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Madre América: Puerto Rico

Puerto Rico: Patrimonio Nacional al mejor postor

Edwin Sierra González

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Ha salido a la luz pública, para asombro de muchos y nuevo capítulo de desventura para otros, que el gobierno colonial de Puerto Rico, bajo el Mandato de Alejandro García Padilla, ha arrendado a una cadena hotelera el Histórico Asilo de Beneficencia, edificado en 1840 y que hoy es sede el Instituto de Cultura Puertorriqueña, fundado en 1955 por el prestigioso arqueólogo e historiador puertorriqueño fallecido en 2011, Don Ricardo Alegría Gallardo, quien fuera además, corresponsal extranjero de la Academia Mexicana de la Historia. Alegría es considerado el Padre de la Cultura, por su defensa de las tradiciones, costumbres y herencias históricas que construyen la Identidad Nacional, esto a pesar de la gran oposición que recibió de algunos sectores e incluso académicos estadounidenses que negaron la existencia de una cultura nacional. El tiempo le dio la razón a Don Ricardo y su monumental restauración y rescate del patrimonio material e inmaterial es su mayor testigo en una prolífica gestión que aún permanece viva en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, fundado por él mismo.

La pregunta obligada es: ¿De verdad nos sorprende? ¿O es solo el estupor momentáneo sobreactuado de quien no quiere la cosa? La desarticulación del patrimonio histórico puertorriqueño es algo que nos viene desgarrando hace décadas. Vivimos en un país donde nuestros grandes escenarios yacen a la sombra, mendigando la atención del gobierno y del pueblo que ha sido víctima y partícipe de las gestiones del Estado Colonial por suprimir nuestra memoria colectiva. Los museos son los grandes ausentes en muchos de nuestros pueblos y ciudades, porque nunca hay quien les atienda o nos reciba para abrirnos a ese espacio de conocimiento. ¿Cuántos años llevamos sin la Galería Nacional de Puerto Rico? Muchos grandes proyectos son entorpecidos por el gobierno por su patética agenda política. Institución llamada a preservar, estudiar y exhibir lo mejor de nuestro pasado artístico desde el periodo indígena-nativo, pasando por el arte virreinal novohispano y la actualidad. Grandes obras del siglo XVIII puertorriqueño, del Padre de la Pintura Nacional, José Campeche y Jordán, permanecen sin ser disfrutadas por los puertorriqueños. Algunas incluso han sido robadas. Lamentablemente, muchos grandes proyectos son entorpecidos por el gobierno por su patética agenda política.

¿Cuántos edificios yacen en ruinas porque no hay dinero para restaurarlos? Esa siempre es la queja farisea del gobierno de turno y argumento principal para la transacción que se realizó a escondidas y despoja a la principal institución cultural del Estado de su sede. Por increíble que parezca, es como una escena macondiana donde el gobierno se atropella a sí mismo. El Cementerio Nacional del Viejo San Juan es otro ejemplo del paupérrimo estado de nuestros Monumentos. Se desploma con sus muertos año tras año, en silencio… ante la indiferencia a pesar de su privilegiado sitial en el Casco Antiguo de la Capital.

