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El pasado nos alcanzó

Dos luchadores contra el VIH/Sida

Ricardo Maldonado Arroyo-

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El 1 de diciembre es el Día Mundial de la Lucha contra el VIH/Sida, ocasión para evaluar la articulación de acciones desarrolladas en el orden global, nacional y local dirigidas a frenar una epidemia que no deja de crecer. Al cierre de junio de 2019, existían 207, 369 casos notificados de VIH/Sida en México. Baste este dato para ponderar la dimensión del problema, pues esta vez, en lugar de analizar las políticas públicas en la materia, quiero dedicar las siguientes líneas a hacer un breve homenaje a dos activistas que contribuyeron tempranamente a la visibilización de la discriminación por VIH/Sida, legándonos un camino abierto hacia la organización de la sociedad civil y la defensa de los derechos humanos. Ambos fallecieron en la presente década, cuyos días están por agotarse.

En 2011 se dio a conocer el deceso de Arturo Díaz Betancourt. Su trayectoria inició al abandonar el seminario de los carmelitas, en una época en la que la corriente de la teología de la liberación inspiraba a acompañar las causas de grupos históricamente vulnerados, como la población homosexual. En 1984 fundó Cálamo, considerada la primera asociación mexicana abiertamente gay, a la que acudieron, inicialmente, hombres homosexuales pero, con la detección de los primeros casos de VIH/Sida, comenzó a atender a personas diagnosticadas con el virus. Arturo Díaz fue uno de los impulsores de la creación de la organización Mexicanos contra el Sida (1990), el suplemento periodístico Letra S (1994), la Comisión Ciudadana contra Crímenes de Odio por Homofobia (1998) y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (2003). El amplio conocimiento de Arturo Díaz, junto con una actitud firme, pero negociadora, lo convirtieron en protagonista del diálogo con las instituciones gubernamentales y entre organizaciones de la sociedad civil, incluso, en reuniones internacionales.

Otro protagonista de la lucha contra el VIH/Sida fue el escritor potosino Luis González Alba, cuya intensa vida está asociada a las letras, la ciencia y el activismo. Fue uno de los líderes del movimiento de 1968, razón por la que estuvo dos años preso en Lecumberri, donde plasmó su versión de los hechos en la obra Los días y los años. Líder igual de las primeras movilizaciones de los colectivos de la diversidad sexual, junto con figuras como Nancy Cárdenas y Carlos Monsiváis. A principios de la epidemia, en la década de los ochenta, González de Alba fundó la cantina El Vaquero y la discoteca El Taller, que, aparte de ser espacios lúdicos dirigidos a la población LGBTI, sirvieron para proporcionar información respecto a sexualidad y VIH/Sida. Las ganancias de ambos establecimientos le permitieron financiar la Fundación Mexicana de Lucha contra el Sida, creada en 1987. González de Alba se suicidó en 2016, simbólicamente, un 2 de octubre.

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Recordar el trabajo y la entrega de ambos luchadores sociales es, además de un tributo para construir y fortalecer la memoria histórica, una síntesis de los logros de la sociedad organizada en contra del estigma y la discriminación. A casi cuarenta años de los primeros casos identificados de Sida, es importante caer en la cuenta de que han sido años difíciles, que han representado un desgaste personal y social para las personas con VIH/Sida, así como para sus familiares, amistades y aliados, que, afortunadamente, ahora son más. Por eso no es posible cejar en este esfuerzo, porque las políticas públicas no han sido, no son ni serán dádivas del gobierno, son fruto de la lucha de ciudadanas y ciudadanos organizados. ¿Cómo pintan las políticas actuales en salud, particularmente, en la prevención y atención del VIH/Sida? La respuesta amerita una nota adicional, pero puedo resumir que los desafíos continúan. La memoria de quienes dedicaron su vida para detener el estigma y la discriminación, es una lección de que los cambios en nuestro país son impulsados por el espíritu combativo de la sociedad civil.

