:
“… la política me endilgó un sueño que en realidad era una pesadilla”.
Unas cuantas horas después, durante la noche del sábado 22, Madero y Pino Suárez fueron ignominiosamente ejecutados a escasos metros de la Penitenciaria de Lecumberri… Serapio Rendón entregaría la emotiva correspondencia a doña María Cámara Vales, esposa de José María, y, a la vuelta de unas cuantas semanas, él mismo sería asesinado en esa horrible danza de sangre en la que se convirtió la feroz dictadura de Victoriano Huerta. Así terminó aquel hermoso proyecto revolucionario, aunque luego otros hombres y mujeres de Yucatán y de toda la Nación lo impulsaron a mejores puertos… Dieciocho meses después de los asesinatos, el revolucionario progreseño Lino Muñoz Nogueira tomaría a sangre y fuego el Puerto de Progreso, ejecutaría al Jefe Político huertista y se acercaría a la residencia de la viuda del poeta en homenaje a su martirio. Luego vendrían los tiempos de Alvarado y Carrillo Puerto, pero esos son otros temas…
Con esta introspección, la número 90 publicada de manera ininterrumpida en Informe Fracto, culminamos la primera etapa de este feliz esfuerzo. Hemos repasado, durante estos casi dos años, muchísimos episodios y procesos de la historia de nuestro querido Yucatán… muchos más se quedan en el tintero, seguramente en próximos tiempos podremos compartirlos con ustedes. Aprovecho las últimas líneas de esta final introspección -repito, final de esta primera etapa- para agradecer al gran amigo Carlos Bojórquez Urzaiz, hermano de luchas ideológicas y pesquisas históricas, por su invitación para incluir un espacio de reflexión historiográfica semanal. ¡Hasta siempre!