Pero claro, si se han privatizado aspectos esenciales de nuestra sociedad como la salud, porque pareciera que nos gobiernan mercaderes más que líderes,  ¿por qué el rubor ante la nueva afrenta gubernamental? Los partidos de mayoría gobiernan desde el silencio y la sombra, a su antojo y complacencia, despojándonos de lo que nos queda como país. No nos enfrasquemos en las peleas pequeñas entre los partidos Popular Democrático y Nuevo Progresista. Se vuelve urgente que entendamos que los partidos de mayoría han perdido su norte por su constante salivación al lucro. ¿Cómo es que no hay para aquellas cosas que urgen, pero sí para las campañas políticas que se avecinan? O más absurdo aún, para un caprichoso simulacro de voto presidencial en las elecciones de noviembre 2020, que en nada aminora nuestra decadencia y condición de inferioridad política respecto a los Estados Unidos. Como si al amo le importara la opinión de los colonos. Las escuelas requieren materiales y ser restauradas, los maestros mejores salarios, el ciudadano un nuevo salario mínimo, pago que no aumenta desde 2009 a pesar del abusivo costo de vida. Simplemente no hay prioridades. El día que usemos la democracia representativa para elegir con la razón y no con el fanatismo, solo ese día Puerto Rico estará seguro. Mientras, sigamos esperando los anuncios de los mercaderes que nos gobiernan donde nuestro patrimonio, en lugar de estar al servicio del pueblo y de la Nación, se encuentra al servicio de aquellos que solo viven para la acumulación de riqueza y nada más. Reflexionemos urgentemente. Actuemos rápidamente, quizás aun haya tiempo se salvar lo que quede. En el 2020 tendremos una nueva oportunidad, usémosla.

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Puerto Rico, salud y gestión emocional, el reto de unas islas golpeadas

Edwin Sierra González

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Los últimos tres años, especialmente desde el azote del poderoso huracán María en 2017, las islas puertorriqueñas se han visto abatidas por un hilo incesante de desastres naturales, y sociales también, que han puesto a prueba el límite individual y colectivo de tolerancia al dolor, el desamparo y la soledad. Los desastres causados por María, que originó la muerte de 4,000 puertorriqueños, se extendieron durante meses y todavía en la actualidad hay familias que intentan recuperarse. En medio de una crisis humanitaria que se extendió durante el 2018 y una hecatombe política que sacudió al país durante el 2019, el año 2020 no parece ser más benévolo. La acumulación de situaciones está causando estragos en el país y en la salud emocional de los ciudadanos que, en lo que va de año, se han enfrentado a terremotos, siendo el último el del pasado 2 de mayo de 2020, de 5.4 en la escala Richter, que afectó a la sureña ciudad de Ponce, destruyendo edificios y patrimonio arquitectónico. Éste se suma al sufrido el pasado mes de enero de 6.4, también al sur, y a la actual pandemia que ha provocado que sobre 390,000 puertorriqueños se sumen a las filas del desempleo ante una gestión errática por parte del gobierno que no les permite recibir los auxilios económicos que requieren.

La desorganización y la mala gestión gubernamental han disparado la pobreza, la necesidad de alimentos y el requerimiento de apoyos psicoemocionales. Según datos provistos por la Administración de Servicios de Salud y Contra la Adicción, la división de Primera Ayuda Sicosocial (PAS), desde que profundizara la crisis de la pandemia, ha visto sus líneas telefónicas saturadas con cerca de 2,000 llamadas diarias, mas de las recibidas durante el huracán María en 2017, lo que podría ser un indicativo del cúmulo de situaciones psicoemocionales que atraviesa la población ante tanta situaciones que han agravado la crisis económica que azota a las islas desde hace mas de una década.

Keren Borrás, quien es entrenadora profesional en Potencial Humano y Gestión Emocional, resalta que, “la inteligencia emocional es la capacidad para gestionar nuestras emociones y los cambios en pos de la toma de decisiones y la resolución de conflictos”. La también formadora puertorriqueña, con sobre 20 años de experiencia en el desarrollo de recursos humanos e inteligencia emocional, a través de su espacio Excelencia Emocional, sostiene que la mayor herramienta que podemos desarrollar en estos tiempos difíciles para Puerto Rico, México y el mundo es la fortaleza en las emociones, pues nos permite superar momentos difíciles de un elevado impacto emocional y recuperar el equilibrio interior, algo que muchos hemos perdido en América Latina a causa de todas estas situaciones dolorosas.

