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Madre América: Chile

Derrota y Patria en Cancha Rayada

René Villaboy

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Quiso el azar que las planicies de Cancha Rayada, en la actual región chilena de Maule, fueran escenario de dos acontecimientos de gran trascendencia en el proceso de luchas anticoloniales de ese país. En momentos diferentes, que la historiografía nacional de Chile divide en la Patria Vieja y la Patria Nueva, los patriotas que lucharon por la independencia en 1814 y luego por consolidarla en 1818 sufrieron respectivas derrotas. Casualmente las dos tuvieron lugar en el mes de marzo. En cambio, la más conocida, y si dudas la más transcendente, por lo que significó para el triunfo definitivo sobre la corona española, fue el conocido desastre militar de 1818.  A este suceso que sin dudas encausó un revés hacia la consolidación de la libertad dedico la presente nota.

La lucha hacia la independencia en la entonces Capitanía General de Chile arrancó en condiciones análogas a las de sus vecinos hispanoamericanos en septiembre de 1810. De la creación de una Junta de Gobierno, integrada por los pujantes grupos criollos que se aprovechó de la inestabilidad en la Europa creada por la bota napoleónica, fue transitando hacia la aspiración de un estado independiente que se construyó mucho más en el pensamiento que en la praxis política de sus defensores. La incertidumbre sobre la ruptura total con España, las rencillas internas entre los caudillos y las elites que estos representaban y, sobre todo, las erráticas estrategias políticas y militares llevaron al fin de la Patria Vieja chilena tras el desastre de Rancagua en los dos primeros días de octubre de 1814. Los restos de los ejércitos patriotas tuvieron que pasar estrepitosamente al lado rioplatense, donde el estatus de autonomía todavía se mantenía en pie.

 El cruce de los andes, protagonizado por miles de hombres al mando de José de San Martín en 1817, abrió las puertas para una nueva etapa libertaria en tierra chilena. Combinando una extraordinaria movilización de recursos materiales y humanos y su original Guerra de Zapa. Ésta  sembró  desconcierto y desinformación en las tropas realistas del lado chileno, y San Martín con sus tropas propiciaron el histórico triunfo de la Batalla de Chacabuco en febrero de ese mismo año. Aquel combate puso a los libertadores del Ejército de los Andes en los umbrales de Santiago. Una asamblea o cabildo, integrado por notables miembros de la aristocracia chilena reconoció la victoria y de paso nombró a Bernardo O’Higgins como Director Supremo. Era el momento para imprimir “acento chileno” a una hazaña que algunos veían como obra invasora traída de Buenos Aires. El director O’Higgins se ocupó en reorganizar los ejércitos y sobre todo en procurar la derrota de los realistas que aun controlaban espacios del insurgente estado de Chile.

En cambio, la coyuntura de las operaciones llevó al firmante del Tratado de Lircay a enrolarse en evadir un posible desembarco proveniente del reaccionario Perú y ripostar al avance de los realistas reagrupados desde el Sur bajo el mando del sevillano Mariano Osorio. Como paso previo a la gran resistencia y justo en el primer aniversario de Chacabuco se proclamó formalmente la independencia de Chile en 1818 y se aprobó una constitución. Las fuerzas combinadas de O’Higgins y San Martín denominadas entonces Ejército Unido de los Andes,  se enfrascaron en la contraofensiva para contener el avance realista. 

El 19 de marzo de 1818, en Cancha Rayada, las huestes de Osorio atacaron sorpresivamente causando una desconcertante derrota a los libertadores de Chile. El desastre de Cancha Rayada, donde quedaron totalmente desordenadas las tropas chilenas, sembró el pánico en la capital santiaguina. En cambio, en medio de una debacle moral, Manuel Rodríguez, uno de los mas radicales patriotas de la vieja y la nueva patria, líder de las guerrillas que abrieron el paso al Ejercito de los Andes, no dudó en armar al pueblo. Al enardecido llamado de Aun tenemos patria, Rodríguez asumió el gobierno y creó un implacable cuerpo de Húsares de la Muerte para defender la independencia frente a las tristes noticias que llegaban. Días después, O’Higgins, llegó a la capital y reasumió el mando. Reorganizando las tropas, pudo entonces vencer en Maipú el 5 de abril; que dejó consolidada la independencia. Así fue que la derrota de Cancha Rayada no alejó a los chilenos de su firme decisión de tener patria.

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Los 12 días de la República Socialista en Chile

Sergio Guerra Vilaboy

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La reciente derrota del presidente Sebastián Piñera, que ha sido obligado por el congreso a entregar anticipadamente a la población chilena el 10% de los recursos de los Administradores de Fondos de Pensiones (AFP), creados durante la dictadura de Pinochet, es resultado de una profunda crisis nacional, agravada por los efectos de la Covid 19. La inestabilidad del país austral nos recuerda la de los años treinta, cuando surgió allí el primer gobierno socialista en la historia de América Latina.

