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La Nación y el Mundo

El futuro de la OTAN se presenta complicado debido a las divisiones internas de esa Alianza militar

Héctor Hernández Pardo

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La recién celebrada cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, evidenció serias diferencias en su seno. “Estamos ante la muerte cerebral de la OTAN”, declaró el presidente francés. Donald Trump se marchó de Londres antes de tiempo y muy disgustado. Un video que recorrió las redes sociales mostró a varios mandatarios asistentes a la reunión burlándose del presidente norteamericano.

Analistas en política internacional coinciden en que Cumbre de la recién celebrada en Londres para conmemorar el 70 aniversario de la Organización, y que concluyó  hace apenas unos pocos días, puso en evidencia  la división  y las contradicciones que existen entre los 29 países miembros.

Círculos cercanos a los Jefes de Estado que estuvieron presentes en la reunión cumbre de esa Alianza militar intergubernamental surgida en 1949, en plena Guerra Fría, para oponerse a la antigua Unión Soviética, llamaron la atención que  la Declaración final de encuentro resultó en extremo breve, y que incluso estuvo a punto de no salir adelante, debido a las diferencias internas. Ni el presidente turco Tayyip Erdogan ni el presidente de Estados Unidos comparecieron ante los medios, luego de terminada la reunión en lo que se considera una clara expresión del disgusto de esos mandatarios.

Erdogan exigía que la Alianza Atlántica considerara terroristas a las milicias kurdas en la frontera con Siria, pero los Estados Unidos han venido respaldando con recursos bélicos a ese grupo, considerado el brazo armado del Comité Supremo Kurdo del Kurdistán Sirio, que opera en la frontera con Turquía.

Por otro lado, los principales medios de prensa que cubrían el evento, revelaron que Donald Trump se marchó de la Cumbre antes de tiempo y muy enfadado, canceló su rueda de prensa y se fue directo a Washington. Según dichos medios, esa actitud se debió a la situación interna que encontró en la Cumbre, en la cual se sintió aislado, y de lo cual la cadena televisiva CBC, de Canadá, publicó un video en el que conversaban el Primer Ministro de ese país, Justin Trudeau, su homólogo de Inglaterra Boris Jonson, el presidente de Francia Emmanuel Macron, y el primer ministro de Holanda, Mark Rutte, quienes  hacían alusión al Jefe de la Casa Blanca y se burlaban y se reían de él.

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A lo anterior hay que añadir que el presidente francés había declarado a la revista The Economist, que  Europa ha de comenzar a actuar como una potencia si no quiere desaparecer. Aseguró que estamos ante la “muerte cerebral” de la OTAN y que la UE está “al borde del precipicio” por la falta de compromiso de Trump.

Al presidente estadounidense no le gustó nada esa reflexión de Macron y lo dijo públicamente, ahondando las diferencias entre esos presidentes y de hecho en el seno de la OTAN.

Las tensiones dentro de la Alianza Atlántica surgieron el pasado año cuando el presidente Trump criticó a las potencias europeas por no dedicar el 2% del PIB a gasto militar, según los términos del acta fundacional de la OTAN.

Sin duda, el futuro de la alianza se presenta complicado y, además, los líderes de sus países miembros no se reunirán el próximo año para acercar posturas. La siguiente reunión no será hasta 2021. Mientras tanto, esta, efectuada en Londres entre los días 3 y 4 de diciembre, dejó patentizada la falta de entendimiento en el seno de la OTAN y la embarazosa situación que tiene en su seno Donald Trump.

Madre América

Cuba, su perpetua resistencia

Raciel Guanche Ledesma

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Pareciera inaudito que en pleno siglo XXI y en una era de globalización, de coexistencia pacífica y respeto a la pluralidad política, aún existan países que intenten someter bajo estricta arrogancia a naciones independientes. En eso de imponer sanciones o “castigar” para obtener ganancias, casi siempre en el marco económico y político, Estados Unidos tienen el número uno en el mundo desde hace un buen tiempo.

