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Editorial

TRUMP: CONTRA TODAS LAS BANDERAS

Héctor Hernández Pardo

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El Gobierno de Estados Unidos da marcha atrás a los grandes consensos mundiales. Círculos diplomáticos y estudiosos de las relaciones internacionales se preocupan por el clima de desconfianza que crea esa política. Hay un claro abandono al multilateralismo por parte de la Casa Blanca

La política del presidente Donald Trump de dar marcha atrás a los grandes consensos mundiales no sólo crea desconfianza a nivel global sino que, para muchos entendidos, produce un claro retroceso en las relaciones internacionales y echa por tierra esperanzas de la opinión pública en asuntos claves como la paz, la defensa del medio ambiente, el comercio entre países y el papel de organismos multilaterales.

Para que se tenga una idea  de los tratados internacionales a los que ha dado la espalda el inquilino de la Casa Blanca, y sólo por mencionar algunos, señalamos, por ejemplo, que Estados Unidos renunció a su participación en el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) con Rusia, firmado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en 1987, y que prohibía los misiles nucleares de medio y corto alcance. Este acuerdo se consideraba clave para disminuir la carrera armamentista. A su vez, Trump se retiró del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, el TPP (por sus siglas en inglés) que fue suscrito en febrero de 2016 por 12 países que, en su conjunto, representan el 40% de la economía mundial y casi un tercio de todo el flujo del comercio internacional. El tratado tenía como objetivo reducir las barreras comerciales entre algunas de las economías de más rápido crecimiento en la región Asia-Pacífico.

A pesar de numerosas peticiones de gobiernos aliados de Estados Unidos, tanto en Europa como en Asia, Trump abandonó el Acuerdo de París contra el cambio climático, firmado por más de 190 países que establecía el compromiso de la reducción de gases de efecto invernaderoy el mantenimiento del calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados. Un verdadero jarro de agua fría para los activistas en el mundo en defensa del medio ambiente, puesto que la nación norteña es el segundo país emisor de contaminantes.

En octubre de 2017, Estados Unidos anunció su retirada de la  Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y en diciembre de eso año abandonó el Pacto Mundial de la ONU sobre Migración y Refugiados. En mayo del 2018 Donald Trump rompió con el acuerdo nuclear con Irán que habían firmado también importantes países europeos miembros de la OTAN;  y reinició una tanda de sanciones contra Teherán, buscando el aislamiento económico del país persa. Además, Estados Unidos también anunció en octubre del pasado año que eliminaba el Tratado de Amistad, Relaciones Económicas y Derechos Consulares pactado con Irán en 1955.

Trump tomó la decisión en junio del 2018 de retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la ONU,  y en agosto de ese mismo año el gobierno norteamericano rompió con la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos y cortó los fondos destinados a ella. Igualmente presionó para echar por la borda el Tratado de Libre Comercio para América del Norte, conocido como NAFTA (por sus siglas en inglés) y vigente desde 1994, y logró que se sustituyera por un nuevo tratado de libre comercio con México y Canadá, esta vez llamado T-MEC. Entre los cambios que beneficiaron a Estados Unidos figuran la reducción de las barreras a los productos lácteos estadounidenses que se exportan a Canadá y la obligación de que los coches contengan más componentes o materiales hechos por compañías norteamericanas.

El presidente Trump suspendió sus compromisos en el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, un pacto clave que ayudó a poner fin a la Guerra Fría. Expertos en geopolítica internacional han señalado que con la salida de este acuerdo por parte del gobierno norteamericano se abre otra vez el  camino hacia la carrera armamentista entre Rusia y Estados Unidos.  Trump, además, también ha amenazado con salir de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que como se sabe, fue creada para viabilizar el comercio entre naciones y resolver controversias pacíficamente.

El actual gobierno de Estados Unidos ha hecho trizas acuerdos entre la Administración del Presidente Obama con el Gobierno de Cuba, destinados a una normalización de las relaciones entre ambos países, y ha apretado las tuercas del bloqueo económico contra la Mayor de las Antillas, prohibiendo incluso que ciudadanos norteamericanos la visiten y tomando medidas que afectan también a los cubanos residentes en territorio estadounidense.