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El pasado nos alcanzó

Iconoclastas contra Zapata en tacones

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Un broncíneo Emiliano Zapata en pose seductora, vistiendo apenas sombrero charro rosa y tacones negros, mientras cabalga portentoso corcel blanco, ha desatado uno de los pasajes más surrealistas de este año. La Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas bloqueó el día de ayer, 10 de diciembre, las puertas del Palacio de Bellas Artes donde se expone la obra descrita, que lleva por título “La Revolución”, exigiendo retirarla en un plazo no mayor de 48 horas o, de lo contrario, amenazan con destruirla. Previamente, Jorge Zapata, nieto del caudillo, anunció públicamente su intención de interponer una denuncia por considerar que la imagen es “denigrante”. Las autoridades de cultura están mediando y llamando a la mesura, pero el grupo campesino parece no ceder. Es una estampa digna de película de Luis Estrada.

Antes de encender los ánimos, quienes protestan deberían considerar al menos tres aspectos. Primero, es ofensivo que, en pleno siglo XXI, la representación feminizada de un personaje histórico se considere denigrante. ¿Por qué espantarse de hombres representados con rasgos masculinos y femeninos (lo cual varía según la sociedad)? Pensar que lo femenino “denigra” y los masculino es una virtud, saca a flote el machismo más profundo. Por ejemplo, el coraje y la gallardía de las soldaderas no motiva polémica. Emiliano Zapata ha sido hipermasculinizado en incontables ocasiones, le han atribuido muchas conquistas, sean verdaderas o falsas, se le ha caricaturizado (no es un secreto que sirvió de inspiración para dibujar a Speedy González), pero parece que la mayor afrenta es homoerotizarlo. Muchas mujeres, sí, muchas pistolas, también, tacones, no.

Segundo, el arte es un proceso creativo que implica libertad. El arte no pretende ajustarse a los parámetros morales de alguien, sino generar una experiencia estética a través de diversos elementos. Esta libertad abarca la crítica social y la reformulación de nuestro pasado. La exposición Emiliano. Zapata después de Zapata, donde se puede visitar el polémico cuadro, incluye otros tantos de diverso formato y contenido, pero el único que parece disgustar es donde calza tacones. Se puede inferir que su autor, Fabián Cháirez, desea provocar al espectador, remover las fibras más sensibles de nuestros imaginarios de género, por tanto, cumplió su propósito. Y está muy bien si no gusta, el espectador puede continuar su camino. El arte es una alternativa, no una obligación. Esta pintura en particular tampoco es una incitación al odio ni al exterminio de algún grupo (como sí lo han sido otras), si se razona con detenimiento, puede ser hasta un lindo afiche revolucionario. No existe razón alguna para censurarla o destruirla. En lugar de hablar sobre qué tan femenino luce Zapata, deberíamos debatir la calidad pictórica de la imagen y si es digna o no de nuestra atención.

Tercero, es necesario reconocer que cada sector de la sociedad mexicana se ha apropiado de la historia y la ha reinterpretado. Nuestra historia nacional se asentó sobre mitos y personajes históricos a quienes se atribuyó un dechado de virtudes. Con la crítica al nacionalismo, resaltó el vacío histórico donde deberían estar representados mujeres y colectivos de la diversidad sexual. Nuestra historia se ha construido con hombres, todos supuestamente heterosexuales. Más allá de la dificultad de documentar las prácticas sexuales de un personaje del pasado, ha surgido la necesidad de reivindicar la disidencia sexual, que también es revolucionaria. Ese es uno de los mensajes que puedo inferir del cuadro de Cháirez. En esta tónica, colectivos de la diversidad sexual se han apropiado de las figuras de Emiliano Zapata y Maximiliano de Habsburgo, de las letras de Sor Juan Inés de la Cruz y Salvador Novo. No se trata de revelar verdades o falsedades históricas, sino del valor de hacer partícipes de la historia a quienes antes parecían no existir.

¿Qué ofende a quienes protestan? ¿El cuestionamiento a la historia o a la masculinidad hegemónica? Nadie se ofende por los hijos de los curas Miguel Hidalgo y José María Morelos, porque es una transgresión religiosa, no a su “hombría”. Pero a la luz de la diversidad sexual, qué mas da si el sombrero de Zapata es negro o rosa, o si usa tacones. Emiliano Zapata, no el abuelo ni el padre, sino el personaje histórico, pertenece a la historia nacional que hoy se reinterpreta en el arte. Y así como nos ha ayudado a comprender la opresión de los campesinos, hoy nos ayuda a comprender la opresión derivada del machismo. Esperemos que la Secretaría de Cultura actúe conforme a la libertad de leer, representar y apropiarnos de nuestra historia.

