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La Nación y el Mundo

El 93.2% de las empresas mexicanas ha sufrido algún tipo de afectación económica: INEGI

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Además, el 59.6% de las compañías llevaron a cabo cierres temporales por la cuarentena.

La crisis económica derivada de la pandemia de Covid-19 ha provocado que el 93.2% de las empresas mexicanas sufra algún tipo de afectación económica, pero sólo el 7.8% ha recibido apoyos para solventar la situación, informó este jueves el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

El INEGI dio a conocer los resultados de la encuesta, realizada  entre el 7 de mayo y el 12 de junio, sobre el impacto económico generado por la pandemia, con una muestra de casi 5,000 empresas.

Los datos obtenidos revelan que el 59.6% de las empresas llevaron a cabo cierres temporales por la cuarentena. La mayoría de las que pararon (46.7%), lo hicieron durante más de 21 días y sobre todo fueron microempresas (93.4%).

El 93.2% de las compañías han sufrido afectaciones económicas por la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2, mientras que el 6.8% no se han visto afectadas.

De las empresas afectadas, un 91.3% ha tenido una disminución de ingresos; un 72.6% ha sufrido una baja de demanda de sus bienes o servicios; y un 33.9% se ha resentido por la escasez de productos.

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Según la encuesta, el porcentaje promedio de disminución de los ingresos de las empresas encuestadas es del 56.3%; el de la baja de demanda es del 54.6%; y el de escasez de productos es del 44%.

No obstante este fuerte impacto a las empresas, sólo el 7.8% ha recibido alguna ayuda del Gobierno o de organizaciones empresariales y sociales, mientras que el 92.2% no la ha conseguido.

De las que recibieron apoyos, el 54.3% fueron transferencias de efectivo; el 11.8%, aplazamiento de pagos de créditos; el 8.9%, acceso a créditos nuevos; el 8.6%, aplazamiento de pagos por servicios; el 8.6%, préstamos con tasas de interés subsidiadas; y el 6.7%, apoyos fiscales y subsidios a la nómina.

Respecto a las políticas empresariales para superar la crisis, los criterios de las empresas difieren según su tamaño: las grandes empresas prefieren el diferimiento de impuestos, reducciones fiscales y subsidios a la nómina; mientras que las pequeñas optan por aplazamiento de pagos por servicios, transferencias de efectivo y acceso a créditos.

En cuanto a acciones operativas durante la crisis, las ha emprendido el 60.2% de las compañías: diseño de entregas de pedidos a domicilio (45%); promociones especiales (33.8%); trabajo desde casa (32.6%); y venta por Internet (29.6%).

Los interesados en mayor información pueden consultar los resultados de la encuesta en el siguiente enlace:  https://bit.ly/3fYjIb6

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La Nación y el Mundo

De Lincon a Trump, retrospectiva republicana

Gabriel Zapata González

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Las elecciones en Estados Unidos están a la vuelta de la esquina y el país vecino se encuentra sumergido en un contexto político donde prevalecen discursos de racismo, xenofobia y resentimiento entre el electorado. Las diferencias en la contienda electoral se caracterizan no por propuestas políticas, económicas o fiscales, sino por una desemejanza en la narrativa y la visión del país al que aspiran ser.

El Partido Republicano, que hoy lidera la fórmula Trump-Pence rumbo a la presidencia, nació como resultado de la oposición del Presidente Abraham Lincon y los políticos norteños a la permanencia del sistema esclavista predominante en los estados sureños-demócratas, durante los años previos a la Guerra de Secesión (1861-1865)

La doctrina y pensamiento político del Partido Republicano se basa en la oposición a un mayor involucramiento del Estado, prevaleciendo la visión económica donde el mercado se rige por el sector privado y sus libertades. Hoy en día, el apoyo demográfico es más fuerte entre los votantes blancos, con el dominio de las elecciones en los estados del sur.

En los primeros años de su existencia, el partido fue mayoritariamente apoyado por liberales que comulgaban con la idea de la abolición de la esclavitud para permitir la liberación de los afroamericanos en el ámbito social, económico y político, mientras sus rivales, el Partido Demócrata, contaba con el apoyo del electorado blanco en el sur con características religiosas y conservadoras.

Los años de la guerra civil y el gasto del gobierno federal en ella, trajeron como resultado el que muchos empresarios en el norte se hicieran de un poder económico y se involucraran en la participación política, mediante aportaciones económicas a candidatos que favorezcan al libre mercado. Posteriormente, la comunidad republicana que salió beneficiada de los años de la guerra, consideraban que la lucha por los derechos de los afroamericanos, era suficiente, al ser un país mayoritariamente blanco.