Círculos diplomáticos y estudiosos de las relaciones internacionales no esconden su opinión de que estas acciones de Donald Trump muestran claramente el abandono del multilateralismo y de los grandes consensos mundiales por parte de la gran nación norteamericana. Estas mismas fuentes razonan que esa apuesta de Trump por el bilateralismo, en función de imponer, por encima de todo, los intereses de la primera potencia mundial con desprecio absoluto por los intereses de otros países, si bien crearán problemas en lo inmediato, está llamada al fracaso puesto que choca contra un hecho real del mundo contemporáneo y es que éste –aunque no le agrade a Washington- es multipolar (existen otras potencias como China, Rusia, la Unión Europea, países emergentes, que no pueden desconocerse); pero además –algo todavía más importante-: los pueblos ya no aceptan el hegemonismo que preconiza la Casa Blanca. 

Editorial

AMLO dos años después del triunfo ¿Cómo va la 4t?

Mario Alejandro Valdez

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De una manera absolutamente insospechada, en el marco de una universal pandemia, se ha cumplido el segundo aniversario del histórico triunfo presidencial de Andrés Manuel López Obrador, el líder más importante de la izquierda mexicana en el siglo XXI, y quien durante casi 20 años había luchado denodadamente por conseguir el cargo. Tras el horrible fracaso del panista Felipe Calderón Hinojosa en el sexenio 2006-2012, y la deleznable presidencia de Enrique Peña Nieto (2012-2018),  tal vez el peor presidente de toda la historia mexicana, López Obrador obtuvo un abrumador triunfo en las urnas, un triunfo que en aquel momento le fue aceptado sin la menor discusión, paseando su grandeza en el zócalo capitalino, el centro neurálgico de la Nación, en aquella larga noche del primero de julio de 2018. Desde una perspectiva simplista, empezaba un gran romance entre el pueblo elector y el gobierno elegido. Un análisis profundo, sin embargo, necesariamente debe incluir las complejidades y limitaciones de los actores políticos y, por supuesto, la terca realidad.

Partamos de una situación incontrovertible: la mayor parte de los 30 millones de personas que votaron por AMLO hace dos años no tenían la menor idea sobre sus propuestas de gobierno, y conocían muy poco de su trayectoria personal. Su voto fue, pues, absolutamente irracional, derivado del rechazo a los actores políticos y partidos que tenían a México sumido en una espantosa crisis, pero sin conocimiento sobre los planteamientos del candidato opositor. El triunfo de AMLO fue la gran catarsis de un México lastimado, pero de ninguna manera producto de una elección analítica y consciente.

AMLO señaló una y mil veces que pretendía cambiar de tajo el país. Afirmó en cada discurso que la corrupción era el origen de todos los males, y que una transformación hacia la honestidad sembraría un panorama totalmente distinto, de justicia, dignidad e igualdad. Pero la enorme mayoría de sus votantes no se cuestionaron sobre la veracidad de estos dichos, y mucho menos sobre la manera en la que esta opción podría materializarse. Votaron “en bola”, sin mucho análisis, y en contra de quienes habían gobernado el país durante los anteriores 30 años, en los que sólo habíamos visto retrocesos, injusticias y despojos.

México pasó entonces, de la noche a la mañana, de ser una dictadura caracterizada por la simulación y la corrupción, a un estado de esperanza. Aquel primero de julio, millones celebramos, precisamente, la apertura de nuestra esperanza. Después de habernos acostumbrado a vivir en el “peor de los mundos posibles”, por la vía electoral, sin violencia, estábamos llegando de golpe y porrazo a la democracia, con el triunfo de quien reivindicaba la justicia, la dignidad y la igualdad como sus mayores banderas.

Han pasado 24 meses de aquel momento, y 19 meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, lo que ha sido llamado “la cuarta transformación”. Es, por supuesto, un tiempo prudente para el balance. El tema es apasionante, e interminable. Proponemos un primer acercamiento considerando tres puntos cruciales. Veamos: AMLO diagnosticó, creemos que certeramente, que el gran problema de nuestra sociedad es la corrupción. Y planteó, sin duda, que su erradicación sería el leitmotiv de su administración. Y ciertamente se han visibilizado esfuerzos importantes en este aspecto, pero no han llegado con suficiente fuerza a la percepción pública. En este sentido, es imprescindible considerar que la mayoría de los actos gubernamentales perceptibles para el ciudadano de a pie corresponden a acciones de los niveles estatal y municipal, y NO de la instancia federal. El policía de la esquina, el funcionario de mercados o el inspector de transporte público, por ejemplo, dependen siempre de los poderes locales, y la 4T no tiene la menor influencia en su actuar. Los actos de corrupción más sensibles para la ciudadanía, aquellos que dejan más huella en la vida cotidiana, no han tenido la menor alteración en estos tiempos.