Chile fue uno de los países del continente más golpeados por la gran depresión económica de 1929, al caer en forma brusca sus exportaciones en un 85%. Las ventas del salitre, principal renglón productivo desde la Guerra del Pacífico (1879-1883), que en 1929 habían sido de 3 millones 200 mil toneladas, tres años después eran sólo de 400 mil. Los artículos esenciales desaparecieron y fue necesario utilizar las reservas del país para poder importar.

La terrible situación despertó un extendido movimiento opositor contra el régimen del general Carlos Ibáñez, establecido en 1927 con el apoyo de la banca norteamericana, que había endeudado el país, quien debió dimitir el 26 de julio de 1931. A pesar de la distracción electoral urdida por el gobierno que le sucedió, un mes después estalló una huelga general convocada por la Federación Obrera de Chile (FOCH), a lo que se sumó la imprevista insurrección de la marina de guerra.

El 1 de septiembre de 1931 la escuadra chilena se sublevó en Coquimbo, Talcahuano y Valparaíso. Reprimida con crudeza por efectivos gubernamentales, los marinos tuvieron que capitular. No obstante, durante los primeros meses de 1932 siguieron las huelgas obreras, los motines y conspiraciones militares, así como las tomas de tierras por los hambreados campesinos y mapuches.

A mediados de ese año cobró fuerza un singular complot militar, apoyado por las emergentes agrupaciones socialistas, encabezado por el nuevo jefe de la aviación coronel Marmaduke Grove, encaminado a recuperar la economía y mejorar la dramática situación de los trabajadores. Enterado del movimiento en su contra, el gobierno de Juan Esteban Montero destituyó a Grove el 3 de junio de 1932, lo que precipitó la toma del poder por los conspiradores. Al día siguiente se constituyó una junta que estableció la denominada República Socialista con el objetivo declarado de “Alimentar al pueblo, vestir al pueblo, domiciliar al pueblo”.

De inmediato, se prohibieron los desahucios y fueron devueltos a sus dueños los objetos empeñados en la Caja de Crédito Popular, así como requisados alimentos para ser repartidos por el ejército entre los más desamparados. Se implantó un impuesto a las grandes fortunas, fueron expropiados los depósitos en moneda extranjera y oro, creados dos nuevos ministerios (Trabajo y Salubridad Pública), repuestos los maestros cesanteados por causas políticas, disuelto el congreso nacional y promulgada una amplia amnistía.

Para acabar con la República Socialista, que ya perfilaba un área estatal en la economía y el control del comercio, la reacción interna, encabezada por el vetusto Partido Conservador, abogó abiertamente por la intervención de Estados Unidos. Al ataque de la derecha, se sumó el del influyente Partido Comunista, que desconoció al gobierno socialista, llamando a la formación de soviets, tal como ocurrió en Cuba durante el Gobierno Revolucionario de 1933.

En la noche del 16 de junio de 1932, tras una gran concentración obrera en Santiago en apoyo a la República Socialista, se produjo el contragolpe encabezado por Carlos Dávila. Grove y otros líderes fueron apresados en La Moneda, cuando dirigían una alocución radial al pueblo, y enviados como prisioneros a la isla de Pascua. Santiago quedó bajo la ley marcial y el toque de queda, mientras se establecía una rígida censura de prensa y eran derogadas las libertades sindicales y políticas. Pero el primer gobierno socialista de Chile, que sólo duró doce días, dejó como secuela la fundación del Partido Socialista, el mismo que integrado a la Unidad Popular llevaría a Salvador Allende a la presidencia en 1970, hace ahora justamente medio siglo.

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Los indoblegables mapuches

Sergio Guerra Vilaboy

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Entre las noticias que llegan sobre las impresionantes manifestaciones populares en Chile, que no se han apaciguado ni con la Covid 19, sobresalen las airadas protestas mapuches contra las injusticias cometidas a este legendario pueblo originario de Nuestra América. La heroica resistencia de los también llamados araucanos comenzó a resonar en los albores de la conquista de América, cuando las huestes de Diego de Almagro, seguidas después por las de Pedro de Valdivia, invadieron la tierra austral.  

En el valle del Mapocho, Valdivia fundó el 12 de febrero de 1541 la villa de Santiago de Chile, capital de la llamada Nueva Extremadura, de la que se proclamó Gobernador. Sin embargo, la nueva colonia no nació en un lecho de rosas, pues los mapuches esparcidos en la región entre el valle de Aconcagua y la isla de Chiloé se enfrentaron sin tregua a los ávidos conquistadores españoles.