Para 1920, el Partido Republicano se había convertido en el partido de las grandes empresas. Después de la Gran Depresión de 1929, Roosevelt (candidato demócrata), pregonó un mayor gasto público en programas sociales y resultó electo como presidente e implementó una política económica donde el tamaño y el rol del estado en la economía se incrementaron sustancialmente.

Durante la década de los 60 el tema del racismo regresa a la agenda política nacional, gracias al nacimiento del Civil Rights Movement, liderado por Martin Luther King. En 1964, Lyndon B. Johnson firma el Civil Rights Act, que dotaba de mayores derechos políticos e inclusión social a los afroamericanos. El candidato presidencial republicano, Barry Goldwater se opuso a esta decisión, argumentando que el aumento del papel y rol del gobierno aumentaba de manera exponencial.

Debido al contexto de la época, ocurre el gran cambio de simpatizantes en ambos partidos. Los afroamericanos y la izquierda transitaron a comulgar con el Partido Demócrata debido al apoyo puntual y notorio de los presidentes en el ámbito social hacia los afroamericanos. Los blancos en el sur, resintieron la mayor intervención del Estado en las decisiones político-económicas y se inclinaron hacia el Partido Republicano. En 1980, Ronald Reagan ofreció en su agenda luchar por los intereses de los empresarios, por los valores familiares tradicionales y la disminución de los impuestos.

Para el nuevo milenio, Estados Unidos se enfrentó a un inmenso cambio demográfico debido a la inmigración latina. Los demócratas se situaron a favor de una nueva reforma inmigratoria que permitiese a los latinos ilegales una ruta hacia un estatus legal que pudiese llegar a la obtención de la ciudadanía americana. En contraparte los republicanos se opusieron a una reforma inmigratoria, ya que percibieron la inmigración ilegal como un atentado a su cultura e idiosincrasia americana.

En las elecciones presidenciales de 2012, Mitt Romney, candidato republicano, forjó una postura fuerte y rígida en contra de la inmigración y su posible reforma, como consecuencia, 71% del voto latino se encaminó a la propuesta de Barack Obama, que terminó por llevarse la carrera rumbo al Salón Oval.

Donald Trump, aprovechándose de la desconfianza, el resentimiento y la frustración del electorado blanco, impulsó su carrera presidencial con una retórica de odio y otredad que legitimó el racismo sistemático hacia las personas no blancas de Estados Unidos.

El partido Republicano ha dado bandazos ideológicos y actualmente, su discurso conservador y a veces xenófobo, carece de interés en el electorado, ya que se percibe como un partido de blancos en un país donde las minorías raciales, tales como, los asiáticos, latinos y afroamericanos amenazan con convertirse en la mayoría étnica que prevalezca en la comunidad americana.

La elección del primer martes de noviembre marcará el rumbo político y social de los Estados Unidos, el electorado estadounidense decidirá entre la permanencia del sentimiento proteccionista, antiinmigrante y nacionalista o bien, el retorno a una agenda de mayor apertura e inclusión social y económica.

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Madre América: Puerto Rico

Incongruencias e hipocresía colonial

Edwin Sierra González

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Puerto Rico, a pesar de su idílica posición tropical, es un país de grandes complejidades y complejos coloniales que lo llevan a mirarse de una manera poco apropiada. El sentido del juicio por aferrarse a ideas o cosas, llevando a excluir a quien no piense igual es pasmante, de tal forma que se te desacredita por la discordancia que puedas tener con la sociedad, más allá de tus capacidades o méritos académicos profesionales. Disentir en una colonia es casi un crimen a pena de muerte.

La eterna cuestión religiosa

Las debacles coloniales con la orden del día y en medio de un proceso electoral, hay quienes usan todo contra su oponente, incluso aquello que nada tiene que ver con sus ejecutorias, pero saben que determinará mucho en la mente de aquellos cuyo pensamiento no les permite separa una cosa de otra. Hace cuatro años, en 2016, trascendió en varios medios que la actual candidata por el Movimiento Victoria Ciudadana, Alexandra Lúgaro, en aquel momento candidata independiente, tiene convicciones religiosas no tradicionales, lo que levantó y continua levantando el clamor de varios sectores predominantemente fundamentalistas quienes arguyen que la misma no puede ejercer la jefatura del país por no comulgar con las ideas religiosa tradicionales. Nada más lejos de la verdad y absurdo. Es obligatorio preguntarse: ¿En qué momento olvidamos la separación de Iglesia y Estado?