El actual presidente basó también su discurso en un gran cambio en la política de seguridad. Y, efectivamente, la violencia desencadenada por el Estado ha disminuido de manera importante, mas no así la que dimana de los grupos delincuenciales. Las cosas no han empeorado, es cierto, pero la más prudente acción de las fuerzas de seguridad pública da una idea de mayor impunidad. De cualquier modo, los índices de violencia criminal no han bajado, y ello ha sido aprovechado por tirios y troyanos para arremeter contra el gobierno. A dos años del triunfo, y a año y medio del gobierno de la transformación, no existe una mejoría en el tema.

El mundo vive, desde hace milenios, bajo el yugo del patriarcado. Este antiguo modo de vida ha evolucionado, pero conserva dos reglas fundamentales: 1. El hombre vale más que la mujer; y 2. Por el bien de la sociedad, es imprescindible controlar la sexualidad femenina. Las consecuencias sociales de estas prácticas son inmensas, y en México asumen un carácter de extrema gravedad. Nos parece que esto no fue correctamente considerado por el equipo de AMLO, y el tema no fue percibido en su debida magnitud. ¿Resultado? La violencia patriarcal se ha mantenido, y el presidente ha realizado declaraciones muy desafortunadas al respecto. Muchos grupos feministas se han pasado abiertamente a la oposición, y ello ha empeorado la situación, al arreciar las metidas de pata de AMLO al tratar de defenderse. Pero lo importante, en el fondo, es que el problema sigue sin atenderse, menoscabando el prestigio y poniendo en tela de juicio el compromiso real del gobierno por un verdadero cambio.

Como vemos, los pendientes son muchos, y los pasos para enfrentarlos han sido débiles, ambiguos, nulos, o insuficientes. Las grandes expectativas que muchos mexicanos nos hicimos hace dos años aún están lejos de alcanzarse. Lo grave, desde nuestro punto de vista, es que los reaccionarios, que pujan por el fracaso del nuevo gobierno, tienen muchos argumentos a su favor. En próxima colaboración, analizaremos los avances que ha habido, así como los apoyos con los que cuenta la actual administración, para, finalmente, presentar un balance y una perspectiva.

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A propósito de…

Maricarmen Graue: Soy una persona con ganas de crear, con palabras, sonidos o formas

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de talento, capacidad creativa y fuerza vital, hace algunos días conversé con la violonchelista, pintora, escultora, escritora, actriz, maestra, bailarina y maratonista, Maricarmen Graue Huesca. Le manifesté mi necesidad de una pausa respecto al tema sanitario y mi interés en entrevistarla; con su gran sentido del humor me preguntó ¿quieres saber cómo vivo el confinamiento?

Maricarmen Graue ha sido artista desde niña, “siempre me gustó la música” afirma, sin poder establecer el momento exacto del descubrimiento de su vocación musical. Refiere que su padre, arquitecto y melómano organizó un coro familiar en el que, por supuesto, ella participó. Inició su preparación académica primero en la danza, en el canto y a los 15 años ingresó al Conservatorio Nacional de Música para estudiar guitarra.

Poco tiempo después, tras la muerte de su padre,  cambió de instrumento “el sonido del chelo tiene la calidez de una voz casi humana”, afirma. Específicamente-sostiene-me recuerda la voz de mi padre y lo toco como un homenaje a él.

En 1987 recibió una beca para continuar su educación musical en la ex-Unión Soviética, donde estudió en Moscú y Kiev. En 1991, ingresó en la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez, de la cual fue co-principal de la sección de violonchelos hasta 1999. Fue becaria del FONCA en el área de ejecutantes.