A fines de ese mismo año se desató la primera gran ofensiva araucana encabezada por Michimalonco, que logró destruir Santiago. La precaria situación de los conquistadores obligó a los primeros colonos a trabajar la tierra para sobrevivir. Pero el arribo de refuerzos permitió a los españoles avanzar hacia el sur y fundar la villa de Concepción (1550), junto a la desembocadura del Bio bío. La penetración europea intensificó la resistencia de los pueblos originarios, amenazados con ser expulsados de sus propias tierras, aniquilados o esclavizados. 

En un movimiento defensivo, varias tribus se unieron a un valeroso guerrero llamado Caupolicán o Kalfulikan, en mapudungún, la lengua mapuche. A este se sumó Lautaro, que había vivido entre los españoles y conocía sus tácticas militares. En enero de 1554, Lautaro infligió una sensible derrota a la hueste conquistadora en Tucapel, batalla que perdió al propio Valdivia, su jefe máximo, muerto empalado.

La tenaz lucha de los pueblos originarios continuó, aunque la traición hizo caer, en abril de 1557, a Lautaro, y en febrero de 1558, a Caupolicán, cuyas heroicidades sirvieron de tema al famoso poema épico La Araucana (1569-1592). Compuesto en el propio escenario de la guerra por el conquistador español Alonso de Ercilla, su propósito original era exaltar “el valor, los hechos, las proezas de aquellos españoles”, pero terminó siendo un canto de admiración a los mapuches, cuyas hazañas y elogios a Caupolicán, Lautaro, Galvarino, Rengo, Tucapel, los convirtieron en los verdaderos protagonistas de la historia.

Ercilla denominó aquella contienda Guerra del Arauco y a sus héroes los araucanos, palabra procedente del quechua, donde significa rebelde (auka), pues los incas ya habían sido contenidos por los mapuches en el río Maule. En esa misma arteria también fueron detenidos durante largo tiempo los invasores europeos por los araucanos, que ya utilizaban caballos y manejaban arcabuces. A fines del siglo XVI una sublevación generalizada amenazó la presencia hispana en Chile –fueron destruidas todas las villas españolas al sur del Bio-bío-, en la que perdió la vida el propio Gobernador Martín García Oñez de Loyola en la batalla de Curalaba (1598).

En 1665 la Corona española se vio obligada a dejar en paz a los mapuches, firmando con ellos varios acuerdos o “parlamentos”, ampliados en 1773 al reconocerse la autonomía de la Araucanía, con el río Bio-bío de frontera con la Capitanía General de Chile. Fue precisamente en los siglos XVII y XVIII que tribus araucanas cruzaron los Andes y se mezclaron con los pueblos originarios de las Pampas y la Patagonia, entre ellos los tehuelches, pampas y ranqueles. Con el mapusugún como lengua común, a los dos lados del extremo sur de la cordillera andina, se fue conformando una especie de nación mapuche independiente llamada Wallmapu.

En la década de 1820, cuando esa integración de los pueblos originarios iba tomando cuerpo, los patriotas criollos, para conseguir que los mapuches dejaran de apoyar a los realistas, les reconocieron sus derechos ancestrales sobre el extremo meridional y la autonomía, lo que fue clave para la derrota de España. Formadas las repúblicas de Chile y Argentina, sus respectivas elites pronto reanudarían la hostilidad a los mapuches hasta llegar a cometer un verdadero genocidio, maquillado con los eufemismos de “pacificación” de la Araucanía y la “conquista del desierto”, temas de nuestra próxima nota de Madre América.

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Madre América: Chile

El pueblo chileno está a punto de producir un cambio histórico

Héctor Hernández Pardo

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Las protestas estudiantiles iniciadas en octubre pasado se han convertido en un poderoso movimiento social. Los objetivos de las manifestaciones populares van al fondo de las estructuras que sustentan el régimen social y político del país sudamericano. Decenas de muertos, cientos de heridos, miles de encarcelados ya registra el estallido social en Chile. Denuncian organizaciones de defensa de los derechos humanos torturas y otras vejaciones sobre civiles por parte de los militares. Pronostican un mes de marzo caliente en manifestaciones populares. Las encuestas indican que el 70 % de la población quiere una  nueva Constitución, que sustituya  la de Pinochet.

Unas protestas estudiantiles que se iniciaron el año pasado en Chile, en apariencia por el alza de las tarifas del sistema público de transporte, fueron subiendo de tono durante meses y también incrementando la participación de otros sectores de la sociedad civil, hasta convertirse en un poderoso movimiento social cuyos objetivos, ahora quedan claros, van al fondo de las estructuras que sustentan el régimen social  y político de aquél país.

Para muchos analistas internacionales, la población de aquella nación suramericana, por la vía de la movilización popular, está a punto de producir  un cambio histórico: acabar con un sistema generado por la dictadura de Augusto Pinochet, y que se extiende hasta nuestros días, y muy especialmente con la Constitución vigente,  elaborada por el General golpista y su camarilla tras el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende, electo democráticamente.