Post scriptum: Agradecemos a la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, pues con su intento de censurar el cuadro de Zapata han logrado el efecto contrario: ahora todo el país lo ha visto.

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El feminismo como enemigo público

Ricardo Maldonado Arroyo-

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El pasado 25 de noviembre hubo una marcha silenciosa en Mérida para exigir la erradicación de la violencia contra las mujeres. Antes de iniciar, la policía estatal detuvo a 6 jóvenes por llevar consigo pinturas de aerosol y tijeras, las maltrataron y lesionaron. Esto despertó fuerte polémica porque organizaciones de la sociedad civil denunciaron que la policía realizó detenciones arbitrarias, mientras que otro sector de la población justificó la medida. Los argumentos variaron, desde quien aplaudió el uso de la fuerza pública como medida “preventiva”, hasta quienes invitaban abiertamente a agredir a las manifestantes (irónico, además, por el motivo de la protesta). Cabe mencionar que las detenciones se dieron en el marco de un operativo policiaco de proporciones inusitadas.

¿Pero cuál era el objetivo de dicho operativo? A decir de personas que opinaron en redes sociales, se estaba protegiendo el patrimonio. Y es aquí donde me embargó el asombro. El 25 de noviembre por la noche no se dañó un solo monumento, negocio o vivienda, ni siquiera las bancas públicas o la jardinería. Las mujeres en Mérida protestaron fuertemente vigiladas. Algunas que han vivido episodios de abuso por parte de policías, tuvieron que dominar la zozobra. Al finalizar la manifestación la ciudad estaba impoluta, pero en la mente de muchas personas no estaba esa marcha, estaba la pintura verde con que cubrieron el Monumento a la Madre durante la protesta de septiembre de este mismo año. A pesar de que la manifestación del 25 de noviembre en Mérida fue claramente distinta a la de la Ciudad de México, el linchamiento mediático fue el mismo. Si no hubo daños al patrimonio, ¿por qué la insistencia en apuntar con el dedo a las manifestantes?

Con esto se confirma el poderoso efecto del discurso promovido en años recientes, que ha reducido el movimiento feminista de Yucatán a un episodio irrelevante, creando una imagen distorsionada de las mujeres feministas como peligrosas e irracionales. Sin importar cuántos argumentos fundamentan la protesta, todos se desestiman recordando el Monumento a la Madre, como una especie de afrenta imperdonable que amerita repudio perpetuo y justifica el uso desproporcionado de la fuerza pública. La campaña para desprestigiar el movimiento ha suprimido décadas de lucha de las mujeres y sus múltiples formas de protesta.

En todos estos años el debate público ha prestado escasa atención a la acción colectiva por los derechos de las mujeres. Afortunadamente, hay personas que asocian el feminismo en Yucatán con mujeres que llevan más de dos décadas realizando manifestaciones año con año en el centro de Mérida, incluso, han participado o presenciado algunas de ellas. También conocen las estrategias empleadas, sus principales demandas y los cambios legislativos logrados con el cabildeo de las organizaciones feministas. Saben de casos emblemáticos de violencia por los que han exigido justicia y cuál ha sido la respuesta del gobierno, muchas veces indolente. Es decir, conocen a cabalidad los objetivos, estrategias y logros del movimiento feminista en Yucatán. ¿Usted también los conoce?