En un aparte con Informe Fracto, tras completar una sesión de apoyo que realiza para España, Borrás nos indica que la inteligencia emocional “nos aporta una gestión apropiada de la incertidumbre, la duda, el miedo y la presión”. Recalca además, que “cuando nos fortalecemos o pedimos apoyo, somos capaces de auto-motivarnos, encontrar alternativas y fuerza ante la adversidad para conservar el aliento y saber cuándo debemos tomar acción y cuando quedarnos tranquilos, hablar, callar y pensar a pesar de la presión”. Esto sin duda, ante la presión que Puerto Rico se encuentra recibiendo en este momento cuando más apoyo se requiere del Estado y el mismo se encuentra en su peor gestión, sumido en escándalos de corrupción, desfalco de la hacienda pública y la inefectividad de las ayudas por desempleo que cientos de miles no han recibido a pesar de estar los recursos disponibles. El gobierno puertorriqueño tiene en su poder sobre 2 billones de dólares para atender la crisis y aún así, son muchos los que aún se encuentran en necesidad.

En momentos de crisis como este, que se ve matizado por el encierro y el distanciamiento social impuesto por los gobiernos, la entrenadora caribeña enfatiza que “lo primero que requerimos hacer, es aceptar lo que estamos viviendo, pues siendo conscientes de ello, sabremos qué requerimos en cada momento”. La misma señala apasionadamente, que somos capaces de afrontar muchos más retos de lo que creemos y que por eso el filósofo de la antigüedad, Aristóteles, decía que “es en la adversidad cuando sale a la luz la virtud”. Un señalamiento importante pues Puerto Rico presenta un alarmante desfase emocional que durante la catástrofe del huracán María elevó la tasa de suicidios en un 28%, colocándolo en 254 casos para 2017. Los meses posteriores a María no bajaron de 20 suicidios al mes, lo que resulta alarmante, pues hay un alto grado de depresiones y otras perturbaciones emocionales a causa de los desastres naturales y situaciones económico-sociales que la pandemia exacerba. La desarrolladora del potencial humano, Borrás reconoce la fuerte retahíla de dolorosos suceso que han afectado el país, por lo que hace un llamado a ser amables con nosotros mismos para entender el aspecto sano que representa el miedo. Ella indica que “nuestro cerebro, automáticamente, nos lleva a dar el paso de protegernos. Requerimos ser conscientes de que es un momento que no podemos controlar, que solo llega y es importante mirarlo como un cambio que nos impacta, por lo que debemos darnos el permiso  y el tiempo necesario para que recuperemos la perspectiva de las cosas”. Con ello, podremos evitar las alarmantes y dolorosas cifras que muestran como cientos de puertorriqueños han visto en el suicidio una alternativa.

“El presente puede resultar en ocasiones una pesadilla de la que queremos huir. En otros momentos, podemos experimentar bloqueo y parálisis por lo que estamos viviendo. Momentos como este nos permiten avanzar y darle un sentido a nuestra vida eligiendo pensamientos que nos motiven a salir hacia adelante” esboza la autora, quien se encuentra redactando su segundo libro y reeditando el primero para un relanzamiento próximamente. A través de los talleres y seminarios que ha impartido en Puerto Rico, América Latina y Europa, donde ha impactado la vida de miles de personas de diferentes lenguas, Keren Borrás aseguró a Informe Fracto que una de las mayores herramientas con las que cuenta el ser humano es el amor, tanto propio como hacia otros, a tal punto que incluso un recuerdo es capaz de proporcionar un sentido vital para continuar adelante. El mismo también puede manifestarse a través de la solidaridad y el voluntariado, pues las conexiones sociales y la comunicación diaria nos llevan a crear vínculos de felicidad. Además, entiende que con todo lo que ocurre: los impactos atmosféricos que no ser controlan, los terremotos y una pandemia que nos ha llegado por sorpresa, nos ha llevado a reiniciar pensamientos e ideas, por lo que muchas personas buscan alternativas para adaptarse a lo nuevo.