Todo el mundo repite el estribillo de separación de Iglesia y Estado sin cesar, pero, ¿por qué existe? Durante largos siglos la iglesia tuvo control sobre las monarquías o pueblos medievales y modernos, así como sobre su desarrollo económico, político y social. Cuando la Iglesia y el Estado eran uno, las libertades individuales eran débiles o inexistentes. Contrariar la fe del monarca podía costar la vida. Europa ha sido escenario de innumerables luchas religiosas y persecuciones, siendo España e Inglaterra dos lúcidos ejemplos: los ingleses con las luchas católico-anglicanas y España con su Inquisición, la cual se extendió a América costándole la vida a innumerables seres humanos. Vidas perdidas por no comulgar con lo establecido o sus normas. No tenemos que irnos tan lejos, en Puerto Rico el protestantismo no tuvo espacio hasta el siglo XIX y tuvo sus consecuencias. Cuando el monarca expedía ciertas cédulas, por ejemplo, para la entrada de extranjeros uno de los requisitos era ser católico. Este proceder fue cuestionado durante el Renacimiento y el humanismo comenzó a luchar contra este, afianzándose durante la Ilustración. La idea del Estado terrenal, con sus propios medios de acción ganó adeptos, permitiendo así que la Iglesia se encargara del plano espiritual, que es individual, y el Estado del suyo, que es colectivo.

No es que ahora se esté acabando con la vida de disidentes religiosos, al menos en nuestro entorno, pero hay otras maneras de anular a los individuos y discriminarlos por sus creencias es una de ellas. Lúgaro, que se presenta a unas segundas elecciones coloniales recibe, además por ser mujer y única candidata, pues los demás son varones, constantes señalamientos por no adherirse a los patrones de fe mayoritarios, como si ello fuere un requisito fundamental para gobernar.

Lo que muchos ignoran o no quieren ver, ya sea porque no pueden o porque no les conviene, es que cuando vamos a unas elecciones, de plano terrenal, elegimos a un gobernante político, no un pontífice o reverendo. Es urgente reflexionar, ¿desde cuándo garantiza la religión un gobierno saludable o eficiente? Esto es llamarnos a engaño. Si bien es cierto que podemos diferir con algunas de las ideas de esta candidata, también es correcto decir que funcionarios electos de los, hasta el momento, partido dominantes Nuevo Progresista y Popular Democrático, y que pregonan su fe a viva voz, no han hecho una excelente labor y los resultados están a la vista. Basándonos en hechos, algunos mandamientos de aquellos a los que se aferran para ganar votos, habrán olvidado. Hay ejemplos recientes, como la representante de la Cámara, María Milagros Charbonier, quien desde su escaño pregonaba una fe avasalladora y recientemente fue acusada por delitos de apropiación de fondos públicos y esquemas de fraude. Un suceso muy lamentable, pero que nos ilustra que la convicción religiosa no necesariamente es reflejo de nuestras acciones.

Para ejercer el Poder Ejecutivo la Constitución Colonial no exige credo alguno. Sin embargo, si prohíbe la preferencia e imposición de alguna idea religiosa por parte del Estado hacia los ciudadanos, pues mantiene como principio la libertad de culto. Si el Estado no impone una religión a los ciudadanos, ¿por qué el empeño en imponer una religión al Estado y sus funcionarios electos?  No confundamos una idea con la otra. ¿Acaso los protestantes no votan porque los candidatos a gobernador han sido tradicionalmente católicos? No nos llamemos a engaño, ese, indudablemente, no es el caso.

Es necesario desprendernos del fanatismo en cualquiera de sus facetas para sanar el país y razonar para dejar atrás incongruencias e hipocresías. No es dejar de creer en Dios, es dejar de pensar que una religión está por encima de otras o que una religión faculta para el ejercicio de ciertas labores. La historia le ha demostrado a este país que muchos de los que iban pregonando la fe en sus campañas políticas le han fallado al país al servirse de él. La separación de Iglesia y Estado se hizo para proteger a los individuos y ciudadanos de los vaivenes y caprichos del gobernante. No nos volvamos víctimas de nuestros propios avances por juzgar a quien piensa diferente. Dejemos a Dios cuidar su rebaño y desarrollemos la capacidad de elegir funcionarios capaces de generar una vida terrenal digna y grata con iguales oportunidades para todos, independientemente de sus ideas individuales o privadas. Busquemos funcionarios que trabajen por el bien colectivo. A Dios lo que es de Dios y al César lo del César.

Y no es una cuestión de tener la razón, pues esta es una idea, no una cosa, por lo que no se puede poseer físicamente. La razón que muchas veces creemos tener, nos ha poseído por siglos y por querer tenerla, nos ha llevado a enfrentarnos causando grandes tragedias a la humanidad. Es tiempo de ver más allá y valorar a las personas por quienes son y pueden hacer por el país. Si la mayoría de nuestros líderes tuviesen a Dios en el corazón, no existiría tanta corrupción, no hubiesen escondido los suministros tras el terremoto y dejado a gente morir tras el paso del huracán María. Esa fe ciega ya le ha costado la vida a muchos.