Es emblemática su imagen cargando el pesado estuche del chelo por los andenes del Metro, su medio de transporte, tan es así que uno de los promocionales del documental del director  Sergio Morkin “Maricarmen”, basado en la vida de la artista, presenta justamente esa estampa con su violonchelo en una mano y su bastón en la otra, ya que perdió la visión de un ojo desde la niñez y la totalidad del sentido de la vista hace 14 años.

Recuerda que, en ese tiempo pasó 6 meses encerrada “Quedé ciega y fue como si afuera no existiera nada” No obstante, su fortaleza se impuso y luego de dos o tres meses de rehabilitación empezó a ajustarse Te adaptas a lo que sea–asegura–yo resurgí libre, capaz, autosuficiente.

En la interpretación musical, la carrera de Maricarmen dio un giro definitivo porque cuando dejó de ver, no le fue posible continuar en la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez en tanto que no podía leer las partituras ni observar las indicaciones del director, por lo que se inclinó hacia la improvisación, al jazz, aunque reconoce su amor por lo clásico “disfruto mucho a Bach

A juzgar por la intensidad de sus jornadas, sus días deberían tener 48 horas: realiza proyectos con otros artistas, da clases de violonchelo–en estos meses a distancia-en la Escuela de Iniciación Artística Número 4 del INBA y presenta un concierto virtual desde la Casa del Lago con el ensamble de jazz e improvisación “No tan Cuerdas”. Todo ello en medio del confinamiento, porque a Graue Huesca ni la pandemia la detiene.

En 2019, por ejemplo, se estrenó el largometraje “Maricarmen”-que también musicalizó-en el Festival de Cine de Morelia, donde obtuvo el Premio del Público, posteriormente, consiguió una mención honorífica en el festival É Tudo Verdade, en Brasil; presentó su libro “Mirar mirándome” que contiene relatos autobiográficos; inició un proyecto audiovisual,   mediante una beca del Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte, Medios y Discapacidad otorgado por el CENART y el Consejo Británico, con dos miembros más del colectivo “Discreantes” al cual pertenece y que en este momento está en pausa por motivo de la pandemia.

Siempre dispuesta a encontrar la oportunidad aun en situaciones que devastarían a otros, como la pérdida de la visión, se congratula de que el confinamiento le permite dedicarle más tiempo a la escultura: “Me encanta descubrir formas con mis manos, sentir que tengo ojos en  las manos. Confío en que si mis manos me dicen que una pieza está bien, es que está bien, porque la proporción perfecta no existe y no es necesario obedecer cánones que no sé quién puso. Mi escultura es un espejo de lo que percibo

Tras asegurar que la actividad artística le permite a cada quién mostrar lo que es, ya que “la diversidad es valiosa si uno defiende su postura”, Graue comparte su gusto por la experimentación, “es una búsqueda para encontrar lo que yo soy: una persona con ganas de crear ya sea con palabras, con sonido o con formas

Otra de las actividades que la apasiona es fundamentalmente física: entrenar y participar en medios maratones. “Correr es moverme a otra velocidad, de lo que suelo moverme cotidianamente, me hace volverme ágil, libre. Es liberador sentir a mi cuerpo haciendo un esfuerzo, al moverse así

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La política en Yucatán

Introspección histórica: los Montejo ¿fundadores o depredadores?

Mario Alejandro Valdez

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El 8 de diciembre de 1526, el rey Carlos I firmó las capitulaciones de Granada, en las que autorizó a Francisco de Montejo y Álvarez a conquistar Yucatán. Nuestro territorio había sido conocido por Montejo al formar parte de la expedición de Hernán Cortés que tocó tierra en Cozumel en 1519, integrando la empresa que culminó, en agosto de 1521, con la conquista del Imperio Mexica. Montejo fue muy insistente en su empeño, hasta lograr persuadir al rey, tras lo cual se dio a la tarea de procurar el financiamiento de su aventura. Después de más de seis meses de esfuerzos, finalmente partió de San Lucar de Barrameda a fines del verano de 1527.