Dado el momento que Puerto Rico vive, esta científica del alma, como cariñosamente le llama a su trabajo, reclamara urgentemente que “invitemos a las personas a pedir apoyo, a entender cómo funciona su mente y sus emociones”. Para ella, apoyar a restaurar heridas del pasado, a establecer un presente claro y que la gente pueda gestionar situaciones difíciles para llevarles a tomar consciencia de que tienen todo para avanzar es uno de sus mayores regalos, por lo que recuerda que es importantísimo entender, respetar y escuchar los silencios, miedos y preocupaciones sin juzgar. Este acompañamiento empático se vuelve necesario en una población que está sobre la media de afectados emocionalmente respecto a los Estados Unidos.

Antes de comenzar una nueva sesión, la entrenadora, que busca apoyar a las personas de Puerto Rico y el mundo, a formarse en el desarrollo sus destrezas emocionales con un novel proyecto llamado “Excellence Talent Academy – Master Experto de Talento”, aconsejó a nuestros lectores cultivar la fe en ellos mismos y que se permitan sentir para poder atravesar estos momentos de incertidumbre. Que pidan apoyo, pues no podemos elegir gran parte de lo que nos sucederá en la vida, sin embargo, si somos absolutamente libres de elegir la actitud con la cual afrontarlo, por lo que poseemos una fuerza interior que requiere ser entrenada: la resiliencia. 

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Con o sin virus: la eterna crisis cultural en Puerto Rico

Edwin Sierra González

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No hay duda de los efectos del coronavirus han sido devastadores en todos los ámbitos de acción humana. Tampoco lo es novedad, el hecho de que la Madre Tierra sea la gran beneficiada de todo este proceso en el que la humanidad se ha visto obligada a detener su acción, positiva y negativa, sobre el planeta. Sin embargo, uno de los aspectos más lastimados en este proceso, y siempre, lo es la cultura, esa alma de los pueblos que reivindica caminos, identidades e historia. Mucho se ha escrito o hablado sobre el efecto económico de la pandemia, pero: ¿Qué de la cultura? ¿Qué con ese aspecto humano de gran interacción que se nutre del constante hacer-presenciar?

En Puerto Rico, la cultura adquiere unas dimensiones particulares, muy marcadas por su condición de territorio colonial de los Estados Unidos desde 1898, después de la invasión y ocupación de la isla. Mientras en la mayoría de los países del mundo la cultura representa una manifestación natural de su devenir colectivo, en Puerto Rico se vuelve una constante lucha de reafirmación colectiva e individual. Esto, por los constantes intentos de transculturación a los que la población es sometida, siendo la más recordada el intento de modificación lingüística para suplantar el español por el inglés, por lo que la educación se intentó impartir en inglés, incluso trayendo maestros estadounidenses. El proyecto fue derrotado en la década de los 40 del siglo pasado ante la renuencia de la población a abandonar el español puertorriqueño como lengua. Lo mismo ocurrió con la Fiesta de los Santos Reyes, celebrada los 6 de enero, pero nuevamente, se impuso la tradición. A pesar del paso del tiempo, la lucha continua y la crisis cultural en Puerto Rico es casi a témpore, sin principio y sin final, sólo marcada por momentos mucho más agudos, como este de la pandemia.

Elia Cortés, quien es bailaora de Bomba puertorriqueña, una de las danzas nacionales más antiguas al considerarse la primera del país y herencia directa de los esclavizados africanos durante la dominación española sobre la isla, señala que “la cultura es esencial y nos brinda la seguridad de lo que somos”. Cortés, con más de 30 años en el ámbito cultural nacional, tiene su propia escuela y compañía de bomba, Tamboricua, la primera fundada por una mujer en la isla caribeña. “El día a día de la gestión cultural en Puerto Rico es bien difícil, pues hay mucha gente que no cree que la cultura es trabajo, piensan que no es una profesión el fomentarla y preservarla”, lamenta, en medio de una pausa de sus clases ofrecidas ahora en línea por el COVID-19.  La emergencia sanitaria a nivel mundial, señala la directora y educadora, ha afectado un aspecto fundamental de la cultura latina: el compartir, el estar juntos día a día, en especial en el ámbito musical y del baile, donde el contacto se considera esencial.