Y es que precisamente en los últimos 60 años uno de los países que más agresiones ha recibido del poderoso estado norteño ha sido Cuba. Desde que el primero de enero de 1959 triunfara la Revolución Socialista liderada por el Comandante Fidel Castro, el hostigamiento hacia esta pequeña pero valerosa Isla ha sido una constante que fluctúa con un mismo objetivo entre Demócratas y Republicanos.

Quizás en los años del 2014 al 2017 los intercambios bilaterales experimentaron las mejores relaciones en el período revolucionario. Claro que aquel acercamiento no fue más que un cambio de táctica en la política norteamericana hacia Cuba, pero a fin de cuentas demostró que las dos naciones podían trabajar juntas por el beneficio mutuo de los pueblos.

Así llegaron a Cuba, por ejemplo, Cruceros estadounidense, se abrieron las puertas a convenios en la agricultura, el deporte y la cultura. También la Isla Caribeña tuvo la oportunidad de exportar algunos de sus productos estrellas hacia Estados Unidos y se colaboró en importantes proyectos científicos con capital humano de ambos países.

Pero el Bloqueo Económico Comercial y Financiero impuesto por Estados Unidos, que es en definitiva el principal obstáculo para una completa normalización de las relaciones bilaterales, siempre se mantuvo de por medio en este tiempo e incluso, en algunos aspectos se fortificó durante el mandato de Barack Obama.

El panorama hoy es bien distinto al de hace cinco años. En menos de un quinquenio el cambio ha sido radical bajo la administración del multimillonario Donald Trump, el cual acudió nuevamente a la retórica más cruda de asfixia económica. Las recetas utilizadas respecto a Cuba por el gabinete y los secuaces miamenses del magnate, van desde la mentira hasta las más injustas sanciones a dirigentes e instituciones del estado.

Para que se tenga una idea de lo que hablamos, a sólo unos meses de haber llegado al Despacho Oval, Trump y su grupo de asesores comenzaron a intimidar a la Isla porque supuestamente los diplomáticos estadounidenses en La Habana se quejaban de unos “ataques sónicos“. Esta fue la primera gran mentira generada desde la Casa Blanca y digo esto, porque ni siquiera existe una sola prueba que incrimine a Cuba y mucho menos que demuestre tales ataques.

Luego se supo con claridad cuál era el verdadero objetivo de estas graves acusaciones. Lo que siempre pretendieron fue reducir considerablemente el personal diplomático acreditado en La Habana para comenzar a minar cualquier esfuerzo anterior de acercamiento a la Isla. Sin embargo, esto no sería suficiente, por lo que las conspiraciones fantasmales de la administración 45 de los Estados Unidos han continuado.

El obcecado intento o delirio por destruir la Revolución Cubana también los ha llevado a reactivar viejos mecanismos de finales del siglo pasado que afectan la extraterritorialidad y la inversión extranjera en Cuba. Así llegó en mayo de 2019 la puesta en vigor del título tercero de la Ley Helms-Burton, algo que las anteriores administraciones estadounidenses jamás habían osado hacer.

Este sería uno de los mecanismos para crear la incertidumbre entre los nuevos inversionistas y los que pretendían abrir negocios en la Isla. Pese a todo el andamiaje mediático y la intimidación, la respuesta de Cuba ha sido mesurada y las cadenas hoteleras y varias empresas de capital mixto aún se mantienen en la Isla, a pesar de los vientos contarios que llegan desde norte.

Pero el descredito es otra de las prácticas a la que recurrentemente acude el gobierno de Donald Trump. En tiempos de pandemia los médicos cubanos, los mismos que detuvieron el Ébola en África y hoy hacen frente en más de una treintena de países a la Covid-19, han sido tildados en varias ocasiones como ¨mercancías¨ por el Secretario de Estado, Mike Pompeo. Y yo pregunto: ¿podrán ser mercancías quienes llevan amor, esperanza y salven vidas gratuitamente por todo el mundo?                       

Claro que no, simplemente que algunos políticos jamás comprenderán que la vida de los ser humano está por encima de cualquier faja millonaria. No existe mejor forma de rebatir estas difamaciones mezquinas que como expresara el propio Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, cuando dijo: ¨lo que hacen nuestros médicos es por un deber internacionalista sincero y no para hacer campañas políticas“.