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Madre América

Dictaduras camaleónicas de los cuarenta

Sergio Guerra Vilaboy

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Las consignas antifascistas de la Segunda Guerra Mundial, obligaron a varios dictadores latinoamericanas a reinventarse ante la oleada democratizadora y la nueva política de Estados Unidos. Eso explica las sorpresivas aperturas de Anastasio Somoza en Nicaragua, Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, Fulgencio Batista en Cuba y Getulio Vargas en Brasil, para remodelar la imagen represiva de sus regímenes, así como borrar sus devaneos fascistoides, los coqueteos con los nazis y el falangismo español.

Para ponerse a tono con la situación internacional, los dictadores camaleónicos se apresuraron a legalizar a los partidos de oposición y fuerzas de izquierda–incluyendo al Partido Comunista-, estableciendo relaciones con la Unión Soviética. El primero que dio este giro teatral de ciento ochenta grados, y el que más lejos llegó, fue Batista, verdadero hombre fuerte de Cuba desde 1934. Tras su visita a Estados Unidos (1938), ordenó a su presidente títere Federico Laredo Brú, la excarcelación de más de tres mil presos políticos, el regreso de los exiliados, el reconocimiento de la autonomía universitaria y la libre actividad de los partidos políticos. Para ganar las elecciones de 1940, Batista tejió una alianza electoral con el Partido Comunista, que bajo la influencia del browderismo,-corriente dominante en su homólogo norteamericano-, adoptaría el nombre de Partido Socialista Popular (PSP), al que favoreció con la incorporación de dos de sus dirigentes a su gabinete, permitiéndoles tener su propia prensa, una emisora de radio y el control de la recién creada Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).

El sanguinario dictador de la República Dominicana fue otro que hizo cambios cosméticos a su régimen, inaugurado en 1930. Trujillo aparentó dejar el gobierno entre 1938 y 1940, para recuperarlo en amañados comicios. En mayo de 1945 ofreció garantías a sus acorralados opositores, favoreciendo la creación de partidos, entre ellos uno marxista, denominado, como en la isla vecina Partido Socialista Popular (PSP). Con el consentimiento del tirano, los comunistas dominicanos fueron asesorados por los experimentados camaradas cubanos. Pero la distensión trujillista, que incluyó el reconocimiento de la Unión Soviética, sería efímera.

Somoza, aleccionado por la caída en 1944 de las aborrecidas dictaduras de Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador y Jorge Ubico en Guatemala, decidió hacer algunos cambios en Nicaragua, que dominaba desde el asesinato de Sandino en 1934. A pesar de que había llegado al extremo de reconocer a Franco, cuando todavía se hallaba en las afueras de Madrid, en 1944 permitió la actividad legal del recién creado Partido Socialista Nicaragüense (Comunista) y promulgó un Código de Trabajo que despertó la ojeriza de las elites, permitiendo a Somoza asumir pose de “demócrata progresista”.

También Getulio Vargas, encaramado en el poder en 1930, artífice del Estado Novo, inspirado en el de Mussolini, y que tenía estrechas relaciones con la Alemania nazi y los grupos fascistas autóctonos, les dio un portazo en 1942. Declaró la guerra al Eje y al año siguiente purgó sus pecados enviando un ejército de 25 mil hombres a combatirlos en el frente italiano. En 1945, convocó una constituyente, estableció relaciones con la Unión Soviética, permitió el regreso de los exiliados y liberó a centenares de presos políticos. Entre ellos el líder comunista Luiz Carlos Prestes, cuya esposa embarazada, Olga Benario, había muerto en un campo de concentración después que Vargas la entregara a los nazis (1935). Desconfiados de las verdaderas intenciones del dictador brasileño, los principales partidos, el ejército y la embajada de Estados Unidos, lo derrocaron en octubre de 1945, aunque seis años después retornaría al poder gracias a otra de sus inesperadas piruetas. Tampoco la careta democrática permitió a Batista, atrapado en sus maquiavelismos, volver a ser el hombre fuerte en Cuba después de los comicios de 1944, lo que no impidió su regreso mediante un golpe militar (1952).

Verdaderos expertos en el arte de la metamorfosis, Somoza y Trujillo nunca perdieron el control gracias a una nueva mutación a la hora de la Guerra Fría y el macartismo. Con el mismo entusiasmo con el que habían maquillado sus regímenes, aplastaron a las organizaciones obreras y partidos de izquierda que habían fomentado, convertidos ahora en campeones del anticomunismo, aunque ambos serían ejecutados en 1956 y 1961.

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