Aún así esto no la ha amilanado y se ha rediseñado acudiendo a las redes sociales y la tecnología para realizar lo que ella llama el “toque espiritual y emocional” efectuando actividades virtuales e informativas, en vivo o pregrabadas, tanto para niños como adultos, aplicando un currículo educativo desarrollado por ella a base de la Bomba, de manera que conecten a la gente y les cree curiosidad, cada quien desde su hogar, pero unidos como pueblo en una misma cultura. Esto le ha permitido impactar incluso a niños y jóvenes con condiciones especiales que quizás no podían caminar o hablar, pero podían disfrutar.

Por su parte, Mitchell de León, quien es egresado del programa de maestría en Gestión y Administración Cultural de la Universidad de Puerto Rico, defiende tajantemente que “la cultura es lo que nos hace humanos y, lamentablemente, en Puerto Rico hacer cultura es un acto de supervivencia,” afirma mientras toma un café desde su lado de la pantalla. Sus palabras se enmarcan en la también crisis económica que experimenta la isla desde hace más de una década y en la que el gobierno colonial,  de la mano de la Junta de Control Fiscal, se ensaña en recortarle cada vez más a las instituciones culturales como museos, casas de estudio e incluso, la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, cuya matriz, Pro Arte Musical se encamina a sus 90 años, siendo la institución cultural más antigua del país. De León, quien se desempeña como gestor y coordinador académico-cultural desde 2017, en una institución sin fines de lucro, que apoya a jóvenes a completar estudios básicos para salir de la pobreza, entiende que hay que democratizar la cultura para abandonar lo que llama “cacofonía intelectual” donde entiende que “las conversaciones se basan muchas veces en titulares y no en contenido”, admite este gestor, quien lleva más de una década de quehacer cultural.

Sin duda, la pérdida del contenido se basa en la indisposición a patrocinar una cultura en condiciones por parte del Estado que elige repartir su presupuesto en otros menesteres aduciendo rentabilidad. El afán de rentabilidad ha llevado a que el protagonismo cultural en la isla lo lleven los artistas y la autogestión, donde Mitchell y Elia son ejemplo de ello. Ambos coinciden en que el COVID-19 y la cuarentena, ha sido un duro golpe a sus proyectos y a la clase artística en general por la falta de apoyo que reciben en ciertas instancias al no ser empleados en sí de alguna empresa, pero que las redes han sido una salida milagrosas en medio de la situación. Aunque Elia Cortés continúa su proyecto en las redes, Mitchell se ha rediseñado como músico y en su práctica privada se ha enfocado en crear contenido para podcast y redes sociales, que indica, es lo más que le han solicitado realizar en su casa-estudio, además de otros proyectos con artistas locales y en España.

El gestor académico cultural sostiene que los gestores y creadores culturales son hoy más esenciales que nunca: “Si no se masificara la cultura como se hace hoy día, tal vez sería mucho más difícil convivir en este encierro. Son estas actividades las que nos nutren y estimulan nuestra imaginación para no caer en depresión”, puntualizó. Mientras, Elia Cortés añade que, “a pesar del poco respaldo, en estos momentos ha sido la música y la cultura la que han permitido que la gente se sienta más tranquila y pueda encontrar un desahogo cantando y bailando” ante tanta incertidumbre. Ambos entienden que esta crisis, dentro de todas las que viven constantemente, debe servir para humanizar las acciones de las personas y mirar más allá de un mero consumo material, entendiendo que la cultura les pertenece a todos, es capaz de inspirarnos cuando estamos perdidos y es producto de todos como actores, conscientes o inconscientes. De igual manera, recalcan para finalizar que debemos volver a aprender a valorizar la cultura, así como se ha vuelto a valorar la producción de nuestros propios alimentos, sobre todo después del huracán María, donde importábamos el 85% del alimento que consumíamos. Recalcan que es importante darle continuidad a estos proyectos que alimentan el alma.