Sin embargo de campañas infames contra Cuba o algo similar a una guerra digital feroz, sí viven varios personeros asalariados por instituciones gubernamentales de Estados Unidos. En las redes sociales se dirimen hoy fuertes batallas entre la mentira envenenada y divisoria que viene del norte y la verdad que rebate cualquier argumento de falsedad.

Lo cierto es que cada vez son más las agresiones que siguen concertándose desde los Estados Unidos. Quizás los próximos meses sean definitorios para el beneficio de las futuras relaciones bilaterales, pero habrá que aguardar y por supuesto que nada de lo que pase luego de las elecciones presidenciales de noviembre sorprenderá a nadie. Cuba sabe muy bien lo que es resistir, lo ha hecho por más de 60 años y, quien duda que no seguirá haciéndolo.

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La Nación y el Mundo

De Lincon a Trump, retrospectiva republicana

Gabriel Zapata González

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Las elecciones en Estados Unidos están a la vuelta de la esquina y el país vecino se encuentra sumergido en un contexto político donde prevalecen discursos de racismo, xenofobia y resentimiento entre el electorado. Las diferencias en la contienda electoral se caracterizan no por propuestas políticas, económicas o fiscales, sino por una desemejanza en la narrativa y la visión del país al que aspiran ser.

El Partido Republicano, que hoy lidera la fórmula Trump-Pence rumbo a la presidencia, nació como resultado de la oposición del Presidente Abraham Lincon y los políticos norteños a la permanencia del sistema esclavista predominante en los estados sureños-demócratas, durante los años previos a la Guerra de Secesión (1861-1865)

La doctrina y pensamiento político del Partido Republicano se basa en la oposición a un mayor involucramiento del Estado, prevaleciendo la visión económica donde el mercado se rige por el sector privado y sus libertades. Hoy en día, el apoyo demográfico es más fuerte entre los votantes blancos, con el dominio de las elecciones en los estados del sur.

En los primeros años de su existencia, el partido fue mayoritariamente apoyado por liberales que comulgaban con la idea de la abolición de la esclavitud para permitir la liberación de los afroamericanos en el ámbito social, económico y político, mientras sus rivales, el Partido Demócrata, contaba con el apoyo del electorado blanco en el sur con características religiosas y conservadoras.

Los años de la guerra civil y el gasto del gobierno federal en ella, trajeron como resultado el que muchos empresarios en el norte se hicieran de un poder económico y se involucraran en la participación política, mediante aportaciones económicas a candidatos que favorezcan al libre mercado. Posteriormente, la comunidad republicana que salió beneficiada de los años de la guerra, consideraban que la lucha por los derechos de los afroamericanos, era suficiente, al ser un país mayoritariamente blanco.

Para 1920, el Partido Republicano se había convertido en el partido de las grandes empresas. Después de la Gran Depresión de 1929, Roosevelt (candidato demócrata), pregonó un mayor gasto público en programas sociales y resultó electo como presidente e implementó una política económica donde el tamaño y el rol del estado en la economía se incrementaron sustancialmente.

Durante la década de los 60 el tema del racismo regresa a la agenda política nacional, gracias al nacimiento del Civil Rights Movement, liderado por Martin Luther King. En 1964, Lyndon B. Johnson firma el Civil Rights Act, que dotaba de mayores derechos políticos e inclusión social a los afroamericanos. El candidato presidencial republicano, Barry Goldwater se opuso a esta decisión, argumentando que el aumento del papel y rol del gobierno aumentaba de manera exponencial.

Debido al contexto de la época, ocurre el gran cambio de simpatizantes en ambos partidos. Los afroamericanos y la izquierda transitaron a comulgar con el Partido Demócrata debido al apoyo puntual y notorio de los presidentes en el ámbito social hacia los afroamericanos. Los blancos en el sur, resintieron la mayor intervención del Estado en las decisiones político-económicas y se inclinaron hacia el Partido Republicano. En 1980, Ronald Reagan ofreció en su agenda luchar por los intereses de los empresarios, por los valores familiares tradicionales y la disminución de los impuestos.

