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Madre América: Cuba-México

La relativa normalización de las relaciones entre Cuba y México en 1924

Sergio Guerra Vilaboy

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Las relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Cuba y México, interrumpidas desde el violento derrocamiento del presidente Francisco I. Madero, en febrero de 1913, y muy deterioradas después durante el mandato del general Mario García Menocal (1913-1921), plegado a la política hostil de Estados Unidos hacia México, no se normalizaron hasta 1924. Ello ocurrió después que Washington reconociera a su homólogo mexicano a fines de agosto de 1923, tras la firma de los acuerdos de Bucareli, ya durante el mandato del presidente cubano Alfredo Zayas, extendido de 1921 a 1925.

Tanto el gobierno de Zayas, como el de su sucesor el general Gerardo Machado, siguieron manifestando cierta hostilidad al de México durante el resto de la década del veinte, en correspondencia con la política norteamericana que presionaba al nuevo mandatario mexicano Plutarco Elías Callas, en el poder desde 1924, por su política nacionalista en materia petrolera, las que alcanzaron su momento de mayor tensión entre 1925 y 1927, cuando Estados Unidos estuvo a punto de romper sus relaciones diplomáticas con México.

 Por eso, en la VI Conferencia Panamericana de La Habana en 1928, la delegación mexicana externó sus protestas por la animadversión de los anfitriones cubanos. Así lo reflejó el encargado de negocios de Cuba en México, Ramón Castro Palominos, en cable enviado a su cancillería el 10 de febrero de 1928, en alusión al ambiente existente en México en relación con la importante reunión continental.

Hoy visité subsecretario de Relaciones Exteriores [el mexicano Genaro Estrada]  para insistir nombramiento delegación Conferencia Inmigración […]  expúsome que duda hacerlo porque gobierno México está disgustado por tratamiento que dice reciben sus delegados VI Conferencia. Cordial y amistoso expresome resentimiento gobierno mexicano por siguientes causas: que Cuba tolera campaña prensa católicos quienes pretenden hacerse oír VI Conferencia repartiendo proclamas entre delegados; que policía cubana vigila dos delegados mexicanos por suponerlos comunistas los cuales serán llamados en evitación dificultades; que doctor Ferrara [se refiere a Orestes Ferrara, el canciller de Machado] hostiliza actuación delegados México; que presidente García manifestó desagrado a doctores Bustamante, Martínez Ortiz; que delegación México tenía instrucciones actuar en armonía delegación cubana y hacer demostración afecto y simpatía a gobierno y pueblo Cuba pero que se ha visto obligada a retraerse por falta ambiente cordial; que no extrañaría esa conducta de otras delegaciones como Venezuela, Perú, Estados Unidos por dificultades anteriores conocidas, pero sí de parte Cuba dadas excelentes relaciones y carencia problemas internacionales.”

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A contrapelo de las complicaciones diplomáticas y de la postura de Cuba contraria a los sucesivos gobiernos mexicanos del periodo de la Revolución, que desafiaban la hegemonía de Estados Unidos y provocaban la reacción adversa de las autoridades de la isla, varias destacadas figuras de la intelectualidad cubana se opusieron a esa política, como se puso de manifiesto en 1919 cuando México fue excluido de la Liga de las Naciones. Uno de esas voces fue la del sabio polígrafo Fernando Ortiz, quien abogó en La Habana, el 4 de febrero de 1920, en la Cámara de Representantes, por la inclusión del vecino país en el organismo internacional. Otro ejemplo fue el del doctor Teófilo González Radillo, quien en 1922 publicó en La Habana el folleto titulado La exclusión, que criticaba la postura de Estados Unidos dirigida a dejar fuera a México y a otros países de la Liga de las Naciones.

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Tensiones diplomáticas entre México y Cuba (1913-1921)

Sergio Guerra Vilaboy

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La política de sumisión a los dictados de Estados Unidos que caracterizó al gobierno del presidente cubano Mario García Menocal, extendido de 1913 a 1921, y sus ostensibles simpatías por los exiliados huertistas, determinaron que Salvador Martínez Alomía, enviado a La Habana en 1914 por el máximo jefe constitucionalista mexicano Venustiano Carranza en misión especial diplomática, no fuera reconocido y tuviera que ser retirado en julio de 1915. Su sustituto, en calidad de Cónsul General y luego como Encargado de Negocios de México en Cuba, fue Antonio Hernández Ferrer, quien fue aceptado a regañadientes por Menocal, en noviembre de ese año, como representante oficial del presidente de facto de México, siguiendo al pie de la letra las indicaciones de Estados Unidos, que solo un mes antes había dado su reconocimiento al gobierno de Carranza.

A pesar de ello, las relaciones entre Cuba y México continuaron muy tensas, pues el gobierno de la isla, cumpliendo instrucciones de Estados Unidos, fustigó al de Carranza para que rompiera su neutralidad en la Primera Guerra Mundial y declarara la guerra a Alemania. Esa presión –que incluía restricciones a las importaciones mexicanas de azúcar y otros productos y campañas de prensa acusando a México de inclinaciones germanófilas- alcanzó su punto culminante en octubre de 1917, cuando el gobierno cubano le comunicó al representante mexicano en La Habana que el presidente Menocal consideraba que la postura de México en el conflicto mundial era “contraria, según creía al restablecimiento de la paz y a la consolidación” del régimen constitucionalista. A esta intromisión en su política exterior, el gobierno mexicano respondió con dignidad al de Cuba, ratificando su independencia y postura soberana, al considerar que “[…] por acuerdo del C. Presidente de la República, puede Usted participar a ese Gobierno que el Gobierno de México está dispuesto a conservar su neutralidad, en virtud de no haber recibido ningún agravio de ninguno de los Gobiernos de las naciones beligerantes.”

Para complicar más las cosas entre los dos gobiernos de Cuba y México, en abril de 1918 fueron violadas y saqueadas por aduaneros norteamericanos en el puerto de La Habana las valijas de diplomáticos mexicanos en tránsito por la capital cubana, entre ellas las del ex canciller carrancista Isidro Fabela, entonces ministro en Argentina. Ello condujo a la retirada del representante mexicano ante el gobierno cubano, Alberto C. Franco, y a la clausura de su legación en La Habana, aunque no se llegó a la ruptura formal de relaciones.

Este fue el punto de inflexión en las tirantes relaciones entre los dos gobiernos, pues la llegada a Cuba al año siguiente del antiguo constituyente Heriberto Jara –quien viajó en la cañonera Zaragoza– para hacerse cargo de la representación mexicana, que estaba sin titular desde 1912, significó una cierta distensión. Jara se encontró en Cuba un ambiente oficial muy hostil a México, que en su opinión era resultado del “esfuerzo de cuatro elementos: la Prensa, los norteamericanos interesados en presentar a México en las condiciones más deplorables, la gran colonia española, mal impresionada por los clérigos españoles expulsados y por los comerciantes y judíos avaros y los mexicanos traidores que por el hecho de que no están en el poder, quisieran, para vengarse, que sobre México cayeran las desventuras más grandes. A esto hay que agregar la circulación clandestina de algunos pasquines que circulan en esta capital, y que injurian al Gobierno de la manera más soez, como Revolución, Omega, El Mañana, etc.”

A pesar de la incansable labor desplegada por Jara para mejorar las relaciones con el gobierno cubano, el presidente Menocal, en concordancia con su postura habitual de sumisión a Estados Unidos, no reconoció al de Obregón en 1920, con el pretexto de los sucesos violentos que habían conducido al asesinato del depuesto presidente Carranza ese mismo año.

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