En Puerto Rico, la gestión cultural sigue afectándose y por el momento parece que solo los museos verán un pronto auxilio, todo esto, en medio de un continuo aumento de casos de coronavirus que ya sobre pasan los 1,300, le ha costado la vida a sobre 80 personas y el gobierno se desmorona en acusaciones de corrupción e investigaciones  por intentos de desfalco a la hacienda pública.

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Descalabro gubernamental, COVID-19 llega a Puerto Rico

Edwin Sierra González

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Las últimas semanas han sido un torbellino de emociones en la isla caribeña, de manera que podría cuestionarse si lo que sucede es la realidad o una historia mágica de García Márquez. Primero fueron los burlescos discursos del Estado colonial, arguyendo que el virus no llegaría a Puerto Rico porque estaba lejos, y que lo ocurrido en Italia resultaba del hecho que esa península se localiza más cerca de China. En seguida se expresó el desconocimiento y la falta de prevención en asuntos de salud pública, que al presente estremecen al país.

Tras la renuncia de los Secretarios de Salud, la ausencia de una epidemióloga del Estado, y una retahíla de acciones desacertadas, hoy Puerto Rico se enfrenta a un panorama peligroso, a pesar de haber impuesto las restricciones más severas dentro de todas las jurisdicciones coloniales y federales estadounidenses.

Desde la declaración de la cuarentena por la gobernadora colonial, Wanda Vázquez, el pasado 16 de marzo de 2020, la isla se ha visto sometida a una serie de restricciones completas y a medias que han levantado el sinsabor de la población. La suspensión de labores y comercio en todo el territorio nacional ha llevado a la parálisis a la mayoría del país, excepto comercios de alimento, algunas hospederías, supermercados y, evidentemente, farmacias, servicios médicos y seguridad. Según cálculos recientes, las pérdidas ya rondarían los 4,000 millones de dólares. A pesar de ello, son otros los asuntos que preocupan en el país, como el hecho de que personas de estados como Nueva York, vuelan a la isla bajo medicación para reducir su fiebre y pasar la primera evaluación en el aeropuerto. Cuando el efecto de la medicación pasa, el virus se manifiesta quedando este paciente en la isla a recibir servicios. Se ha llegado a comentar que muchos lo hacen para recibir servicios a un costo menor, pues en Estados Unidos la sanidad pública, como en Puerto Rico, es un fiasco y no atiende las necesidades, siendo pues, inaccesible.

Otro asunto que preocupa es la inacción del gobierno en la realización de pruebas de detección del virus. En un país de 3 millones de habitantes, según las últimas estadísticas del Departamento de Salud, se han realizado apenas 7, 250 pruebas. Un porciento ínfimo e irreal que está provocando daños severos en la estructura social, pues ya han sido muchos los ciudadanos que han levantado la voz para indicar que el Estado se niega a realizarle las pruebas, aún cuando familiares suyos han muerto a causa del virus.

La ineficiencia parece llegar a tal punto, que hospitales, público y privados, carecen de la protección adecuada para brindarle a su personal, lo que ha levantado el reclamo de la asociación de galenos de Puerto Rico y sus homólogos de enfermería. Varias enfermeras se han quejado de que minimizan el impacto y las exponen a pacientes aún cuando sean sospechosos, pues sólo proveen el equipo, de haberlo, cuando se confirma el caso, lo que es ya tarde pues el personal ha sido expuesto. Incluso líderes públicos y privados manipulan las estadísticas de infectados para no levantar alarma, lo que resulta irresponsable en un país donde los hospitales privados están despidiendo personal, y donde los pacientes que por temor a contagiarse en una sala de urgencias, prefieren evitar ir a recibir servicios médicos. Resulta patético que en medio de la urgencia, los centros de salud privados se tome la decisión de echar personal apelando a que no están recibiendo ganancias. Inhumano.