Los estallidos sociales iniciaron el domingo 6 de octubre del 2019 en la capital chilena, y se extendieron rápidamente a otras ciudades como el Gran Valparaíso, Gran Concepción, Arica, Antofagasta, Valdivia, Osorno, Puerto Montt, Punta Arenas, La Serena y otras. No ha habido tregua desde entonces, a pesar de la represión desatada por parte de los Carabineros, le enorme cantidad de víctimas que se ha registrado  y los esfuerzos del Gobierno actual de Sebastián Piñera por tratar de ganar tiempo, la decisión de decretar el estado de emergencia  y el toque de queda y anunciar maniobras engañosas. Las concentraciones populares pronto empezaron a mostrar el malestar de fondo que existe en el seno del pueblo chileno ante las políticas neoliberales aplicadas en aquel país: el alto costo de la vida, las bajas pensiones, los precios elevados de medicamentos y servicios de salud, el descrédito de la clase política y de las instituciones acumulado, incluyendo el rechazo a la Constitución pinochetista.

Según informaciones de diferentes organizaciones nacionales e internacionales de defensa de los Derechos Humanos, la violenta represión desatada contra estas manifestaciones populares ha costado  ya la muerte a decenas de chilenos y cerca de 4 mil civiles hospitalizados, incluyendo niños y mujeres, y más de 9 mil detenidos. Las mismas fuentes han denunciado también muchos casos de torturas  y otras vejaciones por parte de las Fuerzas Armadas chilenas.

Ante la pujanza  y masividad  de las protestas el Gobierno conservador de Piñera se vio obligado a acordar la convocatoria a un plebiscito nacional en el próximo mes de abril para definir si se redactará una nueva Constitución Política y qué mecanismo será utilizado. Para muchos se trata de una medida destinada a ganar tiempo, pero las manifestaciones no se han detenido.

Las noticias recientes indican que en ocasión del famoso Festival de Viña del Mar se calentó el ambiente. y confirmó la sensación generalizada: que la tensión en torno a las demandas sociales y el plebiscito del 26 de abril -que definirá si se reforma la Constitución- se intensificará en las próximas semanas. El evento, que cuenta con un poderoso arraigo social entre los chilenos, estuvo en el centro de la polémica en los meses previos a su realización. Tras las suspensiones de la APEC, la COP 25 y la final de la Copa Libertadores, el certamen enfrentó varias peticiones para su cancelación y amenazas de boicot.

Así, y en el primer día del festival, la ciudad costera fue centro de violentos incidentes y de varios enfrentamientos entre manifestantes y carabineros. Los huéspedes del Hotel O’Higgins tuvieron que ser evacuados. Los manifestantes gritaban la consigna “Calles con sangre, Viña sin festival”.Los disturbios encontraron rápido eco en las autoridades y el presidente Sebastián Piñera realizó un llamado a recuperar el orden. Con todo, para los próximos días se esperan nuevas protestas y manifestaciones a lo largo del país.

El domingo 8 de marzo se espera la mayor movilización de los últimos meses en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Y para el día 11, en tanto, ya se han anunciado protestas en medio del segundo aniversario del comienzo del segundo  mandato gubernamental de de Piñera.

Para  la mayoría de los analistas el escenario del mes de marzo tendrá como base la crisis de legitimidad de todas las instituciones del país y, por defecto, la incapacidad de procesar las demandas sociales en tiempo y forma. Y está claro que la figura presidencial, que posee apenas un 6% de aprobación, no será la llamada a arbitrar las diferencias.

Los sondeos previos al plebiscito de abril le dan amplio favoritismo a la opción de aprobar la elaboración de una nueva Constitución, con un 70% de las preferencias. En el caso de que la mayoría apoye esa opción, se iniciará un proceso para la elección de los constituyentes en octubre próximo y un año más tarde los constituyentes someterán a la ciudadanía la aprobación del nuevo texto constitucional.

El académico Gabriel Gaspar, analista internacional, de larga  trayectoria política, quien tuvo que exiliarse en México después del golpe de estado contra Allende, hizo unas declaraciones que resumen el actual sentimiento de la mayoría del pueblo de Chile: “Los chilenos enfrentaremos un momento decisivo de nuestra vida republicana. Un momento necesario para que a nadie le quede dudas de que la mayoría nacional está molesta y disconforme con muchos aspectos de su vida cotidiana. La demanda por más derechos sociales, por una redistribución justa del fruto del crecimiento, el reclamo por la mochila del endeudamiento, son muchos aspectos que conforman la base del malestar. Todo eso se une a una desconfianza con las elites“.

Hay que seguir de cerca los sucesos en Chile porque, a todas luces, las movilizaciones populares están destinadas a producir un cambio histórico en aquel país.

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