Entre tanto, medios de dudosa reputación presentan el feminismo como una amenaza para los bienes públicos y privados, desvíando la atención de todas las violencias que viven las mujeres, incluyendo la saña con que varias han sido asesinadas. Contribuyen a la criminalización de la protesta cuando magnifican el potencial destructivo de un aerosol, o a su ridiculización, como en días recientes, cuando las mujeres entonaron la canción “Un violador en tu camino”. El discurso contrafeminista caricaturiza a las mujeres feministas, las denigra, hace énfasis en su aspecto para descalificarlas a priori. Pero la realidad es esta: nadie ha sufrido lesiones en Yucatán por un ataque con aerosol. En cambio, hasta octubre de 2019 ya se habían acumulado 224 casos contra la libertad y seguridad sexual en el estado. Calcule los casos no denunciados. El feminismo incomoda porque cuestiona nuestros valores y comportamientos, pero no es nuestro enemigo, el enemigo es la complicidad social que favorece la impunidad de los agresores, legitima la violencia y la represión. No nos dejemos cegar con un poco de pintura.

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El poder unipersonal

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Lo que a continuación expresaré suele despertar más recelo, que simpatía. Sin embargo, le invito a brindarme el beneficio de la duda y leer hasta el final. Justo en el momento más polémico de las acciones del Estado mexicano respecto a la crisis de Bolivia, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum tuvo el desatino de recriminar mediante twitter a quienes se oponen al asilo político del ex presidente Evo Morales, alegando que los mismos no critican Angela Merkel por el tiempo que ha ocupado la cancillería de Alemania. Merkel asumió el cargo en 2005, Morales, al año siguiente. En lo personal, considero que la observación de Sheinbaum es valiosa, aunque desatinada, porque no quiero imaginar cuán embarazoso le resultaría saludar a la canciller de Alemania si visitara la capital del país.

Muchas de las respuestas al polémico twitter fueron viscerales, otras consistieron en análisis sesudos del sistema electoral de Alemania y la imposibilidad de compararlo con el de Bolivia. Considero que también este es un error de perspectiva. Hoy por hoy, en un sistema-mundo unipolar, sostenido a duras penas por Estados Unidos, la inmensa mayoría de sus pobladores vive bajo el ‘manto protector’ de la democracia. Democracias imperfectas, corruptas, algunas fascistas, pero todas presumen ser democracias y elegir libremente a sus gobernantes. Son comparables cuando menos en ese aspecto. La reelección indefinida es reprochable donde sea y es una imprudencia que gente de México defienda arrebatadamente a la canciller alemana. Mejor siéntase en la libertad de cuestionar a Bashar al-Asad, Paul Biya, Alí Jamenei, Aleksandr Lukashenko, Nicolás Maduro, Angela Merkel, Daniel Ortega, Vladimir Putin o a Xi Jinping.

Cuando las democracias modernas se amalgamaron con los nacientes estados-nación, entre ellos, el estado mexicano, el objetivo de los nuevos actores sociales era acabar con el Antiguo Régimen, el cual, en su aspecto político, se asentaba en la existencia de nobles que gozaban de privilegios por su ascendencia, algunos, además, tenían la posibilidad de gobernar por voluntad de la Providencia. La tesis del origen divino del poder justificaba el gobierno vitalicio. Por tanto, un cambio importantísimo en el nuevo régimen fue la participación de la ciudadanía para elegir a sus autoridades, favoreciendo la rotación tanto de personas, como de grupos de poder. Si el objetivo fuera su permanencia, ¿qué sentido tendrían las elecciones? Por eso la reflexión retomada por Sheinbaum debería invitarnos a observar cómo se están configurando las fuerzas el sistema-mundo alrededor del poder unipersonal.

No son pocos los nombres de quienes se han adherido a la silla del gobierno con el pegamento más resistente, convirtiéndola en el trono de la democracia. No me malinterprete, el objetivo no es descalificar a Morales por emprender políticas públicas en favor de los pueblos originarios, ni a Merkel por conducir exitosamente a Alemania en negociaciones económicas y diplomáticas; el objetivo es revelar que la nobleza de sangre justificada por la voluntad divina, ha sido reemplazada por una nobleza electoral justificada por la voluntad popular. Un proyecto de gobierno que tiene sólidas bases sociales no puede descansar en una sola persona. Afirmar que solo una puede dirigir el destino de un país equivale a suprimir la capacidad y empuje de otros liderazgos que den continuidad a proyectos exitosos o acaben con gobiernos infaustos. Si la democracia descansa en una sola persona, entonces no es tal o debería llamarse de otra forma. ¿Cómo le llamaría usted?

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