Para el nuevo milenio, Estados Unidos se enfrentó a un inmenso cambio demográfico debido a la inmigración latina. Los demócratas se situaron a favor de una nueva reforma inmigratoria que permitiese a los latinos ilegales una ruta hacia un estatus legal que pudiese llegar a la obtención de la ciudadanía americana. En contraparte los republicanos se opusieron a una reforma inmigratoria, ya que percibieron la inmigración ilegal como un atentado a su cultura e idiosincrasia americana.

En las elecciones presidenciales de 2012, Mitt Romney, candidato republicano, forjó una postura fuerte y rígida en contra de la inmigración y su posible reforma, como consecuencia, 71% del voto latino se encaminó a la propuesta de Barack Obama, que terminó por llevarse la carrera rumbo al Salón Oval.

Donald Trump, aprovechándose de la desconfianza, el resentimiento y la frustración del electorado blanco, impulsó su carrera presidencial con una retórica de odio y otredad que legitimó el racismo sistemático hacia las personas no blancas de Estados Unidos.

El partido Republicano ha dado bandazos ideológicos y actualmente, su discurso conservador y a veces xenófobo, carece de interés en el electorado, ya que se percibe como un partido de blancos en un país donde las minorías raciales, tales como, los asiáticos, latinos y afroamericanos amenazan con convertirse en la mayoría étnica que prevalezca en la comunidad americana.

La elección del primer martes de noviembre marcará el rumbo político y social de los Estados Unidos, el electorado estadounidense decidirá entre la permanencia del sentimiento proteccionista, antiinmigrante y nacionalista o bien, el retorno a una agenda de mayor apertura e inclusión social y económica.

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Madre América: Puerto Rico

Incongruencias e hipocresía colonial

Edwin Sierra González

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Puerto Rico, a pesar de su idílica posición tropical, es un país de grandes complejidades y complejos coloniales que lo llevan a mirarse de una manera poco apropiada. El sentido del juicio por aferrarse a ideas o cosas, llevando a excluir a quien no piense igual es pasmante, de tal forma que se te desacredita por la discordancia que puedas tener con la sociedad, más allá de tus capacidades o méritos académicos profesionales. Disentir en una colonia es casi un crimen a pena de muerte.

La eterna cuestión religiosa

Las debacles coloniales con la orden del día y en medio de un proceso electoral, hay quienes usan todo contra su oponente, incluso aquello que nada tiene que ver con sus ejecutorias, pero saben que determinará mucho en la mente de aquellos cuyo pensamiento no les permite separa una cosa de otra. Hace cuatro años, en 2016, trascendió en varios medios que la actual candidata por el Movimiento Victoria Ciudadana, Alexandra Lúgaro, en aquel momento candidata independiente, tiene convicciones religiosas no tradicionales, lo que levantó y continua levantando el clamor de varios sectores predominantemente fundamentalistas quienes arguyen que la misma no puede ejercer la jefatura del país por no comulgar con las ideas religiosa tradicionales. Nada más lejos de la verdad y absurdo. Es obligatorio preguntarse: ¿En qué momento olvidamos la separación de Iglesia y Estado?

Todo el mundo repite el estribillo de separación de Iglesia y Estado sin cesar, pero, ¿por qué existe? Durante largos siglos la iglesia tuvo control sobre las monarquías o pueblos medievales y modernos, así como sobre su desarrollo económico, político y social. Cuando la Iglesia y el Estado eran uno, las libertades individuales eran débiles o inexistentes. Contrariar la fe del monarca podía costar la vida. Europa ha sido escenario de innumerables luchas religiosas y persecuciones, siendo España e Inglaterra dos lúcidos ejemplos: los ingleses con las luchas católico-anglicanas y España con su Inquisición, la cual se extendió a América costándole la vida a innumerables seres humanos. Vidas perdidas por no comulgar con lo establecido o sus normas. No tenemos que irnos tan lejos, en Puerto Rico el protestantismo no tuvo espacio hasta el siglo XIX y tuvo sus consecuencias. Cuando el monarca expedía ciertas cédulas, por ejemplo, para la entrada de extranjeros uno de los requisitos era ser católico. Este proceder fue cuestionado durante el Renacimiento y el humanismo comenzó a luchar contra este, afianzándose durante la Ilustración. La idea del Estado terrenal, con sus propios medios de acción ganó adeptos, permitiendo así que la Iglesia se encargara del plano espiritual, que es individual, y el Estado del suyo, que es colectivo.