Como si fuera poco, la gobernadora había anunciado que el Hospital Regional de Bayamón estaba listo para recibir a los pacientes, lo que resultó una mentira en la madeja de falsedades que el gobierno ha estado elucubrando y perpetrando desde el comienzo de la crisis, pues no ha estado preparado nunca y es sobre la marcha que se buscan respuestas en medio de culpas y renuncias en investigaciones. Todo esto en momentos en que, a casi un mes de iniciada la cuarentena, y desde que se registraron los primeros tres casos el 13 de marzo de 2020, el país tiene oficializados unos 923 casos  y  45 fallecidos, entre los que se encuentran médicos, enfermeras y terapistas. Vale subrayar que entre los casos positivos se encuentran una decena de doctores y sobre cincuenta profesionales de enfermería.

La negligencia ha sido crasa hasta en el manejo de las estadísticas pues se han visto bajar los números oficiales, cuando los pronósticos, según el Equipo Médico del Estado, definen que por cada caso detectado hay unos 10 sin detectar o asintomáticos, lo que podrían elevar la cifra a más de 7,000,  con una capacidad hospitalaria que no está lista para atender a los pacientes y se ha llegado a mencionar que los médicos tendrían que decidir quién vive y quién no.

Ante esta tragedia, aún contenida, se ha develado toda una trama de corrupción en la que el Estado estuvo dispuesto a pagar $35.00 dólares por prueba rápida de detección a una compañía sin peritaje en salud, pues sólo estaba registrada para asuntos de construcción. Lo increíble del asunto es que se hizo para beneficiar a donantes del partido en el gobierno, el Partido Nuevo Progresista, en una sobrefacturación astronómica, pues el valor de las pruebas en el mercado rondaba  el precio de dos dólares.

La figura de la Primera Ejecutiva se encuentra bajo fuego, luego de que la pasada secretaria interina de salud, Quiñones de Longo, señalara que le dieron una orden desde Palacio para firmar ese contrato en apenas 20 minutos. Este escándalo, puesto a la luz por rotativos nacionales, ha provocado la cancelación del mismo y la intervención de agencias estadounidenses de investigación que permitieron al Gobierno de Puerto Rico recuperar un adelanto de 19 millones que ya había hecho. El descalabro gubernamental ha puesto en entre dicho todo, incluido a uno de los doctores que componen el Equipo Médico del gobierno, pues éste parece haber sido el primer contacto en el proceso.

En medio de tirijalas y reproches donde la gobernadora se ha dedicado a echar culpas y no ha asumido responsabilidad alguna, aún cuando varias agencias de su gobierno se implicaron en el desfalco público, los casos de contagio de esta pandemia continúan en aumento, en una tendencia que se espera alcance su pico entre el 15 de abril y el 8 de mayo.

La situación se torna peligrosa, pues grupos de enfermeros están decididos a abandonar el país en busca de oportunidades en Estados Unidos, pues el gobierno local atenta contra su salud e incluso contra sus incentivos, ya que luego de prometerles $4,000 dólares, se ha tramitado reducirles su pago a $3, 250 por la vía legislativa. Un acto bochornoso que cae encima de uno de los gremios peor pagados del país, junto con el magisterio, que a pesar de la paralización en todo el gobierno, éstos debe continuar laborando sin apoyo alguno desde sus casas.

La improvisación, el silencio y el ocultamiento de información que parece dirigir las acciones del gobierno en todas sus esferas, está jugando en contra de la población, que en ocasiones tampoco parece hacer su parte en un consumo patético y desmedido que pone en riesgo los controles de aislamiento. La articulación de una respuesta honesta, clara y urgente se vuelve necesaria antes de que la situación se salga de las manos. Puerto Rico merece salir de esto, luego de un huracán y un terremoto que azotó el sur del archipiélago en enero de este año. Sin duda, lo que no necesita ni requiere, es la gestión paupérrima que exhibe el gobierno.

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