Francisco de Montejo y Álvarez, el adelantado de Yucatán, fue un hombre muy terco y obstinado. Superó derrotas, abandonos y traiciones antes de culminar su obra, 20 años después de la firma de las capitulaciones. Vio morir a casi todos los que lo acompañaron en la primera aventura, perdió varias fortunas y enfermó gravemente al recorrer los territorios selváticos de la península de Yucatán, Chiapas y Tabasco. Su esfuerzo fue recompensado al consumar la conquista, y establecer el poder español en la primavera de 1547, después de derrotar una última rebelión de los Cupules en Valladolid. Y como ocurrió a todos los demás conquistadores, la Corona sólo esperó que terminara el “trabajo sucio” para despojarlo de casi todos sus beneficios. Como muchos otros, Montejo murió en litigio, y no gozó de su triunfo, trabajado con grandes sacrificios durante dos décadas.

Pero Francisco de Montejo y Álvarez sabía a lo que le tiraba cuando aceptó la encomienda de conquistar Yucatán. Tenía en aquel entonces 47 años, 12 de los cuales había pasado en América. Fue un hombre especialmente cruel, que mató personalmente u ordenó la muerte de miles de indígenas en el Caribe y Mesoamérica. Fue un europeo de su tiempo, buscaba la fortuna y el poder, y nada lo detuvo hasta obtenerlo. Era un auténtico salvaje, que sacrificó todo con tal de lograr sus sueños de grandeza.

Al final de su vida, sufrió la injusticia y la ingratitud. Ni él ni sus descendientes homónimos disfrutaron el triunfo. Si acaso su sobrino, a cambio de aceptar un bajo perfil, terminó su vida de manera tranquila, y pudo heredar a sus descendientes algo de fortuna y prestigio. Los Montejo culminaron su vida en tonos grises, sin mucho reconocimiento y con pocos frutos de su enorme esfuerzo.

Como señalamos en la colaboración de la semana pasada, fueron los criollos yucatecos del período colonial, y luego los conservadores de los siglos XIX y XX, los que crearon la leyenda de los Montejo, más que nada para justificar la defensa de sus privilegios y la funcionalidad del racismo y la discriminación.

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Así, los Montejo, simbólicamente, deben su estatura al Yucatán decimonónico que propició la Guerra de Castas, y al Yucatán reaccionario de la Casta Divina y de la oposición a la Revolución Mexicana.

¿Cuál es, entonces, el papel jugado por Francisco de Montejo y Álvarez en nuestra historia? Desde nuestra perspectiva, desempeñó un rol fundamental. Su extraordinaria ambición le llevó a superar enormes obstáculos, y lograr la conquista de Yucatán. En un contexto en el que la Corona española intentaba establecer el absolutismo, fue posteriormente despojado de sus privilegios y defenestrado. Fue un auténtico líder, que obtuvo, merced a su tesón, grandes triunfos, pero luego fue aplastado por un poder superior. Como otros conquistadores, recibió, en todos sentidos, su merecido.

La anomalía histórica surgió cuando los criollos yucatecos de la colonia, y los reaccionarios yucatecos de los tiempos independientes, convirtieron a Francisco y a sus descendientes en los símbolos representativos de su poder y, sobre todo, de emblema de la discriminación y el racismo hacia el pueblo maya. Cuando el panista César Bojórquez inauguró, el último día de su mandato, allá en el 2010, una estatua en su memoria, en realidad reivindicaba a esos racistas y discriminadores, y no a los Montejo. Derribar su estatua sólo tendría sentido si lo que hiciéramos fuera un mea culpa de todas las atrocidades que nuestros antepasados hicieron, no sólo en el siglo XVI, sino, y sobre todo, en tiempos más recientes. Reconocer que fueron los blancos, y no los indígenas, los salvajes en la Guerra de Castas; reconocer que fueron los blancos los que asesinaron a Felipe Carrillo Puerto para impedir les fueran devueltas sus tierras a los mayas; reconocer que fueron los blancos los que fundaron la Universidad del Mayab para continuar oprimiendo a nuestro pueblo originario; reconocer que son los blancos de hoy, esos que se reúnen en sus autos último modelo para protestar contra el orgullosamente mestizo Andrés Manuel López Obrador, los racistas, discriminadores y reaccionarios que continúan impidiendo que avancemos hacia la democracia, la igualdad y el disfrute de los derechos humanos para todas y todos.

Ciertamente, los Montejo nunca se merecieron un monumento. Pero tirarlo, y continuar con nuestros monstruosos errores, es, con mucho, más grave y perverso que todos los monumentos en su conjunto.

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