No es que ahora se esté acabando con la vida de disidentes religiosos, al menos en nuestro entorno, pero hay otras maneras de anular a los individuos y discriminarlos por sus creencias es una de ellas. Lúgaro, que se presenta a unas segundas elecciones coloniales recibe, además por ser mujer y única candidata, pues los demás son varones, constantes señalamientos por no adherirse a los patrones de fe mayoritarios, como si ello fuere un requisito fundamental para gobernar.

Lo que muchos ignoran o no quieren ver, ya sea porque no pueden o porque no les conviene, es que cuando vamos a unas elecciones, de plano terrenal, elegimos a un gobernante político, no un pontífice o reverendo. Es urgente reflexionar, ¿desde cuándo garantiza la religión un gobierno saludable o eficiente? Esto es llamarnos a engaño. Si bien es cierto que podemos diferir con algunas de las ideas de esta candidata, también es correcto decir que funcionarios electos de los, hasta el momento, partido dominantes Nuevo Progresista y Popular Democrático, y que pregonan su fe a viva voz, no han hecho una excelente labor y los resultados están a la vista. Basándonos en hechos, algunos mandamientos de aquellos a los que se aferran para ganar votos, habrán olvidado. Hay ejemplos recientes, como la representante de la Cámara, María Milagros Charbonier, quien desde su escaño pregonaba una fe avasalladora y recientemente fue acusada por delitos de apropiación de fondos públicos y esquemas de fraude. Un suceso muy lamentable, pero que nos ilustra que la convicción religiosa no necesariamente es reflejo de nuestras acciones.

Para ejercer el Poder Ejecutivo la Constitución Colonial no exige credo alguno. Sin embargo, si prohíbe la preferencia e imposición de alguna idea religiosa por parte del Estado hacia los ciudadanos, pues mantiene como principio la libertad de culto. Si el Estado no impone una religión a los ciudadanos, ¿por qué el empeño en imponer una religión al Estado y sus funcionarios electos?  No confundamos una idea con la otra. ¿Acaso los protestantes no votan porque los candidatos a gobernador han sido tradicionalmente católicos? No nos llamemos a engaño, ese, indudablemente, no es el caso.

Es necesario desprendernos del fanatismo en cualquiera de sus facetas para sanar el país y razonar para dejar atrás incongruencias e hipocresías. No es dejar de creer en Dios, es dejar de pensar que una religión está por encima de otras o que una religión faculta para el ejercicio de ciertas labores. La historia le ha demostrado a este país que muchos de los que iban pregonando la fe en sus campañas políticas le han fallado al país al servirse de él. La separación de Iglesia y Estado se hizo para proteger a los individuos y ciudadanos de los vaivenes y caprichos del gobernante. No nos volvamos víctimas de nuestros propios avances por juzgar a quien piensa diferente. Dejemos a Dios cuidar su rebaño y desarrollemos la capacidad de elegir funcionarios capaces de generar una vida terrenal digna y grata con iguales oportunidades para todos, independientemente de sus ideas individuales o privadas. Busquemos funcionarios que trabajen por el bien colectivo. A Dios lo que es de Dios y al César lo del César.

Y no es una cuestión de tener la razón, pues esta es una idea, no una cosa, por lo que no se puede poseer físicamente. La razón que muchas veces creemos tener, nos ha poseído por siglos y por querer tenerla, nos ha llevado a enfrentarnos causando grandes tragedias a la humanidad. Es tiempo de ver más allá y valorar a las personas por quienes son y pueden hacer por el país. Si la mayoría de nuestros líderes tuviesen a Dios en el corazón, no existiría tanta corrupción, no hubiesen escondido los suministros tras el terremoto y dejado a gente morir tras el paso del huracán María. Esa fe ciega ya le ha costado la vida a muchos.

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